10. La barbacoa

Se encontraba tumbada sobre su cama mirando los dos vestidos que estaban colgados en las puertas de su armario ropero. En la de la derecha, un vestido negro de manga corta, sobrio y que le llegaba un poco mas debajo de la rodilla. En la puerta izquierda uno un poco mas corto, sin mangas ni tirantes, y de color malva. Una ridiculez de vestido, un trozo de tela con el que jamás se había visto ataviada ni en la peor de sus pesadillas. Pero que ahora, debido a las circunstancias, se había llevado toda la tarde decidiendo si seguía fiel a su estilo o por el contrario ya era hora de cambiar, de sacar la mujer femenina y atractiva que siempre trataba de ocultar. Se había pasado toda la mañana buscando el vestido perfecto para la barbacoa, para impresionar a Charlie. Y ahora mientras lo observaba colgado de la puerta de su ropero, dudaba si ponérselo o no, con él parecería Ginny o Luna, como las novias cursis de Fred y George, pero sobre todo se vería como ella, como Hermione, y eso era la que parecía gustarle a Charlie. Suspiró, aquello era tan ridículo, a sus casi veintiocho años intentando impresionar a un chico. Pero Charlie no era un chico cualquiera, era su chico, su pájaro, alguien a quien debía liberar, para poder apresarlo ella y no dejar que jamás se le volviese a escapar.

- Nymphadora, hija – La cabeza de su madre asomó por la puerta con discreción - ¿Aun estás así?... Seremos los últimos en llegar a la fiesta de los Weasley. Papá ya está desesperado por marcharse. Vamos vístete, te esperamos abajo.

La mujer cerró la puerta con la misma delicadeza con la que la había abierto. Tonks chasqueó la lengua, aun no había tomado una decisión con respecto a lo que se pondría para la barbacoa. Necesitaba saber si quería seguir anclada en su mundo de color oscuro excepto por el cabello, o convertirse en una chica dentro del canon que se exigía, alguien que vistiese con ropa adecuada a los tiempos que corrían y que dejase de teñirse el pelo de colores absurdos. Demostrar a mucha gente que ella también era capaz de abandonar esa imagen de cantante gótica y convertirse en una chica sexy, con posibilidad de volver loco a cualquier hombre, sobre todo a un hombre. Resopló con fuerza y se incorporó de la cama, cogió uno de los vestidos y entró en el cuarto de baño de su habitación. Ya había tomado una decisión, y estaba segura que no se arrepentiría de ello.

- ¿Ron, has visto a Percy? – Preguntó Molly, acercándose a su hijo con aire preocupado - ¡Oh Lavender! No sabía que habías llegado.

La muchacha sonrió a la mujer mientras la saludaba con un beso en la mejilla.

- Espero que se encuentre bien Señora Weasley – Dijo con amabilidad.

- Perfectamente querida, ¿Y tus padres? – Lavender señaló hacia una pareja que charlaban animadamente con los Dursley - ¡Oh fantástico! Iré a saludarlos inmediatamente. Ron… ¿Has visto a Percy? – Insistió una vez mas con el mismo tono de preocupación – Se marchó temprano y aun no ha vuelto. No sé donde se habrá metido ese chi…

Pero Molly no pudo acabar la frase porque de repente, por primera vez en su vida, se había quedado sin habla. El coche de Percy había aparcado en la zona que habían reservado para los autos. De él descendió el muchacho, bien vestido, con su rojo cabello mejor peinado que nunca y con una enorme sonrisa, se dirigió a la puerta del copiloto, la abrió con suavidad y tendió la mano a alguien que bajó del coche también. Molly abrió la boca desmesuradamente, su tercer hijo, aquel que daba por perdido en el aspecto romántico, Percy el chico sin sentimientos, que no se inmutaba por nada y cuyo único amor era el trabajo y el dinero, caminaba hacia ella con una chica del brazo. Era una joven bastante agraciada, delgada y con el cabello negro y rizado, caminaba mirando al suelo junto Percy que llevaba la nariz muy levantada con aire de suficiencia. El pelirrojo pasó junto a sus hermanos gemelos y alzó más aun la nariz. Fred y George no dejaban de darse codazos uno a otro con gesto de incredulidad.

- Mamá, te presento a una compañera de trabajo Audrey Hamilton.

La Señora Weasley abrió la boca para decir algo, pero inmediatamente la cerró, para volver a abrirla un segundo después y al no salir nada de su boca la cerró una vez más. Parecía pez fuera de agua buscando un poco de oxígeno. El muchacho al ver el rostro desconcertado de su madre y de su hermano Ron, que estaba junto a ellos, irguió mucho más la cabeza en señal de triunfo. Tanto, que parecía que iba a despegarla de su cuello mientras lanzaba una mirada sobrada a Fred y a George que habían dejado de darse codazos y lo contemplaban atónitos.

- Un placer conocerla personalmente Señora Weasley, Percy me ha hablado mucho de usted – Saludó Audrey con voz tímida y los cachetes muy colorados al darse cuenta que todos la miraban con interés.

Molly volvió a parecer pez fuera del agua, y al ver que era incapaz de decir palabra alguna, se limitó a mirar a la chica con ternura y le sonrió. Percy pasó la mano por la cintura de Audrey y se aproximó a su padre que estaba junto a la zona donde se asarían la carne. Los gemelos volvieron a darse codazos, y las novias de estos cuchichearon cosas que solo ellas entendían y podían escuchar.

Tras el impacto causado por Percy y la visión de su mano rodeando la cintura de una chica atractiva, los Weasley y los demás invitados, volvieron a la algarabía de la fiesta, a las risas, las charlas y las copas. En poco tiempo ya todos sabían la historia de la misteriosa acompañante de Percy. Se trataba de aquella sustituta que había organizado el follón de los archivos del ayuntamiento, aquel estropicio por el cual Percy no pudo aquel domingo acompañar a Charlie al aeropuerto para recoger a Bill y a su familia. La misma chica por la que el joven no pudo dejar de asistir a las dependencias municipales todas la mañanas argumentando que tenía asuntos importantes que resolver, pasando por alto que aun seguía de vacaciones hasta final del mes de Julio. Pero las vacaciones de Percy llegaban a su fin, y con ellas el contrato de sustitución de Audrey. Pero en aquel tiempo entre ambos jóvenes había nacido una mas que profunda amistad, y por esa razón el tercer hijo de Arthur Weasley le había pedido a la joven que lo acompañase a la fiesta que organizaba su familia, con intención de que todos pudiesen conocerla.

Con la espalda apoyada en el tronco de uno de los sauces llorones del jardín, Charlie miraba con impaciencia hacia la verja y luego desviaba sus ojos azules hacia el reloj que se ajustaba a su muñeca izquierda. Hermione, a su lado repartía su atención entre la impaciencia de su amigo, el hermano menor de este y la joven rubia que no se separaba de él.

- Relájate Charlie, Tonks no tardará en llegar.

El joven le sonrió, y en ese instante la familia Tonks al completo cruzó la cancela de la Madriguera. Habían llegado caminando porque su casa distaba a poca distancia del hogar de los Weasley. Charlie abrió los ojos sorprendido al ver a Tonks, y Hermione a su lado tuvo la misma reacción. Hacia ellos caminaba una chica muy parecida a Tonks pero algo cambiada. La joven lucía un vestido de color malva y se había teñido el cabello de su verdadero color, castaño.

