Discaimer: Tokio Hotel no me pertenece, aunque yo lo ansíe con locura... Son personas que tienen su propia vida y el siguiente fanfic solamente es producto de mi loca imaginación. Nada tiene que ver con aquello que podrían decir, hacer, experimentar –ya se saben el etcétera- los chicos de Tokio Hotel frente a las situaciones aquí planteadas. Cualquier semejanza con la realidad... es porque esta basada en personas reales XD.

Summary: Una llamada misteriosa, una chica que empezó como una más. Una noche caótica que desencadenó su presente. Una frase colgada: 'estoy embarazada, es tuyo. Y no quiero tener al bebé.' Una situación difícil, con una decisión complicada. ¿Qué hacer, cuando tus ideales te dicen que lo correcto es estar a su lado, apoyarla, pero ella te rechaza? Una cosa es segura: no ha sido un error. Nada, ni ella ni ese niño, han sido un error.

Genre: Romance/Drama (mi género favorito! :D)

Personajes: Bill Kaulitz Trümper, Tom Kaulitz Trümper, Gustav Schäfer, Georg Listing, David Jost, Nathalie –así como demás TH's Staff-, Pauline Weigel (Original Female Character – OFC), Maria Weigel (Original Female Character – OFC), personajes temporales (onda kioskero, mesera, blah, blah).

Estilo: Miniserie –significa que tendrá menos de diez capítulos, pero más de dos . XD

Agradecimientos: A Micaela que fue la primera en escuchar la idea, a Melisa que me ayudó con el Summary, a mi editora estrella –o sea mi hermana-, a Vinnitza por obligarme a subirlo XD SE LAS QUIERE MUCHO A TODAS! GRACIAS POR LA GARRA QUE LE PONEN ;)

Dedicado a: Todas las fans de Tokio Hotel –en especial a las fans de mi futuro cuñado n.n-, a aquel pequeño puñado de gente a la que le gustan los TomxOFC –revisando en la web, banda son BillxOFC u.u-... Y A TODOS AQUELLOS QUE DISFRUTEN DE LA LECTURA!

Enjoy, brave reader!

Das ist nicht ein Fehler!

http: // img167 . imageshack . us / my . php ? image = dasistnichteinfehler . jpg (sin espacios n.n)

Kapitel I: Wer ist da? - ¿Quién es?

—Tagla, tagla, ¡TAGLA! —se escuchó corear a alguien dentro de esa pequeña habitación.

—¡YA CÁLLENSE! —replicó una voz enfadada en un silbido, al soltar el aire de un suspiro hastiado por los incisivos de su mandíbula cerrada. Al mismo tiempo, se escuchó el tono de un Do menor, un tanto desafinado.

Tom pasó los dedos de la mano derecha por el puente de la guitarra, acariciando con la yema de los dedos las cuerdas, tratando de calmarse, pero el constante parloteo de los otros tres no lo dejaba concentrarse en lo que tenía en mente: afinar la Gibson negra, con bordes blancos y de clavijas plateadas que tenía sobre las piernas. Porque vaya que llevaban ya bastante tiempo rompiendo la paciencia haciendo las onomatopeyas de los instrumentos al son de Break Away. Maldito el día en el que se le ocurrió sugerir esa estupidez en el Hot Topic.

Hacía bastante que estaban en el estudio, dándole los últimos retoques al álbum, lo que quizás podía explicar que Bill estuviese tan relajado y despreocupado, despatarrado sobre el sillón de la sala. Gustav estaba, como siempre que se piraba un rato solo, escuchando música con los auriculares puestos. Georg, por su parte, animaba a los demás a seguir con aquella pantomima, nada más que para molestar al mayor de los Kaulitz.

Tom frunció el ceño, visiblemente ofuscado, pero trató de concentrarse en su trabajo. Volvió a fijar la vista en las clavijas que resplandecían con destellos plateados gracias a la tenue luz matutina que se filtraba por la ventana del edificio. Giró una de las clavijas y luego rasgueó las cuerdas con la púa. Faltaban unos retoques, pues los agudos sonaban algo desafinados, pero no era nada que no pudiera arreglarse en menos de lo que canta un gallo. Con una sonrisa deslizándose por sus labios voluptuosos, dejó la púa a un lado y ajustó la clavija que estaba justo antes del puente del instrumento –del lado derecho-.

Sin embargo, antes de que pudiera cerciorarse de que aquello había resultado estupendamente y rendiría los frutos que tanto había esperado, algo lo distrajo. Sintió algo frío en la coronilla, que luego se extendió por sus rastas hasta chorrear de las puntas y mojar la clara piel de su cuello. Se levantó instantáneamente y comenzó a maldecir entre dientes a aquel pedazo de imbécil al que se le había ocurrido tirarle encima el agua que había dentro de la jarra.

Lanzó una mirada furibunda a un costado mientras resoplaba y se sacudía levemente. Sus labios temblaron por la vibración, unas pequeñas gotas transparentes saltaron de sus labios para caer libremente al suelo de madera. Por el rabillo del ojo alcanzó a vislumbrar la figura de su hermano, que con una sonrisa de oreja a oreja sostenía el recipiente de vidrio con una mano, levemente inclinado hacia un lado.

Los ojos chocolates del moreno brillaron con una chispa de diversión.

—Yo dije, el que tenga una guitarra en las manos necesita un baño... y tú eras el único con una guitarra en la mano, Tomi. —añadió el diminutivo con dulzura, aunque sus labios estaban tenuemente curvados en una mueca burlona.

