Disclaimer: Amén, Kishimoto. Podría decir cuánto odio a este sujeto por hacer cosas raras y tontas con sus personajes. Pero no; prefiero divertirme con mi teoría de la habitación donde todos toman jugo y Madara aparece para hacer visitas conyugales.

Advertencias: Aún creo que advertir de esa cosa llamada GaaMatsuSasu es completamente necesario. Así que, eso. Ahm~, claro, y Universo Alterno. Los Hyuuga en toda su magnificencia (Creo que, fail manejo de Neji.) Les digo, yo empiezo a teclear sin tener nada en la cabeza y esto fluye solo. Toda la culpa es de mis dedos, ni siquiera de mi atrofiado cerebro.


Capitulo 6: Los Hyuuga, posibles salvadores
Parte II

Caminaba en todas direcciones y sentidos que la bien provista sala de conferencias se lo permitía. De izquierda a derecha, de forma circular, de ahí a allá y a allá a acá. Entre los demás empresarios y en zigzag. Ya los tenía a todos mareados, literalmente. Se pasaba los dedos de vez en cuando por el cabello dorado y se mordisqueaba levemente el labio inferior, de forma hiperactiva. Cualquiera que lo viese podría asegurar que ese tipo, con seguridad, tenía que haberse metido al menos diez y ocho vasos de café muy cargado. Cualquiera que no conociera a Uzumaki Naruto, podría pensar eso, pero él siendo su mejor amigo —porque si lo eran, desde siempre, aunque Sasuke solía negarlo solo para joder al diseñador gráfico— de toda la vida, simplemente sabía que Naruto…era así, un hiperactivo, alegrón, bromista, sonriente, a veces un poco tonto y molesto tipo.

—Naruto, deja de caminar de un lado a otro, le abrirás un maldito hoyo al piso —soltó el Uchiha, sentado tranquilamente en una de las cómodas sillas que se encontraban bordeando la larga mesa para juntas.

El rubio le dedicó una mirada poco agradable.

—Si tu amargado ser no le ha hecho nada al planeta, mi caminata no le hará nada al piso, Sasuke ¡en serio! —responde, con aquel propósito de siempre entre ellos, para ver quién es capaz de callar al otro. Porque competían por todo, aunque el azabache solía superarlo en muchas cosas.

—Independientemente de lo que Sasuke aporte a la contaminación del medio ambiente, Naruto, creo que deberías sentarte —comentó Gaara, sentado en la cabecera de la larga mesa, con los dedos de ambas manos entrecruzados sobre esta. Strike 1. El Uchiha decidió ignorar el comentario del pelirrojo, aún con la mirada sobre su amigo.

El de orbes azules seguramente se encontraba ansioso ante todo lo que estaba pasando con la empresa, prácticamente todos sus amigos trabajaban en ella y era obvio que le gustaba estar allí, sin contar que por la forma de ser de este, también le consternaba el hecho de que una baja en Sunagakure Corporation trajera como consecuencia el despido de algunos de sus otros empleados. Porque así era Naruto. No podía evitar preocuparse por todos y quedar ayudarlos así los conociera poco o nada. Si por el rubio fuera, se ataría una ridícula capa roja al cuello y saldría a las calles a salvar el mundo. Pero bien, ya que al parecer no podía y que de hacerlo sería calificado como un psicópata, se conformaba con poder ayudar a los empleados de la empresa.

— ¿Y de que ayudará que me siente? —pregunta, mirándolos a todos, continuando antes de permitir que alguno tome la palabra para responderle—. ¡Exacto! ¡De nada!

—Tampoco sirve de nada que estés caminando por allí, con tu cara de idiota —continuó el Uchiha con su tan educado tono. Naruto entrecerró los azulados ojos en seguida, fulminándolo—. Además, ¿quieres hacer el favor de vestirte bien? La corbata es para el cuello, no para que la uses anudada de medio lado en la cabeza.

—Es mi corbata y le uso como yo quiera —terció el otro, mientras seguía con su caminata nerviosa por el lugar. Shikamaru lo miraba con gesto aburrido; tenía ambos brazos cruzados sobre la mesa y el mentón apoyado en este. Largó un profundo bostezo, ah~, que molestos eran todo. Cómo le gustaría poder estar en su oficina fingiendo que trabaja, cuando en realidad duerme. Sí, como le gustaría. Temari, sentada a su lado con la pierna derecha elegantemente cruzada sobre la izquierda y ambas manos sobre la rodilla que quedaba descubierta, le miraba con una ceja alzada. Vaya holgazán, al menos que disimulara un poco que estaba a algunos parpadeos de entrar al feliz mundo de los sueños. Formó una pequeña sonrisa.

Segundos después, el Nara se envaraba en su silla, aullando adolorido luego de un totalmente mal disimulado taconazo en su espinilla.

— ¡Estás loca, mujer! —Exclamó, mirando a la Sabaku con expresión entre enfadada y sorprendida por el repentino golpe—. ¿Cuál es tu problema?

— ¿Mi problema? Mira, señor analizador de nubes, resulta que no soy la que se está quedando dormida frente a su jefe —respondió, encogiéndose de hombros con facilidad. Shikamaru bufó suavemente, mientras su expresión cambiaba a un rostro más aburrido. ¿Por qué no le extrañaba? La muy problemática ni siquiera pensaba disculparse por patearlo. Y no era una patada cualquiera, todos sabían que un puntapié con esas zapatillas dolían el triple—. No te pagan para que vengas a echar siestas —agregó, antes de formar una amplia sonrisa, cerrando los ojos. El contador rodó los ojos. Mujeres: agresivas y bipolares. Toda una bendición de Dios, ¿eh?

—Si Gaara ya sabe que vengo a la empresa a dormirme, ¿qué motivación tengo para fingir?, ninguna —respondió, colocando un codo sobre la mesa y recostando una mejilla contra la palma de su mano. Temari dirigió sus verdes orbes hacia su hermano, quien le restó importancia al asunto sacudiendo una mano. En verdad que ya lo sabía, pero si Shikamaru hacía su trabajo sin dar el coñazo —no como cierto rubio que ahora trataba de convencer a Sasuke de que también usara la corbata como él, y este en respuesta lo amenazaba con que si le tocaba el cuello para desanudar la misma le haría saber cómo cabía un puño completo en una boca— podía echarse todas las siestas que le vinieran en gana.

La rubia se acomodó, recostándose en el espaldar de su silla.

—Bueno, en todo caso, estás frente a una dama, muestra un poco de respeto y siéntate como se debe, querido bebe llorón — ¿Nunca se lo dejaría olvidárselo, no? En serio, que lata con esa mujer, solo lo había visto llorando una vez en el hospital luego de aquél accidente de tránsito y no lo había dejado en paz. Maldita la hora, en verdad—. Finge al menos que sabes de educación, Shika.

—Lo siento profundamente, pero no poseo educación —respondió, frotándose un ojo con la mano libre. Oh~ vaya; si su madre lo escuchara diciendo esa frase seguro sería hombre muerto. Yoshino y su genio.

—Y debido a eso usé la palabra 'finge' —agregó elocuentemente, pasándose distraídamente la mano por una de las cuatro coletas.

Touché —ambos amigos giraron enseguida el rostro hacia Kakashi, que extrañamente había estado en silencio, pero eso podía deberse a que ya había apostado dinero con Sasuke para ver quien tenía razón con respecto a cuantas vueltas sería capaz de dar Naruto antes de marearse y posiblemente vomitar lo que había desayunado ese día—. Al parecer, la linda Temari siempre tendrá la última palabra.

—Muchas gracias, Kakashi-san.

—Bah, Mendokusai…—rezongó, recostando el rostro entre sus brazos de nuevo. Temari sonrió. Ese era su vago favorito—. Todos aquí son unos problemáticos.

