Los personajes son de Stephenie Meyer y la historia es mía.



Capítulo Uno

Era el cumpleaños de mi mejor amigo, Edward Cullen. Bueno, yo tenía que decir y fingir que era sólo mi mejor amigo, pero lo cierto es que para mí era mucho más. Yo estaba enamorada de él. Edward era un niño muy guapo y qué decir de amable y caballeroso. Todas las niñas de nuestra clase querían estar con él, especialmente una niña muy desagradable llamada Tanya, pero él las desdeñaba a todas y sólo estaba conmigo. Éramos inseparables. A menudo me decía que yo era la única niña con quien quería estar por siempre, y por lo tanto, cuando creciéramos, nos casaríamos. Yo estaba completamente de acuerdo con él.

Sí, tal vez eran los sueños de un par de niños que aún no pensaban en la realidad de la vida, pues Edward cumplía doce años ese día soleado de junio y yo los cumpliría hasta septiembre, pero yo creía incondicionalmente en su palabra y anhelaba crecer pronto para poder casarme con él.

Ese día, para festejarlo, su mamá había preparado una fiesta muy agradable en el jardín de su mansión, con deliciosos bocadillos y hasta un payaso, aunque esta idea no fue pensada para Edward sino para divertir a los más pequeños. Casi todas las personas de Forks estaba ahí presentes con los niños jugando y correteando por el lugar. También estaba la familia de Edward, algunos tios que vivían en el sur y su hermano mayor, James, que había venido con ellos, puesto que estaba estudiando en un internado de por allá. A pesar de los ruegos de Esme y Carlisle, sus padres, de que se uniera a la fiesta de su hermano, él estaba encerrado en su habitación, escuchando música y sintiendose lo bastante mayor con sus dieciocho años como para bajar a una simple fiesta infantil.

Edward y yo habíamos estado platicando y caminando por el jardín, casi en el bosque, manteniéndonos un poco alejados de los demás. Siempre había sido asi´. Edward y yo en nuestra burbuja personal. Pero como nunca dejaba de ocurrir con mi tendencia a la torpeza, no faltó que mi pie se atorara en una raíz sobresaliente de un árbol y me caí en el lodo. Me ensucié el rostro, algunos mechones de mi cabello y la blusa azul que tanto me gustaba. Casi me pongo a llorar de la verguenza. Edward me ayudó a ponerme de pie con delicadeza y me acompañó a la casa para lavarme e intentar hacer algo con mi blusa enlodada. En el camino nos interceptó una tía abuela de Edward, muy dada a los cariños y besos especialmente en ocasiones especiales, que lo retuvo, cubriéndolo de infinitos besos y abrazos. A regañadientes continué mi camino a la casa sola.

Esta casa era como mi segundo hogar, así que sin decir nada subí a usar el baño de la habitación de mi amigo. Me lavé con agua tibia mi rostro y mi cabello, y con una toalla húmeda le quité lo mejos posible el lodo a mi blusa. No pude, así que me la quité y me alegré de encontrar en el clóset de Edward algunas blusas mías, que habiendolas ensuciado en mis accidentes, se quedaban aquí. Me puse una azul de tirantes y salí de la habitación. Iba a la mitad de pasillo cuando me tropecé de nuevo, cayendo estrepitosamente y lastimándome una mano.

Escuché una risa burlona a mis espaldas y enseguida sentí unos brazos que me ayudaban a ponerme de pie. Voltee a verlo mientras me frotaba la muñeca. Era James. Aunque había llegado el día anterior yo aún no lo había visto. Cuando se fue era un niño un año menor que nosotros y bastante problemático. Antes se parecía un poco a Edward pero ahora era muy diferente. Lo único que parecía común entre ellos era la nariz y los ojos verdes de Esme.

-Gracias James -le dije, y al no obtener una respuesta además de su intensa mirada, me dispuse a regresar al jardín, pero me sujetó de los hombros y me giró para mirarlo.

-¿Acaso eres tú aquella niña que siempre estaba con mi hermano? ¿La niñita a la que en uno de mis cumpleaños se le cayó el pastel encima? -en su rostro presistía una mueca burlona, pero me miraba muy raro. Me asusté y solamente atiné a asentir-. Vaya, pues ya no estás tan pequeña, Isabella -sonrió, pero su sonrisa me causó escalofrios-. Oye, ¿qué te parece si me acompañas a mi habitación? Quiero platicar contigo un momento.

-Pero la fiesta...

-Sólo será un momento -me sujetó con firmeza por los hombros y me condujo a su habitación. Yo no quería ir, me daba miedo, pero él era más fuerte que yo-. Vas a ver que te va a gustar lo que te voy a enseñar.

Al entrar en su habitación, me indicó que me sentara en la cama. Cerró la puerta con seguro y subió el volumen de la música. Luego se sentó junto a mí y me acarició el rostro y el cabello hú estemecí..

-¿Te digo algo? Te pusiste muy bella. Eres como tu nombre -bajó su mano a mi cuello y la paseó en mi espalda-. Si así eres a los doce añor, ¿te imaginas cuando seas mayor? -gruñó-. Volverás loco a cualquiera.

