La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia pertenece a Limona y yo me adjudico su traducción.

Anteriormente en EaSV: Bella escapó para proteger a Edward, dejándole nada más que su anillo de compromiso y una nota. Ha estado huyendo por unos cuantos meses ya. Mientras escapaba, recibió una pequeña ayuda de Jason Jenks, quien dijo que estaba de su lado y le advirtió que fuera más cuidadosa cubriendo sus huellas. Al final del capítulo pasado, Edward encontró a Bella pero dijo que ella estaba en peligro inminente. Le pidió que fuera con él, y ella aceptó.

Los capítulos de Limona generalmente inician con un flashback de la antigua vida de Marie, y el de hoy no es diferente. En el último flashback, Marie se dio cuenta que estaba trabajando para criminales. Para conseguir más información, decidió ir a una cita con Félix.


Capítulo 23


Viernes, Enero 11 de 2008

Mientras estábamos en nuestra cita, Félix recibió una llamada de Aro. Él no dijo que fuera Aro, pero yo sabía.

No escondió su conversación de mí. Probablemente no pensó que tuviera que hacerlo. ¿Por qué lo haría? Yo trabajaba en la misma área que él. Fue mientras él estaba hablando con Aro que yo me di cuenta lo que Félix hacía para los Vulturi y por qué él era puro músculo.

Él era el que hacía desaparecer la gente. Tal vez no se encargaba de todos – después de todo, había cerca de 20 personas en nuestro departamento- pero a lo que él estaba accediendo ahora era a matar. Estaba segura de eso.

El volumen del teléfono estaba lo bastante alto como para que en el silencio del auto pudiera identificar lo suficiente la voz de Aro para saber que le estaba dando a Félix detalles personales sobre alguien. Y definitivamente escuché, me alegra poder confiar contigo en esto. A lo que Félix respondió, "yo me encargaré de él."

Mis manos comenzaron a sudar frío.

Félix terminó su llamada y me sonrió. "Discúlpame por eso."

"Um. No hay problema."

"Tú sabes como es él."

Si, estaba aprendiendo rápidamente cómo era el. Temblé. Félix lo malinterpretó como un escalofrío y encendió la calefacción en el auto.

Él me llevó a un lugar de pizza decente, donde nos sentaron en una mesa. Yo me senté a un lado, y luego Félix se deslizó a mi lado, acorralándome. Sentí los ojos de las otras personas en el restaurante sobre nosotros, y me di cuenta que nos veíamos como una de esas parejas –las bicho raro que se sientan juntos en el mismo lado de la mesa. Hice caso omiso de las miradas y más bien me concentré en sobrevivir a mi cita.

Nuestra conversación se me pasó en un borrón. Traté de decir si y no en los momentos adecuados. La pizza estaba crujiente y empalagosa, y me la comí de un solo bocado porque me dio algo productivo que hacer con mis inquietas manos. Cuando Félix puso su brazo sobre mí, me acercó a él y se movió para besarme, no supe que hacer. No había considerado previamente qué tan lejos estaba dispuesta a llevar esta charada. Dudé por un momento, y eso fue suficiente para salvarme. Sentí una vibración contra mi pierna.

"Maldito teléfono," masculló.

Pensé que Félix iba a ignorarlo, pero probablemente no se podía dar ese lujo con un jefe como Aro. Aro nunca lo llamaba fuera de las horas de oficina, pero estaba segura que Félix tenía un tipo de trabajo diferente.

Metió su mano entre nosotros para sacar su teléfono y lo abrió. Yo estaba a milímetros de Félix, así que escuché cada palabra que Aro le dijo. Pero habría escuchado la conversación si hubiera estado más lejos, porque Aro estaba furioso.

Cuando te pido que te encargues de alguien, no dudas en hacerlo.

Félix alejó un poco el teléfono de su oído y le bajó el volumen. Me dirigió una mirada de disculpa mientras le decía a Aro, "no estoy dudando. Estoy en medio de algo. Cumpliré mi palabra. Te dije que lo haría."

Él está en mi oficina, tarado, con una docena de sus amigos más cercanos.

"Oh," fue la respuesta estelar de Félix. Él no era la lumbrera más brillante del grupo. Yo misma podía ver las ruedas girando en su cabeza. "¿Entonces, tu me quieres ahí, ahora mismo, cierto?"

Ahora. Mismo.

Vi a nuestro mesero y le indiqué que necesitábamos la cuenta y él la trajo rápidamente. Busqué mi cartera para pagar mi porción, pero Félix me detuvo. Él todavía estaba escuchando a Aro, por lo que me sorprendió que notara lo que yo estaba haciendo. Mi experiencia previa con él me llevaba a pensar que él no podía caminar y masticar goma al mismo tiempo. Tal vez había más en él de lo que yo pensaba.

Considerando que yo creía que Aro y Félix estaban discutiendo un asesinato, estaba extrañamente calmada. O tal vez estaba agradecida de que Félix no me estuviera besando más. Crucé mis manos sobre mis piernas y esperé a que Félix terminara la llamada.

"¿Marie, en serio lo siento, pero te importaría si hacemos una breve parada en la oficina?"

"¿Ese era Aro en el teléfono?"

"Es un exagerado de primera."

Asentí en afirmación, lo cual era lo mejor que podía hacer dadas las circunstancias. Aro realmente era exagerado, pero yo estaba mucho más preocupada por sus otras menos que estelares cualidades.

"Tenemos que irnos. Te dejaré después de que me haga cargo de esto."

"Vale," respondí. No fue hasta que estuve en el auto que me di cuenta que había accedido a esperar pacientemente mientras asesinaban personas.

Oh mierda

Asesinaban.

Todo esto se me estaba saliendo de las manos. Fui a una cita con Félix para averiguar cuánto sabía el, no para convertirme en una testigo material.

No me agradaba Félix, ¿pero quería mandarlo a la cárcel? Sopesé si habría alguna forma segura de llamar al 911 desde el auto. Y si llamaba, ¿qué les diría? ¿Vayan a las oficinas de Volterra donde algunas personas van a ser asesinadas? Todavía no las han matado, pero sé de buena fuente que lo harán. Esa podría ser una posibilidad, pero ¿cómo los llamaría? Por cierta razón dudaba que Félix no se diera cuenta que estaba haciendo una llamada.

La pizza se sentía en mi estómago como una roca. Había comido demasiado, muy rápido, y lo lamentaba profundamente. Edificios y árboles pasaban volando conforme acelerábamos por el centro.

Me arriesgué a darle un vistazo al acelerómetro y me di cuenta que íbamos bien sobre 100. Félix tenía una buena vista periférica, lo que supongo sería una cualidad envidiable para un secuaz, porque notó mi mirada furtiva sin quitar sus ojos de la carretera.

"No nos vamos a estrellar. Tengo buenos reflejos."

"Pero, ¿la policía? Si nos paran, llegaremos tan tarde."

Él se rio. "Eres chistosa, Marie. Me gustas."

No supe como responder. ¿Se estaba riendo porque pensaba que yo estaba bromeando? ¿O porque los policías eran una broma?

Llegamos a una zona de guerra en el parqueadero bajo las oficinas de Volterra Inc. Aro, Caius y Marcus estaban todos ahí. Aro y Caius tenían sus armas fuera y apuntando, y me preocupó que pudieran dispararle al auto al verlo. Marcus tenía agarrada sin fuerza el arma en su mano y tenía una expresión distante, como si estuviera ahí en cuerpo pero no en mente. Félix pudo haber tenido la misma preocupación, pues se estacionó detrás de un pilar de cemento. Cuando nos bajamos del auto, pudimos ver varios cuerpos sangrando al otro lado del pilar. Muertos, asumí. La esencia de pólvora y sangre colgaba en el aire.

"Santa mierda," masculló Félix suavemente. En una voz ligeramente más fuerte, agregó, "Marie, ¿tu carro está más arriba?"

"Uh-huh."

Dos disparos sonaron, y vi que Aro y Caius habían disparado juntos hacia una esquina. Miré hacia donde habían apuntado y vi un cuerpo caer. Mi respiración se aceleró y los bordes de mi visión parecieron oscurecerse. O tal vez sólo estaba oscuro aquí abajo. Cruzaba los dedos porque estuviera lo bastante oscuro como para ocultarnos, porque de otro modo, Marcus nos estaba mirando directamente.

