Casi todos los personajes de esta historia no me pertenecen, sino que son de la escritora Stephanie Meyer de la Saga Twilight.

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AGUA EN GOTAS.

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El miedo a sufrir es peor que el propio sufrimiento.

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El problema evidentemente se radicaba en mi cabeza, en mi mundo personal. Había pasado de ser la inocente y virgen hija del presidente, a una rebelde que traicionaba a su familia. Pero eso no era lo que más me inquietaba, lo que realmente me hacía preguntarme era si estaba estable mentalmente, porque al parecer y desde mi juicio y– seguro el de los demás – no lo estaba. Es decir, estaba enamorada de mi secuestrador.

Síndrome de Estocolmo al cien por ciento. Sentir sentimientos por quien te negó la libertad, saco a la fuerza de tu confort y te mantuvo cautiva no esta nada bien, no importa la razón. Sin embargo, era algo inevitable el que yo generara sentimientos por Edward, creo que estaba en desventaja desde el primer momento en que lo vi ¿Qué mujer podía resistirse a él? Nadie realmente.

Por otro lado, estaba el otro hecho que era que por alguna razón fuera de la normalidad, había decidido creer en la historia de ellos y ahora formaba parte de un plan para destruir al gobierno nacional – alias mi padre.

Por lo que la lista se encontraba de esta forma:

Estaba enamorada de mi secuestrador. Fuerte.

Era la estratega para entrar en la Casa Blanca. Doblemente fuerte.

Estaba conspirando contra mi propia familia. Triplemente fuerte.

Estaba arriesgando mi vida por una persona que no sabia si correspondía a mis sentimientos. Muy fuerte.

Asique visto desde afuera, e incluso desde dentro de mi mente, estaba dando todo sin saber donde me metía y apunto de perder todo lo que conocía en mi vida. Estaba, sin lugar a dudas, muy jodida. Y, contra todo pronostico, en vez de estar alucinando por todo esto me encontraba tranquila entre los brazos de Edward mientras él aún dormía.

No sabía que pasaría a partir de aquí con nada referente a mi vida. No sabía que sería cuando el sol nos iluminará y toda la batalla comenzará, lo único que podía hacer era disfrutar de mi momento entre sus brazos y fingir que así sería siempre. De alguna forma, el calor que emanaba su cuerpo junto al mío desnudo me hacía sentir que éramos uno sólo y que podíamos contra todo a pesar de lo absurdo que eso sonaba. No quería que despertara, no quería enfrentar el hecho de que se arrepintiera o que solo fuese una mujer más en su cama. No quería prepararme para entrar en la Casa Blanca, no quería ver que pasaría después de allí.

El plan era sencillo, era épocas de bailes protocolares. Hoy especialmente había uno de disfraces del Renacimiento, los haría entrar y a partir de allí me abriría. Ni Edward ni Emmett, incluso Rosalie, estaban dispuestos a que yo viera o formara parte de su venganza, y siendo sincera tampoco me apetecía ni me correspondía hacer justicia por ellos en manos propias. Quería que todo fuera justo, que el gobierno pagara por sus delitos y abusos, por eso los estaba ayudando a entrar pero no sabía que más hacer y podía empeorar las cosas, asique estaba de acuerdo en mantenerme al margen.

Sentí como Edward se removía bajomi cuerpo y abrazaba con un poco más de fuerza pegándome, si era posible, un poco más a su cuerpo. Escuche como soltaba un suspiro y besaba mi cabello. No sabía qué hacer, si corresponderle o fingir que seguía durmiendo para poder aprovechar del momento.

–Sé que estas despierta, Bella. – susurro y podría jurar que podía leer mi mente. – Hace rato que lo estas.

Asentí en silencio con la cabeza sabiendo que él comprendería el gesto. No quería hablar, no quería arruinar el momento, asique decidí que todo lo que podía hacer era seguir bajo sus brazos esperando a que él dijera algo y mi corazón se rompiera.

Pasamos mucho tiempo de esa forma, lo sabía porque se podían ver los primeros rayos del sol filtrarse por la ventana abierta del baño. Edward estaba acariciando mi cabello y su otra mano dibujaba figuras en mi espalda sin sentido. Por mi parte estaba quieta memorizando su aroma, intentando que no se impregnara en mí como para que se me hiciera indispensable. Tenía miedo de lo que sucedería en la noche, de lo que pasaría en las siguientes horas que eran definitivas. Pero tenía más miedo al rechazo de Edward, tenía miedo de que me rompiera el corazón.

En algún momento sentí como él se ponía duro bajo mi pierna y quise reír pero no me atreví siquiera a ello.

