Nota: ¡Me alegro que les haya gustado el final! :) Aunque sí, es lamentable que Edward no pudiera haber arreglado las cosas con Emmett y Rosalie, pensé en que los perdonara, hasta lo escribí, pero simplemente no se sentía bien, se veía irreal. Este capítulo es inmenso, aquí les regalo de epílogo casi ocho mil palabras y diecinueve páginas de word. ^^

Epílogo

La Sorpresa

10 meses después...

—¿Crees que este le gustará? —me preguntó Ángela alzando un diminuto vestido blanco con puntos amarillos.

Yo ladeé la cabeza, pensativa, para después asentir.

—Aunque creo que deberíamos llevarle algo que pueda usar de recién nacida, ¿no crees? —le pregunté observando los demás conjuntos que colgaban de las perchas.

—Estoy segura que Alice ya tiene toda una montaña de ropa de bebé recién nacida, eso tenlo por seguro. —rió y yo la acompañé.

Ángela, la chica que trabaja en la biblioteca durante los miércoles, últimamente se ha convertido en una de mis mejores amigas. Luego de haber pasado por todo aquél drama y de poder recuperar la normalidad en nuestras vidas, pude regresar a mi rutina de la biblioteca, y por lo tanto, Ángela y yo nos comunicábamos siempre que la veía. Nos volvimos tan amigas que empecé a invitarla a ella y a su novio Ben en las salidas que tenía con Edward y con Alice y Jasper. Ya Jacob lamentablemente no está incluido, conoció a una chica llamada Irina en uno de sus numerosos viajes de negocios y ahora está viviendo con ella en Evanston, una ciudad que se ubica a menos de una hora de Chicago.

En fin, a todos inmediatamente les agradaron los nuevos integrantes, Ben y Ángela, y rápidamente se volvieron parte de nuestro grupo. Era genial tener otra amiga aparte de Alice, a veces era bueno alejarme de las locuras de aquella pixie y ser capaz de compartir un rato con una chica que le agrade el silencio como Ángela.

—Bueno, entonces sigamos buscando atuendos para bebés de doce meses. —concordé y Ángela y yo empezamos a recoger atuendos de los que decidiríamos después cuáles comprar, después de todo, no teníamos todo el dinero del mundo.

Actualmente, estábamos en la búsqueda del regalo perfecto para el baby shower al que asistiremos en tres días. Y el regalo perfecto obviamente es ropa, atuendos perfectos para bebés de doce meses, específicamente para el bebé de Alice. Sí, el bebé de Alice. Mi mejor amiga, ya casada desde hace ocho meses, está embarazada de la misma fecha.

Aún recuerdo la reacción de Alice cuando se enteró, cuando llevaba tres semanas de embarazo. Una sonrisa se plasmó en mi cara sin poder evitarlo. Fue simplemente inolvidable...

—Aquí tiene su café mocha, señorita. Que lo disfrute. —el chico me sonrió de un modo que decía que estaba tratando de flirtear conmigo pero era fatal en ello. Le sonreí casi imperceptiblemente y tomé mi café rápidamente.

Actualmente estaba en un centro comercial haciendo unas compras necesarias para el departamento y me tomé un descanso para beberme un café y poder sentirme lo suficientemente activa para continuar con las diligencias. Me senté en uno de los bancos de en medio de los anchos pasillos que estaban rodeados por tiendas, al lado de un hombre notablemente aburrido con numerosas bolsas entre sus piernas.

Mi teléfono vibró en mi bolsillo luego de llevar medio café y suspiré de forma exasperada cuando vi quién estaba llamando. Cuando le conté a Alice que iba a ir de compras, obviamente me dijo que debía de ir conmigo. Yo le insistí que era innecesario, ya que eran compras aburridas. Ella me soltó que nunca más me hablaría ya que según ella yo no quería que mi mejor amiga en todo el mundo fuera de compras conmigo. Y aquí está. Luego de dos horas de decirme que me iba a aplicar la ley del hielo para siempre, me está volviendo a llamar.

Dejé que siguiera repicando, y terminé de beberme el café.

A los pocos minutos, me encontraba caminando por los pasillos buscando las últimas cosas que me faltaban comprar, cuando un sonido hizo que me congelara por completo.

—¡ISABELLA SWAN! ¡I-SA-BE-LLA- SWAAAAN! —escuché la voz de Alice gritar por los parlantes del centro comercial. Su voz era completamente reconocible, y aunque nadie supiera que yo era Isabella Swan y que una loca irremediable me estuviera llamando a mí, sentí mis mejillas flamear por la pena.

Los gritos de Alice en los parlantes continuaron, para mi vergüenza.

—SÉ QUE ESTÁS POR ALLÍ, OCULTÁNDOTE DE MÍ. PERO ESO NO IMPORTA, BELLA, ¡NO SABES LO QUE HA OCURRIDO! BELLA, ESTOY, ¡EMBARAZADA! ¡EM-BA-RA-ZA-DA! ¡PREGNANT! ¡ENCEINTE! ¡SCHWANGER!....—empezó a aullir de alegría, nombrando la palabra embarazada en todos los idiomas posibles. Aunque eso era poco comparado con el shock de la noticia. ¡Alice estaba embarazada!

—...¡GRÁVIDA! ¡INCINTA! —seguía gritando y pude ver a mi alrededor las expresiones atónitas de todos. Algunos se notaban molestos por los chillidos mientras que otros aplaudían por la noticia.

Supe en ese momento que debía de encontrarla. Era obvio que estaba feliz, pero creo que ya se había sobrepasado un poco de los límites.

Me di cuenta de que no sabía donde encontrarla, y como si mi mejor amiga me hubiera leído la mente, respondió mi silenciosa pregunta a través de los parlantes, su voz resonando por todos los pasillos del inmenso centro comercial.

—Bella, encuéntrame en la entrada del centro comercial, ¡Te estaré esperando! ¡Adiós! —y con eso el lugar cayó en completo silencio. Las personas, que se encontraban detenidas a medio camino escuchando los gritos alocados y llenos de júbilo, continuaron pisoteando en distintas direcciones.

Caminé, o mejor dicho, corrí, en dirección de la entrada. Cuando llegué, pude ver a su menuda forma saltando casi dos metros en el aire repetidamente. Le sonreí grandemente y las dos nos fundimos en un abrazo.

Sacudí mi cabeza riendo ligeramente, y Ángela, quien estaba mirando la misma percha que yo, me miró con el ceño fruncido.

—Supongo que los rumores son ciertos, estás loca. —rió y yo rodé los ojos.

