Simplemente... te quiero. // Atencion: Capitulo extraño. Tomenle el hilo.


Después de todos esos años,
Una cosa es verdad,
Tu eres constante fuerza dentro de mi.
Me tocas y siento que me traslado dentro de ti…
Atesoro cada día que pase contigo,
Todas las cosas que soy vuelven hacia ti…

Ángel mío, puedo agradecerte?
Me has salvado una y otra vez de nuevo?
Ángel, tengo que confesarte
Que tu eres ese que siempre me da coraje,
Y no se donde estaría sin ti…


Epilogo:

Entendiendo todo, Mi pequeño ángel.

-Edward –lo llame en un susurro. El reloj marcaba las tres cuarenta de la mañana.

-¿Uhm? –dijo sin despertar del todo.

-Edward, mi amor, ¿Dónde está la sandía? –pregunte zarandeándolo un poco.

-¿Sandia? –abrió un poco los ojos. –Emmett se comió el trozo que quedaba.

¿Qué? Mi preciada sandia, la que me costó como el demonio encontrar en invierno, ¿Emmett había acabado con ella y no yo?.

Gruñí, literalmente, causando el asombro de Edward y que abriera completamente los ojos -¿Y la mantequilla de maní? –pregunte, ya que no la había encontrado en la nevera.

-Se acabó ayer. –dijo algo asustado.

No sé cuál era la expresión de mi cara, pero hizo que Edward se sentara en la cama, algo atontado. Un sentimiento extraño me lleno, de pena, odiaba sentirme así, odiaba llorar por cualquier cosa y que todo me sensibilizara, el pobre Edward se asustaba cada vez que empezaba con el ataque de llanto o de rabia.

-Necesito mi sandia –dije haciendo un puchero -¡Porque no le dijiste a Emmett que no se la comiera! –casi grite.

-Porque me di cuenta cuando ya se la había comido. Huyó cuando supo que era tuya.

-¡Edward! –Lloriquee como una niña pequeña -¿No entiendes que tu hijo necesita mantequilla de maní con sandia? –dije apenada

Edward alzo las cejas mirando mi enorme barriga de ocho meses y medio. -¿Y no te apetece otra cosa? Lo que sea –pregunto casi asustado.

Negué con la cabeza -¡Tu bebe hace lo que quiere con migo y tú no me ayudas! –llore, las tontas lagrimas saliendo por mis ojos.

-Nuestro bebe –corrigió con una media sonrisa –Y te has comido un pie de limón sola, Bella, él bebe debe estar satisfecho.

Lo more ofendida, realmente ofendida -¿Estás diciendo que como como una vaca? ¿Qué estoy tan redonda que podría ir rodando a la cocina? –mi voz se quebró y lo mire envenenadamente.

Edward se puso de pie enseguida con una mirada que sabía que había metido la pata –No, amor no es eso…

-¡Carga esto por nueve meses en tu estómago y luego dime que como mucho! –apunte mi amado bultito y me cruce de brazos.

Edward suspiro y me rodeo con sus brazos –ya amor… iré a comprar mantequilla de maní –susurro como quien no quiere la cosa. Sonreí y el suspiro con cansancio. Beso mis labios castamente y se separó de mi para buscar su ropa.

Mientras él se vestía saque el helado de chocolate que anoche había guardado en la nevera y una cuchara, después me metí a la cama y prendí la tv mientras Edward buscaba las llaves del coche.

Cuando las encontró se acercó a mí y beso mi frente. Sentí un poco de pena cuando vi sus ojos cansados y rojos, claramente deseaba dormir y no salir a buscar mantequilla de maní. ¡Pero no era yo, era mi pequeño bebe! ¡Lo juro!

-Te amo –murmure antes de que saliera por la puerta.

El me sonrió –Yo también –y desapareció por la habitación.

Puse una película cualquiera en la tv y cuando me aburrí del helado lo fui a dejar a la nevera, mientras esperaba ansiosa la mantequilla de maní que Edward traería. Me sujete la espalda con ambas manos, me estaba doliendo a montón la espalda con el peso en mi barriga, acaricie mi gran bulto y sonreí, como amaba a ese ser que estaba dentro mío y que pronto saldría.

