*

(Perspectiva Alioth)

Epilogo: Un gran deseo

Frente a un espejo, rápidamente se mira un joven, de cabello rubio de unos cuantos dedos de largo, lo que permite que ciertos rizos se formen en las puntas, y que no ha tenido tiempo de cortar para evitar lucir tan infantil por culpa de estos. Sus ojos son totalmente azules, iguales a aquel color cielo que aparece luego de una gran tormenta cuando ya está absolutamente despejado, y siguen tan brillantes como cuando los abrió por primera vez, así están todo el tiempo, desde cuando está serio hasta cuando prefiere sonreír.

A su edad ya ha alcanzado una gran altura, como la de su padre y abuelos, y que se percibe aún más con ese caminar totalmente erguido que tiene. Luego de esa fugaz mirada a su reflejo cuando ha chocado con el espejo, porque no hay cosa que deteste más que mirarse en una de esas cosas, salvo para revisar, tal como ahora, que tenga una apariencia normal y nada fuera de su lugar. Camina saliendo de esa pequeña sala llegado hacia su habitación, sentándose resueltamente sobre un pequeño sofá que ha permanecido en ese sitio desde que pisó por primera está casa para convertirla en su hogar y de eso ya ha pasado un poco más de ocho años, cuando era un niño bastante travieso que hablaba mezclando el ingles y alemán sólo para que no le entendieran y pudiera hacer lo que quisiera, aunque eso sólo le resultaba cuando su madre no estaba cerca, ya que esta increíblemente le entendía hasta los gestos y lo sigue haciendo, lo que se vuelve cada vez menos apropiado.

Mirando a su alrededor para ver si recuerda algo que tenga que hacer y que lo mantenga ocupado, observa el desorden que hay, pero eso no es algo que este dentro de sus prioridades, porque a pesar de que llegó hace casi dos semanas todavía tiene ropa guardada o mejor dicho amontonada en el baúl, incluso su corbata plateada y verde, para alegría de algunos y desdicha disimulada de otros, está colgando de la manilla de la puerta de manera bastante poco cuidadosa, y sin embargo no tiene reales intensiones de hacer algo por ello, además nadie le dirá que lo haga salvo su padre con algún comentario que no pasara de eso.

Con esa imagen que le da aquella prenda, ni siquiera puede recordar bien el momento de su primer día en Hogwarts en que se determino que esos colores tendría que llevar en su uniforme, porque para él no tuvo mucha importancia, sus padres le recalcaron toda su infancia que daba lo mismo en que casa quedara ya que eso no decía quien eras ni lo que harías, y el mismísimo sombrero andrajoso luego de batallar en una discusión consigo mismo sobre las cualidades que tenía aquel niño de tan sólo once años que ya había habitado en ese lugar desde el vientre de su joven madre, terminó mandándolo a la casa en la cual su apellido había estado por generaciones, pero no por eso, como le alcanzo a remarcar, sino porque realmente era su lugar y le gusta, se siente cómodo, con un par de grandes amigos y otro par de otras casas, sin muchos ni muy pocos, con los precisos para su forma de ser.

Hoy Alioth se siente tranquilo y a la vez un tanto insatisfecho, sintiendo que algo le falta por hacer, y todo por lo ocurrido en la noche anterior, y por más que sus padres luego de esa importante conversación que jamás espero tener con ellos, le pidieron que no le diera vueltas al asunto, que no se enfrascará analizando cada palabra, gesto y hasta el clima de todo, no pudo evitarlo, no en un afán de buscarle lados malo o buenos, de encontrar razones y argumentos para sentirse mal, sino que al contrario, intentando hacerse parte de esa historia, de su historia y que fue relatada para él con todos y cada uno de los detalles, sin esconder u ocultar algo, sin aminorar o intensificar lo que él les hizo vivir.

***

- Cómo pude empezar a juzgarlos- me cuestiono una y otra vez, recordando la actitud y pensamientos que me rondaron el último tiempo.

Ni siquiera fue necesario usar un pensadero, porque desde el momento en que las palabras comenzaron a brotar de la boca de mamá, transmitieron tal intensidad, que me transportaron a aquel pasado no tan lejano, pero que ya se ve con distancia, haciéndome sentir, vibrar, enfadarme, y emocionarme con sus recuerdos, con aquella voz que empleo y que luchaba para no quebrarla mientras intentaba mostrarse serena, frente a lo cual parecía embargarla hasta la medula.

