Los personajes pertenecen a stephenie meyer

Estaba viendo varios fics, donde es Bella la que termina viviendo en la casa de los Cullens. Entonces se me ocurrio una maginifica idea "¿Y si Edward fuera el fragil humano, en la mansion de los vampiros?"...

Sin fines de lucro alguno,si no les parece, ni hablar tendre que borrarlo.


SEVEN VAMPIRES AND A HUMAN

(SIETE VAMPIROS Y UN HUMANO)

¿Cómo se ve un vació?

Cuando no encuentras la respuesta, no te queda más que seguir sin tus recuerdos. Borrando todo a tu paso. Como un animal, un animal feroz, hambriento y cegado por el odio.

Tal vez, solo tal vez, si tuviera una razón para lo que soy. Entonces entendería el porque la muerte de mis padres y mi formidable vida. Porque todo tiene un motivo ¿Cierto?, nada pasa sin alguna causa. Y la mía no tiene explicación. Solo una maldita intención tan severa como la propia muerte.

Sobreviviendo por un único motivo.

Mi indefenso humano.

BROTHER

(1987)

[Soundtrack: You and Me- Cranberries]

No le di mucha importancia a las sirenas y los agitados espectadores que señalaban algún punto en especial. Hasta que divise el porque de tanto bullicio. Aquella ostentosa casa, que vigilaba desde hace más de un año, en compañía de mi tortuosa soledad, velando los sueños de una inocente criaturita, de cabellos cobrizos y ojos de un impetuoso esmeralda.

Corrí de manera poco visible para cualquier ser humano, hasta quedar frente a la casa en llamas.

Gemí, cuando mis ojos fueron a reparar en su habitación, invadida por el asfixiante humo grisáceo. Tenia que salvar a su familia, tenia que hacerlo por el. Quise saltar por su ventana, pero para los ojos curiosos ese hecho no pasaría desapercibido.

Rodee los ardedores, llegando al verdoso patio trasero de ella. Vigilando mis movimientos y tomando fuerza de cada uno de ellos arrancando la puerta de este.

La perilla de su puerta color caoba, quemaba. La arranque sin pensar después en las consecuencias, y deje entrar el humo detrás de mí, me apresure antes que este afectara a sus pequeños pulmones. Escuche el débil canto de su diminuto corazón, y me apresure a tomarlo en brazos, envolviéndolo en una toalla húmeda.

Me debatí entre volver por sus padres o no, pero para cuando lo hice, fue demasiado tarde. Los canticos de sus corazones dejaron de dar señales de vida, los mire horrorizada y lamentándome por no haber hecho algo por ellos.

Llore en silencio por su perdida, al mismo tiempo que corría con el en mis brazos, tanto así que no me fije con que ímpetu, me cautivaba el aroma que desprendía el pequeño en mi regazo. Algo a sol, arena, fresca lluvia y florales. Me concentre más en sus hermosos ojos, olvidando mi necesidad de saciar mi sed.

— ¿Cómo se llama? — pregunto una muchachita, de cabello negro azabache rebelde, de facciones tan finas como un pequeño duende y ojos de un dorado refulgente.

—Edward, Edward Masen— Respondí con notorio nerviosismo en mi tono de voz.

Nunca olvidare como mis nuevos ojos admiraron la figura de una pequeña damita, acompañada de un fulgurante hombre con porte de soldado. Como la bailarina y el soldadito de plomo.

Tenía miedo y ella nunca me dejo, no solo paso a ser mi mejor amiga, también llego a ser más que eso, era mi hermana. Mi ejemplo a seguir, me enseño que no me podía llamar un monstruo, me mostró que la vida simplemente me había dado una segunda oportunidad, oportunidad que me permitió conocer a mi hermana y amiga.

Y aun así las palabras de ella volaron junto con la brisa del viento. Me seguía sintiendo sola, una monstruosa bestia siempre con ansias de matar a cualquier que se le atravesase en su camino. Una bestia de cabellos castaños con destellos rojizos, facciones no tan finas como las de Alice, pero si con una falsa mascara de una bellaza sobre humana.

—Todo va salir bien, Bella—tranquilizo una voz ronca, pero no por eso menos encantadora. Dándome un abrazo conciliador y reconfortante. Como lo haría cualquier hermano mayor.

