Hey! Hola a todas, como pueden ver hay nuevo cap, es el principio del fin de GP. Bueno chicas lamento decepcionarlas, pero no soy Patty a.k.a. Awen Granger. Soy su beta Dark Thalassa, o Kriito ^^ Es probable que yo suba sus capis ahorita que esta atareada con la uni. Patty no pudo subir hoy y como siempre se disculpa por la tardanza, y además me comentó que con todas esas alertas a favoritos y reviews sus conciencias se han puesto en pie de guerra y ganaron! ahora estarà actualizando como antes probablemente... cada dos semanas si la uni se lo permite.

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Este cap va: "Para la chinchosa de Maritza Olaya por joderme el cerebro para que actualice
PD: Igual te sigo queriendo"
Palabras textuales de Awen xD. Ahora si chicas! A disfrutar de la lectura

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LOST

No te pido que seas el amor de mi vida, sólo te quiero por el día de hoy...

y por mañana …y por pasado mañana… y…

a ver cómo nos va con un para siempre.

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Infiernos, estaba mareada.

Bella gruñó, las nauseas matutinas habían pasado a un segundo plano cuando su sed de patear bolas se hizo más fuerte. No eran las hormonas hablando por ella, solo era el hecho de que se sentía demasiado humillada para ver a un hombre dos metros a la redonda sin arrojarle algo a la cabeza, pero a la de abajo.

Su problema era simple aunque no por eso de fácil solución, empezaba con la letra H. No la H de "hormonas" sino la H de hombres. Esa palabrota que algunas veces sonaba como un insulto y otras como una peligrosa maldición.

¡HOMBRES!

Su madre y tías siempre le habían dicho; los hombres son sinónimos de problemas cariño, problemas con P mayúscula, subrayado y en cursiva, pero los de nuestra familia están en un nivel superior. Esos bastardos habían salido de sabe Dios dónde para violar su orgullo, primero atacándola en su propia casa y luego drogándola, vaya a saber con qué sustancias.

Maldita sea.

Ni con muchos años de terapia conseguiría superarlo. Tal vez solo el tenerlos bajo sus pies, amordazados y sangrando conseguiría igualar un poco los marcadores porque hasta ahora, definitivamente su pizarra estaba en blanco, mientras la de ellos…

Soltó un tajo que avergonzaría hasta al más macho, pero no pudo sentir vergüenza. Últimamente la recatada dama en ella había dado paso a la ardiente feminista. Diablos. ¿A quién engañaba? El haber sido tímida y algo acomplejada los primeros años de su vida no la hacían una dama recatada, y aunque las ropas que Alice había escogido para ella parecían obrar magia con su figura nada podían hacer con su ágil lengua y filudos pensamientos. Su mirada podía hablar por si sola y su sentido del humor, algo retorcido y picante, habían obrado durante años un contraste peculiar cuando vestía sus ropas de bibliotecaria, como la llamó Emmet una vez. Ella había nadado en una mar de testosterona desde que conoció a Edward y luego a Emmet, y aunque no lo aceptara nunca en público, creía que el estar influenciada por los hombre había causado daños irreparables en ella.

Demonios. Debió desconfiar desde un principio o por lo menos tomar precauciones. Con una familia como la suya lo mínimo que pudo haber hecho era comprar un sistema de alarmas, algo que mantuviera alejados a los tontos-neandertales-buenos-para-nada a más de 100 metros a la redonda. Claro que eso mantendría alejados a casi todos los hombres de ella, pero había sacrificios que eran necesarios con tal de preservar su integridad. Y si se ponía a pensar, la pérdida no era mucha. Ya bueno, si lo era pero todavía podía usar esos dichosos aparatos de los que Rose tanto hablaba.

Genial, ya estaba pensando en sustituir a su novio por un vibrador. ¿Qué tan desesperada debía estar para pensar así? No mucho por lo que podía ver.

Gimiendo, intentó moverse cuando la extraña sensación de estarse quemando se hizo más intensa al lamerle el cuerpo en olas de exasperante calor. «Odio a los hombres», murmuró tirando de su jersey desesperada con las pocas fuerzas que tenía. Su hermoso departamento había sido mancillado, ultrajado, destruido, ¡y tanto que le gustaba su hogar! ¿Cómo se los explicaría a los del seguro?

A ver…

«Fueron ellos, ¡lo juro! Todo empezó cuando los padres de mi novio se mudaron a la ciudad, nunca imaginé que estuvieran así de enfermos Señor. Usted verá, se veían tan guapos y cuerdos…pero no, esos son de los peores, los guapos, esos que te deslumbran con una sonrisa mientras que con una mano tras la espalda, sostienen una inyección mortal… o los cuerdos, los malditos "cuerdos" que se hacen llamar Emmet y se apellidan Cullen…»

Dios. El solo pensar en ello hacía que la bilis subiera a su garganta. Nadie le creería.

«¡Genial!» masculló irritada, desistiendo al ver que no había movido ni un ápice la molesta prenda.

Hacía tantísimo calor. Suspiró. Para entonces en NY ya habría dejado de nevar pero el frio de inicios de Enero seguiría asentado por sus transitadas calles, razón por la cual ahora maldecía el vestir para la estación. Los pantalones de mezclilla y el sweater rosado que había elegido esa mañana no eran su único problema, en lo alto, el sol insistía en deshidratarla, dejándola bañada en el irritante sudor que adhería las prendas a su piel. Por un lado tenía parte del cabello pegado a su cien por la humedad pero lo que más la preocupaba era la insolación que sabía estaba ganando. ¡Y aún tenía las gafas puestas!

«Santísimo Dios.»

Suspirando giró la cabeza hacia un lado.

