A por él

Matt no está seguro de si le gustaría lo suficiente como para amar con esa desesperación a Light Yagami. Pero esos hechos tras la sentencia que le significara dar reconocimiento a su cuerpo sin vida, tienen poca relevancia. Poesía lírica, posar los dedos en sus labios amoratados, que esbozan una mueca de ira y resentimiento. Llorar sobre el pecho del que fuera su amante, ahora tieso, como un animal a un costado olvidado del camino.

-¡Alabado seas, mi querido Light!-Susurra, cerca de su frente, antes de que los policías lo arrastren a su celda, nuevamente.

***
Rem se lo había dicho. Que ese chico no le convenía, pero ella… decía exactamente lo mismo de todos. Y éste era su Rey Muerte. Por él había asesinado más de un agente del FBI, con tal de encontrarle.

-Hoy voy a ver a Kira, ¿te das cuenta de eso, Rem?-Mascullaba, tratando de disimular que casi lloraba.

Si su rímel se corría demasiado, su agente podría molestarse.

Llegar a él no fue cosa fácil, desde luego.

Atar los cabos sueltos, publicar mensajes para él en páginas restringidas (pero de algún modo, Matt sabía que acabaría por encontrarlo), disfrazarse con la esperanza de hallar un shinigami a su lado, que le identificara.

Aprender su nombre real, que flotaba sobre su cabeza, con el corazón en la boca. Eso había sido Light para Matt: amor a primera vista. Como Yuna y Tidus.

Que su carácter fuese frío y manipulador no le amedrentó. ¿Cómo podría comportarse un Dios, sino así? Estuvo orgulloso de convertirse en su perro más leal, una herramienta para hacer justicia a quienes la necesitaban. Como en algún momento la necesitó su familia, muerta asesinada y sus súplicas etéreas fueron saciadas por la mano de un ser humano especial.

Era un Honor Mayúsculo para Matt el tener la oportunidad de pasearse en público dándole la mano.

Manda a grabar camisetas (escritas para desconcertar al equipo con el que trabaja su novio), las que rezan: señor + señor Anti Kira.

¿Se equivocó al elegirle? ¿Al dar la mitad de su vida en dos ocasiones para ayudarle?

Light descalzo por la habitación. Hablando por teléfono con Mogi, mientras que Matt destroza naves enemigas, desnudo sobre la cama que compartían arduamente. Eso era lo único importante a su ver. Las bromas de Matsuda, el horror de su "suegro" y las bendiciones de su pequeña Sayu, al igual que los banquetes ofrecidos por la señora Yagami. Todos esos recuerdos resuenan en su cabeza. Parece que sucedieron a penas ayer.

El helado azul se derrite en la bandeja que le han dejado. Seguramente Sayu ha sobornado a los carceleros para que le den algo especial por su cumpleaños, que no tenga que ver con sodomía ni tabaco. Así y todo, Matt no quiere comer ni beber nada que no sea la saliva de Light, su semen o sudor, sus lágrimas siquiera (que nunca derramó frente a él, porque los dioses no lloran frente a los pobres mortales, oh, no). Ahora irá a por la verdadera crema de la crema que debe estar en el VERDADERO Cielo, esperándole.

No es estúpido porque sabe que no necesita un toque de ningún cuaderno mágico para apreciar el pasado y anhelarlo, mientras que anuda la sábana de su catre al cuello…