Little Pink Evelope

Historia original de Fall Down Again Bella.

Disclaimer: Ni Twilight, sus personajes o la historia me pertenecen. Lo único que me adjudico es la traducción.


—¡Vamos Bella! ¡Esta es tu fiesta de graduación de secundaria, relájate! — me dijo Alice Brandon. Alice era mi mejor amiga, con sus características de duende y su obsesión por las compras. Su negro cabello espigado estaba ligeramente revuelto, como el elegante vestido color plata que llevaba puesto.

—Alice tu sabes que el alcohol no me sienta bien — le murmuré, mirando con recelo la bebida que tenía en la mano. Era de color rosa y tenía una sombrilla saliendo del vaso junto a la pajilla. Alice ya se había tomado cuatro e iba dando tumbos por todos lados pronunciando mal todas las palabras que intentaba decir. Estábamos en una fiesta de graduación organizada para nosotras dos en la gran casa de Alice, con el piso de abajo lleno de chicos borrachos. Yo solo había tomado una cerveza hasta ahora, no quería llegar a estar demasiado ebria.

—Vamos Bella. Esta noche solo pasará una vez en la vida. ¡Casi no hay alcohol! Por favor — suplicó, haciendo un puchero. Ella sacudió su bebida frente a mi cara. Olía a fresas. — Por favor Bella.

—Alice, — gemí ante mi derrota. Ella sonrió, sintiendo una victoria fácil. Presionó la rosada y frutal bebida en mis manos. Tomé un cuidadoso sorbo por la pajilla… era deliciosa. Tomé un sorbo más largo, disfrutando el sabor en mi lengua. Hice un pequeño sonido de gusto y Alice sonrió.

—Te lo dije — cantó. Le hice mala cara. Jasper Hale, el novio de Alice, vino, derrumbándose sobre la silla a un lado de Alice. Bueno, técnicamente, era el esposo de Alice ahora. Jasper y Alice se habían fugado dos semanas atrás a Las Vegas pretendiendo haber estado en una casa en la playa el fin de semana. Yo era la única que sabía que mi mejor amiga estaba casada. Estaban esperando para decirles a sus padres hasta después de la graduación y la fiesta. Así que creo, técnicamente, que Alice ya no era Alice Brandon. Ahora es Alice Hale. Jasper tiró a su esposa sobre su regazo y comenzó a besarla con fuerza. Yo giré mis ojos, voleándome para mirar a otro lado, no queriendo sentirme más enferma de lo que ya estaba. Y la vista que tuve me dejó sin aliento.

Era como un Dios, como ver un ángel. Sus ojos verdes como esmeraldas fueron los primeros que atrajeron mi mirada. Brillaban como estrellas, como diamantes. Tenía unos perfectos pómulos y una nariz muy recta, todo en proporción. Su cabello tenía un desordenado color bronce, cayendo de forma casual pero sexy sobre su cara. Él llevaba vaqueros y una camisa tipo polo, ambos cabiendo cómodamente sobre su musculoso cuerpo. No me sorprendería si estaba babeando. Le di otro largo trago a mi bebida y me sorprendí cuando la noté vacía. Rápidamente tome otra de la mesa, terminándomela en dos tragos mientras veía al chico que parecía Dios.

—Alice, — dije después de otra bebida. Yo no había mirado lejos de su perfecta cara desde que lo vi. El estaba hablando con alguien que reconocí que era de nuestra escuela, bebiendo una cerveza. Ella se alejó de Jasper, haciendo un desagradable y ruidoso sonido de bebé.

—¿Qué? — ella gruñó, obviamente enojada por la interrupción.

—¿Quién es ese? — pregunté, señalando hacia donde el guapo chico se encontraba. Sus labios formaban una magnifica sonrisa torcida mientras hablaba con alguien. Sentí que el aliento se detenía en mi garganta.

—Ese en mi primo Edward Masen. ¡Ve a hablar con él! — me exigió antes de apretar sus labios contra los de Jasper de nuevo. Lo oí gemir y decidí levantarme. Comencé a hacerme camino a través del cuarto, tratando de encontrarme otra bebida. Me tropezaba ligeramente, añadiendo eso al hecho de que soy bastante torpe, no era una sana combinación. Me tropecé en el borde de la alfombra, yéndome encima de un cuerpo duro como la roca. Sentí que alguien me sostuvo y escuché una risa musical.

—Lo siento — dijo la voz, tan suave como el terciopelo. Miré hacia abajo y noté una gran mancha sobre el vestido blanco que estaba usando, probablemente su cerveza. Luego mire hacia la cara de donde venía la suave voz, y casi me ahogo. Era Edward, el chico que parecía Dios, el ángel. El primo de Alice.

—Está bien, — dije arrastrando ligeramente las palabras. El rió de nuevo. — Estoy segura que Alice tendrá algo con lo que me pueda cambiar arriba, — le sonreí y comencé a subir las escaleras a trompicones. Pero me tropecé… otra vez. Pero esta vez un par de brazos fuertes me agarraron alrededor de la cintura.

