Hello!!!

aquí les traigo esta nueva loca idea mía, es mi 2° fic Edward y Bella, espero que sea de su agrado, les agradezco muchísimo el apoyo que le brindan a mis historias, muchas gracias por leer y por tomarse la molestia de dejar un review, saben que son las recompensas que nos llevamos cuando escribimos, esta al igual que mi anterior historia me encanta escribirla, por eso les pido que si nos les gusta o si sí les va gustando dejen el tan afamado Review...

Espero se de su agrado, ya saben que yo actualizo casi todos los días o cada dos, a veces tardo más pero son por causas de fuerza mayor no por que no lo quiera eh!!!

les agradezco de antemano su apoyo que sé que también brindarán a esta historia

ACLARACIÓN: los personajes no son míos, incluso algunas frases serán tomadas de la historia original de la Señora Stephenie Meyer, la trama y algunas otras cosas son mías, será narrada desde la perspectiva de Bella.

JULIE


CARRERAS

Forks. Incluso pensar sólo en el nombre de mi nueva residencia en el estado de Washington me erizaba los vellos de toda mi piel, aunque sabía disimularlo perfectamente todo para que mis padres no se sintieran desdichados. Mi nombre es Isabella Marie Swan, vivo en la cálida ciudad de Phoenix, con mis padres Charlie y René, ellos dos últimamente han estado teniendo problemas en su matrimonio, a veces me pregunto si sólo soy yo la que los mantiene unidos o porque aún tengan la esperanza de sacar del hoyo su relación; por esa razón decidí aceptar la invitación de mi querida prima Julianne de vivir con ella un tiempo, para darles un poco de intimidad a mis padres.

No sé por qué pero siempre he tenido una incapacidad de mentir tremenda, pero como yo quiero tanto a mi prima mis padres no se opusieron a mi petición, conocían aquél vínculo inquebrantable que las dos teníamos. El tiempo había pasado muy rápido este último mes, mis padres intentaron interceder en mi decisión, pero yo quería que ya aclararan las cosas y si lo que necesitaban era separarse que igual ya lo hicieran, no quería que siguieran sufriendo. En este tiempo tuve oportunidad de arreglar los papeles del colegio, de guardar mi ropa y de comprar nueva ya que en casa hace un calor intenso y a donde me dirijo sólo unas cuantas veces al año sale el sol. Pero el tiempo había pasado y ya mañana por la mañana tendría que despedirme de este lugar.

Me llenaba de nostalgia este hecho únicamente por mis padres, pues en toda mi vida jamás había logrado tener un solo amigo, no entendía la razón, probablemente era el hecho de que yo no era una persona normal, en el fondo sabía que algo no me funcionaba bien.

Desperté exactamente a las siete de la mañana, tendría que alistarme para ir a la estación, comprar mi boleto e irme, mis padres me llevarían ya lo habíamos planeado así desde el momento en que les planteé lo que quería. Terminé de hacer esto y bajé las escaleras, mamá estaba en la cocina preparando el desayuno de siempre: hot cakes, los extrañaría aunque con antelación sabía que no eran tan buenos (sí, mamá cocinaba muy mal).

-¿Dónde está papá?- dije al percatarme de esta ausencia.

-No debe tardar hija, dijo que tenía que hacer algo antes de que te fueras.

Desayunamos sin él, y eso de alguna manera me puso triste, después de todo sería el último desayuno que pasaría en casa por mucho tiempo. Al poco rato se escucharon unos neumáticos en el pórtico, me paré entusiasmada de ver a papá, seguramente había ido por el coche policía de su trabajo ya que era más grande. Probablemente esto se me haría vergonzoso, pero después de 17 años viajando en él ya me había acostumbrado. Salí a la puerta y me encontré con un viejo mustang color rojo, mis ojos colapsaron, no entendía qué significaba aquello.

-¿Te gusta eh? Es un regalo de nosotros, sabemos, aunque lo niegues, la razón de tu decisión hija… y créeme que me siento muy orgulloso…- Dijo Charlie, él era algo reservado con sus emociones y aquellas palabras me llegaron al alma, lo abracé y después de unos emotivos momentos más me despedí. Tomé las llaves de mi coche no sin antes recibir las indicaciones de todo padre de que manejara con prudencia y precaución. Manejé todo el camino pensando en que sea lo que fuera que me esperara en aquél pueblo que era capaz de arrancarme las peores pesadillas no me dejaría vencer, sólo por mis padres. Después de todo: Nadie me iba a morder.

El tiempo pasaba rápidamente, ya era muy por la tarde, no había parado en todo el camino, ya que no me sentía ni hambrienta ni cansada, pues amaba conducir y para mí era relajante. Comencé a ver que la vegetación comenzaba a cambiar de tonos, de aquellos cafés-amarillos ahora era todo verde. Me cuestioné sobre si era un planeta alienígena y mis especulaciones me parecían tontas, razón por la cual comencé a reír. Leí Port Angeles, y supe que estaba a unos 45 minutos de mi meta, eso me alegró aún más y metí el acelerador. Media hora más tarde comencé a escuchar ruidos de aceleradores, gritos y porras en el bosque, se oían lejanos pero eso bastaba para impulsar mi entusiasmo. Así que en la siguiente brecha doblé y tomé el sendero, decidí dejarme guiar por el instinto y por el sonido. Pronto me encontré con el bosque entero, comenzaba a oscurecer pues estábamos a medio Crepúsculo, pero a pesar de aquello no tenía miedo pues al fin y al cabo siempre he sido alguien valiente.