—Si yo fuera tú, me levantaría, Shikamaru —el abogado sonrió bajo el tapabocas, al tiempo que estiraba un brazo para detener a Naruto; antes de que este pudiera preguntar la razón, Kakashi continuó—. Ya que los Hyuuga acaban de llegar.

Todos los presentes centraron su atención en él; regresando de sus diferentes cavilaciones para ponerle la debida atención que se merecía. Gaara entrecerró un poco los ojos; bien, la hora de la verdad había llegado.


La miraba, la miraba y no podía quitarle los ojos de encima. No lo hacía de ningún modo morboso y mucho menos con envidia…aunque, bueno, podía que un poco de envidia sí, pero únicamente de la buena. De hecho, se preguntaba cómo alguien viendo a tan agradable persona pudiera sentir más que solo cosas buenas. Porque debía ser imposible que cualquier ser sobre la tierra fuera capaz de desearle mal a aquella sonrisa tan dulce.

La joven mujer de ojos perlados parecía tan en paz con el mundo frente a ella como consigo misma. Tenía los rasgos suaves y delicados, incluso por un ridículo segundo pensó que haberla visto en movimiento hacia solo unos minutos había sido una ilusión y en realidad aquella figura de piel clara no era más que una escultura. Una elegante y carísima escultura de porcelana. En ese momento, Hinata miró en dirección a su acompañante, escuchándolo mientras colocaba algunos de sus largos cabellos azulados en su lugar.

Matsuri parpadeó, mientras inconscientemente se pasaba parte de su cabello tras su oreja derecha. Aquel cabello era tan largo y brillante; sin mencionar como el inusual color entre azul oscuro le sentaba de maravilla con su rostro. El suyo era corto —aunque estaba en proceso de dejárselo un poco más largo—, y castaño. No tenía nada de malo, claro, pero la comparación se hacia un poco inminente. Por un momento, la Hyuuga pareció notar que era observada y el sonrojo no tardó en subirse de golpe a sus mejillas, mientras bajaba enseguida la mirada. Matsuri rió, sin poder contenerse; eso en verdad era muy dulce.

Hinata alzó los ojos lentamente al oírle reír y le dedicó una pequeña sonrisa, tímida, algo indecisa. Wow, había escuchado de timidez, y ella misma muchas veces se consideraba una de esas personas…pero, ¿sonrojarse porque alguien la estaba mirando detenidamente? Hanabi no había mentido al usar las palabras "Introvertidamente tierna" para describir a su hermana mayor.

—…por eso espero que todo resulte bien, Hinata-sama —la aludida miró de nuevo al hombre a su lado, quien parecía esperar algún tipo de respuesta que respaldara todo lo que había estado diciéndole.

—P-Por supuesto, Neji-neesan —enseguida, dirigió sus ojos rápidamente hacia Matsuri y de nuevo hacia el castaño. Una rápida mirada cómplice, cómo si ambas supieran que ella se había distraído mientras le hablaba. Matsuri contuvo la risa esta vez; la chica en verdad se le hacía de lo más agradable por los pocos segundos que la había visto, ¿Por qué no podía trabajar allí con ella? Incluso se ofrecería, muy educadamente, a ser su secretaria para que de ese modo pudieran asignarle otra al altanero pelirrojo.

—Bien —concedió el hombre, con un solo asentimiento de cabeza, mientras se cruzaba de brazos sobre el pecho. Hasta aquel momento, la secretaria del jefe de Sunagakure Corporation, no había reparado en él. "Hyuuga Neji", pensó enseguida Matsuri, tras asociarlo con él forma como su amiga solía describirlo. Físicamente, sería imposible no reconocerlo; poseía aquellos perlados ojos tan característicos de la familia, el cabello castaño como el de Hanabi, pero él lo tenía largo…muy largo, casi hasta media espalda, recogido ligeramente al final. No mentiría, usualmente pensaba que los hombres de cabello más debajo de los hombros se venían terribles. Incluso solía bromear en su cabeza al respecto, sobre que podrían ser confundidos con chicas al ir caminando por la calle.

Se juró en aquel momento nunca volver a repetir eso; dentro o fuera de su cabeza.

Quienquiera que viera a Neji caminar por una calle, tendría que estar ciego o drogado con diez kilos de crack como para creerlo una mujer. Si bien podía tener el cabello largo, este le iba perfectamente; no se veía desordenado ni femenino. Era un largo y liso cabello castaño, que pegaba a la medida con su rostro serio y totalmente puesto en su lugar. Era alto y su contextura muy bien puesta, por sobre el traje elegante color almendra. Giró un poco el rostro. Es más, esa camisa oscura se veía realmente bien con el saco elegante encima; o quizás era el Hyuuga, que lo hacía lucir como un conjunto de diseñador, el muy infeliz.

— ¿Necesitas algo? —escuchó la gruesa voz de quien había estado analizando con "ojo crítico". Le miró y Neji pudo detectar la intención de fingir que no se le había quedado mirando; alzó un poco ambas cejas.

—No —murmuró, algo intimidada por aquella expresión, mirando a otro lado. Pero que hortero, pensó, frunciendo un poco el ceño. Sí, le estaba mirando, ¿y qué? También había mirado a la joven a su lado y ella muy en cambio había sonreído mientras se sonrojaba al descubrirlo. Eso era —por mucho— más educado y agradable que mirarle como si fuera un delito observarlo y mandarle ese "Necesitas algo" que se escuchó más como un "Deja de mirarme ya, niñata". Pff~, hasta lo hubiera aceptado se le observara con otros ojos.

Presumido. Ni siquiera era su tipo.

"Claro que no" susurró aquella maliciosa voz en su cabeza, que para su mala suerte tenía su misma entonación pero con cierto tinte morboso "Porque mi tipo son los pelirrojos."

Gruñó internamente ante el repentino pensamiento estúpido.

Tonterías.

Si ajá. Los pelirrojos, ¡por supuesto! Los bastardos, presumidos, altaneros, reyes-del-mundo y pervertidos pelirrojos. ¡Seguro, claro! Ahora resultaba que los mal nacidos pelirrojos eran su tipo, ¡anda ya que si!

Algunas veces en verdad quería abofetearse a sí misma.

—Y como no necesito nada, me retiro —anunció, y por mera inercia ante lo ligeramente presumido que le había parecido el castaño por un segundo —pareciéndose a cierto personaje de ojos claros que no era su tipo—, hizo una venia innecesaria ante Neji, aunque segundos después se arrepintió de eso. Que lista había amanecido ese día; como si pelear frente a la oficina de su jefe no pareciera suficiente merito para acarrearse un despido, se ganaría más puntaje siendo irrespetuosa con aquellos que parecían tan importantes para el futuro de la empresa. A veces se le ocurrían unas ideas, sinceramente.

Aún así, al levantarse, pudo ver de refilón como Hinata tenía una mano sobre los labios, ocultando su sonrisa. ¡Vale! Al menos tendría a alguien que podría apelar por su cuello cuando el Hyuuga posiblemente fuese a chismearle a sus superiores que andaba de chistosita, aunque dudaba que fuera comportamiento de alguien que parecía tan maduro.

—Espero realmente no haberte hecho daño al casi chocarnos…uhmm…—la joven de cabellos azules le miró, frunciendo ligeramente el ceño tratando de recordar su nombre. Ah~, tan usual que casi nadie se lo supiera, aunque no la culpaba. Ella no trabaja allí.

—Matsuri.

— ¡Ah! —su sonrisa creció un poco, mientras la miraba—. Eres con quien Hanabi habla todo el tiempo en casa, ¿verdad? Siempre la oigo mencionar tu nombre.