Ja, ahora el muy genio le venía con sus chistecitos infantiles e imbéciles. Se las iba a pagar, y muy caro, considerando que había mojado también la Gibson, y si algo se llegaba a oxidar probablemente su querido hermanito tendría que renunciar a su maquillaje por un año entero. Igualmente, no iba a quedarse allí parado como un idiota sin hacer nada, la ley de los hermanos era: me molestas, te la devuelvo; de modo que hizo lo que sin dudas había estado esperando desde que él se incorporó del sofá.

—Espera a que te agarre, y juro que voy a comprobar si ese maldito delineador es ó no a prueba de agua —dicho esto, se abalanzó sobre su hermano, con la clara idea de infringirle un poco de dolor físico a cambio de su estupidez. Pero Bill no era para nada lento, y se escabulló con rapidez de las manos de su hermano y comenzó a correr por la habitación, seguido de Tom, que mascullaba pseudo gritaba frases repletas de lenguaje adulto a la delgada figura de la espalda de su hermano que iba varios palmos por delante de él.

Georg y Gustav seguían con la mirada los movimientos de los gemelos, que ya llevaban su decimonovena vuelta a lo largo de toda la habitación. Hubo un momento en el que Bill, por echarle un vistazo rápidamente a su hermano que venía corriendo tras él; no se detuvo a pensar que la inercia existía, y cuando si pie chocó contra el borde del sofá se percató de ello. Su cuerpo tendió a seguir el recorrido que traía hasta entonces, pero la fuerza del mullido mueble que trababa su pie produjo una reacción hacia atrás que hizo que perdiese el equilibrio. Cayó sin remedio al piso, mas amortiguó su caída levemente usando la mano derecha como apoyo. Todo su peso se recargó allí, y sintió un agudo dolor punzante que se extendió desde las puntas de sus dedos hasta su muñeca. Su delicado rictus se transfiguró en una mueca de dolor, pero antes de que pudiese prestarle mucha atención a él; sintió como algo aún más pesado que todo su cuerpo impactaba contra el. Todo el maldito peso de su hermano le vino a caer encima como un yunque, y su mano quedó atrapada entre el suelo y su pecho. Unas lágrimas pequeñas lucharon por salir de sus ojos al tiempo que un quejido de dolor salía de sus labios suavemente entreabiertos.

Tom ni siquiera se percató de que su hermano había caído hasta que lo vio tirado en el suelo y como él se acercaba sin remedio para trastrabillar con las piernas extendidas de su hermano y estrolarse contra el duro suelo de madera. Sin embargo, no contó con que, al chocar su pie con la pierna de su gemelo, la dirección en la que se estaba viniendo abajo acercándose certeramente al piso, se modificó. Inclinándose hacia un lado, terminó derrumbándose sobre Bill.

Al escuchar el quejido de su gemelo, no hizo más que incorporarse sobre sus manos y ayudarlo a levantarse.

—Creo que ese delineador puede esperar —reconoció el mayor de los Kaulitz, a ver la mueca de dolor que se dibujaba poco a poco en el rostro de su hermano.

Bill asintió a la par que intentaba no mover demasiado su mano lastimada, que ahora estaba roja, los nudillos de un inusual color bordó y hasta unos dedos tenían unos pequeños raspones producto de las aparentemente bien lijadas tablas que formaban el piso.

Gustav y Georg se acercaron para asegurarse de que todo estuviese bien, incluso se ofrecieron a ir a buscar un poco de hielo; más con un chasquido de lengua, ambos gemelos declinaron la oferta. Bill aseguró en un murmullo que solamente necesitaba un poco de agua fría y que se le pasaría conforme el día avanzase.

—Fue solamente un golpe... —dijo asintiendo con la cabeza y mirando con gravedad al baterista y al bajista.

Tom lo ayudó a llegar al baño. Abrió el grifo de agua fría y tomando con la mayor delicadeza que pudo la mano de su hermano, la colocó debajo del chorro que manaba sin cesar. El golpeteo del agua contra la superficie del metal era como una música repiqueteante, y las gotitas pequeñas que salpicaban sutilmente su rostro le hicieron recordar a la broma que había empezado todo aquello. Siempre pasaba lo mismo, comenzaban peleándose por cualquier estúpida tontería y al final terminaban de mal humor y muy ofuscados –si no era de la misma manera que habían acabado hacía unos momentos-.

Las facciones del moreno se relajaron a la par que sentía como el agua calmaba de a poco sus lastimaduras. Tanto tiempo dejó la mano bajo el agua que la piel se le puso de gallina, y con un suspiro de alivio retiró la mano de aquel frío relajante; para alcanzar la toalla que estaba a un lado colgada. Envolvió su mano de uñas negras en la toalla y se la secó rápidamente, dejándola luego a un lado, ella un bollo de tela de algodón esponjada de color celeste sobre el lavatorio. Escuchó una maldición a sus espaldas, y rápidamente giró sobre sus talones. Sus ojos chocolates recayeron sobre la figura de Tom, que se estaba mordiendo el labio inferior con furia mientras observaba su dedo meñique.

—¿Qué te pasó, Tomi? —quiso saber Bill, acercándose con pasos rápidos instantáneamente, el metal de los collares que llevaba al cuello chocaron entre sí produciendo un tintineo metálico. Estiró la mano para tomar la de su hermano, pero el mayor se lo impidió, sacándola con rapidez de su alcance.

