Disclaimer: Avatar la Leyenda de Aang/El último maestro aire pertenece a Mike y Bryan, Nick y VIACOM

Nomenclatura:

Cursivas = Cartas y Recuerdos
"" = Diálogos
' ' = Voz Activa
-- = Cambio de escena


LA DAMA BLANCA
Epílogo


Tres gotas de tinta cayeron libremente antes de congelarse en la madera y Katara suspiró. No que le importara mucho dejar su escritorio lleno de tinta, por el contrario, eso era algo cotidiano para ella de tantas cartas redactadas hacia la nación del fuego. Más bien se debatía sobre qué escribir, habían pasado ya tantas cosas y tanto tiempo desde que se despidió de Zuko en aquél muelle junto a su madre que ya no sabía si aquél romance había sido real o no.

Esa mañana había intentado inútilmente tres veces y ninguna introducción le parecía suficiente, hablar de Azula seguía siendo un tema complicado pues la princesa aún no daba síntomas de mejora y eso que ella misma había intentado curarla. Todo era en vano, su parálisis no daba señales de curarse y lo peor era que la maestra agua muy en el fondo estaba agradecida de tal situación pues sólo con la caída de la hija de Ozai cesaron todas aquellas terribles rebeliones internas en contra del señor del fuego.

No, definitivamente Azula no era buen tema. Su segunda opción fue Tsumi pero de la misma forma terminó arrugando el pergamino. Parlotear todo el tiempo sobre su mamá sólo la alejaba más de él, era verdad que Ursa le habría ayudado en el pasado como nadie en el mundo y que incluso la llegó a considerar lo más cercano a una madre, pero no era un tema de conversación con Zuko a menos que quisiera convertirse en una simple amiga para él y en todo caso, ella podía escribirle directamente a la señora.

Finalmente, la tercera opción había sido la dama blanca. Pero recordar el pasado sería revivir no sólo su aventura heroica sino sentimental. Le dolía reconocerlo pero la verdad era evidente, se le acababan los recursos y con ello la esperanza. En pocos días cumpliría dos años de haber regresado a casa de su padre como una simple mujer a trabajar en su tribu y evitar a toda costa las tontas presunciones de marineros demasiado poco dignos para la heroína de la Nación del Fuego.

O eso había estado creyendo todo ese tiempo, fantaseando que su Señor del Fuego fuera a reclamarla. Sin embargo, de acuerdo al Avatar, Zuko estaba demasiado ocupado con trámites aburridos y conociendo a jóvenes aristocráticas y diplomáticas como Mai. En un principio, Katara habría pensado que Aang lo hacía por celos pero los hechos hablaban por sí solos, cuando Zuko le escribía parecía demasiado cortés para su gusto y ¡qué más decir! En todos esos malditos días no la había ido a visitar ni una sola ocasión.

No supo en qué momento había estrujado tan fuerte su carta aún en blanco, reaccionó cuando dos calidas lagrimitas resbalaron de sus mejillas provocando una sensación cálida en su piel. Apretó sus pestañas aún más liberando un quejido aparatoso…

Zuko preguntaba por milésima vez si no olvidaba nada en el Palacio. Ella negaba con una débil sonrisa sin mirarlo a los ojos.

Tan fugaz y nítido llegó ese recuerdo que tuvo que sostener su cabeza entre sus manos para no desplomarse. Casi podía visualizar el muelle, los barcos atrancados, su hermano cargando el equipaje y a las dos personas frente a ella.

No podía enfrentar esa mirada triste. Pero sabía que tenía que hacerlo, se había acostumbrado al clima, a la comida, a los vestidos, incluso al palacio, pero más que nada al maestro fuego.

No quería dejarlo porque le dolía hasta el alma de pensar en no volver a verlo. Pero era hora de regresar a casa. Él no la necesitaba más porque ya todo estaba en su lugar, como debía de ser. Además ella pertenecía al Polo Sur. Lugar que no había pisado en al menos dos años. Tenía que terminar el ciclo y poder iniciar uno nuevo. Por ella. Se lo debía a sí misma.

"Todo listo, Katara" señaló Sokka con una sonrisa "Adiós, Zuko; Señora Ursa."

Esas palabras contrajeron sus pupilas azules. Su hermano comenzaba la despedida. El nudo en su garganta se agravaba a cada segundo. Miró a Ursa y reconoció en su sabia mirada una chispa de tristeza. "Katara…" comenzó con una voz suave "Eres la chica más valiosa que he conocido." Se acercó hasta rodearla con sus brazos y apretar sus densas pestañas por la emoción del contacto. "Agradezco a Agni haberte conocido. Estaré siempre en deuda contigo."