¿Y cómo no, si el lucerito más joven de los Hyuuga casi gritaba por el maldito aparato?

—Sí, esa soy yo —asintió con la cabeza. Era extraño, la hermana de su amiga no la intimidaba ni parecía de las típicas empresarias mala leche, que solo querían vestirse muy a la moda y casarse con algún ricachón de veinte años más que la sostuviera. Hinata parecía todo lo opuesto y no se sentía cohibida ante la Hyuuga…pero esta seguía siendo unas cuatrocientas posiciones más importante que ella en la escala empresarial. Eso intimidaba a cualquiera, joder—. Matsuri.

—Ah, ya veo. La culpable de que las llamadas importantes se atrasen en casa. La famosa Matsuri.

La castaña abrió la boca enseguida, mirando a Neji con toda la culpabilidad del mundo. No podía ser cierto, tenía que ser mentira. Porque sus conversaciones de trivialidades con Hanabi, tales como "Porqué el protagonista de la película que ambas estaban viendo al mismo tiempo tenía tendencias homosexuales y realmente se imaginaba besándose con el antagonista cuando lo hacía con su chica" no podían retrasar las importantes llamadas de ese tío, ¿verdad? El castaño le siguió mirando con total seriedad y se sintió disminuir hasta hacerse diminuta. ¡No podía ser verdad, maldición!

— ¡L-Le juro que…! —Tragó en seco, tratando de controlar su voz—. ¡Nunca ha sido con intención, señor Hyuuga! Hanabi j-jamás me ha dicho…e-ella siempre…—se mordió el labio inferior; ahora echaba al agua a su mejor amiga. Pero luego se la pagaría bien caro, algo se le ocurriría. Quizás y hasta se pondría en plan de matona de secundaria y le metiera la cabeza en un retrete. Claro, y encima tiraría de la cadena cuando la tuviera dentro. Eso le enseñaría a esa enana—. L-Lo siento —agregó finalmente, bajando los ojos.

—Neji-neesan no seas malo con ella —pero ciertamente, Hinata sonaba algo divertida. Alzó los ojos, encontrándose con Neji mirándole igual que la Hyuuga. ¡Mierda con los hombres empresarios sarcásticos del puto planeta! Era claro que jamás podría con ellos. Nunca. Y se moriría sin aprender el arte del sarcasmo, ¡y estaba muy orgullosa de eso!

Infló las mejillas y se aseguró los papeles mejor contra el cuerpo. Hombres. Patanes, nada más que eso. Todos ellos. ¿Qué les costaba soltarle un simple "Eh tú, la castaña. Vamos a hablar con burlas y sarcasmos así que está bien atenta, ¿vale?"? No parecía nada del otro mundo.

—Con permiso, tengo que ir a la oficina de Tenten —farfulló, enfurruñada, pasando en medio de los dos, hacia el ascensor. Ella muriéndose pensando que en verdad era la culpable de llamadas atrasadas y el muy gilipollas solo la estaba molestando. Pero claro, cuando ella le observaba si se ponía muy mal mirado. En verdad…Hombres—. Y vaya a saber Dios donde queda…—agregó, más para ella, entrando al molesto medio de transporte vertical.

— ¿La oficina de Tenten? —giró por última vez, escuchando a Neji hablarle—. Un piso más abajo, a la izquierda, dos puertas después de la de Nara —recitó, como si se supiera las indicaciones de memoria. Alzó una ceja; el tipo no trabajaba allí y era contadas las veces que se le veía por esos lares. ¿Cómo demonios podía estar tan seguro? Abrió los labios, pero el ascensor empezó a llenarse de gente. Se empinó un poco en sus tacones, solo alcanzando a ver el rostro impasible del castaño y a Hinata despidiéndose educadamente con la mano.

Soltó el aire con fuerza, desistiendo. El ascensor de Sunagakure Corporation. Ideal para cortar conversaciones en momentos cruciales y transportar pervertidos manoseadores. Iba a terminar por tomarle rencor a esa porquería de metal.


—Señorita Hyuuga —Gaara les observó desde el final de la mesa, con el rostro más profesional que cualquiera pudiera desear. Transmitía seguridad en cada una de las letras que salían de su boca, se mostraba serio, responsable y digno de tener toda su atención. Parecía relajado pero al tiempo que se tomaba muy en serio todo lo que le rodeaba, dando un aura de total confianza en lo que se refería a su empresa—. De antemano le pido mis más sinceras disculpas por el modo como se ha concretado esta reunión, y espero que usted junto a su primo se sientan en total confianza y comodidad durante la misma —indicó, mientras extendía la palma de la mano hacia los dos puestos vacíos a mitad de la imponente mesa de reuniones. Shikamaru le miró abriendo los ojos, mucho más interesado. Joder con Gaara, a eso le llamaba el don de la palabra. Con ese discurso hasta él se sentía bienvenido y con deseos de permanecer despierto lo que durara el encuentro—. Siéntanse como en su casa.

—Muchas gracias —murmuró ella, haciendo un inclinación de cabeza de forma respetuosa, mientras parecía algo nerviosa de tener a tantas personas mirándole como el centro de atención. Neji permaneció sin decir nada, retirando la silla para que su prima se sentara en esta.

— ¡Para nada! —explotó el rubio enseguida, pese a la única recomendación que le dio Sasuke antes de que la reunión empezara «Si no intervienes, todo saldrá bien. Tú solo finge que no has nacido». Tarado. Rió, mostrando su más enorme sonrisa, con la corbata anaranjada mal anudada al cuello de la camisa desabrochada ("Mejor eso que en su cabeza" había concluido el pelirrojo con resignación, luego de que Kakashi lo sobornara con Ramen luego de terminar la reunión si se quitaba la prenda de su frente) —. ¡Gracias a ti por venir, Hinata! —continuó, mientras apoyaba ambos brazos sobre la mesa y le miraba fijamente—. No tienes idea de lo importante que esto es para nosotros, en verdad.

—N-No es nada Naruto, e-en serio…

— ¡Además, mira todo lo que has cambiado! Te vi hace solo unas semanas y ya te veo diferente —continuó, ignorando el hecho de que cotilleo y trabajo no se juntan. ¿Qué iba a importarle a él? Hinata era su amiga a final de cuentas—. Tienes el cabello más largo, ¿verdad? Me gusta el cabello largo —concluyó, asintiendo, como si a todos los presentes les importara tal trivialidad sobre sus preferencias.

Hinata sonrió dulcemente, acomodándose un par de cabellos tras la oreja izquierda. Lo sé, pensó en su cabeza, tras aquel último comentario del Uzumaki. Le gustaba el cabello largo, claro que lo sabía. Lo sabía desde que se lo comentó hacía ya unos cinco años y ella lo tenía corto. Lo sabe desde entonces; lo ha dejado crecer desde entonces. Un encantador sonrojo surcó las mejillas y atravesó con majestuosidad la nariz de la joven cuando los ojos de Naruto la estudiaron más detenidamente. El rubio no tardó en regresarle una sonrisa más amplia al notarla sonrojada.

—Eh, te has puesto roja. ¿Tienes fiebre, Hinata?

—N-No, descuida. No importa.

Gaara tamborileó los dedos sobre la mesa. Con que…su amigo y diseñador grafico, ¿con la heredera del emporio Hyuuga? No podría dejar aquello en blanco; era seguro de que a aquel "lo-que-fuera" que tuvieran se le podía sacar un poco de ventaja.

Neji carraspeó, llamando la atención de todos los presentes. El pelirrojo evitó soltar un suspiro. Con él allí, todo se haría más complicado.

—Si no te importa, Naruto, vinimos aquí para discutir sobre negocios.

