EL COMIENZO:

Era la primera vez que me encontrada fuera de Forks, de mi hogar; hacía tan solo 48 horas que me había despedido de toda mi familia; aun recuerdo el rostro de mi hermano Charlie agitando la mano mientras me decía adiós frente el cristal del aeropuerto … La verdad lo hecho tanto de menos … -suspire- … - Beatriz has de ser fuerte- me dije a mi misma, pero de repente me derrumbe, recordé que era un país diferente, con una legua completamente contraria a la mía – España- suspire- Esta bien Bea, vamos allá – me volví a dirigir a mi misma; agarré mi equipaje y me dirigí a la salida del aeropuerto. Mientras me dirigía rápidamente hacia la puerta principal, tropecé con un chico que iba bastante rápido, era rubio pelirrojo y de estatura considerable, la verdad me llamó la atención. Me levanté mirando en la dirección por donde mi agresor había seguido su camino; noté miradas sobre mi, todo el mundo me miraba y algunos incluso se reían de mi torpeza, me enfurecí al ver el ridículo que ese desconocido me estaba haciendo pasar. Aún así logré escapar de aquel lugar y coger un taxi.

Llegué a casa de los primos de papá, ellos me recibieron con grandes abrazos y sonrisas, me ayudaron a llevar el equipaje a la habitación de arriba, la cual yo iba a ocupar mientras permaneciera estudiando en aquel país extraño.

-Gracias- le dije a Julia, la prima de mi padre.

-De nada, Bea, espero que te encuentres cómoda en esta habitación, no es gran cosa pero … -se excusó-

-Es perfecta, de verdad – sonreí-

-Esta bien, bueno .. te dejo sola para que te instales, a menos que quieras que te ayude- añadió.

-No, está bien – dije- tranquila, ya me las arreglaré- le dije en tono amable y agradecido, en realidad quería estar un rato sola, la verdad, me gustaba la soledad, el silencio …

Guardé mi ropa interior en el primer cajón e la mesita situada al lado de la cama, las camisetas y los jerséis en la cómoda colocada justo a la derecha de la puerta que comunicaba la habitación con el pasillo, los pantalones, vestidos, y faldas en el armario que yacía al fondo de la habitación, los zapatos los coloqué en el zapatero que está al lado de la estantería donde Julia tenia depositados los libros que envié por correo, para ahorrarme equipaje.

Una vez colocadas todas mis posesiones, me acosté en la cama; estaba tan cansada, tan agotada, que me dormí.

Tuve un sueño realmente extraño, aquel muchacho que me empujó en el aeropuerto corría detrás de mí y me chillaba cosas que, por causa del terror que me ocasionaba su persecución, no logré entender. Mientras corría, una sombra pasó por mi delante y sus ojos se clavaron en mí. Me asusté y me desperté dando un grito. Jamás había visto unos ojos tan escalofriantes, tan rojos…

Me levante aun más temprano de lo que la noche anterior había programado el despertador; pero como no hacerlo si los sueños con ese extraño de cabello rojizo que apenas había visto me perseguían?... llena de expectación perezosamente me aliste para asistir a mi primer día en el instituto, uno completamente desconocido, con personas que ni mi cultura compartían y con las que, de seguro no lograría socializar, justo esa era la constante de mi vida, estar sola en medio de todos los demás, sencillamente no se me daba bien relacionarme con una partida de desconocidos, resignada a tener que enfrentar este día y sus retos, salí con la ayuda de mis "primos" hacia el lugar que tanto pavor me causaba por mi timidez.

La verdad el día no estaba yendo tan mal, luego de unas cuantas miradas de curiosidad por parte de mis nuevos compañeros había llevado lo que iba de la mañana medianamente bien, por lo menos no había salido a flote mi torpeza hasta el momento; ahora me encontraba en la clase de español lista para que mi ignorancia aflorara, estaba girada hacia la pared examinando las formas irregulares de la ya veteada pintura por el pasar de los años, tratando de no dejar que mi mente regresara a la realidad del lugar donde me encontraba, sentí que la silla que estaba delante de mi escritorio se movía, de repente, en lo mas profundo de mi ser un impulso casi mecánico hizo que girara mi cabeza, por un motivo ajeno a mi, debía saber quien ocupaba ese asiento…