—¿Tal vez debería ayudarte? — sugirió. Su aliento olía ligeramente a alcohol, pero no parecía tan borracho como yo. Yo asentí calladamente. El me recogió en sus brazos, sosteniéndome con un estilo nupcial. Yo me reí un poco y me incliné sobre su pecho. Podía oír el constante latir de su corazón, y sentirlo en mi mejilla. Fue muy reconfortante.

—Estamos en la habitación de Alice. — Su voz sonaba muy cerca, su tibio aliento en mi oreja, mandando escalofríos a todo mi cuerpo. Gentilmente me bajó y me puso sobre mis pies, manteniendo un brazo alrededor de mi solo por si acaso.

—Estoy bien — le aseguré. Quitó su brazo a regañadientes, dando un pequeño paso hacia atrás. Pude caminar hasta el armario sin caerme ni matarme a mí misma. Sonreí triunfalmente. Busqué entre los bastidores, tratando de encontrar algo que me pudiera quedar. Finalmente me decidí por una gran camiseta que parecía que era de Jasper. Me quité el vestido sin pensar, quedándome solo con el sujetador y las bragas. Un ligero gemido apagado detrás de mí fue la única cosa que me alertó de su presencia.

Me giré con la camiseta detrás de mí. Los ojos de Edward estaban totalmente abiertos y viajaban de arriba abajo por todo mi cuerpo, más persistentemente en las áreas que todavía llevaba cubiertas. Yo llevaba sujetador y bragas color azul medianoche, ambos de encaje bordado. La respiración de Edward se rompió en pequeños gritos apagados. Yo estaba envalentonada. Dejé la camiseta en el suelo y caminé unos cuantos pasos más cerca de él.

—¿Te gusta esto? — le pregunté, batiendo mis pestañas. El tragó saliva y asintió. Caminé un paso más cerca de él, ya no había espacio alguno entre nuestros cuerpos. Reposé mis brazos sobre su cuello y apreté mis labios sobre su oreja. — ¿No te gustaría mejor en el suelo? — El gimió con mis palabras y al instante me recogió en sus brazos, besándome ferozmente. Solté un gemido dentro de su boca. No tenía ni idea de dónde venía toda esta nueva confianza, probablemente el alcohol. Pero me gustó.

El envolvió sus fuertes brazos alrededor de mi cintura y me levantó un poco del suelo. Yo envolví mis piernas alrededor de la suya, presionándome contra el tan fuerte como podía. Su lengua entró a mi boca y yo junte la mía a la suya, ambas moviéndose como un remolino. Después de un momento, necesité separarme y tomar un poco de oxígeno. Edward me puso contra la pared, presionando sus labios contra mi cuello. Moví mis brazos y comencé a tirar del dobladillo de su camisa. Él entendió de inmediato el mensaje. Me llevó a la cama, presionándome contra el colchón. Lo jalé hacia abajo, justo encima de mí, quitándole rápidamente su camisa sobre su cabeza. Estaba maravillada con sus esculpidos músculos, mis dedos corrían sobre su abdomen, sobre su amplio pecho.

No recuerdo más acerca de esa noche. Todo sucedió tan rápido. Nuestra ropa terminó en una pila en el suelo, nuestros cuerpos se moldeaban el uno al otro en todos los sentidos. Fue lleno de lujuria y pasión, pero se sintió más como hacer el amor que como tener sexo sin sentido. Él fue muy tierno y suave, especialmente cuando se dio cuenta de que era mi primera vez. Me besó con amor, mis labios, mi cuello, cualquier lugar que pudo encontrar. Recuero muy claramente su olor, aromatizado y varonil, mezclado un poco con el olor rancio del alcohol. Recuerdo la forma en la que cada una de mis curvas encajaba como pieza de rompecabezas en su cuerpo. Recuerdo algunas rondas de puro gozo. Me había quedado dormida en sus brazos.

A la mañana siguiente me desperté con dolor de cabeza y sólo pocos detalles en mi memoria de la noche anterior. Mi lengua se sentía como algodón dentro de mi boca. Había un par de cálidos brazos que me rodeaban por la cintura. Me desperté, completamente desorientada. Mis ojos se abrieron como platos. Estaba completamente desnuda. Los recuerdos de la noche anterior llegaron a mi cabeza. Mierda. Yo normalmente no era un chica-de-una-noche realmente, Edward fue mi primera vez incluso teniendo sexo, sin hablar de la estancia-de-una-sola-noche, pero tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. Miré el reloj. Eran las cinco de la mañana.

Me bajé con cuidado de la cama, manteniendo mis ojos lejos del magnífico hombre que estaba sobre ella. Saqué mi sujetador y bragas de la noche de ayer y agarré la camiseta que me iba a poner. Deslicé mis pies hacia la recámara que Alice me había dado y besé al hombre dormido una vez en la frente. Sentí una oleada de tristeza por tener que dejarlo -como si estuviera dejando una parte de mí atrás. Lo ignoré y corrí escaleras abajo, tratando de hacerlo lo más calladamente posible. Tomé las llaves de mi carro.