¿Por qué todos los seres de tres piernas tenían que arruinarle la vida? Y entiéndase por tercera pierna a su miembro, pene, polla, excalibur o como lo hayan bautizado en su momento, pues los hombres tenían esa peculiar necesidad de nombrarlos o ponerles apodos, así no les dejaban la toma de decisiones importantes a desconocidos. Pero ahora iba en serio. Primero Edward yéndose a ver con su ex y enviándole luego rosas rojas para terminar su relación y ahora, su estúpido "primo" drogándola y dejándola en Dios-sabe-dónde para que se cocinara viva.

Lo peor de todo era que por lo poco que había escuchado antes de que cayera desmayada, Edward también estaba tras de esto.

¿Tanto le costaba terminar con ella que había preferido desaparecerla?

No, él no sería capaz, o tal vez si. Demonios. Ahí estaba de nuevo el problema de confiarse demasiado. Si te ibas a acostar con el diablo más valía tomar precauciones o saldrías quemándote, pero este diablo había resultado ser más listo que ella. Y más apuesto también. Lo cierto era que, el pecado nunca vendría disfrazado de cuasimodo o como un hobbit pequeño y peludo. No señoras. El pecado era demasiado bueno como para poder resistírsele.

Hormonal, caliente y demasiado hambrienta para pensar con claridad, maldijo las drogas que se estaban comportando como unas completas zorras pues no la dejaban sumirse en el mundo de los sueños y menos aún, moverse del todo. Los párpados le pesaban pero ya podía abrir los ojos, cosa que evitaba con todas sus fuerzas ya que el panorama frente ella la abrumaba.

Sintiéndose como si hubiese corrido por kilómetros se humedeció los labios que los tenía resecos, pensando que mataría por una botella de agua helada.

-Genial.-masculló por no echarse a llorar.

No podía quedarse ahí esperando, si seguía bajo el sol una hora más estaba segura que ni su mamá la reconocería después de esto.

Juntando fuerzas intentó girarse pero sus piernas le volvieron a temblar. Apretando los dientes volvió a tratar hasta que consiguió rodar hasta caer boca abajo.

«Y aquí estamos.»

El sol ya no le quemaba la cara pero si la espalda, y la arena caliente bajo ella terminó de adherirse a su piel y en sus anteojos.

Lo que le faltaba. Arena.

Escupió un poco de arena hacia un lado.

-Los mataré – balbuceó entre dientes.

Subió las manos hasta la altura de su cabeza y tiró de un puñado de arena que se adherida en su cabello. Sus temblorosos dedos jugaron con ella mientras pensaba con ironía que amaba a su familia. En realidad los amaba, ¿verdad? O en sí la pregunta que debía hacerse era si necesitaba de todos los miembros de su familia o ya podía empezar a prescindir de algunos de ellos.

Estaba furiosa y decepcionada, pero una parte dentro de ella aún rogaba a todos los cielos por que los hombres de su familia tuvieran un poco de sentido común y se mandaran a mudar fuera del país.

Luchando contra la ganas de llorar cuando una nueva ola de calor le asaltó el cuerpo, se sorprendió cuando sintió que alguien se movía no muy lejos de ahí.

-Espera Bella, ya llego.

Rodando los ojos, la castaña bufo.

-Un hombre, genial.-miró al cielo exasperada- ¿por qué mejor no un zorrillo rabioso que estuviera en celo? Ambos serían igual de bienvenidos.

Jacob se arrastró hasta donde Bella seguía tirada. La piel de la castaña estaba tomando un color bastante alarmante y, sumarle a eso que cuando los efectos de las drogas desaparecieran por completo ella entraría en modo "asesina serial" pues, era mejor ir reduciendo los daños desde ahora.

Quien sea que estuviera detrás de todo esto había escogido el peor lugar para dejarlos tirados, caviló el morocho al llegar hasta una pila de maletas. Tomándolas como apoyo se impulsó hasta estar completamente de pie, las piernas aún le temblaban pero ya no como antes. Las drogas en él no habían sido tan contundentes pues por su tamaño y el calor al que estaban sometidos, su organismo las había metabolizado con mayor rapidez. Sonrió pensando que no habían reparado en eso, bueno, lo más seguro era que no hubiesen reparado en nada.

Apartándose el sudor de la frente cuando por fin lo consiguió, Jacob miró con rencor al sol que no había dejado de atormentarlos desde que recobró la conciencia. La arena bajo su cuerpo había estado demasiado caliente, pero las olas habían amortiguado parte del calor que estaba empezando a desesperarlo. A diferencia de Bella y el equipaje, a él lo habían dejado tirado en la orilla misma de la playa, como si esperaran que el mar se lo llevara. Y no era necesario pensar mucho para saber quién había estado tras eso.

Estaban a las afueras de lo que parecía ser una isla. La arena blanca se abría en media luna hasta perderse en los lindes de un espeso bosque tierra arriba. La imponente vegetación impedía ver más allá de algunos metros pero sobre las copas de los árboles aún se podía divisar la cima de una imponente montaña. Jacob había estado despierto el tiempo suficiente para escuchar los diferentes ruidos hechos por los habitantes del bosque, pero éstos habían cesado desde hace unos momentos como si la vida del bosque hubiese muerto cuando ellos despertaron. Claro que eso no despejaba la posibilidad de que solo los estuvieran observando.

Echando un vistazo al oscuro bosque, se estremeció. No les habían dejado nada con lo que guarecerse en la noche, solo el mar rodeándolos por un lado y el bosque por el otro. Al ver esto, el adentrarse al bosque para buscar refugio había surgido como una idea demasiado tentadora al inicio, pero si era eso lo que ellos querían que hicieran lo mejor sería dejarlo de lado a menos que fuera su última opción.