—Me estaba acordando de la noticia del embarazo de Alice en el centro comercial. —ella soltó un 'Oh', y rió también al recordarlo. Aunque en el momento en que ocurrió todo aquello Ángela y yo todavía no éramos tan cercanas como ahora, ella resultó haber estado en el centro comercial ese mismo día y también había escuchado los gritos. Me sorprendí bastante cuando le preguntó a Alice si fue ella la de los chillidos cuando las presenté. Supongo que es bastante perceptiva.

Finalmente Ángela y yo terminamos por elegir cinco conjuntos distintos que pagamos entre las dos. Aunque odie ir de compras, Alice siempre me dijo que tenía buen gusto cuando me esforzaba en elegir, por lo que procuré seleccionar los atuendos que me gustaban y que me parecían lindos para la bebé de Alice, la cual según ella y Jasper, se llamaría Madison, para poder apodarla como Maddie.

Luego de comprar la bolsa de regalo 'perfecta' y haber guardado los conjuntos en ella, Ángela y yo nos dirigimos hacia su coche para que me dejara en el departamento de Edward y mío ya que ella me había ido a buscar para ir de compras.

—Ups. —la escuché murmurar a mi lado mientras caminábamos a través del aparcamiento y se detuvo en seco al lado de una camioneta.

Yo la miré con el ceño fruncido. Estaba mirando la hora en su reloj con una expresión asustada en su rostro.

Miré mi hora. Eran las dos de la tarde. ¿Qué había de malo en ello? Era martes, su turno en la biblioteca no era hasta mañana..

—¿Ocurre algo? —pregunté luego de un par de segundos llenos de un tenso silencio.

Ella subió la mirada lentamente y me miró con sus ojos marrones como platos.

—Uh...er...ah... —empezó a balbucear y parecía como si estuviera buscando una buena excusa, o mejor dicho, una mentira.

La miré con los ojos entrecerrados.

—Ángela, ¿no hay algo que quieras decirme? —ella me miró mientras se mordía el labio, e inmediatamente me arrepentí de mi forma de reaccionar. Seguramente era algo personal. —Oh, Angie, mira, si es algo privado, disculpa, yo no—

—¡No! —sacudió la cabeza y después rió nerviosamente.— Lo siento. Es que me acordé algo. Hoy... hoy era el cumpleaños de Ben. —soltó mirando a cualquier lugar menos a mí. Era difícil saber si estaba mintiendo o no, su expresión era inescrutable.

—Oh —susurré, no sabiendo que decir, y llena de confusión, no sabía cómo relacionar el que se hubiera asustado por la hora con que hubiera olvidado el cumpleaños de su novio.

Suspiré.

—Bueno, será mejor que me lleves a mi casa entonces, no querrás perder tiempo—

—¡No! —volvió a exclamar, y yo la miré incrédula. ¿Por qué no quería que fuera a mi casa?

Alcé una ceja y la miré, esperando que profundizara su respuesta.

Ella se encogió de hombros, y pude verlos temblar ligeramente.

—Vamos, ¿qué harás en tu casa sola? ¿No era hoy que Edward tenía esa clase privada con Tommy? —preguntó, y yo fruncí el ceño. Según tenía entendido, las clases con Tommy eran los miércoles.

Oh, sí. Edward daba clases. Me alegraba de que finalmente hubiera conseguido un trabajo, específicamente como profesor de música en un instituto y tutor privado de lecciones de piano. Adoraba ver cómo Edward les enseñaba con gentileza a tocar el piano a pequeños chicos entre seis y quince años.

Tommy era un chico de ocho años que tenía programadas clases de piano con Edward los miércoles, aunque al parecer estoy equivocada y en realidad son los martes, según Ángela. Aunque fuera normal que me confundiera con las fechas, algo en el rostro de Ángela se me hacía sumamente sospechoso.

Negué con la cabeza lentamente.

—Creo que no...—murmuré mirándola cautelosamente. Ella suspiró.

—Bella, no puedes ir a tu casa.

Yo la miré perpleja. ¿De qué hablaba? Inmediatamente el miedo me invadió.

—¡Oh no! ¿¡Acaso ha ocurrido algo con—

—No, ¡nada! relájate Bella, no ha ocurrido nada malo. Mira... soy yo. —dijo en forma de confesión y yo la miré como si tuviera dos cabezas. ¿Era ella qué?

—Bella, yo tengo... er... —frunció el ceño y pareció como si se estuviera carcomiendo el cerebro en busca de una palabra.— Anuptofobia. ¡Sí, eso! —suspiró y relajó los hombros.

—¿Eh? —no tenía idea de qué era anuptofobia. Pero estaba sumamente sorprendida. ¿Ángela tenía una fobia? ¿Y nunca me había dicho?

—Sí, es el miedo a estar sola. Bella, Ben no está en casa y puedo... ¡hacer locuras si estoy sola! —me miró con las cejas alzadas mientras yo estaba completamente congelada. ¡¿Pero qué diablos?!

—Ángela, ¿estás bien? —pregunté lentamente. Su rostro estaba completamente rojo, si no hubiera escuchado sus palabras diría que estaba completamente muerta de la vergüenza.

—¡No! —gritó.— ¡No puedo estar sola, Bella! ¡Siempre que lo hago me creo un pájaro y trato de volar saltando por las ventanas! ¡Mira, así!

Empezó a agitar sus brazos mientras hacía sonidos que parecían de pollitos y yo la miré escéptica. Nunca había conocido este lado de Ángela, y aunque fuera extremadamente atípico, supuse que era por su condición 'anuptofóbica'. Definitivamente necesitaba una cita con Jasper.

—¡Pío! ¡Pío! —siguió exclamando y pude ver a mi alrededor cómo todos la miraban de reojo. Hice una mueca y rápidamente la tomé del brazo y la metí en el asiento del pasajero. En tiempo récord ya me estaba dirigiendo hacia su apartamento.

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—Gracias, Bella. De verdad. No sé que hubiera sido de mí... —bajó la cabeza, ocultando su rostro con su oscuro cabello y vi sus hombros temblar. Pensé ver a través de su cabellera negra una sonrisa, pero lo dejé pasar, seguramente estaba llorando. Yo suspiré y me acerqué para rodearla con mis brazos en un abrazo.

Ben llegaría del trabajo más o menos a las seis, por lo que me quedé con Ángela durante el tiempo que faltaba para que su novio llegara. Todavía me parecía algo irreal lo que había ocurrido en el aparcamiento del centro comercial y la confesión de Ángela, pero ella no era una chica que mentía seguidamente, por lo que preferí confiar en ella. Además, ¿por qué jugaría con algo así? Simplemente no había alguna explicación razonable.

