¿Estás seguro que quieres hacer esto Jasper? – Me preguntó ella sorprendida de mi petición.

Completamente seguro Zafrina, hazlo.

Entonces, toma mis manos y concéntrate en tu interior, en tus emociones.

Y así fue como la magia comenzó. Yo canalizaba mis sentimientos hacia su persona, y ella los transformaba en algo visible. En cuestión de segundos los dos nos vimos absortos en un calidoscopio producto de mi corazón.

Era sorprendente ver mi ser reflejado de esa manera. Yo que había pasado gran parte de mi vida intentando comprender cada una de esas emociones, ahora las tenía frente a mí, tan sólidas, tan tangibles, tan reales.

Ella me pidió que inicialmente pensara en mí, y el resultado fue impactante: El color verde predominaba, era mi orgullo, sentimiento que me había guiado en todas mis decisiones, posteriormente, el rojo, naciente de la pasión y el ímpetu de mi espíritu. Todo era perfecto hasta que la oscuridad opaco todo, ella representaba el dolor, la vergüenza, la impotencia que sentía hacia mi pasado. Esa oscuridad era el monstruo con el que debía luchar día tras día, la sed que corroía mi garganta.

Me empezaba a sentir mal, no quería que Zafrina fuera víctima de ese dolor, quería terminar todo antes de que la oscuridad me invadiera por completo, pero ella era más fuerte de lo que pensaba y soportó mi batalla interna valientemente.

No trates de vencerlo, Jasper, esa oscuridad no es tu enemigo, es solamente una parte de tu ser, combatirla es un error. Aprende a aceptarla y a sacar fortaleza de ella.

Fortaleza, ahí estaba el secreto. ¿Qué me hacía fuerte? Pensé en mi familia, en las enseñanzas de Carlisle y una luz azul surgió en el firmamento, invoqué el cariño maternal recibido por Esme y una ráfaga ámbar me rodeó, la alegría de Emmett pintó de un amarillo intenso el paisaje contrastando con el púrpura otorgado por la tenacidad de Rose. La oscuridad era cada vez menos imponente, pero aún ocupaba la mayoría del espacio, lugar que no le correspondía, pues sabía muy bien de quien era esa zona.

Zafrina me sonrió en complicidad entendiendo lo que venía a continuación, y sin más los dos disfrutamos de los fuegos artificiales creados por la sensación de felicidad y amor sin límites que mi corazón profesaba por Alice. Las pequeñas luces chispeantes multicolores bailaban sin control por todo el lugar, no podían ser contenidas, y sin mayor esfuerzo incluso le habían dado un brillo a la ahora casi escasa oscuridad.

Así que este soy yo- Afirmé encantado de poderme apreciar por primera vez.

Como puedes ver eres un ser fascinante. Cada parte de ti es única y especial, por lo que no debes nunca más sentirte avergonzado de tus emociones. Sin las tormentas no apreciaríamos en su totalidad la belleza de la luz. Recuérdalo.

Así lo haré Zafrina. Gracias por este regalo.

Gracias a ti por permitirme entrar en ti.