A/N: "Este es el final. Mi hermoso amigo, este es el final. Mi único amigo, el final." Les dije que esta historia sería corta. Nunca quise escribir una enorme novela sobre esto. Pensé en hacerlo más largo, pero no había manera en que pudiera. Estaría simplemente alargando todo y los capítulos serían cortos y nada emocionante pasaría y todos estarían como: "¿Por qué escribiste eso? Eso fue basura." Así que decidí simplemente terminarlo. Además, creo que termina en calma, pero tal vez sólo soy yo.

Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece.

"Alice y Jasper no se muestran tanto, pero tienen la relación más profunda. Están casados, pero una vez fue suficiente para ellos."
-Stephenie Meyer. (N/T; mi frase favorita. Por algo Alice y Jasper son mi pareja preferida)

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Cuando era pequeño, solía desear a las 11:11. Mi mamá me dijo que si lo deseaba con suficiente fuerza, se volvería realidad.

Deseé ser mordido por una araña, para poder tener poderes como Spiderman. Al día siguiente encontré una araña colgando en una telaraña bajo las escaleras en nuestro apartamento. Me mordió. Terminé en emergencias no más que una hora después.

Deseé que mi papá, quien había ido a comprar un paquete de cigarrillos ocho años atrás, volviera a casa. Al día siguiente mi mamá lo encontró fuera de nuestra casa, muerto. Una sobredosis de cocaína había acabado con él.

Deseé que pudiéramos mudarnos porque el apartamento en el cual vivíamos hacia infeliz a mi mamá. Nos desahuciaron al día siguiente.

Deseé que mi mamá encontrara a alguien que la amara. Al día siguiente encontró un novio que se convirtió en su prometido, quien se convirtió en su abusador.

Deseé que el esposo de mi mamá dejara de golpearla. Al día siguiente ella le disparó.

Deseé que alguien pudiera encontrar el cuerpo del esposo muerto de mi madre en las tablas del suelo de mi cuarto; el olor estaba causándome nauseas. Al día siguiente la policía llegó, encontraron el cuerpo. Enviaron a mi madre a la cárcel y a mí me pusieron en un lugar de cuidado adoptivo.

Dejé de pedir deseos después de que me llevaron a ese lugar. Mi primer madre adoptiva, quien era Católica, me dijo que desear era obra del demonio y cada vez que siquiera pensara que estaba deseando a las 11:11 me había escribir versos de la Biblia. Eventualmente dejé de desear después de que me di cuenta de que podría desarrollar el síndrome del túnel carpiano por todo lo que estaba haciéndome escribir.

El reloj encima de la estufa marcaba las 11:11. Lo miré. No podía decir si eran las once a.m. o p.m. Parpadeé. Sólo tenía un minuto para desear algo. No podía pensar en algo que quisiera, además de que Alice se quedara.

Cerré los ojos. Treinta segundos. Tenía treinta segundos para pedir un deseo.

"Tal vez deberías desear la paz mundial." La voz de Alice dijo. No era Alice; Alice estaba leyendo sentada en el sofá.

Abrí los ojos y los rodé para poder ver a la elefante morada. Estaba parada a mi lado, su cabeza baja de modo que su trompa se cernía sobre el azulejo del piso. No podía decir si estaba frunciendo el ceño o sonriendo bajo su trompa. Decidí que estaba frunciendo el ceño; me sentiría culpable si estuviera sonriendo.

"Pedí no tener alucinaciones," Le dijé al reloj segundos después de que dieran las 11:12. Estaba cansado de lidiar con elefantes morados, grillos rosados, o cualquier cosa que pudiera salir.

"¿Por qué pedirías eso?" El elefante rosado preguntó en su imitación de la voz de Alice.

La ignoré mientras la pasaba para hablar con Alice en el sofá. Sus pies estaban cruzados bajo ella y estaba leyendo el libro en su regazo. Me senté a su lado. Levantó su cabeza y sonrió.

"¿Qué estás leyendo?" Pregunté. Estaba desesperado por conversación.

Se encogió de hombros. "Sólo un libro." Lo cerró y lo puso sobre la mesita de café. Se movió de modo que estaba encarándome. Sus dedos se entrelazaron y descansaron sobre su regazo. "¿Cómo está tu mano?" Preguntó.

