Summary: Bella y Edward se amaban por sobre todo… cometieron una serie de grandes errores y escribieron su historia, una historia tan intensa como imposible. Él era el novio de su madre, ella era la promesa y una consecuencia. (Basada en la canción Apologize de OneRepublic)

Desclaimer: No soy Steph, no cree crepúsculo ni soy dueña de los personajes. Soy autora de la historia…

N/A: ok, si alguien que está leyendo esto, también leyó "Y lo que quiero es que pises sin el suelo" va a asociar los tipos de escritura. Ambas historias son prohibidas y dramáticas. Yo por mi parte, soy una persona jodidamente retorcida, por lo cual…vayan imaginándose por donde va el fic…

Capitulo 28: Born to be my Baby

Desperté sintiendo una flácida calidez en mi interior y sentí la suave respiración de Edward contra mi oído. Había sido real, realmente había pasado y yo había tenido una primera vez digna de cuento de hadas, o algo así. Me sorprendí al notar que aun seguíamos unidos, y deseé poder pasar todas mis noches de la misma forma. Suspire atontada por el encanto de la situación y sus brazos alrededor de mi cuerpo, uniéndome más a él. Encontré el reloj marcando la 1.25 am y me di cuenta que había dormido por casi dos horas. Apoye mi cabeza en el hueco del cuello de Edward, sintiéndome como en casa, por aquella calidez que su cuerpo dentro del mío, producía.

-Despertaste-sentí su voz como el suave arrullo del terciopelo sobre mi piel, y sonreí como una idiota. Estaba tan encimada en mi propio mundo que ni siquiera había volteado a verlo, sentirlo me era suficiente.

-Hu-hum-respondí asintiendo con la cabeza y trazando suaves líneas sobre sus brazos. El comenzó a acariciar mi cabello, con una ternura infinita.

-¿Cómo te sientes?-pregunto, besando mi hombro.

-Un poco mareada y algo adolorida-contesté apenada. Sentí una suave risa, bajo mi cuerpo.- No te burles, esto es nuevo para mí.-le di un golpecito en el brazo.

-Para mí también-afirmó algo ausente. Yo volteé a verlo con una ceja alzada. –Siento tantas cosas por ti que podría morir en un abrir y cerrar de ojos y nunca podrías comprender lo que siento.-me estremecí ante aquella ternura infinita en sus penetrantes ojos- y creo que jamás voy a poder agradecerte lo suficiente, el hecho de que me hayas dejado ser el primero.-asentí avergonzada y oculte mi rostro bajo la maraña de cabello que tenia.-No… -pidió, corriendo mi cabello de mi rostro y viéndome- Prometo hacerte la mujer más feliz del mundo, todo el tiempo que me lo permitas.-sentenció.

-Todo-respondí, dándole un suave beso en su mejilla.

Aquel momento habría sido el más mágico de la historia, si mi estomago no hubiese gruñido entonces. Sentí el suave tembleque de Edward debajo mío, riéndose de mi hambre inoportuna. Lo mire roja como un tomate y el acaricio mi mejilla.

-Muero de hambre también.-afirmó- Pero me temo que no podremos comer pollo.

-¿Se quemó?-pregunte desorientada. El sonrió y me señaló el departamento. Me percaté que olía a quemado, humo y cenizas. Sin ser consciente de lo que hacía en ese mismo momento, me puse de pie y lamente haberlo hecho salir de mi, de aquella forma. Casi me dolió su falta en mi interior, pero estaba preocupada por el humo que recién comenzaba a notar.

Me puse de pie y tome la frazada que cubría el sillón para taparme y corrí atolondrada hacia la cocina. Apague la estufa y todo lo que había quedado del pollo con champiñones y salsa de vino blanco era algo muy pequeño negro y una gruesa costra cubriendo toda la superficie del sartén. Habíamos olvidado por completo la comida y ahora todo estaba lleno de humo y olor a quemado. Tiré los restos de la sartén aun caliente en el tacho de basura y acomodé la sartén en el lavabo, bajo el agua.

Suspire divertida y me fue inevitable reír. En estos momentos lo que menos me importaba era la comida, a pesar de mi hambre. Edward estaba apoyado contra el marco de la puerta, sonriéndome. Se había puesto sus bóxers, pero aun así no podía dejar de ver ese cuerpo que me hacía temblar. Me aferré aun mas fuerte a la frazada que me cubría.

