Epílogo: Por siempre seremos.

Ya no albergaba duda de que Kami se conjuraba con los elementos para lograr que todos los domingos el sol irradiara más luz que cualquier otro día.

Me estiré con sensualidad y me volteé para observarle. Tenía un cuerpo simplemente perfecto. Sus tersos músculos, que junto con su suave piel hacían una combinación que me volvía loca. La armonía de sus facciones, cargadas de dulzura e ingenuidad, pero también de determinación y fuerza.

Habíamos hablado. Supliqué su perdón, puesto que había traicionado su confianza y esa fe ciega que siempre ha demostrado en mí. Y él comenzó a llorar, sus lágrimas nadaban entre la rabia, la tristeza y el alivio. Habíamos estado a punto de perdernos el uno al otro por un deseo egoísta, aquello dolía más que cualquier herida física. Me confesó que se sintió devastado ante la idea de que yo pudiera abandonarlo por otra persona. Le juré, con el corazón y el alma en la mano, que aquello jamás había sido una posibilidad. Mis sentimientos hacia Gabriel habían sido confusos, pero jamás hicieron tambalearse mi amor por mi marido.

Aunque me encantaba observarlo, no pude evitar acurrucarme junto a él, lo que provocó que abriera los ojos y me sonriera adormilado. Me rodeó con un brazo y me atrajo hacia él con firmeza y comenzó a besarme la frente.

-Feliz cumpleaños -me dijo.

Sonreí ampliamente, tomé su rostro entre mis manos y lo besé con ternura como agradecimiento.

Escuchamos los pasos veloces de nuestro pequeño tesoro, bueno, ya no tan pequeño, que abrió nuestra puerta con fuerza y se lanzó a la cama de un salto.

-¡Mami! ¡Felicidades! -exclamó mientras que me abrazaba por el cuello con la típica fuerza que lo hacía siempre, y a veces me dejaba sin aliento. -Toma tu regalo.

Me tendió una caja envuelta en un papel azul celeste con motivos florales y un coqueto lazo rosa. Deshice con delicadeza el paquete, sabiendo que aquello pondría nerviosa a Pan, cuya paciencia no era precisamente infinita.

-¡Venga, mamá! -gritó. Gohan y yo reímos con su previsible reacción.

Terminé de abrir el regalo con más velocidad y me encontré con un estuche alargado de terciopelo azul. Cuando lo abrí descubrí una resplandeciente pulsera de brillantes y oro blanco. Lo más curioso de todo, es que me resultaba familiar. Aquella pulsera no era una nadería, no me imaginé cómo Pan podría haberla conseguido.

-Pero cariño... -dije asombrada. -Es...

-Antes de que digas nada... -me interrumpió ella. - Es una pulsera muy especial. El abuelo Satán me ha ayudado con el regalo. Mamá, esta pulsera era de la abuela.

Supongo que fue por ver la sonrisa de felicidad de mi hija, o por el origen del regalo, o seguramente por las dos cosas, que no pude evitar emocionarme y abrazarla con la misma fuerza que ella aplicaba conmigo.

-Gracias, mi amor -dije cubriéndola de besos.

-¡Vale, vale! ¡Ahora el de papá! -dijo ella. Miré a Gohan, pero él sonreía. Pasados unos segundos, abrió la boca.

-Deberías ir a vestirte, ¡tenemos mucho que preparar!

-Pero...

-¡Vamos! -apremió él dándole un empujón cariñoso.

Pan salió de nuestra habitación. Gohan se estirazó y se levantó de la cama. Me miró unos instantes y me dijo:

-También va por ti, cumpleañera.

Aquel domingo volveríamos a juntarnos todos, pero esta vez sería en nuestra casa. Nuestros amigos llegaron cargados de regalos y detalles para acompañar la fiesta. Pan se había encargado de la decoración. Bulma trajo una caja entera de botellas del mejor champagne de la región, y Chichí preparó veinte tipos diferentes de aperitivos, todos con ingredientes del Monte Paoz.

Papá me trajo un inmenso ramo de flores y un collar que había encargado hacer con un diseño exclusivo para mí, pero que hacía juego con la pulsera de mi madre.

Cuando volví de colocar las flores en un jarrón con agua, mi padre me tomó del brazo y me llevó discretamente a un aparte y me dio un sobre amarillento. "Para Videl, de Gabriel".

Mi corazón se encogió al recordarlo, y sentí mis ojos humedecerse. Papá volvió a la fiesta para dejarme intimidad. Lo abrí y sólo encontré una frase escrita.

"Tú has sido mi reencuentro con la paz."

Mis ojos se anegaron en lágrimas y abracé el papel. Miré al cielo, donde sabía que él estaría.

Gohan se acercó en aquel momento a mí, al verme afectada, se preocupó, pero le dejé ver la carta. Él sonrió y me besó en la cabeza mientras me abrazaba. Luego me tomó de las manos y me miró, y sacó un estuche rojo, muy parecido al que Pan me había dado. Sonreí y abrí el estuche, y mis emociones volvieron a desbordarse.

Allí estaba, después de pensar que jamás volvería a verlo, el reloj de la Saeta Escarlata.

-Pero... ¿Cómo...?

-Lo recuperé porque consideré que sería importante para ti. Para los dos. Creo que es importante no olvidar quien hemos sido, quien somos, y quien seremos.

Era un regalo simbólico y cargado de amor. Era la prueba definitiva de que Gohan me había amado incondicionalmente, y que siempre lo haría.

Viendo ahora reunidos a toda mi familia y mis amigos, los oscuros tiempos que habíamos pasado se me antojaban muy lejanos, como un mal recuerdo que no volvería. Me sentía feliz, sabía que de aquellos errores había aprendido, a pesar de la edad y la obstinación, que nunca más estaría sola, y que siempre habría alguien que me necesitaría. Luchar por mi familia era tan estimulante como luchar por la justicia.

Recorrí la fiesta con la mirada hasta llegar donde estaban Gohan y Pan charlando y sirviendo bebidas animadamente. Ellos eran mis pilares y en ellos me sostenía, y no podía dejar que se quebrasen. Nunca más. Gohan me miró sonriente y me tendió una mano para ir junto a ellos.

La claridad con la que veía y sentía las cosas era equiparable a la del sol de aquel domingo. Lo veía a él y por fin lo entendía.

Gohan es mi paz.


Freetalk: Dije que el anterior sería el último freetalk, pero no he podido evitarlo. Me emocioné muchísimo escribiendo este epílogo, que supone la culminación a una historia que comenzó hace casi tres años y que parecía que no terminaría nunca. Amo esta historia y amo a sus protagonistas.

Gracias por haberme estado acompañando y animando durante este tiempo, a mi fieles reviewers y lectores, vosotros sabéis quienes sois. Y gracias a todos los que en algún momento clicaron para leer esta historia de principio a fin, incluso si no pasaron del primer capítulo. Gracias, y por supuesto, como ya dije, nos leemos en la siguiente historia.