–Parece que mi cuerpo está contento de sentirte tan cerca de mi – susurro con voz ronca y un deje de gracia cerca de mi oreja. – Y a mí también, me hubiese dolido despertar sólo en esta cama. Tenía miedo de haber arruinado las cosas entre nosotros.

No me dio tiempo a procesar sus miedos, porque con un rápido movimiento logro dejarme bajo su cuerpo. Lo miré sorprendida y solté un jadeo cuando se acomodo entre mis piernas. Nuestros cuerpos estaban desnudos, y su roce no hizo más que excitarme.

–Parece que tu también estas contenta. – se jactó cuando mientras me besaba el cuello. Luego levanto la vista a mis ojos y se puso serio. – ¿Te encuentras bien? – Asentí con la cabeza aún sin ser capaz de encontrar mi voz.– ¿Te duele algo? ¿Te arrepientes de esto? ¿Quieres que me aleje? Es extraño que yo esté hablando tanto y tú no…

Ante mi silencio quiso despegarse de mí, y mágicamente mi cuerpo supo reaccionar a tiempo envolviéndolo con mis piernas por su cadera y mis brazos por su cuello acercándolo a mis labios. Estaba siendo tonta al no hablar, pero quizá un gesto respondía a sus preguntas y comprendía lo que sentía.

Desde entonces, que apoye mis labios sobre los suyos, todo fue jadeos, caricias, pasión, lengua y… amor; al menos de mi parte.

Cuando terminamos, aún segel aliento. , asique Edward se encargo de besarme mientras recuperabamos ricias, pasite hablando tanto y tu no...e impreganaranouel aliento. , asique Edward se encargo de besarme mientras recuperabamos ricias, pasite hablando tanto y tu no...e impreganaranoía sin hablar, asique Edward se encargo de besarme mientras recuperábamos el aliento.

–No sé porque estas así, tan silenciosa. Pero creo haberte demostrado que no me iré y que no fuiste sólo una noche, porque estoy seguro que esa cabecita tuya lo ha pensado. – beso mis labios una vez más rápidamente y se levanto desapareciendo en el baño.

¿Era posible ser tan trasparente? ¿Era posible que en tan poco tiempo el me conociera de esa forma? No sabía que pensar ni cómo actuar, estaba en shock. Ojala tuviera el poder de congelar el tiempo y quedarme con esta alegría para siempre. Alegría que es opacada por mis miedos, todo muy normal.

Aproveche que Edward estuviera en el baño para cubrir mi cuerpo. Podía haber dormido desnuda pero tapada, que me viera completamente desnuda ahora era otra cosa.

Faltaban unas cuantas horas todavía para que Rose y Emmett se despertarán y partiéramos. Por lo que cuando Edward salió del baño, corrí a darme una ducha, antes de cerrar la puerta puedo jurar haberlo oído reír.

Algo que siempre había disfrutado era de la sensación del agua relajando mis músculos, como si de alguna forma el agua fuera capaz de llevarse todos mis pesos y preocupaciones. Por unos minutos, era la Bella de la infancia en donde lo único que me importaba era ser feliz y dormir en paz.

Pero la ducha no era eterna y tenía que enfrentar el hecho de que había dejado mi cambio de ropa en la habitación donde Edward estaba acostado. Seque mi cuerpo con excesa lentitud y cuando ya no tenía más que hacer, entorne la puerta y saque la cabeza por ella. Edward era la viva imagen de un hombre sexy y caliente. Estaba acostado boca arriba, con el torso desnudo, tapado de la cintura para abajo y con brazo sobre sus ojos. Carraspeé para llamar su atención y él me miró enarcando una ceja.

–Olvide traer mi ropa conmigo. – murmure sintiendo mis mejillas calentarse.

Sin decir nada Edward sonrió, se levanto de la cama y se vistió rápidamente.

–Iré a desayunar, te espero en el comedor. – y sin más se fue.

Solté el aire de golpe y me sentí libre para vestirme. Al bajar Edward estaba en la mesa hablando con su hermana y Emmett, éste último me sonrió al verme y me apremió para acercame a ellos.

–¡Mi bella durmiente! – Gritó y era una suerte, que además de los camareros, fuéramos los únicos desayunando. – Hoy te mereces el puesto de honor sentándote a mi lado, Bella.

Reí y me senté junto a él, vi como Rose me fulminaba con la mirada pero baje la mía y me concentre en mi taza que era llenada con café negro por un camarero. Sentía la intensa mirada de Edward a mi otro lado.