El de ojos azules le miró sin gracia alguna. También conocía a Neji, y muchas veces no le agradaba su forma de comportarse. Si estuviera allí Kankuro, ya habrían planeado algo para joderlo un rato. No era como si el Hyuuga fuera malo, pero…ajunas veces…simplemente era…mhm…"Amargado hasta las gónadas" era la mejor forma como el hermano mayor de Gaara solía resumirlo.

—De hecho, Neji, antes de empezar un negocio se saluda a los negociantes, por si no sabías —argumentó, echándose hacia atrás en la silla, escurriéndose un poco—. Y yo estaba saludando a tu prima, que además es mi amiga. Si también querías que te saludara solo debías decírmelo hombre, y no armarme una escenita de celos; de veras.

El castaño crujió los dientes y todos escucharon a Sasuke reír entre dientes. Las miradas viajaron ahora hasta el Uchiha. Gaara rodó los ojos. Su sala de reuniones siempre se volvía toda una telenovela, vaya cosa.

— ¿Algo te da risa, Uchiha?

Oh, le gustaba ese tono molesto hacia este. Un poco de ayuda para Neji no estaría de más, le demostraría que estaba de su lado. Claro, solo eso.

—A Sasuke todo le da risa; tiene un sentido del humor tan especial que solo él lo entiende.

Strike 2 y de nuevo lo ignoró todo, como si la voz de Gaara no fuese más que un zumbido molesto en el aire. Se aclaró la garganta, sonriendo de lado.

—Me da risa recordar algo, quizás amenice un poco el ambiente —comentó, recargando un codo sobre la mesa—. Y solo era el hecho de recordar como Hinata, aquí presente, puede lograr que la sola mención de su nombre desate toda una pelea en las oficinas de la corporación.

La aludida abrió los ojos, girando a mirar hacia Sasuke. ¿Ella? ¿Causar peleas? Parpadeó, algo angustiada. Eso no sonaba nada bien, ¿Cómo podía ser posible? Shikamaru, al otro lado de la mesa, sonrió. Ese maldito infeliz de Sasuke….

— ¿Lo recuerdas, Shikamaru? —continuó, mirándolo—. ¿La noche que comenté que si la señorita Hyuuga estuviera con nosotros Naruto tendría mejores modales en la mesa? Ahora que lo pienso, con solo nombrarla, hasta conseguimos que Uzumaki se vista apropiadamente—y sonrió. Segundos después, toda la sala de juntas estaba llena de risas. La risa de Kakashi (quien no podía esperar para comentar sobre ello en la invitación de Ramen aquella noche), la risa de Temari, la risa de Shikamaru y la risa de Sasuke. Naruto lo miraba con ojos simplemente asesinos, casi psicópatas, como si sus orbes cielo fueran capaces de salir de su lugar para tomar un cuchillo y matar a su mejor amigo de forma sádica. Hinata, por su parte, sentía como el noventa por ciento de la sangre se subía hasta su rostro, mientras le dedicaba miradas comprensivas y sonrisas apaciguadoras al rubio, quien empezaba a sentir algo de color en sus propios pómulos, mientras trataba de excusarse con banales «—¡N-no es verdad Hinata! B-bueno…de algún modo lo es p-pero… ¡Este idiota lo dice como si…! ¡Él en verdad no…!.» que no le servían para nada.

¡Sasuke empollón, esa sí que se la pagaría!

Neji miraba todo con rostro serio, sin encontrar aquello tan divertido. Ay, Dios. Algo le decía que pronto en la mansión Hyuuga su tío tendría que empezar a lidiar con cierto hiperactivo más de lo que le gustaría. Se llevó una mano a la frente. Esperaba, sinceramente, que por primera vez su sentido común fuera errado. Gaara prefirió no comentar nada, tan solo analizando las diferentes situaciones que empezaban a plantearse ante sus ojos; y claro, repitiéndose que él estaría mucho más entretenido de haber traído a cierta castaña consigo, ordenándole algo tonto como permanecer a su lado sosteniendo una jarra con agua fría. Uhm, si. Aunque habría sido un serio problema de distracción. Si a duras penas se concentraba las últimas semanas en su trabajo, sabiéndola afuera de su oficina, mucho menos podría prestar atención alguna a la reunión de tenerla al lado con esa maldita falda ajustada al cul

—Mejor, hay que empezar la reunión —anunció el de cabellos platinados, sonriendo tras el tapabocas, sacando al pelirrojo de sus bien formados pensamientos.

—Cierto —concedió Gaara—. A menos que Sasuke quiera compartir otro de sus comentarios con nosotros

—No, he terminado —agregó, mirando hacia Naruto, quien se estaba pensando seriamente la idea de meterle un puntapié bajo la mesa.

—Comprendo, uno al mes es el límite de muchos —Strike 3 y estás fuera. Doble sentido, ironía y con un gancho directo a su hombría. Eso sí que debió doler en el ego, ¿Eh Sasuke?


Harto. Cansado. Estresado. A unos minutos del dolor de cabeza. Sí, pero bastante complacido. Estaban mucho, muchísimo, más cerca de obtener los productos que necesitaban de los Hyuuga para sus nuevos equipos. Entonces, que Akatsuki se tuviera de donde mejor pudiera, porque los iban a patear por su anémico trasero. Se pasó una mano por el cabello rojo, dejándolo indecorosamente desordenado, mientras se aflojaba a corbata que podría llegar a costar más que un salario mínimo. Dos horas. Dos largas horas discutiendo y proponiendo ideas; ciertamente habrían tardado menos de asistir solo Hinata, puesto que Neji solo se ocupaba de poner peros innecesarios y agregar condiciones increíbles.

— ¿El sesenta por ciento? —Shikamaru le había mirado entonces, inclinándose sobre la mesa. Ese tipo estaba demente, ¿quería que ellos se quedaran con solo un cuarenta? ¡Eran una empresa mucho más grande, debían pagarle a muchas más personas! ¡Los Hyuuga no podían ser más de veinte trabajadores! Oportunista le decían, joder. Se pasó una mano por el cuello, estresado. Cigarrillo, eso era lo que necesitaba. Su maldito saco de nicotina para pensar más claramente—. Con todo el respecto que quizás no se me rece en este momento, Hyuuga, pero es más probable que yo deje de fumar a que eso suceda.

Y seguidamente tuvo que evitar hacer un gesto de dolor muy obvio, luego de sentir el prominente pellizco que Temari le propinaba en la pierna, bajo la mesa. Esta le dirigió una sonrisa, como si no hubiera ocurrido nada. Problemática agresiva, eso seguro le dejaba marca.

—El precio no parece demasiado alto para otras corporaciones, Nara.

Akatsuki. ¿Así o más directo? Hinata miró a su primo en silencio, clavando sus perlados orbes en él sin decir ni una palabra. Neji solo soltó un "Hmmp", mientras miraba en otra dirección. No lo observaba de forma acusadora, ni mucho menos. Solo era la dulce mirada de su prima, tranquila, acogedora, que en su lenguaje corporal solo le indicaba un «Se realista, Neji-oneesan. Además, eres el mayor, ¿no deberías estar dándome ejemplo? ¿Dónde están tus modales?». Era imposible no sentirse como un crio de cinco años luego de ser atrapado tras romper un caro y antiguo florero.

—Bien, quizás entonces más contadores deberían ayudarme para este punto —rezongó Shikamaru, suspirando lentamente—. Mendokusai. Gaara, ¿podría salir un momento para traer a Tenten conmigo? Quizás pueda ayudarme a pensar otra manera de dividir de forma más justa los beneficios que dejen las ventas.

