Disclaimer: Crepúsculo no es mío.

Summary: Viñeta; El primer beso de verdad entre Bella y Edward. Situado en Crepúsculo.

El primer beso de verdad

—Y tu boca me dan ganas de besar.

Y tus manos me tocaban,

me llevaban al espacio—.

Antes de Colgar – Poyo Segovia

Bella POV

Estaba viendo la televisión en el sofá.

Charlie tuvo que salir de emergencia hacia una tienda que fue asaltada a las afueras del pueblo y Edward estaba cazando. Ya tenía dos horas aproximadamente, así que no faltaban más que treinta minutos para que regresara.

Estaba haciendo zapping, viendo sin ver nada. Cuando en uno de los canales salio una escena que me llamo la atención: dos personas se estaban besando. Pero no era cualquier beso, era un beso de verdad. Lo hacían con tanta pasión y amor —ficción, claro, era una película— que reflejaba ternura.

Eso me hizo reflexionar.

Edward y yo teníamos saliendo más o menos dos meses y no salíamos de los besos castos. El siempre decía que era demasiado arriesgado para mi, pero a mi me gusta el peligro.

Cuando mucho me dejaba entreabrir los labios para embriagarme de él, de su embriagante fragancia; pero después con suma delicadeza me alejaba y me daba un sermón de por que era muy arriesgado llegar a esos extremos.

Y yo me enfurruñaba, por que exageraba demasiado. Un simple beso de verdad era lo único que pedía, solamente eso, ¿Qué Dios me odiaba tanto?

Pero hoy las cosas cambiarían.

Cuando menos pensé, unas manos heladas se posaron en mis ojos.

—¿Quién soy? —dijo una mala imitación de la voz de Emmett.

—¿Mike? —pregunte, sabia que era él. Mi única intención era hacerlo enojar, siempre era divertido.

Bufo, quito sus manos de mis ojos y me miro con el ceño fruncido. Después, muy lentamente, se sentó a mi lado, lo mas lejos que el sofá se lo permitía.

—¿Estas enojado? —pregunte inocentemente.

—Si —dijo de manera cortante y fría. No me miraba a los ojos.

De manera lenta, comencé a moverme por el sillón hasta terminar en su regazo. Él estaba rígido y no me miraba, hacia como si yo no existiera. Estaba enojado. Tal vez la broma no fue una buena idea.

—¿Me perdonas? —le pedí. Haciendo la mejor cara de cachorrito que pude.

—No se —dijo, aun sin mirarme. Sus labios se curvaron y los apretó, intentando ignorar su sonrisa, intentando parecer enojado.

Me acerque muy lentamente a él, juntando nuestros labios en un simple beso. El paso sus manos por mi cintura y me apretaron con dulzura. Yo pase mi mano derecha por su nuca y la mano izquierda la deje en su cuello.

Entreabrí los labios para embriagarme de él. Al ver lo que intentaba hacer sonrío aun contra mí y los entreabrió también. Enrede mis dedos en su pelo y acerque mas —si es que era posible—, ganándome un leve gemido de su parte.

Dude. Dude de lo que haría. ¿Qué tal si no le gustaba como beso? ¿Qué tal si le desagrado?

Es ahora o nunca, me animo mi conciencia, ¿o era mi locura?

Con mi lengua toque su labio inferior, pidiéndole permiso para entrar a su boca. Él entendió la indirecta y sonrío de nuevo.

Esperaba que nos separara en ese instante y me empezara a regañar, diciéndome de nuevo el por que no era bueno llegar a esos besos. Pero en vez de hacer eso el abrió su boca, dándole la entrada a mi lengua.

Nuestras lenguas empezaron a danzar temerosas, tímidas y con un toque de inseguridad primero. Pero después lo hacían como si no se fueran a volver a tocar nunca, como si su vida dependiera de ello, como si no hubiera un mañana.

Cuando me falto el aire, se separo lenta y dulcemente de mí, con esa sonrisa en su hermoso rostro. Y yo me sonroje, mire a mi regazo y sentí como toda la sangre del cuerpo me abandonaba para alojarse en mis mejillas.

—Te perdono, mi amor —dijo, con la sonrisa torcida que yo tanto amaba.

Fin