Chasqueó la lengua, y un resoplido de disconformidad escapó de sus labios en un silbido algo bajo, medio agudo.

—No sé, debo de haberme cortado con esa mierda de mármol. —respondió, observando aún el pequeño y casi imperceptible corte que tenía en aquel dedo de la mano derecha. Un delgado hilillo de sangre resbalaba por su piel clara hasta caer en pequeñas gotitas rojas en el piso de cerámicos color crema.

Bill frunció el ceño y se acercó hasta el lavabo. Agachándose, pudo comprobar que en efecto, una de las esquinas de la blanca superficie terminaba en un extraño polígono de bordes afilados. Incorporándose y meneando la cabeza se dijo que a su hermano no iba a pasarle nada por aquel pequeño corte. Abrió tenuemente el grifo, sin siquiera darle media vuelta a la canilla. Con un golpe metálico, el delgado hilo de agua cayó sobre el bruñido interior del lavabo, y se escurrió por la rejilla.

—Lávate así no se te infecta. Te veré abajo, David quiere hablarnos sobre la carátula del disco y no sé que de la sesión de fotos de pasado mañana.—señaló Bill, volviéndose cuando estaba en el vano de la puerta, apoyando su mano derecha sobre el marco de esta. Un anillo brilló en uno de sus dedos cuando la luz de veinticinco watts de la lamparilla lo iluminó.

Tom asintió con la cabeza y puso el dedo bajo el agua. Ardió un poco al principio, pero apenas unas milésimas de segundo, luego ya se sentía como siempre. Se secó con la toalla que estaba desordenadamente depositada sobre la mesada del baño. Cuando estaba por apretar el interruptor de la luz para de una buena vez salir del baño y bajar para reunirse con los demás, sintió como algo vibraba en el interior de su bolsillo.

Metió la mano en uno de esos bolsillos gigantes y logró sacar el celular al tercer toque. Observó fugazmente la pantalla antes de contestar. "Número desconocido". Apretó el botón verde de todas maneras, después de todo siempre podía ser Andreas que había olvidado avisarle que había cambiado su celular.

—Hola.—dijo simplemente con voz átona.

Lo único que escuchó del otro lado fue una leve estática. Silencio. No respuesta.

—¿Hola?—esta vez preguntó, indeciso y ya corriendo el dedo para colgar. ¿Y si era alguna fan desquiciada con un equipo de rastreo de esos que salían en la televisión y estaba monitoreando la llamada para luego ir a secuestrarlo? Oh, un momento, ya empezaba a sonar como un histérico perseguido.—No es nada, marica.—se dijo a sí mismo, auto-insultándose a propósito.

—Hola, ¿estoy hablando con Tom Kaulitz Trümper?—preguntó una voz femenina por el otro lado del auricular.

Bueno, al fin y al cabo no había tenido un juicio tan errado: al menos era una chica. Se mordió el labio inferior, a la par que una sonrisa libidinosa comenzaba a perfilarse en sus labios. Hacía ya bastante tiempo que no tenía nada de acción porque ese álbum le había ocupado todo el tiempo libre y vagamente recordaba cuál había sido la última vez que habían ido a una fiesta –es decir, toda la banda junta, no habían salido desde hacía semanas-. Por ende, si no había ido a una fiesta no había tenido oportunidad de ligar con una chica, con lo cual ninguna fémina suculenta había caído en sus garras por lo que la noche de diversión... solamente una sombra huidiza. Su lengua se deslizó por sus labios, jugueteó con el piercing, saboreando de antemano la posibilidad que se le estaba planteando. ¡Y pensar que se la habían servido en bandeja de plata! Ni siquiera había tenido que gastarse un segundo en ganarse a la chica. Benditos los celulares.

—Para ti solamente Tom, preciosa.—respondió zalamero. Hubiera jurado que pudo oír un bufido, pero quizás eran solamente imaginaciones suyas, algo producto de la estática. Sí, tenía que ser eso. De cualquier forma, no iba a renunciar tan fácilmente a su presa. Si había algo que lo caracterizaba era la paciencia, y la seducción era su otro fuerte así que si ella se ponía difícil lo único que debía hacer era chamuyársela un poco. Pan comido, como quitarle un dulce a un niño, pensó para sí. Y de todos modos, dudaba que la chica se rehusara, después de todo había llamado ella misma.

—Quizás no me recuerdes, soy Pauline... nos conocimos en Munich hace unos meses.—agregó la chica, medio titubeando, sacándolo del mundo de sus pensamientos.

Pauline, Pauline... el nombre no le sonaba. No era raro, luego de que tantas chicas hubieran pasado por su prontuario no era una cosa difícil de creer. Las había habido rubias, morochas, pelirrojas; de ojos claros, oscuros, de piel pálida, y así cruzando varias nacionalidades. Desde rusas hasta italianas y desde estadounidenses hasta alguna que otra mejicanita traviesa que se había cruzado en los Estados Unidos. De todos modos, la chica hablaba alemán y casi no tenía acento, de modo que era obvio que era alemana, y lo más probable también era que fuera oriunda de Munich. Detalles efímeros y sin importancia, que no hacían a lo que realmente podría llegar a ocuparle con ella esa noche.

—Honestamente, no te recuerdo... —sonrió maliciosamente—pero podemos encontrarnos esta noche, y tú sabes... me refrescas la memoria—el tono seductor tiñó sus palabras, habló moviendo suavemente los labios. La voz salió de lo profundo de la garganta, como un ronroneo.