El Sabaku asintió sin demasiados ánimos. Esa reunión iba a tomar mucho más de lo que tenía previsto. Kakashi sonrió de nuevo tras el tapabocas, mientras separaba los ojos de lo que parecía ser alguna clase de novela erótica. Habría que ser descarado para ponerse a leer guarradas y no poner ni pisca de atención; ni siquiera para ayudarlos.

— ¿Más chicas en la reunión? Eso sin duda lo hará todo más divertido.

Shikamaru rodó los ojos, en total desacuerdo, mientras el rubio solo soltaba algunos "Solo vienes a distraer la vista, Kakashi-sensei, al menos podrías disimular un poco…" medio desganado.

—Yo no lo creo —interrumpió en ese momento el de largo cabello castaño. Tan serio como siempre, en su lugar, totalmente profesional—. No creo que necesitemos que nadie más intervenga.

— ¿Y por qué no, eh? —comentó Naruto, repiqueteando la mesa con un bolígrafo. Estaba casi echado sobre la mesa y en algún punto de la reunión se había deshecho de su saco y ahora su corbata había regresado a su cabeza por inercia, dejando esa vez el nudo hacia tras. El Hyuuga lo miró de forma reprobatoria, como si su modo gamberro de vestir fuera un mero insulto a la sociedad. Hinata sonrió quedamente; no importaba como se vistiera el Uzumaki, simplemente, siempre se veía igual de bien—. Tenten es buena contadora. Podría ayudar, en serio.

—No estoy de acuerdo.

—Entonces tendremos que dejarlo así. Una verdadera lástima —Sasuke se estiró con elegancia en su silla, haciendo el mero hecho de bostezar todo un momento que apreciar con los cinco sentidos puestos—. Porque muchos aquí tenemos debilidad por las castañas. Habría despertado las ganas de dejar de leer, ¿a que sí, Kakashi-sensei?

—Completamente.

Los azulados orbes se dirigieron contra el Uchiha. "Debilidad por las castañas". Tenemos. Se incluía, el infeliz. Por favor; ¿a quién carajo quería engañar? Él sabía que continuaba teniendo conflictos internos debido a Sakura, se lo había demostrado unas horas antes en su oficina. Que no pretendiera hacerse ahora a las castañas del planeta, porque no le quedaba para nada. De hecho, era que no le convenía para nada que empezaran a gustarle las castañas del planeta.

—Debería guardar sus gustos para cuando la reunión termine, Uchiha, sería lo más profesional.

— ¿Verdad que lo sería? Ojalá y algún día, Neji.

Hasta entonces, Gaara notó que no fue el único aludido con aquel comentario de Sasuke. Quien lo diría, la reunión en realidad había terminado siendo como alguna clase de programa de chismes y cotilleo. Primero Naruto y ahora el Hyuuga. ¿Qué seguía? ¿Descubriría que secretamente a Shikamaru le gustaba su hermana mayor? Rodó los ojos. Por favor.

Como fuera, al fin estaba fuera. Y las posibilidades de tener a los Hyuuga en la bolsa eran muy altas. Bien por la empresa, sin duda.

— ¡Deberíamos ir a almorzar en celebración! —exclamó Naruto, con la camisa de algodón importado remangada y la corbata aún sobre su desordenado cabello rubio. Su sonrisa era de oreja a oreja. Sin duda el resultado de aquel encuentra lo aliviaba mucho frente a la idea de tener que despedir cierto personal.

—No lo creo Naruto, ya tengo planes para la siguiente comida —Temari se incorporó con elegancia, acomodándose el abrigo. Se pasó una mano por el cabello, asegurándose de estar perfectamente peinada. Como siempre—. Nos veremos después. Siempre es…interesante verlos a todos —sonrió, mirando a su hermano de nuevo antes de despedirse de los demás con la mano. Al pasar junto al Nara, simplemente lo despeinó un poco mientras el rezongaba un "Problemática". Taconeó hasta la salida de la sala, abriendo la puerta de golpe, para de nuevo retirarse con una horda de inclinaciones e interminables voces masculinas que solo repetían "Hasta luego, Temari-san" e incluso unos muy emocionados "Esperamos verla pronto".

El rubio suspiró.

—Bien, en ese caso Sasuke…

—Lo siento en el alma, usuratonkashi —maldito. Así le llamaba cuando eran niños para molestarlo—. Pero también tenía otros planes en mi cabeza.

Naruto giró enseguida su mirada hacia Gaara, Shikamaru y Kakashi, con gesto casi suplicante. No podían dejarlo solo; no después de eso. No quería ir a comer solo, aunque tampoco sería la primera vez que lo hiciera.

—Yo tengo trabajo atrasado que poner al día —murmuró Gaara, mirando a su amigo. En realidad podía salir con él a almorzar, pero ahora solo deseaba tomarse una pastilla muy fuerte, cerrar todas las cortinas de su oficina y dormirse en el cómodo sillón frente a su escritorio. Luego se lo compensaría invitándolo a cenar, hacía mucho no compartía con el rubio, y para ser sincero, era de las personas más cercanas que tenía—. Será después Naruto.

—Y yo concreté ir a casa de Chöji a comer —se encogió de hombros. Desde que él trabajaba en Sunagakure Corporation y su mejor amigo había montado su propio restaurante gourmet en el centro de Tokyo, habían tenido muy poco tiempo para verse, encontrar días libres se hacía casi imposible. El Uzumaki podía entender eso perfectamente, pero coño, siempre todos tenían algo que hacer cuando él proponía planes.

— ¿Y Kakashi-sensei…?

—Tengo tres citas para la misma hora —comentó, cerrando su libro. A nadie pareció sorprenderle. Desgraciado con suerte, pensó Sasuke divertido. El abogado debía ser el único hombre en la tierra capaz de tener varias citas al mismo tiempo, que ninguna lo notara, y que todo saliera de maravilla. No había poder humano que pudiera explicar aquello; quizás el tipo era alguna especie de superdotado con esas cosas. O tal vez las novelas esas porno (o de lo que fueran) si servían para algo útil después de todo—. Así que eso es un no —comentó, sonriendo mientras cerraba los ojos. Para esas alturas, Neji ya se había incorporado de su lugar y esperaba en la entrada de la imponente sala de reuniones, manteniendo a puerta abierta para su prima, quien permanecía aún recogiendo algunos papeles que le habían entregado durante la reunión.

Naruto miró hacia ella. Hinata era su amiga, como siempre se decía. No tan cercana como Sakura, pero era su amiga. La había conocido cuando aún estaba en la Universidad, luego de que ella y Sasuke compartieran una clase de cálculo avanzado. Les impusieron un trabajo a ambos y el día que trabajaban en la casa del Uchiha, el rubio había aparecido como Pedro por su casa, pidiendo comida y exigiendo que jugaran videojuegos para distraerse; entonces, la conoció. Siempre había intentado mantener las amistades que había hecho, por pequeñas que fueran, y aunque se había distanciado mucho de algunas personas, seguía siendo muy cercana a otras. La Hyuuga estaba en alguna clase de punto intermedio. La veía a veces, la gran mayoría por casualidad, pero la seguía viendo. Y por alguna estúpida razón Sasuke y Shikamaru siempre estaban dándole el coñazo con ella. ¡Que les dieran! Uno ya no podía tener a alguna mujer cercana porque ya resultaba siendo foco para que se pusieran insoportables. Les demostraría lo contrario, capullos.