A Katara se le quebró la voz "Usted ha sido una bendición en mi vida. Jamás olvidaré a mamá, pero usted logró sanar la herida que su muerte me dejó. Se lo agradezco tanto…" las lágrimas resbalaron sinceras hasta perderse en la tela y la madre de Azula tomó su rostro dándole un beso en la mejilla.

"Ha sido un placer, querida" Katara secó sus lágrimas, si despedirse de Tsumi era desgarrante, decirle adiós a su hijo sería peor.

Cerró los ojos con fuerza antes de mirar a Zuko.

"Suficiente, Katara" se dijo a sí misma obligándose a salir de aquél recuerdo, "Si no sabes escribir cartas, mejor ocúpate de tus quehaceres. Tal vez algo de agua control para comenzar"

"Si tuviera que recibir un rayo para hacer que vinieras, lo haría mil veces, Katara" dijo sinceramente el chico. "Fue tan poco tiempo y aún así logramos tanto…"

Ella tragó en silencio. Sus ojos llenos de lágrimas "Si tuviera que hacer sangre control para evitarte un rayo lo haría sin pensarlo" él secó sus lágrimas.

"Agghhh! Suficiente, Katara!" esta vez más enfadada, la hermana de Sokka logró levantarse de su asiento y salir de su tienda limpiándose los rastros de sus lágrimas

--

"Creo que tu hermana se quedó dormida" Bromeó Aang al ver salir a su antigua maestra

La expresión de Sokka se entristeció por un segundo al ver a Katara, le había prometido a su hermana no hacerle más preguntas sobre su estado anímico desde hace meses y sólo el honor de su palabra lo detenía de obligarla a contestar a todas las preguntas que tenía. Evidentemente sospechaba de un posible romance entre ella y Zuko, pero más allá de eso quería saber si había un compromiso de por medio, al menos como promesa. Por que ni todos sus intentos por persuadirla con algunos chicos de la tribu había surtido efecto. Katara estaba loca por Zuko y no lo superaba ni con el paso del tiempo.

Su padre comenzaba a preocuparse porque además dentro de su comunidad no faltaban los rumores y la lealtad que su hermana profesaba a una esperanza –que a su gusto estaba perdida- sólo acrecentaban sus temores. Definitivamente había pasado algo mucho más serio de lo que ninguno de los dos les gustaría aceptar.

Unos golpecitos en su bota lo hicieron regresar a la realidad. "¿Puedo ir al baño?"

Sokka miró al niño un tanto desconcertado y luego a los otros seis que lo esperaban impacientes desde su lugar. Desde su regreso al polo sur se había dedicado a educar a los más pequeños no para ser guerreros sino para saber ser hombres, desde saber pescar hasta saber defenderse en caso de alguna tempestad.

"¿Quién más quiere ir?"

Al menos tres manitas se alzaron al aire y ladeó una sonrisa, había cosas que no cambiaban por más que el tiempo pasara.

--

"Luce espectacular, maestra Katara" señaló un chico su complicado peinado antes de salir corriendo a los muelles donde se encontraba Hakoda. Tiempo atrás se hubiera reído del comentario pero ahora sólo la arrastraba a los recuerdos:

"Tiene tiempo que no te veía así" había dicho tocando delicadamente una de sus trencitas, la cual había vuelto a crecer después de haber sido quemada en aquél barco antes de enfrentar a Azula "La última vez que traías ese peinado fue en Ba Sing Se. En las catacumbas"

"Y tú te ves mejor así" se había alzado de puntitas y soltado la corona de Zuko. Su cabello había resbalado por sus sienes y el rojo teñido sus mejillas en silencio. "Me recuerdas a los días que pasamos en la Isla Ember"

"¡Katara, apúrate!"

En el presente, Katara recordó el único momento en su vida en el que había llegado a detestar a su hermano. Los había interrumpido y de paso obligado a despedirse.

"Creo que no es bueno hacerlo esperar." Había comentado Zuko mirando a su madre, quien le dirigía una mirada de súplica. "Además, no es que no nos vayamos a volver a ver"

Ella había asentido con un latido emocionado en el pecho "Sabes el camino al Polo Sur. Le pediré a Twi y a La que tengas vacaciones pronto. No me gusta esa cara tan seria"

Definitivamente sonrió torpemente, pensar en Zuko siempre la hacía sentir feliz, un poco de nostalgia tal vez, pero era seguro encontrar esa chispa que por momentos se borraba de sus ojos en la soledad de su habitación.