–Hemos hablado de cómo nos manejaremos hoy. – comenzó a hablar y le di toda mi atención. – Antes de partir Rose pasará por los trajes y el tinte para el cabello tuyo. Llegaremos a la capital aproximadamente a las nueve de la noche, por lo que deberemos cambiarnos en el auto. – Asentí con la cabeza absorbiendo la información. – Allí confiamos en ti y te seguiremos. Una vez dentro, Rose y Emmett irán al salón y yo te acompañare a ponerte a salvo…

–No es necesario ponerme a salvo de nada. Estoy de acuerdo en no participar, pero puedo acompañarlos no tengo porque huir, no estoy haciendo más que seguir mis ideales.

–Niña esto no es un juego de Barbies, aquí se juegan vida…

– Soy consciente de ello. – dije mordaz y se sorprendió de que le respondiera. Hoy estaba descubriendo a una Bella muy fuera de mí. – Una de las vidas que se juega es la de mi padre. Así que en realidad, creo que sé muy bien que esto no es ningún juego de niños, Rosalie.

–¿Entonces los defiendes? – Miro a Edward y Emmett con ceño fruncido y levanto los brazos – ¡Les dije que no era de fiar!

–¿Pero qué carajos, Rose? – Dijo Edward con enfado – ¿La estas escuchando? ¡Nos está ayudando aún cuando expones la vida de su padre! ¿No crees que es demasiada lealtad es?

Las palabras de Edward me tomaron por sorpresa, al parecer él también estaba cambiando hoy, porque cualquier otro momento no lo hubiese defenderme así e incluso creí que no terminaba de confiar en mi.

–¿Es que te engatuso, hermanito? ¿Tan buena es en la cama que te limpio el cerebro? – Mis ojos saltaron de mi cara e incluso Emmett soltó un jadeo de sorpresa.

No iba a permitir más, estaba dejando de lado a mi familia por ellos y resulta que era tratada como una puta. No espere a que nadie respondiera, tampoco lo hice yo. Corrí la silla con fuerza haciendo chirriar sus matas con el suelo, y me levante con toda la dignidad que pude para salir de allí.

No corrí, pero no camine despacio. No espere el ascensor, pisotee las escaleras hasta llegar al piso de nuestra habitación, en otro momento me encontraría hiperventilando ante tanto ejercicio pero estaba tan enojada y tenía tanta energía mala que descargar que las escaleras no parecían haber sido suficientes.

Estaba siendo un día confuso y lleno de sentimientos encontrados. Un día caótico y sabía que se pondría peor. Es decir ni siquiera el sol estaba en su punto culmine. Furiosa con Rose y con que supiera de lo que había pasado con Edward, comencé a guardar las pocas pertenencias que tenía – la ropa con la que había llegado y los artículos de aseo que Edward me había comprado - dentro de una bolsa de tela que parecía ser del Shop del hotel.

Unos golpes en la puerta me dispersaron de mi quehacer, pero decidí que lo ignoraría dado que no podía ser ninguna persona que quisiera ver en este momento, asique seguí con mi ardua tarea de arrojar todo a mi paso para quitar la ira. Es decir, no es como si pudiera gritar en un hotel de lujo sin llamar la atención, asique guardar las cosas con brusquedad parecía la mejor opción.

–Bueno, quise ser educado pero no me va eso de que me dejen esperando en la puerta. – Aunque mi cuerpo se tenso con las palabras de Edward seguí boxeando la ropa dentro de la bolsa fingiendo no oírlo. – Bella, para.

No lo hice, estaba furiosa, estaba asustada, estaba triste, estaba irritada. Sin duda estaba muchas cosas y mis ojos estaban a punto de dejar de contener las lágrimas acumuladas. Las manos frías de Edward me sostuvieron con decisión por los hombros y en un movimiento rápido me giro y me atrajo a su pecho. No me abrazaba pero estaba muy cerca de su cuerpo. Su respiración tan cerca de mi oído generaba cosas locas en mi corazón.

–Basta, Bella – susurro y solté un jadeo involuntario que no sabía si era por retener tanto el aire o por su sensual voz. – No voy a obligarte a nada, si quieres irte y no formar parte de todo esto sabes que puedes hacerlo. Incluso puedo llevarte…

–Te atraparían.

–No me importaría, si es lo que quieres.

Medite sus palabras. Todo era tan confuso. Ayer éramos otras personas, fue como si acostarnos cambiará nuestra relación logrando que fuera aún más intensa. Es decir, a penas nos habíamos besado antes y ahora éramos todo sentimientos. La confusión me estaba desbordando y mis ojos no pudieron contener más las lágrimas.

–Sabes que no – susurre para no comenzar a hipar – No voy a traicionarlos.

–Sé que no lo harás, Bella. De ser así no estaríamos a donde estamos ahora.