«—Los mejores amigos sin dobles intenciones con una mujer no existen.» Solía decía el Uchiha; parecía estar seguro de ello. Completamente seguro. Era como su teoría existencial comprobada. «—Tenemos amigos hombres, "amigas" no necesitamos. Todo mejor amigo no es más que un caldero de hormonas a fuego lento, esperando su oportunidad para atacar. Las cuidan, las entienden, las acompañan a comprar ropa. Mentira.» Aseguraba, negando con la cabeza. «—En realidad, al cuidarlas, solamente están aprovechando la oportunidad para abrazarlas y rozarlas más de la cuenta. Al entenderlas, solo están tomando ventaja para echar pestes de su actual novio y asegurarles que "De ser yo, jamás te haría eso". Y, por supuesto, cuando las acompañan a comprar solo se las están imaginando desnudas cuando les posan con la ropa o proponiéndoles que entren a algún Victoria's Secret. Por favor Naruto…ya deberías saberlo.»

Anda, ya, para él…el azabache exageraba. Y exageraba con ganas. No podía ser cierto, imposible. No quería intentar ser más cercano con la doctora de cabellos rosados, porque vamos, Sakura podría malinterpretar las cosas y en algún momento molestarse. Y nadie nunca querría ver a la Haruno molesta —Dios nos salve—. Un acercamiento con ella estaba descartado, al parecer su grupo de amigos jamás superaría el hecho de que alguna vez le gustó en secundaria. Sin contar el hecho de que al Uchiha le terminaría dando mala espina, y podía decir lo que quisiera, pero Sasuke tenía asuntos sin cerrar con su amiga de ojos verdes.

Luego, quería una mejor amiga. No tenía una lo suficientemente cercana. Como…Shikamaru con Ino, o Lee con Tenten. Debía ser muy agradable tenerlas, ¿o no? Vio como la Hyuuga se incorpora, despidiéndose de todos con una tímida sonrisa. ¡Podía tener una amiga sin dobles intenciones, claro que sí! Y le denostaría a Sasuke que estaba equivocado. Sería un amigo sin dobles intenciones y alguien con quien de verdad podría contar. Claro que sí. Podía tener una amiga que fuera solo eso; su amiga.

— ¡Eh, Hinata! —llamó entonces, mirándola. La de largo cabello giró enseguida, con algo de color en las mejillas al mirar hacia él. Tragó en seco, susurrando un muy bajito "¿sí?". Sonrió, tomando su saco y caminando hacia ella—. Entonces tú, ¿querrías almorzar conmigo? No puedes decirme que no, anda, mira que todos me han dado el plantón.

La joven le miró dulcemente, mientras Neji rodaba los ojos con impaciencia.

—C-Claro Naruto —asintió, jugando ligeramente con sus dedos. El rubio sonrió, ¡Ah! La dulce Hinata, en verdad que Sasuke se equivocaba. ¿Cómo poder tener pensamientos de 'ese tipo' estando con alguien tan encantador e inocente? Sería como pensar que un niñito vende armas de fuego en el parque—. Me encantaría.

— ¡Perfecto!

En ese momento, Gaara dejó la sala de reuniones, sin escuchar más sobre los planes que empezaba hacer el diseñador gráfico sobre el lugar donde podrían ir, demasiado emocionado para tratarse solo de comida. Pero después de todo, estaban hablando de Naruto. Caminó hacia su oficina mientras se masajeaba el cuello con la mano derecha. Mierda, estaba tan tenso. Necesitaba descansar aunque fuera solo un poco. Hacer cualquier cosa que no estuviera relacionado con el trabajo. Lo que fuera. Rezongó un poco al no ver a la secretaria en su puesto de trabajo. ¿Dónde podría estar ahora? Justo cuando pensaba fastidiarla un rato no aparecía, quería picarle un poco con eso de andar peleando con Hanabi fuera de su oficina. Si tanto le gustaba la lucha libre podía conseguirle un ring dentro de su oficina, un traje ceñido al cuerpo, y que peleara todo lo que quisiera frente a sus ojos.

Reprimió una sonrisa de lado. Eso sí que lo relajaría. Abrió la puerta de su oficina, aún cuestionándose cuando podría costarle instalar una plataforma de boxeo, antes de que algo causara que se detuviera. Allí, dejando el informe, dándole la espada. Evitó reír entre dientes, mientras cerraba lentamente la puerta tras de sí, procurando no hacer ni un ruido con esta.

—Si estas buscando a Hanabi para cumplir tu promesa de lanzarla desde una ventana, creo que sigue escondiéndose de Hyuuga Neji —comentó, con la voz más casual del mundo. Como si tuvieran horas platicando y él continuara con la charla luego de un corto silencio. Matsuri, dándole la espada al estar inclinada hacia su escritorio, dio un respingo. Respiró hondo y se llevó una mano al pecho. Ese cabrón. Que susto le había metido—. Aunque siendo sincero, de ser ella, yo también me escondería. Él tipo es insoportable cuando quiere.

La castaña se giró lentamente, mientras lo miraba con el ceño fruncido. Era irónico que el pelirrojo hablara de ser insoportable.

—Parece ilógico estar buscando a mi amiga aquí adentro, ¿no?

El Sabaku terminó de cerrar la puerta, con el picaporte en su mano, tras su espalda.

—Entonces debe ser que estás aquí por la segunda opción que había pensado.

La menor taconeó, mirando hacia este. Era increíble que lograra exasperarla tanto cuando solo habían cruzado unas cuantas palabras. Y eso que aún no le perdonaba como le había hablado en el ascensor cuando lo de Sasuke, como si fuera una cualquiera, el muy atrevido sinvergonzón.

— ¿Y cuál se supone que es esa?

—Que has venido con la intención malsana de drogarme y pagar todo tu mal genio conmigo, volviéndome alguna especie bizarra de esclavo sexual sumiso —y dicho esto, colocó el pestillo en a puerta. Uno, dos, tres, cuatro, cin… ¡allí estaba! Cuatro segundos y medio fue lo que tardaron las mejillas de su secretaria en adquirir color. De hecho, parecía como si se hubiera pintado todo el rostro de carmín intenso. Sabía que era; rubor de vergüenza, rojo de molestia. La combinación que más le gustaba ver en Matsuri, ahora sí que se estaba divirtiendo.

— ¿Qué, QUÉ? —eso era sin duda pasarse de la raya; agh, ese estúpido con sus comentarios mal sonantes la tenían harta.

— ¿No es eso? Pues ya empezaba a temer por mí no-virginidad —agregó, con sarcasmo casi palpable. La forma en que lo pronunció, mientras la miraba de forma penetrante y casi abrumadora, causo que su respiración se alterara unos segundos. Pero esta vez sostuvo sus ojos con osadía; basta. No importaba que su imagen fuera como para infartarse, basta—. Aunque si piensas desahogar tus patologías sexuales incontrolables conmigo, procura ser dulce. No quiero que me duela —agregó con desfachatez, antes de dedicarle una sonrisa de lado, casi bastarda.

La boca de la castaña se abrió formado una perfecta letra "o". ¡Infeliz bocón! ¿Cómo se atrevía a decir eso con tanta tranquilidad? Gamberro sin censura, que poca educación tenía. Pero oh, en verdad ¿Quién coño se creía que era ella? Suficiente, esa era la gota que derramaba el vaso, era hora de que alguien le enseñara modales a ese maldito descarado.

— ¡Por supuesto que no! —Le espetó, mientras fruncía más el ceño—. Y puede estar seguro de que si tuviera las llamadas, "patologías sexuales incontrolables" —hizo comas al aire con los dedos—. ¡Sería la última persona del planeta con quien las desahogaría, imbécil!

Imbécil. La primera vez que se lo decía fuera de su cabeza, la lengua le cosquilleó y dejó un gustillo dulce en la punta de los labios. Se sentía tan bien espetárselo a voz de grito. Infinitamente bien. El pelirrojo entrecerró los ojos; esa mujer, se estaba ganando que la secuestrara en esas condenadas cuatro paredes. Nadie le decía de ese modo y se salía con la suya, así se lo mereciese. Nadie le decía imbécil, y de los labios de su secretaria no sonaba más que como una agresiva provocación. Por fin se había decidido a insultarlo frente a frente; casi se sintió gruñir de satisfacción por dentro. Joder, podía asegurar que un insulto jamás lo había tentado tanto. Debía estar empezando a írsele la olla, corrérsele el champú, o como fuera que se dijera el hecho de volverse completamente loco.

