Aquí dejo mi primera historia sobre James y Lily. Está ambientada en el séptimo año al principio del año. Es decir, en plena ebullición de mariposas en el estómago por parte de Lily. Espero que os guste. Nada de esto me pertenece. Lo único que escribo y me perteneces son mis apuntes de neuroanatomía, y ni de eso estoy segura.

INMUNOLOGÍA.

-¿Qué ha pasado aquí?- Preguntaba con voz autoritaria mi compañero de curso y Premio Anual, mientras se acercaba a paso rápido hacia una pelea que había surgido a la salida del Gran Comedor, dejándome atrás de largo. Separó a los contendientes y se giró hacia mí.- ¡Mira quienes son!- Me señaló desde la distancia. En seguida reconocí el rostro de mi antiguo amigo Severus Snape y a uno de sus compañeros de Slytherin que me parecía que se llamaba Nott. Cuando llegué a su altura, los miré a ambos. Severus no me miraba. Tras lo que había pasado en quinto curso no me había vuelto a mirar cuando yo le miraba. Y a mí me seguía doliendo.

Nott, cuyo cogote, puede comprobar, estaba siendo agarrado firmemente por la mano de mi compañero, sin embargo tenía una expresión altanera y pude notar el desprecio en su mirada. Me sobrepuse a la mueca de asco que me dedicó al mirarle y alcé la voz.

-Sabéis que está prohibido el uso de varitas por los pasillos, y ya no digamos las peleas.- Dije mientras miraba a mi compañero. Pude ver una sonrisilla irónica que reconocí como un gesto inequívoco de que más de una vez se había pasado esa prohibición por un sitio donde no suele dar el sol. Pasé de él y centré mi atención de nuevo en los dos chicos.- Veinte puntos menos para Slytherin. ¿Algo que añadir?- Miré a Severus, y nada, ni un triste asentimiento fingido. Nott, sin embargo, había desayunado lengua y no vio el peligro.

- No tengo que darte explicaciones a ti, Sangre Sucia.- Supuse que soltaría algo como aquello, por eso me anticipé a los acontecimientos poniéndome delante de Nott con la mano levantada hacia mi compañero.

- Tienes suerte de que Evans no apruebe que utilice algunos hechizos para resolver eso.- Siseó mi compañero aplicando más presión en la nuca de Nott.- Eres demasiado blanda, Lily.- Dijo dirigiéndose a mí.

-No, James. Lo que es cierto no puede ofenderme.- James Potter me miró molesto, disgustado de haber escuchado esas palabras de mis labios. Me expliqué.- Soy hija de muggles, sí.- Dije dirigiéndome a Nott con la cabeza alta.- ¿Y qué?- Lamentablemente no pude prever que Nott me escupiera a los pies, por lo que no pude parar a Potter, que le empujó contra la pared y lo inmovilizó.

-Diez puntos menos para Slytherin.- Le gritó prácticamente James sin necesidad, pues estaba pegado a su oreja. Seguidamente bajó el volumen.- Y más te vale que te largues de aquí antes de que te rompa, accidentalmente, por supuesto, la cara.- James le soltó lanzándole a unos metros de distancia alejado de mí. En ese momento me giré hacia Severus. Esta vez me devolvió la mirada. La primera vez en dos años. Me sentía como si volviera a tener diez años otra vez.

- Será mejor que vayas a clase, Severus.- Snape me miró y asintió. Cuando se fue me giré para enfrentarme a James.- No debiste haber perdido los estribos así –Le dije intentando tranquilizarle.- sólo haces que actúe peor.

- No debió decir eso.- Replicó él testarudamente. Suspiré y le sonreí ligeramente.- Se que puedes cuidarte sola, pero…es que me saca de mis casillas.- Agregó como temiendo una reprimenda. Se había acercado lo suficientemente a mí como para que oliera su colonia. Demasiado para mis nervios. Me giré. Mire a la multitud que se había congregado para observar la trifulca y decidí evitar un mayor contacto con James intentando averiguar más sobre la pelea entre dos supuestos amigos como eran Nott y Severus.