Como jamás creí que me pasaría, toda aquella confusión que últimamente me abrumaba desapareció, es más no me enoje, no me sentí rechazado, no los odie, al escuchar de los labios de mi madre como no me quiso en su vida durante mucho tiempo, todo lo que pensó hacer para alejarme de ella y de su futuro, de la forma en que se negó hasta el último momento de que realmente yo estaba dentro suyo, lo mismo hizo mi padre, rememorando la forma en que intento no acercarse a nosotros, la manera en que la dejo sola al comienzo para hacer que ella tomará la decisión de todo, sintiéndose aún un cobarde por aquello. De lo que si puedo decir que hizo ofuscarme durante el relato fue ver todo lo que tuvieron que soportar, principalmente ella, desde la indiferencia, hasta la humillación y desprecio de todos incluyendo a sus familias, conectándome aún más a todo aquello, acrecentando mi orgullo por lo que son, especialmente al saber como después de que se hicieron cargo de todo y tal vez hasta ahora, han tenido que seguir luchando contra aquellos prejuicios que los envolvieron y que hubo un punto en que yo comencé a tenerlo, pero que sin duda los hicieron crecer más rápido que a cualquiera.

Permanezco en mi habitación aprovechando los últimos minutos de soledad que tendré por este día, caminando hacia la ventana para respirar un poco del escaso aire fresco que hay en esta época del año y así despejar totalmente mi mente. Al llegar a ella observo el jardín, lleno de tranquilidad, con los árboles inmensos meciéndose sutilmente, con el césped totalmente verde cubriendo todo a su paso, con el brillo de una ciudad lejana e inquieta de fondo, confirmándome que sin duda es mucho mejor la vista que se tiene de todo este lugar en la noche, con el cielo estrellado y la oscuridad de todo lo demás que permite gozar de la frescura y la inmensidad sin ni un solo reparo más que extender tu cuerpo en el suelo para comenzar a sentirte gigante y pequeño a la vez frente a todo ese firmamento que nos cubre.

Viajo por cada rincón de aquella planicie verde sin detenerme en nada, hasta que mi vista encuentra, bajo un gran roble y sobre una banca de color blanco la imagen de una mujer que permanece recostada y oculta tras un gran libro, sólo puedo distinguir un poco mejor sus pies que permanecen descalzos, acompañados de un gato grande y blanco que como siempre se encuentra velando por su dueña. Al verla allí, tan pequeña desde la distancia que nos separa no puedo evitar esbozar una media sonrisa, porque sólo ella puede relajarse leyendo y trabajando, bueno eso también lo hace mi abuela, y en algunas ocasiones también lo he comprobado, pero no me interesa desarrollar esa habilidad, por lo menos no por ahora.

Apoyado en la ventana y sin obtener el alivio que buscaba, porque el viento ha olvidado pasar por este lugar aumentando el calor sofocante de esta época, hace que desee con más intensidad partir a la estancia de mis padres, mirar la costa mientras me sumerjo en el mar, ir a esas fiestas de playa que se realizan, eso deseo urgentemente aunque ahora sea imposible ir por dos motivos, pero principalmente porque mamá la ha tomado como oficina provisoria y hasta de refugio para esas chicas embarazadas con las que trabaja. Sin contar que sigue siendo sanadora en San Mungo, o mejor dicho una de las mejores medimagas en ese hospital, y por eso desde hace un par de años le han dado una importante jefatura, aunque a papá no le siga causando gracia, especialmente porque aumentó su ritmo de trabajo y según cree mamá es debido a que tiene que estar mucho más cerca de ese amigo suyo que mi padre nunca podrá pasar realmente, aunque lo disimule bastante bien frente a ella.

Viendo bien todo el panorama que tengo en frente y secando un poco el sudor que ya comienza a rociar mi rostro, creo que es mejor ir hacia donde está mi madre, hoy no nos hemos visto, pero no por su causa, sino que he sido yo el que al despertar hace poco he seguido encerrado, aun intentando entender todo y no quiero darle la impresión de que sigo enojado o que lo estoy más de lo que estuve los días anteriores.

Sin prisas me deslizo por los pasillos, pasando mi dedo sobre los cuadros y fotografías que hay en todas partes que cubren y muestran el paso del tiempo, imágenes desde que mis padres tenían mi edad, cuando yo era un bebé, fotos familiares, momentos que alcance compartir con mi abuela Astoria, la cual lamentablemente no recuerdo, también aquellos instantes de la boda que tuvieron, el tiempo que pasamos en Alemania, y que fueron casi dos años en donde aprendí de todo y principalmente que éramos una familia especial a los ojos de la mayoría, luego todo o la mayoría de los escenarios de las que vienen son en esta casa o en la de la playa, cumpleaños, aniversarios, navidades y una que otra en la Madriguera, hasta los viajes que hemos tenido por diversos lugares, intentando compensar el sueño que ambos tuvieron alguna vez de recorrer el mundo. Todas y cada una de las vacaciones que hemos tenido, por lugares calidos, los preferidos de mi madre, hasta en lugares más fríos, que siempre han sido la debilidad de mi padre, y el mío, creo que ambos, cada uno tiene sus ventajas.

Todos esos parajes cambian cuando aparece mamá sonriente y nerviosa al lado de mi padre que está serio mirando todo y yo al medio vestido con mi túnica de Hogwarts, plasmando la primera vez que pise aquella estación de trenes como estudiante, y a pesar de que las veces que fui anteriormente era un bebé, al sentir ese olor a humo me hizo sentir en casa, como si no me fuera a algo desconocido sino más bien a una parte importante de mi vida y así ha sido, he vivido unos buenos cuatro años en aquel viejo e impresionante castillo llenos de historias y personajes importantes.