- Buenas tardes – Saludó mostrando una sonrisa provocada por la cara de asombro de la pareja.

- ¿Tonks?... ¡Cielos!... Estás… - A Charlie no le salían las palabras.

La joven al notar lo impresionado que se había quedado su amigo al verla, se mordió el labio inferior sin dejar de sonreír y sus ojos vislumbraron un brillo de triunfo que Hermione pudo notar.

- Estás realmente guapa Tonks.

- Gracias Hermione, tú tampoco estás mal.

Hermione ahogó una risa, no esperaba otra respuesta por parte de Nymphadora. Miró a Charlie que contemplaba a su amiga tan embelesado que pensó que tal vez necesitaría uno de los baberos de Dominique.

- Nos vemos luego Charlie, tengo que saludar al resto de tu familia. Disculpadme.

Y diciendo eso, pasó junto a su amigo lo suficientemente cerca como para que su hombro se rozara con el de él, y su perfume se quedase incrustado en las fosas nasales del pelirrojo.

- ¡Vaya! – Exclamó - ¡Vaya!

Hermione rió. Era cómico ver a Charlie, alguien que siempre guardaba la compostura, mirar a la nada con una sonrisa boba dibujada en el rostro incapaz de decir nada mas que una simple exclamación. Sin duda Tonks sabía muy bien lo que estaba haciendo. Pero la risa de Hermione se sofocó rápidamente cuando vio por encima del hombro de su amigo como Lavender agarraba con una mano a Ron por la cintura, mientras le ofrecía con la otra una cerveza bien fría. Y aquella debía ser ya, según su cuenta, la tercera o tal vez la cuarta. Entornó los ojos, y apretó con furia los puños. Lavender comenzaba su trabajo, y Ron era idiota.

- Charlie, me disculpas un momento. Tengo… tengo que hacer algo.

El joven asintió como un muñeco mecánico, sin apartar la sonrisa bobalicona de su rostro, probablemente seguía en su nube de color malva y no había escuchado nada de lo que Hermione le había dicho. Mientras se alejaba la muchacha pudo oírlo decir una vez más.

- ¡Vaya!

Mientras caminaba hacia Ron, Hermione tenía la mente en blanco. No sabía que excusa le iba a dar para alejarlo de Lavender antes que fuese demasiado tarde y el alcohol lo dominase por completo. No podía pensar con claridad si seguía viendo la mano de Lavender rodeando la cintura de Ron. No pensar era muy malo, ella siempre lo meditaba todo mil veces antes de actuar para no cometer errores, pero Ron no le dejaba pensar, y frente a él actuaba llevada por un instinto irracional sin pensar en las consecuencias de su actos o sus palabras.
Llegó hasta ellos con el rostro tenso. Harry la vio enseguida, pero Ron y Lavender estaban de espaldas. Por eso Hermione dio unos golpecitos sobre el hombro del pelirrojo para llamar su atención. Ron se giró y Lavender lo imitó.

- Tengo que hablar contigo – Dijo Hermione con voz mandona.

- ¿Conmigo? – Preguntó Ron confuso.

- ¿Tiene que ser ahora? – Inquirió Lavender alzando una ceja con desconfianza.

Hermione no contestó a la pregunta de la rubia, ni siquiera se molestó en mirarla. Clavó sus castaños ojos en Ron con impaciencia.

- Tengo que hablar contigo – Insistió.

El pelirrojo le devolvió la mirada con la misma intensidad. Tragó saliva y dijo.

- Está bien habla.

- Aquí no, es privado… es sobre, Charlie – Mintió para que los otros dos no sospecharan nada.

Ron frunció el ceño y su corazón dio un vuelco. Los ojos de Hermione centellearon con fuerza.

- Disculpadnos un momento – Dijo mientras le daba a Harry su jarra de cerveza – Vuelvo enseguida.

Hermione tomó aire y comenzó a caminar sabiendo que Ron la seguía. No tenía ni idea de qué iba a decirle, ni de adonde ir. Solo caminaba mientras su mente pensaba mil cosas, y muy rápido. Ron le pisaba los talones expectante, con el corazón en un puño. Hermione había nombrado a Charlie. Miles de cosas horribles se pasaron por su cabeza, la peor de todas que su hermano sospechaba de sus sentimientos hacia la mujer con la que pronto iba a casarse, y si se trataba de eso, estonces prefería estar muerto. Pasaron junto a la enorme puerta de madera del granero que estaba cerrada. Hermione le echó un vistazo de soslayo y apretó los dientes con rabia. Rodeó todo el edificio y se detuvo cuando llegó a la parte trasera. Lejos de las miradas de los demás, donde apenas se oían murmullos de sus animadas conversaciones. Ron llegó junto a ella y se puso de espaldas a la pared exterior del granero. Estaba pálido, y desencajado.

- ¿Qué le ocurre a Charlie? – Preguntó con la voz temblorosa.

- Nada.

Los azules ojos del muchacho se desorbitaron y miró a Hermione con impaciencia.

- ¡¿Cómo que nada Hermione?! Dijiste…

- ¡Sé lo que dije! Charlie no tiene nada que ver en lo que voy a decirte. Mentí, para que Harry y esa chica no sospechasen que lo que deseaba era alejarte de ellos. Necesito hablar contigo a solas.

Una parte del alma de Ron sintió un profundo alivio al saber que el tema no era Charlie. Pero pronto se recompuso, y la expectación volvió a apoderarse de él ¿Qué demonios quería decirle, tan importante como para apartarlo de la fiesta?

- ¿Y bien?

El tono de impaciencia de Ron hizo que Hermione se desesperase aun más. Caminó de un lado a otro, tenía tanto que decirle, tanto que reprocharle. Pero no quería perder los nervios, debía que serenarse, no podía cometer errores. Su fin era apartarlo de Lavender, no unirlo más a ella.

- Ron – Dijo al fin intentando parecer calmada, deteniéndose en su absurda caminata y mirándolo fijamente a los ojos - ¿Por qué haces esto?

- ¿Hacer qué?

- Dejarte embaucar por Lavender, emborracharte hasta hacer que ella consiga de ti lo que desea – El rostro de Hermione se tensaba con cada palabra y la calma que intentaba mostrar iba desapareciendo por momentos – No lo entiendo Ron, no sientes nada por ella. Ni siquiera te gusta.

Ron la miró atónito ¿Acaso Hermione sabía de sus intenciones con respecto a Lavender? Solo se lo había contado a Harry y aun seguía decidido a hacerlo.

- ¿Y si soy yo el que busco estar con ella esta noche?... No tienes ni idea de lo que siento Hermione. Creo que es mejor que dejemos esta conversación.

- ¡No Ron! No voy a dejarla – Hermione lo miró con rabia, deseando abofetearlo hasta que la punzada que sentía en el corazón se hiciese menos dolorosa. Pero en vez de eso, se acercó lentamente a él, con sus ojos clavados en el rostro del joven. Ron retrocedió unos pasos hasta que su espalda se topó con la pared del granero – A veces me pregunto si eres capaz de amar de verdad a una mujer.

