¡Hola a todos chicos y chicas!

Les traigo a todos una nueva historia pero esta vez de la Saga Crepúsculo. Esta historia me cautivo desde el primer momento que comencé a leerla. Esta historia no se basa en la mitología que Meyer creó sino que es Universo Alternativo, eso quiere decir que se basa en la vida actual.

Doctor Cullen, es una historia que ha salido de mi cabecita y la de una amiga, lo sé es raro que de mi cabecita salga algo, pero es lo que ha ocurrido. La historia se basara en la vida de una estudiante principiante de medicina que le van sucediendo cosas inesperadas.

Así que si quieren saber más sobre esta historia lean y comenten porque sino lo hacen no lo continuaré porque mis ánimos estarán por los suelo

Aclaraciones: No me pertenecen ni Crepúsculo ni los personajes, todo es de la propiedad de Stephenie Meyer. Porque de no ser así Edward sería todo mío sobretodo los fines de semana y Jacob sería mi amante bandido.

Notas: Bella - Edward

Sugerencias: ¡Reviews! Si quieren que lo continúe háganmelo saber. Al menos unos cuantos, por favor. Todos vuestros comentarios se agradecen y lo sabéis ¿Qué os cuesta dejar un comentario? Sólo son dos minutos o hasta menos...

Summary: Él era el hombre más frío, más ególatra y desafortunadamente el hombre más sexy que había visto en mi vida. Por cartas del destino acabé viviendo bajo su techo y si eso fuera poco él es mi superior en el hospital. ¡Esto no podía ponerse peor!

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Doctor Cullen

La desgracia cae ante mí

By:
Saku Chan
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Mi nombre es Isabella Swan. Tengo veintitrés años, mi pelo es castaño, liso y con alguna que otra ondulación, me llega más o menos hasta los hombros. Mi piel blanca complementa a mis ojos color chocolate, los que por mi parte son horribles. Debo medir uno sesenta y pesar cincuenta y pico, no lo recuerdo bien y tampoco es mi intención saber lo que engordado, como toda chica normal.

Hoy es un día muy especial para mí, me he marchado por fin de casa. Al fin he tenido el valor suficiente para decirle a Charlie que me marchaba de allí. Le ha costado darme el visto bueno pero con mi alto grado de convencimiento lo he convencido, aunque ha costado lo suyo. Mi madre murió cuando yo era aún pequeña según mi padre fue ha causa de una enfermedad llamada esquizofrenia, una de las enfermedades más difíciles de curar y más trágicas al paso del tiempo.

Por eso decidí estudiar medicina, por eso decidí ser una de las mejores simplemente para poder salvar vidas a todo coste dando todo de mí. Muchas razones me llevaron al lugar donde estoy en el día de hoy, pero eso no es todo, siempre había deseado la independencia y hoy por fin ese deseo se había cumplido.

Miré por última vez el paisaje soleado que la ciudad de Fénix me ofrecía, suspiré, lo echaría de menos, pero no debía abandonar mi camino hacía mi futuro como médico y lo mejor que podía hacer era ir a Forks donde habían salido los mejores médicos, bueno, al menos algunos de ellos y según me han dicho hay un doctor que es muy bueno en esto de las enfermedades crónicas.

Mi padre sonreía dulcemente, me había traído al aeropuerto con mi vieja furgoneta, a la que también la echaría de menos. Charlie no dijo nada sólo me abrazo fuertemente mientras que rebeldes lágrimas caían de mis ojos, mi padre también lloraba, lo pude saber por los pequeños sollozos que escuchaba y porque una parte de mi hombro se encontraba mojada, cuando nos dimos cuenta de que los dos estábamos igual, sonreímos con timidez mientras nos separábamos.

- Cuídate mi niñita – me dijo – Llámame cuando llegues a tu nueva casa, estaré esperando la llamada ansioso – me recordó.

- Claro papá – Acepté – Lo intentaré hacer lo antes posible – le prometí sonriente.

El vuelo 436 destino a Forks salé en diez minutos.

- Ese es mi avión, debo marcharme – le dije.

Nos volvimos abrazar, sinceramente Charlie era un buen hombre y como no, padre también pero debo admitir que nunca hemos estrechado nuestra relación simplemente cuando nos necesitábamos nos hacíamos notar que estábamos allí para lo bueno y para lo malo. Según me han dicho, lo cual aceptó, es que soy demasiado madura para mi edad, dicen que nací ya siendo adulta, reí al recordar las palabras de Elizabeth mi nana de pequeña.

- Recuerda cariño, debes cuidarte – me recordó mientras se hacia el duro consigo – Iré a verte cuando pueda.

- De eso nada, tu en casa yo seré la que venga y la que llame bueno esto último lo podemos hacer los dos ¿no crees?