Camino sin siquiera fijarme en los pasos que doy, sin considerar el suelo que piso, ni que lugar voy pasando, sólo me doy cuenta de que he llegado al jardín cuando el sol de medio día me encandila totalmente, y recién cuando me he recuperado de los instantes de ceguera puedo caminar sobre las piedras circulares que indican el camino a seguir hasta llegar a pocos pies de distancia de mi destino, en total silencio que no la ha hecho percatarse de mi presencia, sólo el gato levanta un poco su cabeza y lanza un suave y ronco maullido para seguir durmiendo y ante esto el libro que tengo en frente comienza a descender hasta encontrarme frente a frente a ese rostro que tiene una delicada sonrisa al verme.

- Alioth- murmura intentando sentarse mejor, cerrando de golpe aquel mamotreto.

- Mamá- la saludo con su mismo tono bajo, acercándome aún más para ayudarla a quedar bien.

Una vez sentada lo más erguida posible, suavemente me pide que me siente a su lado, lo que no dudo en cumplir quedando muy junto a ella, la observo por un instante a su rostro, que se ve resaltado por tener todo su cabello recogido en una coleta que deja toda su cara despejada, sus ojos brillan aún más mientras desliza su mirada por mi rostro, y me percato que aquellas pecas que casi ni tiene cada día se le notan un poco más, lo que extrañamente le da un aspecto más juvenil que nunca. Y así observándonos, sin previo aviso me abraza fuertemente, teniendo un efecto inigualable, porque con esto me hace sentir como un niño pequeño, pero no me desagrada, esto con ella no me molesta. Al percibir su perfume cierro los ojos, el contacto de sus manos en mi espalda me hace aferrarme aún más a su abrazo aunque su cuerpo nos separe un poco.

- Feliz cumpleaños, mi vida- susurra en mi oído, trayéndome a la realidad nuevamente.

- Gracias- le digo casi sin mover mis labios.

- ¿Estás bien?- pregunta separándome un poco de ella para comenzar a verme otra vez a los ojos, viendo como son un perfecto reflejo de los míos, sintiendo como su mano acaricia mi mejilla.

- ¿Cómo estás tú?- le pregunto para saber su estado, eso es lo que más me importa ahora.

- No evadas mi pregunta- dice tranquilamente, pero con voz aguda.

Con esto no puedo más que bajar la mirada por unos segundos, sin saber por qué no tengo la respuesta inmediata a su pregunta, sé que estoy bien, así me siento, pero no puedo expresarla con palabras.

- ¿Hay algo que te siga molestando?, si es así dímelo por favor- pide intensamente, haciendo que ahora me enfade conmigo por volver a preocuparla y someterla a esto otra vez, si con lo de anoche creo que ya tuvo suficiente.

- No- respondo con voz segura confirmándolo con mi cabeza.

- Tal vez no debimos decirte nada- confiesa apenada, hablando más para si misma que conmigo.

- No al contrario, lamento haberme enojado contigo, no te lo mereces, he sido un…- comienzo a decirle pero su sonrisa me silencia una vez más.

- No, no tienes que hacerlo, entiendo lo que te sucede, sabía que ocurriría en algún momento, me estuve preparando desde que te tuve- relata con calma y sintiéndose casi divertida.

- Pero aún así, me deje llevar, no puedo juzgarlos cuando sólo han estado ahí para mí, cuando dejaron lo que debían hacer por cuidarme- le hablo sinceramente como anoche no pude, al quedarme callado sin ser capaz de abrir la boca luego de todo lo dicho, viendo como se fueron para dejarme pensar y ni siquiera fui capaz de decirles buenas noches.

- Todos a esta edad empezamos a ver a nuestros padres como personas, con sus errores, yo a tú edad también estaba enojada con los míos y eso que ellos si que no me dieron motivos- indica en un suspiro.

- Ustedes tampoco me los dieron, si todos mis amigos me remarcan que estarían felices de tener unos como ustedes, jóvenes, que entiendan todo, que me dejan hacer lo que yo quiera- le digo mientras ella enfatiza en un murmullo que no me deja hacer todo lo que yo quiera, aunque yo creo que si, jamás hasta ahora me han negado rotundamente algo, pero tampoco discutiere con ella sobre eso, para que comience a negarme cosas sólo para demostrar que es cierto, prefiero dejarla que crea que no es muy permisiva.

Con un suave movimiento de cabeza se le suelta el cabello y se lo vuelve a atar, demostrándose un tanto agotada con su respirar, aún así vuelve a enfocar sus ojos en mi mirada que no deja que vuelva a evadir.

- Eso no es cierto, si para mi fue y a veces sigue siendo incómodo y desagradable explicar porque tengo un hijo tan grande como tú, por lo que estoy segura que para ti no ha sido más fácil- argumenta comprensivamente.