Me llene de estupor a observar una cabellera rojiza, fascinante…— Es el desconocido del aeropuerto—fue mi primer pensamiento…-No, claro que no, no es posible – Mustie involuntariamente en voz alta, por lo cual lleno de curiosidad el desconocido giro su rostro hacia mi…

Cuando nuestras miradas se encontraron, ambos caímos en la mas absoluta sorpresa, evidentemente por mas improbable que pareciera, si era él, el mismo chico con el que choque en la aeropuerto y quien había protagonizado mis sueños toda la noche, al recordar eso mis mejillas adoptaron el típico sonrojo de la vergüenza, ante lo cual el pareció reaccionar, una impactante sonrisa curvo sus labios y se inclino un poco hacia mi…

Marcus Shuno, mucho gusto— me tendió su fornida mano.

Beatriz Swan— musite débilmente impedida por la extrema pena y tome su mano suavemente sonrojándome aun más. El por su parte parecía bastante divertido con mi cohibición.

Disculpa pero, acaso estabas ayer en el aeropuerto y chocaste con migo? — Pregunto para mi gran vergüenza; pensé en negarlo pero seria tonto, pareciese ser que contrario a lo que había pensado ayer; él si me había visto.

Si, fui yo y realmente lo siento, de nuevo te ofrezco una disculpa —dije fijando mi vista en el suelo, se me hacia imposible mirar su resplandeciste rostro.

Escuche lejana la voz de una señora mayor, al tiempo que veía a Marcus adoptar una posición mas formal en su silla, en ese momento me di cuenta, que por el breve instante que duro mi conversación con él, todo lo demás desapareció de mi mente, por lo cual un nuevo sonrojo cubrió al anterior; era extraño haberme encontrado de nuevo con el apuesto chico de cabellos rojizos ,pero mas extraño aun era la sensación que estaba recorriendo por mi ser, como si Marcus Shuno estuviese predestinado a estar en mi vida de ahora en adelante, aun en este nuevo país y con mi vida de cabeza; rápidamente aleje esos extraños pensamientos de mi mente, sin duda el cambio horario había afectado mi cerebro.

Los siguientes días fueron realmente extraños, bueno, extraños no era realmente la palabra, empezaba a entender el español y como consecuencia empecé a entablar amistades, pero para mí, la mejor de todas, era la amistad que en tan poco tiempo había establecido con "mi agresor de aeropuerto"; aquel chico de cabello rojizo, habitaba en cada pensamiento, en cada poro de mi piel, Marcus Shuno.

Como siempre después de clase mis nuevos amigos, incluido Marcus, y yo, íbamos a la cafetería. Ya era rutina que Shuno se burlara de mi acento inglés:

-No te aproveches de que tú tienes un perfectísimo control de mi idioma …-Mustie enfada, pero no pareció importarle ya que prosiguió-¿Ssssrrreñorrr Pgrofesorggg pgrogria grespondegme a esta pregunta?- Todos rieron a mi costa y yo hice una mueca de descontento que él pareció apreciar a juzgar por su gran sonrisa dibujada en aquel moreno rostro- Oh perdone Gran Sabio de la lenguas- Hice una reverencia. Todos rieron y Marcus se levantó y se dirigió hasta donde yo me encontraba, me alzó la barbilla para clavar sus ojos en los míos y se quedó serio- Sabes, hay una lengua que aún no he probado- y seguidamente me acarició el labio inferior. Tonta de mi me puse colorada como un tomate; entonces observé que en su rostro volvía a aparecer aquella sonrisa que hacía que el vivir ya mereciera la pena.