- Eres magnifica – m halagó – Me alegra ver en la mujer que te has convertido, me recuerdas mucho a tu madre...

- Papá ya me tengo que ir – le di un beso en la mejilla, cogí mi equipaje y me abalancé hacia la gente – Adiós papá, te llamaré – me despedí con la mano.

Corría hacía la puerta de embarque para subir en el avión, todo pasaba lentamente para mí mi sueño se estaba cumpliendo y lo único que necesitaba era cruzar aquella puerta para subir pero lamentablemente lo inevitable sucedió tropecé y todo cayó en el sueño, mi torpeza y mi falta de equilibrio se habían tardado en salir a flote pero ya lo habían hecho t ahora era la risa de todo el aeropuerto. Me levanté como pude del suelo, recogí mi equipaje y con paso firme y con un dolor de rodillas que no veas me dirigí hacia la puerta del avión ignorando las risas de la gente de mi alrededor.

- Tome – le di mi billete

- Sí-í-í – Tartamudeo más por el miedo que por la vergüenza.

Entre enojadísima al avión, pero al ver que ya no era el centro de atención me relaje de sobremanera. Busque mi asiento: Asiento cuarenta-y-cinco. Al fin lo encontré pero para mi mala suerte me había tocado al lado de una anciana, que por las pintas que llevaba y mi instinto me decían que este sería un viaje muy largo... Lamentablemente no me equivocaba en ello.

[···]

El viaje había sido más aterrador de lo que me pensaba, ahora ya sabía que las alturas no eran lo mío y la pobre anciana lo había vivido en directo por mis expresiones. Cuando todo había pasado la señora de cabello blanco comenzó a explicarme su vida: que si esto, que si mi familia... Muchas cosas, pero al fin al cabo de tres horas y media el avión aterrizó, me despedí de la mujer que había conocido y sin darle tiempo a nada salí por patas.

Salí del aeropuerto con mis maletas ya en las manos. Me sentía un poquito desorientada, eso siempre me pasaba cuando no conocía un lugar iba yo y me perdía, por eso nunca me dejaban ir a las excursiones de colegió. Olvidando ese tema, era hora de ir hacía el nuevo apartamento, mi apartamento. Cogí el llavero donde una llave metálica relucía, sonreí con altivez al ver que iba a ser independiente estaba feliz.

Cogí un taxi y me fui a la dirección que me habían dado, me habían dicho que el apartamento lo compartiría con alguien pero a mi eso me da igual, lo importante era que respiraba libertad, la jaula donde había estado se había roto y como un pájaro yo había salido volando.

El taxi paro su trayecto en frente de una gran casa, la fachada estaba pintada de un color amarillo pastel, mientras que el tejado era de punta con racholas ovaladas de color naranja tirando a marrón. Salí del taxi y con temor pique al timbre cuando tuve todas las maletas preparadas, con suerte me tocaría un compañero amable o si era una mujer una buena amiga.

Al poco rato de picar alguien abrió la puerta, era un joven de piel blanca y de pelo bronceado estaba empapado solo tenía una toalla en la cintura que tapaba su intimidad. Me sonroje ante tal imagen, ese chico parecía un Dios sacado de un cuento de hadas era irreal, casi insultante que existiera alguien tan perfecto, pero como un sueño él se encargo de romperlo.

- ¿Te vas a quedar ahí parada o tengo que llamar a la grúa municipal? - preguntó

- Eh – salí de ensoñación – No hace falta pero, podía vestirse ¿no? – le recriminé

- Si se que lo que ves te gusta – me espetó burlón

- Creído – susurré

- Tengo motivos, mírame – se halagó él mismo fríamente – Bueno lleva tus maletas a la habitación que esta en el final del pasillo – me ordenó mientras se iba a la ducha.

Sexy, guapo y sensual a primera vista pero luego te das cuenta que es un creído, un prepotente y un cretino. No lo conocía y ya le estaba odiando. Me dirigí hacia donde me había dicho que fuera, lo que encontré fue una cama bastante grande por cierto, un armario amplio para guardar la ropa y por último una ventanita que daba paso a la claridad no mucho estábamos de Forks un pueblucho donde la luz no era muy habitual.

Cuando acabé de empaquetar decidí que era hora de salir a conocer a mi nuevo compañero, lo que esperaba de él es que bajará sus humos al menos aquí conmigo, porque yo con él no quería nada al menos mi parte racional porque mi parte irracional estaba ya teniendo fantasías algo inapropiadas con él...

Salí, me dirigí a ver las diferentes habitaciones de aquella inmensa casa, abría puerta y miraba adentro, sin vergüenza aunque con timidez. Llegué a la cocina la que no se encontraba demasiado lejos de habitación. Era amplia, extensa y por encima de todo divina, quien hubiera decorado esta casa tenía un gusto divino, mis pensamientos fueron interrumpidas por aquel prototipo de hombre perfecto que había sido un fracaso más para la perfección.