-¿Pizza Hut?-cambie de tema.

-Pizza Hut –coincidió el, caminando hasta el teléfono.

Aproveché el momento para abrir todas las ventanas del departamento, percatándome del olor a humo que me dificultaba la respiración. Era imposible estar tan encimada en nuestra burbuja como para no haber notado tremendo detalle, entonces fui consciente que pudo haber un temblor en la ciudad sin haberlo notado siquiera y amé que Edward tuviera ese poder.

Me metí en la ducha y abrí el grifo de agua caliente. Aun mis piernas temblaban y sentía mareos y dolores que me resultaron más que comunes luego de mi primera vez. Me apoyé contra la pared unos segundos, buscando estabilidad. La densa nube de vapor pareció desaparecer unos segundos para luego reaparecer con una calidez poco natural. Unos brazos envolvieron mi cuerpo y me invitaron a utilizarlos como apoyo, bajo el agua que no paraba de caer. Todo esto era tan nuevo y fascinante a la vez, que sentí deseos de experimentarlo todo en un mismo momento, pero fui consciente que esa no era la forma. Por lo pronto, esta noche ya había sido lo suficientemente fuerte como para sobrecargarla con nuevas experiencias.

Abrase el cuerpo mojado de Edward y bese su cuello. Mientras él aun, continuaba aferrado a mi cadera. No supe cuanto tiempo de ello paso, cuando su mano empujo mi mentón hacia arriba y su boca atrapo la mia nuevamente. Entonces de nuevo, todo quedo en la nada y nos perdimos entre caricias y besos.

El frio porcelanato de la pared me pareció cálido, cuando él me atrapo entre esta y su caderas y de forma demandante volvió a entrar en mi. Olvide el dolor y mi cansancio y solo quise seguir hasta ya no resistir mas, incentivándolo, rasguñando su espalda, mientras el besaba y succionaba mis pechos bruscamente, haciéndome desearlo todo nuevamente. Me dedique a marcarlo donde me fuera posible, en sus hombros, mordiéndolo y succionando la mayor cantidad de él, mientras seguíamos meciéndonos a aquel fascinante compás impuesto por su cuerpo. Ahogué mis gemidos en sus hombros, mientras él hacía lo mismo con mi pecho. Esta vez no tenia vergüenza, me sentía más desenvuelta y salvaje que nunca antes y era feliz a una escala impensable.

Habiendo llegado a nuestra cima, el apoyó su frente en mi hombro, jadeando en busca de aire y aun sosteniéndome contra la pared y su cuerpo, yo solo buscaba apoyo y no caerme de esa cómoda posición mientras intentaba tranquilizar mis pulsaciones.

-Wow-fue todo lo que pude susurrar.

Llevaba un camiseta de los Misfits suya y un par de lindos bóxers negros. Estaba tirando la caja de pizza en el bote de la basura y me disponía a lavar los platos sucios, cuando Edward me atrapó.

-¿Qué haces?-ronroneo en mi oído mientras le daba un pequeño mordisco a mi oreja, me fue inevitable reír y estremecerme a la vez.

-¡Ey!-pegué un saltito ante su calidez, sus brazos me rodearon.

-No tienes idea de lo sexy que te ves usando mi ropa.-sonrió, con la voz más seductora nunca antes empleada.

-Tonto, estoy despeinada y tu ropa me va enorme.

-Y nunca antes te vi más hermosa-agregó, volteé a verlo y envolví mis brazos en torno a él.

-Te amo Edward.-dije por primera vez, sin ninguna prisa, ni vergüenza, sus ojos centellaron y me regaló una tierna sonrisa- Y nunca antes se lo había dicho a nadie.

-Lamento informarte que has perdido-sonrió con picardía, alcé una ceja.

-¿Por?

-Porque después de que dijeras eso, nunca te volveré a dejar estar soltera de nuevo.

-Y eso es exactamente lo que quiero-lo besé suavemente y el comprendió mis propósitos.

-Algún día serás mi esposa-me abrazó, me temblaron las piernas ante aquella promesa y una lagrima rodó por mi mejilla, jamás había pensado en casarme y menos con 18 años, pero la realidad es que podría haberme propuesto escaparnos a Las Vegas en ese mismo momento para casarnos y yo habría aceptado sin pestañar.

