1.- Sigo aquí…

Miraba atreves de la enorme ventana de la habitación, mientras que todas las luces de la ciudad de Konoha alumbraban con una fina tela los contornos de lo que lo rodeaba, y pensar que hace un par de horas se encontraba perdido en malos recuerdos de su vieja escuela, tan antigua como el viejo, miraba por la ventana las calles transitadas y oía el ruido escandaloso de las ciudad en la noche.

-una noche más- dijo quedamente mirando al cielo en busca de algún destello celeste, pero para su desgracia si una mísera estrella se dejaba ver en esa fría noche de septiembre. Esa noche Naruto no sintió cuando el sueño lo alcanzo y por la mañana todo lo vivido el día anterior era un mero recuerdo, uno más entre el montón.

Solo somos, lo que queremos ser.

Había recibido la carta, esa mentada carta que le había traído de regreso tantos recuerdo, melancolía y tristeza. Porque tenían que recordarle esa horrible etapa de su vida si cuando por fin había olvidado. Lanzón una mirada a todo su escritorio, lo citaban para dentro de una semana. Miro atreves de la placa de vidrio con su nombre al suelo frente a su escritorio. Nada nuevo, nada que le pudiera recuperar el ánimo ahora que lo tenía decaído.

Tomo la carta entre sus manos y la leyó nuevamente para terminar de gravársela en la mente:

Estimado sr. Uzumaki Naruto.

Esta cordialmente invitado a la reunión de generación de la Preparatoria Konoha el día 27 de septiembre del año en curso. La recepción se llevara a cabo en la sala de fiesta del hotel Misagi en Konoha. Contamos con su presencia.

Atte. Haruno Sakura, Directora de la escuela Preparatoria Konoha.

-ja, ni de broma- tiro lla carta al bote de basura aun lado del escritorio y se recostó sobre la silla. –Ja , quieren que regrese a ese lugar, Sakura ni de broma- Tomo el teléfono y marco un sola tecla.

--Se le ofrece algo, jefe- sonó una voz por el aparato.

-Si, por favor tráeme algo de beber… mmm algo fuerte por favor-

-En seguida jefe-

Al rato un hombre vestido de traje entro en la oficina cargando una charola con una copa y una botella de vino.

-Aquí esta lo que pidió jefe. Este…- carraspeo mientras que le servía la bebida- ya son las seis, jefe, va necesitar algo más sino para retirarme-

-No te preocupes Tanaka-san puedes irte-

-sí señor, entonces buenas noches y con su permiso me retiro-

-Hasta mañana Tanaka-san-

-Si hasta mañana jefe- y salió por la puerta dejando al alcance la botella del vino cerca de Naruto Uzumaki.

Cuando de un amor se trata no hay límites de tiempo, no hay rango social, político o religioso, si el amor es sincero, se dará y no habrá manera de detenerlo. Cuando el amor que uno siente es de verdad, con solo mirar las estrellas y darse cuenta que no son tan hermosas como lo habías creído antes de conocerlo, sabrás que es amor lo que tu corazón realmente da.

Era la tercera hora de clases y los pequeños se movían inquietos de un lado a otro, buscando llamar la atención de su querida sensei. Todos eran unos angelitos de parvularios, de esos de que a pesar de ser lobos vestidos de oveja no los puedes dejar de amar ni un poco.

-hai hai… - manejaba los globos de un lado a otro –No Fuyuumi-chan no los infles tanto- apartaba a un par de niños que se pelaban por un lápiz de color –aquí hay otro igual Shi-chan-

-¡Hinata –sensei! ¡Hinata-sensei!, Rui-chan no deja que toque el osito- Gritaba una pequeña jalando la falda de Hinata

-Ya voy Midori-chan, solo espera un momento ¿quieres?-

-Haiiii Hinata-Sensei-

El timbre sonó y todos dejaron lo que estaban haciendo para correr directamente a sus mochilas

-Bien niños ya llegó la hora de comer, ¿Qué les parece si comemos afuera?-

-Hai!!!!- Gritaron todos los pequeños.

-Hinata-chan aun no se como puedes aguantar a todos estos mocosos- una mujer morena, de melena pelirrojo entro en la estancia infantil tomando asiento en la silla de la profesora.

-Pues veras, me encanta los niños-

Hinata estaba juntando los juguetes, colores, listones, etc. Mientras que miraba de reojo por las ventanas que daban al jardín vigilando a sus niños, si a sus queridos niños. Era maestra de parvulario por que le gustaba y a pesar de tener un carácter tímido podía llevarse muy bien con los niños y no sentía esa pequeña presión que siempre sentía al hablar con los adultos. Realmente Hyuga Hinata amaba a los niños, pero no tenía ninguno.

