Disclaimer; ninguno de los personajes me pertenecen, por desgracia. Son de Stephanie Meyer. xD

La historia esta basada en el libro; "El beso del Highlander" (Karen Marie Moning) solo que, a fin de que salgan todos los personajes, la he modificado un tanto. Es una especie de apadtación a Twilight de un libro que encontre muy bueno.

:)

Espero que lo disfruten! xD

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Prólogo

Highlands de Escocia

1518

- Los Cullen son una familia peligrosa, Nahuel.

- ¿De qué me estás hablando esta vez, madre? - Nahuel miró por la ventana y contempló cómo la hierba se mecía lentamente bajo la luz del sol de primavera a primera hora de la mañana. Su madre estaba leyendo el futuro y si él cometía la insensatez de girarse para mirarla, seguro que Huilen lo interpretaría como una invitación a seguir hablando. El entendimiento de su madre había ido erosionándose cada día más por sus presuntas adivinaciones de un futuro, que porsupuesto, nunca se cumplía.

- Mis varillas de tejo me han advertido que el laird representa un grave peligro para tí

- ¿El laird? ¿Te refieres a Edward Cullen? - Muy sorprendido, Nahuel giró la cabeza para mirarla por encima del hombro. Su madre, que hasta el momento había permanecido encogida detrás de la mesa del hogar, se apresuró a erguirse sobre su asiento, muy feliz de verse el objeto de atención de su hijo.

- Edward Cullen no presenta ningún peligro para mí - le dijo Nahuel con dulzura - Es un magnífico laird, y me siento muy honrado de que me haya escogido para servir a su clan como guía espiritual.

Huilen sacudió la cabeza con un temblor en el labio

- Tú ves las cosas con la estrechez de miras propia de un sacerdote, hijo - afirmó muy convencida - No puedes ver lo que yo veo.

Su hijo le dedicó la más tranquilizadora de las sonrisas - ¿Es que nunca dejarás de intentar adivinar el futuro con tus varillas y tus runas? - Nahuel se aposentó a su lado

- ¿Qué clase de madre sería yo si no me preocupara por tu bienestar? - exclamó ella. Resignado ante la locura de su madre, Nahuel, suspiró pesadamente.

- Esta bien, ¿qué es eso tan terrible que dicen tus varillas que hará el laird? - lo único que pretendía el muchacho era mantener el hilo, ya de por si muy malgastado, del contacto de su madre con la realidad. La observó remover las misteriosas varillas y se alarmó cuando ella profirió un grito ahogado.

- El laird, Cullen, pronto tomará a una dama, y esa dama te hará mucho daño. ¡Me parece que ella te matará! - la boca de Nahuel se abrió y se cerró como la de un pez fuera del agua.

- ¿Por qué iba a matarme nadie? Soy un sacerdote, por el amor del cielo

- No puedo ver el porque. Tal vez ella se prendará de ti y de ello saldrán muchos males

- Ahora sí que estas viendo visiones. ¿Prendarse de un siervo del señor?

- Eres un mozo muy guapo, Nahuel - contestó Huilen con aplomo. Nahuel rió exasperado. Realmente su constitución física era digna de un caballero, pero desde muy joven que Nahuel tuvo claro que había venido al mundo para servir al Señor.

- Guarda esas varillas madre. No necesitas preocuparte por mi - Huilen permaneció quieta mirando al techo - Madre... No debes poner en peligro la posición que mantenemos aquí - dijo él con duluzura - Tenemos un hogar, buenos cristianos y son muy buena gente. No lo eches a perder, dame tu palabra.- Siguió con la vista fija en el cielo de la casa - Mírame madre. Prometemé que no molestaras ni le harás ningun daño a Edward Cullen.

- No le haré ningun daño al laird Edward Cullen. Ahora vete de aquí - dijo ella bruscamente - Esta anciana tiene cosas que hacer

Huilen no pensaba rendirse tan pronto, ni mucho menos. Ella sabía lo que había visto así como sabía que era cierto. Unas semanas más tarde llegó al pueblo una tribu errante. Le llevño su tiempo reunir el valor necesario para hablar con las personas "adecuadas" ya que, lo que para ella era magia negra, para ellos eran aburridos juegos de té. Otra semana después de hablar con el jefe de los errantes, llamado Jacob, le tendió su trampa al laird. Les pagaría lo que fuera a esa tribu, con tal de proteger a su hijo.

Edward Cullen yacía inconsciente a sus pies. Desconfiada, lo tocó con el pie para comprobar que no reaccionaba.

- Le podría caer la luna encima, que él no se inmutaria - le confirmó Jacob

- Esta seguro

- Este sueño no tiene nada de natural

- No lo habreis matado ¿verdad? - se preocupó ella - le prometí a mi hijo que no le haría daño

- Tienes un código de conducta muy curioso anciana - todos rieron - No, no lo hemos matado, pero dormirá eternamente - Huilen suspiró aliviada

- ¿Su sueño realmente será eterno? ¿Nunca despertará?