— Gracias, Jasper— reconocí su gratitud perdiéndome en sus brillantes orbes tan similares a los de Alice.

Mi hermano de melena larga parecida a la de un majestuoso león, semejante al color de la miel, era el respetuoso soldado a lado de la frágil bailarina.

Jasper mi León, Alice mi bailarina, ambos mis hermanos y mis mejores amigos. Simplemente mi familia y mi única compañía por el resto de mi existencia.

Juntos hemos viajado por casi todo el mundo, España, Inglaterra, México, y ahora Chicago Illinois. En un rastro sin resultado alguno.

Por eso he dicho que nuestro mundo gira alrededor de nada y nada es nada. Solo sigo a donde ellos me jalen, donde ellos manden. Siempre estando de acuerdo, no muy de acuerdo con los lujos que nos solemos dar, en casa más parecidas a una mansión de telenovela, y aparatosos autos.

Y hoy, bueno hoy tendríamos que buscar un nuevo rumbo, y un poco mas de paz. Con el temor de tener que dejar a Edward, evitaría toda costa que fuera a caer en un orfanato, bien sabia lo que era crecer sola, ya que mis padres tan poco fueron la mejor compañía. Ahora solo quedaba esperar que mi vida diese un giro de 180° grados.

— ¿Masen? — indico la voz de una enfermera. Me levante con porte decidido y me aproxime a la mujer que se mordía el labio, con inquietud.

— soy su hermana— aclare, siguiendo a la enfermera, que me encaminaba con mi nuevo hermano, mi protegido.

—Vamos Bella, tenemos que irnos— Apresuro Alice, con un pie ya dentro de su llamativo porche amarillo. —Si, ya voy—, Grite desde dentro de la casa, arropando al niño.

— ¡Mira, nos ve chistoso!— Exclamo Alice, riéndose por lo bajo. Cualquiera diría que un ser tan pequeñito como Edward, no entendía nada del mundo pero sus asombrosos ojitos denotaban todo lo contrario. —Será a ti— bromee, mientras Alice se enfurruñaba en su asiento y murmuraba cosas como cáeme bien, cáeme bien.

Ambas nos quedamos en un silencio cómodo, escuchando alguna canción de la radio.

—A ti te ve con un brillo especial— fue lo último que dijo.

Edward se comenzó a remover inquieto en mi regazo, intente ponerlo en una posición más cómoda, lo que solo ocasiono que hiciera tiernos pucheros.

—¿Qué tiene? — Pregunto Alice, sin quitar los ojos de la carretera.

—Creo que hambre— Con mi mano libre, tome su mamila de la pañalera que Alice le preparo.

— Edward nos va dejar en la ruina, come mucho — mí amiga bufo bajito. Haciendo una mueca chistosa.

—Alice, es un bebe, los bebes necesitan alimentarse bien. —conteste. Alice resoplo fingiendo molestia, cuando sabíamos que se encontraba radiante de felicidad al verse con un pequeño hermanito. Ni si quiera el propio Jasper se pudo negar a la petición de su danzarina esposa.

—Para Alice, ve despacio. Edward no saldrá ileso como nosotros— le apremie entre risas, pero mi amiga siguió con su actitud alegre, que le caracterizaba entre todos los demás.

—Que va, mejor canta conmigo Unlimited. Al pequeño Edward no le pasara absolutamente nada, mientras este al cuidado de sus hermanas mayores—canto mi amiga con su vocecita entonando después Get ready for this vocal.

— ¿Así que California?— pregunte, cambiando abruptamente el tema.

—Con más exactitud, iremos a los Ángeles. Es la ciudad mas poblada y extensa del Estado de California, fácilmente pasaremos desapercibidos además será bueno que Edward se desenvuelva en nuevos aires. —, suspire esperanzada de encontrar un buen lugar para el. Y no se perdiera de su maravillosa niñez.

—Seguro, aunque dudo que les seamos indiferente a los humanos— solté el aire contenido innecesariamente en mis pulmones, mi amiga se encogió en su asiento

—presiento que viviremos la mejor aventura de nuestras vidas— dijo aplaudiendo dando brinquitos

—por supuesto, contigo nunca se sabe— le seguí.