Nos recostamos en su cama viendo la tele y me acurruque bajo las frazadas envuelta en su cuerpo, mientras él me abrazaba. Podía ver lo fácil que sería acostumbrarme a una vida así. Ya no me parecía tan ridículo aquel típico sueño americano de un matrimonio viviendo con sus hijos, en una bonita casa, con un bonito jardín y un perro a juego; supe que eso era lo que quería desde aquel momento que el prometió llevarme al altar. No me importo si seria pronto, si tendría que esperar años o tal vez décadas, solo me importo tenerlo como meta.

Acariciaba sus abdominales de forma distraída, mientras el acariciaba mi cabello y veíamos un nuevo capítulo de "How I Meet Your Mother" de forma distraída. Pasaban de las 4am y nunca antes me había sentido tan despierta y tan desinteresada por mis estudios, aun a sabiendas que en unas cuantas horas tendría un parcial que rendir, aquello estaría bien siempre y cuando Edward me acompañase.

Entonces aquel sentimiento de dependencia me envolvió, acarreando una nueva ola de pánico que no pude evitar. El amor debilita y vuelve dependiente a las personas. Eso no era bueno, no me imaginaba que sería de mi si de repente el decidiese seguir con su vida y no incluirme en sus planes. Siendo el mi primer hombre me fue inevitable sentir que yo ahora quedaría prendada completamente a él, mientras el podría encontrar fácilmente una mujer mejor, mayor y madura. Temblé ante aquel pensamiento y no pude omitir el hecho que las lagrimas comenzaban a ser liberadas.

-¿Cariño, que pasa?-de forma tierna alzó mi barbilla y obligo nuestras miradas a encontrarse. Me sentí insignificante ante aquel hombre.

-Tengo miedo-admití con un suspiro, mientras cerraba los ojos y me rendía ante el toque de su mano limpiando mis lagrimas.

-¿Hice algo mal?-su voz cargada de preocupación, agité la cabeza negando. -Cuentame.

-Yo… solo… -suspiré- no quiero hacerme más ilusiones de las debidas. Nunca antes sentí esto y ahora tengo miedo de que no funcione-me sinceré.

-¿Por qué no habría de funcionar, pequeña?-preguntó nuevamente preocupado, su expresión era más tierna que nunca.

-Mírate, tú tienes 30 años y una fila de mujeres haciendo cola en la puerta de tu departamento, entre ellas mi madre. Yo solo soy una adolescente de 18 que apenas sabe qué hacer con su vida. –sollocé, el sonrió y suspiro.

-No Bella, tú no eres una adolescente de 18 años que apenas sabe qué hacer con su vida. Eres madura, fuerte, decidida, tenaz, responsable y ambiciosa, te amo por todo ello, me supiste enamorar de forma poco racional cuando yo creía estar seguro de lo que quería. Sin proponértelo me enseñaste y me demostraste tantas cosas juntas que agitaste mi mundo y lo volteaste de cabeza. No quiero que dudes de mi amor por ti, ni que te sientas pequeña a mi lado. –Me explicó con su santa paciencia, mientras mantenía mis ojos enganchados en los suyos.- Eres mi mujer y yo soy completamente tuyo. –sentí tanto sentimiento en su voz cuando pronuncio aquella última frase, que no me sorprendió que a último momento en su pronunciación, su voz se quebrara.

Entonces pude comprender que él estaba teniendo una epifanía. Sonreí ante aquella declaración que me sonó a hombre de las cavernas, pero aun así me resulto dulce en sobremanera, cerré los ojos y lo abracé mientras el apretaba su agarre en torno a mi cintura.

-No quiero que eso cambie-admití mientras me sentaba a horcajadas sobre él y le daba un tierno beso en la mejilla. El me sonrió, aun con su vista fija en mis ojos e hizo un rápido movimiento, apegándome aun mas a su cuerpo mientras apagaba la televisión.

Pude ver la ferocidad en aquella mirada y esa seguridad que tan loca me volvía, por diferentes motivos. Me acerqué a él no queriendo demorar un segundo más aquel momento y fui recibida por sus labios, succionando los míos nuevamente, de forma demandante. Rápidamente mi lengua se abrió paso en su boca, mientras mis manos descansaban en su cuello y lentamente despeinaban su cabello. Escuché un gemido ahogado en nuestro intercambio y me encantó sentir aquella parte salvaje suya tomarme de la nuca y acariciándome el cabello tiernamente, a la vez.

