Disclaimer: No soy Meyer, por suerte :3

Regalo de cumpleaños para lovelyharmonie, porque la quiero mucho, porque está de cumple, porque está enfermita, y como no le puedo dar sopa (ni ese té asqueroso del que le conté) le regalo esto para ver si hago que se sienta al menos un poquitín mejor. Porque es un cielo de chica y lo vale, y la quiero, y es ella :) Ojala disfrutes tu cumple, cariño ;)

Muchas gracias por leer.


Ya no escucha el palpitar de su corazón, sus mejillas no se arrebolan más, ya no parece humana.

Quizás, porque ya no lo es, hace cincuenta años que ha dejado de serlo.

Caminan a paso lento por los pasillos de aquel instituto, porque hay que simular. Hay que fingir que ella, incluso, no tiene acumulados unos cuatro birretes de graduación.

Se toman de la mano y se sonríen, dientes perlados, miradas fugaces.

Fingen que no escuchan los cuchicheos, los "Qué guapo es ese tío" y los "Dios, joder, como le doy a esa tipa" y siguen adelante, hacia su siguiente clase.

Él deja que pase ella primero por la puerta, porque está chapado a la antigua, porque es un caballero.

Ella le sonríe burlona y susurra algo imperceptible para los demás, pero que él escucha y le hace reír, algo como "No estamos en el siglo pasado, amor".

El muchacho se sienta en la silla, en su puesto, y ella se sienta a su lado. La chica permite que el pelo tape su rostro color marfil, mientras garabatea tonterías en su cuaderno.

El león ve con gracia a la oveja, la ve con dulzura, con amor.

El profesor llega y la muchacha quita la vista de su cuaderno. El león le sonríe de esa forma torcida que sabe, es adictiva para ella, y la joven le da un codazo disimuladamente.

Ese tal maestro Waldorf empieza a decir que el ejercicio será reconocer las fases de la mitosis y la meiosis.

Bella le sonríe cómplice a Edward, quien le devuelve el gesto, y le pone un pelín nerviosa. Nuevamente identifican las fases rápido, la pulcra letra de él en el papel, el profesor preguntándole a Bella si ya ha hecho esto antes. Ella, respondiendo que si, que lo ha practicado con una cebolla, sólo que no dice que unas seis veces ya.

Pasaron cincuenta años, pero casi nada ha cambiado, Bella sigue siendo insegura y tímida, la oveja suicida que le enamoró. Edward, sigue siendo igual de morboso, el león que se enamoró de su presa, y optó por dejarla ser.

Sonrisas fugaces, besos salvajes y dulces, se susurran "te amo" al oído cuando sienten que hace falta, pasean por el bosque tomados de la mano y contemplan la luna. Él le mira como si ella fuese el tesoro más preciado de la humanidad, y, ella, como si él aún fuese su premio de lotería.

Siguen siendo ellos, enamorados, eternos.