Revise a Maddie y vi que estaba profundamente dormida, la admire un rato y luego bese su frente. Amaba a esa pequeña y ella no parecía estar incomoda con el nuevo miembro de la familia que venía. Ya era legalmente mi hija, después de que fui una Cullen los papeles fueron válidos. Maddie ahora era Maddeline Carlie Cullen Swan.

Salí de la habitación y camine hasta la habitación, necesitando urgentemente la mantequilla de mano que moría por probar. Esperaba que Edward la encontrara, si no podría dormir esta noche.

Antes de que lograra sentarme en la cama mi bebe me pateo con fuerza, me dolió y gemí bajito.

-Ya bebe, calma –pedí mientras ponía mi mano sobre mi estómago, acariciándolo en círculos.

Luego pateo más fuerte y al rato los dolores me mataban. Pensé que era normal y que ya pasaría, total muchas veces lo había pasado y ya me acostumbraba al dolor, pero me asuste cuando luego de veinte minutos iba cada vez peor.

Entendí que mi bebe quería salir ya.

Con un gritito de dolor e histeria tantee la mesita de noche buscando mi móvil. No lo encontré. Me maldecí internamente por desordenada y chille cuando una contracción me hizo doblarme en mi lugar.

Por si magia se tratara, oí mi móvil sonar a lo lejos, en la sala. Camine hasta ahí lentamente y comencé a agudizar el oído entre el dolor y los nervios, gracias a Dios encontré mi móvil entre unos libros que había dejado sobre el sofá. El identificador de llamadas decía Alice.

-¡Alice! –exclame cerrando los ojos fuertemente, sujetando mi panza

-¡¿Bella?! Soñé contigo, ¿Serán las hormonas de embarazada? parecías necesitar ayuda, perdón que te despierte solo quería saber si estabas bi…

-¡Alice! ¡Va a salir! Dios –apreté los dientes intentando ocultar un chillido.

-¡¿Qué!? –Chillo -¿Edward está ahí?

-No, lo mande a comprar mantequilla de maní –respondí a duras penas.

-¡A las tres de la mañana! –Alice hablaba alterada –Llámalo, yo llamare a Emmett y Rose, iremos para allá. –Alice cortó la llamada.

Sujetándome el estómago busque con desesperación el nombre Edward en mi lista de contactos, cuando lo encontré solté un suspiro de alivio.

Edward contesto al cuarto timbre –Bella, no logro encontrar ningún maldito almacén abierto…

-¡Edward! –lo interrumpí –Ya viene…

-¿Qué? –parecía no oírme.

-¡Que él bebe viene! –grite con un quejido de dolor.

Oí el motor del volvo acelerar bruscamente y las llantas chillar en el asfalto –Amor, tranquilízate, despierta a Maddie –pidió nervioso.

-Edward, quiero que llegues vivo, baja la velocidad –dije intentando controlar el dolor que sentía.

Las ruedas volvieron a chillar, dejándome claro que no me escucharía -¿Llamaste a Alice o Rose? -pregunto con voz temblorosa, de verdad debía estar nervioso.

-Si, si –cerré los ojos e inspire profundo –Alice dijo que venía para acá. –Justo sonó el timbre, como si lo tocaran con desesperación-Ya llego –informe.

-Voy cerca –dijo Edward y corto la llamada.

Deje el móvil en el sofá y camine como pude hacia la puerta. Alice se había demorado muy poco tiempo, demasiado poco. Era bueno que se hubiera cambiado al edificio de al lado. El pobre Jazz parecía recién despertado y Alice por primera vez en mi vida la veía sin maquillaje, se veía igual de bella que siempre, pero esto era algo de lo que tenía que tomar nota: Alice sin maquillaje y una cola de caballo en su cabeza. Me serviría para burlarme de ella alguna vez.

Eso sí, su sentido de la moda no estaba perdido en esta ocasión, no tendría de que burlarme con ese vestido de invierno negro y tacones de siete centímetros de diseñador, tampoco me burlaría de su abrigo maternal blanco que acentuaba su enorme panza, porque si lo hacía, la pobre Claire –nombre de su hija que nacería en un tiempo más – sufriría las consecuencias de su madre adicta a la moda.