Esa era una de las tantas cosas que me enamoraban de él, que supiera cuando comportarse como un caballero y que supiera exactamente en qué momento transformarse en aquella bestia que yo tanto necesitaba.

Entre nuestros besos, en algún momento me desnudó otra vez, porque cuando recuperé el conocimiento solo pude comprender que estaba tirada en la cama, mientras sus manos recorrían el contorno de mis costillas, cintura y cadera de forma demencial y su boca se entretenía mordiendo y succionando mis pezones aleatoriamente. Solo era consciente de que yo no paraba de jadear mientras marcaba su espalda con mis uñas cuanto me era posible y me retorcía bajo su cuerpo.

-Edward, te necesito justo ahora-dije ya no capaz de demorar su entrada, un solo instante mas.

Escuché como gruñía y su mano derecha continuaba descendiendo por debajo de mi cadera, hasta mis muslos, sin frenarse. Estaba tan mojada, que cuando sentí que su mano se detenía justo en aquel punto me sonrojé furiosamente. El levantó su vista hacia mi rostro, mientras exploraba mis labios húmedos y me sonrió con una picardía tan característica suya que no me sorprendí de aquel acto seguido que acabó con su lengua sobre sus dedos. Gemí excitada, pero no tuve tiempo siquiera para disfrutar aquella imagen, pues todo él había descendiendo hacia mi templo y tras unas tímidas lamidas que me hicieron vibrar, se encontraba devorando y mordisqueándome, mientras yo inconscientemente alzaba mis caderas contra él, queriendo sentirlo hasta reventar.

-Sabes demasiado bien para tu propia seguridad, Bella-gruñó con voz ronca, mientras yo continuaba con mis gemidos, aferrándome a las sabanas.

Introdujo lentamente y de forma casi dolorosa un dedo en mi interior, mientras se dedicaba a lamer mi brote superficialmente, yo podía sentir como mis piernas se volvían gelatina y como me derrumbaba ante la maestría de sus actos. Esto era demasiado para mí. Retiró su dedo y lo lamió instantáneamente, mientras yo volvía a jadear viendo sus ojos traviesos que me miraban satisfechos, estaba cerca de mi liberación y él lo supo, por eso mismo concluyó introduciéndome dos dedos y moviéndolos de arria abajo con lentitud, sin dejar de llenarme de besos.

-¡Dios…Edward!-gruñí-estoy cerca.

-Ven-el retiró sus dedos y tironeó de mis caderas, acercándome más a su boca y terminando de otorgarme aquel placer que tanto necesitaba.

Comencé a temblar, ya ida en aquel acto, mientras el caprichosamente seguía bebiendo y lamiendo mis paredes limpias. Solo pude tomar su mano y presionar su cuerpo contra el mío, dándome cuenta que el también había sido liberado.

Lo besé tímidamente en los labios, luego de aquel momento tan privado y especial que habíamos compartido, el continuaba sonriéndome y acariciando mi brazo mientras me miraba con una ternura infinita.

-Siento mucho si me comporte como animal en algún momento-admitió unos minutos más tarde.

-Me encantas-confesé acomodándome en su pecho y depositando unos cuantos besos allí, mientras lo acariciaba.

-Te amo, Bella-sostuvo mi barbilla y me acercó a su rostro, yo sonreí por la ternura del momento.

No supe en qué momento me quedé dormida, hasta que desperté por la intromisión del Astro Rey infiltrándose por las ventanas abiertas del departamento y bañando la estancia de luz. Apenas me podía mover, Edward me tenia pegada a su cuerpo, de costado, dejándome sentir su erección matutina y su suave respiración contra mi cuello. Sonreí satisfecha por aquella noche que habíamos pasado.

Me incliné un poco más para ver el radio-reloj en la pequeña mesa de luz indicando las 10:45hs. Ya era tarde y mis clases más importantes habían terminado, así que me resigne y admití que en ese día simplemente no iría a la universidad, después de todo, nunca antes había faltado a mis clases. Tironeé un poco para liberarme del agarre de Edward que parecía aun sumergido en un sueño profundo. Me puse el par de bóxers que había usado el día anterior y aquella vieja camiseta de los Misfits antes de voltear a verlo. Se veía como un dios griego inalcanzable y me costaba trabajo asimilar que aquel hombre se me había entregado por completo la noche anterior. Bese su mejilla y salí del cuarto.