Levantó sus manos al aire y trazó suaves círculos para invocar al agua. Quería distraerse para irrumpir en su memoria y concentrarla en su entrenamiento. Intentó concentrarse.

Su mano había rozado la suya suavemente hasta dejar sellado un apretón, las siguientes palabras fueron estacas de hielo: "Nos vemos Katara."

"Adiós, Zuko"

Tratando de huir, había dado media vuelta y marchado hacia el barco. Sokka estaba dando señales de liberar los nudos del navío para desembarcar.

Recordó a la perfección como con cada paso su corazón se rompía, ¿por qué no pudo decírselo en ese entonces? ¿por qué tuvo que ser tan débil como para no tocar el tema? Quería gritarle que quería quedarse a su lado y no irse a casa. Pero la cobardía no la dejó, sólo el miedo de perderlo le habría dado la fuerza suficiente para…

"¡Katara!" la joven mujer soltó el látigo de agua "Jamás había visto un ejercicio tan tortuoso como ese!"

"¡Aang!" reprochó de inmediato "Yo… ¿de qué hablas?"

"Ese látigo se retorcía como un gusano aplastado, Katara!" La sonrisa del monje se borró de golpe "Lo siento, eso sonó horrible… bueno! Lo que quería decir es que estoy un poco preocupado por ti"

"Creo que no dormí bien eso es todo." La verdad era que odiaba ser grosera con Aang, pero hablar de Zuko era un lujo que no tenía y mucho menos con él "Si me disculpas, creo que hoy no entrenaré. Estaré cosiendo en mi tienda"

El Avatar levantó su báculo en el aire con intención de retenerla con su aire control pero la mano de Hakoda lo detuvo en seco.

"Seguramente eres suficientemente sabio para controlar todos los elementos, joven Aang, pero no lo necesario para entender el corazón de mi hija" Le amplió una sonrisa "¿Sabes? Tu aire control no mejoraría la situación, pero… el nacimiento de las focas-pingüino mejoraría un poco su ánimo".

No hizo falta más para que Aang corriera esperanzado en dirección a su amiga, efectivamente había perdido su amor desde hace mucho tiempo, pero su amistad era algo que no se permitiría perder.

--

Faltaban unos pasos para subir al barco cuando hubo girado sobre sus talones y corrido hacia él. No tardó en sentir sus dedos en su cuello y su cuerpo tembloroso apretarse contra él. La sentía estremecerse como una niña, no pudo evitar sostenerla con fuerza, de hecho sintió por un momento miedo a lastimarla.

"Zuko yo…"

"Te voy a extrañar muchísimo, Katara" dijo con la voz ronca. La conocía muy bien como para saber que su garganta le lastimaba a cada palabra que decía, de ser posible le evitaría tristezas innecesarias, aún si eso significaba que él soportaría toda la carga emocional que implicaba esa separación. "Pero sé que tienes que partir y no puedo ser tan egoísta."

Ella cerró los ojos dejando otra lágrima caer "Mi corazón se queda contigo." Lo siguiente que Zuko sintió fue un dulce y corto beso en la mejilla, luego añadido en un susurro, le suplicó: "Búscame"

Había quedado perplejo pero nada dijo. La vio correr en dirección al barco con el pecho adolorido. Sólo la mano de su madre en su hombro evitó que se derrumbara en llanto y así, con una mirada serena la había visto zarpar.

"Seguramente ha de odiarme" El Señor del fuego se talló por milésima vez la frente, estaba dándole demasiadas vueltas a las cosas, las cartas de Katara eran cada vez más cordiales, diplomáticas, simples… "Soy un imbécil, seguramente ya se olvidó de mí"

Ursa entonces hizo acto de presencia y sin palabra alguna sacó de su buró una pequeña caja, mirándolo fijamente se la colocó en sus manos y besó su frente. Con la misma naturalidad salió de su habitación tarareando una canción.

Zuko acarició la caja y la abrió con delicadeza, conocía a la perfección su contenido y por ello se tomó el tiempo de sentarse al momento de sacarlo. Un brillo decidido cambió la expresión de sus ojos, reposando entre sus dedos yacía la trenza quemada de Katara.

--

La hermosa chica terminó de peinar su cabello en una trenza. Ursa le había dado buenas ideas para recoger su cabello y a pesar de las múltiples miradas sospechosas de las mujeres de la aldea, ella parecía disfrutar mucho cada vez que lucía un peinado de la Nación del Fuego. Además era una de las pocas cosas que se permitía recordar de su estancia con Zuko.