-Bella –Alice dijo con preocupación, pasándome un brazo por la espalda y guiándome hacia el sofá. Solté un chillido de dolor que tuve que morder mi labio para controlarme, mi bebe estaba haciendo de las suyas ahí adentro. –Jazz, ve a despertar a Maddie. –ordeno.

Jazz me dedico una sonrisa nerviosa y entro a la habitación de Maddeline.

Me aferre al brazo de Alice y ella me dio algunas indicaciones para pasar el dolor; la respiración era fundamental, me hacía sentir un poco, muy poco mejor. Me llevo a la habitación y me vistió y arreglo solo un poco mi cara, se lo agradecía, no quería llegar al hospital con pijama y totalmente despeinada y fea, aunque en los dos segundos que pujara todo se iría a la mierda.

El chillido de las ruedas que llego desde abajo me alerto que Edward había llegado.

Intente parecer tranquila, me aferre a la mano de Alice que decía que ya iríamos al hospital y me guiaba hasta el sofá. Jasper apareció con una Maddie adormilada a su lado, vestía ropa y su cabello aún estaba enmarañado. Me miro con preocupación, yo le sonreí dándole a entender que estaba bien.

-Mami, ¿Por qué mi hermanito te hace daño? –pregunto inocente parándose enfrente de mí.

Gracias a Dios Alice respondió por mi, yo no tenía cabeza para explicar –No es que le haga daño, es que ya saldrá de su vientre –informo con ternura.

Justo cuando ella fruncía su ceño entro Edward alterado con Emmett y Rose a sus espaldas, los tres algo preocupados.

-¡Bella! –Edward corrió hacia mí y se acuclillo frente mío, sonreí un poco sintiendo el sudor recorrer mi cara. Parece que no serviría de nada los arreglos de Alice.

Sentí algo recorrer mis piernas y me di cuenta que ya había roto bolsas, jadee cuando todos los ojos se posaron en mí y Edward parecía casi histérico.

-¡Emmett, ten listo el auto! –grito tirándole las llaves de su volvo. Emmett me sonrió cálidamente antes de bajar corriendo junto con Rosalie, quien me abrazo antes de seguir a su novio.

Edward me tomo en sus brazos y me sorprendió que ni se tabaleara, ni yo ni él bebe éramos estorbos para sus brazos. Me aferre a su cuello controlando mi respiración y aspirando su aroma que me relajaba a mares. Oí el llanto de Maddie y la mire desde los brazos de Edward.

Ella estaba en los brazos de Jasper, mirándome preocupada y con lágrimas de nervios en sus ojos. –Cielo, todo está bien –murmure a duras penas, dándole una sonrisa –Pronto veras a tu hermanito, ahora hazle caso a Tia Alice y a Jazz.

Ella asintió y Jasper la acerco a mí, beso mi mejilla y luego la pancita del bebe. Ya no lloraba, pero sus ojos estaban rojos –Suerte mami –dijo con una sonrisa.

-No te preocupes, la cuidaremos. –dijo Jasper dedicándome una sonrisa tranquilizadora, se la devolví –Suerte, nos vemos en el hospital.

Alice me dio un beso sonoro en la mejilla y me deseo suerte. Edward parecía impaciente por irse así que casi corriendo me llevo al elevador.

Suspire el aire que me quedaba y agradecí la paz que Edward me brindaba. Me susurraba que me amaba, que me tranquilizara, que todo estaría bien en nuestro camino en el elevador

Cuando llegamos a la calle Emmett tenía el coche encendido, Rose estaba en el asiento del copiloto. –Llamare a Carlisle –dijo Edward poniéndome en mis pies y sacando el móvil de su bolsillo. Me sujete el estómago mientras Emmett me ayudaba a subirme al auto lentamente, Edward se metió a mi lado mientras hablaba con Carlisle. Edward en el coche me abrazo todo el camino y parecía que mi dolor era suyo, acariciaba mi vientre y Rose me sujetaba fuertemente de la otra mano, ambos me tranquilizaban cuando de vez en cuando apretaba los dientes y cerraba los ojos.

No me di ni cuenta cuando me encontraba en una camilla de hospital, y Dios, esto sí que dolía. Al parecer lo que me inyectaron para el dolor no había hecho mucho efecto en mí, sentía como si me partiera en dos.

