Capítulo uno:

Todo era oscuridad. Sentía algo húmedo y duro bajo mi espalda. Todo olía de forma extraña, a pasto y lluvia. Podía sentir miles de gotas de lluvia cayendo sobre mi rostro, sobre mi pecho y mis piernas. La ropa se me pegaba al cuerpo mientras me empapaba. Escuchaba el ruido de los animales a mi alrededor, sigilosas pisadas, hojas cayendo y cantos de pájaros al compás de la lluvia. La melodía del viento entre las hojas.

Abrí los ojos lentamente, no había mucha luz. Entre las nubes, atenuada podía ver la luna. Parecía empañada. Me refregé los ojos mojados y volví la vista a mi alrededor.

Estaba en un pequeño claro, un pequeño espacio donde los árboles no habían llegado a conquistar. A su alrededor, el bosque.

Me incorporé lentamente del suelo y me percaté de que no tenía idea de donde estaba. No sabía por qué esta allí ni como había llegado. Entre en pánico, llovía y no tenía idea de donde estaba. Empezé a tiritar de frío.

Corrí. Salí del claro a toda velocidad. Ya no podía escuchar nada salvo un molesto pitido en mi cabeza. Lo que me recordaba algo, algo que no venía a mi mente. Tenía la extraña sensación de que debía correr, alejarme de allí. En el claro, en el bosque había algún peligro.

Me detuve para recuperar el aliento. A mi alrededor, de la tierra surgieron barras de metal. Nacían lentamente del suelo. Cuando los ví por primera vez creí que eran árboles, creciendo rápidamente. La velocidad con que salían del barro fue aumentando. Cuando las barras llegaron hasta la altura de mi mano, una luz muy fuerte surgió de la nada. Me encandilé.

Cuando logré acostumbrarme a la luz cegadora, las barras habían alcanzado los dos metros. Eran de hierro sólido. Me rodeaban formando un pequeño cuadrado. El espacio entre ellas era tan reducido que me era imposible escapar.

La luz desapareció, el bosque desapareció, la lluvia, todo. Menos los malditos barrotes. Ahora lo comprendía, eran los barrotes de mi propia celda.

La oscuridad me rodeaba mientras abría mis ojos. Frente a mi había unos finos caños negros que sostenían un colchón que se movía lentamente.

-Cierra el pico, ricachón.. hay gente que quiere dormir – escuché de arriba. Mi respiración estaba descontrolada y mi corazón acelerado.

Era tan solo un sueño. Pero tambien era parte de mi realidad.

Me levanté de la cama y camine hasta el final del cuarto. Me recosté sobre los barrotes. Estaba dentro de una pequeña celda de la estación de policía de Forks.

Por una terrible mentira.

Me di vuelta y de espaldas, me dejé caer. Sentado en el frío y oscuro piso, la realidad era más fácil de observar. Junto a la pared derecha, mi "compañero" dormía roncando fuertemente. Al frente, una pequeña ventana con barrotes donde se colaba la primera luz del día. Las paredes grises parecían acercarse cada minuto que pasaba.

Comenzaba a amanecer, cerré los ojos con fuerza seguro que ya no iba a dormirme.

Se escuchaban pisadas, pude distinguir dos muy diferentes. Una acompasada, lenta y pesada. Y otra más apresurada pero igual de pesada. Esas pisadas me hicieron volver en el tiempo, dos noche atrás. Pocas horas antes de entrar a la comisaría.

Pero esa noche, las pisadas no eran suaves ni pesadas. Eran muy distintas. Agudas y fuertes, de tacones de mujer. Pum, pum, pum.. Por todas partes. Vestidos largos de colores brillantes.

Tomé la mano de mi esposa y caminé entre la gente hasta la mesa de mi jefe.

Era un lugar magnifico, con techos altos y abovedados. Miles de pinturas en las paredes, la iluminación cálida y una gran araña con cárieles de cristal en el medio de la sala.

Aun sentía la suave mano de mi esposa entre mis dedos cuando logré liberarme del tumulto. Me acerqué con paso decidido hasta la mesa principal.

-Señor, ¿Me llamaba?

-Si, claro.. Edward, quería conocer a tu bella esposa.

-Oh, ella es Tayna señor Sheferson.