- Ya te lo he dicho anciana. A menos que la sangre y la luz borren el hechizo de su pecho, no despertará jamás - dijo Jacob más molesto

- ¿Cómo? ¿La sangre y la luz lo despertarían? ¡Enterradlo! ¡Metedlo donde nunca pueda volver a ver la luz solar ni lo encuentre nadie - chilló furiosa!

Riéndose de ella, la tribu dejó el cuerpo dormido en un lugar que solo conocían ellos y, depués de cobrar por su magia, se fueron.

Huilen, como bien le había prometido a Nahuel, no le había hecho ningún daño al laird. Pero a su vez, sentía un enorme alivio...


Highlands de Escocia

época actual

¡Dios, como odio mi vida!

Sin ganas de abrir los ojos tras mi horrorosa etapa de somnolencia, me llevé una mano a la frente y respiré pesadamente. El traqueteo del autobús no ayudaba en absoluto a aminar esas ganas de devolver que me daban siempre que me ponía a pensar en mí misma. Tenía ganas de desaparecer, de quemar todos esos libros y reconocimientos literarios y simplemente, desaparecer.

- ¡Tómate un descanso! - me había dicho mi editor - te lo mereces - había continuado mi editor. Él si que merecía dos bofetadas bien dadas. Si no, que me explique que hacía yo metida en un atobús lleno de personas de la tercera edad en medio de las Highlands escocesas!

- ¿Te encuentras bien, cielo? - me preguntó cariñosamente Charlie Sftar desde el otro lado del pasillo. Desde que había comenzado este horrible viaje, que Charlie y Renne Sftar me habían tratado como una de sus nietas. Seguro que yo era la rebelde, pensé.

- Sí, Charlie, gracias - me limité a contestar

- Pues la verdad es que no tienes muy buen aspecto, queridita - Renne era de esas personas que te hablan siempre con sinceridad, aunque duela. - Pareces enferma

- Son todos estos baches, Renne - toda mi vida esta llena de ellos

El autobús paró precipitadamente haciéndome tambalear en mi asiento y 38 ciudadanos de la tercera edad se abalanzaron contra las salidas. Yo bajé la última y miré al luminoso ciela apáticamente.

- Isabella, cariño, ven con nosotros! - Renne me llamaba moviendo los brazos desde la otra aceray sentí una vergüenza inmensa cuando tooooda la muchedumbre se me quedó mirando. - Vamos a comer algo, mira que colinas tan preciosas que hay por aquí - dijo ella jovial y optimista.

- Claro... - tampoco quería ser borde. Renne se me quedó mirando unos segundos para luego empujar cariñosamente a su marido

- Vete, Charlie, adelántate tu solo. Las señoritas necesitamos hablar. - Charlie, con el ceño fruncido sacudió la cabeza resignado y se fue - ¡Pero como te vea con Margaret te vas a enterar! - exclamó depronto Renne. Charlie se giró y le tirño un beso al aire a lo que Renne rió y se sonrojó.

Una punzada de celos me perforó y a Renne no le pasó por alto.

- Ven, Bella, siéntate conmigo - se sentó en la piedra y la palmeó esperando que yo la imitara. Lo hice sin rechistar - Hay un hombre para ti - Eso me sorprendió y mucho!

- ¿Qué? ¿Usted cómo...? - Renne sonrió y sus pequeños ojos azules se le achinaron en su regordeta cara

- Tu escucha queridita mia. No seas tan precavida y arriésgate un poco más, si yo tuviera tu edad y tu cuerpo estaría moviendo el pandero allá donde fuese - volvió a sonreir abrazándome la espalda

- ¿Pandero? - perpleja parpadeé dos veces

- El trasero querida, la popa... - se sonrojó y rió divertida - Sal ahí fuera y encuentra a tu propio hombre. Tu lo que necesitas es conocer a un hombre bien guapo que te haga perder la cabeza. Y cuando la hayas perdido asegúarte de que no la vuelves a encontrar. - concluyó

- Pero... - mis sentimientos querían salir a flote YA - es que no consigo encontrar a ningun hombre Renne...! Llevo seis meses saliendo con carretadas de hombres...

- ¿Y? - me animó a seguir Renne

- Y no me he NO enamorado a propósito... Estoy empezando a pensar que el problema soy yo. No he encontrado a ningun hombre del que pueda enamorarme y quiera estar con él siempre. Quizás espero demasiado. Quizás estoy esperando por alguien que ni siquira existe - Con toda la práctica que había acumulado al besar a decenas de hombres, ni una sola vez había sentido de verdad el deseo. Era claro que el problema era yo, ¿no?