Puse la máquina de expreso en funcionamiento, mientras buscaba algunas galletas en la alacena, para un rápido desayuno. No estaba segura a qué hora comenzaría su turno en el hospital, pero no lo quería despertar, luego de ver cuán tranquilamente dormía. Fui al baño a asearme rápidamente, mientras el desayuno se preparaba. Ni bien entré el espejo me recibió devolviéndome una imagen completamente radiante. A pesar que mi cabello estaba completamente despeinado y mi cuello lleno de marcas, mi rostro se veía limpio, alegre y sin rastros de ojeras. Sonreí como una estúpida, mientras me lavaba la cara y cepillaba mi cabello hasta sujetarlo en un rodete a lo alto. Refunfuñé un par de veces inspeccionando las marcas de succión que Edward me había dejado a lo largo de mi cuello. El verano iniciaba y no tenia excusa para tapar aquellas marcas, aunque tal vez un suave chal podría ocultarlo. Sonreí despreocupadamente y prácticamente floté hasta la cocina donde encontré a mi dios personal, en bóxers sirviendo en tazas el café que había preparado.

-Buenos días-sonrió abiertamente mientras me acercaba a él.

-Buenos días-contesté dándole un corto beso, mientras tomaba mi taza y me sentaba en la encimera, junto a él.

-¿Cómo dormiste?-preguntó acariciando cariñosamente mi pierna.

-Bien, no tanto como tú, pero muy bien-asentí mientras bebía el contenido humeante de mi taza. El soltó una pequeña carcajada.

-Lo siento, pero me has dejado muy cansado-se excuso.

-Me gusta eso-arrugue mi nariz.-¿A qué hora entras hoy al trabajo?-pregunté preocupada por el horario.

-Tengo el turno nocturno. Así que tengo toda la tarde libre, ¿a caso tienes planeado hacerme algo?-contestó en forma seductora, mientras se acercaba a mi boca.

-Tal vez, siempre y cuando no comprometa la integridad física suya, no me gustaría que vaya a trabajar cansado Dr. Cullen.-seguí su juego, el me dedicó aquella sonrisa que tan nerviosa me solía poner.

-Vuélveme a llamar así y juro que no respondo por mis acciones-dijo envolviendo mi cadera con sus brazos, bajándome de la encimera.

Sonreí ante un nuevo descubrimiento y lo miré desafiante.

-No encuentro inconveniente en llamarlo por lo que es Dr.

-Bella-gimoteó apresándome entre su cuerpo y la encimera, sin dejarme escapatoria, se inclino encima mío y ataco mi boca, sin embargo yo le di un golpecito en el pecho y le cerré paso a su juguetona lengua. Vi en sus ojos el brillo del temor y me regodee en aquello, sintiéndome más segura que nunca, mientras acariciaba con la punta de mi lengua sus labios, de forma lenta. -¿Me quieres volver loco, cierto? –sonrió luego que le diera un casto beso y me escurriera de sus brazos, pasando por debajo de ellos.

Yo asentí divertida, cuando él tomó mi mano fuertemente y me empujó contra su cuerpo, haciendo que me chocara contra su palpitante erección, pegue un gritito de sorpresa a lo que él respondió satisfecho y sonrió a medias. Su gesto me golpeó rápidamente y sentí ganas de tenerlo dentro mío en menos de 3 segundos, lo empujé contra el piso, donde él se recostó y me quitó la camiseta entre besos.

Unos minutos después, habíamos vuelto al ruedo.


Como verán, cada capítulo esta más largo, pero en este caso es por un motivo: ME VOY DE VACACIONES, no llevo la notebook (no me gusta, es incómoda para escribir y la falta de mouse no ayuda) así que por las próximas dos semanas, desgraciadamente no voy a subir cap. nuevo.

Por otro lado, hoy voy a actualizar la mayoría de mis fics en curso, ya que me voy mañana.

Como buena noticia: tengo gran parte del próximo capítulo ya escrita y puedo decir que se van a volver locas en solo un par de caps mas por lo que se viene.

Gracias por acoger el fic de nuevo y recibirme de forma tan cálida, les estoy muy agradecida y a pesar que solo nos leemos y no conozca a muchas, las quiero

Por último les dejo mi Twitter que es MelanieWay por si alguien me quiere escribir o decir algo;)

De nuevo gracias por todo y la buena onda, espero que este cap las logre satisfacer.

xoxo

M.-