El muchacho abrió mucho los ojos. Hermione estaba frente a él, a pocos centímetros podía notar la respiración agitada de la joven y aquel olor a lilas que desprendía su cabello. Tembló, Hermione volvía a retarlo, lo provocaba una vez más. Debía mantener la cabeza fría para no volver a caer. Las cervezas podían traicionarle, ella estaba muy cerca y la tentación era demasiado grande.

- Creo que te escudas en tu timidez para no enfrentarte al amor. Eres un cobarde Ronald Weasley, tienes miedo a sufrir… esto no es un maldito partido de futbol. El amor también te lesiona, pero es hermoso disfrutarlo – Hermione se había alzado sobre la punta de su pies y aquellas palabras las susurraba con sus labios muy cerca de los de él, haciendo que el corazón de Ron se desbocase, que sus ojos se cerraran para disfrutar de la suave voz de la chica, de su cálido aliento – Me das lástima Ron, no sabes lo que es besar a una chica con amor, no tienes ni idea de lo que se siente al tocar la piel de la persona amada… Por eso te conformas con Lavender.

Ron abrió los ojos. Hermione lo miraba con sus centelleantes ojos. Sus respiraciones eran violentas. El joven recorrió con la mirada el rostro de la chica, sus hombros desnudos tan tentadores. Mil cosas se pasaban por su mente, Charlie, Lavender, la barbacoa, aquel cuello terso y bronceado, y ella… mil veces ella. Deseaba tocarla, agarrar con fuerza sus caderas y pegarla a su cuerpo. Ron elevó sus manos indecisas y las posó suavemente sobre la cintura de Hermione. Una tormenta de escalofríos estalló en el cuerpo de ella mientras dejaba que sus labios se aproximaran más a los de él. Logrando sentirlos, acariciándolos levemente, viendo como Ron cerraba los ojos, suspiraba y luego los volvía a abrir. El joven apoyó los labios sobre los de ella con fuerza, sin besarlos y susurró.

- Aléjate de mí, no imaginas el daño que me haces. He bebido, no soy consciente de mis actos. Contigo no puedo, no quiero que sea así.

De pronto Hermione notó como su cuerpo y sus labios se alejaban de él. Ron con las manos aun en su cintura la había separado. Abandonó el contacto con ella dejando que sus brazos cayesen abatidos a lo largo de su cuerpo. Luego se pasó la mano por el rostro y por el cabello con desesperación. Hermione lo miraba desconcertada con el sabor del aliento de Ron aun en sus labios y el calor de sus manos quemándole la cintura.

- Esto no puede ser – Dijo él entrecortadamente – Tengo que estar seguro de que no me estoy equivocando.

- ¿Qué vas a hacer?... ¡Oh Ron! No te acuestes con ella, no la lleves al granero.

Ron la miró con los ojos muy abiertos sorprendido de que Hermione supiese lo que él hacía con Lavender justo en el lugar que tenía detrás de su espalda.

- ¿Quién te ha dicho eso? ¿Ginny verdad?... Voy a matarla.

Ron miró a Hermione una vez más y luego se giró dispuesto a marcharse. Hermione lo detuvo agarrándolo por un brazo con fuerza.

- No lo hagas, no quiero que lo hagas.

Ron se deshizo de la mano que lo apresaba y mirándola con cierto deje de melancolía añadió.

- Deberías estar con Charlie, Hermione. No conmigo.

Se giró y comenzó a alejarse, mientras se pasaba la mano por el cabello una vez mas.

- No voy a consentir que lo hagas – Susurró mientras observaba como Ron se alejaba cada vez mas de ella.

Lavender divisó a Ron enseguida. El joven caminaba arrastrando los pies y se acercaba a ellos. Estaba pálido y parecía alterado a pesar de que pretendía disimularlo. Harry también observó el estado de su amigo, y en seguida inició un tema de conversación para evitar que Lavender le preguntase que deseaba Hermione. Ron agarró la jarra de cerveza que Harry le había sostenido todo ese tiempo. En ese instante Hermione pasó junto a ellos sin mirarlos, tan pálida y alterada como él. Ron la miró de soslayo, suspiró y le dio un sorbo a la cerveza acabando de un trago con su contenido. Harry frunció el ceño, sabía lo que pasaba allí. Intuía que Ron seguía con su plan de averiguar lo que sentía realmente por Hermione usando a Lavender. Podía intentar convencerlo de que no lo hiciese, pero si algo había aprendido en todos los años de amistad con Ronald Weasley, era no había nadie tan terco como aquel chico pelirrojo y si esa era su intención aquella noche, nada ni nadie, solo él mismo, podrían hacerlo cambiar de opinión.

La fiesta estaba ya muy animada. No faltaba nadie. Bill, Arthur y el Señor Lovegood acompañado de Rolf, eran los encargados de asar las carnes en las barbacoas para los demás invitados. La Señora Weasley, junto a Fleur y una ayuda extra de Andrómeda Tonks, colocaba el resto de las viandas que ella misma había preparado con esmero y que olían deliciosamente. La mesa estaba casi lista y en breve todos serían llamados para comenzar la cena.

En un rincón del jardín, Luna no apartaba la vista de Rolf, a su lado Ginny observaba con interés a Cormac. El joven parecía impaciente, constantemente miraba su reloj y luego estiraba el cuello hacia la cancela de entrada. Daba la sensación de que esperaba que alguien apareciese por allí en cualquier momento. Ginny frunció el ceño ¿A quién esperaba Cormac si ya todos los invitados estaban allí? Tal vez no era eso, tal vez lo único que deseaba era largarse de la fiesta lo más pronto posible. La joven resopló con fuerza, sea lo que fuese, Cormac estaba raro y ella muy intrigada. Rodó los ojos y al hacerlo se detuvieron en Harry. El muchacho hablaba con Ron y con Lavender, y sonreía, como siempre. Ginny desvió sus ojos castaños hacia Cormac y luego volvió a mirar a Harry. Eran tan diferentes, uno alto, rubio y bien formado, pero casi nunca sonreía. Otro moreno, algo mas bajo y menos fornido, pero con una expresión en el rostro que aportaba calma y alegría. Diferentes, en todos los sentidos. La voz de Luna hizo que Ginny abandonase sus pensamientos.

- Rolf no puede hacerme esto.

- ¿Cómo dices? – Preguntó la pelirroja desorientada.

- Cambiar… Rolf no debería haber cambiado.

Ginny miró con impaciencia a su amiga sin comprender ni una sola palabra de lo que decía, Luna observó el gesto confuso de la pelirroja y continuó.

- Vive en mi casa y lo hará todo lo que queda de verano.

- ¡Oh Luna! si no te explicas te juro que no sé a donde pretendes llegar – La voz de Ginny sonó muy impaciente, ella tenía problemas, problemas reales. Deseaba saber de una vez por todas si Cormac sentía lo mismo que ella, o si por el contrario durante todos aquellos años lo único que había hecho era perder el tiempo. Las paranoias mentales de Luna con Rolf le importaban menos que nada.

- Me refiero a que Rolf está… ya sabes, guapo, bien… muy bueno – Ginny rodó los ojos - Eso supone un problema para mí.

Ginny tuvo que reír.