—Escucha, te llamé para hablarte de algo importante... no para revolcarme contigo—escupió la chica, furibunda.

Los ojos de Tom se abrieron desmesuradamente ante la sorpresa. Se le iba a la mierda el plan, ahora tendría que inventar una estrategia o seguramente su nochecita iba a terminar pudriéndose en el quinto infierno. Sus dedos se crisparon alrededor del teléfono celular, y se aclaró la garganta antes de hablar pero antes de que pudiera siquiera pronunciar una palabra, la chica se le adelantó.

—Necesito hablar contigo en persona, no es algo —hizo una pausa—, algo de lo que pueda hablarte por teléfono.—se escuchó el sonido del tráfico de fondo, bocinas, pasos y algunos insultos. Llegó a sus oídos la conversación secundaria mantenida entre dos hombres que aparentemente se increpaban mutuamente quién era un inepto al volante—Podemos vernos en Coffe Bar.—sugirió la chica, el ruido del viento golpeó contra el auricular por un momento y Tom no pudo escuchar nada.

—Okey, de acuerdo... ¿dónde queda exactamente?—preguntó.

—En Ehrenbergstr número 11, a unas dos cuadras de donde está el estudio de la Universal.—informó Pauline, caminando, o al menos eso pudo deducir Tom a juzgar por el sonido de el viento que golpeaba el auricular y el sonido de unos tacones al impactar contra las baldosas de concreto de la calle—Te veré entonces en... ¿cuánto crees?

—Por ti, dulzura, iría ahora mismo—un gruñido del otro lado de la línea le hizo retractarse con una tos seca y nerviosa—Estaré en... unas dos horas, mas o menos ¿te va?

—Me va perfecto, además tengo que hacer unas cosas aquí...en fin, nos vemos entonces. Adiós.

Y colgó sin darle tiempo a nada.

¿Quién era esa chica, Pauline? ¿Por qué había insistido tanto en hablar con él personalmente? ¿Qué tema era tan importante como para que tuviese que citarlo a un café? Bueno, quizás podría terminar coqueteándola y haciéndola cambiar de parecer... y con esa idea reconfortante en la cabeza bajó a grandes zancadas las escaleras. (NdelaA:Tom es un ser simple, con placeres simples XP)

|//.x.x.\\|//.x.x.\\|//.x.x.\\|//.x.x.\\|

—Al fin, un minuto más de toda esta cháchara y me hubiera muerto—afirmó Gustav, una vez que David salió de la habitación y se alejó lo bastante como para que su sistema auditivo no pudiese oír aquel comentario.

Se dejó caer en el sofá y volvió a ponerse los auriculares en las orejas. Subió el volumen y tenuemente la melodía de Ride the lighting flotó en el aire.

—¿Otra vez así, Gustavin? Vas a acabar con un serio problema en los tímpanos—aseguró Bill, y sin que el baterista se diese cuenta, tomó disimuladamente el MP5 y subió el volumen al máximo. Gustav saltó en su asiento y se quitó los auriculares sin demora, para luego llevar sus manos a sus orejas y apretarlas con fuerza, como si así pudiera aliviar el dolor que sentían sus tímpanos.

La risa jovial y musical fue lo que lo delató.

—¿En qué andas hoy?—preguntó Gustav con una mueca de enfado transfigurando su cara, arrugando la piel de su frente y curvando sus labios—¿En plan joderle la vida a los demás?

—Hace mucho que no tiene uno de esos días así que yo creo que sí.—refutó Tom su teoría, colocando su pierna izquierda sobre la rodilla derecha y despatarrándose tanto como se lo permitió aquel sofá de dos cuerpos.

Bill le fulminó con la mirada y le lanzó un cojín. Tom recibió el mullido almohadón en plena cara. Pero luego de eso bostezó exageradamente sin siquiera molestarse en cubrirse la boca y alzó una ceja.

—Wow, Bill, me impresionas.—sarcasmo palpable en cada inflexión de su grave voz.

Bill bufó y se sentó junto a Gustav, que seguí frotándose los oídos y rumiando maldiciones. Jugueteó con los numerosos collares que traía al cuello, perfiló con el dedo la figura fría de la calavera que llevaba prendida a la gargantilla de cuero.

—Mañana tendremos sesión de fotos—dijo de la nada, mirando el vacío—Esto apesta, levantarnos a las seis de la mañana para una puta sesión de fotos... ¿quieren decirme quien fue el idiota que organizó eso?—preguntó Bill, ofuscado y cruzándose de brazos. Sus labios se contrajeron.

—David Jost, Bill... y no creo que me haya convertido en idiota por eso, hace apenas hora y media que dijiste que era el mejor manager sobre la faz de la Tierra.—dijo una voz tras él. El chico se giró tan rápido que se hizo daño en el cuello –sus vértebras sonaron con un débil y tenue crac-. Frotándoselo, solo atinó a mirar a David lastimosamente a modo de disculpa, quien estaba sosteniendo una carpeta papel madera con varios papeles dentro, al parecer puro itinerario, y quizás el nuevo contrato con la Universal.

—Tienes que comprenderlo, Dave... el pobrecito sigue virgen y todos sabemos lo mal que sienta eso—arguyó Tom, guiñándole un ojo al hombre y sonriendo al punto, picando a su hermano con el comentario.