—Ángela, debería llamar a Edward, seguramente me está esperando y—

—¡No! —lloriqueó mientras abrazaba sus piernas en el sofá y escondía su rostro entre sus rodillas.— Va a sacarte de aquí, lo sé. No va a querer que te quedes. ¡No te atrevas! —gritó, su voz sofocada. Mis ojos estaban a punto de salirse de sus órbitas, y estuve un par de segundos congelada, pero después bajé el teléfono que había sacado de mi bolsillo y volví a ocultar en su lugar lentamente, mirando a mi extraña amiga con cautela.

—Um, está bien... —dije lentamente y pude ver sus hombros temblar de nuevo. Pobre, seguramente lo de no poder estar sola va realmente enserio.

AngPOV

Dios mío. ¡Ya no podía más! ¿Cuánto más tiempo debía seguir con esta farsa? Y la pregunta más importante, ¿¡por qué acepté hacer esto!?

Oh, sí. Por la mirada de cachorro perdido que me dio Edward para convencerme, y para hacer que su sorpresa preparada para Bella funcione como debe ser. Ugh. Por más que me alegre de lo que Edward le hará a Bella, definitivamente no me agrada el papel que debo asumir en esta actuación. Es sumamente exasperante. Fui afortunada de haber tomado clases de teatro en secundaria, si no esto no hubiera podido funcionar. Bella es una mujer bastante perceptiva, y estaba genuinamente sorprendida de que todavía no hubiera notado que toda esta locura de la fobia era una completa y total mentira.

Debo admitir que fue mi culpa el que esto se me hubiera salido de las manos. Al principio sólo iba a ser mantenerla ocupada durante el día, yendo de compras para el baby shower de Alice, pero lo que menos me había imaginado era que íbamos a terminar las compras a las dos de la tarde, cuando debía de mantenerla lejos de su departamento hasta la hora del crepúsculo. Mi mente inmediatamente había empezado a formular cientos de ideas para mantenerla a raya de montarse en aquél coche. La idea del cumpleaños de Ben fue fatal, y estuve completamente agradecida de haber leído el día anterior aquella página web de fobias mientras estaba completamente aburrida. Sé que fue lo más tonto que pude haber dicho como excusa, pero sinceramente fue lo que mejor se me ocurrió para mantener a Bella conmigo.

Y gracias a toda aquella locura salida de mi cabeza, ahora tengo que permanecer en mi sillón pareciendo una loca de atar mientras hago de pájaro cuando Bella asume algo sobre salir por esa puerta. No pude evitar esconder mi rostro entre mis rodillas y reír silenciosamente. Esto rayaba lo ridículo y lo absurdo, y ya me podía imaginar las risas burlonas de Edward, Alice, Jasper y Ben cuando se enteren sobre todo esto. Aunque en el fondo tengo bastante miedo sobre la reacción de Bella. Estoy muy segura que no será muy linda de ver.

Las horas pasaron mientras lo único que me permití hacer fue ver la televisión. Estaba segura que parecía una completa loca, y en mi caso, eso era positivo.

Finalmente pude ver que a mi lado Bella se había quedado dormida a eso de las seis de la tarde, y tomé ese momento como la perfecta oportunidad para llamar a Ben, quien había tomado el día de trabajo libre para ayudar a Edward, a Jasper y a Alice a planificarlo todo.

¿Angie? ¡Sabes que no puedes llamarme! —exclamó Ben justo cuando atendió la llamada.

—Ben, escucha, —susurré bajito para no despertar a Bella.— esto se me ha salido de las manos. Tengo a Bella aquí en mi casa, y si no vienes ahora mismo pretendiendo que llegas del trabajo, Bella empezará a sospechar y terminará por irse. Tienes que venir. —la última frase sonó un poco dura, algo raro en mí, pero supongo que ya la locura que estaba fingiendo me estaba afectando.

¿Qué? —pareció desconcertado por un momento.— Pero si todavía nos falta

—¡Nada, Ben! —susurré un poco alto— he metido la pata y tienes que llevarte a Bella de aquí ahora mismo o todo saldrá mal.

Espera un momento.

Escuché ruidos del otro lado de la línea y por los sonidos deduje que eran voces conversando entre sí. Finalmente volví a escuchar la voz de Ben al teléfono.

Está bien, —suspiró— creo que podremos hacerlo. Espérame, en unos segundos estaré allá.

—Bien. —exclamé ya no más en susurros para después colgar.

Me volteé para volver a recostarme en el sofá pero me detuve en seco y mis ojos se abrieron como platos.

Bella estaba allí, sentada en el sofá, con los ojos bien abiertos y un ceño fruncido prominente en su frente.

—¿Cómo que 'tienes que llevarte a Bella de aquí o todo saldrá mal'?" —preguntó con los ojos entrecerrados, analizando mi reacción.

—Yo, Bella... ¿cuánto escuchaste? —pregunté temerosa.

Ella suspiró.

—Me desperté escuchándote diciendo que has metido la pata. ¿A qué te refieres con eso, Ángela? ¿Qué me estás ocultando? —siguió manteniendo esa mirada analizadora sobre mí y empecé a sentir náuseas.

—Yo, mira, Bella...

—Nada, Ángela. Si no me dices nada, me iré de aquí en este mismo instante. Sospecho que todo esto de la fobia es solo una mentira. ¿Pero para qué? ¡No lo sé! —lo último pareció decírselo a sí misma.

—¡No! Bells, ¡te juro que no es mentira! ¡Es que tú no entiendes! ¡Nunca podrás entenderlo! —decidí ir por la táctica de 'tú no entiendes', siempre funciona.

—¡Exacto! ¿Te importaría explicarme?

—¡No! ¡Porque es imposible! Nunca lo entenderás.

Ella alzó la barbilla defensivamente y suprimí el impulso de reír.

—Está bien. Entonces, me largo.

Mis ojos se abrieron como platos.

—¡No! ¡No! ¡Por favor, Bella! —lloriqueé lanzándome al suelo y abrazando sus piernas. Ella se removió, tratando de soltarme, pero no la dejé apartarse.— ¡Tienes que entender que no puedo estar sola! —empecé a sollozar a la fuerza, esperando que sonara creíble.

La vi rodar los ojos y se apartó cuando en algún momento mi agarre se aflojó ligeramente.