- ¡Oh, queridita mia no pienses eso! - excclamó Renne - eres deamsiado joven y hermosa para perder la esperanza. Y otra cosa, eso no quiere decir que te abandones al primer hombre que veas, cielo. Confia en mi, cuando encuentres al hombre que sea el apropiado... lo sabrás. Lo sentirás. -Renne me plantó un beso en la mejilla y se levantó airadamente para ir en busca de Charlie.

Me quedé ahí plantada unos minutos antes de salir de mi estado vegetal y dirigirme hacia los verdes prados que adornaban las colinas de escocia. No sé cuanto tiempo estuve caminando, pero de pronto decidí que ya era suficiente. Me tiré al suelo y dispuse a tomar el sol hasta achicharrarme. No conseguí conciliar el sueño, que era lo que pretendía y me puse a darle vueltas a las palabras de Renne.

"Un hombre con el que tengas ganas de hablar a altas horas de la madrugada, un hombre con el que puedas discutir cuando sea necesario ahcerlo y que te haga arder en llamas cuando te toque."

¡Cómo deseaba que ocurriera algo emocionante!

Suspiré cansada. Sin previo aviso, un rayo solar impactó directamente contra mis ojos entrecerrados y me escocieron por su intensidad. A tientas, busqué la mochila con la mano, con tal de encontrar mis gafas de sol sin tener que moverme mucho. Pero calculé mal al distancia y mi mano dió un golpe a la mochila, haciéndola rodar ladera abajo hasta el borde de una grieta. Silencio. La oí rebotar a lo lejos y sentí el estrépito de piedras sueltas. Silencio. Poof!

Perfecto. Mi maleta, deseosa por acabar de amargarme la existencia, se había precipitado grieta abajo. Me puse de rodillas al lado de la abertura y la observé recelosa; seis metros de caida como mucho. Pensé en dejarla ahí tirada, seriamente. "Oh, vamos Bella! Sabes que podrías vivir con todo lo que hay en esas maleta durante cuatro días!" No tenía alternativa: debía bajar a por ella.

La bajada fue lenta y penosa. La pequeña chaqueta que llevaba atada a la cintura se me enredaba constantemente entre las piernas y hubiera dado mi alma a cambio de unos tejanos para poder quitarme esos incomodísimos pantalones de tela súper cortos. El sol se fue colando por la grieta mientras descendía y enseguida comencé a sudar. Era de esperar que el sol tuviera que aparecer justo ahora. Media hora antes o media hora después no, ya que entonces no tendría mi merecida mala suerte! Me estaba empezando a irritar que "alguien" la hubiera tomado conmigo.

Porfin! Al fin alcancé el suelo y me pude quitar la chaqueta de la cintura, meterla en la mochila y disponerme a escalar esa sinuosa pared de piedra. Pero... como ya he dicho, mi mala suerte siempre esta cuando más la necesito. Sin darme tiempo a reaccionar, el suelo cedió bajo mis pies y yo y mi maleta, caimos sin remedio en el negro abismo que se abría bajo aquel falso suelo.

Fragmentos de roca triturada y un poco de tierra llovieron sobre mí mientras yacía en el suelo e intentaba volver a llenarme los pulmones, vacios por el impacto contra el verdadero suelo. Cuando finalmente conseguí tranquilizar mi temblorosa respiración evalué mi estado antes de moverme. Ningun hueso roto parecía. Al final deducí que el mayor daño se lo habían llevado las palmas de mis manos; ensangretadas debido a mis frenéticos intentos por aguantarme en algo sólido. "No me he dejar llevar por el pánico" - pensé. Pero aún así comencé a temblar debido al shock de la caida y el frío que hacía en esa especie de gruta subterráquea. "Pero el folleto no decía que hubiera ninguna caverna..."

"¡ESPERA!"

¿Frío? Todo pensamiento cesó de golpe al darme cuenta de que, fuese lo que fuese sobre lo que había caido, no estaba frío. Más bien al contrario, estaba calentito y liso. Y dado que ningun rayo de sol había entrado en esos lares antes de su llegada... definitivamente, no era ninguna piedra. Aturdida, tragué saliva y me quedé dompletamente inmóvil. Con un suave movimiento de cadera, empujé lo que fuera que tenái debajo y un escalofrío me recorrió la espina entera "¡Voy a vomitar! ¡Parece una persona!"

¿Habré caido en alguna antigua cámara funeraria subterránea? No, de ser así aquí solo habría huesos. Recurriendo a todas mis reservas de valor, me moví sobre el cuerpo de esa persona para poder verla correctamente y...

Grité.

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Muy buenas! Qué tal todo el mundo?

xD

espero que super bien! jeje

Bueno, esta es la adaptación que me moría de ganas de hacer de un libro que me leí hace tiempo. Algunas partes estan algo cambiadas ya que si no, no concondarían con los personajes

:)

Bueno, ¿qué me decís? La continúo?

Porfavor, dadme vuestras opiniones. Siempre las tengo en cuenta en todo lo que hago.

Muchas garcias!!!

os adoroo!!OOO!!

=D

cuidaos! ;)