- Te gusta – afirmó más que preguntar – La decoro el monstruo que tengo como hermana, cuando te vea lo más seguro es que queme tu ropa y llevarte de compras – anunció.

-¿Qué tiene de malo mi ropa? – le pregunté – La llevo yo, así que a quien no le guste que se valla al carajo.

- Tranquila fiera...

- No me llames así sino quieres que yo te llame de otra forma la que no te gustará mucho – amenacé.

- Mi nombre es Edward Cullen – se presentó con frialdad – Pagarás la mitad de cada factura ya sabes agua, luz, gas...

- Lo deduje – le dije – Ya tengo trabajo voy a trabajar en el hospital de aquí – le expliqué – Por cierto mi nombre es Bella Swan – le dije ofreciéndole la mano.

Miró la mano que le tendía pero paso de ella, que grosero pensé.

- A se me olvidaba nos turnaremos para cocinar, yo pares y tu impares – dijo- sino te gusta la idea ahí tienes la puerta.

Le miré, lo odiaba más..., con nadie había sentido lo que sentía con él no podía explicarlo, sentía ganas de tirarme y pegarle unos cuantos golpes y yo no era nada violenta hasta que me enfadaba. Dejando ese tema miré el reloj y vi que eran ya las seis de la tarde, estaba muy cansada así que sin mirarle ni dirigirle la palabra me fui a mi habitación puse el despertador a las ocho de la mañana, hora en la que tenía que ir al hospital, me vestí con una camiseta que me venía grande, me acosté, cerré los ojos y me sumergí en el mundo de los sueños.

[···]

Pip

¿Qué es eso?

Pip

¡Paren ese maldito cacharro me taladra los oídos!

¡Pip! – sonaba más fuerte

Eso es... El despertador

Me levanté agitada, apagué ese maldito cacharro como lo había denominado anteriormente, miré la ahora un poco anonada y cuando vi la hora que era no pude evitar saltar de la cama y vestirme corriendo sin ducharme ni nada. Eran las 8:10 debía llegar a y media y para eso sólo faltaban veinte minutos mi día no podía empezar peor.

Llevaba puestos unos téjanos de campana, una camiseta de manga larda de color azul preciosa y para acabar mis botas y una coleta de caballo. Salí a la calle sin saber si mi divino compañero había salido o no pero al no oírlo ni escucharlo deduje fácilmente que estaría trabajando ¿Pero quien lo aguantaría?

Deje de pensar en Edward para pensar en el primer día de trabajo que me esperaba, estaba ilusionada y un poco asustada pero me controle pensando en positivo que todo saldría bien.

Llegué a la puerta del hospital, comprobé mi reloj de muñeca y marcaba las 8:35, bueno cinco minutos tarde no harían daño a nadie pero ya sabía que la primera impresión era importante pero no era mi intención llegar tarde. Entré rápidamente y corrí hasta encontrar el despacho de la Directora del hospital que creía que se llamaba Esme sino recordaba mal.

No me costó mucho encontrarlo la verdad, estaba al final del pasillo de la planta tercera así que sólo tuve que recorrerme tres plantas enteras, noten mi sarcasmo, pero en fin llegué.

Toc-Toc-Toc

Toqué la puerta y escuché un adelante

Cogí la manecilla, y abrí lentamente para encontrarme enfrente de una mujer de unos treinta años bellísima, su cabello era negro como la oscura noche y sus ojos eran verdes claros.

- Llegas cinco minutos tarde, pero eso no importa mucho ya que has aparecido – me dijo suavemente.

- Perdone pero es que mi reloj... – me interrumpió

- Nada de excusas, aquí la puntualidad es muy importante pero antes de decirte nada más quiero que conozcas a tu supervisor, o mejor dicho a tu jefe como quieras decirle – me dijo – Entra por favor.

Iba a conocer a mi superior, la persona que me enseñaría todo sobre la medicina, estaba emocionada. La puerta se abrió de par en par mostrando un cuerpo masculino que conocía bastante bien para el poco tiempo que había estado allí..

- ¿¡Tú!?

Continuará....

¿Qué les ha parecido?

Díganme todo lo que piensan sobre él, critiquen, opinen eso me anima a seguir escribiendo para ustedes.

¡Reviews! Si quieren que lo continúe háganmelo saber. Al menos unos cuantos, por favor. Todos vuestros comentarios se agradecen y lo sabéis ¿Qué os cuesta dejar un comentario? Sólo son dos minutos o hasta menos... Aunque no os obligaré jamás ha hacerlo.