- Lo era, nunca le dí mucha importancia, sólo que últimamente me sentí más irritable, eso es todo- intento decir para explicarle mi errático comportamiento desde hace unas semanas, aunque ni para mi fue muy comprensible las razones de esto, si todo a estado igual o incluso mejor de lo pensado, si hasta aquella chica que estuve mirando todo el año anterior, al final del curso se atrevió a hablarme, que mejor final de curso, sin contar que casi sin un gran esfuerzo logre obtener las mejores calificaciones y hasta ganamos la copa de quiddicth, aunque no la de la casa y en eso me siento un poco responsable, porque deberíamos haber ganado todo y si no fuera por mis constantes detenciones y el casi centenar de puntos que me quitaron lo habríamos logrado.

Con mis palabras ella se queda en silencio, hasta que una gran sonrisa se dibuja en sus labios, totalmente radiante sigue riéndose silenciosamente.

- No me digas que te has puesto celoso- pregunta tomando una de mis manos, haciendo que enarque una ceja ante tal comentario.

- No digas eso, por qué me voy a poner celoso, ya estoy grande para eso- le digo seriamente, sin creer que mencione eso o que lo llegue a creer.

- En eso eres igual a Scorpius- menciona rodando los ojos a la vez que baja la voz hasta hacerla casi imperceptible.

Su mano lentamente transporta la mía hasta depositarla en su vientre, su abultada barriga que ya le dificulta hacer casi todo y que como muchos dicen la hace verse totalmente diferente, con una nueva belleza, sintiendo en ese mismo momento como algo en su interior se mueve lentamente haciéndome sonreír, al sentir aquella expresión de vida.

Cómo se le ocurre decir tal cosa, jamás podría estar celoso de esto, desde que me dieron la noticia para navidad, de que ya no seriamos sólo tres, me contagiaron con su felicidad rebosante. Una alegría que comparto, no sólo porque dejaré de ser hijo único y ellos tendrán por fin de quien más preocuparse que no sea yo, o ellos mismos, sino porque todos los que nos rodean lo están, era algo que la mayoría de la familia esperaba desde hace tiempo y mi madre sólo ahora quiso llevar a cabo, o mejor dicho tuvo que ceder nuevamente al instinto maternal, ante otro inesperado embarazo para ella, pero no fue lo mismo para papá, él lo estuvo esperando por casi dos años, tiempo en el que se llevo insistiendo en que trajeran un poco de bullicio infantil a esta casa que según él, desde que me fui a la escuela, se estaba volviendo demasiado parecida a la casa de su infancia.

- Estoy feliz de esto, me agrada comenzar a compartir mis cosas- le murmuro acariciando el lugar en donde deposito mi mano.

- Compartirán él que hayan sido una inesperada y gran sorpresa en mi vida- comienza a decir para si misma.

- No sólo eso mamá- le dijo para dejarla más atenta otra vez.

- ¿Qué más?- alienta inquieta esperando mi respuesta.

- Somos los únicos que sabemos como late tu corazón por dentro- le comento haciendo que se emocione, tanto que me da un suave beso en la mejilla.

Mi madre, me mira y sonríe emocionada, a pesar de todo no es una mujer que se vea siempre así, al contrario, si tengo una imagen de ella, es siempre haciendo cosas, trabajando, leyendo, estudiando, pendiente de todo, y de todos, especialmente de mi y de mi padre, organizando y planeando cada cosa para que nada sea un desastre. No, ella no es de esas mujeres que se quedan quietas, al contrario a veces se mueve más que nadie, además en ella siempre se puede saber que le sucede porque la sonrisa es inevitable en su rostro cuando está feliz, o su expresión de enfado tampoco se disimula en ninguna parte de su cuerpo, dejándonos en claro que es mejor no perturbarla mientras le dure ese estado.

- Alioth, que bueno verte- aparece diciendo la voz de mi padre, que hace que voltee a verlo, para encontrarme con aquel hombre alto, atlético, de cabello rubio más despeinado que el mío, que sonríe mientras sostiene en sus manos una bandeja con limonada que me tienta con esos cubos de hielo y trozos de limón rebosando todo.

Dejando todo lo que tiene en sus manos sobre una pequeña mesa que tiene más libros que mi mismo escritorio, me estira su mano para que se la estreche, haciendo que no sólo la presionemos con fuerza, sino que me de un apretón de abrazo, de esos que sólo se dan entre hombres, y eso siempre me hizo sentir un igual a él, casi como un amigo, tanto que hasta cuando hemos salido solos los dos simplemente me deja llamarlo Scorpius.

- Y pensaste que quieres por tu cumpleaños- pregunta al soltarme y comenzando a servir un vaso de lo que ha traído.

- Puede ser no tener que lidiar con tantas personas el día de hoy- pregunto haciendo que mamá lance una gran carcajada, que yo imito, mientras él nos mira serio a ambos.

- Eso no lo puedo evitar, la familia te quiere venir a saludar, aunque si no quieres tantas personas, podemos cancelar la reunión que tienes con tus amigos- responde sonriendo victorioso ante mi seriedad repentina.