Los doctores, vestidos con máscaras, guantes y delantales se encontraban a mi alrededor. Una enfermera me hizo abrir las piernas exponiéndome en público, la vergüenza me invadió haciéndome poner de un rojo casi morado, aparte del rojo que venia del dolor, el sudor y el puje que estaba por hacer.

Gracias a Dios Edward estaba a mi lado, vestido al igual que los doctores pero a diferencia el parecía muy nervioso, y muy feliz también. Apreté su mano y el me sonrió, beso mis labios y mi frente.

-está totalmente dilatada –oí a lo lejos una enfermera. Edward entendió y se acomodó a mi lado, yo ya sentía que me partía por la mitad.

El doctor se acomodó entre mis piernas sintiéndome más humillada que antes, aunque lo olvide pronto. Cuando dio la orden de pujar, chille como una demente.

-¡puje! –ordeno el doctor.

Me prepare y puje, y dolió también, apreté los labios, ¡¿Por qué justo a mí no me tomaba la estúpida cosa para el dolor!?. Grite cuando puje de nuevo y era como si estuviera haciendo mis necesidades en público, o mucho peor que eso.

Debía verme horrible, pensé, y Edward parecía muy nervioso, apretaba mi mano con fuerza cuando yo casi estrangulaba sus dedos, me decía algunas cosas que no lograba entender, pero creo que era apoyo.

Edward tenía los ojos de un rojo brillantes, llenos de emoción.

-¡Oh dios! –grite mientras pujaba y mi cara se contraía en una mueca extraña. Respire, Edward respiraba con dificultad observando el labor de los doctores. Me palpitaban los oídos y todo parecía lejano, el puje me dolía como el demonio. -¡Ah!- grite para dejar caer la cabeza hacia atrás, con lágrimas en mis ojos, necesitando un descanso. Volví a pujar gritando más fuerte que antes, ¡Mierda! ¡¿Por qué mi bebe no salía rápido?!. La histeria me estaba invadiendo, por más que intentara que saliera se quedaba ahí. Con mi puño libre golpee la camilla con fuerza, enojada con migo misma por no ser capaz de sacar a mi bebe con estas fuerzas.

-Tranquilízate, Bella-Pidió Edward sacando el cabello pegado en mi frente con sudor. Por algún motivo sus palabras me molestaron.

-¡¿Qué me tranquilice!? –respondí al borde de la histeria. Edward abrió los ojos asustados -¡Ábrete de piernas frente a desconocidos e intenta sacar una Sandia por el agujero de un limón! ¡Cuando lo hagas pídeme que me tranquilice! –oí unas risas de la matrona y un doctor, pero la que más oí fue la carcajada estruendosa de Emmett. ¿Dónde estaba? En la sala no, seguramente por el otro lado de la puerta. Edward parecía asustado y divertido, sin atreverse a responderme.

El dolor agudo me hizo desprenderme de mis pensamientos, necesitaba sacarlo ya. Tome la mano de Edward con fuerza y me aferre a la camilla con la otra, cerré los ojos y apreté los dientes y di todo lo que pude sin gritar, sin hablar, sin nada.

Y mi premio fue el sonido mas lindo del mundo: El llanto de mi bebe.

El llanto de mi hijo. Sonreí y vi los ojos de Edward brillar con intensidad y unas lágrimas caer de ellos. Lo observé a duras penas mientras soltaba mi mano y se acercaba al bulto sangriento que era mi hijo. Edward lo tomo luego de que una enfermera lo limpiara y parecía que viera el sol por primera vez, era nuestro hijo, nuestro Anthony Thomas Cullen Swan.

Edward se acercó con los ojos llenos de lágrimas y mi niño entre sus brazos, estire mis débiles brazos y él lo acomodo entre ellos. Y lo vi por primera vez, mi hijo, de piel blanca y cabellos cobres como su padre, su llanto seso en cuanto estuvo entre mis brazos y abrió sus pequeños ojos. Eran cafés, como los míos, idénticos a los míos. Sonreí y Edward beso mi mejilla, mi frente mientras sus lágrimas de emoción empapaban mi cara.

-Gracias, gracias –susurraba en mi oído. Gire levemente mi cabeza sintiendo ese agudo pitido en mis oídos, sintiendo como se me cerraban los ojos.