"¿Por qué no sales de aquí? Podemos intentar otra cita mañana, pero tengo que hacerme cargo de este desorden."

Asentí rígidamente mientras lo vi salir corriendo hacia los tres líderes de Volterra, Inc.

Tuve suficiente instinto de preservación como para querer ir a mi carro y suficiente cordura como para estar perturbada de que Félix pareciera pensar que yo estaría perfectamente bien posponiendo nuestra cita hasta mañana mientras él terminaba sus negocios sucios. Si, mi auto estaba en el parqueadero de arriba, pero tendría que pasar junto a los hombres con armas para llegar a él. No estaba segura de que pudiera caminar derecha. Podría haber estado en shock. Mis pies se movieron, llevándome hacia la escalera. Abrí la puerta y me escondí dentro. Me acurruqué en una esquina y esperé.

Había una diminuta ventana a cada lado de la puerta de la escalera. Yo estaba oculta a los ojos de la gente en el estacionamiento, pero aun así podía ver lo que estaba pasando. Vi a todos los hombres de Volterra disparar sus armas. Escuché gritos. Fue una pesadilla, y no podía voltear la mirada. Sabía que necesitaba ir a llamar a la policía, pero estaba congelada en mi lugar. Después de que los disparos se terminaron, escuché gritar, y asumí que era Caius regañando a Félix por llegar tarde.

Cerré mis ojos y traté de pretender que estaba en cualquier otro lugar. No sé cuanto tiempo esperé ahí, acurrucada en una pequeña bola en la base de las escaleras, al borde de vomitar. Esperé hasta que mi visión se aclarara, mi respiración se tranquilizara y no pudiera escuchar ningún ruido. Cuando por fin me atreví a dar otro vistazo por la ventana de la puerta, nadie estaba afuera. Los cuerpos habían desaparecido también, aunque las manchas de sangre permanecían.

Quise morirme del miedo, pero ya había hecho eso, y no me podía sentar en las escaleras toda la noche. Abrí un poco la puerta de las escaleras, decidida a salir corriendo como loca hasta mi carro, pero la escena era demasiado real. El olor a azufre, las manchas de sangre –eso fue todo lo que pude aguantar. Perdí mi cena sobre las escaleras. Necesitaba alejarme de esa escena. Subí las gradas un piso para alejarme del vómito y todo lo demás.

Había vómito sobre mi brazo. Limpié mi manga contra la pared, pero no sirvió de nada. Me sentía como Lady Macbeth tratando de lavarse la sangre de las manos, excepto que ella no tenía sangre de verdad en sus manos, y yo todavía tenía vómito sobre mí. Y tenía la nariz congestionada. En vez de ir hacia mi carro (que de todos modos no estaba bien como para conducir), tomé una decisión. Tomé el elevador hasta la oficina. Para este momento, seguramente Félix le habría contado a Aro que estaba conmigo. Si Aro estaba en la oficina, me haría la boba. Si él no estaba arriba, recogería mi buzo, un pañuelo y una taza de café.

Serpenteé por entre la catatumba de pasillos hasta que llegué al anexo, la parte donde Aro, Caius, Marcus, Heidi, Félix y unos pocos otros de nosotros teníamos nuestras oficinas. Caminé despacio y silenciosamente, atenta a ruidos raros. No había nada más que un silencio sepulcral. Esta era la primera vez que había estado sola en la oficina. Apenas esta mañana, había querido saber qué tramaba Volterra, y ahora sabía que asesinato estaba involucrado. El teléfono sobre el borde de mi escritorio estaba fácilmente a mi alcance. Podría llamar a la policía de inmediato.

Pero sería estúpido llamar a la policía desde mi propia extensión, ¿verdad? Sin pensarlo demasiado, quité el buzo del espaldar de la silla de mi escritorio, soné mi nariz en un pañuelo desechable, y luego caminé hacia la puerta de al lado, dentro de la oficina de Aro, para usar su teléfono. Yo había estado antes en su oficina, pero nunca sin él. Y esta noche era diferente, porque era obvio que él había estado en su oficina antes de que los asesinatos tuvieran lugar. Sus guantes estaban sobre el escritorio, junto con su sombrero y una llave plateada que yo sabía abriría sus archivadores.

Cerré mis ojos de nuevo y me obligué a calmarme. Podía llamar a la policía ahora, desde el teléfono de Aro, como había planeado, o podía abrir los archivadores y descubrir lo que Volterra realmente hacía. Aro podría regresar en cualquier momento, y si me encontraba aquí…

La curiosidad me iba a matar, yo lo sabía, pero abrí esos archivadores de todos modos. ¿Quién sabe si algún día tendría otra oportunidad como esta? Me quedé ahí, en la oficina de Aro, leyendo a poca luz por más tiempo del que pretendía. Escuché unos ruidos ligeros. Era de madrugada, y probablemente eran los de la limpieza, pero yo no quería ser vista. Tomé varios de los archivos, le eché candado al archivador y me salí a hurtadillas de la oficina. Pasé un hombre con un trapero, pero no creo que me viera. Para cuando había alcanzado mi auto, estaba temblando tanto que casi no pude abrir la puerta del carro.

Cuando finalmente logré colapsar sobre el asiento del conductor, no conduje a casa. No llamé a la policía. Conduje hasta la oficina del FBI más cercana.


Martes, diciembre 23 de 2008

La aguja en el acelerómetro seguía moviéndose hacia arriba. El auto puede que no resaltara, pero Edward iba serpenteando el tráfico de una manera que le anunciaría a cualquiera que estaba de apuro. Sus nudillos estaban blancos sobre el volante y era la primera vez en la vida que lo veía conducir con ambas manos sobre el volante.

Las cosas estaban pasando demasiado rápido. Me forcé a respirar mientras mantenía los ojos pegados al espejo retrovisor del asiento del pasajero.

Nos estaban siguiendo, y tenía el presentimiento que no era Jason Jenks tras nosotros. Edward era mejor en este juego que yo, porque no terminó conduciendo hacia el interior de ningún callejón cerrado. Atravesó la ciudad metódicamente, cambiando líneas al azar y tomando curvas rápidas.

Tomó quince minutos de muerte, pero él logró perder el auto siguiéndonos.

Aliviada, le dirigí una sonrisa tentativa. "Conduces bien."

Edward no comentó nada. Todavía mantenía un agarre de muerte sobre el volante.

"¿Los perdimos, verdad?" De repente me sentí insegura.

"Hay dos más tras nosotros."

"¿Dos?" Repetí como boba. "¿Debería agachar la cabeza?"

Edward no respondió. En su lugar, dio un giro brusco hacia la izquierda adentrándose en el abundante tráfico que se acercaba, pensé que los Vulturi no tendrían que matarme. Me quedé congelada mirando, horrorizada, como nos escapamos por un pelo de ser arrastrados por una Hummer.

Tan pronto como me aseguré yo misma de que de hecho estaba con vida, una idea terrible se me ocurrió. "¿Ellos saben que tienes un avión esperando en el aeropuerto?"

"Espero que no."

"¿Si ellos nos encontraron aquí, no podrían haber adivinado…?"

"No nos está esperando en este aeropuerto," dijo distraído. "Mierda."

Edward ojeó el espejo de mi lado, dio un volantazo y llevó al piso el acelerador. El carro arrancó hacia adelante tan rápido que mi espalda se fundió con el espaldar.

Todo se sentía como si estuviera bajo el agua. Las cosas estaban sucediendo, pero el tiempo se movía tan lento que yo podía experimentar cada fracción de segundo. Los autos pasaban volando por todos lados, pero yo podía ver detalles que normalmente no notaría: la chica en el Beetle enviando mensajes mientras manejaba, un hombre fumando en su auto, un niño haciéndonos muecas a través de la ventana, el carro negro que nos seguía de cerca.

Edward trataba de perder el último auto, pero no podía. Daba giros bruscos. Se cruzaba semáforos en rojo. Serpenteaba el tráfico. Nada funcionaba. Su boca formaba una sombría línea.