- No gracias- le digo tomando uno de los vasos que ha servido, bebiéndolo completamente, porque las reuniones familiares no serán mi afición, pero con mis amistades, eso si que no lo cambio por nada, nada mejor que una fiesta con tus amistades para celebrar el cumpleaños.

Papá ante esto se encoje de hombros dejándome en claro que debo pensar en otro obsequio.

- Para mis mujeres- dice papá pasándole otro de los vasos a su esposa.

Ella se queda quieta sonriéndole y mirándolo, mientras yo tomo uno de los libros que hay cerca, sentándome en el suelo y apoyando mí espalda en el gran tronco que nos proporciona la mejor sombra de todo el lugar.

Intento leer, esperando que traigan el desayuno que mamá pidió que me hicieran, ya que a pesar de ser bastante tarde, lo necesito con urgencia, pero tener en frente a dos par de enamorados, que se miran como si se fuera a acabar el mundo, casi son peor que mis compañeros en pleno despertar hormonal, bueno en ese mis compañeros debería incluirme, pero no lo haré, sin embargo que sean mis padres no es mucha ayuda haciendo que quiera desaparecer de este lugar.

- Porque no se van a su habitación- les comento sin quitar la vista de la lectura, cuando percibo como papá comienza a besar a mamá.

- Alioth- me regaña ella sonrojándose totalmente.

- Cuando tengas novia ya quiero ver si te gustara que alguien te interrumpa- indica papá abrazando a mi madre que vuelve a acomodarse ahora dejando su cabeza en el pecho de él.

Mamá no hace más que asentir, confirmando las palabras de él, haciendo que me surja una idea sólo para molestarlos un poco.

- No se preocupen ya conozco lugares para que eso no suceda- les digo para molestarlos, logrando que ambos se tensen bastante, pudiendo sonreír por dentro al ver que he tenido la última palabra.

Pero antes de hacer que se inicie una conversación, otra vez, de la responsabilidad, del control y las cientos de formas de prevenir cualquier situación complicada, debo cambiar de tema, no es que sea nuevo, más bien con eso han sido totalmente abiertos, casi como amigos que tienen gran confianza para hablar de cualquier tema, especialmente en lo relacionado con el sexo, pero precisamente hoy no quiero.

- ¿Sabes si vendrá Hugo?- le pregunto a mamá, sabiendo que hablarle de su hermano es enfocarla sólo en eso.

- Ojala, dijo que tomaría un vuelo anoche desde América, si no te ha enviado ya una lechuza excusándose, entonces debería venir en camino- responde preocupada, porque hace mucho que no lo vemos, más de un año que no ha venido a Londres, porque se la ha pasado trabajando al otro lado del mundo.

- Ya quiero ver que dirá cuando te vea- dice papá deslizando su mano por el estómago de la mujer que tiene abrazada.

- Lo extraño tanto, pero se que se burlará y no dejará de grabarme cada segundo- se queja ella con espanto de imaginarse ser perseguida por aquellos aparatos que usa su hermano.

- No es para tanto- dice papá intentando bajarle la paranoia que él mismo comenzó.

- Acaso no recuerdas como fue con Alioth, hasta intento grabar el parto- sigue diciendo apresuradamente, haciéndome recordar aquel video que me paso cuando cumplí los once años.

- Era un niño, ahora ya no hace eso, o no recuerdas cuando vino la última vez, y Violeta estaba por tener a Helen ni siquiera lo menciono- le dice papá, explicándole con lentitud y paciencia.

- Tienes razón, no debo ponerme ansiosa- confiesa intentando respirar más acompasadamente, en lo que parece ser un momento incómodo, porque su estomago parece más tenso que antes.

- Todo saldrá bien- le murmura papá acariciándole el cabello.

- Pensar que tantas veces te dije que no volvería a pasar por esto y mírame- vuelve a decir con temor, apuntándose a si misma.

Ante sus palabras papá me mira y nos sonreímos fugazmente antes de que ella se de cuenta, porque realmente parece que está aterrada.

- Pudiste con quince años, claro que podrás ahora, no te sigas preocupando- sigue calmándola.

- Es que aún no asimilo la idea, si hubiera sido una, no me asustaría porque ya lo viví, pero gemelas, dos de una sola vez, en qué momento pudo pasar esto… mejor dicho ¿cómo me has hecho esto Scorpius Malfoy?- le cuestiona a papá, haciendo que sea imposible que controle una risa, que papá tiene que tragarse, porque sino ella se enfadará con él, y luego andará todo serio y contenido ante la indiferencia de ella.

- Cariño… no es mi culpa solamente…- comienza a decirle lentamente, casi con sutileza de no querer que lo escuche, ante lo cual ella entrecierra los ojos.

- Además, ¿no es por la parte Weasley que hay antecedentes de gemelos?- complemento, sólo para ayudar un poco a mi padre, quien me mira casi aliviado.

- Y justo me tenía que tocar a mí, de todo el arsenal de familiares que hay…. todo será doble- murmura en un suspiro, constriñendo por unos segundos su expresión.