-Anthony –susurre.

Y la cara de Edward cambio de la alegría a la preocupación, me quitaron a mi hijo, Edward grito algo que no lograba entender y veía las lágrimas caer de sus ojos pero con tristeza. Una enfermera lo empujó hacia fuera y él se resistía, sus labios se movían diciendo algo que quería entender.

-Te amo, los amo –murmure, queriendo que me escuchara pero no sabía si era posible.

Una luz cegadora me hizo cerrar los ojos y de pronto, ya no sentía nada.

--*

¿Has sentido esa sensación de flotar en el aire? ¿De verte a ti misma desde arriba?. Creo que se llama desdoblarse. Bueno, así estaba yo ahora.

Me veía y me he decir que no era la mejor visión de mi vida. Estaba en una camilla, varios aparatos conectados a mí, piteando con ese desagradable sonido. De pronto subía, al cielo que no es azul, es negro como la boca de un lobo. Flotaba, algo me impulsaba hacia la altura cuando yo solo quería regresar. El pitido en mis oídos no se iba y ya me estaba molestando.

Y arriba, donde todo era oscuro pude ver una luz, cegadora casi. Era una forma, una silueta femenina. De cabellos rubios rojizos y un vestido que tapaba su figura. Ahí, en la oscuridad ella brillaba y algo me acercaba a ella.

No me costó reconocerla. Tanya, era Tanya, lo sabía por fotos, porque era imposible no compara esos ojos con los de Maddie y porque el instinto me lo decía. ¿Qué hacía Tanya aquí? ¿Estaba muerta y por eso la veía? ¡Yo no podía morir, no podía dejarlos solos!. Me asuste, me asuste como nunca en mi vida, y no por mí, por ellos. ¿Qué haría Edward solo con sus dos hijos? ¿Podría luchar solo por sus niños? ¿Podría yo soportar estar lejos del? ¡No podía morir y abandonarlos, no podía dejar a mis niños crecer sin madre!.

Tanya, ahí flotando en la oscuridad y alumbrándome con su luz sonrió. Sus dientes blancos centellaron y su brazo toco mi hombro.

-Sabes quién soy –dijo con voz suave y cantarina.

Asentí, sintiendo como algo extraño recorría mis venas. ¿Miedo? ¿Preocupación? ¡Mil veces eso! –Tanya –susurre.

Asintió con la cabeza y sus ojos azules mostraron algo de preocupación –Tranquila –pidió.

No me había dado cuenta que mi respiración estaba errónea hasta ahora. –Tranquila, no debes asustarte.

¿Qué no debía asustarme? –No puedo dejarlos solos –dije casi en llanto.

-No estas muerta –informo, con una sonrisa pequeña –No lo estás.

Mire mis pies, viendo el oyó profundo negro bajo ellos. Todo era negro. ¿Dónde estaba entonces, soñando? No, no estaba soñando porque era demasiado real para ser sueño. -¿Qué hago aquí?

Ella saco la mano de mi hombro y sus ojos brillaron –Tu destino era hasta aquí. Tu debías morir en el parto de tu hijo –me dijo con voz suave, como si temiera asustarme.

-¿Qué? –dije con voz ahogada, ahora con lágrimas en mis ¿ojos? -¡No puedo dejarlo solo, Tanya! ¡No puedo dejar a Maddie, a Tony…-

-No será así. Pudimos cambiar tu destino –me interrumpió con tranquilidad.

-¿Cómo? –pregunte sin entender.

Ella sonrió enormemente-Dios es grande. –dijo

Yo estaba perdida en la oscuridad. No entendía nada y la imagen de Tanya cada vez era más borrosa –Dime, por favor, explícame- casi rogué.

Ella me miro con comprensión, su imagen era más borrosa cada vez –Puedes seguir y eres bendecida, cuídalos, ámalos… cuida a Maddie por mi –podio, alejándose –Vuelve antes de que sea tarde… Gracias –la luz se había ido, Tanya ya no estaba y estaba sola entre tanta oscuridad.