La levanté para ella. La tomó y la levantó entre sus manos. Trazó el rastro de las vendas. No podía sentir sus dedos siguiendo el trazo que los vendajes hacían, pero podía sentir sus manos envueltas alrededor de la mía. Comenzó a tararear. Reconocí la canción. Era la que mi madre solía cantarme cuando era pequeño. No creía que alguien más la conociera.

"Yo puedo cantar," el elefante rosado dijo. La ignoré. "Puedo bailar también." Me hizo mirarla. Mis ojos se abrieron mientras movía sus pies y hacía un movimiento para estamparlo en el piso.

"No, ¡No lo hagas!" Grité. Aparté mi mano de la de Alice y brinqué en mis pies. La elefanta se paró a ella misma de estampar el pie en la tierra. Me paré frente a ella, con mi corazón palpitando con fuerza dentro de mi pecho. No sabía cómo iba a explicarle a la gente bajo mi apartamento porque había agujeros en su techo.

"¿Qué fue lo que hice?" Preguntó mientras bajaba su pie lentamente hasta que estuvo en el piso.

"No me gusta bailar," mentí. "Me hace sentir incómodo." Alargué la mano para tomar su pierna, pero me detuve a mí mismo. No quería darle la impresión de que quería sostenerla.

"Lo siento," se disculpó. "No era mi intención hacerte sentir incómodo." Dejo caer su cabeza. Su trompa cayó en el piso.

Me giré para mirar a Alice. Ya no estaba sentada sobre el sofá. Fruncí las cejas y miré alrededor. No estaba en ningún lugar a la vista. El elefante también se había ido. Corrí los dedos entre mi cabello y traté de pensar en algún lugar al cual pudiera haber ido. Este era un apartamento pequeño, no pudo haber ido lejos.

"Alice," llamé. Nadie respondió. "Alice, ¿dónde estás?" Caminé dentro de la cocina, no estaba ahí. Miré alrededor, haciendo un esfuerzo en mirar bajo de la barra en caso de que decidiera aparecer, con sus pequeños pies colgando del borde como lo hizo la última vez.

Nunca vino.

Suspiré y giré hacia el refrigerador. Necesitaba tomar mis medicinas de todos modos. Abrí la puerta, ignorando a los grillos que parecían no irse, y me estiré para tomar una botella de cerveza, pero me paré a mí mismo. A Alice no le gustaba cuando tomaba cerveza, aunque no dijera nada, podía decirlo por la manera en que fruncía el ceño cada vez que tomaba una. Tomé una lata de coca, en lugar de eso.

Las medicinas estaban sobre la barra. Tomé cada botella y la leí. Trataba de recordar cuales no había tomado esta semana. Abrí tres, y vertí una pequeña cantidad de pastillas sobre mi mano. Las arrojé dentro de mi boca y comencé a beber la coca.

Puse las tapas de nuevo sobre las botellas cuando hube terminado y caminé hacia el sofá. El elefante morado estaba sentado detrás de la mesita de café. Puse la lata en la mesa frente a ella y corrí los dedos entre mi cabello. Esa elefanta estaba volviéndome loco. Me di cuenta de la botella de medicamento en la esquina y la tomé. Era la medicina para el dolor que Carlisle me había dado.

La abrí y dejé caer unas pocas pastillas en mi mano. Eran pequeñas, azules y redondas pastillas con el número 5216 en ellas. Tomé una y la sostuve al nivel de mis ojos. Nunca había visto una pastilla para el dolor azul, pero, hey, el doctor siempre tenía la razón. Dejé que unas pocas cayeran en mi boca y las tragué con ayuda de la coca.

"¡No!" Gritó Alice.

Brinqué ante el sonido de su voz, aflojando mi agarre en la lata de coca, que cayó al piso. Comencé a toser el ácido líquido, pero lo tragué de nuevo cuando me di cuenta de que había tosido una de mis pastillas. "¿¡Qué!?" Grité. No quería gritar, pero había perdido el control del volumen de mi voz.

Alice se sentó a mi lado en el sillón, sus frías manos tomaron mi mandíbula. Enterró la punta de sus dedos en mis mejillas, forzándome a abrir la boca. Movió su cabeza, de modo que veía bajo mi garganta. "No," susurró, sacudiendo la cabeza. "No, no, no."

