Disclaimer: Como ya han de saber, Naruto y sus personaje no me pertenecen (Son propiedad del ya no tan amado Masashi Kishimoto), porque de lo contrario…Tobi en algún momento de la serie se habría besado con Deidara.

Advertencias: Imperceptible contenido Lime, Universo Alterno.

Dedicatoria: Al repartidor de pizza, que llegó justo a tiempo para matar mi hambre y regalarme un cupón para la próxima compra.

Pervertido

De nuevo lo haría. De nuevo, por cuarta vez aquella semana llegaría tarde a su odioso empleo. No era la mejor semana de su vida, pero, ¿Qué más podía hacer? Que detestara absolutamente todo lo que con su trabajo se relacionase no era el mejor de los consuelos, y al pensar en eso cada mañana terminaba prácticamente enterrada en su mullida y caliente cama, mientras el despertador pitaba de forma molesta.

Miró su reloj de pulsera, mientras esperaba que la luz roja del semáforo para peatones pasara a color verde.

Cinco minutos.

Suspiró con fuerza al tiempo que cruzaba la calle.

Solo cinco minutos para caminar con tacones de aguja y llegar a ese infeliz escritorio, fingir una sonrisa y empezar su jornada como empleada de ese maldito…

Aumentó el paso, esperando no parecer tan ridícula como se sentía.

Traje pegado, medias veladas, cabello suelto y arreglado, tacones dolorosamente altos y lo peor de todo: la falda tan arriba de su rodilla.

Tal y como lo indicaban las reglas de la empresa Sunagakure Corporation.

"La falda del uniforme laboral debe ser portada a cinco dedos sobre la rodilla…a menos que seas la secretaria del presidente de la corporación, ya que entonces tendrás que portarla de forma descarada y obscena para que este tenga alguna distracción"

Bien, eso último lo había agregado ella, pero no era más que la cruda realidad. Si bien detestaba cada mínimo detalle de su empleo era por una simple razón:

Su arrogante, cretino, altivo y estupido jefe: Sabaku No Gaara, presiente de la compañía Sunagakure Corporation.

Ella aceleró el paso, esperanzada en que estaba apunto de llegar.

Tres minutos.

"Tres minutos más y tendré que verla la cara a ese infeliz. Empezar así el día no lo vale…"

Pero tenia que conseguir el dinero suficiente para pagar sus estudios profesionales. No pensaba ser la secretaria de ese cretino toda la vida.

Recordaba que al iniciar a trabajar y ver por primera vez al señor Sabaku creyó que seria un buen tipo, no el típico riquillo presumido. Cuan equivocada había estado. Era peor que eso. Sabaku No Gaara era un hombre callado, altivo y presumido. Y lo peor de todo el caso: solo lo era con ella. En frente de los miembros importantes de la empresa era callado, prudente, sabio y elocuente. Mientras a ella la trataba como una esclava que merece menos que un perro callejero. Saludaba cordialmente a todos los empleados de su empresa, mientras estos a su vez sonreían y casi se deshacían de dicha al trabajar "Para alguien tan bueno y benevolente como el señor Sabaku" (como había oído decir a Tenten, la contadora de Sunagakure Corporation). Y a ella la miraba con arrogancia, para después mandarla a hacer cualquier cosa con burla o desprecio. Ese odioso pelirrojo no era mas que un doble cara: El sabio, despreocupado y prudente jefe frente a todos; y el riquillo crecido que la trataba como si fuera un pedazo de…

Pudo sentirlo, sobre su cabeza.

Una gota.

Otra más.

La tercera.

Miró hacia el cielo, con desesperación. La vida no podría hacerle aquello, ya bastante tenia con que soportar y ahora…

Y un inesperado aguacero azotó la ciudad en aquel hermoso jueves en la mañana.

¡¿Acaso podría ir peor?!

Caminó sobre el fino piso de mármol, mientras aquel molesto taconeo resonaba en sus oídos. Estaba tiritando de frío.

Pudo escuchar los cuchicheos a su alrededor.

Claro, claro, que divertido debía ser chismosear sobre la castaña que tenia todo el uniforme empapado, el cabello escurriendo agua y el maquillaje corrido ¿A que sí?

Como deseaba bajarse de aquellos tacones en punta, que le mataban los dedos, y caminar descalza por toda la recepción de la empresa.

Se pasó los dedos por el cabello, echándolo hacia atrás y fastidiada se acercó al ascensor.

Suspiró por lo bajo, lo único que le faltaba era que el maldito elevador estuviese dañado y tuviera que subir doce pisos mojada, templando y con aquellos molestos tacones por las escaleras.

La puerta metálica se abrió frente a ella. Bien, al menos se había salvado de una.

Entró y oprimió el botón al piso doce, para después girarse y ver el jardín que se extendía frente a ella, al ser todo el ascensor de vidrio tenias una excelente vista a los jardines internos de la empresa mientras subías o bajabas.

Chasqueó la lengua y miró la hora.

Treinta minutos tarde.

Presentía que ese día no terminaría nada bien para ella.

Entonces todo sucedió muy deprisa, una enorme estampida de personas entraron apresuradamente al ascensor, apretándose y apeñuscándose en el, ya no tan reconfortante, elevador.

¿Cuánto era el máximo de esa cosa?

¿Cuarenta personas?

"Debe estar aquí metida media empresa" Pensó la joven con fastidio, apeñuscada contra el vidrio, con apenas especio de respirar.

Eso tenía por acercarse a mirar el jardín.

El ascensor se cerró y empezó a subir.