-¿Alguien sabe qué ha pasado?- Pregunté en voz alta. Nadie respondió. Noté que había gente que se miraba entre sí, asustada. Yo sabía por qué. Todo el mundo sabía que tanto Nott como Snape, por mucho que me doliera, eran o estaban en proyecto de ser "Mortífagos". Curiosa palabra; comedores de muerte. Nombre carroñero para carroñeros.- Chicos, vamos. Confiad en nosotros. ¿De verdad creéis que vamos a ir corriendo a contárselo a alguien? -Noté a James reírse detrás de mí. Demasiado cerca. Me revolví, algo incómoda. De pronto vi como un chico de segundo año de Ravenclaw levantaba la mano. Yo le conocía. Era un chico simpático.

-Dime Charlie, ¿qué has visto?- El joven me miró sorprendido de que recordara su nombre.

- Ehh… pues oí a uno de ellos mencionar algo de Sangre Sucia, no sé a quién se refería, y luego vi al de la nariz aguileña lanzarse contra el otro.- Me giré a ver a James, para ver si tenía alguna explicación al respecto. No dijo nada. Sólo me miró y me hizo un gesto imperceptible con la cabeza.

-Está bien.- Dije en voz alta.- Gracias, Charlie. Que todos se disuelvan. Aquí ya no hay nada que ver.- A pesar de mis autoritarias palabras, nadie movió ni un músculo. Todos murmuraban entre sí. Entonces James tomó el relevo.

-Creo que alguien ha debido insonorizaros los oídos.- Dijo secamente.- porque si no n se explica que la voz de mi compañera no os haya hecho moveros.- La gente le miró como atontada. James les miró y les dijo con voz amenazantemente baja.- Moveos.- Como un resorte, la multitud comenzó a dispersarse lentamente. He de admitir que imponía bastante más que yo. Volví a percatarme de que estábamos demasiado cerca. Demasiado. Note que me cogía por el brazo u me arrastraba prácticamente hacia la Sala Común de Gryffindor.

-¿Qué opinas de todo es?- Pregunté nada más quedarnos a solas en la Sala Común.

-Que Nott te llamó Sangre Sucia y que Snape salió en tu defensa.- Me respondió James rápidamente. Me carcajeé en su cara. El se mantenía imperturbable, como si en absoluto se tomara a ofensa mi evidente incredulidad.

-¡Qué buena, James! Por un momento casi me lo creo.- Respondí sentándome en el tresillo. James se sentó a mi lado. ¡Qué manía tiente este chico de estar cerca! Intenté tranquilizarme mientras James volvió a hablar.

- No es broma, Lily.- Dijo.- Mira, sé que no hemos sido precisamente mejores amigos nunca. Pero, bueno, digamos que se bastantes cosas sobre ti.- Le miré con la ceja levantada dispuesta a interrumpirle, pero él se me adelantó.- Sé que has sido amiga de Snape. Que sois prácticamente vecinos, que él está enamorado de ti y que desde pasó lo de quinto en el lago se pelea con todo aquel del que oye la expresión" Sangre Sucia". Por eso considero que lo que te he dicho no es descabellado.-

Durante todo su discurso mi ceja subió y bajo al percatarme de la gran cantidad de cosas que sabía sobre mí. Me dio miedo. Debió de notarlo porque rió ligeramente y habló de nuevo.- No te preocupes, no soy ningún psicópata asesino. Sólo me fijo en la gente, aunque a veces no lo parezca.

-Ciertamente no pareces alguien que se preocupe demasiado por los demás.- James me miró medio dolido, medio divertido. Me di cuenta de que inconscientemente le había llamado egoísta. Y si bien es cierto que durante muchos años actuó como tal, nuestra cordial relación de semiamistad tildada de cierto cuelgue por mi parte, no estaba para tales sinceridades.- Quiero decir que no pareces percatarte mucho de lo que ocurre a tu alrededor.- James rió irónicamente.