—¡NO! —chillé gateando hacia ella quien se dirigía con andares rápidos hacia la puerta. No, no puede irse. ¡Simplemente no puede! Todo se arruinaría. Todo acabaría. Todo—

—Angie, ¡estoy en casa!

Escuché la voz de mi salvador llamar, y subí la mirada del suelo para verlo con la mano en la manilla de la puerta mientras Bella lo miraba incrédulamente. Pude ver que Ben se había preparado para la ocasión. Estaba vestido para el trabajo, y llevaba un maletín en la mano.

—¡Ben! —lloriqueé mientras me levantaba y saltaba hacia sus brazos. Todavía estaba en modo actriz, pero de esa forma lo recibía casi todo el tiempo.

—Oh, Ben. —gemí.— No sabes lo mal que la he pasado. ¡Bella estuvo apunto de dejarme sola! —me aparté y tapé mi rostro con mis manos.

Miré hacia arriba para ver a Bella y pude ver que tenía una mirada llena de sospecha.

—¡No le creo nada! —chilló mirándome y apuntándome con el dedo. —Su llamada por teléfono lo decía todo.

Bella le contó a Ben lo que yo le había dicho sobre la fobia y lo que había escuchado por el teléfono. Yo hice una mueca y me regañé internamente. Debí aunque sea esconderme en el baño, no permanecer tan cerca de ella durante la llamada. Fue muy tonto de mi parte.

Pero Ben no se inmutó. Sonrió de forma comprensiva y pasó un brazo por mis hombros.

—Oh, Bella. Creo que lo has malinterpretado todo. —comenzó y yo escondí mi rostro en su pecho. No quería delatar nada con mis expresiones mientras Ben vociferaba los inventos que su cerebro había maquinado rápidamente.— Verás, ella... no tenía intenciones en decirte lo de su fobia. Fue algo que se le salió de pronto y a eso se refería ella con haber metido la pata. Era más o menos como un secreto, nada más lo sabemos nuestras familias. Ella no tenía planeado decírselo a ninguno de sus amigos, pero supongo que la desesperación hizo que lo admitiera.

Yo estaba sumamente sorprendida, ¿de dónde había aprendido Ben a actuar así? Mi novio continuó con la farsa sin tartamudeos ni temblores de voz.

—Y pues, por lo demás que escuchaste, también hay algo que no te hemos dicho, pero supongo que tendremos que hacerlo para que entiendas. Ángela se pone muy... ansiosa por las noches. —se aclaró la garganta.— digamos que necesita estar conmigo o simplemente...pierde el control. —hizo una pausa, como aparentando tristeza.— Ella no quería que te pasara nada malo, Bella. Por eso quería que te sacara de aquí.

Ben finalmente terminó de hablar y yo le di un beso a su pecho, silenciosamente agradeciéndole por haberme salvado de todo este extraño embrollo en el que me había metido.

Alcé la mirada para ver a Bella con la cabeza gacha y una expresión llena de culpa. Reprimí la sonrisa que amenazaba con extenderse en mi rostro.

—Oh, Ángela. —en menos de un segundo sentí los brazos de Bella apretarme en un fuerte abrazo.— Lamento tanto haber dudado de ti. Es que todo... parecía tan irreal. Lo siento. De verdad. —dijo para luego apartarse y sonreírme. Yo le devolví la sonrisa, sintiendo alivio al poder curvar mis labios libremente.

—No te preocupes. Por eso no quería que supieras, —añadí para hacer la situación un poco más real.— sabía que al principio no entenderías.

Bella y yo nos volvimos a abrazar y Ben volvió a hablar.

—Bueno, Bella, ya que no tienes tu coche aquí, ¿por qué no te llevo a a casa?

Bella abrió los ojos como platos.

—P-pero... Ángela... ella... sola... —envió su mirada de mí a Ben rápidamente.

Yo me encogí de hombros.

—Estaré bien. —le sonreí para después desplomarme en el sofá y prender la televisión.

BPOV

Estaba total y completamente confundida.

En un momento, Ángela no soporta la simple idea de que pueda salir de su casa.

Pero en otro momento, Ben le dice que se quedará sola, y ella, en vez de patalear y lloriquear, ¡simplemente sonríe! ¡Sonríe! ¡Y dice que le da totalmente igual!

¿¡Qué diablos está mal con esta pareja!?

Miré a Ben incrédula, pero él simplemente me sonrió y abrió la puerta más ampliamente para que yo pudiera salir.

Caminé fuera con los pensamientos revueltos. Este día sin duda era de locos. Hasta llegué a pensar si era un sueño. ¿Acaso es un sueño? Me pellizqué fuertemente.

Ow. Definitivamente no lo es.

Suspiré, y simplemente dejé de analizarlo todo. Nada tenía sentido, ¿para qué buscar una explicación? Así que simplemente seguí a Ben con la idea de que por fin podré ver a Edward luego de un día tan exhaustivo.

Ben me llevó en su camioneta hacia el departamento y en unos pocos minutos ya nos encontrábamos afuera del edificio.

—Bueno, Ben... fue, bueno verte. —me despedí, no muy segura de lo qué decir luego de todo lo que escuché últimamente.

Él sonrió.

—Igualmente. Estoy seguro de que pasarás una buena noche. —me guiñó el ojo y yo me bajé del auto con el ceño fruncido ante su 'despedida'.

Subí el ascensor y arrastré los pies hasta la puerta. La abrí cansadamente y al pasar a la sala de estar me detuve en seco y mi respiración se cortó.

Todo el lugar estaba completamente atestado de flores. Rosas, margaritas, violetas, todo tipo de ramos estaban ubicados en todas las esquinas al igual que globos y distintos peluches con mensajes de amor. Mi corazón se aceleró ante la emoción que me embargó.

Pude ver que desde donde yo estaba parada, había un camino aclarado para poder caminar entre las flores y peluches, y al final del camino, el cual se detenía en el medio del cuarto, estaba el peluche más grande de toda la habitación. Era un gran oso de felpa color crema, y en sus manos juntas había un ramo de rosas con una carta blanca sobre éstas. Inmediatamente supe que debía tomarla y pasé por el camino arreglado para agarrar el sobre.

Lo abrí con manos temblorosas para después sacar una hoja perfumada doblada. La abrí e identifiqué rápidamente la pulcra letra de mi Edward.

Mi querida Bella,

Espero que te haya gustado el pequeño arreglo que te he preparado, aunque no sea suficiente cuando en realidad quisiera darte el mundo entero.

He preparado algo muy especial para nosotros esta noche. Lamentablemente no podré verte todavía, pero espero que al final valga la pena.