A su lado, Georg minimizó una débil tos tapándose la boca con una mano, que más bien parecía estar ocultando una risita. Bill contrajo su cuerpo en el mullido asiento del sofá y le dirigió a su hermano una mirada cargada de aversión. Sus ojos destellaban de la furia y sus nudillos estaban blancos de tan apretados que tenía los puños.

Te o-dio—siseó por sílabas el menor de los Kaulitz, inclinándose brevemente hacia adelante.

Tom no hizo más que torcer sus labios en una sonrisa, para que instantes después de ellos brotara una carcajada. Dejó caer su mano derecha con pesadez sobre una de sus piernas, mientras seguía riendo. Ese comentario ya lo había oído incontables veces, por lo que ya no se lo tomaba tan en serio.

—Si realmente lo sintiera cada vez que lo dice—intervino Georg, observando divertido al menor de los gemelos que aún tenía los labios fruncidos en señal de disgusto—Tokio Hotel sería un mito.

Se escuchó un ruido sordo, como si un libro sumamente pesado hubiese dado de lleno contra el duro suelo de cerámicos. Todos giraron la cabeza para ver como David se agachaba a recoger la carpeta que hasta hacía unas milésimas de segundo había reposado tranquilamente sobre sus manos abiertas bajo la atenta mirada de sus ojos. El hombre se aclaró la garganta y se disculpó con un movimiento de cabeza.

—Con eso no se bromea, Georg. —señaló severamente una vez que se hubo incorporado, sus ojos recayeron y miraron con tenacidad la figura del bajista. Había un tono tajante en su voz.

El chico castaño bajó la mirada, a la vez que un imperceptible bufido escapaba de sus labios. Solamente había sido una estúpida broma. Su manager se tomaba las cosas demasiado a pecho.

—Claro David, sino tú te quedarías en la calle ...—indicó Tom, con una sonrisa socarrona y eso le valió una mirada desaprobadora por parte del hombre. Bill no pudo evitar reír ante el comentario, su cuerpo tembló ligeramente a causa de ello y el sonido musical de su risa llenó el ambiente; y contagiosa, hizo reír a los demás –incluso a Gustav, que seguía enfadado con él-.

La pequeña broma que le había jugado a su hermano al menos le había servido para divertirse un rato. Ahora, Tom estaba seguro de que el ligero enfado que su hermano tenía con él ya se había esfumado por completo. De cualquier forma, Tom nunca iba a dejar de molestarlo con ese tema... era simplemente TAN tentador observarle cuando se ofuscaba y todo su rostro –hasta el brillo de sus ojos color chocolate- se oscurecía cuando el enfado comenzaba a aflorar en su interior. Y luego esos labios que eran el sueño secreto de millones de chicas alrededor del mundo pronunciaban las palabras más groseras que se le ocurrían –pensándolo con más detenimiento, quizás lo de sueño secreto no lo era tanto... desde que existía el internet-. Aún así, era divertido verlo cabreado, y mucho más divertido resultaba hacer ese comentario picante en las entrevistas, donde su hermano se comía todas esas palabras y solamente sonreía, nervioso, a la par que su tez cambiaba de un color pálido a un color carmesí.

Y ahora que lo recordaba, Bill aún se las debía. Ese delineador aún no había pagado las cuentas pendientes que tenía con él. Una idea perversamente vengativa cruzó su mente y fue entonces que las comisuras de sus labios se torcieron con malicia. Pero antes de eso, tenía una cita pendiente con una chica llamada Pauline en la confitería más cercana. Sintiendo una oleada de ansiedad ante las posibilidades que ella conllevaba, se incorporó pretendiendo resultar sumamente natural para no levantar sospechas. Desperezándose y bostezando exageradamente, le echó una mirada a los demás, que estaban en la suya y que probablemente no se darían cuenta de su partida. Mejor así, no habría fisgones entrometidos. Sus dedos estaban rozando el plástico del llavero del Cadillac cuando una voz a sus espaldas le llamó.

—Tomi, ¿a dónde vas?—quiso saber Bill, su cabeza estaba inclinada hacia un lado, mientras escrutaba la expresión en el rostro de su hermano mayor. Frunció la nariz, como si estuviera sospechando que algo se traía.

—A dar... un paseo —mintió Tom, restregándose las manos por detrás de la espalda con nerviosismo.

Bill le sonrió y pareció contentarse con la respuesta, pero algo en la mirada de Georg hizo que el mayor se parase en seco; quizás fuese ese brillo de complicidad en sus ojos que no parecía augurar nada bueno.

—Tom, eres un gamberro —Bill le miró con los ojos grandes como platos y se llevó una mano al pecho como si se le hubiera solidificado el aire dentro de los pulmones, Gustav incluso lo miró como si se le hubiese zafado un tornillo— ¡otra vez andando con chicas! Mira si serás —rodó los ojos—... encima se lo ocultas a tu hermanito, al pobre que tan bien le vendría...

Bill gruñó y le ladró algo que sonó a "Métete tu maldito bajo por donde te quepa", pero el bajista no le hizo caso y siguió hablándole a Tom.

—En fin, diviértete e invítame para la próxima —dijo, guiñándole un ojo.

—¿Qué te hace pensar que me voy a ver con una chica? —inquirió Tom, frunciendo el ceño.

Georg rodó los ojos y bufó con fastidio.