—Si bueno, pero creo que esta vez pasara algo— Me paso su brazo por los hombros y me acerco a ella —Créeme, yo lo se todo y lo que no, lo invento—, su tono era misterioso causando que un escalofrió recorriera toda mi espina dorsal

—Por supuesto, tú eres la psíquica—.

—Bella nuestra vida va cambiar, yo lo se— susurro mi amiga, mientras se acomodaba en una posición mas cómoda.

—Así será Alice— le di la razón, recostando mi cabeza sobre la ventana, y acariciando los revoltosos cabellos de Edward.

—Alice, hemos llegado— le susurre al oído, Alice se estiro alzando ambos brazos, dándome un golpecito en la cara.

—Bella, lo siento— Alice intento sofocar sus risitas en vano.

—olvídalo, no entiendo para que te estiras— le acuse dándole golpecitos en su pierna, para indicar que se papara, ella se paro de un golpe y comenzó a caminar, siguiéndole los talones a una señora regordeta que no llevaba la misma prisa que nosotras, "esta señora cree que tenemos todo el tiempo del mundo" se quejo Alice en voz bajita, pero la señora paro en seco provocando que mi distraída amiga, impactara contra su ancha espalda, y como efecto domino me llevo arrastras a mi también "Auch" exclamamos al unísono. Por suerte Jasper iba pisándome los talones y alcanzo sostenerme.

— Oiga tenga cuidado, que no ve que traigo un bebe en brazos— grite, todo mundo se dio vuelta menos ella.

Sobre el hombro de mi amiga, pude ver como la señora metía rápidamente la mano en la chaqueta de un señor que iba frente a ella y sacaba un paquete que supuse seria la cartera de su pobre victima.

La señora se dio la vuelta para encararnos, cual fue nuestra sorpresa, al ver que de vieja no tenia nada, mas era una joven que fingía ser de sociedad por más que ocultase su vestimenta corriente y vulgar, traía puesta una blusa negra pegada y sus jeans de mezclilla a la cadera, haciendo que su no estilizada figura resaltara.

—eso y mas se merecen— nos reprocho meciendo su dedo de arriba abajo haciendo una seña de desaprobación en nuestras caras. Alice comenzó a toser disimuladamente, para ocultar su in fraganti risita.

—Mugrosa— resoplo esperando que no escucháramos. Pero algún instinto protector hizo Clic en mis adentros, y me pare de un salto casi tropezando con las piernas de Alice.

— ¿Pero quien te crees usted para insultarnos?—le encare, la muchacha que ya estaba dispuesta a seguir su camino, se congelo en su lugar y como por si fuera poco se dio la vuelta con aire amenazante.

— ¿Me estas hablando a mi? — Se apunto con un dedo.

—Si— dije, me acerque con grandes zancadas para quedar frente a ella.

—Mejor hasta aun lado y no estorbes— sus palabras eran desdeñosas, y tal si fuesen dirigidas a alguien mas serian hirientes, pero en cuanto a Alice y a mi, eso era nada.

—Bella, cálmate por favor— Jasper susurro con suplica en sus palabras. Mientras que Alice tomaba a Edward en sus brazos, acurrucándolo para calmar sus sollozos.

—Ves Bella, el bebe se esta asustando—Iba a tomarlo en mis brazos, pero una chillona voz llamo mi atención.

— ¿me acusas de ratera? —, la muchacha se puso de una tonalidad de morado un tanto gracioso.

—La escondiste ahí—, ella se cruzo de brazos.

—Te advierto no avisare, pero discúlpate.

— No—se negó, sin mas se dio la vuelta para salir del aeropuerto, estuvo muy cerca de lanzarme y morderle como el desdichado vampiro que soy. Pero Alice ya me sostenía del brazo

— Déjala, da igual pasaremos un momento fenomenal—, mi amiga comenzó a reír bajito. Alice me pasó a Edward, deje de respirar y me dispuse a limpiar las lágrimas de sus húmedas mejillas, con besos.

Por el dejaría de respirar toda la eternidad, de ser posible.

A unos pasos de nosotras, estaba la mujer regordeta muy animada platicando con el mismo señor ignorando conversar animadamente con una "secuestra carteras".

—Alice tengo una idea— casi di brinquitos como ella, me incline hasta su oído para susurrarle mi idea, acto seguido una muy eufórica Alice se encontraba gritando muy de cerca al señor que hablaba con la joven.

