Bueno, como lo prometo, el ultimo capitulo, ahora si ¬¬ de mascara de odio, el epilogo desde el punto de vista de Edward, corto en comparación con los demás capítulos, pero me pareció mal extenderlo más, ya que finalmente ellos están donde quieren, felices unos con otros.

Muchas gracias nuevamente por todo su apoyo, comprensión y paciencia, jamás olvidare la manera en que abrieron sus corazones a esta historia que surgió de una idea muy elemental y se convirtió en todas las letras que la componen, fue un año que me cambio la vida y espero seguir contando con todas y todos para futuros proyectos.

Un abrazo enorme y las tendré siempre en mi corazón.

Gracias a Stephenie Meyer por haber creado a estos personajes.

Edward Cullen.

El viento azotaba mi cabello, bastante cubierto de canas ahora, mientras depositaba las flores en la tumba de nuestros hijos. El tiempo había hecho poco con la lapida ya que entre Bella y yo nos encargábamos de mantenerla limpia.

Aunque no se podía notar el paso del tiempo en ella, estaba segura que en nosotros sí. Y no podía importarme menos.

Mire mis manos, esas que habían depositado las flores, manos que habían cometido actos deplorables con solo una firma, pero que al mismo tiempo se habían esforzado al máximo por redimir cada uno de ellos.

A lo lejos se escuchaban los villancicos que venían de la casa, esa noche iba a ser Nochebuena y en unas horas Renesmee llegaría de la universidad para pasar las fiestas con nosotros.

Ese viento traía susurros del bosque detrás de la casa, risas, solo podía identificarlas como eso, risas de niños, niños felices.

Como los míos.

El día que nació Renesmee jure que no haría pasar a Bella por otra cirugía para traer a algún niño al mundo, pero el amor que le tenía, la lujuria que me despertaba, y otros muchos factores hicieron mucho en mi contra por ese deseo.

Cuando Renesmee cumplió cinco años, diez años después de que nos casáramos, Bella quedo nuevamente embarazada.

Cuál fue nuestra sorpresa y regocijo cuando en la ecografía del segundo mes se rebeló que Bella no estaba embarazada de uno sino de dos bebes.

Ella tuvo un breve episodio de depresión y alegría a la vez por todos los recuerdos, pero me dejo estar a su lado, en esa oportunidad. Pude acompañarla durante todo el embarazo y la cesárea posterior.

Igual que los dos ángeles que ahora estaban en el cielo, un niño y una niña.

Bella los bautizo como mis padres, y en esta ocasión tampoco hubo poder humano o familiar que la hiciera cambiar de opinión.

Su familia la visitaba constantemente, en todo ese tiempo, lo cual era algo bueno para ella, su padre, después de varios años de vivir en unión libre con una mujer muy buena y hermosa, se caso en una ceremonia sencilla a la que solo asistieron los familiares más cercanos.

Nuestros hijos, ahora, tenían casi 16 años y pronto terminarían la escuela para entrar a estudiar a la misma universidad en donde Renesmee estaba por terminar la carrera que había escogido. Trabajo social.

Había heredado de Bella esa tendencia a ayudar a todo el mundo y era la mejor de su curso.

Carlisle e Esmee reían en el interior de la casa, seguramente Renesmee acababa de llegar, contrario a muchas relaciones entre hermanos, las de nuestros hijos era perfecta. Claro habían tenido sus conflictos infantiles pero los menores adoraban a Renesmee y ella a ellos.

Sentí unos dedos fríos y delgados entrelazarse con los míos.

Mire hacia el lado y vi a mi esposa sonriendo bondadosamente a mi lado.

- Pensé que te habías ido a la empresa. – dijo ella mirando hacia la lapida – Hola – saludo a nuestros hijos suavemente.

- no, todo quedo listo, al menos hasta inicios de año nadie ira a trabajar, todos podrán pasar fiestas con sus familiares.

- me alegra oír eso, hice lo mismo en el restaurante. La junta pensó que había enloquecido porque esta época es bastante más productiva que las demás del año, pero les dije que si les gustaría estar en el lugar de los trabajadores y pasar las fiestas alimentando a personas ajenas que están celebrando, y nadie dijo nada. Creen que soy una jefe demasiado blanda.

- eres una jefe de lo mejor, dímelo a mi – dije riéndome

Ella me dio una palmada juguetona en el hombro. Se arrodillo y rezo una oración para nuestros hijos.

Me quede hasta que termino, momento en el cual se puso de pie y me dijo.

- Renesmee ya esta acá, está preguntando por ti.

- me alegra que los exámenes la hayan dejado el tiempo suficiente para venir a pasar las fiestas con nosotros.

- sabes cómo es, no iba a permitir que alguien o algo le impidiera venir a casa a comer las delicias de su madre, así que presento todos los exámenes antes que los demás.

-esa hija…- dije negando con la cabeza, a su edad yo estaba más preocupado por hacer mi carrera completa y aprender todo lo que pudiera asimilar mi cerebro para hacer dinero y más dinero. Mi hija hacia lo mismo que yo, pero no por dinero, sino para estar con nosotros. No podía sentirme más orgulloso.

Respecto a mis dos diablillos, cada uno de ellos tenía claro lo que quería ser en la vida. Esmee quería ser médico, y Carlisle quería ser artista.

Lo opuesto a sus abuelos, pensaba constantemente.

No era nadie para arrebatarles sus sueños así que estábamos de acuerdo en todo. Ellos sabían cuales eran las condiciones, esforzarse por ser los mejores cada día. No podían mostrarse más de acuerdo.

Dando un último adiós a mis otros ángeles, al menos por ahora, tome la mano de Bella y ambos caminamos lentamente hacia la casa.

Era feliz.

Y mi felicidad había durado mucho tiempo, y seguiría durando siempre. Me había realizado como hombre, como padre, y si Dios me daba vida me realizaría como abuelo.

Después de hacer un recuento de todo solamente podía concluir una cosa

La felicidad no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.

Yo había tenido esos pocos golpes de suerte, pero por obras del destino había sabido hacer de cada uno algo grande para mí.

Suerte, era tener una mujer que me amaba, aun a pesar de haberme comportado mal con ella, tenía una familia que, aunque no fuera mía sino de ella, me había acogido como un hijo mas dándome la aceptación que involuntariamente siempre había buscado.

No podía ni quería pedir más.

FIN