- Creí que el problema era cuando no había cambiado, sobre todo porque era muy difícil entenderlo.

- Si Rolf hubiese seguido como hace cuatro años, no sería una tentación Ginny. Ahora lo es, y para mí mas – Su amiga frunció el entrecejo - ¡Oh vamos! Como si no lo supieras. Hace siglos que no tengo contactos profundos con un chico y cuando digo siglos me refiero a muchos siglos. Soy humana Ginny, hace calor y tengo un tipo muy cambiado viviendo en mi casa durante al menos treinta y un días. Será una tortura. Espero que no le de por andar como Ron, por ahí, medio desnudo…

Ginny estalló en risas, sin poder evitarlo. Luna apretó los labios pensando que su amiga se estaba burlando de ella.

- ¡Vaya! Que lejos está Fred ahora ¿no? – Luna decidió ignorar el comentario de Ginny – Cuando hablas de siglos ¿Te refieres a Neville? – La rubia asintió enérgicamente - ¡Oh Dios mío! Hace dos años desde lo de Neville.

- No sé porque te espantas… Habrá que ver cuanto llevas tú sin… sudar.

- ¡Luna! – Exclamó Ginny ofendida.

- ¡¿Qué?! Llevas cuatro años enamorada de Cormac, y que yo sepa no has tenido relación alguna con nadie mas en ese tiempo, esperando y esperando… Lo mío es sequía, lo tuyo un desierto querida.

- Tal vez eso se acabe esta misma noche – Dijo Ginny mirando con resentimiento a su amiga.

- ¿Qué vas ha hacer?

- Voy a averiguar si tengo alguna maldita posibilidad con Cormac. Y si no es así, tendré que olvidarme de él. Seguiré el ejemplo de Ron, a él le funciona… Dame esa cerveza – Dijo señalando hacia una jarra llena que había sobre la mesa.

- Ginny tú no bebes. Eres el único Weasley, aparte de tu madre y Percy que no lo hace.

- Pues hoy voy a beber. Voy ha hacerlo hasta que tenga el valor suficiente para enfrentarme a Cormac o para desmayarme.

- Eso es una insensatez, ¡Y si sus sentimientos no son los mismos que los tuyos! ¡Harás el ridículo! – Exclamó Luna indignada con la actitud de su amiga – Ginny hazme caso, Ron no es un buen ejemplo… Míralo ¡Por el amor de Dios! volverá a caer con esa Brown.

- Al menos él lo pasará bien esta noche mientras nosotras… tú suspirando por Fred o ahora teniendo fantasías con Rolf y yo, esperando. Los días pasan Luna. Tengo veintiún años, debería estar disfrutando de cosas que apenas conozco – Miró a Harry de soslayo sin saber muy bien porqué – Dame la maldita cerveza.

- Eres muy terca Ginny Weasley ¡¿Quieres emborracharte?! ¡¿Quieres hacer un ridículo espantoso?! ¡Bien hazlo! ¡Hazlo de una maldita vez, a ver si así te quitas a ese idita de la cabeza de una vez por todas!

Diciendo eso, Luna agarró con rabia la jarra de la mesa y se la dio a su amiga que comenzó a engullir el líquido arrugando el gesto.

- Tu madre te va a matar.

Ginny se encogió de hombros, como si eso fuese lo que menos le importase en esos momentos, y bebió un poco mas de la jarra.

La voz de la Señora Weasley se oyó fuerte y clara cuando llamó a todos para que comenzaran a ocupar sus asientos alrededor de las mesas. Poco a poco, las charlas y las risas se trasladaron al lugar donde se servía la comida grasienta. Entre las confidencias y las bromas también había un lugar para las miradas. Miradas que decían mucho. Las que Charlie de forma furtiva lanzaba a Tonks y ella aparentaba no notar. Las culpables entre Ron y Hermione, y las recelosas por parte de Lavender. Incansables las miradas de Cormac a su reloj y hacia la reja de entrada, y los ojos verdes de Harry clavados en Ginny preguntándose a que se debía que la joven bebiese mas que comiese. Rolf sin apartar la vista de Luna, y ésta con la mirada fija en el astro que llevaba su nombre, porque frente a ella estaba Fred y éste no dejaba de hacer carantoñas a Angelina, hasta el punto de hacer que la comida de Luna no pudiese pasar de su garganta. Miles de miradas para todos los gustos, y entre ellas la de la Señora Weasley fulminando a George que ya parecía planear alguna jugarreta para fastidiar a Percy y hacerlo quedar en ridículo delante de Audrey. Y así entre el olor a carne asada, el verde de las ensaladas, los litros y litros de cerveza y las miradas, la cena llegó a su fin culminando con la tarta de cumpleaños de Harry, su deseo y una gran ovación por parte de todos. Aunque el aplauso de sus tíos fue menos efusivo, y Dudley ni siquiera se molestó en juntar las palmas de sus manos. Lo que parecía indiscutible es que para esas alturas de la noche, Ron y Ginny llevaban su correspondiente cogorza. Habían ingerido la cantidad de alcohol suficiente para pensar con cualquier parte de su cuerpo menos con la cabeza.

George puso música. Los más mayores se retiraron a un lado para hablar y jugar a juegos de cartas. Los jóvenes ocuparon una improvisada pista de baile en el césped, que aun olía a recién cortado. A Lavender comenzaron a picarle los pies con el sonido de la música, y tirando del brazo de Ron lo arrastró hacia el jardín. Los gemelos ya estaban bailando con sus correspondientes novias y junto a ellos Percy y Audrey se movían torpemente, sin atreverse a tocarse. Fred y George rodaron los ojos. El primero dio un aparentemente involuntario empujón a Percy. El joven perdió el equilibrio y para evitar que se estampase contra el césped, Audrey lo sujetó por la cintura. Sus mejillas se encendieron, la chica sonrió y Percy le devolvió la sonrisa. Las manos de Audrey se posaron sobre los hombros del joven, que era muy alto, y el más raro de los Weasley, colocó púdicamente las manos en la cintura de la chica comenzando el baile. Luego buscó con la mirada a su hermano. Fred le guiñó un ojo, y Percy le sonrió agradecido. Lavender sujetaba a Ron del cuello y entrelazaba los dedos por su cabello. Las manos de Ron se posaban en las caderas de la rubia que se movían de una forma sensual, rozándolas con él de vez en cuando. Ron sonreía con cara de bobo, completamente ebrio. Desde su lugar, Hermione veía las manos de Lavender juguetear con el cabello de Ron y la forma indecorosa en la que pegaba sus caderas al pelirrojo. Lavender comenzaba a preparar el terreno. Con la cólera reflejada en sus ojos, se giró hacia Charlie que charlaba con Bill y dijo interrumpiéndolo de forma brusca.

- Quiero bailar.

El joven no tuvo tiempo de imponer su opinión ni de despedirse de su hermano porque Hermione ya lo había agarrado por un brazo y lo había colocado en el centro de la pista, muy cerca de donde bailaban Ron y su efusiva y descarada acompañante.

- Pon tus manos en mis caderas… ¡Vamos Charlie! – Le apresuró.