- Te he entendido, déjalo. Me vas a dejar hecho un Elfo Doméstico con tanto halago. Sólo te falta decirme "suicídate".- Me puse roja. Últimamente eso pasaba con frecuencia cuando estaba cerca de él.

- No quería decirlo así, perdona.- Murmuré. Volví al tema en cuestión ya que este nuevo se me iba torciendo por momentos.- ¿Entonces realmente crees que Snape se peleó con Nott por eso?- James asintió.- Vaya.- La perspectiva me ilusionaba. No que se anduvieran metiendo puñetazos a diestro y siniestro, pero si me entusiasmaba la idea de volver a tener a mi mejor amigo de la infancia, aquel que me enseñó todo sobre la magia. Sin embargo, en seguida bajé de aquella nube que se me había formado en mi cabeza. "Él es un Mortífago, Lily" me dije a mi misma. Los ojos se me llenaron de lágrimas. Esas que estaban dedicadas a un amigo perdido y que llevaban retenidas dos años. James, obviamente, lo notó. Me pasó un brazo por los hombros abrazándome ligeramente y me pasó un pañuelo.

-Siento que perdieras a tu amigo por los ideales de un loco maniático.- Me susurró por encima del crepitar del fuego.- Por lo que he podido comprobar hoy, los dos lo estáis pasando mal.

-Él hace daño a la gente.- Repuse negando con la cabeza.- Hace daño a la gente. Me acuerdo que tuvimos una discusión acerca de sus amigos y alegó que tú haces lo mismo. James se puso en tensión y retiró su brazo de mi espalda.- Yo sabía que, aunque sois unos bestias no haríais daño a nadie por ser "Sangre Sucia" o "Sangre Limpia". Aunque reitero que muchas veces sois crueles.

-Éramos.- Me corrigió James. Cierto, pensé, desde que habíamos empezado el curso dos meses y medio atrás, aún no habían hecho acto de presencia (pseudovandálica) los Merodeadores.

-Erais.- Acepté.- El caso es que no es igual. No sé describirlo, pero lo vuestro son bromas, muy pesadas, pero reversibles y sin daños, al fin y al cabo. Lo suyo es maldad.- Miré a James entre algunas lágrimas que aún se escapaban de mis ojos, y le susurré.- Creo que son Mortífagos.

James me miró, como sopesando lo que había dicho. Le entregué el pañuelo y le susurre un tembloroso gracias.

-¿De verdad piensas que pueden ser Mortífagos?- Me preguntó con incredulidad.- Quiero decir que hay muchas personas que piensan eso, pero no se basan en nada con fundamento.- Me dijo. Genial. Pensó que hablaba porque estaba "sensible". Odiaba cuando la gente pensaba que no razonaba por ese motivo. Soy una chica lista, o por lo menos, así me considero. Me consideran adulta. Entonces, ¿por qué no se consideran mis pensamientos y opiniones como tales? Sinceramente, me escocía.

-Se tocan con frecuencia el antebrazo izquierdo, como si les picara. No soy idiota, ni sentimentalista, yo también me fijo en las cosas.- Dije rápidamente y con voz dolida. Sabía lo que ocurría a mí alrededor. Eso es lo que se llama tener uso de razón y la poseía desde hace bastante tiempo. Ahora no estaba triste, estaba cabreada. Me levanté con rabia. Había comentado esto antes con Alice y con Mary, pero les había faltado reírse en mi cara. Necesitaba que alguien me creyera. Que creyera mis argumentos.

