Diclaimer:

Los nombres de los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a su compañía Editorial.

Su contenido es apto para mayores de 18 años.

En esta Historia todos los personajes son humanos.

Prefacio

No me importaba lo que dijera la gente, lo que hiciera su madre, ni siquiera lo que pensará la mía, podían irse al mismo infierno todos juntos pero que les quedará claro que yo no iba a renunciar a ella.

En mi mente solo había un objetivo: detenerla sin importar el costo que eso implicará, ni siquiera me interesaba mi carrera, no si eso significaba perderla a ella y de esa manera. Iba a evitar que cometiera el error más estúpido de su vida, ella me amaba de eso estaba seguro, ella era mía, me pertenecía a mí y a nadie más.

Además él era el responsable de todo este embrollo, si había un culpable de todo esta situación era él, con sus estúpidos designios: Puedes ver pero no tocar, Puedes probar pero no comer, quién se creé que es pensé al borde de la locura mientras aceleraba a fondo, miré el reloj, faltaba exactamente media hora para que comenzará la ceremonia, no me iba a rendir tan fácil, iba a pelear hasta la última carta.

Sí la querías para ti entonces ¿Por qué hiciste que la conociera eh?, ¿Por qué dejaste que nos enamoráramos si era para ti? ¿Sí ella estaba prohibida, porque entonces dejaste que fuera mía? Grite a la nada desesperado mientras pisaba el freno para detenerme en la maldita luz roja a escasas cuadras de mi destino. Rodé mis dedos sobre el manubrio pensando en todo lo que había vivido junto a ella, en como yo había sentido que lo nuestro era correcto y que estaba cansado de dar tanta explicación y de mantenerme al margen como mero espectador – Prefiero irme al infierno pero ella no será tuya – gruñí entre dientes poniendo primera y acelerando a fondo otra vez.

Me demoré exactamente cinco minutos en llegar a la iglesia, la fachada era la misma que había visto por todos estas largas semanas, apague el motor y baje del vehiculo. Camine presurosamente hasta la entrada y abrí las puertas de par en par, estaba en la casa del enemigo; habían pocas personas en su interior, todos rezando y no me extraño ya que era domingo; tampoco me llamó la atención que se voltearan extrañados a mirarme era casi normal considerando que mi semblante era precisamente amistoso. Camine hasta el altar porque sabía que ella estaría ahí y justamente al costado izquierdo estaba sentada en la primera fila con su cabeza inclinada mirando el suelo.

- Necesito hablar contigo

Le dije sujetándola del brazo y haciendo que se levantará abruptamente, sus ojos topacios se abrieron de par en par y me miró asustada.

- ¿Edward que haces aquí… estás loco?

Me dijo con un hilo de voz mirando a todos lados, temiendo ser descubierta.

- Ya te dije, necesito hablar contigo

Insistí atrayéndola más a mi cuerpo, como deseaba besarla y demostrarle que la amaba.

- Este no es el momento ni el lugar

Balbuceo aterrada mirando por encima de mi hombro.

- Tal vez si contestarás mi llamada podría haber sido en otro lugar pero como no lo haces, no me dejaste otra alternativa.

Exclamé colérico levantando su brazo, haciendo que me mirará a la cara, pero ella me rehúyo, bajo la vista sin decirme ni media palabra.

- Si no detienes esa ceremonia, le gritaré a todos que fuiste mía.

Le comuniqué desesperado y sabía que chantajearla no era una alternativa, me dolía en el alma hacerlo pero ha esta altura del partido ya no sabía como hacerla entrar en razón, iba a perderla para siempre, estaba jugándome mi última carta, y sí ella creía que yo iba a quedarme sin hacer nada, después de todo lo que habíamos vivido, estaba equivocada, no iba a darme por vencido tan rápido no sin pelear.

- Edward, por lo que más quieras entiéndelo de una vez, lo nuestro no puede ser…. Jamás debió pasar… fue un error.

Insistió con su voz quebrada, pude ver que trataba de contener las lágrimas, estaba asustada pero no era por mí ni por lo nuestro sino por el peso de la conciencia, por la presión de su familia y sobretodo por la presión de ellos.