Peter, mi jefe, se levantó de su silla ayudado por su bastón de madera oscura. Era un hombre con sus años, entre su pelo blanco escondía miles de conocimientos. Era un hombre leal, valiente y honrado. Era todo lo que quería ser de mayor. Lo admiraba.

-Oh, querida.. Edward habla tanto de ti y oh.. la vejez no me ayuda nada con los nombres.. ¿Su hijo, cual era su nombre Edward?

-Andrew, señor, Andrew..

-Oh, si claro.. ¿Cómo pude olvidarme? ¿Cómo esta él? – dijo mirando a mi esposa

-Oh, muy bien, en casa de mi madre – respondió algo tímida.

-Genial, genial. Edward ¿Puedes dejar un segundo a Tayna con mi esposa y hablamos un segundo?

-Si, claro. Tayna ella es Carmen, la esposa del señor Sheferson.

-Oh, querida, un gusto. – Carmen era un una mujer hermosa aunque tenía la misma edad de su marido. Sus facciones suaves, su mirada cálida y su pequeño cuerpo reflejaban un interior sumamente amable.

Dejé a mi esposa junto a ella y caminé con Peter hasta el balcón del gran salón.

-Edward..

-Si, señor Shaferson

-Oh, por favor, llámame Peter..

-Claro, señor

-Edward.. sabes que yo no tengo hijos.. ni familia alguna – clavó su mirada azulada en la mía – solo somos Carmen y yo.

-Sabe cuanto lo siento

-Pero no es de lo que quiero hablar, Edward. Quiero dejarte a ti mi empresa. Se que tu podrás manejarla mejor que nadie.

Me quedé pasmado, completamente helado. Sabía que Peter era una gran persona y confiaba en mi. Pero nunca pensé en ser tan importante para él.

-No.. no , señor. No puedo aceptarlo

-¿Cómo que no? ¿Estás rechazando mi oferta?

-¡NO! Solo que..

-¿Qué, Edward? No tengo a nadie a quien darle mis cosas, salvo a ti. Sabes que confió en ti. Aunque no seamos familia, te siento como parte de ella. Como parte de la familia que nunca tuve.

-Señor, yo.. yo no sé que decir..

-Creo que gracias estaría bien

-Oh, Dios, muchísimas gracias Peter.. – me extendió sus brazos y me abrazó. Yo seguía sin poder creerlo. Deseaba que Peter no muriera nunca, pero sabía que era algo imposible. Y en ese momento, iba a ser el dueño de la compañía de seguros más grande del mundo. Traté de no pensar en ello.

El vals comenzó a sonar desde la habitación contigua.

-Creo que deríamos ir, Edward.

-Si, claro, claro.

Volvimos al salón y tomé la mano de mi esposa. Bailamos el suave vals mientras le contaba mis noticias. Se alegró mucho con todo lo que le dije. No entendía mi adoración con Peter pero lo intentaba.

El señor Sheferson significaba muchas cosas para mí. Era un hombre respetado en el mundo. Exitoso. Feliz a su manera. Había logrado todo lo que deseaba, menos una cosa. Sus propios hijos.

La noche terminó demasiado pronto entre presentaciones y conversaciones. Tayna se había ido hacia dos horas y yo todavía arreglaba asuntos con Peter y mi secretaria, Jessica.

Jessica.

Era una mujer inteligente, rara y provocativa. Era una persona que convenía tener de amigo y no de enemigo. Hija de un poderoso juez de la nación, siempre conseguía todo lo que deseaba.

Pero había cosas que nunca había logrado tener, mi atención.

-Edward, creo que es todo por hoy, a descansar.. Nos vemos el lunes

-Claro, Peter. Buenas noches.

-¿Edward?

-¿Si, Jessica? –No recordaba haberle dicho que me llamara por mi nombre.

-¿Podrías llevarme hasta mi casa? Es tarde

- Si, claro – no me gustaba para nada la idea pero ante todo era un caballero, gracias a mi madre.

Salimos del lujoso edificio y caminamos hasta el aparcamiento. Sus tacones resonaban a cada paso que daba. Todo estaba en silencio, el último auto que quedaba era mi Volvo plateado.

Cuando llegamos hasta el auto, sus pasos se detuvieron. Me giré para ver que era lo que sucedía.

-Edward – conocía ese tono. Suave, intentando sonar provocativo.

-Si ¿Qué es lo que pasa? – di un paso hacia ella y ella dio dos hacia mi.