- Que significa doble alegría- argumenta él, para verle el lado lindo de todo, logrando que mamá lo mire casi embobada por su respuesta.

- Claro que lo sé, lamento ponerme así, sólo es la angustia de los últimos meses, me siento igual que la primera vez- sigue diciendo más repuesta, lo que se nota en que vuelve a tener sus mejillas sólo un poco coloreadas.

- Pero ahora yo estaré aquí cada noche en que despierten, tal como he estado afirmando tu cabello en las mañanas, como en las noches masajeo tu espalda y pies, así estaré más presente que nunca en cada segundo, como debí haber estado la otra vez- le dice con voz profunda papá, sintiéndome casi un intruso de su intimidad, pero a la vez parte de todo eso, porque constantemente me miran y no se notan incómodos con que este presente.

- Y si yo con todo lo que no pudieron hacer bien ni estar tan juntos resulte así, imagínense como serán ellas de perfectas- les comento cada vez más apoyado en el tronco que me sostiene y me deja cómodamente a una distancia prudente de ellos, ni demasiado cerca, ni muy lejos para estar fuera de su conversación, mientras ambos sonríen por mi comentario.

- Y por eso Rose, empezaremos a buscar una escuela sólo para chicas- aclara con seguridad papá.

- ¿Por qué?- pregunta ella sin entender nada de ese comentario.

- Dejar a mis hijas, que serán tan bellas como tú, conviviendo con un grupo de adolescentes hormonales, ni loco, además tú padre y el mío están de acuerdo conmigo, te apuesto que Alioth también ¿verdad?- responde pasándome la responsabilidad ahora a mí.

- Para que un idiota las embarace a los quince, claro que estoy de acuerdo contigo papá- le respondo logrando ganarme una mirada asesina de su parte, y una divertida de mamá, quien intenta en vano contener un incipiente ataque de risa que la hace remecerse completamente sobre mi padre.

- No te hagas el gracioso, además tenme respeto que soy tu padre- menciona con una expresión impenetrable, por lo que no sé si realmente se ha enfadado, o lo dice en broma.

Por eso sólo le hago un gesto con la mano, para que si es en serio, no sea grave, él mismo insinúo eso, yo sólo lo hice explicito, como siempre, mientras me centro en la comida que ha traído Elina.

- Scorpius no encuentras exagerado pensar en que escuela irán si aún no nacen- dice mi madre más controlada, mientras yo cada vez los escucho más lejanos, pero no porque se estén moviendo, cada uno sigue en su misma posición, sólo que ya me he desconectado de lo que hablan, he aprendido a dejar de escuchar al resto cuando no quiero, uso que le doy especialmente cuando los he visto discutir, que no han sido pocas ni tampoco demasiadas, lo desagradable de eso, más que peleen y no se hablen más de lo necesario por el tiempo que les dure, que van desde horas, hasta un par de días, a lo mucho una semana, es lo posterior, cuando se reconcilian, cuando andan con el romanticismo a flor de piel, y no es me guste verlos enojados, al contrario, me siento seguro y tranquilo estando ellos bien, pero tenerlos como dos protagonistas de la peor novela juvenil del momento cansa, haciendo que agradezca que ahora pase mi mayor tiempo en Hogwarts.

Jugando con una manzana en mis manos, casi como si fuera una quaffle, dejo mi vista fija en un gran campo de flores rojas que hay a un costado del jardín, mientras entremedio de ellas está recostado un gran gato blanco, que a pesar de su edad sigue activo de vez en cuando, como ahora que está agazapado esperando el momento preciso para saltar sobre una mariposa naranja que revolotea por todos lado, y esa simple imagen me hace recordar a cierta persona que quiero borrar, pero no puedo, esa chica risueña y divertida, y a la vez callada e inteligente, que siempre me evade cuando le hablo aunque sea para preguntarle si tomó apuntes en la clase que falte, respondiéndome escuetamente que para tenerlos no debía haber faltado otra vez, dejándome desconcertado, enfadado y a la vez más motivado para faltar a la siguiente y volver a preguntarle lo mismo. Pero todo eso cambio al bajar del tren está última vez y, cuando sin querer, o por lo menos no con la intención de lastimarla le di un pequeño empujón, provocando que me mirara, con esos ojos celestes llenos de furia, hasta que finalmente termino cediendo a mi sonrisa, lanzándome un "nos veremos el próximo año… Alioth", sin usar como antes mi apellido que ya comenzaba a detestar en sus labios, y los cuales debo probar como sea, porque tengo la certeza que los de ella saben diferentes a los que ya he probado.

Seguiría en esa imagen, alejándome del paisaje que tengo en frente, y a la vez intentando pensar en los planes que debo seguir con ella, cuando algo me remece el cuerpo completamente, haciendo que deje de mirar todo y nada a la vez.