—Así que… ¿Tú y mi primo, he? — me congelé. Alice estaba sentada en la mesa de la cocina, con una taza de café en sus manos.

—¿Cómo lo sabes? — le pregunté. ¡Oh Dios! Espero que nadie más lo sepa.

—Bueno, cuando fui a mi cama para irme a dormir, me encontré a mi primo y a ti desnudos debajo de las sábanas. Por cierto, gracias por darme el susto de mi vida, — se burló, haciendo una cara de disgusto. Yo suspiré. — Estaba realmente sorprendida de que mi grito de asco no los despertara.

—Yo estaba ebria. Y él derramó algo sobre mi vestido así que me lo quité y una cosa llevó a la otra… — le dije mientras encogía los hombros.

—Pero ahora te estás yendo. ¿No lo verás de nuevo? — preguntó, sus ojos me miraban con súplica, a pesar de que tenían un color rojo por la resaca.

—Me estoy mudando a Florida, Alice. Nunca funcionará, — sacudí mi cabeza. — Será mejor que me marche. No se suponía que me quedara a dormir. — Alice se puso de pie y arrojó sus brazos alrededor de mí, con lágrimas saliendo de sus ojos.

—Te extrañaré — dijo, lloriqueando levemente. Sus lágrimas desencadenaron las mías y pronto las dos estábamos llorando sobre los brazos de la otra.

—También te extrañaré Alice. Eres la mejor amiga que una chica pueda tener, — murmuré, sollozando ligeramente.

—Te amo. Tú siempre serás como mi hermana Bella, — prometió. — Incluso si ahora necesito quemar toda mi ropa de cama, — le sonreí un poco.

—También te amo, Alice — la abracé una última vez antes de correr hacia afuera y comenzar a conducir. Lloré casi todo el camino de regreso a casa, empezaba a extrañar a mi hiperactiva mejor amiga.

Llegué a casa para toparme con la cara de desaprobación de mis padres. Charlie se enojó un poco cuando se fijó en mi apariencia. Miré hacia abajo y me di cuenta de que llevaba puesta la camiseta de Jasper, la que estaba en el armario de Alice.

—Lo siento, — murmuré. Corrí escaleras arriba, tratando de no llorar. Mis maletas ya estaban empacadas, estaba completamente lista para partir. Iba a la Universidad de Florida. Estaba planeado desde hace meses que me iría el día después de la graduación. Me cambié con una de mis propias chamarras y volví abajo.

—Bella, — dijo Renee en tono de advertencia mientras bajaba las escaleras, con las manos metidas en las bolsas de la chamarra.

—Lo sé mamá. Fue estúpido, estaba un poco ebria, — admití. No tenía caso mentir. Regresé a casa a las cinco de la mañana con la camiseta de un chico puesta. — No va a suceder de nuevo, — Renee suspiró, tratando de decidir si estaba más triste porque me iba o si más enojada porque había pasado la noche con un chico. La tristeza ganó.

—¿Te tienes que ir tan lejos de Forks? — preguntó, su cara hizo un puchero. La envolví con mis brazos.

—Te amo mamá, — le respondí.

—También te amo, — me volví hacia Charlie. Él todavía tenía en ceño fruncido.

—No te preocupes papá, fue cosa de una sola noche. Lo prometo, — hice una pequeña cruz sobre mi corazón para mostrarle que era enserio. El me respondió con una sonrisa.

—Te amo Bells. Te vamos a extrañar, — dijo rudamente, abrazándome.

—También te amo, — murmuré. Besó mi frente antes de que Renee me diera otro abrazo.

—Pórtate bien. Diviértete. Cuídate. Te amo, — me besó en la mejilla. Tomé mis maletas y Charlie me ayudó a acomodarlas dentro del coche.

—Adiós, — suspiré y me subí en la nueva Toyota Pirus que mis padres me habían comprado.

—Adiós, — dijeron Charlie y Renee al unísono. Sentía las lágrimas en mis ojos mientras me conducía por la carretera de Forks, lágrimas por dejar a mis padres, mi casa, mis amigos. Lágrimas por dejar a un Dios griego dormido en la cama de Alice, sin siquiera haberle pedido su número o haberle dicho mi nombre…


¡Primer cap! Estuvo bastante interesante. :D ¡Oh! Pero esperen a leer los demás. :D De seguro les van a encantar. Ojalá les guste tanto como a mí me gustó traducirlo. Había dicho que lo iba a subir temprano pero la escuela y las tareas no me dejan en paz. Eso me gano por querer estudiar Diseño de Interiores…

Cualquier duda, comentario, sugerencia, amenaza de muerte o simples ganas de lanzas frutas y verduras a esta humilde traductora: dejen sus reviews.


Julio de 2012: historia en proceso de edición.