Seguí el tenebroso y estrecho camino hasta que el ruido se intensificó. Vislumbré a lo lejos unos cuantos coches, los observé más detenidamente antes de que la boca se me abriera, sí había muchos viejos y desvencijados como una Ranger, un Jetta y un Suru; pero también había unos coches muy poco convencionales en un pueblo como al que me dirigía: una hummer plateada, un deportivo amarillo, un enorme jeep y un convertible rojos… No era amante de los coches pero se me figuraron muy finos.

Paré mi coche y caminé entre los matorrales, ahí fue cuando los vi por primera vez… Unos tenían aspecto claramente como el mío: sin gracia, normales y con abultada ropa de frío; otros era morenos y altísimos, con un cuerpo como de fisicoculturistas, reñían rasgos como de indios, con muy poca ropa; pero indudablemente los que más captaron mi atención fueron los terceros: ropa fina y elegante aunque nada fuera de lo común, piel marmórea y blanca, ojos color dorado y debajo de ellos unas ojeras púrpuras bien marcadas, se movían con una gracia envidiable de cualquier modelo, en pocas palabras todos ellos eran hermosos independientemente de si eran mujeres u hombres, mi mirada siguió su curso hasta que se encontró particularmente con uno de ellos…

Se veía excitado con lo que sea que estuvieran haciendo, tenía una sonrisa torcida en su rostro perfecto que me paralizaba la respiración, su cabello despeinado y dorado se movía con la ventisca que comenzaba a ocurrir, traía una camisa negra ajustada y se me antojó como el hombre más guapo que estos ojos hubieran visto en toda su vida, pronto me sonrojé. Aunque sabía que él era mucho para mujer promedio como yo.

Sin saber cómo, escondida entre los matorrales, me había estado moviendo hacia él, nos distanciaban únicamente dos metros, fue entonces cuando mi torpeza hizo gala de su aparición y caí casi encima de aquella visión.

-¡Qué buen golpe!- Dijo un chico que estaba a su lado, él era el más grande e imponente de los que eran de piel blanca, realmente me dio mucho miedo y temblé por eso.

-¿Te encuentras bien?- dijo una voz infantil, volteé hacia arriba preguntándome si quien había hablado era una niña, podría ser pues su estatura era muy pequeña, aunque yo siendo no muy alta no debía juzgar a nadie por su estatura.

-Sí, sólo me he dado un buen susto gracias…- dije algo apenada cuando noté la mirada fija de aquél hombre que me desconcentraba los sentidos.

-¿Estabas espiando?- Me dijo una aquella voz tan maravillosa, definitivamente mi corazón atronó su latir, creí que pronto me daría un infarto, pero todo esto se intensificó cuando él me dedicó una sonrisa, aquella sonrisa torcida, ¿sabía lo que ocasiona con eso? Lo odiaba pues tenía la certeza de que conocía con exactitud lo que provocaba.

-Cullen… ¿qué.. ya te dio miedo? ¿por qué te tardas…?- dijo un joven, era sin lugar a dudas el más guapo de los morenos, me miró y sus ojos de perdieron un momento, no sabía qué hacer, fue ahí cuando me sonrió, me dijo "hola" en un susurro y se marchó.

-Sólo tenía un inconveniente Black… ya voy… hermanos… deséenme suerte…- dijo a la vez que dramáticamente se inclinaba y nos guiñaba un ojo, fue entonces cuando su mirada se posó en mí y me sonrió…- Tú también espía…- se despidió con la mano y se dirigió a un volvo plateado que estaba en el centro, el otro, al que le había dicho Black se subió en un golf viejo, pero arreglado como si fuera de carreras, me encantó. Un tercero se subió a una especie de suburban también arreglada para carreras. Yo seguía tirada en el suelo, pero la chica de voz infantil me tendió una mano, al momento del tacto tirité, la tenía helada, debe ser por el clima.

Tres chicas estaban paradas en las puertas de los coches de aquellos jóvenes, una era rubia preciosa, de ella sentí unos celos y envidia impresionante, la otra era morena, y la tercera era una chica que se veía claramente amargada y vanidosa, les dieron un beso en la mejilla y se pusieron en la línea de carreras, llevaban en las manos una banderas y pronto las levantaron, las ondearon al mismo tiempo y se escuchó un balazo, pronto los chirridos de los coches comenzaron así como aquella carrera. Mi corazón latía desenfrenado y no podía evitar sentirme interesada por aquél joven de cabellos dorados, era tan sexy…

-Prima… ¿eres tú…?