-Oh, vamos Marcus, ya basta-rió una voz, provocando mi despertar al mundo real-¿no ves que se ha puesto nerviosa?- oí como Marcus reía sin parar y yo me enfurecí y lo empuje apartándolo de mí, pero él me agarró del brazo y rozo sus labios contra los míos, provocándome un infarto mortal; fue una fracción de segundo, pero Marcus Shuno ya estaba corriendo por la cafetería y yo, apenas sin darme cuenta, le seguía tirándole manzanas- Marcus vas a morir, ¿cómo te atreves?- le chillé. Oía su risa y la de mis amigos cuando de repente le di de lleno en la cabeza, cayó del banco al que estaba subido mientras intentaba esquivar mis golpes, y se dio un fuerte golpe en la cabeza, corrí a auxiliarlo- Marcus, Marcus – le di unas palmaditas suaves en las mejillas- ¿estás bien?- no me respondió- Marcus, Marcus, respóndeme por favor-suplique, cuando me di cuenta su mano me agarró y me aprisionó a su cuerpo obligándome a aprisionar mis labios contra los suyos. Los segundos me parecieron horas, esta vez me quedé paralizada, no supe como reaccionar; desperté de mi estado de shock al oír los silbatos de los compañeros de la cafetería y lo aparte, Marcus dibujo una sonrisa y se dispuso a levantarse, yo estaba sonrojada, mis mejillas parecían estar al rojo vivo. –¡ Vamos chicos callaros ya!- Dijo Marcus- creo que debo hablar con Bea- alcé la mirada instintivamente al oír mi nombre pronunciado por aquella boca que hace un momento se fundió en la mía, su mano me invito a ayudarme a levantar, estaba tan sorprendida que sin darme cuenta la agarre y me levanté- ¿estás bien?-preguntó- … sí, creo que sí…- Dije casi en un susurro.

Nos encontrábamos en los enormes jardines del campus universitario. -¿Tan mal beso?- me preguntó- ¿eh?, no es eso, es tan solo que…- mis mejillas parecían dos fogones encendidos a muy alta temperatura. Bajé la mirada para evitar encontrarme con la suya.- Esto … Bea…- dijo mientras entrelazaba sus dedos con los míos. Los miré con asombro-veras …- alzó la mirada hacia llegar al cielo- yo quería decirte que …- me estaba poniendo nerviosa, ¿qué demonios quería ahora, seguirse burlando de mi?. Noté su suspiro- Bea, yo… -volvió a suspirar y me obligó a girarme hacia él, me agarró de mi mano libre como si intentara que no me escapara y volvió a suspirar- desde el primer día que te vi en el instituto, me enamoré de ti perdidamente- pensé que era otra de sus tomaduras de pelo- Oh si claro amor a primera vista ¿no?, por favor Marcus, no hace gracia- me agarró de nuevo la barbilla y me miró a los ojos- no es ninguna broma, en mi familia ocurre así, te enamoras a primera vista, no lo podemos evitar- no me lo creí- Marcus no tiene gracia- volví a repetir. De pronto alzó su mano y me mostró uno de los dos collares que tenía depositados en el cuello, se quitó uno de ellos y agarró mi mano dejándolo caer entre mis dedos.-Este collar era de mi madre- dijo con tristeza en sus ojos, ya que su madre había muerto, según me contó, dos años atrás.- Ella me hizo prometerle que cuando encontrará a …- se puso nervioso y los colores se le subieron a las mejillas, provocando en mi pequeño y débil corazón un nuevo infarto- …bueno …a … - miro al cielo y se rasco la cabellera, estaba realmente precioso tan tímido- a el amor de mi vida- suspiro y volvió a mirarme- entonces … ¿no es una broma?- le dije sin parar de mirarle a los ojos. Volvió a suspirar- No, no es una broma- dijo acariciándome la mejilla colorada- Te quiero Beatriz Swan- me sobresalte al oír esas palabras, y sin apenas darme cuenta le besé fuertemente en los labios.

Me pasé toda la noche en vela pensando las múltiples cosas ocurridas aquel día. Apenas sonar el despertador salté de un brinco, me arreglé y corrí a desayunar; la verdad mi humor era mucho mejor que los otros días.

-Vaya, hoy nos hemos levantado realmente alegres eh Bea?- dijo Julia.

-Es que hoy es un gran día- dije en español y con una gran sonrisa mientras untaba el pan con la mantequilla que había encima de la mesa.

Logré llegar a la facultad sin ningún tropiezo, ese tropiezo y esa mala suerte que perseguía a los Swan desde generaciones. Me dispuse a buscar a Marcus, y finalmente lo agarré por la espalda con una sonrisa de oreja a oreja. Para mi sorpresa el me apartó y me dirigió una mirada furtiva y se alejó. –Ma..Marcus- susurré desconcertada.