Dejó ir mi mandíbula y se puso de pie, sus manos temblaban a su lado mientras sacudía la cabeza. "No," gritó. "¡No, maldita sea! ¡No!" Sus manos fueron hacia su cabello y miró al cielo.

"¿Qué?" Pregunté de nuevo. Miré la receta en la botella. No había nada que dijera que estuviera en algún problema, no había nada acerca de problemas de cráneos o huesos cruzados, y ninguna advertencia que dijera que no podía tomarla con otra medicina.

Miré a Alice. Estaba paseando frente a la mesita de centro. El elefante morado, que se había movido hasta enfrente de la puerta, estaba mirándome con ojos abiertos. Estaba susurrando algo. No podía entender lo que decía. Creo, nadie puede estar seguro, que estaba diciendo "¿por qué?"

"Lo siento," Alice dejó de pasearse por la habitación. Sus manos cayeron a sus lados y se giró hacia mí. "Exageré." Abrió la boca para decir algo más, pero se detuvo a sí misma. Caminó alrededor de la mesita y se sentó a mi lado. Tomó mi mano y la puso sobre su regazo. Comenzó a trazar la línea de los vendajes de nuevo.

La miré ceñudo. "¿Estás bien?" Pregunté. No sabía que más decir.

Asintió. "Estoy bien, sólo estoy…me asustaste, eso es todo." Envolvió su mano alrededor de la mía. "No me gusta cuando tomas mil pastillas."

Parpadeé. "No tomo mil pastillas. Yo-"

"O mezclas medicinas," agregó. "No es saludable y te matará tarde o temprano." Levantó la mirada hacia mí. Sus dedos dejaron de acariciar mis vendas. "¿Por qué lo haces? Sé que no puede ser por las alucinaciones." Sonrió. Creo que estaba tratando de hacer una broma.

Le devolví la sonrisa, más por impulso que por sentirme feliz realmente. Me encogí de hombros. "Me hacen no sentir. Me gusta no sentir."

"Pero hiere a tus amigos." Siguió mirando las vendas. "Edward se veía muy emocionado de verte ayer."

Bufé. "No estaba emocionado."

"Condujo hasta aquí solo para verte." Me recordó Alice. "No harías un esfuerzo para ver a alguien, si no estuvieras emocionado por hacerlo." Comenzó a acariciar las vendas.

No dije nada. Sabía que tenía razón. Simplemente no quería admitirlo. Era más fácil pretender que nadie se preocupaba por mí, y que sólo estaba hiriéndome a mí mismo, que admitir que la gente si se preocupaba por mí y estaba hiriéndolos también a ellos.

"¿Qué si mueres?" Preguntó.

Mi cabeza se disparó. Traté de mirarla a los ojos, pero estaba mirando mi mano. "No voy a morir." Le prometí.

"Todos mueren, Jasper." Alice aún no me miraba. "Es parte de la vida."

Fruncí el ceño. "¿Por qué estamos hablando de la muerte? Soy inmortal."

Alice me miró. Sus ojos estaban abiertos enormemente. "Y eso me asusta. No eres inmortal. Eres un humano y necesitas ayuda."

Sacudí la cabeza. "No quiero tener esta conversación contigo" Mi mente estaba gritándome que la sacara de mi apartamento, como hacía con toda la gente que trataba de tener esa conversación, pero estaba tan asustado de la idea de ella yéndose, que no dije nada.

Alice tomó mis mejillas. Sostuvo mi cara entre sus manos. Traté de retirarlas, pero no me dejaría ir. "Vas a morir si no recibes ayuda," dijo cada palabra alta y clara. Su voz era casi idéntica a la de Esme, la madre adoptiva de Edward; me había exactamente lo mismo el día antes de la graduación.

"No voy a morir." Cerré mis ojos y sacudí la cabeza, pero Alice no dejó ir mi rostro.

"Estás en un modo de supervivencia, Jasper." La voz de Alice volvió. "¿Realmente crees que tu cuerpo puede soportar todos esos químicos que estás echándole?" Ves cosas constantemente, tus emociones son impredecibles, no puedes distinguir la realidad de un sueño, vas a morir si no recibes ayuda."