—No me digas…—soltó, con voz áspera y gruesa. Tan malditamente masculina. Caminó hacia ella con lentitud. Una lentitud que podría clasificarse como el paso de un depredador acorralando a su presa. La castaña bufó, dando pasos hacia atrás para alejarse más de él. De mantener la misma distancia. El Sabaku evitó reír entre dientes, ¿ahora huía? Por favor, si la mamá de Bambi no había escapado de sus cazadores, Matsuri no escaparía en ese instante de él, la diferencia era que aquello no tendría un final apto para las películas de Disney—. Entonces, ¿con quién sería el primero en la lista? —cuestionó, sin dejar de caminar, mientras ponía las manos en sus bolsillos.

La castaña tragó en seco, dando un nuevo paso hacia atrás, antes de sentir su espalda chocar contra el borde del escritorio. Miró en diferentes direcciones, sin encontrar hacia dónde ir. Casi pudo ver los profundos ojos de su jefe brillar, y mierda, que verlo caminar hacia ella con aquella aura de extrema tranquilidad, el cabello sin ordenar y la ropa de oficina convenientemente mal puesta eran suficiente para producir un suicido femenino en masa. Si en los diferentes Discovery creían que grabar a tigres cazando cebras era intenso y la forma más feroz de la naturaleza al ataque, era porque obviamente nunca habían visto a Sabaku No Gaara caminar así hacia alguien.

— ¿Qué le importa? —fue la primera oración de tres palabras que su cabeza se sintió capaz de procesar. Porque ninguna neurona quería chocar con otra para producir ni una sola idea. Todas estaban evocadas contra sus pupilas, cada una más deseosa que la anterior por ver al pelirrojo más detenidamente, que para esas alturas ya estaba frente suyo, mirándole fijamente. Hijo de puta; que mirar así a alguien debería ser ilegal.

—Me importa lo que yo quiera, Mat-su-ri —pronunció su nombre lento, viendo el nerviosismo y la ira asomarse por cada poro de piel femenino. Estaba molesta consigo misma de estar cayendo de forma tan patética ante él. Pero, coño, que su nombre nunca se escuchó también. En realidad, iría a los registros civiles y haría que se lo dividieran en tres partes, y obligaría a que todos lo pronunciaran como lo había hecho su jefe, aunque era seguro que a nadie le sonaría tan bien como a Gaara—. Responde.

Le ordenaba, más encima. Se sintió morir; ver a través de los cristalinos ojos aguamarina frente a sí abrirse las puertas del mismísimo infierno, para que cada uno de sus sensuales atributos varoniles la tentaran a fundirse en el fuego más placentero hasta ahora conocido. Y se vio dentro, solo por un momento; y el infierno se volvió paraíso por dos miserables segundos al imaginarse lo bien que se sentiría estar en brazos de Sabaku No Gaara.

Del bastardo de su jefe.

Las puertas se cerraron de golpe y regresó a la realidad. No, no. Las palabras de hacía un rato resonaron en su mente. No podía dejarse, solo quería joderla. Y no se lo permitiría, porque era mucha mujer para eso. Buscó, mejor dicho, revolcó en su cabeza algo que decir. Lo que fuese, cualquier cosa. Algo que lograra quitárselo de encima, —muy a pesar de cierta parte de su ser—.

—Sasuke —respondió, y un nuevo silencio de formó en la oficina. Uno muy distinto al anterior. Porque podría haber dicho Shikamaru, Naruto o incluso al tipo Hyuuga. Pero pensó de nuevo en la escena de aquel día y solo se le ocurrió. Y en lo enfadado que parecía el pelirrojo con él—. El primero sería el señor Sasuke.

Pudo presenciar como la mirada del pelirrojo iba cambiando lentamente. Como si hacía solo un momento sus ojos estuvieran hechos de líquido, un caliente y espeso azul marino en llamas. Como si fuera lava, que lentamente empezaba a congelarse, para volverse hielo. Seco y duro. Se mordió el interior de los labios. Maldita sea con esos ojos; y una vez más se sintió culpable, como cuando más temprano al aceptar la ayuda del Uchiha para incorporarse, y ahora por el hecho de haberlo nombrarlo. El Sabaku lo conseguía, casi hacerla desear disculparse por haberlo sacado a colación; acusándola de forma abrumadora. Pero… ¿y eso porqué? Una vez más, no tenía nada de malo hacerlo. Él le había preguntado y ella respondía. Que se jodiera, y además, ¡que se alejara un poco! Había una cosa llamada "burbuja personal" por si no lo sabía.

—Señor Uchiha —corrigió Gaara, de repente, tras el largo silencio. Con un tono muy diferente al que había empezado a usar en ella. Era ese tono que utilizaba cuando quería ser un completo imbécil narcisista—. Sé más propia —agregó con un mordaz sentido del humor negro y prepotente, sin llegar a aumentar ni disminuir la distancia a la cual se encontraban.

—Él dijo que podía llamarlo de ese modo —respondió enseguida, casi a la defensiva, saliendo por completo del transe de hacía un rato.

—Que obediente.

Como un perro. Obediente. Estúpido, y pensar que casi cae en su juego. ¡Pero eso era un casi! Y juraba por las puñeteras lágrimas que derramó con Hanabi al ver el final de American Idol en su casa, comiendo kilos de helado de chocolate, que no caería de nuevo.

—Lo que usted diga, Señor Sabaku.

La diferencia de tratos pudo ser obvia hasta para un desconocido. ¿Con que empezaba a entablar una linda amistad con Sasuke? ¿Mucho nombre de pila para el Uchiha y apellido pronunciado con desprecio para él? Que interesante. Matsuri empezaba a verse como un interesante reto a descubrir; un reto que desesperar, joder, hacer sonrojar con violencia y sacar de onda tanto como pudiera. Porque esa castañita contestona conocería quién era él. Y para cuando se diera cuenta, el nombre de ese capullo de Sasuke sería lo último que su cabeza recordaría.

—Claro que si —murmuró, usando una entonación casi arrulladora. Intentó ignorarlo, bufando. Aunque pasar por alto ese tono tan del "ven y ronronéame en el oído" no era trabajo simple. Le miró enfurruñada, tratando de fusilarlo con los ojos—. Porque siempre es como yo diga. Siempre.

Mierda con él.

— ¿Quiere hacer el favor de alejarse? Creo que soy alérgica a los cretinos.

—Uhm, interesante. Siempre estás rodeada de cretinos y nunca pareces tener ninguna reacción extraña.

—Usted principalmente.

— ¿Conmigo? Pues dudo mucho que temblar como mantequilla sea una reacción alérgica, pero atestiguaré ante los médicos cuando pregunten los síntomas —de nuevo tan cerca. Tan malditamente cerca. Reaccionó más aprisa, escabulléndose entre un pequeño especio entre la mesa y el pelirrojo. Casi corrió tres pasos lejos de su alcance, mirándole con ojos de Jason en el fulgor de Viernes 13. "No-te-acerques" casi ordenaban sus molestos orbes negros. Tsk, una verdadera lástima que él no obedeciera ordenes. Solo alcanzó a dar un paso, antes de que la puerta de su oficina se abriera de golpe. Mierda.

Demandaría al diseñador de las puertas de su empresa tan pronto pudiera, le habían vendido un pedazo de porquería al que no le servía el pestillo. El puto pestillo. ¿Qué era una puerta sin la capacidad de permanecer cerrada así otros quisieran entrar? En verdad, lo demandaría y se haría más adinerado —si es que eso era monetariamente posible— con el maldito juicio.