Observando a Bella quien se removía incómoda bajo el infernal sol, volvió a mirar tenso las maletas regadas de cualquier modo por toda la playa. Algunas se perdían dentro del bosque, situación que lo hizo volver a pensar en que tal vez los querían conducir a algún lugar, pero no podía confiarse ni guardar demasiadas esperanzas de lo que hubiera dentro de ellas. Probablemente solo tendrían más arena.

«Estas siendo paranoico»

Maldiciendo dio un paso hacia la castaña sintiendo sus músculos protestar.

¿Por qué les habrían hecho esto?

Definitivamente la familia de su ex necesitaba un buen psicoanalista. Y estando en eso, el también podría consultar uno por esa masoquista necesidad de estar al lado de una mujer que no le hacía bien.

Llegando a su lado se arrodilló a la altura de su cabeza para observarla mejor. La castaña tenía esos labios tan bonitos fruncidos fuertemente en una mueca de disgusto. Esos ojos chocolate que lo habían atormentado durante tantas noches, le devolvían una mirada altanera y amenazante, retándolo a que dijera algo.

«Si claro, ni que estuviera loco.»

Había cosas que él aún quería conservar, y sus bolas entraban en esa lista.

-Vamos Bella, ayúdame un poco.-pidió, pero la castaña hizo como si no lo hubiera escuchado.

Manteniendo una distancia prudente de esas manos tan delicadas que podía usar como garras y esos dientes perfectos que podían ser una arma mortal cuando estaba cabreada, cargó con la mayor parte de su peso al ponerla en pie. No la podría culpar si le arrancaba un pedazo de piel. Si estaba en lo correcto y la conocía solo un poco de lo que la creía conocer, lo más seguro era que Bella estuviera escupiendo sobre el género masculino durante unos cuántos meses. Y eso lo incluía a él, aunque no hubiese hecho nada.

Había estado observando parte del paraje que los rodeaba así que no le costó tirar de ella hasta una saliente de rocas que habían formado un pequeño estanque natural a pocos metros de la orilla.

Recostándola sobre una roca de tamaño regular, tiró de su campera estropeada y la usó como almohadilla para ella. Había llegado la hora de actuar como hombre y dejar que la testosterona fluyera en el aire, tal vez con eso conseguiría distraerla un poco.

Era eso o sacrificar un brazo.

La sombra de la saliente no era mucha pero la protegía del sol y el agua de la pequeña piscina natural serviría para refrescarla. Ya no se veía tan furiosa, solo un poco cabreada así que aprovechó el que Bella lo estuviera mirando como si fuera un parásito y se sacó la camiseta.

«Genial, ya tenía su atención», pensó viendo cómo la castaña entrecerraba los ojos.

Jacob se metió en la pequeña piscina y remojó la camiseta en ella. Maldijo al ver que el agua no estaba tan fría como hubiese querido, pero por lo menos serviría de algo. El agua lo había empapado hasta las rodillas pero ya no importaba.

Escurriendo el agua de sus ropas, se acercó con cautela a la mujer que lo veía con desconfianza.

-¿Puedo? – preguntó señalando de la tela húmeda en sus manos al cuerpo de la ninfa frente a él. Bella lo miró y gruñó un «Muérete» que Jacob prefirió entender como un «Claro Jake, tú sabes que te adoro y puedes hacer lo que quieras con mi cuerpo.»

Jacob había empezado a humedecerle el cuerpo cuando Bella comenzó a maldecir. Ella en sí había estado mascullando entre dientes durante todo el camino, pero eso no podía ser contado como un «no me toques» explícito, y mientras ella no dijera las palabras mágicas, él cuidaría de ella en lo que fuera posible. Cosa que implicaba también cuidar de su cuerpo.

-Ya estás más que despierta. -afirmó colocándole las gafas en su sitio.

Bella miró al hombre frente a ella con reproche. «¿Por qué tenía que ser Jacob?» Bufó rodando los ojos, sintiéndose estúpida cuando un mareo la asaltó. Después de que la acompañara al ginecólogo y se autoproclamara su Nanny McPhee por encargo, había pensado que tendría que pegarle un tiro para alejarlo de su departamento y de ella, pero al parecer, ahora ya ni eso serviría. Estaban solos en una maldita isla perdida en el mapa y por lo visto, el hombre frente a ella que la miraba a la espera de una respuesta, no estaba dispuesto a dar marcha a tras. Ni a mantener sus manos para él mismo. Genial.

«Ahora… ¿qué se supone que había preguntado?

¡Ah, cierto!»

Poniendo su mejor cara de poker contestó.

-No, aún sigo dormida.- masculló intentando apartar las curiosas manos de Jacob de su irritada piel. - Los mataré, lo juro, los mataré…

Él chucho retrocedió herido, y Bella pensó que se veía como un perrito al que acaban de patear. Obligándose a no sucumbir a la necesidad de consolarlo, miró sorprendida como el rostro de su ex adquiría una determinación que antes no había estado ahí.

Jacob retrocedió siendo consciente del escrutinio de la castaña. Sí, su ex estaba más concentrada en leerle las emociones que se traslucían en su rostro, pero eso no sería por mucho tiempo. Tirando su camiseta húmeda sobre una de las rocas pasó su mano por su vientre plano, disfrutando al escucharla ahogar un grito de excitación.

Bien. Ya la tenía donde quería.

Dándole la espalda, se quitó los pantalones.

-¡¿Qué diablos estás haciendo? – protestó la castaña viéndolo desvestirse frente a ella.

"¡Oh, no! Eso no era jugar limpio", pensó Bella viendo cómo la tersa piel de su espalda se contraía en sincronía con cada uno de los movimientos de sus músculos. ¡Criminal! ¿Cuándo se supone que se tatuó ese lobo en la espalda? ¡¿Por qué diablos se le veía tan bien? ¡No te agaches! ¡NO!...

Ahogando un grito, apartó la vista aunque no tan rápido como esperaba, Jacob se había agachado dándole una buena vista de su prieto trasero cubierto con los cortos slips.