"Si no podemos perderlos pronto," dijo serio, "puede ser que necesitemos tratar de perderlos a pie."

Eso no sonaba viable, pero no dije nada. Mi estómago estaba de cabeza y quería vomitar. No podía decir si era mareo por el brusco manejar o culpa por poner a Edward en peligro. Tal vez era un poco de ambos.

Casi llegábamos a los límites de la ciudad. El tráfico iba disminuyendo y en el distancia un signo que aumentaba el límite de velocidad de 56 km/h a 72 km/h. Si no podíamos perderlos en plena ciudad, ¿cómo podríamos perderlos en las vías rectas de la ciudad?

Cerré mis ojos, de modo que me perdí lo que pasó tras nosotros, pero escuché el crujido del metal y sentí el carro abalanzarse hacia adelante conforme Edward hundía el acelerador de nuevo.

"¿Qué pasó?" Pregunté, girando rápido mi cabeza, esforzándome por ver. Alejándose en la distancia había un accidente.

"El último acaba de ser chocado por otro carro." Dijo Edward, sus ojos seguían pegados a la carretera. "No fue una coincidencia."

Fruncí el ceño. "¿Crees que alguien chocó al tipo que nos seguía a propósito?"

"Aunque me gustaría pensar que fue intervención divina, estoy seguro que el auto rojo golpeó a nuestro perseguidor a propósito."

"¿Emmet?"

"No, él está haciendo algo más."

"¿Entonces quién?" Seguramente no Jason Jenks. Él no me dio la impresión de ser uno de los que hacen persecuciones en auto. Y si no era Emmett, no tenía ni idea.

"Este carro no nos sirve de nada ya. A unos cuantos kilómetros, hay un alquiler de autos junto a un taller. Quiero que lleves este auto a que le cambien el aceite. Diles que lo recogerás mañana y pide pagar por adelantado. Mientras haces eso, yo alquilaré un carro y luego vendré a recogerte."

Asentí de acuerdo, y cinco minutos después por fin pude bajarme del auto. Nunca jamás había estado tan feliz de poner mis pies sobre tierra sólida y respirar aire fresco. Mi estómago aún estaba un poco mareado por la persecución, pero estaba tan aliviada de haberme bajado del carro que pude respirar profundamente y perder un poco de estrés. Edward sacó nuestras maletas del baúl y las puso junto a mí. Me dio las llaves y luego caminó rápido hacia el Rent-a-Car vecino. Yo me quedé esperando junto al auto a un técnico.

Para cuando había entregado mis llaves y pagado, Edward ya estaba estacionando a mi lado. Traía un elegante sedan negro con asientos de cuero.

"Supongo que decidiste abandonar el típico carro Americano, ¿no?" Traté con un tono de broma, pero mi voz tambaleó. No ayudó en nada que ésta fuera la primera vez que él me mirara fijamente a la cara desde el incidente de la lavandería, y pude ver que sus ojos seguían inflamados por el Spray N Was.

"Este Infiniti es lo mejor que tenían," dijo mientras lanzaba nuestras cosas sobre el asiento trasero. Luego se subió de nuevo al asiento del conductor y emprendimos camino nuevamente.

Pasamos por un McDonald a comprar el almuerzo y seguimos sobre la autopista. Yo no esperaba tener hambre, y menos por comida chatarra, pero me sorprendí a mí misma. Mastiqué mis nuggets de pollo y miré como Edward conducía con una mano e inhalaba una hamburguesa de medio libra con la otra.

"¿Me pasas papas fritas?" Preguntó Edward.

Alcancé la bolsa y saqué unas cuantas. Edward realmente no tenía forma de sostenerlas, así que se las di en la boca. Sus labios rozaron mis dedos cuando tomó su último bocado, y a mí se me olvidó todo sobre los Vulturi. Este era Edward, mi Edward, y estar con él era un bálsamo para mi alma.

Lancé un nugget a mi boca y deliberadamente obligué a los músculos de mis hombros a relajarse. Por el momento estábamos seguros, y yo estaba con Edward. No podía pedir más.

Edward terminó su hamburguesa y yo le pasé una servilleta. Él la usó sin quitar sus ojos de la carretera, me la regresó, y luego sacó algo negro y cuadrado de su bolsillo.

"Teléfono desechable," dijo, cuando se dio cuenta que lo estaba mirando. "¿Puedes marcar el número escrito en este pedazo de papel y decirle a Emmett que estamos bien?"

Me pasó el teléfono y un trozo de papel arrugado con algo escrito en su ordenada y pulcra letra.

Marqué con una mano temblorosa. El teléfono timbró una, dos, tres veces, y luego la voz de Emmet resonó en mi oído.

¿Te tomaste tu tiempo llamando, no? Dame una actualización de las cosas.

"Emmett, hola," su voz era acogedora, aun cuando estaba bastante segura que me iba a picar en trocitos por escaparme.

Estaba en lo cierto. Emmett comenzó a maldecir como loco y tuve que alejar el teléfono de mi oído. No estaba segura dónde estaba el volumen en este tipo de teléfono.

Edward sonrió burlonamente junto a mí, pero no dijo nada.

Cuando la diatriba de Emmett terminó, puse el teléfono contra mi oído y dije cautelosamente. "El status es que perdimos a la gente que nos estaba siguiendo y ahora estamos en la autopista yendo hacia un aeropuerto."

"¿Cambiaron carros luego de la persecución?"

"Si."

Edward intervino, "pregúntale si él envió a alguien para ayudarnos."

Obedientemente repetí la pregunta y luego la repetí de nuevo cuando Emmett no respondió.

"No, no mandé a nadie. ¿Por qué?"

"El último carro siguiéndonos tuvo un accidente sospechoso."

Después de una larga pausa, donde me pregunté si la llamada se había cortado, Emmett respondió. "Dile a Edward que se asegure de cambiar autos otra vez esta noche."

"Vale."

"Y tu, ¡tú!"

"¿Sí?"

"Esto no se ha acabado. Más te vale mantenerte viva lo suficiente para que yo te haga entender lo absolutamente estúpido que fue de tu parte el escaparte sola."

"Emmett, lamento que estuvieras preocupado, pero yo…"

"Ahórratelo. Hablaremos luego. A menos que algo vaya mal, no planeo escuchar de ustedes dos hasta febrero."

Emmett colgó la llamada, y yo simplemente me quedé ahí sentada, sosteniendo el teléono mientras procesaba ese último comentario.

"Emmett dijo ustedes dos como si fuéramos a estar juntos hasta el juicio," le dije despacio a Edward.

"A menos que te escapes de nuevo," dijo Edward, "ese es el plan."

Me aguanté unas ganas inmensas de llorar, y no estaba segura si era de felicidad o tristeza.

El agua color aguamarina destellaba bajo el sol de la tarde. El cielo estaba completamente azul a nuestro alrededor y espirales de nubes decoraban el horizonte.

"¿A dónde vamos?"

"A algún lugar soleado."

"Edward-"

"No ahora, Amy."

Tarde me di cuenta que lo había llamado con el nombre equivocado. No éramos Edward y Bella, ni siquiera Edward y Marie. Éramos Steven y Amy, y teníamos al piloto de audiencia. Dado que él estaba en la cabina, no creí que pudiera escucharnos sobre el ruido del motor, pero mi descuido daba miedo.

Lamenté haber abordado el avión. Bueno, una parte de mí lo hacía. La otra parte de mi estaba demasiado feliz de ver a Edward como para ser racional.

En la lavandería, había estado tan contenta de ver a Edward que no me había parado a pensar. Él me había pedido que me subiera al avión, así que lo hice. En retrospectiva, pude ver que había borrado todo por lo que había trabajado. No era sólo yo la que estaba en peligro; ahora, era Edward también.

Yo me moría por contarle todo. Por explicarle como quería, no, necesitaba, que él estuviera a salvo. Pero ni una de las palabras que podía decir eran de las que podíamos arriesgarnos a que fueran escuchadas. Así que me senté y contemplé por la ventana el hermoso mar.