–¿Y dónde estamos ahora? – Las palabras escaparon sin saber cómo, asique intente distraerlo continuando hablando. – Odio que después de todo, Rosalie siga tratándome de esta forma. Sí hubiese querido engañarlos o escapar tuve varias oportunidades en público para delatarlos y no lo he hecho…

–Lo sé.

–… incluso aguante una estúpida y calurosa peluca por ustedes. ¡Pensé un plan para ayudarlos! Les di las coordenadas de las salas principales de la Casa Blanca, hice…

–Bella, lo sé. – Callo mi descargo. Sorbí mi nariz indignada, las lágrimas aún caían por mi rostro y mis brazos se mantenían caídos a mis costados con los puños apretados –Emmett y yo confiamos en ti, solo que Rosalie ha pasado por mucho…

–Tú también.

–Sí, yo también pero tenemos diferentes formas de enfrentarlo. Rose está asustada hoy y nunca fue muy simpática tampoco. No debió decir lo que dijo, no debería desconfiar de ti porque has demostrado sernos leal… – Respire fuerte, casi como un bufido, aún no estaba convencida. Edward me acerco más a él logrando que mi rostro tuviera que girar a la derecha para no ahogarme con su pecho. – Volviendo a tu pregunta, creí que era claro en donde estábamos.

Mis piernas se hicieron gelatina de la vergüenza de que no hubiera olvidado mi pregunta, quise fingir demencia y no mentir en cuenta al tema pero no sabía mentir y Edward parecía saber siempre más de mí que yo misma. Por lo que en ese momento, el silencio era mi mejor amigo.

Era tonto que con todos los problemas que nos rodearan estuviéramos interesados en el tema de nuestra relación.

–No sé qué está pasando entre nosotros, Bella. No sé como llegaste a ser la mujer por la que me preocupo cuando eras la mujer que debía odiar. Lo de anoche paso porque ambos quisimos, no porque me obligaras. – Levante la vista para replicar y él debió darse cuenta porque se apresuro a hablar– Yo quise, Bella, pero no por una calentura del momento. Te respeto como mujer, como persona, jamás hubiese cedido de no haber algo más de por medio.

Jadeé. Oh Dios Mío. ¿Algo más? Podía permitirme ser positiva o tenía que ser la pesimista de siempre y pensar que ese algo más involucra la posición que represento?

–Deja de delirar, Bella. Te estoy diciendo que te respeto, tu silencio últimamente me está enloqueciendo, nunca pensé que odiaría tanto que no hablaras. Representas la persona por la que dejaría una venganza que vengo planeando por años, Bella, eres quien me ha hecho cambiar el rubro de mis pensamientos. – Tomó una bocanada de aire como si se preparará para un épico discurso. Tomo mi mentón y lo alzó para que nuestras miradas se chocarán. Verde vs chocolate. – Intente alejarme y negarte, Bella, pensé que podía terminar esto sin involucrarnos. Quise, de verdad lo quise, que cuando esto acabará tú no tuvieras que saber más de mí para no involucrarte en más problemas. Te mereces lo mejor, Bella. No te diré que eres la mujer de mi vida porque es muy pronto para ello, pero confesaré que generas sentimientos en mi que pensé que ya no era capaz de sentir por nadie. Haces que quiera tu bienestar, que quiera lo mejor para ti y conseguiría hasta la luna si me lo pidieras. Creo que es una declaración de amor sin confirmar. Pero es cierto que ayer sentimos cosas y que no fue solo sexo. Estuviste lejos de serlo, y hoy en la mañana me convencí aún más de ello. No sé qué quieres de mi, no sé que querrás o pensarás de mi después de esta noche. Pero lo que decidas yo lo aceptaré, respetaré lo que quieras. Por mi parte, quiero que quede en claro que no eres una más, estas dejando una marca en mi pecho y quiero que termines de marcarlo.

–Es muy egoísta que me digas estas cosas cuando no sabes si esta noche todo saldrá bien.

–Lo sé.

–Es injusto que aloques mi corazón cuando este noche podría morir o ir a prisión. Porque es obvio que después de esto no lloraré por ti.

–También lo sé.

–Hazme el amor entonces, Edward.

Podría haberse negado, pero sus ojos se achicaron y ataco mi boca sin aviso. No iba a desperdiciar el poco tiempo que nos quedaba antes de volvernos un caos. Todo se desmoronaría a la noche y sabía que algo no saldría bien, mi corazón lo sentía.

Tomé impulso y me treme a Edward que se tambaleo un poco ante la sorpresa pero logró sostenerme mientras seguía besándome. Por alguna razón, me estaba despidiendo de él cuando esto recién comenzaba.