Summary: Edward Cullen, un joven seguro de si mismo pensaba que nadie le podía ganar en las carreras clandestinas, nunca supo que juntarse una tarde con una linda chica de ojos chocolate le podría traer tantos problemas. "¡Como pudo ser me gano una chica!" Rugió Edward

Capitulo Uno: Las apariencias engañan

El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto.

François de la Rochefoucauld

- ¡Listos!...¡TRES! ¡DOS! ¡UNO! ¡COMIENZEN! – Grito fuertemente una hermosa mujer de cabellos de fuego con una mirada divertida por lo que cuando dijo la última palabra tres vehículos partieron rápidamente mientras los espectadores gritaban eufóricos. Ninguna carrera clandestina era más excitante que las que organizaban los Vulturis, una organización muy bien armada que producía estas carreras además de la compra y venta de vehículos ilegales, simplemente la organización más respetada en California ya sea por el talento que tenían al encontrar nuevos corredores para ellos o la brutalidad que exhibían en las calles.

Dos minutos después de comenzada la carrera un auto verde con diseños de llamas en azul y vidrios polarizados cruzaba la meta con una gran diferencia con su adversario. Luego de chillidos ensordecedores del auto se bajo un ángel, cabello rebelde color cobrizo piel pálida como la porcelana, ojos verde esmeralda y suaves ojeras que le daban un aspecto enigmático, cuerpo delgado con algunos músculos sobresaliendo. Traía unos vaqueros desgastados negros, zapatillas oscuras y una playera grisácea. No se debía ser muy bueno de vista para darse cuenta de lo guapo y arrogante que era el chico.

Mientras dos chicos uno muy alto de piel nívea, cuerpo musculoso ojos rasgados que demostraban un aspecto juguetón y sincero, cabello con rizos oscuros y una blanca sonrisa donde se podían distinguir dos simpáticos hoyuelos, vestía una playera sin mangas verde militar que hacia que se distinguiese sus firmes pectorales con unos pantalones holgados además de unas converse oscuras y otro chico de piel lechosa cabello alborotado rubio extremadamente claro (casi llegando a albino) ojos con dóciles ojeras moradas dándole un aspecto encantador, desgarbado y con algunos músculos suaves que se notaban al andar, andaba con una camisa negra abierta dejando ver una playera del mismo color dentro, con unos pantalones de telas que estilizaban su caminar. Ambos se acercaban amistosamente al conductor.

- ¡Viste! – Grito el chico con gran musculatura mientras sonreía socarronamente – Mi bebe corre y ruge como les dije – comento lleno de orgullo acariciando el auto verde

- No emmet – Le corrigió serio el chico de ojos esmeraldas mientras tomaba una falsa arrogancia – El vehiculo podría haber sido chatarra pero Edward lo hace todo maravillas

- ¡¡ESTAS INSULTANDO A MI BEBE!! – Grito enojado Emmet mientras se aferraba al auto como si a este le doliesen esas palabras

Vamos vean el lado bueno – Intento calmarlos el chico rubio y desgarbado – Ahora desarmaremos los otros autos y Edward no tendrá que correr en el auto de Emmet y tu – señalando al musculoso – tendrás tu auto y tal vez le ponga algo mas de potencia

- Buen punto – Dijo mas tranquilo Emmet mientras comenzó a sonreír amistosamente como siempre y Edward se llevaba las manos a su nuca en una forma despreocupada

- Bueno voy a caminar me aburro nos vemos en la próxima carrera ¡Ocupare tu chatarra Emmet! – Hablo Edward mientras iba caminando, muchas personas le saludaban y felicitaban, suspiro era tan endemoniadamente normal eso ya. Edward Cullen (En las carreras Edward Plat apellido de soltera de su madre) joven de 17 años en el ultimo curso del instituto y sin saber que hacer con su futuro, comenzó a correr desde sus 15 años con sus amigos de infancia, la falta de tiempo de sus padres le sirvió para internarse en el mundo de las carreras clandestinas.

Mientras Edward seguía pensando en la inmortalidad del cangrejo vio un ángel y quedo petrificado con su belleza natural, perfecto cabello chocolate que caía como cascada hasta la mitad de la espalda, cara en forma de corazón que tenia dos ojos expresivos marrones, una nariz pequeña, labios sonrosados al igual que sus mejillas, delgada y de estatura normal, le llamo la atención la sonrisa que le dedicaba a sus amigas (¡Ojala! Por que no soportaría ver a su ángel siendo lesbiana).

- ¡¡EDDIE!! – Chillo una voz que el conocía perfectamente, gruño y luego se giro para ver la escultural mujer que lo saludaba amablemente

- Tanya…- Musito en forma de saludo que fue recibido por una gran sonrisa por parte de la chica – tu sabes que odio ese apodo

- Da igual – Respondió encogiéndose de hombros mientras meneaba su perfecta cabellera – venga que tienes que ir a competir

Edward no respondió giro su rostro en donde había visto a la hermosa chica de ojos chocolate pero para su mala suerte estaba siendo arrastrado por Tanya y el ángel castaño ya no estaba.