- No te enfades, Lily. No estaba dudando de ti o de lo que te fijaras o dejaras de fijarte.- Se defendió James levantándose y girándome para que le mirara la cara. Fijé mi mirada en sus ojos, aún cabreada. Con cierta superioridad comprobé que no pudo sostenerla y rompió el contacto visual.- Me refiero a que no creo que a Voldemort le haga gracia andar de niñera.- Le volví a mirar. Por una parte tenía razón, pero por otra…

-A Voldemort le da igual la edad. Ya ves lo que hacen Avery, Nott y compañía. Están más que encantados de torturar a la gente. El tal Avery, éste, incluso le lanzó un par de Crucios a un chaval de primero por probarla. Cuando yo llegué, el pobre chico estaba retorciéndose de dolor y chillando como un loco. Son Mortífagos.- Agregué muy segura. En este momento James sí me sostuvo la mirada.

-Me habían hablado de lo de Avery, pero supuse que se había exagerado un poco.

- Pues te equivocaste.- Respondí. –No pude probarlo. El muy cabrón debía tener dos varitas; una para las clases como un niño bueno, y otra para los trabajos sucios, y se deshizo de ella. Por eso no fue expulsado. Sigue castigado desde febrero del año pasado.- Informé. Le tenía tal odio que escupía veneno por la boca a medida que hablaba. James me guió de nuevo para que me sentara. Estaba temblando de la rabia.

- Tranquilízate un poco.- Me dijo mientras conjuraba un vaso de agua.- Qué majos estos elfos. Bebe con tranquilidad. Te va a dar algo.- Cogí el vaso y bebí un poco.- Nunca te apasionas tanto cuando a la que insultan es a ti.- Sonreí ligeramente.

- He vivido con Petunia durante 17 años, estoy inmunizada.- James me miró sonriendo.- Lo curioso es que ella me insulta por ser bruja y los otros por "no serlo".- El moreno se sentó de nuevo a mi lado.

-Es lo que pasa cuando te ha pasado algo bueno. Mucha gente considera que no te lo mereces y en realidad, esa gente no te conoce en absoluto. Porque si no sabrían que no hay nadie que se lo merezca más.- Me sonrojé. Otra vez. No respondí al coqueteo y seguí hablando de Snape y sus arremolinados.

- No puedo con cosas como esas. Por eso no os soportaba.- Agregué dirigiéndome a James.- Ni entendía ni entiendo por qué lo hacíais.- James agachó la cabeza y miró a sus pies.

- Sí, bueno…- Le interrumpí.

- Sin embargo, hay una diferencia muy grande entre gamberradas muy bestias de críos de 13 ó 14 años, y las crueldades.- Noté que James se removía inquieto. Miré el reloj. Habían pasado casi tres cuartos de hora desde que salimos del Gran Comedor.- Eres una buena persona, James. Es la diferencia entre ellos y tú.

-¡Vaya!- Exclamó más tranquilo y sonriendo.- Me alegra saber que sólo me consideras distinto en un aspecto.- Seguía sonriéndome, lo que me hizo sonreír a mí. Aquello me hizo sentir valiente durante unos segundos.

- Estoy inmunizada contra muchas cosas, James.- Contesté levantándome para subir a coger los libros e ir a estudiar en la biblioteca. James también se levantó, siguiéndome y sonriéndome. Merlín, lo hacía a posta.

- Estoy seguro que hay cosas para las que te inventas que eres inmune.- Me giré hacia James, aún sonriendo. Yo estaba a mitad de la escalera y él empezando a subir. Sabía que estábamos coqueteando descaradamente, pero me sentí lo suficientemente valiente como para agregar algo más.

-Sí, tienes razón, quizá no a todo.- Le saludé con la mano y abrí la puerta de mi habitación.- Si vas a la biblioteca, te veo allí, James.- Según entré, escuché a James decir:

-Ten por seguro de que sí, aunque me cueste mi amistad con Sirius. El pobre necesita estudiar.

Reí mientras cerraba la puerta. Me tumbé en la cama. Era cierto que la gente podía ser buena o mala. Era cierto que una guerra estaba a punto de estallar si no lo había hecho ya. Pero habría cosas que no cambiarían. Y por mucho que me negara o me obcecara con lo contrario, contra aquello no tenía ni vacuna ni inmunidad.