-Tienes hambre, ¿no? – dijo él, sonriendo al haberla sorprendido mirándolo más de la cuenta.

«¿En serio se estaba ofreciendo como comida?», pensó Bella sintiendo que se sonrojaba. Dando gracias de que el sol la hubiese dejado tan roja que un poco más de color no la delataría, lo miro intentando fingir indiferencia.

«Claro, como si pudiera ignorar ese cuerpo bien formado.»

-¿Comida? – Balbuceó ella mirándolo de reojo.

Genial Bella, siempre tan convincente, pensó malhumorada al verlo reírse de sus torpes esfuerzos por no mirarle las piernas. Sí, las piernas y no la entrepierna. Había una sola entrepierna que ella deseaba volver a ver, y no necesariamente para darle un saludo a la bandera.

Pasándose una mano por el cabello, el chucho le regaló su mejor sonrisa.-Si Bella, comida.

Oh diablos, había olvidado lo sexy que podía verse algunas veces.

«No seas tonta muchacha, ¡reacciona! Dos pueden jugar este juego.»

¡Bien! Si él quería dárselas de hombre sexy e irresistible, ella iba a concentrarse en venderle la imagen de mujer indefensa y desamparada, nada mejor que eso para darle trabajo en animarla y dejarse de tanta estupidez.

Asintiendo, fingió la mirada más triste en su repertorio de caretas.

-Comida.-repitió forzando a sus ojos a llenarse de lágrimas. «¿Y luego Alice dice que no soy buena actriz?»

Sonrió internamente cuando vio a Jacob tensarse y fruncir el ceño.

- No me digas que vas a llorar.

Sobándose los ojos, hizo un esfuerzo por empezar a hipar.

-No. Solo es el sol.

-¿Y esto qué se supone que es? -preguntó él tirando de ella a su regazo para limpiarle las lágrimas.

«¡Chúpate esa Alice!», pensó triunfante acurrucándose en su regazo.

-Es solo sudor.-susurró haciéndolo reír.

«¿No que odiabas a los hombres?», se recordó mentalmente. Pero muy en el fondo sabía que Jacob no podía contar como tal. No era que lo considerara un animal pero tampoco lo podía mirar como hombre en toda la regla. Un eunuco tal vez. Si, tal vez era eso. Ambos habían pasado por tantas cosas juntos que cuando lo suyo llegó a su fin, Bella lo había castrado mentalmente, separándolo de su corazón como un recuerdo hermoso pero siendo solo eso, el recuerdo de un hombre al que quiso pero que ahora no era más que un hermano para ella. Un hermano que estaba para comérselo pero hermano al fin y al cabo. Además, hombre castrado mentalmente o no, él no tenía la culpa de toda esta situación. Era Edward y el resto de su familia quienes pagarían por todo esto.

Sonriendo para si misma pensando lo que les haría cuando los viera, se dejó mecer entre los brazos de Jacob.

Estaba exhausta y demasiado caliente para protestar cuando lo sintió empezar a besarla por todo el rostro aprovechando su estado de duermevela.

Y ahí estaba el problema de las castraciones mentales, no tenían el mismo efecto que una real pues su "amiguito" aún reaccionaba con la cercanía de una mujer. Suspiró para no gemir de pura indignación. Escondiendo el rostro en su pecho desnudo espero que captara la indirecta; estaba semi-dormida pero no semi-estúpida.

Bella podría jurar que Jacob estaba luchando por contener la risa, cuando sus manos calientes empezaron a sobarle la espalda bajo el sweater.

«¡Imbécil!»

Blanqueando los ojos se preguntó si el sol le había afectado el cerebro a su ex. Tal vez eso le hacía creer que estar vulnerable y hormonal era motivo para solucionarlo con sexo.

El sexo siempre era bienvenido, pero no con él. Ya no más.

«Vamos, piensa en algo triste», se apremió consiguiendo que imágenes de Tanya y Edward juntos, rosas rojas, y otras de su familia atacándola en su propia casa empezaron a sucederse una tras otra. «¡Oh, demonios! No tan tristes», gritó su mente cuando sintió que se iba a poner a llorar, pero ahora si de verdad.

-Mi tonta Bella.-bufó Jacob besándola en la coronilla antes de detener tanto toqueteo.

Bueno, por lo menos había conseguido que dejara de meterle mano.

La ansiedad impregnó la voz de Jacob cuando acunó su rostro para verla mejor, consiguiendo que la castaña se preguntara si se veía tan mal para que él reaccionara así.

- ¿Qué quieres que haga por ti?

-Ponte ropa.

Su risa profunda sacudió su cuerpo.

-¿Estas segura? –su voz ronca y cargada de promesas, la hizo reír.-Se supone que no te tienes que reír Bella.-gruñó dejándola sentada a un lado para cambiarse.

-Lo siento, pero eres tan malo seduciendo a las mujeres.

Él enarcó una ceja mientras se subía los pantalones.

-¿Y cómo se supone que te conquisté a ti?

-Fue caridad.-Bella volvió a reír cuando lo vio mirarla indignado. ¡Dios!, estaba agradecida de que no la hubiesen abandonado sola en esa isla. Jacob podría ser hombre pero hubiese sido tan aburrido no tener a alguien a quién cargárselas y considerando su estado actual, la compañía del chucho, por más que fuera él un aprovechado, sería siempre bienvenida.

- ¿En dónde estamos? – preguntó para distraerlo al verlo mascullar incoherencias entre dientes.

- No lo sé.

-Hay veces en las que creo que soy adoptada…

Riendo por lo bajo, Bella dejó que tirara de ella para dejarla recostada otra vez en la roca.

- Sigue pensando en eso.-ordenó él dándole un beso en la frente.