—Le han robado, Le han robado, Le han robado— gritaba Alice, haciendo señas a unos guardias de seguridad que corrían en dirección a Alice.

—Ella, Ella, se a robado la cartera del señor para empaquetarse chocolates— decía a grito pelado. El señor se busco la cartera y a seguro no tenerla, corroborando que de verdad se le habían robado, la joven regordeta intento escapar pero su estética figura no se lo permitió, causándole gracia a mas de un espectador. Se había estampado contra el suelo, dejándole una gran marca roja en su carita de muñeca inflada. Alice se ahogaba en sus propias lágrimas falsas, mientras yo hacia un esfuerzo por no asfixiarme con mi propia risa, Edward apuntaba con su pequeño dedito a la muchacha en el suelo. Y se chupaba el dedito de su otra mano.

—Niñas, quiero agradecerles su acto de honestidad— El señor que ya poseía nuevamente su cartera, se aproximo a nosotros, agradeciéndonos nuestra ayuda. Vestía un pantalón de mezclilla, y una camisa de algodón, de uno de sus brazos traía lo que parecía un traje de gala negro. Apenas lo veía con atención, no era mal parecido resaltaba con su cabello de un tono muy parecido a la corteza de un árbol y sus ojos de un azul cristalino.

—No hay de que señor— le dije, calmando mi risa.

—Federico Giardelli— se presento amablemente.

—Un gusto, mi nombre es Bella… Bella Cullen y mis hermanos Alice, Jasper y el más chico es Edward.

— Un placer conocerlos, Jóvenes—se despidió con una reverencia de cabeza retirándose a paso elegante.

—Gente, gente y más gente. — me queje dando fuertes pisotones en la acera, mí amiga solo se rió. Y lo contrario a mi estaba mas fascinada que una niña con juguete nuevo,

"No te quejes Bella, tal vez podamos ir a explorar. Que se yo", OH si explorar sinónimo de "compras"

—En otra ocasión—, le di un jalón a su sudadera rosa,

—Eh, me a costado mantener impecable esta sudadera— ¿segura? Reprimí una carcajada.

Alice condujo seguida del auto de Jasper, hasta llegar a un punto donde se veían una línea de casitas, nada ostentosas, sencillas como a mi me agradan.

—Toquemos en esta casa— propuse. Quedando frente a una casa, con una pequeña barda de madera pintada de un pacifico blanco, que la rodeaba. De un jardín verde descuidado. No era muy de mi gusto y por la mueca de Alice supuse que tampoco de ella.

Tocamos un par de veces en la puerta de madera, y quedándonos quietas esperando respuesta alguno, estábamos apunto de dar media vuelta cuando la voz chillona de una mujer nos detuvo.

— ¿Qué se les ofrece? — pregunto una señora, con aires de grandeza. De Cabello teñido de rubio y grandes ojos azules, nada comparados a los cristalinos del Señor Giardelli.

— Sabe donde queda esta dirección — soltó rápidamente mi amiga, enseñándole un papelito blanco con la dirección de nuestra nueva "casa".

— ¿Ah? — para ser la copia de "Barbie malibu", estaba mas claro que el agua, que en su fabrica se les olvidaba que el paquete iba con cerebro, no hueco.

—Lo que mi amiga quiere decir, es que si nos puede indicar por donde ir— me explique.

—No lo se— dijo secamente. Nos miro con repulsión.

Estaba apunto de jalar a Alice, antes de que despelucar a la Barbie Malibu, versión abuelita. Pero una voz me saco de mi ataque de furia.

— Vamos Mamá. Se les necesita y no precisamente para trapear y fregar los pisos. Puede que para jugar al papelito, ¿Ya la captan no chicas? — No deje pasar desapercibido su patético tono seductor.

El muchacho que quería jugar al yo lo tiro y tu recoges, salio de las penumbras de su casa, era la replica exacta de la Barbie Malibu, solo que este era Ken júnior. Pero no tan marcado ni tan sexy como el original muñeco de plástico.

—Bien ya va, creo que prefiero perderme— Tire de Alice que miraba la Escena como una película de Mr Bean.

— Ustedes se lo pierden.

— Solo nos perdemos de un momento traumatizador — Le escupí.