El día no podía ir peor, hubo examen sorpresa de Matemáticas, María, mi mejor amiga, estaba enferma y Marcus … . Solo me evitaba, no quería ni tan solo que me acercará a él. ¿entonces que significó todo el paripé de ayer?- Maldito Shuno- mustié- ¿Qué pasa Bea?- dijo Robert- ¿Has visto a Marcus?- le pregunte sin hacer caso a su pregunta- mmm… si, hace un momento que … míralo, allí está- dijo señalando al fondo del pasillo- Ah! Gracias- y me dirigí corriendo hacia donde él se encontraba. Me di cuenta de que se disponía a abandonar el recinto de la facultad, así que a una distancia moderada, para que no notara mi presencia me apresuré a seguirlo.

Llevaba un buen rato siguiéndole cuando de pronto le perdí la pista-¿Dónde se ha metido?- me pregunté.- Me ha parecido verle entrar a ese callejón- me dije para mis adentros, así que me dirigí a ese lugar oscuro, que al juzgar por su apariencia parecía el lugar donde, el bar que se hallaba al lado, dejaba sus desperdicios.

Me adentré a ese lugar mugriento- ¿Marcus?- chillé en busca de respuesta. Oí un ruido, así que proseguí a avanzar-¿Marcus?- volví a preguntar-¿estás ahí?- seguí avanzando. De repente vi una sombra en una esquina del callejón- De allí proviene el ruido- me dije. Avance hasta percatarme de que esa sombra no se trataba de Marcus. – Perdone …- dije. De repente esa persona se giró, estaba empapada de sangre, con ojos realmente bañados en un rojo sangre … ese rojo sangre de mis sueños; intenté correr pero ese ser se abalanzó sobre mí. Cuando ya pensé que ese era el fin, una enorme espada atravesó el cuello del aquel asesino; una mano me agarró y me alzó como si de una pluma se tratara; escuché un ruido, abrí los ojos como platos al darme cuenta del objeto que mi salvador llevaba en la boca- ¡Una granada!- dije sorprendida y aterrorizada a la vez, noté como mi valiente príncipe lanzaba la granada hacía aquel ser; instintivamente me acurruqué en su pecho para protegerme de la explosión, pero para mi asombro, lo se oyó ningún ruido, me percaté a mirar hacia el lugar donde hacia segundos había podido ser mi tumba y solo vi cenizas y más cenizas, mi salvador las esparció por el aire. Entonces me percaté de quien se trataba- ¿Marcus?- dije sin dejar de mirarle a esos precioso ojos color verde- ¿Por qué me has seguido?- Me dijo en un tono enfadado- ¿Qué demonios era eso Marcus? – dije evitando su pregunta- No vuelvas a acercarte a mí- Esas palabras destrozaron cada pedazo de mi ser.

Habían pasado dos meses desde el incidente y ya nada era igual, Marcus ya no venía a la cafetería después de clases, incluso evitaba cualquier contacto hacia otras personas. Era como si huyera de todo cuanto le rodeaba. Los primeros días intenté por todos los medios pedirle una explicación, ¿qué demonios era lo que me atacó en el callejón?¿Era por eso que ya no quería que me acercara a él?¿De verdad me quería? Eran tantas las preguntas que deseaba formularle ... Pero me harté de seguirle e intentar obtener alguna respuesta, inclusive había pensado devolverle su collar …

Me fui a casa con la rutina que me acompañaba últimamente de tropezar con el último escalón de las escaleras que conducían a la salida principal de mi facultad; allí estaba él, ausente, quieto e inexpresivo, noté como su mirada se clavó en mí cuando tropecé, pero aún así no hizo el gesto amable de ofrecerme su ayuda para facilitarme el poderme levantar, como otras muchas veces había hecho. Recogí mis cosas sin dejar de clavar mi mirada en su rosto cansado y me dirigí a mi vehículo.

Llegué a casa, con la esperanza de que Julia y su esposo, Carlos, ya no estuviera allí, puesto que esta noche se iban con unos amigos a pasar la noche en la playa. Por una vez después de mucho tiempo, la mala suerte que perseguía a los Swan, no me sonrió. Allí estaba la nota, la nota que me salvaría del interrogatorio habitual sobre como me habían ido las clases en la facultad:

-Querida Bea:

Cómo supongo que recordarás, esta noche nos vamos a la playa con los amigos de Carlos. Tienes la cena en la nevera, cualquier cosa me llamas.