Tomé su muñeca y le sonreí. "No voy a morir, Alice." Dejé salir una aguda risa mientras separaba sus manos de mi rostro. "Te lo dije. Soy inmortal. He sobrevivido a más cosas de las que te imaginas. No moriré."

"No has muerto aún, eso no significa que no vayas a hacerlo." Alice dejó que sus manos cayeran sobre su regazo. "Dijiste que el padre de Edward era doctor -"

Sacudí la cabeza. "No voy a hablar con el padre de Edward sobre esto."

Alice se mordió el labio. "No quiero que mueras, Jasper. Perderte me mataría." Tomó mi mano de nuevo y la puso sobre su regazo. "Tú sabes mejor que nadie lo que las drogas le hacen a las personas, lo que le hizo a tu madre. Tú sabes lo mucho que te dolió…¿Por qué hacerle eso a la gente que amas?"

Envolví mi mano alrededor de la suya. No quería mirarla. Continué mirando nuestras manos. "¿Te duele verme así?" La miré.

No dijo nada al principio. Miró nuestras manos, su agarre se apretó alrededor del mío. "No quiero verte herido," susurró. Levantó la mirada. "Me duele verte herirte."

Levanté sus manos a la altura de mis labios y las besé. "Hablaré con Edward mañana, entonces," le prometí. "No prometo ir a tratamiento, pero veré si algo que pueda parar las alucinaciones."

Alice sonrió. "Eso es todo lo que pido".

"Si ayuda algo, tomé mi medicina con coca esta vez." Dejé ir su mano para poder tomar la coca que había caído en el piso y la subí a la mesa. Tendría que limpiar el desastre que hice en la mañana.

"Ayuda." Se inclinó de manera que su cabeza descansaba en mi regazo. Abrazó sus rodillas hasta que sus pies estaban presionados contra su ombligo. "¿Aún vez alucinaciones?" Preguntó.

Miré alrededor de la habitación. El elefante se había ido y todo se veía normal. Bajé la cabeza y miré a Alice. Acariciaba mis jeans con los dedos. "No," sacudí mi cabeza. "Ya no."

Me incliné, dejando mi cabeza descansar sobre una almohada. "Estoy un poco cansado." Le dije a Alice. "No sé porque, especialmente cuando tomé coca."

"Ese es un efecto secundario común de la Clorazine," dijo.

"¿Cómo lo sabes?" Pregunté. Peiné su cabello con mi mano vendada. Quería mirarla, pero estaba demasiado cómodo como para moverme.

Podía sentir como sus pequeños hombros se encogieron. "Simplemente lo hago…" su voz era suave, casi triste. Fruncí el ceño ante la idea de que Alice estuviera triste, especialmente después de que había aceptado hablar con Carlisle.

"¿Por qué estás tan triste?"

Alice volvió a encogerse de hombros. "Sólo estoy cansada. No quería sonar triste, no debería estarlo." Se quedó callada. "Prométeme que llamarás a Carlisle mañana."

"Lo prometo," bostecé. Estaba a punto de quedarme dormido. "'¿Cómo sabes que su nombre es Carlisle?"

"Sólo lo hago," dijo Alice.

Comenzó a tararear. Era suave, si mi apartamento no estuviera tan callado y no hubiéramos estado tan cerca, no lo hubiera escuchado. Estar despierto no estaba ayudándome. Me acurruqué más cerca de la almohada, encima del sofá.

"Me gusta esa canción," le dije. "Mi mamá solía tararéamela cuando era pequeño."

"Lo sé," susurró Alice.

"¿Cómo lo sabes?"

"Sólo lo hago."

No dije nada. Ya estaba dormido.

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Alice no estaba ahí cuando desperté. Chequé la cocina, el baño, mi cuarto; incluso salí a ver si estaba en el balcón- tampoco. Tomé mi medicina como suponía hacerlo, leí las recetas y sólo tomé la dosis recomendada. Incluso tomé la que Carlisle me había dado. Toda con una lata de coca.