De pronto de un golpe bajaba a algún lugar. Estaba en el aeropuerto, caminando con mi maleta. Me veía, era yo la que caminaba enfrente mío. Mi cuerpo flotante, como me sentía ahora, me hizo voltear a la derecha. Ahí, flotando a mi lado junto a las puertas se encontraba un hombre luminoso, como Tanya. Era alto, vestido de blanco entero y los risos castaños claros llenaban su cabeza, perfectamente definidos y angelicales. Era pequeño, con aspecto de un niño de ocho años, sus ojos eran azules, profundos y dulces, muy dulces, su piel blanca, casi como un papel, y en su mano un papel de puntas doradas.

Sorprendida vi a la chica que caminaba arrastrando sus maletas, con la misma boina que usaba ese día y el mismo abrigo protector de calor, Jacob a mi lado con las otras maletas. Vi a Edward, con su aspecto elegante y británico, su abrigo y su bufanda, y a él, al ángel poniendo en un ángulo extraño. El ángel hizo algo con sus manos, algo dorado saliendo de ellas, como una bola de cristal con luz en su interior. Sonrió y yo me detuve, Jacob de volteo casi mecánicamente dejándome ahí con mis maletas a mi lado.

El Ángel toco la bola dorada y sonrió alegre, justo en ese instante el teléfono de Edward sonó, desconcertándolo un segundo y haciéndolo bajar la mirada para ver el identificador de llamadas. El chico de risos dorados se cruzó de brazos esperando algo, cuando de pronto vi como Edward pasaba a mi lado y hacia caer unas de mis maleta y mi equipaje de mano.

Me vi a mi misma acuclillada recogiendo mis cosas y a Edward educadamente ayudándome a recogerlas, el niño sonreía complacido, de pronto las miradas de Edward y la mía se toparon. Y recién ahí note algo. Un hilo dorado salía de mi cabeza y se unía a la de Edward, era un hilo o algo que nos unía. Mire sorprendida y confundida aquella cosa dorada que salía de nuestras cabezas.

La imagen cambio, ahora estaba yo corriendo. Sabía dónde estaba, y el chico de risos dorados estaba a mi lado, observándome en esa nube imaginaria que lo separaba del suelo, él iba a mi ritmo y llevaba esa bola entre sus manos, con su índice la toco y yo automáticamente corrí hacia la derecha. Doble en una esquina, el gran hospital se encontraba ante mí. Entraba aun corriendo y la gente me miraba feo por entrar así, el niño parecía dirigirme con la bolita, pues en algún momento llegue frente a Edward. El hilo se encogió como un elástico, hasta quedar unidos por pocos centímetros cuando lo encontré

Después estaba en mi apartamento, durmiendo abrazada a Edward. El niño nos miraba y Edward tenía los ojos abiertos y me observaba con ojos brillantes, el sabia quién era yo y el hilo parecía brillar más en este momento.

Después nos veía cuando conocimos a Maddie, me observe a mí misma en ese momento, observándola y consolándola, la amaba desde ya, y ese hilo que unía nuestras cabezas se unió al de Maddie.

Quería saber que era ese hilo dorado, tenía muchas preguntas, el niño me miro y me sonrió y me pareció la cosa más extraña que había vivido. No respondió, no hablo, yo estaba ahí, sorprendida, con la imagen de Maddie en la camilla siendo consolada por nosotros.

Antes de que siguiera pensando me encontraba en el claro, Edward pidiéndome matrimonio. Esos hilos extraños y elásticos estaban juntos, y había otro que sobresalía, que se veía estirado a lo lejos, pero no veía a su dueño. Supuse que era Maddie. El niño sonreía, se tapó los ojos con inocencia ante nuestros cuerpos desnudos y yo vi el anillo ser deslizado por mi dedo y la cara de felicidad que Edward y yo teníamos en ese momento.

Luego me vi dando a luz a mi hijo. El niño de risos rubios estaba a mi lado izquierdo, Edward al derecho sujetando mi mano con fuerza. Vi como pujaba y mi hijo salía dentro de mí, otro hilo dorado se unía al nuestro. Mi bebe, mi hijo.

El niño rubio me observo, como si me viera flotando a su lado. Lágrimas caían de mis ojos, yo quería volver. Observé al niño con ojos suplicantes, sus ojos dulces me relajaron un poco. El niño hizo la bolita dorada entre sus manos y me sonrió.