Horas después, aterrizamos en el pequeño aeropuerto de una isla. Nos despedimos del avión y fijé una sonrisa falsa sobre mi rostro. Edward me guio por entre las calles donde la gente hablaba con un inglés de marcado acento y luego hacia un taxi que nos llevó hasta un puerto.

Yo detestaba los botes. El bote al que Edward me guio no era un yate, pero no era exactamente pequeño tampoco. Era lo bastante grande como para tener un cuarto interior protegido de la espuma de mar, lo cual fue un pequeño alivio.

Edward me ayudó a montarme al bote y luego procedió a desatarlo del muelle.

"¿No vamos a esperar un capitán?"

Edward sonrió, la primera sonrisa verdadera que le había visto desde que nos reencontramos.

"Ese sería yo." Se rio al ver la expresión en mi rostro. "No te preocupes, he dirigido muchos botes a través de aguas más salvajes que estas." Indicó mar adentro, donde olas apenas existentes chocaban contra el muelle.

Empezamos a flotar lejos del puerto y mi nausea regresó.

En vez de concentrarme en el agua, me enfoqué en Edward, quien se movía por la cabina con facilidad, revisando los medidores y asegurándose que los chalecos salvavidas estuvieran donde deberían estar. Cuando comenzamos a movernos, cerré mis ojos para no ver la costa moviéndose.

Cuando estuvimos mar adentro, la cosa mejoró. Dejé la cabina para subir a cubierta. El viento revoloteaba mi cabello, que había crecido lo suficiente como para rozar mis hombros. Yo me estaba muriendo de ganas de hablarle a Edward, por lo que me sorprendió que él ni siquiera se girara cuando me le acerqué. El Edward que yo recordaba ya me hubiera estado hablando.

Me acerqué a él y un poco dudosa le di un golpecito a su hombro porque quería estar cerca de él y hablarle. Él se dio la vuelta para mirarme a la cara, pero ver su expresión detuvo las palabras en mi lengua. La inflamación en sus ojos había desaparecido, pero su ceño estaba fruncido y sus labios fijos en una fina línea.

Esta no era la dichosa reunión de los enamorados que yo anticipé. Extrañaba la forma en que su amor podía abrigarme hasta la punta de los dedos, la forma en que su pasión podía encenderme desde dentro. De alguna manera, yo asumí que estar cerca de él traería de regreso esas cosas como si no hubiera pasado tiempo. Y habían regresado… para mí.

"¿Necesitabas algo, Marie?" Preguntó Edward.

Parpadeé rápidamente para evitar que las lágrimas se me escaparan al ver que me hablaba como si yo fuera una extraña. No estaba siendo grosero, pero no había familiaridad que acompañara su tono. Me recordó la primera vez que nos conocimos; esa incómoda presentación que tuvimos en frente de Jake y Emmett el día que llegué a su casa.

En vez de palabras de amor eterno y afecto, me encontré a mi misma diciendo, "¿cuánto tiempo estaremos en el bote?"

"Tenemos un par de horas por delante así que ponte cómoda."

Escuché las palabras que él no dijo. No dijo, ponte cómoda conmigo o ven a sentarte conmigo y cuéntamelo todo. No. Él me estaba despachando. El dolor fue demasiado. Huí antes de que pudiera ver las lágrimas caer.

Con el tiempo nos detuvimos en una estrecha ensenada, y Edward me ayudó a bajarme del bote. La isla era más que aislada; estaba desierta.

"¿Dónde estamos?"

"Una isla que alquilé."

Parpadeé. "¿Uno puede alquilar una isla?"

Edward miró alrededor con una mirada apreciativa. "No es tan agradable como la de mi familia, pero servirá."

Hubo un tiempo en el que escuchar a Edward decir algo así me hubiera enojado, pero para este momento estaba bien acostumbrada a los excesos de la familia Cullen.

Fue una caminata corta pero brutal colina arriba desde la ensenada hasta una pequeña casa. Edward encendió el generador y pasamos los primeros quince minutos de nuestra llegada encendiendo cosas y haciendo todo vivible. La cocina estaba llena de elementos de cocina de la mejor calidad, pero no había comida perecedera.

"¿Um, Edward?" Abrí una despensa vacía "No quiero poner problemas pero, ¿sabes qué vamos a comer mientras estamos aquí?"

Edward suspiró. "Quería que tuviéramos comida real, pero era demasiado riesgoso. Hay un enorme guardado de comida enlatada en el celar y de eso viviremos."

"¿Cómo del que se le agrega agua?"

"También hay fuego involucrado, pero ese es el concepto básico. Incluso yo puedo cocinarlo."

"Entonces supongo que eso quiere decir que podemos compartir el trabajo de cocina," dije, tratando de mantener las cosas en calma.

Él no respondió.

Lo que yo quería más que nada era estar cerca a Edward. Así que por supuesto, con mi suerte siendo como es, eso estaba completamente fuera de mi alcance. Después de que llegamos, él me evitó, pasando el tiempo concentrado en su laptop más bien. Incluso nos asignó cuartos separados. Estuvimos uno frente al otro en la cena, pero la cosa fue incómoda. Poco después de que comimos, Edward dijo que tenía que trabajar y desapareció en su habitación.

Yo me estaba hundiendo de nuevo en la depresión. Aunque sabía que él seguiría adelante luego de que yo me hubiese ido, su amor había sido un ancla para mí. Ahora me sentía a la deriva y sola. Me fui a la cama temprano, el sonido del mar arrullándome hacia un sueño inquieto.

La mañana siguiente en el desayuno, decidí que el estado actual de las cosas era inaceptable. Apenas si pude estar así de distante con Edward ayer, no había manera que fuera capaz de hacerlo por la duración de nuestro tiempo en esta casa. Cada vez que levanté mi Tang para tomar un sorbo, puse la taza sobre la mesa con más fuerza de la necesaria, tratando de incitar a Edward a que me prestara atención. Cuando eso falló, empecé a dejar que la cuchara de mis cereales con fresa repiqueteara contra la mesa de vidrio. Edward permaneció impasible ante mi despliegue infantil de una rabieta.

No quedaba otra forma de actuar sino hablar.

"¡Bueno! No puedo aceptarlo más. ¿Por qué no puedes tratarme como a una persona?"

Lentamente, Edward levantó la vista de su libro. Me dirigió una mirada larga y fija que me hizo sentir desagradecida.

"No estaba enterado de que estuvieras siendo maltratada," dijo, perforándome con su mirada.

Me sonrojé de la pena a pesar de su tono gélido. Repentinamente no pude recordar si le había agradecido por todo el esfuerzo que hizo por mí. Las confrontaciones no eran mi fuerte. "Claro que no me estás tratando mal. Lo que quiero decir es, ¿por qué estás siendo tan distante?"

Edward mantuvo contacto visual conmigo, pero no habló de inmediato. Ni siquiera estaba segura de que fuera a hablar. Quise alejar la mirada, pero si todo lo que él me iba era una mirada a los ojos, me la iba a saborear. Hace dos días, hubiera dado todo por ver su rostro de nuevo, amigable o no.

Edward alejó la mirada. Cerró su libro con autoridad y se puso de pie. "¿Estás preguntando por qué las cosas son diferentes entre nosotros ahora comparado a como eran cuando te fuiste?"

"Si," dije sin pensar.

"¿Podría ser que has olvidado que rompiste conmigo?"

"Pero de seguro sabías que yo no podía dejar de amarte." Frente a su expresión imperturbable, agregué desesperada, "me fui para protegerte."

"Dejaste una carta impersonal y tu anillo de compromiso sobre la mesa de la cocina. ¿Qué se supone que debía pensar yo?"

"Se supone que debías tener fe en nosotros." Cuando dije las palabras, me di cuenta de lo increíblemente injusta que estaba siendo. Se supone que él seguiría adelante y superaría nuestra relación. Mis días estaban contados, y él merecía ser feliz.

Edward soltó una carcajada falsa. "¿Fe? ¿Dónde estaba tu fe en nosotros? Yo te hubiera llevado lejos a un sitio seguro, Marie, pero no pudiste esperar por eso. Preferiste escabullirte con el maldito jardinero y quedarte en moteles baratos."

Me quedé sin palabras.