Llamé a Edward mientras esperaba a que Alice volviera a casa. Suponía que había ido a caminar. Incluso yo tenía que tomar aire fresco de vez en cuando. Aceptó hablar con Carlisle sobre poner una cita para mí. Le pregunté sobre Bella y la boda, después de disculparme por haber sido un idiota el otro día. Me ofreció ser su padrino de bodas si quería. Accedí a hacerlo, siempre y cuando pudiera llevar a Alice conmigo. Dijo que estaba bien, después de un momento de duda.

"Hey," dije al teléfono. "¿Cuáles son los efectos secundarios de la medicina que Carlilse me dio?"

"¿Estás sintiéndote bien?" Preguntó Edward.

"Sí, sólo un poco cansado, también tengo dolor de cabeza."

"¿La tomaste con algo? Carlisle te dijo que no la tomarás con alcohol."

"No la tomé con alcohol. No sé, sólo me hace sentir raro. ¿Qué tipo de medicina para el dolor es?" Tomé la receta de la botella y la miré mientras hablaba con él.

"No es medicina para el dolor…" Dijo Edward suavemente.

Fruncí el ceño. Mis cejas se juntaron. "¿Qué tipo de medicina es?".

Edward no dijo nada por un rato. Sabía que no habíamos roto la conexión porque aún podía escuchar su respiración. "Es para gente con esquizofrenia. Carlisle cree que tal vez te ayude con las alucinaciones."

Me tomó un segundo procesar sus palabras. "Ayudarte con las alucinaciones…" Mis ojos se abrieron cuando el entendimiento me entró.

Arrojé el teléfono, no le puse atención a donde aterrizaba, y salté. "¡Mierda!" Grité, mientras corría alrededor del apartamento, gritando el nombre de Alice al tope de mis cuerdas vocales. Chequé bajo la cama, los closets, el baño, cualquier lugar donde podría estar escondida. No estaba ahí. No estaba en ningún lado.

Corrí hasta volver a la cocina y abrí mis botellas de medicamento. Tiré las pastillas en la barra y tomé puñados de ellas. Quería a Alice de vuelta. Abrí el refrigerador, no había ningún grillo, no escuché nada en Portugués, todo lo que escuchaba era el silencio.

Tomé una cerveza y la abrí con fuerza. Comencé a meter cuantas pastillas podía dentro de mi boca. No me importaba la promesa que había hecho, la quería de vuelta.

Me enfermé antes de poder tragar todas las pastillas. Terminé vomitándolas en el fregadero. No tenía ambición de escarbar en el no-digerido alcohol para recuperarlas.

Me alejé a mi mismo de la barra y caminé hacia el sillón. Estaba demasiado enfermo como para correr. Me sentía mareado por vomitar. El teléfono estaba sobre la mesita de café, junto al libro que Alice había estado leyendo mientras estaba ahí. Me senté en el sofá y lo tomé por el lomo. Mi cabeza palpitaba con fuerza en los oídos. El aliento se me atascó en la garganta cuando leí el título.

"Mierda," dije para mí mismo. Arrojé el libro al sofá y pateé la mesita de noche con el pie. "¡Jodido inferno de mierda!" Grité mientras me ponía de pie. Mis manos subieron hasta mi cabello. Miré el título del libro y lo leí en voz alta en mi cabeza.

La chica es una alucinación.

Fin.

A/N: Mi parte favorita de la historia, donde trato de defender mi final. La mayoría de la gente me ha dicho que no necesito hacerlo, pero puse muchísimo trabajo en esta historia, y quiero explicarla por lo menos un poco.

Jasper siempre tuvo la corazonada de que era una alucinación. Por eso seguía tomando todas esa medicinas- trataba de hacerla real.

Edward y Bella nunca reconocieron a Alice. Eran como, "ok, bien, no veo a nadie…" Él [Jasper] asumía que la razón se debía a que él había tenido en su vida muchas chicas antes que Alice. Quedándonos en ese capítulo, la sangra, las cortadas, todo con lo que Alice le había ayudado desapareció cuando Bella y Edward llegaron. Miró abajo y se dio cuenta de que no había toalla y su sangre estaba sobre la alfombra.