Sus ojos jamás se borrarían de mi memora. Eran tan dulces, tan tiernos. Vi como su dedo iba a la bolita doraba y me observaba mientras la presionaba en algún lugar con su pulgar.

-Gracias –alcancé a susurrar antes de cerrar los ojos y sentir como el viento me llevaba.

Jadee con fuerza y me senté en la cama, o mejor dicho, camilla. Mi mente procesaba lo recién vivido, ¿Qué era ese niño?.

La respuesta fue automática: Un Ángel.

Ese niño era nuestro Ángel guardián, esos hilos dorados eran la conexión que Edward y yo teníamos desde siempre… por eso sentía lo que el sentía, por eso soñaba con el desde pequeña… nuestras almas estaban conectadas de una u otra forma antes de conocernos, él y mis hijos estaban atados a nosotros.

El niño era un ángel.

Sonreí, la puerta se abrió y un Edward cansado y con ojos llorosos entro a la habitación. Recién me percate que estaba en una sala de hospital, estaba atada a las maquinas, como me había visto desde arriba.

Edward se quedó quieto en la entrada cuando me vio y los ojos me picaron. Venia solo y parecía en shock. Yo sentí las lágrimas caer por mis mejillas y las palabras de Tanya resonaban en mi cabeza… yo estaba destinada a morir, pero Dios era grande.

Mientras Edward ojeroso y con aspecto de tristeza seguía en shock, yo estire mis brazos a duras penas, necesitándolo. El pareció salir de su trance y corrió hacia mí, rodeándome fuertemente con sus brazos y llorando en mi hombro.

-Te fuiste por unos minutos, Bella –susurro entre lágrimas. –Estuviste muerta dos minutos, no sé cómo te pudieron revivir, fue un milagro-susurro a duras penas, destruido.

Edward se estaba cayendo a pedazos entre mis brazos, soltando todas las frustraciones y la pena. Yo tenía la mente en el niño, en ese pequeño angelito que era el encargado de unir nuestros destinos, en todo lo que vi, en Tanya.

Edward había dicho que había muerto durante dos minutos, eso era extraño, ¿Me revieron las maquinas? No, era algo mas fuerte que eso. Dios me había dado una segunda oportunidad.

Y me sentía tan agradecida, me sentía tan feliz ahora que tenía a mi amor entre mis brazos… ahora que había visto a Tanya, al ángel, a todo, había entendido tantas cosas.

Por ejemplo, que Edward siempre estuvo unido a mí por esos hilos, que el ángel, ese ángel de cabellos rizados hizo que nos uniéramos, que Tanya nos protegía desde el cielo… que morí por dos minutos.

-Estoy bien, mi amor, perdona –susurre.

Bese su mejilla rápidamente y luego sus labios cubierto por lagrimas saladas. –Te amo –susurre.

La puerta se volvió a abrir y Alice entro con la misma cara demacrada que tenía Edward. Me separe de él y le sonreí a Alice, llevaba la misma ropa y su pancita enorme se marcaba, al mirarme se le cayó la cartera que traía en su mano.

-¡Bella! –Chillo llorando, lanzándome a mis brazos- ¡Despertaste! ¡Nunca me vuelvas a asustar de esa manera! –me regaño, la abrace fuertemente.

Pero ahora solo quería una cosa: Mis hijos, mis niños.

-¿Dónde está Anthony y Maddie? –pregunte.

-Emmett y Rose están con Maddie, Tony esta en los brazos de su abuelo –informo Edward, secándose las lágrimas y me sonrió –Alice, ve a buscarlos por favor.

Ella asintió y salió corriendo de la habitación. Me volví a abrazar a Edward y bese sus labios –Nunca me iré de tu lado, ¿Lo sabes?

El sonrió tristemente –Eso pensaba hace algunas horas… te fuiste unos minutos que fueron horribles, no sabes lo que se siente pensar que estas muerta –dijo con tristeza.

Negué con la cabeza –no, pero tampoco quiero imaginarlo. No pensemos en cosas tristes, por favor

Edward asintió –Debería venir un médico –dijo con su ceño fruncido –Es extraño que te despertaras así como así y sin ningún dolor o algo –ahora lucia preocupado.

-Estoy bien, después de que vea a Tony, por favor –pedí.