Ahora, mi Bella, necesito que hagas algunas cosas para mí. En nuestra habitación, hay otra carta donde te daré más indicaciones.

Estoy ansioso por verte, mi ángel.

Tu Edward.

Me mordí el labio mientras mis labios se curvaban en una sonrisa. Las ocurrencias de Edward eran impresionantes y sólo hacían que lo amara más. Me pregunto cuántos habrán sabido sobre esto...

Pero los demás no importaban en ese momento. Solté la carta y rápidamente me dirigí hacia nuestra habitación riendo como una colegiala.

Abrí la puerta y lo primero que noté era que todo estaba iluminado con velas. La cama estaba decorada de forma impresionante. Pétalos de rosas formaban un gran corazón, y en el medio, había un paquete rectangular que parecía tener algo adentro, junto con otra carta blanca encima. Me lancé sobre la cama sonriendo inmensamente y abrí la carta con velocidad.

Mi hermosa Bella,

Me alegro que hayas decidido seguir las indicaciones. Como ya habrás visto, debajo de esta carta hay un paquete. Quiero que lo abras, y lo utilices. Lo he elegido especialmente para ti.

En el baño está el otro complemento del paquete, sobre la alfombra azul. He procurado elegirlo teniendo en cuenta lo adorablemente torpe que eres.

Otra carta te espera junto con el complemento.

Ansío verte, mi vida.

Tu Edward.

Volví a reír tontamente y arrojé la carta a la cama para abrir el paquete rompiendo el papel marrón que envolvía lo que fuera que Edward me había comprado.

Solté un grito ahogado ante el hermoso y delicado vestido que mis manos sostenían suavemente. La tela era de un color turquesa y por su longitud deduje que era bastante largo. La parte superior era sin mangas mientras que detalles brillantes adornaban el borde del escote al igual que por debajo del área de los pechos. Era simplemente... impresionante. (Vestido en mi perfil)

Me levanté de la cama y luego de sacudirme algunos pétalos que se habían adherido a mi cuerpo, caminé hacia la puerta blanca que correspondía al baño.

Torcí la manija y abrí la puerta. Al prender la luz, los pétalos resaltaron en todas las superficies blancas. El lavabo, la base del inodoro, y unos pocos en el suelo.

En la alfombra azul que Edward había nombrado, un par de sofisticadas sandalias plateadas de tacón bajo y grueso —completamente perfectas para poder caminar normalmente— se encontraban sobre la suave tela celeste junto con otra carta blanca a su lado. Luego de admirar las sandalias por un par de minutos, tomé la carta y la abrí con rapidez.

Mi dulce Bella,

Espero que te haya gustado lo que te he comprado. No sabes cuán entusiasmado estoy de verte con eso puesto, estoy seguro que te verás como la diosa que eres.

Mi Bella, ¿sabes algo que adoro de ti? Tu esencia. Ese olor a dulces fresas en el que siempre estás bañada me vuelve completamente loco y siempre me pierdo en él. Cuando te bañes, no olvides utilizar aquél champú de fresas que siempre he admirado percibir en tu cabello.

Cuando termines de ducharte y vestirte, quiero que salgas del departamento y salgas del edificio. Allí afuera te estarán esperando, ellos te llevarán a mí.

Eres mi existencia. Nunca lo olvides.

Tu Edward.

Suspiré sonoramente mientras sentía cómo mi corazón se saltaba un latido al leer la carta. Era tan perfecto. Demasiado perfecto.

Me duché con mis pensamientos inundados de él y de sus palabras y ya podía sentir cómo mis mejillas dolían por tanto sonreír.

Finalmente salí de la ducha y me vestí entusiasmadamente. El vestido me quedó perfectamente, abrazaba las partes exactas de mi cuerpo y parecía haber estado hecho específicamente para mí. Sonreí. Mi Edward lo había escogido. Obvio que sería perfecto para mí.

Deslicé mis pies sobre las sandalias de tacón bajo y empecé a arreglarme el rostro y el cabello. Me sequé ligeramente el pelo, lo suficiente para que no se viera excesivamente mojado, y dejando que ligeras ondas cayeran en las puntas. Me apliqué un poco de maquillaje, que consistía en un poco de polvo, rímel, una leve sombra en mis párpados y brillo de labios. Le sonreí a mi reflejo. Era impresionante lo iluminado que mi rostro se veía. Mis ojos brillaban con exceso, y casi parecía como si estuviera apunto de llorar. Mis mejillas estaban ligeramente sonrosadas de un tono rosa claro, y la sonrisa parecía estar pegada permanentemente en mis labios. Era imposible formar una línea recta. Soltando una risita de felicidad, salí del baño y fuera del departamento.

Todavía no sabía a quién se refería Edward con ellos. ¿Quienes me llevarán? Seguía preguntándomelo mientras salía del ascensor.

Solté lo que fue el milésimo grito ahogado del día cuando vi lo que estaba aparcado en la calle al frente del edificio.

Una larga, y con larga me refiero a exageradamente larga, limosina negra estaba a mi vista al frente de mí. La última puerta estaba abierta, mientras la manilla era sostenida por un hombre fundido en un traje negro que me sonreía.

—Justo como el Sr. Cullen la describió. —lo escuché decir todavía sonriente.— Srta. Swan, ¿cierto? —preguntó y yo asentí, incapaz de hablar.— Pase, señorita. Yo seré su chofer, y la llevaré a la destinación que su novio me ha mandado.

Le sonreí nerviosamente y me adentré al inmenso automóvil.

Mis ojos casi se salieron cuando aprecié mis alrededores.

Era gigantesco. Los asientos eran de cuero negro al igual que el tapizado. Al frente del asiento, una pequeña mesa de madera color caoba se extendía de un extremo a otro. En el medio había un orificio el cual estaba ocupado por un delgado vaso largo con una preciosa rosa dentro, y me emocioné por completo cuando vi el familiar papel blanco al lado.

Lo tomé y lo abrí ansiosamente.

Mi maravillosa Bella,

Estoy seguro de que te has sorprendido. Cómo me gustaría ver tu reacción en estos momentos...

No quiero que pienses que te estoy comprando con todos estos objetos superficiales. Tú sabes que nuestro amor va más allá de eso, y espero que nunca dudes de ello. Sólo es una pequeña forma de expresar cuánto te amo, digo pequeña porque esto no llega ni cerca de lo mucho que te quiero. Sería imposible expresarlo a través de algo material.

No estés nerviosa o asustada, ya estás muy cerca de verme. Y yo de verte a ti.