Yo me quedé muy quieta. Tenía mucho miedo. No me gustaba para nada la manera en que me veía, el tono de voz que utilizaba y la forma en que me tocaba.

-¿Sabes? Creo que voy a probarte antes de que crezcas. Me gustan las cosas tiernas, y tú tienes que aprender desde pequeña con alguien que sabe lo que hace.

Intentó quitarme la blusa. Como pude me quité y corri a la puerta, pero él me alcanzó, y tomándome bruscamente, me arrojó en la cama y comenzó a quitarse la ropa. Yo estaba llorando, e intenté pedir ayuda a gritos. No pude. El terror me había cerrado la garganta y los débiles susurros que pude pronunciar fueron fácilmente ahogados por la música. James pronto terminó con su ropa y prosiguió a despojarme de la mía, tocándome lascivamente. Me cubrió con una mano la boca y con la otra siguió tocándome, exitándose cada vez más.

Yo intentaba quitarme, y patalee y manotee, pero él me sujetaba con fuerza, además de que se colocó sobre mí. Entonces lo hizo. Entró en mí, lástimandome bastante. Yo no paraba de llorar y quejarme. Me dolía mucho, y aunque le decia que parara, él no me hizo caso. No tuvo piedad. Me lastimó una y otra vez, cada una más dolorosa que la anterior, y me hizo cosas horribles. Paseó sus manos por todo mi cuerpo y me ordenó que lo tocara también. Me decía "pequeña puta deliciosa" y no paró hasta que se cansó. Cuando terminó, se quitó de mí y se puso su ropa. Yo me quedé en la cama hecha un ovillo, llorando descontroladamente porque me dolía, porque me había lastimado y porque me sentía horrible. Él no dejó de decirme que lo había disfrutado bastante, y que a pesar de ser una niña, ya estaba lista para hacerlo con cualquiera.

James se acercó a mí, y aunque no quería que me tocara de nuevo, me vistió con sumo cuidado, me arregló el cabello y me enjugó el rostro. Por último, me tomó de la mano y me acompañó a las escaleras.

-Isabella, si le dices a alguien de nuestro pequeño secreto, te voy a buscar para estar contigo otra vez. Estuviste deliciosa, y todavía quiero disfrutarte y enseñarte más -me acarició ahí donde me habia lastimado y me quejé débilmente por el dolor-. No le digas a nadie. A nadie.

Me encontré con Edward en la puerta, que venía a buscarme para cortar el pastel.

-Te tardaste mucho, y venía a ver si no te habías caído otra vez -se rió. Yo pensé quie si hubiera llegado antes me hubiera podido ayudar y su hermano no me habría lastimado. Las lágrimas brotaron de nuevo, y él se disculpó por haberse burlado-. Lo siento Bella. Pero dime, ¿por qué te tardaste tanto? ¿Y por qué estás tan triste?

-Es que me lastimé la mano -le mentí. Él me acarició con cuidado la mano que me habia lastimado, y agradecí su cariño, pero en ese momento, había cosas que me dolían más que una simple esguince, por ejemplo, mi corazón.

Yo ya no sonreí más desde ese día. No le dije a nadie. En los siguientes días me quedé encerrada en mi cuarto, no queria salir por ningún motivo. No aceptaba que ningún hombre se acercara a mí, sólo mi papá y Edward. Me enfermé a tal grado que mis papás me llevaron al hospital. La doctora que me atendió, ya que no dejé que ni siquiera el papá de Edward me tocara, me diagnosticó una anemia leve y un temprano embarazo. Apenas había empezado a tener mi periodo y ya estaba embarazada.

Mis papás no lo podían creer. Los tres estábamos llorando. Ellos por la noticia y yo por el terror de esa tarde. Me pidieron, rogaron, amenzaron e imploraron que les dijera quién había sido, pero no podía. No quería que James lastimara de nuevo. Charlie, mi papá, estaba desesperado. Él era el jefe de policía y estaba ansioso por dejar caer todo el peso de la ley sobre el maldito que se había aprovechado de su hija, pero no podía porque yo no le dije nada. Renée sólo lloraba conmigo, abrazándome y me decía que todo iba a estar bien.

La doctora les dio a mis padres la opción de practicarme un legrado. Charlie y Renée lo discutieron. Por un lado, pensaban que yo era demasiado pequeña para tener un bebé, pero por otro lado estaban sus creencias acerca de lo que Dios opinaba del aborto. Al final decidieron que tuviera el bebé. Antes de los doce años, yo ya iba a tener un hijo.

Por supuesto, nos fuimos de Forks. Nadie supo lo que me pasó. Sólo la doctora y un par de enfermeras del hospital, pero mi papá las amenazó con una fuerte demanda si decian algo. Prometieron guardar silencio. A mi no me importó a dónde iriamos ni lo que mis padres dieron como excusa para nuestra repentina partida. Lo único en lo que podía pensar y lo que más me dolió dejar fue a mi amigo Edward.


no0ta d la autora:

hoola! se ke no soii la mejor ezcribiiendo pro sta idea me habiia eztado dando vueltas i keria cmpartiirla cn uds ezpero k les guzte

byess*