El suspiro y asintió con una sonrisa pequeña –Estaba tan preocupado…

-Pero estoy bien –interrumpí –Te amo.

-Y yo a ti.

-¡Miren quien viene! –canturreo Alice al otro lado de la puerta.

Entro Maddie corriendo y se sentó a mi lado y me dio un gran abrazo. Bese su cabecita sintiendo como la había extrañado. Parecía estar bien y no haberse dado cuenta de nada.

Y en los brazos de Alice estaba mi bebe envuelto en una mantita. La familia entro siguiéndola, pero no me fijé en ellos, solo tenía ojos para él bebe.

Alice lo puso en mis brazos y oía como hablaban los demás, pero no les preste atención. Edward me abrazo por la espalda y beso mi mejilla, Maddie se acomodó a mi lado jugando con las manitas de su hermanito y yo observaba a mi pequeño bebe de ojos cafés, mi primer hijo.

Era hermoso y ese sentimiento que ya conocía por Maddie se instaló en mi corazón. Bese la frente de mi bebe que hacia muequitas y sonreía algunas veces, robándome una sonrisa enorme, sabía que de aquí en adelante no tendría ojos para nadie más que no fuera mi familia.

Mis hijos, mi esposo, mis amigos, mi familia, los amores de mi vida. Debía vivir por ellos y no lograba imaginarme una vida sin ellos en mi camino, no podía vivir lejos de ellos.

Mientras los murmullos y los sollozos de emoción de mi familia se oían de fondo, los labios de Edward me besaron la mejilla y sus brazos nos rodearon a Maddie, mi hijo y yo, mientras Maddie me decía que su hermanito era hermoso y mi pequeño me miro de forma penetrante, conectándose a mi mirada, algo me hizo mirar hacia la derecha.

Ahí estaba el niño pequeño, de risos dorados y ojos dulces. Nuestro ángel. A su lado Tanya, luminosa al igual que el niño, mirándome con una sonrisa dulce en sus labios. Ellos nos acompañarían siempre, lo sabía.

Me pregunte si alguien más les veía, pero al parecer yo era la única.

Sonreí enormemente, agradecida y les guiñe un ojo a las personas luminosas paradas a un costado de la habitación.

Me pregunte cuantas cosas extrañas seguirían pasando en mi vida. ¿Sueños con el amor de tu vida, una hija adoptiva que tiene algún extraño don, sentir lo que tu amor siente, ángeles y una muerte por dos minutos?.

No sabía que más traería la vida, pero agradecía a Dios todo. Era feliz, enormemente feliz, tenía a todos los que amaba a mi lado, por siempre y para siempre.

Ahora entendía todo. Y siempre, siempre estaría ahí, sin dejarme, uniendo las piezas del camino: Mi ángel.

Mi pequeño y gran Ángel.


Ok. Esto es triste.

Adiiiiiiiios! :(.

Lo se, el fin es extraño. Algo me hizo escribirlo asi. Personalmente me gusta, mas con la cancion Angel Of Mine de Evanescence que encontre :).

Se termino; & me da tristeza. Extrañare escribir esto, con toda mi alma... solo espero que les haya gustado, haber alimentado su adiccion :).

La experiencia de Bella es extraña, y lo que tiene este fic es que casi todo es extraño ; solo espero que le hayan tomado e hilo y entiendan a lo que me refiero.

Agradesco a cada una, todo su incondicional apoyo y sus comentarios. Espero que les haya gustado este epilogo, lo ultimo que escribire de esta historia que siempre estara en mis recuerdos :).

Las quiero, gracias por todo.

Espero sus comentarios & Recordar votar por alguna de mis hisotorias en Spilled Coffee -link en mi perfil-. Es emocionante que mis dos historias esten nominadas :); aunque me esten ganando por obias razones, me siento muy halagada de ser seleccionada con las dos unicas historias que he escrito, me hace sentir muy bien.

Bueno, espero haber cumplido bien con mi labor. Ahora no tengo tiempo de escribir otro fic, mi cabeza esta centrada en los estudios y el estress estudiantil, asi que dudo que me vean por aqui hasta nuevo aviso.

Agradecida y muy feliz me despido de ustedes

Nos Leemos en el proximo fic !

Cariños, abrazos y bendiciones.

Peckaa!

:D