Los vestidos tendrían que aguardar para alguna ocasión en la que saliera del Polo porque con la temperatura de esa zona sólo lograría congelar su cuerpo y morirse de hipotermia y eso era algo que no pensaba hacer por más que su corazón estuviera roto. Bueno… no tan roto.

Se sentó en su escritorio. Desde hacía muchos meses, su tienda estaba vacía porque estaba dispuesta sólo para ella y Hakoda. Sokka tenía su propia tienda y Gran Gran se había mudado a otra con Pakku. En automático abrió el cajón en el que guardaba las cartas de su ni-siquiera-novio Zuko, recorrió con la yema de los dedos los papiros que tantas lágrimas y sonrisas le habían robado y prosiguió a buscar la tinta.

En el Polo Sur no existían los tinteros porque estarían congelados, más bien era una masa negra que se diluía en un poco de agua. La espesura era perfecta y empapó el pincel en el líquido. Estaba emocionada porque esa mañana tenía muchas cosas que escribirle a Zuko.

Iba a comenzar por contarle la llegada de la nueva generación de pingüinos foca cuando la voz de Sokka interrumpió. "Katara voy a entrar"

Ella giró su torso y lo recibió con una ceja alzada "Estoy ocupada."

"Sí. Ya sé que le estás escribiendo." Dijo cansado "¡No puedo creer que después de tanto tiempo le sigas escribiendo a diario!"

"¡No es a diario!" se defendió calurosamente "Ayer no le escribí y en todo caso el tarda una eternidad en contestarme"

"Mentira, siempre llegan un montón cada semana" dijo exasperado "Si tanto lo quieres por qué sigues aquí?"

Ella pareció dolida "No es algo que te importe"

"Eres mi hermana, claro que me importa."

Ella suspiró agotada de tragarse todos sus sentimientos "Ya no creo que él me corresponda" escupió finalmente. "Ahora parezco sólo su amiga, creo que sólo fui su apoyo cuando más lo necesitó. No me sorprendería que de un día a otro nos enteráramos de que se casará con alguna noble de su Nación" Suspiró "Si no es que ya lo hizo"

"No conozco mucho a Zuko. No tanto como tú, pero no creo que le seas indiferente" La chica evadió la mirada y Sokka se dio por vencido; su hermana se había vuelto más fría de lo que era antes, sólo le encontraba chispas de verdadera alegría cuando le llegaban cartas extranjeras, porque siempre era el mismo remitente. Sabía que le había fallado al no ser un buen confidente para sus sentimientos, pero para eso debía estar su madre y Kya había muerto hace mucho tiempo. Con tristeza, se limitó a levantar un paquete. "Llegó esto esta mañana."

Ella volteó esperanzada pero al ver que no se trataba de una carta el brillo de sus ojos volvió a opacarse "Gracias, Sokka". Él iba a retirarse cuando Katara habló "Perdóname. Por todo"

El chico ni siquiera la miró "No importa" y salió dejándola con sus pensamientos y cartas.

La maestra agua volvió a su pincel pero no podía escribir. La interrupción le había robado la inspiración, enojada miró el paquete. ¿De quién sería?

Del tosco cuero negro sacó una hermosa caja decorada. Desdobló cuidadosamente el elegante papiro dorado. Por el detalle podría tratarse de un obsequio de Ursa. Así que se aventuró a cortar la envoltura con un hilo de agua. Encontró una carta con la caligrafía a la que tan acostumbrada estaba.

Sé que jamás reemplazará al que perdiste pero te ofrezco este a cambio, con un significado diferente. Es tuyo porque ha sabido llegar a tus manos, encontró el camino a ti y me lo mostró.

Prometí buscarte.

Sólo espero que quieras recibirme.

Su corazón latió con fuerza, debajo de la carta había una exquisita caja bordada en hilo de oro con detalles de azucenas de fuego en color rojo. Descubrió que sus manos se movían frenéticamente sin que ella pudiera controlarlas, deseó por un momento que Hamma le hiciera sangre control para controlar sus nervios.

Por fin removió la tapa y se cubrió la boca con ambas manos, su visión la traicionó y comenzó a empañarse con lágrimas. Cerró los ojos y rogó que eso no fuese un sueño, una fantasía creada por su mente traidora. Al abrir los ojos su mirada se topó con un collar que tomó en sus manos y con la punta de sus dedos trazó la insignia gravada en la gema escarlata, era un adorno precioso, tallado a mano, seguramente con fuego, no, con fuego control. Al girarlo, su corazón se alegró más al reconocer los caracteres.