El pelirrojo obedeció sin chistar, menudo carácter se gastaba Hermione de vez en cuando. Además pensaba que lo que intentaba su amiga era provocar los celos de Tonks, nada más lejos de la realidad. Hermione pasó las manos por el cabello de Charlie, que era un poco más largo que el de su hermano menor. Ron los vio enseguida y ella aprovechó que él los miraba para pegar su cuerpo más al de Charlie. El muchacho entornó sus azules ojos y Hermione arqueó las cejas de forma desafiante. En otro lugar muy cercano, sentada en una silla, Tonks observaba el baile de Charlie y su novia mientras retorcía con furia la tela de su vestido como si del cuello de Hermione se tratase. Dio un respingo en la silla cuando vio como Hermione rozaba sus caderas con las de Charlie, frunció los labios y le lanzó mentalmente todas las maldiciones que conocía y alguna más por si acaso las anteriores fallaban. Lavender quitó las manos del cuello de Ron, las deslizó por las mangas de la camisa que cubrían los bien formados brazos del joven y luego las enredó en la cintura del pelirrojo para acabar metiéndolas en los bolsillos traseros de su pantalón negro. Con un rápido movimiento de sus manos, que Hermione pudo captar, Lavender pegó el cuerpo de Ron al suyo y comenzó a besar la yugular del chico. Ron, sabiendo que Hermione estaba allí, intentó apartar su cuello de los labios de la rubia pero la joven era muy hábil y su boca también. Hermione sintió unas ganas enormes de vomitar y se detuvo en el baile, quitando sus brazos del cuello de Charlie.

- ¿Qué te pasa? – Preguntó el muchacho mientras observaba como la joven estaba paralizada en medio del jardín - ¿Te encuentras bien?

- No… Me siento mareada – Dijo ella con un hilo de voz sin poder apartar lo ojos del recorrido que hacían las manos de Lavender sobre el trasero de Ron – Necesito aire.

Sin decir nada más, salió tan rápida del césped que Charlie fue incapaz de seguirla.
Corrió y corrió hasta que llegó mucho mas lejos de la casa, donde aun se oía la música que le hacía recordar las manos y la boca de Lavender sobre el idiota de Ron.

- ¡Maldita sea! No voy a conseguirlo.

Respiraba con violencia, luchando para no gritar, para no llorar. No había tiempo para eso. Lavender era demasiado rápida. Todo estaba sucediendo como temía y probablemente la cosa terminaría con Ron enredado con su rubia amante en el granero de la Madriguera. Imaginarse aquella escena hacía que se le revolviese las tripas y lo peor de todo era que no le quedaban recursos para evitarlo, incluso se le había pasado por la mente prenderle fuego al granero. No, aquello era una estupidez. La respiración de Hermione se detuvo un instante, una idea surcó su cabeza abarrotada de sensaciones. Contarle la verdad a Ron, decirle que ella no era la novia de su hermano, que era tan libre como él. ¿Y Charlie? ¿Y su plan? Pero ahora solo quería pensar en ella, en ella y en Ron. Cerró los ojos llena de dudas y volvió a ver las manos de Lavender manoseando el culo del pelirrojo. Apretó con furia los puños, había tomado una decisión y por una vez sería egoísta. Iría a la pista de baile, agarraría a Ron por un brazo y le diría todo lo que siente por él y la verdad sobre su relación con Charlie. No le importaba sus convicciones, saber que tal vez Ron no era el hombre que habían deseado para ella durante toda su vida, pero todo le daba igual. Lo que pensasen sus amistades, la opinión de sus padres, todo, absolutamente todo le daba igual. Por primera vez admitía abiertamente, se reconocía a sí misma que estaba enamorada de Ronald Weasley y solo deseaba estar con él, ser suya y amarlo el resto de su vida. Tenía que ser ella la que terminase aquella noche debajo de Ron, tan sudada y llena de heno como él. Eran sus uñas las que debían dejar huella sobre su perfecta espalda y su boca la que succionara su yugular. Hermione sonrió y sus ojos centellearon.

- Vas a saber lo que es amar de verdad y de una maldita vez Ronald Weasley.

- Esta música es muy buena ¿verdad? – Comentó Luna a Rolf que estaba sentado sobre el césped junto a ella.

La joven albergaba la esperanza de que el muchacho la invitase a bailar. La noche transcurría y su plan de dar celos a Fred estaba cada vez más lejano. El rubio no ponía de su parte, y se quedó callado una vez más sin comprender la indirecta de la muchacha. Luna rodó los ojos y resopló resignada, tendría que ser ella la que diese el primer paso.

- Rolf… ¿Quieres bailar?

- No.

Luna arqueó una ceja incrédula, ese chico era un grosero. Se había atrevido a rechazarla.

- No me gusta bailar – Aclaró con voz seca.

Luna bufó y se dio por vencida. Insistir con aquel tipo insípido era una perdida de tiempo. En aquel instante Rolf había dejado de ser una tentación. Fijó la vista en la pista de baile y pudo ver como Ginny la atravesaba dando tumbos con una copa en la mano y una sonrisa estúpida en el rostro.

- ¡Oh Ginny! No bebas mas ¿Quieres? – Dijo levantándose y agarrando a su amiga con suavidad por un brazo antes de que la pelirroja dejase sus blancos dientes clavados en el césped.

- Hola Rolf… ¡hip! ¿Sabes una cosa?... ¡hip! Luna piensa que estás muy bueno… y yo también ¡hip!

Rolf sonrió y miró fijamente a Luna que de forma fulminante se había puesto roja como un tomate.

- ¡Oh Dios mío Ginny deja de hablar! No sabes lo que dices. Vamos, creo que lo mejor es que te vayas a casa y te metas en la cama. Mañana tendrás una resaca enorme.

- ¡No! No voy a acostarme aun – Exclamó haciendo un enorme aspaviento con uno de sus brazos derramando sobre Rolf lo que quedaba de su jarra.

El joven se levantó sobresaltado. Luna corrió a sacudirle el pantalón.

- ¡Oh lo siento!, está muy mal. Le dije que no debía beber.

- No te preocupes Luna, no pasa nada. De verdad, ya se secará.

La voz de Rolf sonó amable y comprensiva. Luna asintió, se dio cuenta de que su mano estaba cerca de la entrepierna del joven y la retiró rápidamente. Rolf sonrió una vez más y ella volvió a ponerse roja.

- Disculpa.

Harry que había observado lo ocurrido, se acercó al grupo preocupado al ver a Ginny en aquel estado.

- ¿Qué pasa Luna?

- Ginny está muy borracha Harry. Trato de que se vaya a casa, pero la muy terca no quiere.

- Hola Harry ¡hip! Estás muy guapo esta noche… en realidad, siempre lo estás.

Harry no tomó en serio las palabras de Ginny, su preocupación por ella era demasiado intensa para notar que Ginny estaba siendo sincera con él y con ella misma, admitiendo que le gustaba.

- Ginny, ¿Por qué has bebido tanto? – Preguntó el joven mirándola con severidad.

- No me mires así ¡hip! Tenía que hacerlo Harry, esta noche voy a aclarar muchas dudas… Estás tan guapo… - Harry chasqueó la lengua cuando Ginny dio un traspiés al intentar acercarse a él.