- Yo te amo porque no reconoces que tu sientes lo mismo por mí

Le hice ver con un hilo de voz esperanzado a que ella finalmente reconociera lo que me había dicho en más de una oportunidad. Miré de reojo hacia atrás y pude ver que un par de señoras se había parado de los asientos cuchicheando, seguro habían ido a buscar a alguien, temerosas que yo estuviera perdiendo el control con ella, por la forma en que la tenía acorralada no era para pensar lo contrario.

- Yo no te amo… yo lo amo a él

Refutó, y como hubiera querido que al menos sonaran convincente, que fueran verdad las palabras que habían salido de sus labios rubí; por medio segundo quise que todo lo que ella había dicho fuera verdad, que aquellas palabras pudieran borrar todas las caricias, todos aquellos besos que nos habíamos dado para convencer así a mi corazón que este sentimiento no era correspondido pero al mirar sus ojos pardos, grande fue mi sorpresa cuando percibí el mismo brillo que tenían aquella noche en la que finalmente fue mía y eso la delató una vez más.

- ¡No me mientas! – grite entre dientes tironeando su brazo - ¡No voy a renunciar a ti, no por él!

Exclamé alzando la voz, mis palabras retumbaron producto del eco llamando la atención de la poca gente que no se había dado cuenta aún de la situación, la sujete más fuerte y la hice caminar hasta un rincón del altar, para salir de la vista inquisitiva del resto de testigos que nos miraban acusadoramente por la escena que estábamos montando en plena casa de Dios. Nos quedamos en silencio y ella tenía esa expresión de terror en la cara que le había visto un par de veces desde que todo había comenzado, abrí mi boca para decirle algo cuando fuimos interrumpidos por una voz demasiado conocida.

- Señor Cullen, pero que agradable sorpresa ¿A que debemos el honor de su visita en la casa de Dios?

El tono era sutil pero irónico y esa manera no se la conocía al Padre Alfonso, hasta hace un par de semanas era un férreo defensor del libre albedrío y ahora estaba juzgándome como lo habían hecho todos, tenia puesta su mirada en mi y esta tenía un tejo de reproche, desvió su mirada desde mis ojos hasta mi mano que tenía aferrada como si mi vida dependiera de ello, al brazo de Bella, la solté y le devolví la mirada desafiante; ya no iba a ocultar ni pretender nada, a esta altura no íbamos a leernos la suerte entre gitanos pensé, todos incluido él sabían perfectamente por que estaba yo ahí no tenía que decirlo. Pero claro si querían seguir el juego, entonces les iba a demostrar que tan buen jugador podía ser.

Fruncí el seño por unos segundos y luego relaje mi expresión, curve mis labios en una sonrisa y con un tejo de ironía le conteste.

- De hecho lo buscaba justamente a usted, necesito confesarme

- Por favor… te lo suplicó

Intervino ella pero su voz se ahogo cuando el cura le dio una mirada de desaprobación, puse mis ojos en blanco ante la escena, era increíble que ella actuará como si fuera la pecadora más grande de aquel lugar.

Mi paciencia se estaba agotando, y la verdad necesitaba de una vez por todas hablar sin rodeos y sin mentiras, todo este tiempo había estado ocultando un sentimiento, avergonzándome por sentir lo que sentía por ella y ahora me estaba dando cuenta que no era él quien me estaba juzgando o reprochando nada, sino que eran ellos y sus moralistas y cínicas reglas. Quería escuchar de sus propios labios la explicación tan burda que le había dado a Bella, y que ella había reproducido aquel día cuando finalmente dio por finalizado lo nuestro. Necesitaba escuchar de una buena vez porque iba a irme al infierno según todos. El hombre frente a mí me indico el camino y yo lo seguí sin titubear, entramos al confesionario y el guardo un breve minuto de silencio hasta que finalmente habló.

- Y bien Señor Cullen, usted dirá

Me dijo tratando de mantener la calma, trató que su voz fuera serena y tranquila, pero la tensión se notaba, él me quería fuera no solo de su iglesia sino de la vida de ella. Tomé aire para hablar, porque lo que iba a confesar probablemente ella no me lo iba a perdonar nunca.

- La hice mía y no me arrepiento de ello.