Mi corazón es tuyo

Apretó la joya contra su pecho. No supo si fue la fuerza de aquellas palabras o la alegría de su corazón pero de pronto todo comenzó a temblar. Se levantó alarmada y escuchó el murmullo de la gente afuera de su tienda. Salió de su habitación. No estaba su padre. Al salir a la fría nieve observó a la gente mirando al horizonte, siguió sus miradas y casi se desmaya de la impresión.

Era un barco de la Nación del Fuego. No era un buque de guerra ni una embarcación mercantil: era la escolta real del Señor del Fuego. Zuko estaba allí. A unos metros de ella. Lo que por años había soñado se volvía realidad en un día cualquiera…

Sus pies la traicionaron y corrieron en dirección al mar viendo esperanzada como una escalinata descendía hasta la costa. Allí volvió a verlo después de tantos meses de ausencia, estaba bajando del barco tranquilamente. Su cabello recogido en su corona y su armadura negra que tanto le gustaba. Faltaba poco...

--

Zuko no terminaba de tocar la nieve cuando divisó a la chica correr hacia él. Dio un paso al frente y ella se frenó como si de pronto hubiera cambiado de idea. Su primera impresión había sido que ella saltaría sobre él pero ahora Katara permanecía a un metro de distancia con sus mejillas sonrosadas por el esfuerzo y una respiración agitada.

Súbitamente ambos se reconocieron después de meses, el paso del tiempo había hecho de Katara una joven hermosa y encantadora, su cabello estaba más rizado y largo de lo que recordaba, su barbilla afilada y su nariz finamente respingada. Su figura seguía siendo esbelta pero ahora tenía unos centímetros más de altura. Zuko por su parte había crecido mucho más que ella y su torso se había ensanchado, sus facciones eran maduras pero a diferencia de lo que Katara hubiera pensado, su cabello se mantenía recogido en su totalidad, tal como lo recordaba y no como los anteriores señores del fuego.

El silencio comenzó a ser un poco incómodo y a sus espaldas no faltaron los curiosos.

"Hola" se limitó a decir la chica.

Por su parte, Zuko se sentía ridículo, había pensado en abrazarla, besarla, tomarla entre sus brazos y no soltarla pero muchas cosas lucen más sencillas en la imaginación y ahora que se encontraban frente a frente no sabía ni como se llamaba él mismo. Cerró los ojos y suspiró. Al abrirlos, avanzó un paso más.

Ella también.

"Te ves hermosa" luego tomó un mechón rebelde de cabello y lo colocó detrás de su oreja. Ella aprisionó su mano con la suya y al hacerlo, ambos sintieron el collar que ella guardaba celosamente en la mano. "¿Te gustó?"

"¿Recuerdas…estás consciente de lo que esto significa?"

El sonrió "Que no puedo vivir sin ti" murmuró apoyando su frente en la de Katara.

Lo inevitable pasó y Katara lloró. No podría describir su felicidad, ni siquiera podría describir la falta de credulidad sobre los eventos que acontecían, simplemente él la había buscado, cumplido su promesa a pesar del tiempo y la distancia, por increíble que pareciera "Es que yo pensé que tú…"

Él besó su frente y luego su nariz "Lo que siento siempre ha sido real." Un beso tímido acarició sus labios y otro más sus manos "Te amo, Katara. Fui un idiota al dejarte ir. Por favor, quédate conmigo"

La aldea entera observó como Katara lo rodeó por el cuello antes de besarlo y con una gran satisfacción Hakoda observó como su futuro yerno colocaba un collar rojo en el cuello de su hija.

Y así una historia se contó. Cómo un príncipe se convirtió en enemigo, y como un enemigo se convirtió en un amante. Dos elementos opuestos unidos por el balance, la armonía y el amor.


La verdad es que me tardé demasiado escribiendo este epílogo porque no terminaba de gustarme, pero por fin me decidí a terminarlo, espero que les haya gustado. Creo que quedan muchos cabos sueltos pero prefiero dejarlos a la imaginación, en otra versión escribí lo que pasa con Toph, Iroh, Mai y Suki pero creo que conforme fluyó la historia lo más importante fue lo que se aclaró y lo que no queda como cada uno de ustedes lo decida.

Gracias por el tiempo de lectura y su paciencia, gracias por sus comentarios y sus porras, la verdad no tengo idea si habrán más historias pero por lo pronto les dejamos un recuerdito resuri-chan y yo: Resuri-chan . deviantart . com/art/Zutara-Jealousy-133171123 (recuerden quitar los espacios)

.:Mominski:.