También otra de mis líneas favoritas es "¿las alucinaciones saben que son alucinaciones?" Alice, qué es una parte de la imaginación de Jasper, no sabía que era una alucinación, pero tenía el instinto de querer proteger a Jasper de la medicación que Carlilse le había dado. Es como el instinto humano que te dice que debes mantenerte vivo, tenemos el impulso de hacerlo. Eso era lo que ella tenía.

El hecho de que el(la) elefante morada no se iba y volvía constantemente, incluso aunque Jasper dijo que las alucinaciones muy pocas veces aparecían más de una vez era otra pista. Todos sabemos que los elefantes rosados no son reales.

Alice tenía una tendencia a desaparecer, y de repente tenía un par diferente de ropa, pero para ella nunca se cambiaba, pero Jasper sabía que se había cambiado. Esa era yo jugando con la idea de que las alucinaciones no saben que son alucinaciones. No va a saber que de repente se ha cambiado de ropa, porque, para ella, no hay ropas para cambiarse.

¡MI ESCENA FAVORITA! La parte donde Alice tiene una visión de la estufa quemándose. Si Alice hubiera cocinado, básicamente Jasper hubiera dejado la estufa prendida por largo tiempo- sin nada en ella, así que se hubiera encendido –en fuego- porque no estaba cocinándose nada. Esa era su mente, diciéndole que no dejara a Alice cocinar. Era una forma de protegerse a sí mismo.

Alice tuvo una visión de alguien (una persona) viniendo, y si recuerdan, Edward le había dicho a Jasper que iba a ir. Él lo olvidó, así que Alice se lo recordó. Y no digo "vendrán dos personas" sólo dijo alguien. Jasper no sabía que Bella estaría ahí, porque Edward nunca le dijo que iría, así que, por supuesto, Alice no vio a Bella.

Cada vez que Jasper desea en 11:11, su deseo se hace realidad, pero en la forma que quiere. Tomó medicinas, lo que hizo desaparecer a sus alucinaciones. Comenzó el elefante, luego Alice, y finalmente el libro.

La medicina que Carlisle le había dado a Jasper es Clozapine. Es para gente con esquizofrenia. Alice lo sabía (lo que significa que de alguna manera Jasper también lo hacía, medicina es medicina para un adicto a las drogas), por eso no quería que la tomara.

Alice sabía que tendría que irse pronto, así que su último deseo era que el mejorara. Parte de ello era su –de él- cerebro diciendo "hey, estás matándome aquí," la otra era que experimentar con alucinaciones significaba sentir algo de su anfitrionamiento, y Alice quería que Jasper fuera feliz.

Pensé durante toda esta historia. En realidad quería hacerla funcionar, y espero haberlo hecho. Es difícil escribir historias, en especial cosas como esta, así que espero que no sea mala. Espero haber hecho un trabajo justo con ella. Denme algo de crédito. En realidad trabajé duro para hacer que todo funcionara bien al final.

Por favor no dejen críticas fuertes o malos reviews. Nunca dije que sería un final feliz…y un hubo personajes muertos. Por cierto, estoy subiendo esto a las 11:11. ;P

Daddy's Little Cannibal

Estrella'black: Total y definitivamente mi historia favorita de Daddy's :) Amé traducirla. No estoy segura de sí lo había dicho antes, pero para mí, traducir cosas de Daddy's siempre ha sido fácil. Me meto tanto en la historia, y mis dedos no dejan de teclear hasta que ya llevo buen rato (o, en caso de los one-shots, termino) escribiendo. Simplemente todo fluye, y muy pocas veces tengo que detenerme a pensar o buscar una palabra en el traductor. Es genial.

-Me emocioné cuando leí lo de 11:11. Yo no pido deseos a esa hora, porque soy muy católica, pero definitivamente amo la idea. Tengo una alarma en mi celular a esa hora, (y es estresante cuando suena a las 11:11 de la mañana y aún estaba dormida xD)muchos íconos con la hora impresa y algún dibujo, y veo esa hora como algo mágico. Cuando estoy fuera a esa hora, siempre me emociono y digo a mis amigos/familia: ¡11:11! ¡Pidan un deseo! Y cierro los ojos como estúpida. xD Es divertido. O, cuando lo recuerdo y estoy en el msn hablando con alguien en ese instante, se lo digo. Es lo mejor :)

P.D. También estoy subiendo esto a las 11:11 ;)