Ella intento girarse, pero desistió al instante al ver que no podía moverse y que si se giraba solo un poco terminaría aun más sofocada de lo que estaba.

Pegó la frente contra el frío vidrio.

Ahora el maldito elevador estaba parando piso por piso, y cada que salía un persona entraba otra, dejándola sin opciones de acomodarse mejor.

Y para colmo ella chorreando agua.

Pero no parecía un impedimento para tener a ese tumulto de gente aprisionándola al final del elevador.

"Maldito Jueves, maldita pereza, maldita lluvia, malditos tacones, maldita estampida de gente, maldito Sabaku No Gaa…"

La castaña abrió los ojos con desmesura y sus palpitaciones aumentaron de forma alarmante. Pudo sentir su rostro fundirse al rojo vivo, su adrenalina corría desenfrenada por su sangre y la vergüenza fusionada con la ira formaban una bomba atómica dentro de ella.

Alguien acababa de poner su mano en su trasero.

Intentó con desesperación girarse solo un poco, quería reventarle la entrepierna con un certero rodillazo al infeliz que la tocaba con descaro.

Imposible.

No era capaz ni de verle el rostro al maldito pervertido que lo hacia.

Entonces, la atrevida mano intrusa empezó moverse.

¿Qué podía hacer ahora?

Y gritar que alguien la manoseaba no estaba entre las opciones. Ya había pasado las vergüenzas suficientes por toda una vida.

La varonil mano se cerró un poco sin pudor alguno, apretando su nalga derecha.

¡Esto ya era el colmo!

Trató desperada de moverse, apartar la mano, lo que fuera.

Nada parecía dar resultado.

Entonces notó que todo el mundo abandonaba el ascenso al llegar la piso número once, todos menos el pervertido que seguía acariciando su trasero.

Al escuchar la puerta del elevador cerrarse, decidida, se giró a confrontar a aquel hombre.

—Buenos días, Matsuri.

La interpelada abrió la boca y ningún sonido salió de su boca.

Imposible.

Frente a ella, con una pose despreocupada, expresión petulante y una mirada electrizante se encontraba el presidente de la compañía, joven y adinerado, su jefe:

Sabaku No Gaara.

¿Acaso él…él era quien tocaba…?

—Lindo trasero, parece que te ejercitas —Murmuró en tono desinteresado, sin dejar de mirarla.

Vergüenza; Ira; Confusión; Sorpresa; Más ira y de nuevo vergüenza.

Entonces, sin previo aviso, el pelirrojo se acercó a ella, hasta llegar a su oído. Suspiró dentro de este con fuerza: "Esto es impresionante, Matsuri. Llegar a desear tanto a una simple secretaria para tener que llegar a tocar su trasero aprovechando la congestión de personas…pero sabia que si lo hacía en medio de la oficina me caparías de forma instantánea y el hecho de verte llegar escurriendo agua no ayudaba a mantener el control y la cabeza fría" susurró Gaara sin rastro de vergüenza o arrepentimiento en su tono de voz y sin previo aviso mordió el lóbulo de su oreja, para después introducir su lengua en esta.

La castaña contuvo el aliento, sin saber como responder. Podría casi jurar que los latidos de su corazón se escucharían hasta la entrada de la oficina.

Gaara rió con descaro, y se alejó de ella, no sin antes pasar sus manos por el cabello húmedo de Matsuri y limpiar son su nariz una gota de agua que escurría por su mejilla.

El pelirrojo se incorporó justo al tiempo que el ascensor abría sus puertas en el piso numero doce.

Gaara la miró con cierta diversión y se pasó las manos, ahora mojadas, por su propio cabello.

El rostro de Matsuri era todo un poema.

—Apresúrate —Ordenó con tono informal, con una impactante mueca de sonrisa—. Vas treinta y dos minutos tarde y…tienes la ropa húmeda.

Matsuri infló las mejillas de forma graciosa y lo miró con ira.

La había manoseado sin un poco de arrepentimiento y en vez de disculparse había hecho ¡eso!

Y lo peor de todo, en le fondo…a ella le había gustado, lo había disfrutado.

Expiró por la nariz, con fuerza, justo antes de gritar.

— ¡Sabaku No Gaara, maldito pervertido!

Su jefe se giró y la miro con gracia.

—Claro, me parece de fábula…pero…—La castaña lo miró con ligero interés—. Ya vas treinta y tres minutos tarde y sigues con la ropa húmeda.

La joven se quitó con fuerza los tacones y caminó molesta hacia su puesto de trabajo, asegurándose de empujar al pelirrojo al salir del elevador.

Gaara la observó alejarse aun con la mueca de sonrisa.

Metió las manos en sus bolsillos y empezó a ir tras ella.

Joder, esa mujer…la haría suya.



Notas de la autora: Bien, aquí regreso con mi primer UA, completamente apenada. ¡Joder! ¡Había abandonado un poco el GaaMatsu! Bueno, esta es mi sutil forma de decir "No, no me caí en un foso sin fondo, no me empezó a gustar el GaaHina, no pretendo dejar de subir mis historias" o algo pro el estilo. Es que últimamente estoy un poco (muy) atareada y no había tenido tiempo de escribir.

Descuiden, pienso continuar con History about GaaMatsu, pero necesito inspirarme primero.

Sobre el "Capitulo": ¿Solo yo pienso que Gaara es un pervertido?

Nota Final: ¿Notaron que me empezó a gustar el TobiDei? Mierda, me encantan y es el único shônen-ai que permito.