Eres el oxígeno del que respiro, amor.

Tu Edward.

Apreté la carta contra mi pecho. Sentía que mi corazón explotaría en cualquier momento. El entusiasmo y la felicidad iban a terminar por darme un paro cardíaco. No podía esperar más. Necesitaba verlo, necesitaba tocarle, abrazarle, lo que sea, pero tener su presencia cerca de mí. Su calor cerca de mi cuerpo. Sus ojos verdes taladrándome.

Luego de un par de minutos, finalmente sentí la limosina detenerse y estaba prácticamente saltando en mi asiento cuando el chofer me abrió la puerta. Me sonrió amablemente mientras me ayudaba a salir —a petición de él— y yo empecé a mirar el lugar en el que me encontraba.

No entendía nada. Estábamos al frente de un ancho edificio de al menos unos tres pisos, en medio de la nada. Fruncí el ceño pero todo desapareció cuando lo vi a él.

Estaba parado en la puerta de la edificación, sus manos en los bolsillos de sus pantalones negros de vestir. Su pecho estaba cubierto por una camisa de botones blanca por fuera y una chaqueta negra sin cerrar. Su cabello estaba igual que siempre — sexy y desordenado e increíble. Sus labios estaban curvados en esa sonrisa torcida que me quitaba el aliento —y él sabía muy bien eso— y sus ojos bloqueados con los míos.

Mi sonrisa se amplió —si es que eso era posible— y no lo pensé dos veces.

Me eché a correr lo más rápido que pude hacia él, y obviamente, mi torpeza quiso aparecer en el momento menos correcto.

No me fijé en el escalón que había en el camino, y me preparé para el impacto, pero nunca llegó. Un par de brazos que eran imposibles de no reconocer para mí me sujetaron fuertemente y su dulce esencia me inundó inmediatamente. Me enderezó sobre mis pies y alcé el rostro para toparme con el suyo a centímetros de los míos. Sus ojos se derritieron en los míos y me incliné hacia adelante, nuestras narices rozándose. Mis manos se habían apoyado en su pecho y nunca las aparté de allí, podía sentir su corazón latiendo erráticamente contra mis palmas y era una sensación increíble y que nunca cambiaría por nada del mundo.

—Eres perfecto. —le susurré todavía viendo directamente hacia sus ojos.

Él negó ligeramente con la cabeza, mientras su cabello se ondeaba con el suave viento que nos bañaba.

—Tú lo eres.

En ese momento quise atacarle, atrapar sus labios con los míos y besarlo con fuerza, para nunca dejarlo ir. Pero me retuve. Ese momento era tan mágico que simplemente presioné mis labios contra los suyos en un beso tierno y lleno de amor. Él me había dado tanto, debía de demostrarle mis sentimientos todas las veces posibles.

—Te ves hermosa. —susurró contra mis labios y pude sentir mis mejillas acalorarse aún más por su mirada examinadora que viajaba por todo mi cuerpo. Me sonrió torcidamente para después dar un paso hacia atrás.

Yo fruncí el ceño al ver que sacaba de su bolsillo una pañoleta negra.

—¿Qué es eso? —pregunté cuando vi que la acercaba a mí.

—Confía en mí, Bella. Es para que sea una sorpresa. —dijo cerca de mi oído mientras colocaba el pañuelo negro sobre mis ojos y lo amarraba con suavidad detrás de mi cabeza. Ahora las ansias habían aumentado, ¿qué me había preparado Edward?

Y al igual que aquello, también me llegó un deja vu en el momento en que fui cegada por la gruesa tela. Aquél mágico día en el yate de Edward, él había hecho lo mismo.

Sonreí.

—¡Edward! ¿Acaso quieres que me mate? —repetí las mismas palabras que había dicho hace meses.

Lo escuché reír.

—Te apuesto a que conmigo no te caerás ni una sola vez. —repitió la misma frase que él había dicho en aquél día. A mi corazón le envolvió una ola de calidez al darme cuenta de que sí se había acordado.

—Ya veremos eso. —reí y sentí cómo sus suaves labios se presionaban brevemente sobre los míos.

Edward me dirigió cuidadosamente hacia el lugar 'secreto'. Esta vez no me molesté en revisar si había algún obstáculo por delante de mí, Edward me estaba dirigiendo y sabía que con él no me caería en ningún momento.

Pude escuchar nuestras pisadas hacer eco en todo el camino, pero pronto el silencio desapareció para ser sustituido por un fuerte e incesante ruido que se me hacía conocido pero que no supe identificar.

—¿Edward? —llamé con voz fuerte, lo suficiente para que se escuchara sobre el abrumador ruido.

En ese momento sentí cómo su mano desaparecía de la mía para luego sentirlo moverse detrás de mi cuerpo.

Sus manos empezaron a desenredar la pañoleta negra y me quedé completamente boquiabierta ante lo que vieron mis descubiertos ojos.

Edward se puso a mi lado y yo lo miré incrédula.

—¿Una...a-a-vioneta? —tartamudeé, atónita. Estábamos parados en una pista. Una pista de vuelo. Y a unos pocos metros de mí, una gran avioneta se alzaba mientras la puerta estaba abierta y una escalera la unía con el suelo. No era tan grande como un avión, pero tampoco tan pequeña como un helicóptero.

—E-edward, esto es demasiado... —dije todavía con la mandíbula desencajada. Ya me había parecido demasiado el asunto de las cartas, pero, de verdad, ¿una avioneta? Edward no debería de gastar tanto en mí.

Él me volteó para que quedáramos cara a cara, sus manos posadas en mi cintura.

—Bella, esto lo he hecho porque te quiero. Por favor, acéptalo. Es lo único que te pido como agradecimiento. —rogó seriamente mirándome a los ojos. Yo bajé la mirada, aunque a Edward no le sintiera mal hacer todos estos gastos, para mí era diferente.

Sentí cómo me alzaba el mentón y me miró con una sonrisa torcida.

—Si te hace sentir mejor, Esme y Carlisle me ayudaron bastante. De hecho, de ellos fue la idea de la avioneta. —yo inmediatamente le devolví la sonrisa, aliviada de saber que él no había hecho todo esto solo.

Asentí y rápidamente me acerqué a él para apretarlo en un abrazo y besarle con toda la energía que pude. Estuvimos en esa posición por minutos, o tal vez horas, pero en algún momento Edward se apartó lentamente, dejando su brazo rodeando mi cintura.

—Deberíamos ir, ¿no crees?