Edward tomó su libro y se comenzó a caminar lejos de mí.

"¡Deja de llamarme Marie!" Le grité a su figura que se alejaba en la distancia, pero él siguió caminando. Uno pensaría, después de todas las cosas que habían pasado, que yo estaría dichosa de escuchar mi verdadero nombre de sus labios, pero todo lo que eso hizo fue alejarnos aún más. Realmente había empezado a gustarme ser Bella. Por más triste que fuera, Bella tenía más vida con los Cullen que la que Marie jamás había tenido por su cuenta.

Mi avena se veía grumosa y poco apetitosa, y el Tang recubría mi garganta de una manera que me hacía querer vomitar. Cuando yo me fui, asumí que Edward sabría por qué me estaba yendo. Nunca se me ocurrió pensar que dudaría de mi amor por él. Todo este tiempo había estado ahí afuera sufriendo, pero al menos sabía que él me amaba. Él no había tenido tal garantía de mi parte.

¿Qué tan largas fueron sus noches si se pasó todo el tiempo que estuvimos separados preguntándose si lo que habíamos tenido era verdadero o falso?

A veces la forma en que la vida trabaja es cómica. No quiero decir chistoso como jajaja; no, me refiero a cómica de cruel. Cuando apenas me mudé a la casa de Edward, estaba llena de dudas y cuestionaba todo. Nunca sabía que era real o que era falso cuando trataba con Edward. Y justo cuando empecé a pensar que las cosas eran reales, él fue y besó a Tania en medio de una pista de baile.

Pero las cosas habían sido reales entre nosotros. Siempre lo fueron; pude ver eso ahora. Tomó meses para que nuestro amor floreciera y yo lo aceptara. Tal vez la comunicación no era nuestro fuerte, pero el tiempo se nos escapaba. Yo no podía desperdiciar lo poco que teníamos sin que Edward supiera la profundidad de mi amor por él.

Corrí tras él.

En las películas, siempre que alguien persigue a su único y verdadero amor, siempre lo alcanza y ambos tienen una reunión conmovedora. Y entonces todo el mundo aplaude. Dos problemas con esto: 1) Salí corriendo tras Edward, pero no pude encontrarlo, y 2) nadie estaba cerca para aplaudir incluso si lo hacía. Inundada por mi deseo de aclarar las cosas con Edward, me consolé pensando que aparecería para la cena.

Excepto que no lo hizo. Lo busqué por toda la casa. Cuando no pude encontrarlo, cogí una linterna y revisé cerca de la casa. Pensé en bajar la colina hasta la playa, pero no parecía inteligente hacerlo en la oscuridad. No le haría bien a nadie si me torcía el tobillo bajando la cuesta. Por lo que sabía, Edward y yo éramos las únicas almas en la isla.

Pasé otra noche sin descanso. Edward seguía sin aparecer en la mañana, por lo que empecé a preocuparme de que se hubiera caído y partido la pierna en la cuesta. Después del desayuno, me puse los tenis, los cuales eran mis únicos zapatos, y salí.

La primera cosa de la que me di cuenta era que la ropa de otoño-invierno no era apropiada para una isla tropical.

Lo siguiente que noté que era que la colina sobre la que la casa estaba situada era realmente, pero realmente escarpada. Ayer pensé que subir la cuesta había sido un reto, rápidamente me di cuenta que bajarla era más peligroso. Después de dar unos cuantos pasos, regresé a la casa por agua y un bocadillo. ¿Quién sabe cuanto me tomaría volver a subir una vez llegara abajo?

Después de varios resbalones, un tropezón, pero ninguna caída sería, estuve en la playa. La arena era polvo blanco, aunque el trozo ocasional de algas se encontraba varado en la orilla. Después de estar protegida por la cubierta de los árboles, el resplandor del sol de media mañana en el agua era casi demasiado.

Me tomó un rato, pero eventualmente vislumbré a Edward en una cueva justo al lado de la playa. Estaba tendido sobre una roca como si estuviera muerto. Su torso cubría la roca y sus piernas colgaban en el agua. No había forma de que una persona muerta pudiera haberse subido sobre la roca, así que me animé con eso. Y no tenía camisa puesta, lo que afectó mi corazón de diferente manera. La cueva estaba llena de agua, y la roca estaba en medio de un pozo poco profundo. Tendría que mojarme para llegar hasta él.

Me quité los zapatos y medias y me subí el dobladillo de los pantalones. Los primeros pasos dentro del agua fueron una placentera sorpresa. Se supone que el agua estuviera fría, pero ésta estaba caliente. No había rocas de las cuales quejarse. El fondo era pura arena.

Era mi primera vez en el océano. Al menos asumí que éste era el océano. Mis pantalones estaban doblados hasta las rodillas, pero se mojaron de todas maneras. La mayoría de las olas eran diminutas, chapoteando inocentemente contra mis canillas, pero de vez en cuando una ola ligeramente más ambiciosa trataría de superar mis rodillas.

Traté de no hacer ruido mientras me acercaba hasta Edward. No quería asustarlo, y definitivamente lo quería cerca lo suficiente como para que me escuchara.

Él me escuchó acercarme. El sonido del oleaje era despreciable una vez logré entrar bajo el abrigo de la cueva, no obstante mis pequeños chapoteos se magnificaron conforme me movía hacia adelante. Él no se movió, pero yo estaba lo suficiente cerca para ver su cuerpo tensarse cuando me acerqué a su ubicación.

"Edward," comencé.

Sus brazos estaban sobre su rostro, por lo que no podía ver sus ojos.

"Marie," respondió, su voz alargando las dos sílabas. "¿Estaba borracho?"

Marie. El nombre sonaba extraño viniendo de sus labios. O no me escuchó cuando dije que no quería ser llamada Marie, o no le importó. La posterior parecía más probable-él estaba poniendo distancia entre nosotros.

Yo no estaba segura cómo empezar, así que dije lo primero que se me vino a la mente. "¿Dormiste aquí afuera?"

A esto, movió su brazo de modo que pude ver un ojo verde iluminado por el nada amistoso sol. "¿Qué pasa si lo hice?" Movió su brazo, obscureciendo su rostro de nuevo.

Su voz se enredó un poco en la última palabra. Estaba borracho. Esto era nuevo. Yo sólo lo había visto tomado una vez antes, pero ambos estuvimos bebiendo bastante esa noche. Una sonrisa jaló de mis labios cuando recordé el juego de verdad o reto que jugamos juntos. Se sentía como si hubiera sido décadas atrás porque había sido antes de la declaración. Fue cuando el juicio se veía bien lejos.

No estaba segura de cómo responderle a Edward borracho, así que me tomé el tiempo para mirar alrededor. La cueva estaba parcialmente protegida por una roca saliente. El agua era clara y calma. El sol de la mañana entraba a raudales, iluminando parte de la cueva. Pequeños peces amarillos se movían alrededor de mis tobillos. La arena se escabullía por entre mis dedos. Edward me trajo aquí, donde sea que aquí estuviera. Él sabía que yo siempre había soñado con venir a algún lugar como este, y me trajo aquí aun cuando no estaba seguro si yo lo amaba todavía. Mi corazón se derritió en un charco por él, borracho o no.

Me acerqué a Edward y puse la botella de agua sobre la roca junto a él. "Te traje un poco de agua."

El sol iluminaba una parte de su blanco brazo, al igual que parte de su frente. El esto de él estaba en la sombra. ¿Tal vez estaba en la cueva para tomar refugio del sol? El sol estaba brillante e intenso debido a que se acercaba el mediodía, y si yo hubiera estado pensando, aplicarme bloqueador solar hubiera sido una buena idea antes de que viniera hasta aquí.

Edward movió su brazo revelándome sus hermosos ojos de nuevo. ¿Qué estás haciendo aquí?" Preguntó.

"Vine a disculparme"

Él levantó una ceja. "¿Oh?"

"He estado viviendo en mi cabeza tanto desde que me fui, no pensé mucho sobre dónde debía estar la tuya. Lamento haber terminado contigo en una carta. Lo hice porque te amo, y no podía soportar la idea de que tu y tu familia pudieran estar en peligro por mi culpa. Mis intenciones eran buenas, pero ahora veo cómo te lastimó el que no hubiera venido a ti para hablar primero. Pero temí que si te contaba mi plan, me hubieras detenido."