—A ver, seamos realistas ¿qué otra cosa podrías hacer? Gorras compraste la semana pasada, Gustav no necesita banditas y a Bill aún le quedan media tienda de laca por usar, y yo personalmente no te he pedido nada en los últimos días así que...—a la par que decía aquello bajaba con el dedo anular de la mano izquierda los dedos de la mano derecha— eso nos deja con una sola posibilidad: follar.

—Me halaga el encantador concepto que tienes de mí, Georg —le espetó Tom, apretando la mandíbula, y una vez dicho eso, cerró la puerta de un golpe y sus pasos pesados se perdieron con el correr de los segundos por el corredor.

Bill le miró con reprobación y el chico solamente enarcó una ceja, como preguntando ¿Y ahora qué hice?. El menor de los gemelos soltó el aire que tenía dentro de los pulmones en un bufido de resignación.

—Eres imposible, Georg. —sus ojos se desviaron hacia la puerta mientras se preguntaba interiormente si lo que había dicho su hermano era verdad o simplemente era una treta para ocultar otro revolcón. Aún así, no había nada que él pudiera hacer al respecto.

|//.x.x.\\|//.x.x.\\|//.x.x.\\|//.x.x.\\|

El viento alborotó sus cabellos castaños con facilidad, jugueteando, flotaban en el aire, como el delicado y vaporoso vestido de un hada sublime. Su delgada mano se refugió dentro del cálido interior del bolsillo de su abrigo negro, pues a pesar de que ya era primavera, no estaba muy templado que digamos. Levantó la vista y sus ojos ámbar se encontraron con la alta construcción de dos pisos que coronaba gran parte de la cuadra. Coffe Bar ocupaba casi toda la planta baja. Pudo ver a través del cristal las figuras de varias personas que estaban almorzando, incluso llegó a atisbar a pesar de los reflejos del Sol sobre el vidrio, la figura de una parejita de adolescentes que estaban tomados de la mano en una actitud muy romántica y charlaban animadamente, las sonrisas impresas en sus rostros. Ver eso le revolvió el estómago, pensando en lo que la había llevado hasta allí.

Meneó la cabeza, queriendo espantar todos aquellos pensamientos dolorosos de su cabeza y entró en el local. Sabía que él era famoso, que nunca estaba libre del acoso de los paparazzis y los fans, así que optó por escoger una de las mesas que quedaban en la parte más alejada de la calle. Por fortuna, un mozo se le acercó y ella le preguntó si no tenían algo así como sala V.I.P para que él pudiese estar más cómodo. El joven de mirada azulina y cabello de color ébano le miró impresionado, y le preguntó amablemente –aunque con un dejo de exigencia- quién era esa persona. Pauline se mordió la lengua e hizo un esfuerzo para que esas dos simples palabras no brotaran de sus labios con furia y asco: Tom Kaulitz.

El joven abrió los ojos como platos y mirándola de arriba abajo le dijo que por supuesto, que podía pasar al salón V.I.P, y con una floritura de la mano le señaló una puerta de madera bastante grande, con un ojo de buey en la parte superior a través del que se podía ver una luz azul distorsionada por el vidrio cocodrilo. Le dio las gracias con un leve movimiento de cabeza y pasándole veinte euros le indicó que le hiciera saber a Tom dónde estaba. El muchacho sonrió y accedió.

Pauline entró y cerró la puerta tras ella. El ambiente estaba tenuemente iluminado por esa luz azul pero debajo de las mesas había luces incandescentes normales y eso le daba a la habitación una especie de lujo... se preguntó por qué mierda siempre tenían que hacer eso. Caminó hasta una mesa que quedaba contra la pared. Varias personas se dieron vuelta al verla, y ella identificó a varios hombres de negocios importantes, a juzgar por el atuendo de estricto traje Dior y corbatas London Tie que llevaban anudadas al cuello.

Giró la cabeza al percatarse de esas miradas clavadas en ella. A los pocos segundos se le acercó una mujer vestida con una camisita de muselina blanca y una falda azul con un pequeño corte en uno de los laterales, que enmarcaba la figura de sus regordetas piernas; unas sandalias negras de tacón completaban su vestimenta. Sus pestañas estaban curvadas con una generosa cantidad de rimel y la mirada de sus ojos enmarcada sutilmente por finas líneas de delineador negro alrededor de sus párpados, sus labios de un color rojo intenso, como los que se usaban en los cincuenta.

—¿Qué va a tomar, señorita? —quiso saber la joven, mientras sacaba una libretita de el bolsillo de la camisa y destapaba una lapicera.

—La verdad, no quisiera molestarla justamente ahora, y que traiga los pedidos cuando mi cita aún no ha llegado... ¿podría venir luego a tomarlos? —preguntó con una sonrisa franca y amable.

—Claro, claro, no hay problema... usted solamente hágame una seña que yo estaré por aquí atendiendo a los otros clientes —antes de irse le echó una mirada evaluativa—Vaya que él debe de considerarse afortunado, jovencita. —le sonrió.

Pauline sintió que algo le quemaba las entrañas.

—No... no, es solamente que debo aclarar unos puntos con él, no somos nada, no hay nada entre nosotros —puntualizó ella, con un dejo grave en la voz.

—Oh, lo siento, no era mi intención... en fin, buenos días. Ya sabe, llámeme cuando necesite algo —y con una mirada compungida la mesera se marchó, dejándola sola.