Yo asentí con una sonrisa y los dos nos dirigimos al inmenso avión privado que nos esperaba.

Subimos las escaleras con el zumbido de las turbinas rebotando en nuestros oídos y al llegar a la puerta una aeromoza nos sonrió y la cerró, inmediatamente sintiendo el alivio llegar debido al nuevo silencio.

A nuestra vista apareció un hombre vestido en un traje y con una gorra que inmediatamente identifiqué de piloto. El hombre nos sonrió ampliamente y yo le devolví la sonrisa suavemente.

—Bienvenido, Sr. Cullen, —miró a Edward y después a mí.— Srta. Swan. Se ve hermosa esta noche.— yo me sonrojé. No era usual que recibiera tantos cumplidos de personas desconocidas. Y algo me decía que Edward tenía que ver con ello.

Lo miré sospechosamente pero mi expresión se suavizo rápidamente al notarlo observarme con su rostro tan iluminado y lleno de felicidad. Sentí mi propia sonrisa alzarse ante su hermoso rostro.

La aeromoza nos dirigió hacia el interior del avión. Era completamente distinto a un avión normal, el área de los asientos nada más estaba compuesto por cuatro pares de sillas de cuero beige, cada uno con una mesa de madera apegada a la alfombra marrón. Edward me llevó de la mano a uno de los pares y la aeromoza que nos había acompañado tomó una botella que estaba guardada en uno de los gabinetes de la delgada mesa de enfrente y sirvió dos copas de vino blanco. Colocó cada una en dos bases para vasos que había en la mesa al igual que la botella. La aeromoza nos sonrió.

—En unos minutos estaremos despegando. Disfruten de su vuelo, señor y señora Cullen.

Me sobresalté ante su pequeño error, pero Edward estaba tranquilamente sonriente mientras le asentía con la cabeza a la chica. Inmediatamente lo dejé pasar, ignorando las mariposas que habían aparecido en mi estómago ante la mención de 'Sra. Cullen'.

Pasaron un par de minutos en los que simplemente me ocupé con los labios de Edward, cuando avisaron que íbamos a despegar. Me despegué de Edward y me estremecí al sentir la ola de aire frío que envolvió mis desnudos hombros.

—¿Tienes frío? —me preguntó él con el ceño fruncido. Yo asentí y pude verlo quitándose la chaqueta negra que llevaba puesta.

—Sabes, tú no tienes que pasar frío por mi culpa... —murmuré mientras él terminaba de remover su chaqueta y la extendía hacia mí.

—¿Qué clase de novio sería si no? —sonrió torcidamente y yo rodé los ojos pero igualmente tomé la chaqueta y me la puse, aspirando profundamente la esencia de Edward en la que su chaqueta estaba completamente bañada.

Pude escucharlo reír suavemente a mi lado, seguramente al darse cuenta, y sentí mis mejillas acalorarse.

—Adoro tus sonrojos... —susurró de forma ausente mientras rozada sus dedos por mi mejilla. Mi corazón se saltó un latido ante su toque y sólo pude atinar a sonreír ligeramente.

Finalmente la avioneta despegó y fuimos capaces de deshacernos de nuestros cinturones cuando estuvo estabilizado en el aire.

—Oye, Edward, a que no sabrás lo que pasó con Ángela hoy... —comencé entre risas, pero en eso, a volver a reproducir en mi mente cada suceso del día, todo encajó.— Oh.

—¿Qué pasó con Ángela? —preguntó con una sonrisa sospechosa.

Lo miré con los ojos entrecerrados.

—Todo eso de 'no puedo estar sola y no puedes ir a tu departamento' era una farsa, ¿verdad? ¡Y yo que le creí lo de anuptofobia! —mascullé negando con la cabeza levemente.

En eso, Edward empezó a soltar fuertes risotadas que resonaron contra las paredes.

—¿Anuptofobia? —dijo entre risas.— Vaya, yo sólo le había pedido que te mantuviera ocupada, ¡no sabía que Ángela fuera tan creativa! —siguió riendo y yo simplemente le entrecerré los ojos y me crucé de brazos, apartando la mirada hacia la ventana, aparentando estar molesta.

Finalmente sus risas cesaron.

—Oh, Bella, perdóname. No te enojes. —sonaba genuinamente arrepentido y esta vez fue mi turno de reír. Lo miré soltando unas risitas y él rodó los ojos.

—No seas tonto. Es imposible que me enoje contigo en estos momentos. —le sonreí y rodeé su cuello con mis brazos. Él me sonrió torcidamente antes de fundirnos en un beso.

Seguimos simplemente besándonos lentamente y abrazándonos. Yo suspiré felizmente mientras él dejaba besos en mi cuello, y empecé a imitarle.

En algún momento de mi recorrido por la longitud de la piel de su cuello, lo escuché llamarme, su voz vibrando contra mis labios.

—Bella... quiero que veas algo.

Subí la mirada y fruncí el ceño al ver su expresión tan llena de nervios. Tomó mi rostro y con suavidad lo volteó ligeramente hacia la ventanilla abierta. Supe que quería que observara hacia afuera y acerqué mi rostro para poder ver la vista de forma más amplia.

Por las pocas luces que habían abajo, pude identificar que era un gran área verde, un inmenso césped. Alrededor sólo habían árboles y una que otra planta, nada más, ni edificios, ni nada que diera indicios de la ciudad urbana. Era un sitio completamente rural.

Pero no pude evitar soltar un grito ahogado y taparme la boca con las manos al ver con más atención lo que había sobre el césped.

Luces. Habían luces, miles de velas. Todas aquellas velas, formaban grandes letras y en total una frase de metros de longitud, y que podía leer perfectamente.

Mi corazón prácticamente explotó cuando pude comprender las palabras. Las releí y volví a leer, una y otra vez, y las repetí en mi cabeza al menos unas mil veces.

Sé mi esposa...

Sé mi esposa...

Sé mi esposa...

—Dios mío... —susurré y no tardé en voltearme hacia Edward con los ojos como platos.

Estaba mordiéndose el labio y mirándome con todo el nerviosismo del mundo, mientras su mano jugaba con algo dentro de su bolsillo. La sacó rápidamente como no queriendo que me fijara en lo que tenía allí guardado y tomó mis manos entre las suyas.

—Bella... ¿Sabes por qué te amo?

Yo simplemente lo miré, incapaz de hacer funcionar mis cuerdas vocales.