Un beso:

Julia Swan

Dejé la nota colgada en la nevera, y seguidamente la abrí, y allí estaban , como no, los huevos fritos con patatas que tanto me gustaban a mí, no pude evitar reírme al recordar a mi hermano Charlie con su habitual cara de satisfacción cada vez que mamá los preparaba.

Los calenté en el microondas, y poco a poco, sin hambre, empecé a comerlos mientras veía la televisión. De repente el reloj dio las 12 de la noche, ¡no me lo podía creer!, ¿tan lenta había cenado? Me apresuré a lavar los platos y a ponerme el pijama. Volví a bajar a la cocina para tirar la basura. Cuando abrí la puerta me llevé un susto de muerte:

-¿Marcus?-Chillé, estaba lleno de heridas. Dejé caer la bolsa con la basura dentro y corrí hacía él. -¿Qué demonios te ha pasado?- le pregunté mientras le agarraba el rostro- Está…está…está muerta- dijo. Entonces me percaté que de sus hermosos ojos verdes brotaban lágrimas- ¿De qué estás hablando Marcus, quien está muerta?- le dije mientas me desesperaba al verle así- Mi… mi hermana- Entonces me abrazó y se puso a llorar aún más intensamente. Intenté levantarlo, pero no pude-Marcus, entra en casa y explícame mejor- le dije en tono calmado para evitar ponerle aún más nervioso, puesto que no estaba nada tranquila, me rompía el corazón verlo así.

Una vez dentro me volvió a abrazar-He hecho todo lo que he podido, pero eran muchos- me dijo entre sollozos- ¿Quiénes eran, Marcus?- le dije sin dejar de abrazarle- Esos malditos Chupasangres … - dejó de abrazarme y me cogió de los hombros- ellos… esas sucias sanguijuelas- ¡no estaba entendiendo nada!- Ellos han matado a mi hermana, juro que lo intenté pero nos superaban en número … y … - Volvió a abrazarme.-¿Marcus de qué me estás hablando?-dije por fin. Volvió a apartarse y me miró con sus ojos verdes llenos de ira- ¿Te acuerdas de el callejón?- asentí con la cabeza, empezaba a entender- Lo que te atacó en el callejón era … -suspiró- era un vampiro Bea- había dejado de llorar para ponerse serio-Un…Un… ¿un vampiro?- Tartamudeé.- Sí Bea, existen ,y tú lo has visto con tus propios ojos, creo que … Bea- mi nombre pronunciado por su boca le provocó un pequeño sobresalto a mi corazón- ¿Tú … me quieres?- Dijo para mi asombro, pero me quedé callada- ¿Estarías dispuesta a estar con migo aun que fuera un bicho raro?- lo miré extrañada- Marcus, yo te no te quiero, jamás te he querido- proseguí y vi que en su cara se reflejaba dolor, así que me apresuré a añadir- Yo te amo Marcus, la palabra querer es demasiado poca cosa para decir lo que siento por ti- su cara se iluminó y suspiró- Entonces creo que va siendo hora de contarte algunas cosas … - me dijo mientras me besaba la frente.