"Lo habría hecho."

"Por eso es que lo hice."

"Eso es lo que Rosalie dijo."

"Estaba en lo cierto."

"Estoy seguro que no me lo dejará olvidar cuando lleguemos a casa."

Hice una mueca ante la elección de sus palabras. Ambos nos íbamos a quedar aquí hasta el juicio, y después, bueno, no había realidad alguna que pudiera imaginar en la que fuera seguro para mí ir pasar tiempo con Rosalie y el resto de la familia de Edward.

"Y pensé que estarías mejor sin mi," agregué en voz baja. Ya sea que me oyera o no sobre el ruido que nos rodeaba no lo supe.

Ya no tenía nada que decir, así que el silencio se extendió entre nosotros, largo y tenso como una banda elástica apunto de romperse. Cuando no pude aguantar más la tensión, me di vuelta para regresar a la casa. Yo lo quería más que a nada, pero si él no me quería, respetaría su deseo de distancia.

Me alejé dos pasos y el agua salpicó alrededor de mis pantorrillas. Edward estiró un brazo y agarró mi muñeca. Me di la vuelta para mirarlo. Él también me estaba mirando.

"No lo estuve," dijo

"¿Ah?" Estaba paralizada por su rostro. Lo había extrañado tantísimo, y las sombras en la cueva resaltaban cada trazo de su cara.

"No estuve mejor sin ti."

Me giré completamente y regresé hacia él. Antes de que pudiera detenerme, lo besé. Olía a tequila y sabía peor, pero no me importó. Era Edward, y yo lo amaba. Sus manos se movieron para aferrar mi cintura y me acercó más a él.

Hubo una gran salpicadura de agua junto a mí. La botella de agua se había caído de la roca al pozo. No la recogí, temía alejarme de Edward. Si este beso era el último que tendríamos, no iba a perdérmelo por nada.

Edward detuvo el beso pero no me soltó. Yo recosté mi cabeza sobre su pecho. Su corazón resonaba bajo mi oído. Mis dedos siguieron el contorno de sus abdominales. Él había perdido algo de peso, como si tal vez no hubiera estado comiendo bien, pero aun se sentía fuerte y sólido.

"¿Estás usando bloqueador?" Murmuró.

"No…"

"Yo tampoco. Regresemos a la casa antes de que te quemes."

"Está bien." Me puse de pie y lo miré, aún tendido sobre la roca. Retiré la botella del agua y la puse bajo el brazo de Edward, donde algunas gotas de agua salada habían caído. Las gotas bajaron por la curva de sus bíceps. Yo siempre me había considerado una astuta observadora de Edward Cullen, pero nuestro tiempo separados hizo que todo acerca de él resaltara aún más.

Él se levantó sobre su codo y me dirigió una de sus típicas sonrisas pícaras. "Gracias por el agua." Giró la tapa y tomó un gran sorbo. Yo mire su cuello mientras bebía. Se bebió el agua más rápido de lo que yo hubiera pensado posible. Se puso de pie y me ofreció su brazo, y ambos salimos chapoteando agua de la cueva.

Acalorados y sudados, entramos a la casa, la cual había sido diseñada para dejar pasar los vientos de costado, pero a mí ningún ventarrón gigante me iba a refrescar después de esa dura subida por la colina.

"¿Ducha?" Pregunté con lo que esperé fuera una mirada sugestiva y sexy.

Edward meneó la cabeza. "Necesito tiempo para pensar, Bella."

Traté de no verme decaída. Él me había llamado Bella de nuevo, y eso era suficiente.


Jueves, diciembre 25 de 2008

No me di cuenta que era Navidad sino hasta que bajé las escaleras y descubrí que Edward había decorado la casa con arbustos de la isla. Se veía más tropical que navideño, pero igual me conmovió. No intercambiamos regalos, pero en honor a la fiesta, sacamos una selección entera de postres congelados de la alacena. El postre crujiente de frambuesa resultó mejor de lo que me esperaba.

Las cosas entre nosotros no estaban tan tensas, pero tampoco estaban normales. Charlábamos como solíamos hacerlo, pero no nos tocábamos. Varias veces ese día, yo misma me detuve antes de retirar el cabello de Edward de su frente. Eso no era algo que yo recordara hacer tan seguido cuando estábamos juntos, y no podía entender si mi deseo por hacerlo ahora era porque su cabello estaba más largo o porque quería una excusa para tocarlo.

Él quería tiempo para pensar. Yo podía entender eso, racionalmente, pero el tiempo se estaba acabando a un ritmo alarmante. ¿Cuántos días teníamos juntos? No quería pasarlos así, pero aceptaba que era mi culpa que él necesitara tiempo. ¿Cómo me hubiera sentido yo si él me hubiera dejado con una nota? Hubiera estado deshecha. Yo nunca podría haberme imaginado a Edward deshecho, y la idea de que algo que yo hice afectó su equilibrio tanto, me sorprendía. Tal vez él realmente me había amado tanto como yo lo amaba.


Jueves, 1ro de Enero de 2009

2009. El año en que testificaría contra los Vulturi. Posiblemente el ultimo año de mi vida. No que yo fuera mórbida ni nada. Incluso si no fuera el último año de mi vida, era el último año de mi relación con Edward. El juicio cambiaría todo entre nosotros, y así es como de modo egoísta, me fijé el propósito de año nuevo de que este sería el día en que reconquistaría a Edward. Yo me moría por él, y estaba bastante segura de que él también se moría por mí. Hace dos días, lo pillé mirándome mientras salía del fondo del agua. Cuando se dio cuenta de que lo vi, miró hacia otro lado. Ayer, estiró la mano como si fuera a tocar mi hombro pero luego la retiró.

Éramos como ramitas secas frotándose, excepto que no había ni de cerca el frote que a mi me gustaría. Ocasionalmente se vía una chispa, pero iba a tomar un poco más de fricción para que nos volviéramos una ardiente llamarada de pasión. Quizás ardiente llamarada de pasión era un poco exagerado, pero para este momento no sólo me moría por Edward sino que estaba desesperada por el alivio físico que brindaba tener sexo. Después de vivir por años sin sexo, parecía raro que sólo unos cuantos meses de tenerlo me cambiaran tan profundamente, pero ahora que lo había tenido, no quería vivir sin el. Y el sexo con Edward era, bueno, no quería pensar demasiado en ello hasta que estuviera bien segura de que iba a pasar de nuevo.

Mientras bajé las escaleras, me preparé mentalmente para dos cosas. La primera fue que no me le iba a lanzar a Edward. La bola estaba de su lado. Si él todavía me quería, tenía que dejármelo saber. La segunda fue que era otro día de comidas congeladas. Al principio se veían perfectamente adecuadas, e incluso algunas eran decentes, pero ahora había probado cada una de las diferentes clases que teníamos. La idea de más comida congelada hoy era poco apetitosa, y la idea de comer comida congelada hasta el juicio me revolcaba el estómago.

Esperaba encontrar a Edward en la cocina, pero estaba vacía.

"¿Edward?" Llamé. Tenía que estar en algún lado. Él nunca dormía de largo. Yo nunca era la primera en despertarme.

No hubo respuesta.

Tal vez todavía estaba en la cama. Consideré subir a revisar su habitación, pero parecería violar su privacidad si hacía eso. Él tenía permitido dormir más, ¿cierto? Cierto.

Me comí mi desabrido cereal con trozos de fruta sola en la mesa y luego encontré un libro para leer. Después de otra hora, comencé a preocuparme. No había forma de que Edward pudiera estar durmiendo todavía.

Subí las escaleras con cuidado y abrí su puerta tan silenciosamente como pude para mirar su habitación. La cama estaba hecha, lo que podía significar que él nunca durmió en ella anoche o la hizo esta mañana.