La joven se sujetó al cuello de Harry para evitar que sus jóvenes huesos diesen contra el suelo. Él la sostuvo con fuerza por la cintura. Ginny cerró los ojos y dejó que el perfume de Harry penetrase por su nariz llenándola de una gran calma. Abrió los ojos nuevamente, y sintió entonces deseos de pasar sus dedos por el cabello desordenado del joven y hundir su nariz llena de pecas en aquel cuello tan blanco y que olía tan condenadamente bien. Pero en ese mismo instante la figura de Cormac se cruzó en su ángulo de visión. El joven se dirigía hacia la cancela principal. Ginny se separó de Harry y dijo.

- Allí está… Voy a hacerlo Luna… voy a saber la verdad.

Harry vio como la chica se alejaba con pasos torpes de él. Luna suspiró resignada, Ginny iba directa al fracaso, y nadie podía evitarlo, era una Weasley.

- ¡Cormac! – Gritó logrando que el joven se frenase en su caminata.

- Hola Ginny, buena fiesta.

La muchacha estaba petrificada, tragó saliva y tomó aire. A su alrededor los mas mayores seguían con sus charlas y sus juegos, y los jóvenes bailaban y se divertían. Harry, Luna y Rolf no le quitaban ojo de encima a la pelirroja, rogando para que no cometiese ninguna estupidez.

- Yo… - Comenzó a decir – Tengo que hacer algo Cormac.

Y sin pensarlo ni un segundo mas, caminó con rapidez hacia él y se colgó de su cuello, besándolo a continuación.

- ¡Maldita sea! – Exclamó Luna tapándose con las manos el rostro.

Harry palideció, no podía creer lo que estaba viendo. Ginny tenía sus labios sobre los de Cormac y él estaba rígido como un palo, con los brazos colgando a los lados de su cuerpo. El estómago de Harry hirvió de rabia hacia él y tensó la mandíbula con fuerza. Pero una voz, un grito, hizo que su mirada y la de todos los que estaban allí y no se habían percatado de lo sucedido girasen sus ojos hacia Ginny, su sorprendida presa y la voz desconocida.

- ¡Cormac Mclaggen! ¿Qué demonios significa esto?

El rubio separó a Ginny bruscamente de sus labios, y miró desencajado hacia la dueña de la voz que había gritado. Se trataba de una joven alta, distinguida y con el cabello azabache que los observaba con los brazos en jarra y los ojos desorbitados.

- ¡Oh Dios mío!... Esto… esto no es lo que piensas. Ella está borracha y se abalanzó sobre mí. Créeme mi amor, no se qué demonios le pasó a esta loca. Todos pueden certificar que digo la verdad.

Ginny miró a Cormac muy desorientada y luego desvió sus ojos hacia la joven desconocida. De repente toda su embriaguez desapareció de golpe y comenzó a verlo claro. Se dio cuenta de lo que acababa de hacer. Había besado a Cormac y él la había rechazado, llamándola loca.

- ¿Cómo te atreves a poner las manos sobre mi novio? Mas bien la boca – La joven aun seguía con los brazos en jarro miraba Ginny con aire arrogante.

- ¿Tu… novio? – Balbuceó la pelirroja notando como se le encendían las mejillas y los ojos se le llenaban de lágrimas.

- Por supuesto que lo es, desde hace meses. ¡Díselo Cormac!

- Así es Ginny. No puedo entender que es lo que te ha pasado, espero que haya sido a causa del alcohol. Yo voy a olvidar este incidente, espero que tú también lo hagas… Vamos querida.

Pronunció esas últimas palabras a la vez que sujetaba a su novia por la cintura. Caminaron juntos hacia el coche de ella y subieron a él, desapareciendo en la oscuridad. Ginny pudo observar que la novia de Cormac la fulminaba con la mirada antes de atravesar la cancela. Y allí se quedó, sola, de pie, sintiendo el bombardeo incansable de su corazón produciéndole un daño espantoso, dejando que la sangre se agolpase en su traumado cerebro. Se giró lentamente, y vio como todas las miradas estaban fijas en ella. Su madre fruncía el ceño, sus hermanos estaban atónitos. Luna le dedicaba una mirada compasiva y Harry… Harry lo había presenciado todo y cuando sus ojos se encontraron con los de ella, los bajó al suelo. Ginny se llevó la mano al rostro aturdida y avergonzada mientras salía corriendo, chocando con alguno de sus hermanos, alejándose hacia algún lugar bien apartado donde estar sola, donde pudiese desaparecer, olvidar aquel bochorno que acababa de sufrir. Luna dio un paso al frente con intención de seguirla, pero Harry la detuvo suavemente por un brazo.

- No, deja que vaya yo.

- Pero…

- Por favor.

Luna asintió a regañadientes y Harry caminó presuroso hacia el lugar por donde había visto correr a la chica.

Hermione, que no se había enterado de lo sucedido porque había estado alejada de la fiesta, regresaba con los invitados cuando vio a Ginny pasar por su lado como un rayo y un instante después lo hizo Harry. La muchacha los observó intrigada, Ginny parecía afectada por algo. Pero ahora tenía en su mente algo más importante en lo que preocuparse. Llegó al fin donde estaban todos, recorrió el lugar con la mirada. Y su corazón se detuvo un instante ¿Dónde estaban Ron y Lavender? Volvió a inspeccionar con detenimiento una vez más y ni rastro de ellos. Una horrible suposición se alojó en su mente, pensó en el granero y en la posibilidad que ya estuviesen allí. No lo dudó un momento y se dio media vuelta, corriendo con todas sus ganas hacia el edificio de madera.

- ¿Qué le ocurre a tu novia? – Preguntó Tonks acercándose a Charlie que en aquel instante estaba solo.

- No sé, está rara ¿verdad?... lleva toda la noche corriendo de aquí para allá. Y para colmo a Ginny se le fue la cabeza, menuda idiotez que hizo.

Charlie movió la cabeza resignado. Pero a Tonks le importaba un bledo los problemas amorosos de Ginny o los mentales de Hermione. Solo quería que Charlie le dedicase algún momento de aquella hermosa noche para ella sola.

- ¿Quieres bailar? – Preguntó la joven con cierta timidez, temerosa que él pudiese rechazarla.

- ¿Tú? ¿Bailar?... Pensé que lo odiabas.

- Antes, ahora no tanto.

Charlie rió y extendió la mano hacia ella. Tonks se mordió el labio intentando controlar la felicidad que sentía en aquel momento y juntos se reunieron con los demás en la pista de césped. Charlie colocó sus manos sobre la cintura de Tonks y pudo notar que era mas pequeña de lo que presumía, y que sus manos tan grandes como las de Ron eran capaces de rodearla casi por completo. Le dio un vuelco el corazón, y trató de disimularlo. Ella puso las suyas sobre el cuello del joven sintiendo como las puntas del cabello rojo de Charlie le hacían cosquillas en los dedos. Era una maravillosa sensación. Comenzaron a moverse al ritmo de la música con los ojos fijos en el otro.

- Estás muy guapa – Pudo decir Charlie al fin, después de haber recuperado las palabras.

- Gracias.

- Deberías pensar en utilizar mas vestidos… no es que antes estuvieses mal, es que ahora estás mejor – Charlie arrugó el gesto, no sabía si ella lo había entendido bien, se había hecho un lío.