Me sentó en el sofá y me miró fijamente, me agarró la mano y me obligó, suavemente a que le agarrará el brazo derecho.-Una vez me preguntaste porque toda mi familia lo lleva tapado, ¿recuerdas?- volví a asentir con la cabeza, siempre llevaban un guante negro que llegaba hasta mitad del brazo.-Pues bien es por esto- con mi mano hizo retirarle el guate-¿Qué demonios …?- proseguí- Sí, todos tenemos estas dos cicatrices.-En efecto, allí estaban dos cicatrices, una en forma de media luna en medio de la palma de la mano y la otra, parecía como si un enorme garra de animal le hubiera arañado, situada en el brazo. Además me señaló el collar que siempre llevaba en su cuello-Este collar es nuestra arma-me dijo-Es la espada que te salvó la vida-me quedé desconcertada, ¿Cómo era posible que ese insignificante y minúsculo collar fuera esa enorme espada?-¿Quieres saber la historia?-me pregunto-Sí,sí-le dije con imapciencia-pero mientras la escucho, ¿me permites que te desinfecte esas heridas?- en su rostro apagado se dibujo aquella sonrisa, mi sonrisa favorita, la que hacía que todo en esta vida tuviera sentido. Volví con el alcohol y el algodón-Bien ,¿preparado para la tortura?- le sonreí agitando la botella de alcohol- Lo soportaré- dijo. Seguidamente me limité a curar una a una sus heridas y él empezó a hablar.- ¿Has oído hablar de los quileute?- me dijo. –Por supuesto, vivo en Forks, ¿recuerdas?- oí su risa y noté como mi corazón iba dando saltitos al oírla. – pues bien ¿sabes la leyenda de Taha Aki? – claro que la sabia, Billy el amigo quileute de mi hermano la contaba cada vez que nos reuníamos todos en la playa- Sí, la sé.- le dije mientras desinfectaba la herida de su pecho, cosa que me hizo pintar un rojo en mis mejillas- Bien pues, Taha Aki, tuvo varios hijos, y como es normal, múltiples nietos, uno de ellos era una mujer, una mujer que resultó convertirse en loba, al igual que su padre y, por supuesto, de su abuelo. Un día…- prosiguió, la verdad la historia empezaba a interesarme, pero no entendía que tenía que ver con todo lo de los vampiros y su familia.- Esta olfateó el rastro de un vampiro, estuvo tres días andando en su forma lobuna; y por fin llegó a su objetivo, allí estaba su presa, débil y cansada. Justo cuando se apresuró a atacarla, aprovechando lo débil que se encontraba, se percató que era uno de la tribu, aquel chico que desde bien pequeña le llamaba tanto la atención. Se trasformó en mujer, dejando a relucir todo su cuerpo desnudo y se acercó a él, este intentó huir-No te quiero hacer daño, apártate de mí-dijo el muchacho-¿no ves en lo que me voy a convertir?- La muchacha, pero, siguió avanzando y por fin logró alcanzarle- ¿Cómo te ha ocurrido?- le dijo la voz femenina. El muchacho confesó que hacía tiempo que la amaba, y que sabía que Taha Aki no vería con muy buenos ojos el que su nieta estuviera con un chico "normal", así que siguió a los lobos y los vio atacando a uno de esos seres chupasangres e intentó ayudarlos, este lo atacó, pero logró escapar, al darse cuenta de lo que se llegaría a convertir huyo; la muchacha, le agarró la mano, y le dijo que nada ni nadie los separaría jamás, que no le importaba lo que fueran, ni lo que los demás pensaran. El chico no estaba del todo trasformado cuando se unieron en un solo ser, así que de esa unión salió un niño con estas dos marcas que te he enseñado y un collar con esta forma colgado del cuello, era su destino …- me las volvió a señalar- entonces …¿tu familia proviene de un licántropo y de un vampiro? –dije, y él asintió con la cabeza- y tú …¿me crees?- para mi asombro le creía.- sí, te creo-dije, el sonrió y me acarició la barbilla- El niño resultó ser humano, para asombro de los padres, pero tenía habilidades que ningún otro humano poseía, una gran agilidad, una rapidez extrema, un olfato agudo… con el tiempo las fue perfeccionando.- le mire a los ojos y le pregunté- ¿Y si tus antepasados eran licántropos y vampiros, porque luchas contra ellos?- él sonrió.-Mis antepasados odiaban a los vampiros. El vampiro jamás pidió serlo, así que luchaba contra los de su especie, y por lo que se refiere a la loba, su padre jamás vio con buenos ojos su relación con el vampiro así que siempre intentaba matarlo, y la loba se enfureció y deseo jamás haber pertenecido a la tribu de los quileute, así que empezó a atacar a todo aquel que se acercará a su familia. De generación en generación, a los Shuno se nos ha inculcado el defender a los humanos de esos seres, y es así como será siempre. –me acarició la mejilla y instintivamente cerré los ojos y agarré la mano que palpaba mi rostro, noté sus labios junto a los míos, y se desvaneció el enfado que tenia por el desprecio mostrado los últimos días- Te quiero-le susurre sin dejar de besarle, me aprisionó contra su pecho desnudo y me besó en el cuello recorriendo mi brazo con su mano cálida.

Fue la mejor noche de mi vida, el cuerpo de Marcos Shuno y el mío se fundieron en uno solo, cuando me desperté aún podía notar su dulce aroma en mi piel.