- Siempre tan contemplativo- indica una mujer sonriente, que a pesar de las marcas de su sonrisa en el rostro, de que su cabello castaño y rizado comience a tener un tono más claro, se ve igual que en las fotografías de hace mucho tiempo, y que aún no parece lo que es, una abuela, de próximamente tres nietos.

La dejo que me salude con un gran abrazo, mientras me entrega lo que no dudo que es un libro, con un poco de dinero en su interior que indudablemente lo ha puesto el abuelo para hacerlo más ameno, como murmura cada vez que hace lo mismo, pero a mi me gustan sus presentes, siempre sabe precisamente lo que me gusta leer, además que este año tiene un sabor especial, porque no cualquiera tiene de abuela a la Primer Ministro del Ministerio de Magia, quien además le regala sus publicaciones para conocer sus impresiones en una amena conversación un sábado en la tarde.

Sin darme cuenta, la gran casa que hasta hace unas horas parecía silenciosa y tranquila, se ha visto invadida por personas que no dejan de hablar y reír, además de una gran cantidad de niños y bebes que lloran y juegan por todos lados. He visto y saludado educadamente a cada uno, recibiendo sus palabras, comentarios y regalos que abriré más adelante, cuando ya este descansando y solo.

El abuelo Ron organiza una partida de quidditch de la cual participare en un equipo como capitán, mientras su amigo el tío Harry juega con su prole de nietas, cuatro niñas, por parte de sus tres hijos, también están Dora, con quien obviamente somos los más cercanos, a pesar de que sea una gryffindors cada vez más pretenciosa, junto a su hermana Evangeline y el pequeño Remus, quien vino a ayudarme en esta generación demasiado cargada a lo femenino y que gracias a mis padres seguirá igual.

- No puedo creer que no haya pastel- escucho lamentarse a una mujer anciana que permanece sentada junto a un hombre de su misma edad, que no deja de sonreír.

- Si lo habrá nana Molly, sólo no quiero velas ni canción- le digo colocándome frente a ella y agachándome para que no se levante.

- Pero…- intenta decir, siendo callada por la voz de su marido.

- Qué no ves que ya está grande para eso, que muchacho quiere algo así a su edad- me ayuda él diciendo exactamente lo que iba a decir, y si mis padres no sé molestaron por eso, incluso mamá murmuro algo bastante aliviada sobre que así no habría deseos que pedir, ni menos que cumplir, que en ese momento no comprendí y que tampoco tomé mucho en cuenta.

Luego de pasar toda la tarde con ellos, y después buena parte de la noche con todos mis amigos, subo sin prisas cada escalón, jugando en mi bolsillo con aquel reloj de oro macizo que me ha obsequiado el abuelo Draco, aquel hombre demasiado serio para el resto, pero que conmigo jamás lo ha sido, instruyéndome en todo lo que sabe, cuidándome creo que más que lo hizo con su propio hijo, estando pendiente de todo lo que me sucede, hasta aconsejándome en lo que quiera y que anda viajando para encontrar su camino y como yo espero, que encuentre a una mujer joven que lo acompañe en la larga vida que le queda.

Quisiera lanzarme en este instante a mi cama, para dormir hasta mañana al medio día otra vez, pero al pasar frente a una puerta blanca que está entreabierta me detengo a ver su interior y totalmente bañada por la luz de la luna que está esplendorosa y que se cuela por la gran ventana que hay enfrente, se encuentra mamá meciéndose en una silla blanca en lo que resulta ser aquella habitación que ha estado preparando durante meses, junto a papá y que yo hice mi aporte hace unos días pintando sobre las paredes flores diminutas y mariposas que revolotean en ellas.

- ¿Te sientes bien?- le pregunto preocupado de verla a está hora y en este lugar.

- Si, sólo no podía dormir, quería ver que llegaras bien- responde al darse cuenta de mi presencia, ocultando un bostezo.

- Aquí estoy, completo y en perfectas condiciones- le respondo abriéndome de brazos para que me vea mejor.

Camino ingresando en aquel cuarto que ya está lleno de muebles, juguetes, cuadros y muñecas, y en el cual aún permanecen dos cunas pequeñas vacías esperando a sus dueñas.

- Ha quedado precioso- le comento sin dejar de mirar todo a mi alrededor.

- Espero que a Amapola y Asteria les guste tanto como a ti- responde bajando el tono.

- Ya eligieron los nombres- le digo al ver como las ha llamado.

- Sí, Asteria, por tu abuela- menciona perdiendo su mirada unos instantes por la ventana.

- ¿Y Amapola?- cuestiono aunque comprendo que es un nombre de una flor, que es la que llena nuestro jardín, prefiero sacarla de ese ensimismamiento que ha alcanzado.

- Ese nombre lo escogió tu padre, pero no ahora sino que era el que deseaba ponerte a ti cuando creía que eras una niña- acota dejándome extrañamente sorprendido.

- Vaya, ambos son lindos, una estrella y una flor, sin duda van a llenar de energías esta casa- le digo sintiendo como al agacharme a su lado ella pasa su mano por mi cabello, mirándome fijamente, más intenso que otras veces y hasta creo ver algunas lagrimas formase en sus ojos.