Unos minutos antes

- En serio este lugar es de horrores – Comento por décima octava vez una chica bajita de cabello corto oscuro en puntas que iban divertidamente en diferentes direcciones, perfectamente maquillada que vestía una blusa de tirantes gruesos dorados que tenían un estampado suave de flores pequeñas, acompañando una minifalda de jeans que dejaba ver unas bien formadas piernas y unos zapatos bajos dorados adjuntos a un brazalete y un bolso pequeño café de cuero. (Ver imagen en mi perfil)

- ¡Rayos! Alice estas exagerando – Una mujer alta rubia de cabello hasta la cintura que sus puntas se volvían rizadas, ojos claros y cuerpo de infarto, le decía aburrida. Llamaba la atención su atuendo que consistía en una blusa con un solo tirante ancho blanca con un estampado negro y gris de un micrófono con unos pitillos azul oscuro que acentuaban las curvaturas de su cuerpo, tacones negros con un bolso de cuero negro, lentes Ray Ban con borde blanco y el lente en degradado violeta acompañado de algunos brazaletes plásticos que le daban a su look versatilidad. (Ver imagen en el perfil)

- Es en serio no se como acepte venir con ustedes – Alice frunció sus cejas e hizo un puchero – Lo espere de Rose pero de ti Isabella Marie Swan ¡Oh dios mío me decepcionas!

- Tranquila Mary Alice Brandon – Sonrío tranquila Bella que llevaba una blusa de tirantes que se bordeaban de color calipso y lo demás de color café con algunos diseños triviales, esta era ajustaba al busto y debajo de el caía libremente hasta la mitad de su bien formado trasero llevaba unos jeans con orificios en las rodillas y unas zapatillas converse cafés (Ver imagen en el perfil) – Déjame ser feliz solo hoy y por una semana dejo que tu me vistas por favor

- Esta bien pero es una semana y comenzamos mañana ¿De acuerdo? – Dijo Alice rendida y medio sonriendo

- Seguro – Respondieron al unísono Bella y Rosalie, mientras le daban un cariñoso abrazo a la chica-duende. Luego Rosalie arrastro a bella hasta una de las calles donde iba a ver una carrera. Ahí distinguió a un hombre ya entrado en edad que les miro curioso.

- Soy Aro ¿Qué necesitan? – Pregunto el hombre con una falsa sonrisa amable

- Queremos entrar en la carrera – Respondió llena de seguridad Rosalie por mas que le intimidara ese hombre ella nunca se dejaría aplacar por nadie, luego le entrego una cantidad significativa de billetes – Bueno en realidad ella va a entrar – Indico a Bella que se sonrojo – Estaremos en la línea de partida adiós

Luego de eso bella subió Bentley Gt arreglado, de color negro y naranja, dentro una tapicería en color beige y vidrios polarizados. (Ver imagen en el perfil)

- Chicas deséenme suerte aunque no la necesite – Bella guiño el ojo a sus amigas

- Bella – Comenzó dulcemente Alice – Si rayas la pintura del auto te juro que sentirás toda la furia de Mary Alice Brandon – Amenazo con una sonrisa de niña buena, bella trago ruidosamente mientras cerraba la ventana por donde hablaba con la duendecilla endemoniada. Luego se puso en marcha en una línea que habían hecho en la calle al lado de dos autos uno verde totalmente hermoso, pensó bella y otro azul eléctrico que intimidaba.

- Tranquila Bella es solo otra tonta carrera donde puedes perder un auto de ciento setenta y cinco mil dólares de tu mejor amiga simplemente eso – se murmuro bella para "tranquilizarse" – Además tu otra mejor amiga solamente te recordó que no puedes rayar la pintura ya que la hizo ella

- ¡Preparados! – Los tres motores rugieron mientras la pelirroja, victoria, se acomodaba en la "pista" – ¡LISTOS! – Grito mas alto mientras la multitud enloquecía - ¡¡GO!!

El simple grito de Victoria hizo que los tres vehículos avanzaran con una velocidad asombrosa. Para Edward la carrera ya tenia un ganador; el, pero bella estaba confiada había recorrido las calles de Forks a máxima velocidad aunque estas no se comparaban con las de California pero las primeras siempre estaban humedad que era un inconveniente que le ayudo a ser mejor a bella. A unos pocos metros de llegar al final de la carrera esta se definía solo entre el auto Verde y el negro, ambos andaban en perfecta sincronía. En una curva rápida Edward freno mas fuerte de lo usual, lo que aprovecho bella para adelantarse unos metros mas que el, no le sirvió de mucho ya que el auto verde tenia mas agilidad.

- ¡Rayos! – Maldito Bella mientras pisaba el acelerador a fondo, ella nunca perdía y no seria ahora su primera vez.

La castaña apretó con fiereza el acelerador…solo faltaban unos metros.

Y sucedió.

Gritos eufóricos con lamentaciones se escuchaban fuera mientras bella frenaba con delicadeza. No sabia quien había ganado pero luego de ver las caras llenas de alegría de Alice y Rosalie lo supo.

Edward lanzo una sarta de insultos al estupido conductor del auto negro y golpeo con fuerza el manubrio. Solo una vez antes que esta le habían ganado en las carreras y había sido en su primera vez. Salio del auto hecho una fiera, Emmet le mataría ahora le tendrían que dar su auto a un idiota. Luego de eso vio que la puerta del Bentley se abrió.

El conductor era LA conductora

Y que conductora…

Su precioso ángel de ojos chocolate

Desde ese día Edward Anthony Cullen supo que las apariencias engañan