Su mamá reprimió un gemido.

—Largo, fuera de aquí. Miren que insinuar cosas delante de mi hijo — dijo muy ofendida, por su santísimo hijo.

—De mejores casas nos han corrido — grito mi querida amiga.

La Barbie bufo ofendida, mientras le dábamos la espalda, no sin antes escuchar un gritito aturdidor.

— Mi nombre es Christian Newton. Ya saben donde me podrán encontrar siempre y cuando gusten pasar un buen rato — Pero si esta mas obvio que este Ken Júnior es mas hueco que su propia madre.

Caminamos unas cuantas cuadras más, hasta que visualice una hermosa casita, pintada de blanca, y su hermoso y frondoso pasto. Que daba la pinta de haber sido podado recientemente. Acompañado de unos cuantos rosales.

— Esta es la correcta — dijo Alice dando sus ágiles pasitos hasta la puerta de la casita de muñecas.

Alice dio un toquecito delicado.

— ¿Si? — respondió una voz rasposa y cansada, desde el interior de la casa.

—Buenas tardes —dijo Alice. La puerta se abrió despacio y de ella salio una ancianita con su cabello tan blanco como la nieve, que le caía hasta los hombros "aunque suene a blanca nieves", su Tez clara pero menos pálida que la mía y unos expresivos ojos aceitunados. Traía unos pantalones de tela que se veían realmente calientitos de color café y una chamarra de un color mas claro que sus pantalones.

— ¿En que les puedo ayudar? — se veía amigable y para nada era una de esas ancianitas a las que solíamos llamar "brujas".

—Podría indicarnos donde queda esta dirección… es que nos hemos perdido, y como vera traemos un bebe, es nuestro hermanito pequeño. Ya sabrá de los cuidados de un niño, no podemos traerlo del tingo al tango, además…. — Alice dijo todo eso de un solo respiro. Pose una de mis manos haciendo que callase. La señora se veía un tanto sorprendida, Una sonrisa perfectamente amoldada a su piel arrugada pero que en su tiempo debió de haber sido perfecta, bailo en sus pequeños labios.

—Lo siento, es que le gusta hablar mucho — me excuse. La señora negó, y nos dio una sonrisa amable.

—Para nada molesta, y por supuesto que les puedo indicar a donde deben dirigirse. Por cierto que hermoso niño — dijo señalando a Edward que se encontraba adormilado en mis brazos..

—Gracias señora.

— Sara, díganme Sara — nos pidió.

—Alice, Bella y Jasper Cullen. Ha sido un gusto seño… Sara, ahora nos tenemos que ir. Hasta luego—señale a cada uno y me despedí amablemente. Pero Sara nos retuvo.

—Ni si quiera les e dado la dirección de la casa. Pensar que carguen con una Adivina. — ofreció con voz amable y empujándonos dentro de su casa.

si supiera...

Me gire para ver a Jasper que tenía una expresión de dolor, negué con mi cabeza para que permaneciera fuera. El era el más reciente en nuestra dieta "vegetariana". Aun tenia que hablar de ello para estar segura de que Edward estaría del todo bien con nosotros.

La casa era acogedora y calientita por dentro.

—No es necesario— dije en un intento de no ser encimosa.

—Si que lo es y no se diga mas — y esta dicho que no se diría mas del tema.

Su casa era Amoblada con muebles rústicos que parecían costosos. Sus pisos alfombrados donde su pudiera andar descalzos sin miedo a coger un resfriado o alguna enfermedad que tumbe. Dejamos de ver su pequeña sala y comedor, para subir al segundo piso que estaba igual de alfombrado, también con muebles rústicos de madera barnizada.

El aroma que despedía, era de viejos muebles.

Nos condujo hasta uno de los cuartos, que quedaban al cruzar una salita que se antojaba para una rica fiesta, lastima que no pudiésemos dormir. Pequeña pero llamativa, de un color rosa pálido. En una esquina de ella, estaba un televisor, no era de pantalla plana, pero de colores al menos si.

La señora abrió una puerta que se encontraba con llave, esta impecable, como si nunca entraran, congelada en el tiempo. En el centro había una cama perfectamente tendida, con una colcha de flores tipo margaritas y sus almohadas blancas. Aun lado el ropero igual de madera barnizada. Una cómoda a los costados de la cama. Alice y yo danzábamos por la habitación haciendo una investigación como toda una "Sherlock Holmes".

