VI

Ahí estábamos de nuevo, en la cocina de mi casa repasando una y otra vez las clases de trigonometría de esa semana y, sorprendentemente, estaba poniendo atención. Pasar el examen anterior me había dado suficiente ánimo para poder concentrarme.

Charlie rondaba la cocina fingiendo buscar un refresco en el refrigerador pero con la vista fija en mi novio cuya silla estaba, a su consideración, demasiado cerca de la mía, a pesar de mi buen comportamiento las últimas semanas (además de nuestra discreción y sumo cuidado en nuestros encuentros íntimos) mi padre intuía algo. –Los padres saben- me dijo Edward una vez que tocamos el tema, bastó con eso para ponerme la piel chinita al pensar que mi padre supiera que su única hija tiene encuentros íntimos con el individuo al que le ponía mala cara cuando estaba al menos a un centímetro de mi. Al convencerse de que auténticamente estábamos estudiando regresó a la sala a seguir el partido de beisbol.

Edward me explicaba con paciencia (y sí que se requiere demasiada para que algo se me grabe de esa materia) mientras yo trataba de resolver algunos ejercicios en unas hojas ya muy garabateadas. Triángulos, números y ángulos revoloteaban en mi cabeza cuando un movimiento inesperado de mi tutor me sacó de mis cálculos: la palma de su mano se posó en mi muslo mientras las yemas de sus dedos lo recorrían suavemente. Su tacto hizo que mi cuerpo se estremeciera; un enjambre de mariposas rompió a volar sin control en mi estómago, tal fue el impacto que sentí, creí que vomitaría en cualquier momento ¡no lo arruines de esa asquerosa manera! Traté de sofocar su nombre en mis labios pero resultó salir un gemido que provocó que mi piel se erizara mientras un cosquilleo en mi entrepierna hacía que mi cabeza se llenara de sangre, me mareé en un instante. No dejó que mi reacción acabara cuando pasó su brazo detrás de mi espalda y posó su mano en mi cadera haciendo que me acercara a él de un tirón, tuve que morderme los labios para no hacer mi respuesta natural siempre que hacía eso: soltar un fuerte gemido y, en otros casos, gritar.

Volteé mi cabeza, mis labios buscaron los suyos, cuando los encontré no tenía aliento pero eso no me impidió darle el mejor beso que mi debilitada fuerza me permitió, él me lo regresó con ganas.

-Tú sólo me provocas…- le dije cuando se separó de mi.

-Y tú a mí- me respondió. -¿En qué estábamos?

Después del acontecimiento en el estacionamiento todo ha sido un poco diferente. Nos hemos comportado como una parejas de novios normal; caminamos tomados de la mano, nos besamos en la cafetería, en el estacionamiento y cuando nos encontramos en los pasillos, en realidad cada vez que podemos. Al principio fue algo difícil, Edward se incomodaba por lo que escuchaba de parte de nuestros compañeros al vernos, yo tampoco me sentía muy cómoda siendo el centro de atención pero, por otra parte, me encantaba tenerlo cerca a toda hora. Él me confortaba diciendo que después de todo era una experiencia humana más, por primera vez no le discutí su empeño por querer darme ese tipo de rutinas. Después de un tiempo los demás se habían ido acostumbrando.

Por otra parte, en la intimidad también hemos cambiado un poco. Nuestros encuentros, que antes eran tímidos e inexpertos, ahora son tremendamente calientes… ¡Uy, ups!

Si alguien se pregunta por qué la gente hace tanto escándalo por el sexo es porque esa persona no lo ha experimentado, o no ha tenido buen sexo. Ahora ya lo entiendo. Es delicioso. Tener roces, caricias, incluso miradas sugerentes en los lugares menos esperados o más comunes es bastante excitante aunque, personalmente, me encantan los juegos bajo sábana.

Seguíamos trabajando en nuestra tarea, Edward todavía tenía su mano en mi pierna pero de pronto la quitó y se separó un poco de mi, Charlie entró a la habitación bastaste agitado puso mala cara al notar nuestra proximidad, tomó la chaqueta de su uniforme y se la puso rápidamente.

-Será mejor que te vayas- le dijo seriamente a Edward–tengo que ir a la estación, reportaron un homicidio, no sé cuanto tiempo me lleve- concluyó dirigiéndose sólo a mi.

Se quedó parado en la cocina mientras Edward recogía sus libros, salimos de la casa escoltados por Charlie, mi novio se despidió con un beso en la mejilla y un "te veo luego" antes de ascender a su Volvo, mi padre permaneció al lado de la patrulla pero no entró en ella hasta que vio que Edward se alejaba de la casa en su auto plateado.

Regresé a la casa un poco desilusionada por la interrupción de Charlie, estaba más a la defensiva que antes, definitivamente algo le preocupaba.

Levanté lentamente mis libros y cuadernos de la mesa de la cocina, no tenía ganas de seguir estudiando sola, mientras iba camino a la escalera para guardarlos en mi mochila sonó el timbre, me aproximé a la puerta cuidadosamente, me extrañó no escuchar el motor de un auto o las pisadas en el lodo, traté que no se me cayera lo que traía en las manos pero al abrir la puerta mi equilibrio no funcionó, Edward estaba parado enfrente de mi, con el cabello empapado, no necesitó invitación, pasó sin pronunciar palabra alguna, después de ayudarme a levantar los libros se quitó su chaqueta y la colgó en el perchero.