No hay nada entre nosotros. Esa frase resonó en su cabeza. Por supuesto que no había nada entre ellos, nunca lo había habido. Y pensó con tristeza e impotencia, que ella solamente había sido para él una diversión de una noche, un juguete nuevo que una vez usado ya perdía todo valor.... para Tom Kaulitz Trümper ella no había sido más que un polvo bastante interesante luego de aquel festival en Munich. Era un maldito al que solamente le importaba el sexo y follar de vez en cuando. Las chicas no eran para él sino más que meros objetos de los que podía prescindir cuando se le viniese en gana.

Estrujó la servilleta de papel que había sobre la mesa a la par que sentía los ojos arder. La había dejado completamente sola luego de aquella noche, apenas un papel sobre la mesa de la habitación. Una ridícula nota escrita sobre una hoja rayada arrancada de alguna de esas libretas de bolsillo. Gracias por la noche, la pasé estupendo, preciosa. Y nada más que eso, nunca llamó a pesar de que ella le había dado su número de teléfono, y cuando ella quiso contactarse con él en ese fatídico día el operador solamente le aseguraba que ese número no existía. Ese número nunca había existido, según lo que le informó un empleado de la compañía telefónica días más tarde. La había engañado, ultrajado solamente había sido una diversión.

Y justamente todos sus problemas eran producto de la culpa de él... todos y cada uno de los putos problemas que tenía eran por ese maldito.

Su madre había resultado ser una tremenda basura. Nunca se le cruzó por la cabeza que ella... justamente ella... en lugar de apoyarla..., un sollozo estrangulado hizo arder su garganta. Tragó saliva intentando tranquilizarse. Ahora solamente debía hacérselo saber, tenía que decirle que decisión había tomado. Aunque fuera un puto imbécil tenía derecho a saberlo, aunque nada de lo que podría decir la haría cambiar de opinión.

Escuchó cómo la puerta se habría. Pasos se acercaban hacia le mesa donde ella estaba. Las manos comenzaron a sudarle y una sensación de náusea le golpeó la base del estómago. Era él, estaba segura que era él, no habría olvidado su forma de caminar nunca en su vida. Y tampoco... tampoco olvidaría jamás su aroma, algo fuerte pero dulzón a la vez, la suavidad de su... ¡UN MOMENTO! ¿QUÉ MIERDA TENÍA EN LA CABEZA? Apretando un puño su furia y odio renació otra vez dentro de su pecho y levantó entonces sus ojos que parecían hechos de miel. Su mirada se cruzó entonces con un profundo color chocolate. Él le sonrió, una sonrisa de lado, de esas que le sacaban el aire a millones de chicas alrededor del mundo, pero ella no se inmutó; le indicó solamente con un movimiento de la mano que se sentase.

Tom frunció el ceño. Había esperado una muestra de reconocimiento, pero lo único que encontró en sus ojos fue fría indiferencia. Tomó asiento frente a ella y se quitó las gafas oscuras y la capucha de la cazadora enorme que llevaba puesta.

—Así que, Pauline...—dijo él, con voz amable que escondía una inflexión seductora.

—Sí, a la que te importó mierda dejar tirada luego de haber quedado satisfecho —le espetó ella, con una mueca de odio transfigurando su rostro. Los ojos de Tom se abrieron como platos, nunca se había encontrado con una actitud de despecho tan profunda—. Aunque si viniste quiere decir que tienes pelotas... así que vamos al grano.

—Estoy seguro de que lo recuerdas perfectamente, preciosa.—intervino Tom, haciendo referencia a la anteúltima frase que ella había pronunciado.

Lejos de sonrojarse al percatarse a qué estaba haciendo alusión el muchacho exactamente, Pauline le lanzó una mirada de hastío.

—Primer punto, tus truquitos de ligue no funcionan conmigo, así que ahórrate todos tus calificativos porque si quieres un revolcón de reconciliación o lo que mierda sea que te esté pasando por la cabeza —estaba tan furiosa que podría haberlo abofeteado— estás perdiendo tu tiempo. Además, en Hamburg está la mejor selección de putas así que podrías irte allí y dejarme en paz si lo único que quieres es metérsela a...

Hey! Beruhigen Sie sich! —exclamó Tom antes de que ella completara la frase. Pauline soltó un bufido a medida que se calmaba y la furia decrecía en su interior—. Me quedó claro, no necesitaba el ejemplo, gracias. —sus labios se fruncieron tenuemente y sus ojos se ensombrecieron.

La chica no pudo replicar porque llegó la mesera a tomar los pedidos. Mientras Tom ordenaba un desayuno alemán completo, ella ordenó apenas un café doble con unas galletas. No se sentía particularmente bien ese día. Las náuseas iban y volvían cada pocos minutos, y si comía demasiado indefectiblemente iba a devolverlo horas después.

Tom masticó todas las palabras que se moría por decir. Aparentemente no iba a poder hacer nada con ella esa noche, a juzgar por el cariz espeso que tenían las cosas y la química entre ellos. Parecían dos polos magnéticos iguales, que se repelían intensamente. No necesitaba una exhaustiva investigación para darse cuenta de lo que pasaba, la chica estaba más que furiosa con él, parecía aborrecerlo desde el fuero más interno de su ser. No entendía por qué... ¿Acaso la había pasado TAN mal? Mierda, claro, estaba molesta porque la había dejado. Pero ¿qué esperaba? Así era él, aficionado a los touch-and-go, debería haber sabido que eso sucedería. Aún así, debía de haber algo más. Dudaba que solamente lo hubiera citado allí para increparle todo aquello.