Di con una foto, que mas parecía recorte de alguna revista. Pues en ella posaba sobre un columpió una niña, que a pesar de su edad me atrevería a decir que era sumamente, de una belleza exótica, perfecta piel cobriza, brillante cabello negro. Imagine que ella era la nieta de la señora Sara. Tenían cierto aire parecido.

—Es mi nieta — dijo la voz de la señora Sara, tras de mi, provocándome que diera un brinquito, casi haciendo que se me cayese la foto, pero no iba ser tan descuida así que lo mantuve inmóvil en mi mano. Era raro que los de mis especie reaccionáramos de tal forma, claro que yo siempre e sido la excepción a la regla.

— Es muy linda — le dije aun viendo la foto. Pude ver un brillo en los ojos de Sara.

Tome otra foto que se encontraba aun lado de la de su nieta. En esta salía un niño posiblemente de la misma edad que Edward. De un hermoso ver, probablemente en un futuro seria atractivo. Su cabello negro resaltaba sus pequeñas facciones, un color de piel muy bonito y una ligera redondez infantil en su barbilla.

— El es mi otro nieto — dijo con melancolía. No entendí porque.

— Es lindo — no encontré otras palabras.

—Era— repuso ella con tristeza. Seguía perdida.

Antes de que pudiera decir nada, Sara continuo.

— Mi Pequeño salio de nuestras vidas, hace un año— no se porque me imagine lo peor, y no se porque sentí una opresión en el pecho.

—Oh lo siento, tanto— me acerque y la rodee con mis brazos.

—Por algo se dan las cosas— dijo ella sin expresión alguna, y con cierta esperanza. Volvió a lo suyo. Siguió buscándonos algo propio para mí y para Alice.

Sara se sumió en un silencio que me resultaba cómodo, y algo personal. Di unas cuantas vueltas, esperando que nos diera indicaciones para llegar a nuestro nuevo hogar.

—Perfecto— Sara saco unos cuadernos con garabatos, hechos de crayón.

— ¿Y esos?— señale los cuadernos algo viejos, a mi otro lado, ella se recostó, y tomo en sus manos la foto de su nieto.

—Oh! son de mi nieto— Los ojos de Sara brillaron intensamente en agonía, —Le encantaba dibujar por todas partes, pero desde que mi hijo comenzó a meterse en ciertas leyendas, empezaron a alejarse.— Sara termino con lagrimas y sus ojos se oscurecieron.

Me debatí entre mi curiosidad o mi poca imprudencia, pero gano la curiosidad.

— ¿Y porque no va usted a verlo? — Sara paso sus arrugados dedos, por la superficie plana del portarretratos.

—A una vieja como yo, ya no se le da bien viajar — suspiro, — a mi hijo no le gustaría, — sonrió con melancolía. Iba preguntar a que se refería, pero el rechinido de la puerta abriéndose me cortó.

Alice entro con Edward en sus brazos, y sus deslumbrantes ojos, se movían de un lado a otro, buscando algo en particular, hasta que ellos me encontraron sentada en la cama a un lado de Sara, esta lo admiro por un rato, mientras una sonrisita bailaba en sus labios. Alice lo acerco para que Sara lo pudiera sostener en su regazo. Paso sus pequeños dedos, por cada rasgo de su primoroso y delicado rostro.

— Es tan chiquito — dijo Sara con rastros de ternura, sus ojos se surcaron cuando esbozo una sonrisa, sencillamente. Sonreí por su observación, por ahora era chiquito, en un futuro quien sabe. Su padre debía medir por lo menos 1.80 de estatura.

—Cuídenlo mucho— Sugirió Sara, poniendo una de sus arrugadas manos, en mi hombro. Asegure silenciosamente, dar mi existencia por la vida de el.

Sara tomo un peine de cerdas delgadas y cepillo delicadamente el sedoso cabello del bebe.

—Tiene un cabello indomable— rió. Asentí y solté una carcajada, acompañada de la de Alice.

Me encontré en un baño, pequeño y sencillo, con su piso de madera crujiente. El resto de este de un azulejo blanco, combinado con sus paredes de color azul cielo. Un jarrón con rosas blancas, se situaba sobre un pequeño muro blanco, que se encontraba aun lado del lavamanos.