-Voy por una toalla- le dije regresando a mi camino a la escalera, no obtuve algún comentario.

Cuando entré a mi habitación dejé los libros en mi escritorio sin cuidado y me volteé al armario para buscar una toalla limpia, en cuanto la encontré y pretendía regresar a la sala me llevé un susto al ver a Edward en la puerta, él se acercó despacio a mí, me quitó la toalla de las manos, pasó una de las suyas por mi cuello y la otra por mi cintura, me acercó a él con fuerza y me plantó un beso igual de fuerte mientras las gotas de lluvia de su cabello me empaparon el rostro.

-¿Qué haces?- jadeé cuando me separó de sus labios.

-Entrando a tu cuarto como cualquier novio humano- respondió tranquilamente y me volvió a besar mientras yo le rodeaba el torso con mis brazos y mi playera se empapaba con la suya, nos dirigimos a mi cama despacio, el beso se hacía más profundo mientras más nos acercábamos, al llegar al borde se separó de mí, me miró a los ojos.

–Siento el deseo de tenerte, tan fuerte como la primera vez que te vi- y diciendo esto nos tiró a la cama, nuestras manos se pasearon por nuestros cuerpos cariñosamente, sus labios pasaban de los míos a mi cuello y a mi pecho, me despojó de mi ropa lentamente, tuve que volver a agradecer mentalmente a Alice por el otro conjunto de ropa interior blanca que me obligó a aceptar, yo hice lo mismo con la suya cuando él hubo terminado, nuestros cuerpos quedaron desnudos y juntos por primera vez, me acarició despacio mientras yo hacía lo mismo, no me atrevía a decir algo, todo era demasiado perfecto como para arruinarlo con un comentario vergonzoso. Una de sus manos se separó de mí, lo que me hizo salir del éxtasis al que había entrado, luego sentí las sábanas de mi cama en mi piel desnuda, nos cubrió con estas y la tanda de besos y caricias regresó, y yo al éxtasis de su boca.

El momento había llegado, esa noche era la noche, no dudaba, nunca había dudado que con él era con quien quería estar.

-¿Segura?- me preguntó mientras me acariciaba la espalda y me besaba el cuello.

-Totalmente- jadeé cuando sentí su cadera acercarse a la mía.

Sus ojos refulgían a la luz de la luna llena como dos topacios, deslumbrándome, me perdí en ellos cuando se clavaron fijamente en los míos, su mano ahora acariciaba mi vientre tiernamente, bajó los dedos buscando el lugar donde nos uniríamos carnalmente, mi boca dio paso a todo mi aliento al abrirse instintivamente cuando lo encontró, nunca me quitó los ojos de encima, él hizo una mueca que nunca antes le había visto pero que me excitó más de lo que ya estaba.

-¿Lista?- me preguntó suavemente.

-Sí- le contesté con lo poco que me quedaba de aire.

Entonces pasó, su cuerpo se hizo camino en mi cuerpo, sentí su pecho acelerarse contra el mío, esa sensación es indescriptible; su jadeo creció al ritmo que sus caderas me envestían haciendo que el mío se amortiguara, mis manos se enterraban en su espalda y las suyas pasaban en todo mi cuerpo

El placer carnal que se produjo en mí no se puede compara con alguna otra experiencia, el placer visual por ver la cara de Edward así como sentir su cuerpo aumentó mi excitación.

Amo a Edward. Lo amo con todo mí ser, como no amo y como sé que nunca amaré a nadie más. Las palabras no son suficientes para expresar todo lo que siento por él, todo lo que me hace sentir. La eternidad no será suficiente para descubrirlo pero sí para disfrutarlo.

Cuando nos separamos mis sentidos se quedaron impregnados de él, como siempre, pero cientos, no… miles, no… millones de veces más -¿Acaso hay cantidad equivalente para comparar lo que sientes cuando, bueno… acabas de hacer el amor?-

Mi boca estaba inundada con su saliva, con su exquisito sabor al que me hice adicta, dulce; al igual que su aroma, del que se ha impregnado en mi piel, su aliento ha llenado mis pulmones, ahora soy completamente de él. Mis ojos han visto su perfección desnuda, cada línea de su cuerpo, cada gesto de placer y felicidad.

Estaba completamente bañada en sudor, las sábanas de la cama se me adherían marcando cada curva de mí cuerpo, Edward también se dio cuenta de esto pues me acarició encima de la tela y me estrujó a su cuerpo apasionadamente, como si fuera el primer y último abrazo, me estremecí en su pecho desnudo, frío al tacto pero por un momento pensé que comenzaría a arder cuando sentí su rápida respiración en mi mejilla. Enganchó los dedos de su mano izquierda en mi cabello enredado y húmedo de sudor mientras la derecha la paseó despacio desde mi espalda hasta mi cadera, la bajó por mi muslo izquierdo haciendo que esta pierna se sujetara en su cadera. Mi cabeza se acomodó en su cuello, pasé mis brazos por su torso para asegurarme que ese sueño no se fuera en toda la noche, y si yo pudiera, nunca. Lo besé en el pecho, él me lo regresó en la coronilla. Así pasamos la noche, como pasaremos la eternidad.

FIN