Apoyando su peso en un brazo al verlo moverse alrededor del pequeño refugio, arrugó el ceño cuando lo vio ignorarla, listo para marcharse a explorar su nuevo hogar.

- ¿A dónde piensas ir…? – "Sin mi", dejó que el resto de la frase colgara en el aire.

Pero su pregunta no pudo ser contestada cuando alguien a quien ellos conocían bien empezó a gritar.

-¡Que alguien me saque este bicho del demonio!

«Tan solo ignórala, por favor», pensó alarmada viendo cómo Jacob detenía su andar para concentrarse en ubicar la procedencia de esa irritante voz. Demonios. Demasiado temprano empezó a sentirse segura solo con él y, albergar la ligera esperanza que la convivencia en ese lugar sería sencilla hasta que alguien los rescatara, fue un tremendo error.

Por más que rogara, Dios no solía hacerle favores muy seguidos y en esa ocasión parecía dispuesto a ignorar sus plegarias.

-¡¿No podemos tan solo fingir que nadie gritó? –exclamó la castaña viéndolo correr hacia el bosque.

«No lo hagas, no vayas tras ellos», se repetía como un mantra pero esas cosas nunca funcionaban con ella. Estaba segura de que no era más que una trampa. Viniendo de la peli-teñida seguramente solo se trataba de una uña rota, y ahora Jacob iba rumbo a desgraciarse la vida por haber preferido socorrer a esa bruja en lugar de quedarse con ella.

Y ahí estaba, la estupidez de los hombres manifestándose otra vez en un solo día.

Gruñendo miro las olas bañar la orilla de la playa. Nada de olas enfurecidas arremetiendo en la orilla, solo olas mansas y aburridas. Demasiado cristalinas y engañosas. Maldito lugar.

«Si tan solo…»

Sentándose, miró resentida las huellas que Jacob dejó sobre la arena blanca.

«No lo sigas. Tan solo quédate ahí, bajo la sombra, e ignóralos», pero por más que se lo repetía, el amplio paraje frente a ella la hacía sentirse pequeña y cada vez más sola.

Bueno, la estupidez no era una cualidad exclusivamente inherente al cromosoma Y, y ahora ella daría prueba de ello.

-Demonios – masculló poniéndose de pie para correr tras su ex, maldiciendo la arena caliente que se había metido en sus All Star.

Bueno, por lo menos ahora no le temblaban las piernas.

Estaba llegando a la entrada del bosque, cuando la vio tirada tras unos arbustos. Tanya estaba retorciéndose en el suelo mientras Jacob intentaba sacarle un cangrejo que se había adherido con fuerza a su cabello.

Bien, esto era digno de un pago por evento.

Si tan solo tuviera una cámara.

- ¡Sácalo! ¡Sácalo, maldición!

-Parece que al fin tiene un amiguito.-sonrió la castaña, haciéndose a un lado cuando la rubia comenzó a patalear.

Jacob le lanzó una mirada suplicante antes de tirarse sobre la histérica mujer, pero Bella solo se encogió de hombros. Ése era su trabajo. Él había decidido dárselas de héroe, así que ahora tenía que ver cómo sin capa y sin poderes conseguía salir librado de esa situación. Si salía trasquilado en el proceso ya era su problema.

-No te muevas.-pidió Jacob, pero Tanya no atenía a razones. Poseída por un cangrejo, pateó al chucho entre las piernas para salir corriendo hacia lo profundo del bosque gritando como histérica.

Bella abrió los ojos sorprendida y apenada a la vez por él, al verlo caer al suelo retorciéndose de dolor.

-¡¿Te duele?.- preguntó inocentemente solo para fastidiarlo.

Jacob la miró con los ojos vidriosos.

- ¡Ve tras ella! –gritó, haciéndola bufar.

Ya, y el infierno era solo un sauna.

Mirándolo incrédula buscó su mirada para dejar bien en claro su posición. - Regresará Jacob, el mal siempre regresa.

-Se puede perder.-aseguró el cucho.

-No tenemos tanta suerte.

-Bella…-el tono de su voz denotaba una gran molestia que la castaña atribuyó por conveniencia al dolor entre sus piernas.

Genial, ahora estaba perdiendo a su único aliado, ¿pero en serio esperaba que fuera tras ella? ¿Tras la mujer que había venido a amenazarla a su propia casa?

Bella se agachó y le sostuvo el rostro, tirando del puño de su sweater para limpiarle el sudor que perlaba su frente. Quería ignorarlo, pero una vocecita dentro de ella también había empezado a protestar. Gracias al cielo que ya tenía práctica ignorando a esas fastidiosas conciencias.

-Cualquier cosa le podría pasar.-suspiró él a punto de darse por vencido.

-Prometo enviarle flores a su madre.

Jacob detuvo sus manos y buscó su mirada.

-Eres mejor persona que ella...

«Y con eso, asestó su mejor golpe. ¡Malditos sean los hombres!»

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Mierda. Mierda. Y más mierda.

La situación era ésta. La puñetera vida había decidido cagarse en él, usando a su amorosa y traicionera familia como la mano que había jalado el gatillo. Mirando malhumorado al paisaje a su alrededor, Edward repasó la situación en la que estaba metido. Una gruesa cuerda se enroscaba alrededor de sus muñecas, rasgando la piel expuesta cuando el cobrizo tensaba la cuerda para poder soltarse pero por primera vez en la historia, su familia parecía haber hecho algo a conciencia. Tenía las manos maniatadas en la espalda y para empeorar el asunto, lo habían dejado amarrado de espaldas a un grueso roble. Parecía que no podría huir a ningún lugar ni ser rescatado porque, el estanque frente a él y la madre selva a su alrededor eran sus única compañía desde que había despertado.