Tenía 24 años, maestra de parvulario, trabajo que redituaba muy bien pero para ella eso no importaba era un trabajo y le gustaba hacerlo. Un año atrás se había salido de su casa, no era por qué no amará su familia, su padre y hermana, pero es que ellos siempre le exigieron algo que ella nunca podría darles, su vida.

-Saome-sensei no tiene nada más que hacer en este momento-

-No Hinata-chan por eso vine a verte que no te gusta que te visite-

-Claro que no, no es eso pero es que estoy algo ocupada solo es que…-

-Hey, vamos no finjas. Sé que no eres muy buena hablando con adultos, por eso vengo a hacerte un favor y darte algo de vida social. Jejeje – Miro distraídamente por todo el ancho del salón hasta encontrarse con Hinata.

-querida, eres una mujer muy bonita bajo todo ese disfraz-

-¿Disfraz? No sé a qué se refiere Saome-sensei-

-Pues a eso a lo que llamas ropa, querida- Se puso de pie y camino contoneando sus caderas hacia donde se encontraba Hinata y al llegar hasta ella tomo su barbilla con una de sus manos e hizo levantar la mirada de una Hinata sonrojada- Me encanta tu timidez, lástima que las dos seamos mujeres porque si no te besaría en este instante- Hinata se aparto exaltada de su lado.

-pero que dices Saome-sensei-

-Bromeaba, solo era eso. JAJAJAA no puedo creer, eres demasiado inocente Hinata-chan, además de seguro tu ni siquiera sabes besar, apuesto a que nunca has tenido un novio verdad?-

-Saome-sensei deje de decir esas cosas, que pasara si alguno de los alumnos la oye-

-Deja de preocuparte tanto Hinata-chan, así se me olvidaba.-saco una carta de su bolsillo- dejaron esto en la dirección y aproveche mi visita para traértela, espero que vayas ,te falta salir un poco querida. –Coloco la carta en el escritorio y salió del salón meciendo sus caderas de un lado a otro.

-De que será- tomo la carta entre sus manos y leyó el remitente –de la preparatoria…-

Mirar al vacio no hará que las tristezas de nuestros corazones desaparezcan, pero como ayuda a buscar razones que respalden nuestras acciones.

De nuevo en su casa imaginando cientos de escusas para poder dar con las más exacta para respaldar una gran mentira. Iba a rechazar la invitación, para él volverse a reunir con todos ellos era más que doloroso, era humillante.

Durante la escuela siempre fue considerado un gamberro, no se preocupaba por nada, ni por él mismo, lo único que le llamaba la atención era hacerse más y más fuerte, todo era porque no había entendido el significado de fuerza. Durante esa época eran innumerables las veces que llego a su vacía casa a lamerse las heridas. Nadie lo valoraba como debía de ser, pero bueno quien se iba a fijar en alguien que no ponía esfuerzo en nada.

Miro por la venta desde el decimo piso, desde su habitación, oscuridad nada más que eso, una fría oscuridad que se cernía sobre todo igual que su soledad se cernía sobre todos los demás sentimientos.

Se dejo caer en la cama con medio cuerpo afuera, que importaba, porque para Naruto lo único que le importaba en ese momento era olvidar todo, todo lo que esa carta le había traído de regreso.

Se quedo dormido al rato, pensando en más escusas, hasta que el despertador dio las seis de la mañana y de mal modo se dirigió a la ducha metiéndose al agua, para después secarse con la primera toalla que encontrara, se vistió con unos pantalones negros con camiseta en un tono melón acompañada por una chaqueta y zapatos negros. Se medio acomodo el cabello, por último tomo una copa más de tequila y salió por la puerta principal de la casa.

Al llegar a la oficina se encontró con Tanaka-san en el elevador, ambos subieron a la oficina y ya ahí…

-Jefe, perdone que me meta en lo que no debo pero ayer cuando recibí por la carta por parte de una señorita, me pidió que tratara de convencerlo, pero la verdad creo que usted no quiere ir, o a caso me equivoco- bajo la cabeza mientras que ambos hombres se quedaban parados en medio de la estancia.

-No te equivocas Tanaka-san, la verdad yo no tengo nada que ver con ellos.

-Como lo pensaba señor, con su permiso- se sentó en su silla y Naruto entró a su oficina.

-¿quién habla sido la que le dijo eso a Tanaka –san? –

nota.- espero que le guste es fic... para aquellos que estan leyendo mi otro fic de naruto.. momantai... osea no se preocupen solo me estoy tomando un descanso para volverme a inspirar y lograr un buen fic... Gracias por leerlo.. espero que les guste...

abiyasha-desu!!!