—Te amo.. porque sacas la mejor parte de mí que pensé que nunca saldría. Me haces una mejor persona, y gracias a ti he cambiado completamente de forma positiva. Te amo porque eres la persona más cariñosa, adorable, ingeniosa, divertida, reflexiva y miles de adjetivos más que no alcanzarían a describir lo increíble que eres. Te amo porque haces que mis mañanas sean radiantes. Te amo porque me das una razón para seguir viviendo. Te amo porque eres mi otra mitad. Nunca te lastimaré, y te amaré y apreciaré mientras viva. Isabella Marie Swan, ¿te quieres casar conmigo?

Incontrolables sollozos empezaron a salir de mi pecho mientras sentía el sabor de las lágrimas en mi boca.

—¡S-s-s-s-i! —traté de decir y de verdad esperaba que me hubiera entendido. No le dejé hablar o hacer algún movimiento, me abalancé sobre él y él cayó sobre el asiento por el impacto mientras mi boca devoraba la suya. Podía sentir su sonrisa, sus labios tratando de curvarse contra los míos.

—Mmm.. Bella. —gimió, pero sonó más como una llamada o un signo para que me apartara. Lo hice con pesar, aún manteniendo nuestros rostros cerca. Justamente al apartarme ya me encontraba sonriendo. Su rostro estaba iluminado como nunca antes lo había visto, y nunca apartamos la mirada del uno del otro mientras sentía cómo deslizaba lo que supuse que era el anillo en el cuarto dedo de mi mano izquierda.

Eché un vistazo hacia abajo y mis ojos se abrieron como platos al ver el anillo.

Era impresionante, y brillante. Muy brillante. La banda era plateada mientras que un hermoso diamante redondeado resaltaba en el medio. Era simple y a la vez llamativo. Era precioso. Era único. (Anillo en mi perfil)

Llena de sentimientos explotando en mi interior, subí la mirada y nos miramos intensamente por eternos segundos. Lentamente subí mis manos y las coloqué a cada lado de su rostro.

—Me has hecho la mujer más feliz del universo. —sonreí y él me devolvió la sonrisa ampliamente.

—Y tú me has hecho el hombre más feliz del universo. — y con esas últimas palabras, nos unimos en un beso. Pero no era un beso cualquiera, no era de esos que recibes al llegar a casa o al despedirte para ir al trabajo. Era uno de esos besos únicos, una unión de labios que expresaba todo lo que sentíamos en ese momento. Las palabras sobraban. No había ninguna connotación en el diccionario que pudiera describir exactamente lo que estaba sintiendo en esos momentos.

Simplemente permanecimos en silencio, descansando en los brazos del uno del otro, y con grandes sonrisas en nuestros rostros.

Mi mente empezó a imaginarse mi futuro. Sería la señora Cullen, y llevaría el nombre con bastante orgullo hasta el fin de mis días.

Sé que todavía nos queda mucho por delante y que tendremos nuestras altas y bajas, pero también sé que estoy completamente dispuesta a pasar por ello si Edward está a mi lado.

Y lo estaría.


Espero que les haya gustado la proposición, a mi me parecieron muy dulces las palabras de Edward :3

Pues ahora sí ha llegado el final. No puedo creerlo, ahora cada vez que piense 'tengo que actualizar LPCLM' me llevaré una gran decepción al recordar que ya está terminada u.u

Sinceramente les agradezco a todos lo que siguieron la historia desde que publiqué el primer capítulo y estaba indecisa entre si seguirla o dejarla como un one shot. Y no me arrepiento de haberla continuado.

Gracias a las 256 personas que agregaron la historia a sus favoritos, a las 188 que la agregaron a sus alertas y al tiempo que se han tomado para dejar un pequeño review - igualmente gracias a los que no los dejaron, me contento con sólo saber que leyeron mi historia.

Sobre todo al team pro-edward, muchas gracias chicas! sepan que el team nunca morirá xD Aunque me llevaba un poco de tiempo agregar a la gente, no saben cuánto me alegraba en el momento en que me llegaba un review pidiéndome que quería pertenecer al team. Gracias a todas las que se unieron :)

Ahora sí, finalmente han llegado las últimas palabras en esta historia. Todavía no sé si habrá secuela, supongo que necesito buscar la inspiración y un tema que me haga correr a escribirla al igual que me pasó con esta historia (la escribí a millón, si no se dieron cuenta, actualizaba cada dos o tres días o algo así xD). Acepto ideas, por cierto :) - si encuentro una que me guste, obviamente dejaré crédito. Dejaré un nuevo capítulo aquí como aviso si algún día la escribo - por lo que les recomiendo ponerme en alerta a mí o a esta historia si les interesa una secuela y quieren saber el momento en que la publique.

Bueno, creo que mi nota se ha extendido un poco. En fin, gracias. No hay más que decir. :)

-Mariale.

TEAM PRO-EDWARD. (gracias a todas por unirse!!)

- iovs Cullen, Sweet Doll x, FAYRES12, Mavii Valmont, mayiro-bibiHale, aleyu, Midori-Cullen, konaah, Natasha Granger, alae sheziss, coquitoh, jessicullenhale, Patch C. Cassedy, assenav1980, MeliiCullen, bekyabc2, Piqitoooh, Taniiah Darcy, nanymilan, dana03, Cammiie Cullen, Clauu, jezzikita cullen, Esme Anne Platt, ady de cullen, LilyMolly, sofia'hdez93, sabricullen, MERIBA, ferIO'RPatzz, emi, noemii, bren03, -Steph-Midnight-, Meeli, krla-cullen, Kelda Ylonen Cullen, kathesweet, Sakurita Marin, Ale-CullenSwan, Joa19, tysha, Lnita, LiiLiiaan, Rei Hino Cullen, Sandy 31, Majo Cullen, Hadelqui, duulce locura, Kaami Cullen, Veronika-Potter-Cullen, kriss27, MaRiA sWaN dE cUlLeN, cr89, sayuri, G K Evans, AndreaCullen, sarita26, Titina, Super Fanfic, Andrea03, nagisaamariaal, Anfitrite, Nessa Frost, cielitoOoO, vampiricullen, JESSICA, , deniziithaw, jazmin24, ninfa, crepus96, ceecii, Laura-cullen-swan, Klaudiitah, Brigitt3, Maria Overman, cayazly, Prinzeziitha Cullen, Carmen Cullen 116, Flor, blackncullen, caroline swan, Lady Beat, pukichick, luz elena, Dary-Cullen, chiiocullen, xxXXNDXXxx, XxXHermione WeasleyXxX, Mariana Cullen Black, noelhia, animefangirl123, Cath Cullen, Franncisca Cullen, Chemita, kuky46, .