Genial. Ni siquiera conseguía liberar sus lastimadas muñecas. Si las pudiera ver, no le sorprendería encontrarlas amoratadas y sangrantes porque ya había dejado de sentirlas desde hace unos momentos.

"Te las van a tener que apuntar, chico." Masculló su malhumorada mini-Bella vestida de guarda bosques, dejando escapar un silbido bajo mientras le echaba una ojeada tras de él. Meneo la cabeza con pesar. "Bueno, no hacías gran cosa con ellas después de todo".

Los ojos del cobrizo se abrieron alarmados. No sabía si era por estar tanto tiempo expuesto al sol o porque la sangre no le circulara bien en estos momentos, pero su pequeña conciencia se veía tan real parada junto a él, que su corazón dio un brinco hasta su garganta cuando esos ojos del color de la tierra después de la lluvia empezaron a mirarlo como si pudieran ver a través de él.

Mini-B sonrió y batió las pestañas de manera coqueta disfrutando al ver que ponía de mal humor a Edward. Era ridículo sentirse así por una imagen creada por su propia cabeza, por muy real que ésta pareciera. Pero tal vez, solo tal vez, era más ridículo que sus propias conciencias disfrutaran de verlo en problemas.

Eso decía mucho de su salud mental.

Una sonrisa esperanzada tiró de los labios de la gruñona conciencia. Sentada sobre una roca que había surgido de la nada, empezó a limarse las uñas de manera despreocupada mientras agregaba. "Sabes que solo es cuestión de tiempo para que venga un animal salvaje y termine con esto por ti…"

Edward bufó.

"No si consigo liberarme antes", musitó por lo bajo.

"Me pregunto si ya se habrán comido a tu novia", mini-B se arrancó un pedazo de su uña y la escupió hacia la rama de un árbol.

Edward la miró malhumorado, odiando que reviviera las imágenes que había estado luchando por contener. Imágenes de su Bella amarrada a un árbol, totalmente indefensa frente a los insectos y animales extraños le escaldó las entrañas. Demonios. Lo último que necesitaba era perder la cordura si quería rescatarlos a ambos. Además, Charlie nunca habría permitido que le hicieran eso a ella.

Un sonoro puf resonó en algún lugar en su cabeza y Edward temió por que se le hubiera reventado una vena, pero cuando su mini-Em apareció vistiendo un chitón blanco, con cuerdas doradas abrazando sus piernas hasta terminar en unas sandalias aladas que lo mantenían en el aire con torpeza, pensó que tal vez un derrame cerebral era el último de sus problemas.

La pequeña conciencia sonrió mientras movía su carcaj frente a los rostros del sorprendido par.

"Estas tan cerca de liberarte como yo de no ser apuesto". Rió su mini Em sacando una flecha para jugar tiro al blanco.

Edward rodó los ojos. Gracias al cielo, ambos eran imaginarios porque un Emmet en la vida real, con armas punzo cortantes en mano y sin un adulto para vigilarlo, solo podría significar problemas.

Ignorándolos volvió a tensar las cuerdas a sus espaldas. La fricción de la cuerda con la superficie rugosa tras de él, tarde o temprano tendería a desgastarla.

"¿Ahora eres Cupido?", preguntó para ganar tiempo.

"¡Soy Poseidón!", exclamó exultante su mini-Em mientras disparaba a una sorprendida mini-castaña que se había atorado en pleno proceso de tragar una manzana verde.

La mini-castaña levanto el brazo para protegerse el rostro y la flecha sin rumbo fue a dar en la manzana mordida que sostenía de manera descuidada. "¡Mira a quién le disparas, imbécil!"

Los ojos de mini-E se pusieron brillantes cuando las lágrimas se comenzaron a aglomeran en sus cuencas. Arrugando el ceño bajó el arco. "No me digas, imbécil."

Edward siguió sobando las cuerdas.

¡Demonios, hacía demasiado calor!

Una sonrisa tensa en las esquinas tiró de los labios de la mini-castaña. "Imbécil."

"Frígida".

En algún momento se tendrían que callar, ¿verdad?

"¡Nunca!"

"Aja."

"¿Y si me pego un tiro?", gruñó Ed sintiendo cómo el sudor le escurría por la espalda.

Los graznidos de una bandada de pájaros interrumpieron las posibles respuestas. Mirando al cielo, el cobrizo intentó distinguir algunas formas pero el cielo no era más que una sábana verde que impedía el paso de la luz en el pequeño descampado en que lo habían dejado tirado. Gruesos robles se cernían por todos lados rodeando un oscuro estanque a pocos metros de donde estaba amarrado. Las raíces de los viejos arboles sobresalían de la tierra, alzando sus imponentes cuerpos hacia lo alto, luchando por el dominio del espacio y de los rayos del sol, dejando morir en lo bajo a las pequeñas plantas que no eran lo suficientemente hábiles para resistir. La madreselva y enredaderas de plantas que no había soñado ver en su vida parecían cubrir todo a su alrededor, resistiendo la humedad del ambiente y el sofocante calor. A donde quiera que mirara, un cuadro de extraños colores se alzaba frente a él.

Central Park era nada comparado con este lugar.

El colchón de hojarasca bajo sus pies era un hervidero de vida para los pequeños insectos que habían estado atormentándolo desde que despertó. Hasta ahora no había visto animales, pero eso no descargaba la posibilidad de que lo estuvieran acechando entre los árboles.

"Paranoico"

El graznido del último rezagado se alejó en lo alto, dando con eso la señal para que la vida bajo el raso verde volviera a bullir.

¿Qué clase de animal podría provocar esa reacción?

La calmada superficie del oscuro estanque frente a él se vio perturbada cuando un pez emergió del agua, saltando al aire para atrapar a una mariposa de alas amarillas que volaba cerca del centro del lago.

"¡Dios mío, un tiburón!", exclamó su exagerado mini-Em.

