Capitulo 1: Esperanza

Siempre quise ser padre.

Incluso cuando era humano, cuando sentía que no tenía nada en mi futuro excepto ser Padre, siempre me atrajo la idea de tener una esposa e hijos propios. La idea de un rostro joven al que guiar y entregarle amor, dejó que sintiera que no podía haber un llamado más importante en mi vida.

Claro que cuando fui convertido en vampiro todo eso cambio. Me había convertido en un monstruo, en una criatura de la noche que vivía solo bebiendo el líquido vital de otros, su sangre. Ni en mis sueños más descabellados pude predecir que mi nueva vida como vampiro podría permitirme llevar a cabo mi deseo humano.

"¿Carlisle?"

Y ahí estaba el, el único que podía probar lo equivocado que estaba. Incluso aunque hubiese conocido a Edward hace una semana atrás, lo consideraba como un hijo. Había salvado su vida, a costa de su existencia humana, para convertirlo en uno de los míos. Un neófito, un nuevo vampiro.

No fue fácil. Recordé cuando lo conocí, la primera vez que vi a Edward en el Hospital donde su madre estaba muriendo. La primera vez que lo vi parecía tan frágil, como si solo una brisa se lo pudiera llevar lejos de mí para siempre. Odiaba tanto admitirlo, desde el día en que conocí a Edward me había adherido a él egoístamente, considerándolo mi hijo cuando su madre seguía con vida. Estaba sorprendido y al mismo tiempo avergonzado del alivio que sentí cuando su madre me pidió que lo salvara.

A pesar de lo mucho que deseaba salvarlo, convertirlo era lo único que podía hacer. No sabía como cambiarlo, entonces decidí hacer lo mismo que hicieron conmigo. Tuve que romper sus huesos y perforar su piel, tratando de ignorar sus gritos de dolor. Sabía que eso lo haría peor incluyendo a esto el tentador aroma de su sangre que se derramaba en la sabana que había bajo él.

Incluso cuando le hacía daño, dudaba poder llevar a cabo el acto final, morderlo. Cuando bebí aquel primer trago de sangre no estaba seguro de cuanto daño le había causado, evitando asesinarlo.

No fue hasta que comencé a oír su corazón tartamudeando, cerca de peligrosamente detenerse por completo, que aquel miedo me impulsó, y finalmente lo mordí.

Comencé a enfrentar los resultados de mis actos como un mártir, resistiendo a alejarme de su lado. Me disculpe y hablé con él, rogué por él y lo sostuve en mis brazos. Nunca me sentí como un padre más que en esos largos y angustiosos tres días.

Sin embargo no todo podía ser perfecto. Tanto me había adherido a estar con Edward, que supe que él no sentiría lo mismo sobre mí. Edward amaba al padre que había perdido recientemente, podía ver esto tan claro como claro era el día. No había forma de que Edward alguna vez pudiera depender y amarme tan profundamente. Vacile incluso al pensara en aquellas palabras "Te amo, hijo" por miedo a que el las pudiera escuchar.

"¡¿Carlisle?!"

Hice una mueca de dolor. Tanto me había sumido en mis pensamientos que había ignorado los insistentes llamados de atención de Edward.

"S- sí, Edward" Dije pacientemente, girándome hacia él.

"Tengo sed, Carlisle". Gimoteo Edward con una mano masajeando su garganta tratando de quitarse el dolor de ella.

Al instante tuvo mi atención. Alimentar a un neófito es la tarea más importante que tiene un maestro. Los neófitos no se sienten amenazados por el frío o el calor, ellos no pueden sentir el dolor. Necesitan que se les enseñe a cazar, y necesitan ser protegidos por sus creadores. En especial si sus maestros tienen una estricta dieta para enseñarles.

"Claro", le dije a Edward, "¿Estas listo para volver a cazar?

La expresión de dolor en el rostro de Edward pareció esfumarse, y el asintió emocionado. Sonreí brevemente a su felicidad. El era tan joven, ansioso por complacerme a mi y a sí mismo a la vez. Los neófitos de verdad eran como los bebes del mundo de los vampiros.

"Vamos" lo anime, haciendo que se moviera hacia la ventana de nuestra diminuta cabaña, escondida en los profundos bosques de Illinois. Oí que me seguía de cerca y que iba mi ritmo, incluso cuando él era el más rápido de los dos. Era como un pequeño patito siguiendo a su madre.

Sonreí al pensar en la comparación.