384, 4567, 3000092.... infinitos motivos puedo explicar por los cuales no había actualizado mi historia, pero lo importante es ke estoy akí de vuelta, haciéndole justicia a mi trama y a los bellos personajes de Stephenie Meyer que en gran medida son fuente de mi inspiración.

Esperando les guste y sus afamados reviews me despido...

Gomen ne!!! =S


Corrí como loco hasta perderme dentro del bosque, el joven venía detrás de mí, no corriendo a su máxima velocidad pero sí lo suficientemente como para no perder mi rastro. No le decía nada y él tampoco preguntaba nada, supongo que era tan noble como para respetar mi momento de locura. De pronto como autómata dejé de correr y me paralicé.

-Deja de seguirme- le dije monocorde

-Desde luego, sólo que me gustaría decirte algo, si tan desesperadamente quieres ver a mi madre ¿por qué no la buscas? Si los encuentras me informas, quisiera volver a verlos aunque sea una vez más en la vida.- Buscar a su madre, ¿podría realmente llegar e interrumpir la vida feliz de mi amada? ¿Llegar a su hogar y verla con su marido? La respuesta era que no, y no lo haría, no porque era tan egoísta que mataría a Carlisle haciéndola desdichada.- Quien sabe… tal vez te encuentres con una sorpresa-dijo el joven alejándose de mí con una sonrisa en sus labios, sus palabras me habían hecho pensar, pero ¿qué haría si la encontraba y la viera feliz? ¿realmente lo soportaría hasta el punto de no herirla de nuevo?

Volví a correr como si en ello se me fuera la vida, entonces en un lugar desconocido, sin hacer caso de mis sentidos, choqué contra algo, algo muy fuerte y duro que nos hizo volar a los dos. Ambos caímos parados, aquél sujeto de espaldas a mí, era un vampiro, no había dudas.

-Disculpa, no era mi intención.

-¿Eleazar?- Aquella hermosa vampira se abalanzó sobre mí y me tiró al suelo. Una emoción desconocida inundó mi pecho, de ser humano ahora mismo estaría llorando, su delicado cuerpo estaba sobre el mío, la envolví entre mis brazos y dejé que su aroma inundara mi cuerpo embriagándolo. Diecisiete largos años la había esperado, jamás la había tenido tan cerca como hasta ahora, pero mi cuerpo añoraba su cercanía, aquél calor que pese a nuestra temperatura corporal ella irradiaba. Yo amaba a Carmen más que a nada en el mundo y por eso en aquellos momentos incluso aunque estuviera con alguien no podría dañarla.

-¿Qué haces en medio del bosque sola?- le dije cuando de pronto nos sentamos y nos separamos, eso me entristeció, pero ella conservaba mis manos entre las suyas.

-Bueno, es que a estas horas puedo salir sin llamar la atención a recoger frutillas.- Dijo ella con aquella dulce voz. – Pero Eleazar, ¿por qué te ves tan distinto? ¿Qué son esas débiles manchas en tu rostro?- Recordé, debía lucir fatal e incluso algo tenebroso, con aquellas mordidas en mi rostro, sus suaves dedos viajaron a mis mejillas, inyectándoles electricidad por donde pasaban.

-Huellas del trabajo, pero no importa… me intriga saber por qué recoges frutillas- le dije, realmente estaba interesado en conocer su respuesta, quería saber todo de ella.

-Bueno, porque mis hermanas y yo abrimos una pastelería, verás hay veces en las que decidimos probar cosas nuevas para no aburrirnos.- dijo sonriente.

-Y ¿aquí en Nueva York?

-Verás, mi hermana como ya te había mencionado, siente cierto interés en un joven vampiro rebelde, entonces estamos en cubierta vigilándolo.

-Edward…- recordé entonces algo que me dolía.

-¿Cómo sabes su nombre?- preguntó intrigada.

-Bueno, porque tuve un encuentro con él…

-¿Es un amor cierto?

-Claro…

-Ojalá pronto recapacite y vuelva a casa, siento que piensa que su padre está decepcionado de él, pero no es así…- dijo melancólica, su padre… Carlisle, el marido de Carmen.- Debes venir conmigo, mis hermanas estarán encantadas de volver a verte. Tomó mi mano y juntos nos paramos y comenzamos a correr, era una experiencia deslumbrante correr junto a ella, tomados de la mano, pero el destino al que nos dirigíamos era el que no era tan alentador.

Llegamos a una pequeña cabaña a unos cuantos kilómetros de donde habíamos estado, abrió la puerta para dejarnos ver a unos cuantos vampiros reunidos en la sala.

-Carmen, no tienes idea de cuánto te he echado de menos- dijo un vampiro rubio, alto, con una presencia gentil y fuerte, mientras atravesaba la habitación y abrazaba a mi ángel. Ella me soltó y corrió a su encuentro. Él era Carlisle Cullen.