Mini-B bufó.

"Es una carpa, imbécil."

Mini-E la volvió a mirar mal, pero ella lo ignoro silbando fuerte para llamar la atención del cobrizo que miraba absorto a la superficie líquida frente a él.

"Yo que tú no me lavaría la cara en ese lugar." Dijo señalando al estanque.

Ed rodó los ojos.

-Ni que estuviera…

-¡SUÉLTAME!

Sus ojos parecieron salirse de sus cuencas por la impresión. Era imposible. Ella no podía haberlo seguido hasta aquí.

-¡TE HE DICHO QUE TE QUEDES QUIETA!

"¡Dios!", pensó el cobrizo incapaz de moverse.

"¿No se llamaba Bella?", Mini-E se rascó la cabeza confundido.

Mini-B lo pateó en sus partes. "Te ves más bonito, calladito".

- ¡ME VAS A ARRANCAR LAS EXTENSIONES!

-¡SI NO DEJAS DE MOVERTE, TE ARRANCARÉ ALGO MÁS QUE ESO!

Los arbustos al otro lado del estanque se movieron, pero aún no podía verlas a través de las plantas. Debían estar por ahí, pero Ed seguía incapaz de gritar.

-¡NO ME MUERDAS! –gritó la castaña, y los arbustos volvieron a sacudirse violentamente.

Mini-E silbo bajito, asombrado. "Creo que se están matando."

Algo pareció hacer conexión dentro del Ed cuando escuchó gritar a su novia. Impulsado por la adrenalina tiró de las cuerdas y sus huesos crujieron en respuesta.

"¿Eso fue un hueso roto?", preguntó mini-E limpiándose las uñas con la punta de una flecha.

"Lamentablemente no" suspiró decepcionada mini-B. "Solo fue una rama", contestó su mini-conciencia.

-¡Bella! –gritó desesperado. Intentando ver algo a través del las plantas.- ¡BELLA!

El movimiento al otro lado del estanque cesó y Edward temió estar empezando a alucinar cosas.

Esa voz… sabía que había sido ella.

Lo sabía.

Pero por qué no respondía.

"¿En serio Edward? ¿En serio?" Bufó mini-B. "¿Tantas ganas tienes de morir?"

"¡Cállense!"

Mini-E codeó a la pequeña castaña. "Te lo dije..." Llamando la atención de mini-B hacia si mismo, hizo como si se arrancara las bolas y las lanzara por el aire junto con su dignidad. Mini-B asintió.

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-¿Edward? – Tanya miró ceñuda a la castaña que estaba sentada a horcajadas sobre ella sosteniendo al cangrejo que acababa de bautizar como Neil.- Es Edw…

Bella dejó caer a Neil por la impresión. Sus manos volando frenéticamente hacia la boca de la rubia en busca de silenciarla antes de que pudiera empezar a gritar.

–Cállate.-gruñó, rogando que él no las hubiera visto.

En pleno forcejeo habían caído tras un arbusto lleno de pequeños frutos morados parecidos a la grosella. El estómago de la castaña gruñó en protesta cuando reparó en las apetitosas frutas, pero decidió ignorarlo. Estaba muerta de hambre y realmente exhausta después de haber corrido kilómetros detrás de la rubia-patética, pero quién diría que una mujer en taco 12 pudiera correr de esa manera en pleno corazón de la selva. Dios. Eso solo demostraba que la vida no era justa, ella era tan patosa en superficies planas y la otra podía correr hasta con zancos sobre un risco.

El cuerpo de la rubia se removió furioso y la mordió.

¡La mordió!

¡La bruja la mordió!

-¡Te lo dije! – gritó ella tirándose sobre una Tanya rabiosa.

Sus cuerpos rodaron por la tierra, en una maraña de manos y pies luchando por la dominación. Llámenla obstinada, pero Bella no estaba dispuesta a rendirse. Sabía que cualquier golpe era un riesgo, pero años de haber sido tomada de muñeco de prácticas por Emmet la hicieron algo masculina a la hora de defenderse.

Poniéndole una zancadilla a la rubia, retorció sus manos sobre su espalda y se sentó sobre ella sin tener consideración cuando la escuchó protestar. No había sido difícil, pero no lo volvería a hacer. Estaba cansada y ahora, necesitaba de todas sus fuerzas para enfrentar al hombre que no dejaba de gritar su nombre con tanta desesperación desde el otro lado del estanque.

"Seguro teme que dañe a la rubia", pensó Bella molesta.

-Vaya, a eso llamo yo una pelea.-dijo Jacob mirándola sorprendido. Su voz con una tonalidad más ronca de lo normal. Tendiéndole una mano, la ayudó a levantarse.

El hombre frente a ellas parecía demasiado pagado de sí mismo para alguien que debería estar cantando como barítono después de haber recibido tremendo golpe en sus testículos. Pero Jacob frente a ellas, tenía una sonrisa autosuficiente en el rostro mientras rebuscaba en sus pantalones haciendo sospechar a la castaña.

Bella enarcó una ceja cuando Jacob sonrió triunfante y le tendió una barra de chocolate extra grande, pero decidió no preguntarle nada solo porque la estaba alimentando. Trozando la barra de mala gana, le ofreció un pedazo a la mujer que no dejaba de gimotear desde el suelo.

Tanya se encogió de asco mirando ceñuda el chocolate que la castaña le ofrecía. Hojas y tierra sobresalían de sus cabellos que apuntaba en diferentes direcciones. El polvo había cubierto gran parte de su lustroso vestido blanco, arruinando la inmaculada imagen de puta con plata que siempre lucía pero eso no impidió que los mirara como si fuera culpa de ellos el que la contaminación ambiental haya incrementado ese año.