La observó de refilón. Estaba revolviendo muy concentrada aquel café doble. La cucharita chocaba contra la cerámica de la taza, produciendo un tenue chasquido metálico. Sus ojos recorrieron la parte de su cuerpo que podía ver. Tenía tez clara, ojos color miel, cabello castaño claro –no era rubio, era simplemente un intermedio bastante peculiar y, tenía que admitirlo, bonito-. En lo que a formas se refería no eran exageradas y tenía lo justo –a pesar de que a él le hubiese gustado un poquito más-... tenía que admitir que la chica no estaba para NADA mal. Y al imaginarse ese delicado y fresco cuerpo junto al suyo no pudo evitar desearla, las hormonas ya estaban causando estragos en su interior, pidiendo a gritos eso y lo único que realmente se le cruzaba por la cabeza en ese momento era acostarse con ella, sacando así todo ese deseo que le carcomía las entrañas. Pero era imposible, dado que ella ya lo había dejado claro... aunque siempre podía intentar una última estrategia.

Con una sonrisa traviesa perfilándose en sus labios, bajó su mano derecha y le dejó debajo de la mesa. Con cuidado y lentamente, no haciendo ningún movimiento brusco para no alertarla, fue acerándose cada vez más hacia ella. Seguía revolviendo el café, era ahora o nunca. Apoyó su mano en la tela de jean de la pierna de la chica, sintiendo a través de las terminaciones nerviosas en la yema de sus dedos el calor delicioso que emanaba de ella. Deslizó la mano sobre la pierna de ella con movimientos circulares hacia arriba, sugerente y seductores, acercándose cada vez más a su abdomen. Otra idea cruzó como un relámpago su mente, e instantáneamente cambio la dirección del movimiento. Torció su mano hacia la cara interior del muslo de Pauline.

Al principio no se había dado cuenta, tan compenetrada como estaba vaciando todas sus penas en esa tacita insignificante, como si el líquido que revivía muertos tuviera el poder para lavar todas las heridas en su interior. Pero luego si lo sintió, su mano hábil y cálida deslizándose por su pierna. Se quedó paralizada, helada, sin siquiera poder moverse. La había pillado desprevenida y su cerebro había quedado totalmente en blanco, de lo único que era conciente era de la caricia de aquella mano sobre la tela de su jean, se estremeció y sintió la garganta seca.

Pero todo lo bueno tiene un fin. Cuando percibió como aquellos dedos entrometidos tocaban justo allí, los recuerdos se agolparon en su memoria y con rapidez tomó la mano de Tom. Estampándola contra la mesa, y estrujándola luego, como si quisiera triturarle los huesos.

—¿Qué pretendes? ¿Violarme? —sus ojos destallaban con furia—. Te recuerdo que a un policía le importará una mierda quien seas y si yo halago abuso van a encarcelarte... ¿Te quedó claro, Kaulitz?

Sin sentir la mano pero sí como unas pequeñas lágrimas comenzaban a formarse en sus ojos, Tom asintió gimiendo de dolor y con una mirada dolida. Pauline lo soltó con dureza y tomó un sorbo de su café, mientras Tom se concentraba en los embutidos de su plato. Hubo un largo e incómodo silencio mientras comían, lo único que se escuchaba era el tintineo de los cubiertos al ser dejado sobre el plato y en un momento una tos violenta proveniente de Tom que se había atragantado con una salchicha.

Dejó los cubiertos sobre el plato por última vez, habiendo terminado. La miró intensamente, sin despegar sus ojos de los suyos.

—¿Qué era eso tan importante que tenías para decirme?

Sintió un nudo en la garganta, como los nervios le revolvían el estómago y ascendían por su esófago. Ya no había vuelta atrás, lo vio en sus ojos, no iba a irse sin esa respuesta. Tomó aire y habló decidida, sin titubear para que él no pudiera interrumpirla.

Estoy embarazada, es tuyo. Y no quiero tener al bebé.

La mandíbula de Tom cayó desencajada, al tiempo que sentía como el mundo se le venía encima.

Notas de la autora: Puedo estar tan en p-do? Obviamente SI! XD Bueno, verán, esta cosa vino a mi cabecita luego de haber estado pensando –si es que yo pienso XP- qué pasaría si por alguna de esas casualidades de la vida alguna piba que hubiese cof, cof con Tom quedase embarazada... ¿le diría? ¿Lo mandaría a la m-erda? Entonces como siempre que me queda una duda, la convierto en un fanfic :D. Esto solo un blah, blah, de la historia detrás de la historia –okey, ni yo me entendí XD-. En fin, aquí la pregunta:

LES GUSTÓ? PIENSAN QUE DEBERÍA TIRARME DE UN EDIFICIO COMO CASTIGO POR HABER ESCRITO ESTA COSA? Me quieren tirar con verduras podridas, amenazarme de muerte, etc, etc... then write a review! n.n

Kind Regards,

.Onryo.

P.D: No sé alemán, una amiga me ayudó con el título y las frases las saqué de una página muy copada: http: (doble slash) dix (punto) osola (punto) com –espero que les sirva en el caso de que tengan mi psicosis de poner los títulos y cosillas en alemán o en cualquier otro idioma-... en el caso de que les interese el inglés aquí la página del OALD http: (doble slash) www (punto) oup (punto) com (slash) elt (slash) catalogue (slash) teachersites (slash) oald7 (slash) lookup?cc = global.

Hasta el próximo chap! ;)