Tonks rió y sin dar importancia a la expresión de su amigo, hundió la cabeza en el pecho de éste y enseguida sintió los fuertes y rápidos latidos del corazón del joven rebotando es su oído. Charlie cerró las manos aun más sobre la cintura de su amiga y la aproximó con sutileza hacia él. En un impulso los dedos inquietos de Tonks subieron por el cabello de Charlie y se enredaron en él, arrancando un débil suspiro de los labios del pelirrojo.

- Hermione no debería dejarte solo tanto tiempo, estoy segura que otra en su lugar nunca lo haría.

Charlie esbozó una amplia sonrisa de satisfacción al oír la frase de Tonks, y siguió moviéndose al ritmo pausado de la música, disfrutando de la proximidad del cuerpo de su amiga como nunca lo había esperado, como siempre lo había soñado.

Harry vio a Ginny enseguida, la muchacha estaba sentada en uno de los neumáticos gastados que hacían las veces de columpios. Se acercó dubitativo a ella que estaba de espaldas a él, intentando no asustarla.

- Vete Harry – Susurró la joven con voz temblorosa por los sollozos.

- ¿Cómo has sabido que soy yo?

- Por tu perfume.

Harry notó como se le aceleraba el corazón. Él no usaba perfume normalmente, solo en ocasiones especiales. Se quedó impresionado que ella fuese capaz de reconocerlo por un aroma que hacía meses que no usaba y que había decidido usar esa noche.

- Vete quiero estar sola – Insistió la muchacha.

Pero Harry no le hizo caso y se sentó en el neumático vacío que estaba a su lado colgado de gruesas cuerdas. Ginny dejó de mirar al suelo y giró sus ojos llorosos hacia él. Las lágrimas seguían surcando su rostro. Harry elevó una de sus manos hacia el rostro de la joven y limpió con ternura las gotas saladas que brotaban de sus ojos.

- ¿Sabías que Cormac tenía novia? - Harry negó con la cabeza y retiró la mano de su rostro - ¡Maldita sea! He hecho el ridículo mas grande de mi vida – Ginny volvió a cubrirse la cara con las manos.

- Demostrar lo que uno siente, no es hacer el ridículo. Es ser muy valiente y tú lo has sido esta noche.

La joven miró de nuevo al chico, que le dedicaba una mirada tierna y una melancólica sonrisa.

- Pero lo hice Harry, delante de todos y luego él me rechazó, y apareció ella. Cormac fue muy cruel, me llamó loca. Es horrible. Pero tú no lo entiendes porque no sabes lo mal que se siente uno cuando ama y no es correspondido.

- Sí, lo sé – Afirmó Harry.

- ¿Estás enamorado? – El joven miró al suelo, Ginny sorprendida, olvidó por instante su tristeza y se centró en aquella revelación que no esperaba – ¿Y ella no te corresponde?

- No.

- ¿Esa chica está ciega o qué?

- No, Ginny. Esa chica está enamorada, pero no de mí – Harry esbozó una triste sonrisa.

- ¡Oh Cielos! Entonces tú y yo tenemos mucho mas en común de lo que pensaba.

- Eso parece.

Se produjo un silencio entre ambos mientras sus ojos se clavaban en los del otro. Ginny sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, una agradable sensación de calma. Era la primera vez que se perdía tanto tiempo en los ojos de Harry. Ruborizada desvió su mirada al cielo estrellado. De repente algo luminoso surcó el cielo de lado a lado.

- ¡Una estrella fugaz! Harry ¿La viste? – Exclamó Ginny con el dedo señalando un lugar en el oscuro cielo.

- Sí, la vi – Era una gran mentira, porque Harry no había apartado los ojos ni un instante de la hermana de su amigo.

- Es la primera vez que logro ver una. A Luna no se le escapan, pero yo siempre miro cuando ya han pasado – Dijo entusiasmada – Hay que pedir un deseo Harry.

Ginny cerró los ojos, sonrió y un instante después volvió a abrirlos.

- Listo, yo tengo el mío. Ahora te toca a ti.

- No creo en estas cosas – Añadió Harry mirando al cielo.

- ¡Oh! Da igual, hazlo.

Ginny llevó su mano al rostro del Harry, le quitó las gafas y con la otra mano cubrió los ojos del muchacho.

- Pídelo ya.

Solo un segundo estuvo la mano de la joven posada sobre los parpados de Harry, pero fue suficiente para que todo el cuerpo del muchacho se estremeciese.

- ¿Ya? - Harry asintió y Ginny retiró las manos devolviéndole las gafas - ¿Qué has pedido?

- Dicen que si los deseos se revelan no se cumplen.

- Acabas de decir que no crees en estas cosas. Vamos Harry, dime que deseaste – Insistió muerta de la curiosidad.

Harry inspiró aire y mirándola a los ojos dijo muy calmado.

- Deseé que ella sea feliz.

Ginny tragó saliva. No esperaba esa respuesta, pensó que tal vez Harry pediría que la chica a la que amaba le correspondiera, las palabras del joven la habían dejado helada.

- ¿Deseas que sea feliz aunque no sea contigo? – Preguntó desconcertada.

- Así es, lo único que me importa es que nunca deje de sonreír. No me gusta verla llorar.

Ginny notó como se le encogía el corazón y se sintió ridícula al lado de él. Pensando que no conocía a Harry tanto como ella creía.

- Dios mío Harry, eso es muy hermoso… No sabía que podías ser tan generoso.

- Hay muchas cosas de mí que desconoces Ginny Weasley y que no te molestas en conocer – Afirmó y volvió a mirar al cielo.

Ginny se quedó contemplando a Harry un rato mas, sin decir nada. La chica misteriosa a la que amaba era sin duda tan afortunada como idiota. Y ella tenía que averiguar de quién se trataba.

Hermione abrió de golpe la puerta del granero.

- ¡Ron! – Gritó - ¡No lo hagas! ¡Tengo que hablar contigo!

Subió más rápido que nunca la inestable escalera de troncos hacia el habitáculo superior. Su corazón sintió un gran alivio cuando descubrió que estaba vacío y la paja no parecía revuelta. Lentamente descendió los peldaños hasta que sus pies volvieron a tocar suelo firme. Intentó serenarse un poco, y se quedó un rato sentada sobre una de las banquetas que servían para ordeñar a las bestias. Hizo un repaso mental de lo que había sucedido aquella noche y se sintió ridícula, con ella misma y con su modo de comportarse. Luego salió del granero y regresó donde estaba todos. Los mas mayores ya se habían retirado debían ser casi las tres de la madrugada, Harry se había marchado y Luna con su invitado también. El resto seguían charlando, y bailando. Hermione divisó a Charlie y a Tonks, agarrados, dejándose llevar por la música. Sonrió y se alegró por él. Estaba agotada, se había llevado toda la maldita velada intentando evitar que Ron y Lavender acabasen juntos y ahora estaba en medio del jardín y seguía sin saber donde rayos se habían metido. Abatida, pensando que había fracasado se dispuso a marcharse, subir a la habitación y regocijarse en su dolor y su mala suerte abrazada a la almohada. Ya no tenía ganas de seguir luchando por él. Se giró, caminó unos pasos con la mirada clavada en el suelo hasta que su cuerpo chocó con alguien. Elevó sus cansados ojos y se encontró con los de Ron. El joven la sujetaba por los hombros porque aunque Hermione no lo había notado, el choque había sido fuerte y ella había perdido un poco el equilibrio. A su lado Lavender sonreía con aire de suficiencia. Hermione se pasó la mano por el rostro y suspiró vencida.