-¡Esto es tu culpa! –gritó apuntando a la castaña con un dedo tembloroso.- ¡Yo no debería estar aquí! ¡Quiero…quiero que me saquen de este maldito lugar!

-Ya, y a mí se me antoja un helado. ¿Tú qué quieres Jacob?

Bella se agachó a recoger sus gafas que habían caído cerca de Neil mientras Jacob se encogía de hombros.

-Yo me conformo con un poco de agua. Especialmente para ti.-una sonrisa socarrona iluminó su rostro cuando miró de manera desinteresada a Tanya.- Hueles mal, ¿lo sabías?

-Ustedes dos son unos…

-¡BELLA!

Los gritos de Edward interrumpieron lo que sea que Tanya estaba a punto de decir. Suspirando, la castaña tomó a Neil teniendo especial cuidado con sus pinzas.- ¿Quieres algo más de lo que colgarte, amiguito? ¿Qué tal unas bolas?

Jacob tragó pesado.-¿Ese es…?

Asintiendo pensativa, empezó a alejarse hacia la zona de donde provenían los gritos. No dio muchos pasos cuando Jacob le dio el alcance y una resignada Tanya, empezó a seguirlos por atrás.

La mujer parecía dispuesta a cansarlos con sus quejas, pero Bella tenía la mente en otro lugar como para molestarse por ella en esos momentos.

Durante los últimos días había estado buscando enfrentarse a un novio que no hacía más que rehuirla pero cuando pidió a los cielos por una buena ocasión para hablar con él, no esperaba que una exasperante mujer que postulaba a volver a la vida de Edward como su amante y su Ex novio entraran a tallar en esa conversación. Tampoco es como si pudiera hacer mucho para librarse de ellos y pensándolo bien, estar a solas con Edward en esos momentos tampoco era lo mejor.

El punto era, necesitaba enfrentarse a él pero no mientras aún lo imaginaba colgado del techo y a ella dándole con un palo como si fuera una piñata.

Maldición.

Siguieron avanzando sin perder de vista del estanque, rodeándolo a la vez que sorteaban una sarta de plantas extrañas. Las raíces de los árboles sobresalían de la tierra y en un par de ocasiones Bella tropezó, yéndose por poco de bruces si no fuera porque tenía a Jacob pegado a ella como si fuera su sombra.

En esos momentos lo único que desea era un poco de espacio, pero ya ni eso podía tener.

Los gritos de Edward se apagaron abruptamente y Bella empezó a temer por él. Apurando el pasó, empujó a Jacob cuando éste insistió en cargarla a través de un grupo de árboles caídos. Hojas dentadas, llenas de espinas cubrían parte de la superficie obligándolos a dar un rodeo.

Otra maleta que fácilmente reconoció como suya había sido dejada a pocos pasos de ahí. Demonios, ¿acaso esperaban que fuera recogiendo sus cosas por todo el bosque? Parecía que su familia había dejado un reguero de maletas tiradas por aquí y por allá, guiándolos hacia ese lugar.

-Espera Bella.-dijo Jacob deteniéndose al lado de la maleta.

-Sigue moviéndote Jake.-rodó los ojos.- con este sol, lo último que necesito es más ropa…

Jake protestó y Tanya fue a echar una mirada, esperanzada por primera vez en todo el día. Bufando, se apresuró por dejarlos atrás.

-Puede tener más comida.

-¿Más? –¿qué se estaba perdiendo?

Él señaló parte de la barra de chocolate que había guardado y que ahora sobresalía de sus pantalones.

Se detuvo por una fracción de segundo asombrada por esa nueva revelación. Comida. Sus tripas rugieron con la sola idea de papas fritas o una hamburguesa pero muy en el fondo, sabía que era improbable que hubieran guardado algo como eso en esas maletas. Si se animaba a jugárselas, lo más seguro era que Emmet no hubiera tenido suficiente de rebuscar en los bolsillos por algo comestible que el que su familia hubieran tenido la delicadeza de guardar algo con lo que ellos pudieran sobrevivir.

La comida no importaba… por ahora. Era de su novio de quién se tenía que encargar.

El desasosiego de comprender que Edward llevaba un buen tiempo sin gritar su nombre la hizo olvidarse de sus propias necesidades. Movida por la ansiedad de llegar al lado del cobrizo y ver que estaba bien para luego poder acabar con él con sus propias manos, se alejó de Jacob en silencio. Tal vez si no hacía mucho ruido podría tener un momento a solas con Ed.

Siguió adelante y pisó una rama que hizo más ruido del necesario.

¡Genial!

Olvidándose de todo tipo de precaución siguió avanzando. Sola. Haciendo a un lado las ramas de un árbol caído entró hacia un claro, o eso parecía a simple vista. Escuchó a Jacob gritar su nombre pero la visión frente a ella la imposibilitó de poder percibir cualquier alarma en la voz de su ex que en una situación normal, hubiera detectado hasta dormida. Los imponentes árboles ya no se amontonaban unos a otros conforme la tierra descendía hacia el estanque, pero pequeñas plantas habían pasado a ocupar el poco espacio que habían dejado libre, llenando el suelo de una gama de curiosos colores. Todo un ambiente sombrío en el que la luz luchaba por atravesar las ramas de los árboles que se cernían uniformes como un cruel batallón de verde y marrón en lo alto, arrancando destellos de diferentes colores cuando conseguían traspasar su defensa. Imponente. Hermoso. Un mar de colores y sombras, rodeando las oscuras aguas.

-No te muevas.-su voz, áspera y dura la congeló en su sitio.

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Ok chicas… sin palabras ^^ Espero que les haya gustado. Este cap va cortado en dos partes y la otra, ya va un poquito avanzada :D Asi que pss comenten en el botoncito azul de abajito que ya saben q todos sus comments animan a la autora a seguir escribiendo. Saludos

Dark Thalassa