- Ey, no te pongas triste- le pido porque no entiendo que ha pasado ahora.

- Hace quince años nos vimos por primera vez y desde ese momento no has dejado de ser lo más importante que me ha pasado, nunca dudes de eso si- pide con fuerza y a la vez con congoja, afirmando mi rostro para que la vea directamente a los ojos, como si quisiera que viera en ellos la verdad, pero no es necesario, porque eso lo sé, con sólo sentirla lo tengo claro.

- Soy yo quien debo agradecerte de que seas mi madre - comienzo a decirle para abrazarla y refugiarla en mis brazos, aunque trato de calmarla, es ella quien con sus latidos también comienza a hacerlo conmigo.

- Eres mi mejor deseo, y junto a Scorpius y tus hermanas me siento completamente feliz- vuelve a decir sintiendo como unos pasos resuenan en el pasillo, sin duda ese debe ser papá que se ha preocupado al no encontrarla a su lado.

- Estuve pensando en lo que me dijiste del deseo de cumpleaños y sabes qué…- le pregunto haciendo que sus ojos se abran mucho y se mantenga en silencio.

- No tengo nada que pedir, pero es porque me gusta como soy, me gusta lo que tengo y especialmente lo que me han dado- indico mientras me pongo de pie para ayudarla a hacer lo mismo.

- Me alegro que te sientas así, lo que menos me gustaba de mi era la inseguridad que me embargaba, podía tenerlo todo y no lo veía, o sólo lo hacia con lo malo y en eso no me tengo que preocupar por ti, nada te puede paralizar- menciona con una dicha que se siente en cada palabra que pronuncia.

- Este día nos ha puesto bastante melosos- le digo mientras paso la mano por su rostro para secar esa solitaria lágrima que se le escapo hace un rato y que sigue ahí en su mejilla.

- Parece, pero no se lo diremos a nadie- acota tomando mi mano como si fuera un trato.

- ¿Y yo participo de este pacto?- aparece diciendo la voz que estuve esperando, y que permanece apoyado en el marco de la puerta mirándonos.

- Siempre- le asevera ella, mientras yo sólo me acomodo el cabello lejos de mis ojos.

- Hijo, creo que es hora de dormir- indica papá mientras pasa por mi lado y me da un suave apretón en el brazo, señal de agradecimiento de su parte y mi madre baja mi cabeza para besar mi frente.

Y al comenzar a salir del lugar, veo de reojo como papá la toma en brazos, dándole un suave beso en los labios, y comienza a caminar tras de mí para llevarla a descansar.

- Rose….Ves que hemos hecho las cosas bien- escucho que le dice él a ella, antes de abrir la puerta de su habitación.

- Como siempre tienes razón, además he aprendido que un simple deseo se puede convertir en el más grande de todos- concluye ella antes de que se pierdan tras la puerta, mientras yo deseo permanecer en está casa con ellos y a la vez volver pronto a Hogwarts.

***

(Capítulo reeditado el 18/09/09)

Hola, que tal, como lo prometido es deuda, aquí les traje lo último de esta historia, como se habrán dado cuenta ocurrido 15 años y 11 meses después del prologo, el cual hubiera subido antes, pero cuando estaba terminando el cap que estaba escrito como siempre, una idea me surgió, y fue hacerlo desde la perspectiva de Alioth, quien fue el tercer protagonista de todo esto, el núcleo, el motor de la historia, y no fue fácil imaginarme a esa célula, como alguien lo llamo, luego aquel bebé y por último aquel niño que se vio a lo largo de toda la historia, como todo un adolescente con la misma edad en que sus padres comenzaron todo, y para eso trate de no hacerlo igual a uno de ellos, más bien una mezcla que le diera un aspecto distinto, espero haberlo logrado, aunque no lo sé, y en donde se vio lo que paso después de todo….

Sin duda es extraño subir esto, porque significa que dejo está historia hasta aquí, ya no habrá nada más que pensar, nada más que vendrá con esto, y me siento con una gran nostalgia de dejar esto y a la vez liberada, como si hubiera dado un paso más allá.

Les agradezco realmente con todo mi corazón, todos y cada uno de sus Review por el último cap, los he leído una y otra vez, porque me sigo sorprendiendo como la primera vez que recibí uno por esta historia, así que nunca está de más seguir agradeciendo, y muchas más por seguirme y apoyarme en todo esto y también por los saludos y mensajes para que me mejore, cosa que se está logrando.

Con respecto a seguir escribiendo, eso no cabe duda, ya tengo una historia en mente y un poco escrita, tan sólo necesito unos días, un par de semanas para descansar, alejarme de esta historia y así enfrascarme en el nuevo proyecto.

Quisiera como último esfuerzo, favor o lo que sea que me den sus comentarios, opiniones, criticas lo que quieran, especialmente para saber que les pareció….Un último Review para Creciendo Juntos….

Y me despido con una reverencia para ustedes, y con fuerte….hasta pronto…………