- Estoy cansada Ron, me voy a dormir. Esto ya no depende de mí.

Con un leve movimiento liberó sus hombros de las manos de él y sin mirarlo caminó nuevamente, arrastrando los pies rumbo a la casa.

Al llegar a la habitación, se encontró con Ginny despierta y tumbada sobre la cama.

- Hola Ginny, ¿Cómo estás?

- Muy mal, todo me da vueltas. Mañana me espera la bronca de mi madre y he hecho el ridículo más grande de mi vida.

Hermione no entendía a que se refería la pelirroja pero prefirió no preguntar, probablemente se enteraría al día siguiente.

- Todos hacemos el ridículo alguna vez… yo más que nadie – Admitió.

Hermione comenzó a desnudarse. Ginny se levantó de su cama y se sentó en la de su futura cuñada.

- Hermione, ¿Sabías que Harry está enamorado? – La joven no contestó, pero de sobra sabía que sí. Ese no era asunto suyo así que dejó que Ginny continuase hablando – Es una chica con suerte. Harry es especial. Hoy vi una estrella fugaz, nunca veo ninguna. Pedí un deseo y obligué a Harry a pedir otro ¿Sabes que pedí yo? Que Cormac fuese muy infeliz con esa chica ¿Sabes que deseó él? – Hermione negó con la cabeza mientras sacaba de su armario un minúsculo camisón – Lo contrario, que ella fuese feliz con o sin él.

- ¡Oh Cielos eso es muy generoso!

- Sí lo es… Tengo que averiguar quien es – Dijo Ginny levantándose de la cama de Hermione.

- ¿Quién es, quién?

- Ella, la idiota que ocupa el corazón de Harry, quiero saber si lo merece.

Hermione sonrió con la ingenuidad de la joven. Ginny con semblante pensativo se acercó a la ventana de madera desde donde se veía parte del jardín y la entrada del granero, y se sentó en el borde.

- Creo que me acostaré, tengo que intentar dormir. Mañana me sentiré muy mal… ¡Oh Dios mío! ¡No puedo creerlo! ¡Hermione, ven rápido!

Hermione se puso el camisón veloz y corrió hacia la ventana, Ginny se levantó dejándole un hueco para que pudiese ver bien.

- Lo logró una vez más… Esa Lavender nunca falla – Rió – Buenas noches querida.

Hermione se quedó con la mirada fija en el lugar que le había indicado Ginny, mientras la pelirroja se metía en su cama, dispuesta a conciliar el sueño. La respiración de Hermione se volvió intensa, la imagen que captaban sus ojos hacían sangrar su iluso corazón. Lavender había abierto la puerta del granero y tiraba de la camisa medio desabrochada de Ron hacia dentro del edificio. Él no opuso ninguna resistencia, desapareciendo en su interior junto a ella. La puerta se cerró lentamente. Hermione tragó saliva y se sentó en el borde de la ventana con la vista fija en la enorme puerta del granero tratando de no imaginar que pasaría allí dentro a partir de ese momento. Suspiró con el corazón encogido, y miró hacia la luna llena que iluminaba todo el jardín a pesar de que jirones de nubes desfilaban por su hermosa cara. Ron la había decepcionado, había tomado una decisión, había elegido a Lavender. Sintió un rencor profundo por él, unas ganas de abofetearlo hasta que su rostro dejase de ser bello para ella, ni para ninguna otra mujer. Apoyó la cabeza sobre el marco raído y descolorido de la ventana y pronto oyó la respiración de Ginny acompasada por el sueño. Sin embargo, eran los desesperados latidos de su corazón los que rebotaban con fuerza en sus oídos. Cerró los ojos y dejó que la brisa de la noche y el cantar incansable de los grillos, sacasen de su mente la horrible escena que imaginaba entre Ron y Lavender, y que no dejaba de martirizarla una y otra vez, una y otra vez.


Hola a todas como dice Copia soy una malvada escritora y si me odiais lo entenderé XD

En fin el capítulo es largo, pero quise que fuese así de extenso porque deseaba terminarlo justo ahí y antes debían pasar las demás cosas.

Quiero agradecer a toda/os los que me habéis dejado rr, es increíble llevo mas de un año publicando aquí y jamás pensé que uno de mis capítulos que además pertenece a un fic AU, consiguiera que 22 personas se animaran a dejarme su opinión, mil gracias por todos y cada uno de ellos.

Voy a saludar y a contestar aquellos con los que no me pude poner en contacto por message:

mrs grint: Hola, me alegro que el fic te esté gustando tanto. Hermione es un poco diferente a la creada por JK, pero debo recordar que fue ella la que se decidió a besar a Ron en la guerra y no al revés. Siempre fue mas decidida que él. Espero que este capi no te haya decepcionado. Todos quieren un rated M jajaj!!! lo pensaré, pero este fic contiene una escena lemmon, eso sí es cierto y se acerca... besos, gracias.

daniia: Hola, solo puedo actualizar una vez por semana, no puedo hacerlo antes. Pero semanalmente tendréis el capítulo, eso es seguro siempre y cuando no ocurra nada fuera de lo normal que me impida hacerlo. La imagen de Ron cargando los fardos de paja es una imagen difícil de olvidar y fácil de escribir, al menos para mí. Ron me inspira mucho XD.. Besos y gracias por leer todo el fic y decidirte a comentarlo.

trigte: Hola, me alegro haber servido de distracción para tu sábado aburrido. Espero que el capi de arriba te haya gustado, era lo que tenia que pasar porque era lo que pensé desde el principio. Pero dije por ahí que había un capi de resacas jajaj!! será el siguiente. Lupin me encanta para Tonks, pero Charlie y ella habrían sido una gran pareja... besos y gracias por animarte a leer y a dejar tu opinión.

Bete88: Hola, bueno yo siempre escribo AU. Hay gente que son reacias a leerlos y lo entiendo, así que me alegro que te hayas animado a leer este y que además no te haya decepcionado. Publico una vez por semana, no doy para mas, malditas ocupaciones! Gracias por leer, por la paciencia para esperar el capi y por comentar, Besos.

naye: Hola, me alegro que te guste el fic y espero que el capi de arriba también te haya gustado... actualizo una vez por semana, asi que hasta la semana que viene, mil gracias y besos.

Yamileht Li: Hola no pude contactar contigo por privado por eso dejo te mi respuesta aquí. Me alegra que te guste la historia, y que hayas solucionado tu confusión de nombres XD... Espero que este último capitulo también te haya gustado, excepto por el final supongo XD. Besos.

El próximo capítulo también será movidito, a pesar de que todos tendrán un resacón del demonio.

Gracias a todos de veras, sobre todo por la paciencia ojala pudiese actualizar mas rápido pero es imposible, por eso lo hago una vez por semana.

Besotesssssss!!

María.