-Me duele

-¿Qué?

-Me duele la cintura, aquí. – Tomó mi mano y la colocó sobre su cadera. Comenzaba incomodarme. Miré alrededor, no había nadie para sacarme de este apuro.

-No siento nada – saqué mi mano de su cadera y en un segundo estaba pegada a mi cuerpo, besándome desesperadamente.

La empujé suavemente y me alejé de ella.

-No, Jessica, no

-Edward.. por favor sé cuanto te gusto, ya deja de mentir

-¿Qué? No, esta confundida. ¡Tengo esposa y un hijo esperándome en casa! Tengo todo lo que quiero.

-Ey, Edward.. ya no tienes que disimular

-Basta. Señorita Stanley suba al auto así la puedo alcanzar hasta su casa.

-Si, como gustes.

Me subí al Volvo cargado de furia. ¿Era tonta o se hacía? Yo amaba a mi esposa. Jessica solo era una compañera de trabajo. Totalmente insoportable.

Apreté el acelerador a fondo y en medio segundo estaba frente a su casa.

-Chau, Jessica

Se acercó a mi. Oh, no otra vez

-Adiós

Se acercó más. Puse mi mano sobre su hombro para alejarla, pero mal interpretó mi contacto y se acercó aún más con una sonrisa maliciosa en su rostro.

-Creo que es mejor que entre a su casa

-No lo creo

-Jessica, por favor

-Vamos, Edward.. acéptalo.

-Jessica usted es una mujer muy linda pero no me gusta, para nada.

-¿Qué? ¿Me estas rechazando? – no sabía como contestar esa pregunta, no quería echar más leña al fuego. Pero sí, la estaba rechazando. Completamente. Puso cara de sorpresa, como si le hubiera dicho que el limón era naranja o el cielo marrón.

-Me las vas a pagar, Cullen – Su voz era feroz y no se parecía en nada al dulce cantito de hacia segundos – No te va a ser tan fácil deshacerte de mi – Se acercó nuevamente clavando sus ojos azules sobre los míos. La expresión de su cara delataba la furia que guardaba. Puso su mano sobre el parabrisas, tiró de su cabello y dejó caer varios al suelo del coche.

¿Qué era lo que estaba haciendo? Parecía loca, desenfrenada. Cuando clavó nuevamente sus ojos sobre los mios, estos estaba fuera de órbita. Abiertos y desencajados.

-Te amo, Edward... pero esta me la vas a pagar – se acercó y clavó sus uñas en mi mejilla. Sentí varios puntazos en mi rostro.

-Jessica, bájate ahora mismo de mi auto

-Chau, Eddie.

Abrió la puerta y salió del auto. No me quedé a ver si entraba a la casa, me miré en el espejo retrovisor. Tres largas y finas rayas rojas decoradas de miles de puntos rojos recorrían la parte derecha de mi cara. Ardían.

Apreté el acelerador y salí de ahí.

Los barrotes se me marcaban en la espalda, ya estaban calientes de todo el tiempo que había pasado allí. Recorrí con los dedos las tres líneas que recorrían mi mejilla. Esa había sido la prueba más importante para encerrarme ahí dentro.

Pero no tenían nada, pero sabía que lo inventarían. El juez más importante del país tendría algún truco bajo la manga para dejarme ahí por mucho tiempo.

Estaba allí por una estúpida e ilógica mentira. Mi secretaria me había acusado de abuso sexual. Y por esa mentira y su famoso padre, ahora estaba tras las rejas.

Pero no había duda alguna, era inocente.

Hola! Y aquí el ganador de la encuesta. Los resultados para aquellos que votaron: 12 para esta historia, 7 para A Message y 0 para la secuela (jeje). Gracias a todos los que votaron

Bueno, espero no haberlos defraudado. Nuevamente tengo que agradecer enormemente a Renesme256.. siempre, siempre. Mi madrina de todas mis historias (va dos jejej).

Espero que les guste y ya subí el epilogo de Wake up heart.. para todos los que les interese este es el link (sin los espacios): www . fanfiction . net / s / 4781802 / 1 / Wake _ up _ heart

Muchísimas gracias a todos los que se toman un ratito y leen esta locura.. :D Espero sus comentarios (valen los tomates)

Nos estamos leyendo,

Charlotte-1208