¿Dónde está? Fui a mi habitación y me cambié al vestido de baño y shorts. La vida era mucho mejor desde que descubrí una pequeña sección de ropa veraniega en el closet. La caminata hasta la playa pareció un poco menos engañosa esta vez, y me pregunté si podría acostumbrarme a ella. Edward tenía que estar aquí abajo en alguna parte. Era una isla, después de todo. El primer lugar que revisé fue la cueva en la que lo encontré el otro día. Esperaba que no estuviera bebiendo sobre esa roca de nuevo.

Nada.

Después de que merodeé la playa por un rato buscando, vi un bote acercándose a la ensenada.

Mi primera reacción fue de pánico. ¿Podría quien quiera que estuviera en el bote verme sobre la playa? Llegué a alejarme hasta los árboles antes de reconocer el bote. Era el bote que nos había traído aquí.

Aun sabiendo que era nuestra lancha, seguía nerviosa. Me mantuve bajo la sombra de los árboles hasta que vi a Edward desembarcar. Llevaba puesto un sombrero y cargaba una nevera.

Estaba caminando hacia él antes de darme cuenta que me estaba moviendo.

"¡Ahí estás!

Al escuchar mi voz, Edward se giró y sonrió. Era la expresión más feliz que le había visto desde que me rescató. Se veía otra vez como él. Aceleré para poder alcanzarlo más rápido. Él bajó la nevera y me atrapó en sus brazos.

"Feliz año nuevo, Bella," dijo en mi oído.

La sensación dual de su largamente denegado roce y su suave voz en mi oído me hizo temblar de la alegría.

Él me bajó y levantó de nuevo la nevera.

"¿Dónde estabas?"

Sonrió de Nuevo y sus ojos destellaron. "¿Quieres saber?"

Me reí entonces, porque su estado de ánimo era infeccioso. "Está bien. Manten tus secretos. Con el tiempo me voy a enterar."

"Todo a su debido tiempo," dijo.

Edward me pidió que lo dejara subir la colina primero para poder guardar cualquiera que fuera la sorpresa que estaba en la nevera. Obedientemente caminé a lo largo de la playa por un rato antes de volver a subir hasta la casa. Mientras subía la colina, me di cuenta que era la primera vez que era capaz de hacerlo sin faltarme el aliento. Me estaba volviendo fuerte de nuevo. Eso me hizo sonreír, aunque cualquier cosa me habría hecho sonreír después de ver a Edward verse de nuevo como él mismo.

Di un paso dentro de la casa y solté un suspiro de felicidad conforme los vientos cruzados soplaban por la casa y enfriaban la ligera capa de transpiración que se había acumulado sobre mi piel durante mi caminata cuesta arriba. Un melodioso Jazz estaba sonando y Edward estaba leyendo el periódico en una silla de cuero en la esquina de la sala. No tenía zapatos puestos y su tobillo estaba balanceado sobre su rodilla. Debería haberse visto tranquilo, pero en cambio estaba vibrando de la energía.

Mis labios se curvaron en una casi-sonrisa. Algo era diferente. Algo bueno. "¿Qué te pasa?"

Sus ojos encontraron los míos sobre el borde del periódico. Eran del verde más claro que jamás los había visto y me pregunté si era sólo a causa de la luz tropical que se filtraba por las cortinas transparentes o si era más una función de su estado de ánimo. Esto último parecía más probable, pero nunca habíamos tenido esta clase de sol en Seattle, así que era difícil para mí saber con seguridad.

Comimos más comida congelada de almuerzo. No hablamos entre los dos, pero no fue un silencio incómodo. Fue más pensativo, aunque confieso que yo no estaba pensando mucho más que si sería apropiado lanzármele encima a Edward. Quería tocarlo de nuevo.

Empujé mi silla hacia atrás para dejar la mesa del comedor, pero Edward puso su mano sobre mi muñeca. Eso fue todo lo que necesité. Estaba hecha de esperar.

Saqué mi mano de la suya y tomé su rostro con mis manos. "Te amo, Edward Cullen, y siempre, siempre lo haré."

Entonces lo besé. Al principio él no respondió y me pregunté si tal vez había interpretado todo mal. Detuve el beso para alejarme y mirar dentro de sus hermosos ojos. Este era el momento de la verdad si alguna vez hubo uno. No quería dejar ninguna sombra de duda que hiciera meollo en su mente.

"No hay nadie más. No habrá nunca nadie más. Atesoro todo el tiempo que hemos pasado juntos, y daría lo que fuera para pasar el resto de nuestro tiempo juntos y fel-"

Edward atrajo mi cabeza contra la suya. Nuestras bocas chocaron juntas, ahogando mis palabras. El beso alternaba entre fuerte y dócil. Su boca era cálida y suave y mucho más atractiva que en el beso sabor-a-tequila que había estado repitiendo en mi cabeza por los últimos días. Mis manos se enredaron en su cabello; sus dedos presionando los lados de mi rostro. Me empapé de todas las sensaciones, mi respiración más rápida que lo necesario.

Abruptamente, Edward paró de besarme y me puso de pie. "No vamos a hacer esto en la mesa."

Una carcajada se me escapó. Por supuesto que no lo haríamos en la mesa. No sería propio, no cuando podíamos estar juntos hasta el olvido sobre el sofá o la cama o cualquier otro lugar más cómodo. Nos íbamos a acostar, y mi cuerpo entero vibraba en anticipación.

"Y si," dijo Edward mientras me guiaba a la sala.

"¿Si?" Pregunté, tan perdida en la emoción del momento que no pude imaginarme que quería decir.

"Si," murmuró Edward de nuevo en mi oído, "a todo lo que dijiste antes."

Las palabras me inundaron de calidez, pero sus dedos acariciando mi cuello y bajando hacia los botones en mi camisa me hicieron temblar. La combinación de las dos cosas era casi apabullante, y apenas habíamos empezado.

Un botón se abrió, y luego dos más. Estaba paralizada mirando sus dedos. La fresca brisa que atravesaba la casa me dio piel de gallina. Con el último botón, mi camisa quedó abierta. Mientras Edward miraba mi sostén yo comencé a trabajar en sus botones. Él llevaba puesta una camisa que le había visto llevar unas cuantas veces. Siempre había admirado cómo se le veía, pero ahora los botones entorpecían mis dedos.

A Edward no pareció importarle mi torpeza. Él estaba sonriendo mientras me veía, y eso me hizo aún más torpe. Cuando llegué hasta los dos últimos botones y quedé frente a frente con su musculoso pecho, le di a la camisa un fuerte tirón, y los dos últimos botones cayeron sueltos.

Edward soltó una gruesa carcajada que hizo dar volteretas a mi estómago. Con un empujón, lo empujé para que se sentara sobre el sofá. Puse mis piernas a cada lado suyo sentándome sobre sus piernas y lo besé.

"¿Impaciente?" Me provocó.

"Me has mantenido esperando lo suficiente," dije entre besos. Yo podía sentirlo debajo de mí a través de mi falda, y cada cambio de posición me traía un poco más cerca al Nirvana.

De la nada, hubo más que sólo el torso de Edward bajo mi falda. Sus dedos estaban, también, alejando mi ropa interior. Me incliné hacia atrás y dejé que sus dedos me acariciaran. Me sentía tan cálida, tan feliz, y arqueé mi espalda ante las sensaciones que pasaban deprisa a través de mí. Su otra mano estaba ocupada soltando mi sostén, y cuando su boca se cerró sobre mi pezón, me perdí.

Toda la inseguridad y la miseria desde que había encontrado a Edward se alejaron.

Cuando Edward estuvo dentro de mí, sentí algo nuevo y diferente. Sentí dicha. Y cuando él dio con ese lado dentro de mí una y otra vez, perdí la noción del tiempo completamente.

El día entero pasó en un borrón y culminó con una comida de verdad para la cena. El pequeño viaje en lancha de Edward esta mañana había sido para comprarnos comida. No era mucha, ya que eso podría llamar la atención, pero había lasagna y pan y una torta de chocolate sin harina –y todo estaba tan bueno que terminamos teniendo sexo en el comedor. ¿Quién habría pensado que la comida podía saber tan rico? Y con comida y Edward juntos, era todavía mejor.