Despose el sucio pañal de Edward, no pude reprimir una mueca de asco, al contrario del pequeño, que no hacia mas que mover sus blanquecinas y tersas piernitas.

—Quédate quito, Edward— le hice cosquillas en su estomago, el destello de sus resplandecientes orbes esmeraldas, me pareció único. Definitivamente mi color favorito era el verde.

Tome una toallita húmeda, de las que mi amiga compro para el, y le puse su pañal limpio.

Lo alce en mis brazos, haciendo que ambos viéramos nuestro reflejo en el pequeño espejo del baño, Admire nuestro reflejo, sin creer lo que mis ojos me mostraban, esa no era yo. Gemí un poco tapando mi boca. Seguramente el espejo me hacia una jugarreta. Yo sonreía, era una sonrisa calida, y amorosa, era feliz, yo era feliz.

"definitivamente tendría que cargar un espejo conmigo, y así poder creerme en serio, que esta era yo".

Y todo se lo debía al niño en mis brazos.

Me apresure a salir del cuarto de baño, aun con aquella sonrisa tonta, plasmada en mi rostro.

Me encontré a Sara, entablando una platica muy interesante con Alice. Platica que en realidad no escuche, pero debió de ser divertida, puesto a que ambas reían desinteresadamente.

—Ven mi niña, quiero cargarlo una vez mas— Sara dio suaves golpecitos en la cama, para que me sentara frente a ella. Obedecí y tome asiento frente a ella. Una vez que Sara coloco a Edward recostado en la cama, volvió a tomar asiento a mi lado, con un peine.

Cepillo suavemente mi melenuda cabellera, provocando una placentera sensación, recordando como mi madre hacia lo mismo. Eran simples cosas que jamás olvidaría. Como se formaban pequeñas arrugas en las comisuras de sus labios cuando sonreía. O como sus ojos brillaban, cuando juntas planeábamos travesuras para mi padre.

—Tienes un cabello muy bonito— dijo Sara con su cansada voz, sacándome de mis cavilaciones. Sonreí en agradecimiento. Ella estaba muy emocionada por tenernos en su casa y yo muy agradecida, en mucho tiempo no habíamos gozado de un tratado tan amable.

—Gracias— agradecí.

—Las dos son unas Jovencitas encantadoras y tu eres un Jovencito muy guapo— Acaricio la mejilla de Edward, suavemente. Sus arrugados ojos negros nos veían con cariño y devoción. Entonces no tendría problema con que yo la viera de la misma forma. Sara empezaba a formar un parte importante en mi vida y tal vez en un futuro algo más cercano a una familia. Aunque sabia que eso era imposible, ella no pertenecía a nuestro mundo, no podíamos arrastrarla en esto, como hicimos con Edward.

Alice se abalanzo contra Sara y sin previo aviso enredo sus bracitos alrededor de ella, yo imite el gesto de mi amiga, y compartimos un amoroso abrazo. Cuando nos separamos Sara acaricio mi mejilla con su tibia mano.

—¡Por dios niña, pero si estas helada! — Alice se tenso, el comentario de Sara nos agarro desprevenidas.

— Debe ser que no vengo muy bien abrigada — Me justifique, señalando el delgado suéter que traía puesto.

—Bueno, espero solo sea eso. — Dijo Sara. Intentando posar su mano, sobre la mejilla de Alice, pero esta se distancio, sin verse grosera.

—Bella, yo creo que ya nos debemos de ir. Recuerda que Jazz aun esta a fuera—dijo Alice, atropelladamente, mientras me jalaba con cuidado de no ser brusca.

— De acuerdo niñas, aquí esta la dirección — saco una hoja, con algo escrito, que supuse serian indicaciones.

—Muchas gracias Sara, ten por seguro que nos daremos unas cuantas vueltas por aquí— murmuro mi hermana, mientras nos despedíamos de la elegante y amable mujer.

Nos encontrábamos frente a una majestuosa "Casa", que para Alice el termino mansión era sencillo, porque mansión era mas un castillo para ella. De material marmoleado grisáceo, bien construido, grandes ventanales, que dejaban entre ver su asombroso interior. El porche era adornado por una mediana fuente en forma de un círculo.