—Hey, Gaara, ¿sabes dónde está Matsu…—miró al interior de la oficina. Divertido; parecía como si acabara de pausar una película y todos sus personajes se hubieran congelado—. …ri?

Oh-gracias-Dios-mío. Se haría la más fiel de las feligresas y haría que Hanabi le acompañara todos los domingos a misa desde ese instante. Respiró hondo, sintiendo como si Sasuke fuera algún tipo de salvador enviado por el mesías. No tenía ni idea porque estaba buscándola, ni siquiera había reparado en ese detalle. Solo sabía que estaba allí y eso suponía tener al pelirrojo —con todo su sensual y atractivo ser— lejos de ella.

Gaara cerró los ojos un momento. Increíble. Y es que era increíble. Mañana mismo pondría una regla. Si, usaría todo el salario del Uchiha para hacer una placa enorme frente a su oficina que advirtiera que todos debían tocar antes de entrar. Y mucho más si la puerta estaba cerrada. Pondría algo drástico, para que nadie se atreviera a desobedecer. Algo como "O tocas, o te mato".

—Sasuke —escupió su nombre, con desagrado. Simplemente increíble. Y más encima ponía cara de circunstancia, de algún modo debía haberse olido que la castaña estaba con él. Que se consiguiera una vida o lo que fuera. ¿No que tenía planes para almorzar? Pues que se largara a ello.

—Gaara —respondió, simplemente, antes de sonreír ligeramente. Habían sido tres golpes bajos hacia él durante la mañana, pues bien, era hora de la venganza. Y aunque dicen que es un plato que se sirve frío, el pelirrojo lo probaría ardiendo. Más que eso, lo quemaría, y muy lentamente—. ¿Sabes dónde está Matsuri? —repitió lacónicamente, casi con ironía. El aludido entrecerró los ojos.

—No.

La castaña evitó el impulso de abofetearlo. Ahora fingiría que ella era invisible, ya, claro.

—Lástima, venía a proponerle algo.

Algo. Algo.

Almuerzo; planes; proponer; algo. Y la buscaba justamente a ella, cosa que usualmente no haría. A esas horas. A ella. Proponer algo.

—No —repitió enseguida, como si la negativa casi hubiera cobrado vida propia y se hubiera manifestado por su cuenta. No; no. Ni en sus sueños. No. Nunca. ¡No!

Oh, oh, oh. ¿Qué teníamos aquí? Gaara estaba realmente tenso. Que divertido, ahora los papeles se intercambiaban. Carraspeó suavemente, llamando la atención de la secretaria. El pelirrojo no tardó en fulminarlo. Mataría a Sasuke. Lenta y tortuosamente. Lo cortaría en pedacitos, lo molería y lo usaría de aderezo en su ensalada —pensado que llevaría su maléfico plan acabo en un lugar donde hacer todo ese sádico objetivo fuera legal, 'por supuesto'—. El caso es que si no lo mataba físicamente, tendría el placer de hacerlo de muchas y variadas formas en su cabeza. Infeliz. Tenía que haber entrado justo en aquel momento cuando empezaba a ponerte tan "cómodo" con su joven secretaria. Oh bueno, aclarando, cómodo él y encantadoramente alterada ella.

—Como fuera, venía a buscar a Matsuri —repitió el Uchiha con astucia, alzando las cejas mientras la mirada. Gaara entrecerró mínimamente los ojos claros.

—No me digas —dijo entonces, con palpable ironía y sarcasmo—. Si no lo hubieras repetido unas…cuatrocientas veces antes, no lo habría creído.

—No…no te decía a ti. De hecho, solo se lo estoy diciendo a ella —El ambiente se puso pesado, hasta el aire parecía más aplastante. La castaña, aun estática en su lugar tres pasos más lejos de su jefe como si su vida dependiese de ello, les mirada entre confundida y nerviosa. Vaya, se preguntaba, ¿Qué se había echado aquella mañana? Quizás el agua de su baño tenía algo especial, porque no era nada usual ser tan solicitada. Sasuke se llevó el dedo índice a los labios y para sorpresa de la joven, le indicó al Sabaku que guardase silencio mientras le miraba con gesto de estarla dando una educada reprimenda. Por Dios. La menor abrió los ojos, ¡a eso le llamaba valentía! No era más que un gesto combinado de mano y rostro, pero resultaba más denigrante que escupirle en el elegante traje que portaba el pelirrojo en ese instante—. Ahora bien —centró su atención en ella por tercera vez—. Me pregunta, Matsuri, si quisieras acompañarme a almorzar el día de hoy.

Sintió como si su cabeza empezara a zumbar, tras escuchar aquello. Miró hacia el Uchiha confundida, debía haberse equivocado de persona. No, no podía estarla buscando a ella para eso. No entraba entre las leyes naturales del cosmos. Las que daban todo sentido y organización a la vida; que Sasuke Uchiha la estuviera invitando a almorzar a ella. No, simplemente no. Trató —y en serio trató— de encontrar la forma de decirle que estaba confundido. Que no quería invitarla a ella, si no a alguna rubia exuberante de piernas largas, alto estatus social y la habilidad innata de mover las pestañas más de la cuenta. Trató de decirle que en realidad se había golpeado la cabeza aquella mañana y por eso ahora hacía incoherencias. Trató de decirle que era muy amable, pero que simplemente estaba loco.

Trató, en verdad, pero eso fue lo último que su coordinación cabeza-boca consiguió.

— ¿Cómo una cita? —susurró con incredulidad y segundos después quiso asesinarse por tanta estupidez existencial de su parte. ¿Eso lo dijo ella? Quizás, y es que en serio, le debía estar tomando el pelo, que salieran juntos sería interpretado como una cita. Y nadie quería eso, ¿no? No creía que Sasuke quisiera una cita con ella; aun incluso le sorprendía el hecho de que le hubiera pagado el desayuno esa mañana.

El azabache se encogió de hombros, con tranquilidad y desenvoltura.

—Si eso quieres tú…

Imposible. Abrió los labios de nuevo, dispuesta a soltar su siguiente pregunta de incredulidad pura, algo que iba por el camino de "¿Y cuanto le ha costado el kilo de heroína?" muy seguida de algún "¿Qué acaso meterse esas cosas raras no es ilegal, señor?", pero alguien más se adelantó.

—No —intervino Gaara, con voz terminante. Con voz de jefe. Con voz severa—. Ella no quiere.


x ~ Ayer pasé por tu casa…. Y nada, hicimos visita ~ x
(Cada día peor)

Notas de la Autora: Me tardé y traigo 17 páginas como disculpa. Mañana te llegaras flores y chocolates. En serio.

Sobre el capítulo: Ufff; ¿Qué decir? Me gustó y le metí más parejas. Traté de manejar a Neji, os juro. Necesito un curso intensivo de NejiTen. Ah~, Gaara en plan sexy, me encanta. El pelirrojo es la onda, díganme si no. Creo que se nota tanto que me encanta Hinata; mi forma de describirla lo hace obvio; pero bueno, me gustó. ¿Tienen ideas, propuestas para la historia? Solo déjenlas, que todas serán leídas y muchas tomadas en cuenta.

Nota Final: Selene es oficialmente mi Musa de lo hetero. Solo unos minutos de conversar con ella y las ideas fluyen sin parar. Mujer, en serio, me pones en mi modo más GaaMatsu.

Hoy no hablé mucho, perdón. Es que siento que ya los dedos están que se caen de mis manos y el sonido del teclado ya me tiene harta. Para el próximo capítulo, SuiKa.


'¿Review?'