Domingo, Enero 4 de 2009

Subsistimos con orgasmos y proclamaciones de amor por aproximadamente setenta y dos horas. Sólo podíamos darnos el gusto de evitar todo por tanto tiempo. Yo con gusto habría continuado viviendo en negación, porque salvo por la comida enlatada, las cosas eran prácticamente perfectas. Los Beatles dijeron que todo lo que necesitas es amor, y yo estaba inclinada a coincidir.

Fue Edward el que dejó que la realidad se entrometiera en nuestra cama.

Estábamos juntos, enredados entre las sábanas después de un sexing post-almuerzo, cuando dijo, "no puedes dejarme nunca así de nuevo."

"¿Umm?" No estaba de humor para discutir la realidad, y esperaba que tal vez pudiéramos saltarnos esta conversación.

"Lo digo en serio, Bella. No puedes hacerme esto de nuevo."

Tragué con dificultad y tomé un profundo y tranquilizante respiro. Si, sentía culpa, montones de culpa por dejar a Edward. Y, en retrospectiva, ahora que sabía que podríamos haber estado aquí en esta isla todo el tiempo, me preguntaba si tal vez había cometido un error, pero el parecía no comprender. Mis días estaban acabándose, y yo lo amaba demasiado para arrastrarlo conmigo. Y también lo amaba demasiado como para dejarlo ir, y así es como había terminado en la cama con él ahora. No había nada claramente correcto que yo pudiera hacer, y me destruiría si pensaba en ello demasiado.

"Edward, lamento mucho haberte dejado así." Podía decir eso. Era cierto. "Pero no puedes pedirme que no haga lo que sea que piense correcto. Estoy casi condenada, pero tu todavía podrías escapar de este embrollo y estar bien."

Edward se rio tristemente. "¿Te escuchas a ti misma? Piensas que puedo 'escapar' y estar bien." Pasó sus dedos por su cabello y soltó un explosivo suspiro del que me encogí. "Bella, no quiero estar 'bien'. Te amo. Dejarte ir para que puedas estar condenada, o lo que sea que quieras llamarlo, no es una opción. Necesito saber que me vas a dejar ayudarte y estar contigo completamente hasta el final."

"Edward…" mi voz se apagó, insegura. "Sabes que te amo. Haría cualquier cosa por ti."

Edward se paró de la cama y sentí el frío de su ausencia. Miré su espalda mientras dejaba el cuarto, insegura de si regresaría.

¿De verdad podría yo meterlo completamente dentro de este embrollo? Una pequeña voz en mi cabeza me dijo que él ya estaba hasta las rodillas, ¿así que por qué no dejarlo meterse por completo?

Edward reapareció en la puerta un par de minutos después con un paquete en su mano. Yo no sabía lo que él sostenía, pero mi corazón latió un poco más rápido a causa de la determinada manera en que me estaba mirando. Caminó lentamente hasta la cama y me ayudó a sentarme. La sábana cayó de mi cuerpo, exponiéndome completamente a su vista. Entonces se arrodilló sobre el piso, desnudo y hermoso. El corazón se me subió hasta la garganta.

"No iba a hacer esto hasta más tarde, pero creo que ahora es el momento."

Lo miré fijamente, tratando de mantener mi respiración fija. Él levantó el paquete y de este extrajo una caja de terciopelo azul oscuro.

Edward me miró con seriedad y dijo en una voz clara y suave, "Bella Marie Swan, ¿te casarías conmigo?"

Abrió la caja para revelar un anillo.

Yo estaba demasiado estupefacta como para decir algo de inmediato. Y me encantaba la forma en que Bella Marie Swan sonaba. Estaba simultáneamente emocionada y horrorizada, todo a la vez. Solté sin pensarlo, "tú no quieres casarte conmigo."

Edward suspiró. "Si esto va a funcionar entre nosotros, necesitas dejar de decirme qué quiero y qué puedo hacer. Somos adultos. Tomamos nuestras propias decisiones." Estiró un brazo para levantar mi mentón y mantener el contacto visual. "Yo te elijo a ti."

Mis ojos se cerraron. Él me estaba ofreciendo algo que yo quería más que nada, ¿pero que clase de persona sería yo para tomarlo?

"Edward, incluso después del juicio, no importa cómo vaya, nunca seré libre."

"Bella," dijo Edward suavemente, insistentemente, "no quiero estar lejos de ti. Incluso si lo peor fuera a suceder y todo lo que tuviéramos es el ahora, yo querría esto. Te quiero a ti."

Las lágrimas amenazaban con desbordarse, así que mantuve mis ojos cerrados con fuerza mientras di mi último punto en contra. "Pero tu vida está en Seattle, con tu familia."

"Te elijo a ti."

Una lágrima se meescapó, y abrí mis ojos para observar su segura e inquebrantable mirada. "Sabes que estás renunciando a todo."

"No a todo."

Sus palabras lentamente penetraron, y yo respondí con las únicas tres palabras que transmitían la profundidad de mis sentimientos; "te amo."

Él levantó la comisura de su boca en una sonrisa pícara, "¿Así que eso es un sí?"

Traté de decir sí, pero mi voz salió toda suave y quebrada. Aclaré mi garganta y traté de nuevo. "¡Sí!"

"Ahora eso si es un sí." Los ojos de Edward brillaron. "¿Por qué no te lo pruebas?"

Enfoqué mi atención en el anillo, el cual apenas si había mirado, habiendo asumido que sería el mismo anillo que había estado usando antes. Este anillo no era nada como mi antiguo anillo. Mi antigu anillo había sido enorme y brillante y moderno, y este era obviamente de una época diferente. Había una complicada obra de filigrana con pequeños diamantes, y una modesta pero brillante piedra en el centro.

"Oh," dije, todavía sin haber recuperado mis facultades por completo.

"Puedes tener tu antigu anillo si prefieres, pero escogí ese para una extraña. Este fue de mi abuela, y pensé que te gustaría más. Es más pequeño, pero—"

Lo interrumpí. "Me encanta. Lo atesoraré siempre."

Él me sonrió entonces, una verdadera sonrisa que iluminó sus ojos.

"¿Estás loco, lo sabes?" Le dije sacudiendo mi cabeza, porque lo estaba. Sólo una persona loca vería mi embrollo como una oportunidad para hacer un compromiso de por vida.

"No estoy de acuerdo. Esta es la primera cosa sensata y racional que he hecho. Debí habértelo propuesto hace tiempo, cuando me di cuenta por primera vez que quería estar contigo para siempre."

"Para siempre puede no ser mucho, Edward."

Él suspiró. "De verdad tenemos que trabajar en tu manera de ver la vida."

"Edward," comencé, pero él puso su dedo sobre mis labios.

"No. No quiero escuchar otra palabra negativa sobre el futuro cruzando tus labios mientras estemos aquí. Ahora tenemos un poco de tiempo juntos antes del juicio. Si esta es la última vez que tendremos juntos, no vamos a desperdiciarla. Y mientras estamos en ese tema, no veo razón para asumir que esta es la última vez que tendremos juntos. Te vas a convertir en una Cullen en un futuro cercano, y los Cullen no pierden".

Digerí eso por un momento, dejando que mis ojos recorrieran su rostro. Él realmente creía que tendríamos un futuro. Estaba engañado o tenía motivos para su confianza. Me permití disfrutar de su seguridad.

"¿Esto quiere decir que no vamos a hablar sobre los Vulturi en absoluto? Porque hay algunas cosas que no he tenido oportunidad de contarte todavía." Pensé sobre mi posible relación con Aro y me encogí. Tal vez debí haber mencionado ese amargo dulce antes de aceptar su propuesta.

"Por supuesto que todavía vamos a hablar sobre eso," dijo Edward. "También tengo cosas que decirte. Pero quiero que operemos desde la perspectiva de que ganar es posible. Porque si este es un juego, y ganar significa tener un feliz para siempre contigo…"

Él besó mi nariz, sonrió, y dijo, "planeo ganar."


Bueno, se terminaron los Juegos Olímpicos, y he terminado el capítulo más largo que he traducido hasta ahora (25 páginas). Uff.

Espero que lo hayan disfrutado, en cuanto Limona suba de nuevo empezaré a traducir. Si ella termina la historia, yo también lo haré. Aunque me tarde un poquitín. ¡Saludos!