Adentrada en el denso bosque tal como en casa

— ¡Sencilla! —, grite dirigiéndome a Alice haciendo que esta corriera a escudarse con su esposo, Jasper solo rió.

— Esto no es una casa, es una mansión— apunte, totalmente Furiosa por el lugar.

—Jasper, cálmala, si no deseas quedarte viudo por el resto de tu existencia.

—Es lo más sencillo que en contre que fuera a mi gusto—Explico Alice, con aires soñadores.

—Pero es que esto es mucho, solo somos el bebe y nosotros tres.

—El bebe crecerá, y cuando eso pase cada quien tendrá que ocupar una habitación separada. — Dijo Alice, sin quitarle los ojos de encima al niño en mis brazos.

—Claro que cuando sea lo suficiente mayor, le tendremos que explicar porque sus "hermanos" mayores, no cambian su aspecto físico—informo articulando sus brazos mientras hablaba.

Alice nos guió dentro de la "sencilla" mansión.

Jasper iba con aire ausente, cosa que me preocupo. Usualmente el era serio pero había olvidado que le costaba mas trabajo convivir entre humanos.

— ¿Estarás bien, Jasper? — me separe un poco de su lado, mientras hacia la pregunta.

—Descuida, estaré bien y el también — Señalo a Edward que tenia su cabecita recostada en mi hombro.

Alice, se sentó perezosamente en la salita negra que ya adornaba nuestra casa.

— Jasper no hará nada, y tu tampoco. Lo e visto— voceo mi amiga, y en un parpadeo, ya se encontraba abrazando al elegante hombre.

— ¿A que te refieres, con que yo no le haré nada?

Jasper le dio un pequeño beso en su mejilla.

— Bella, se que la sangre de Edward te afecta mas que ninguna. Pero tranquila que el amor es mas fuerte que el deseo — hizo una mueca de burla.

— ¿Qué estas insinuando?— Le amoneste. Ella agacho la cabeza como niña regañada

— Solo digo que ya lo quieres, como nosotros ¿Cierto Jasper? — el aludido le sonrió coquetamente y asintió con la cabeza.

—Al menos si por el momento. El día de mañana bueno ya veras—Farfullo.

— ¿Qué?— Gruñí, acompañada de un llanto mas parecido a un canto celestial.

— Oh, Edward, ya te e despertado. —susurre, los ojitos de Edward estaban rebosantes de sus lagrimas cristalinas.

— Ves lo que has provocado, Alice Cullen — La acuse.

—Hay una mecedora junto a su cunita. Y antes de que preguntes, si todo lo tenía previsto— soltó una risita traviesa.

Me acomode en una cómoda mecedora acolchonada, con Edward en mi regazo. Lo enrolle en un par de cobijas para que no resintiera el frió de mi piel y lo duro de ella.

—Jamás te haría daño— susurro, acostumbrándome al exquisito aroma que emanaba el cuerpecito de Edward.

Recosté al niño en su cunita de blanca madera, bese su frente. El ni si quiera se estremeció era raro que se estuviera acostumbrando a la temperatura de nuestros cuerpos.

— ¡Listo!— Anuncie, a Jasper y Alice que se encontraban sentados en el comedor.

—No tardaste nada. ¿Qué los bebes, solo comen y duermen?— Jasper rió por la inocencia de su esposa.

— Si eso hacen los bebes, comer y dormir—Afirmo Jasper con tono de sorna.

Alice no tardo mucho en reír también con nosotros. Tanto ella como Jasper eran felices juntos. Encajaban como dos moldes perfectos, hechos a la medida del otro. En otra ocasión me hubiera causado asco tanto amor, pero ahora tenia por quien vivir mi eternidad, y cuando el envejeciera yo viviría para velar por el, cuando muriera yo lo seguiría.

—Entonces tenemos un pequeño hermano— Dijo Jasper, anunciando como si hubiéramos ganado la lotería, y es que así era.

—Si. Tal vez al resto de la familia no le agrade mucho, pero da igual, disfrutemos el momento — dijo Alice con ofuscación

—Bien por eso les advierto, viviremos aquí durante su infancia— declamo Jasper, con mando.

—Bienvenido sea nuestro pequeño hermano— pensó un poco— Edward, Edward Cullen.