EL EXPERIMENTO

Un grupo de niños curiosos se ven extrañados ante la posibilidad de que cuando crezcan querrán besar a sus congéneres del sexo opuesto, lo que los lleva a realizar un experimento con extraños e interesantes resultados, al menos para el revoltoso Edward Cullen y la desaforada e inocentísima Bella Swan.

Capitulo 1

EL VIDEO

3º grado – nueve años.

Recuerdo, como un sueño demasiado lucido para ser un sueño, el clik del interruptor cuando el profesor de biología apago la luz. Yo tenía nueve años y mi percepción del mundo era tan simple como que dos más dos son cuatro. Mi pequeño mundo de colores se basaba todo en una simple regla:

Los niños son... asquerosos.

Eso lo había comprobado yo mismita en el día a día de mi colegio, es que ¿Cómo querer a esos diablos disfrazados de personas? Eran gritones, peleones, tenían casi siempre la cara sucia y creían poder hacer todo lo que se les daba la gana. Empujaban a las niñas en la fila de la cafetería y escurrían líquidos por la nariz, incluso de vez en cuando por la boca. Las piernas las tenían horrorosas de tantos raspones y cortes que se hacían por correr como monos poco civilizados en el patio de recreo, y ni hablar de las costras ¡Parecía que nunca se les curaran las heridas que ellos mismos se hacían con sus juegos ridículos! Era todo un ciclo: Se caían −o peleaban con otro niño estúpido−, se hacían una costra, se la quitaban, la lanzaban a cualquier niña indefensa −varias veces a mí, por ejemplo− y se les hacía una costra sobre donde estaba la primera costra, o en algunos casos, la herida se curaba y se hacían otra en el mismito lugar... ¡Y el olor! Puaj, llegaban como angelitos a primera hora del instituto, pero apestaban como perros a la hora de la salida...

Mi mejor amiga Alice, tenía un término para llamar a esos monstruos con los que nos obligaban a convivir medio día del día, cinco días a la semana: cachorros de babuinos con lavado de cerebro en rehabilitación, porque no era posible que se comportaran así sin ser de alguna especie animal, deducíamos que eran hombres que por portarse mal, encogían y lavaban el cerebro para que iniciaran una nueva y supuesta mejor vida, además de que ese termino había quedado genial, nos encantaba usarlo.

Puaj, niños...

Así pues, lo único que Alice y yo hacíamos para estar felices era evitarlos, era mucho más fácil de lo pensado, solo teníamos que ignorarlos para que ellos nos ignoraran a nosotras. Simple, fácil, hecho.

Golpeé inconciente mi pupitre con el borrador del lápiz y me puse a hacer garabatos en mi cuadernito forrado de morado. Nunca me habían gustado esos personajes animados de la televisión muy populares entre todas mis compañeras, prefería hacer las cosas a mi estilo, aunque normalmente Alice dijera que era rara.

− Srta. Brandon, siéntese en su puesto, por favor.

Alice estaba a unos puestos detrás de mí hablando con otra compañera de clase. Mi amiga sonrió espléndidamente antes de caminar ágilmente hacía su pupitre al lado del mío, aunque la sonrisa hubiese sido mejor si no le faltaran unos cuantos dientes... pero al menos el hada de los dientes había sido generosa con ella.

− Rosalie me dijo que esta clase seria muy interesante− susurro Alice bajito, para que solo yo la escuchará− dijo que "estaría lleno de revelaciones..."

− Sabes lo que le gusta exagerar a ella...− dije entre susurros también.

Y no era mentira, a Rosalie, nuestra amiga rubia de un curso mayor y prima lejana de Alice, era la reina del drama... le encantaba llamar la atención, además de que tenía con que llamar la atención. Era hermosa.

El profesor carraspeo para silenciar al salón, pero no lo logró hasta que fulminó con la mirada al grupito de niños que generaba el alboroto.

− Niños...− murmuramos Alice y yo al mismo tiempo, no había que esperar nada grande de ellos.

− Swan, Brandon, ¿Tienen algo que decir?

− Eh... No, profesor.− respondí apenada, intentando ignorar las risas de burla del mismo grupito de niños.

Alice les sacó la lengua mientras el profesor se volteaba para poner la cinta en el retroproyector. Uno de los niños, el más menudo de todos, moreno de cabello negro, le mostró el dedo medio a Alice por encima de todos, mientras los demás se mordían la lengua de risa.

− Cachorros de babuinos con lavado de cerebro en rehabilitación− mascullé molesta.

Alice apretó la mandíbula y giro su cabeza en dirección contraria, batiendo su largo y azabache cabello.

− No te preocupes, Ali, algún día crearemos un mundo sin niños− afirme muy concienzudamente, como en una de esas películas que mamá veía.

Hablando de películas, la que el profesor había puesto ya había empezado, por lo que intenté concentrarme a pesar de que las risitas de los mocosos esos aún se podían escuchar por encima del sonido de la película y me distraían.

Empezó con una aburrida introducción de la vida en el planeta tierra, pero dio un giro brusco cuando en la pantalla aparecieron dos niños, ambos desnudos como Dios los trajo al mundo, con flechas que apuntaban lugares poco conocidos por mi y sus nombres científicos en las esquinas de la lámina.

Quise mirar hacía otro lado −cualquiera menos a mi derecha, donde los niños ahora se agarraban las costillas de la risa− pero había una fuerza extraña que impedía que moviera la vista de cierto lugar del dibujo del niño. Sentí mis mejillas calientes arder sin compasión ¿Qué demonios nos estaban enseñando en el instituto? ¡Definitivamente me iría a quejar con la directora o quién quiera que estuviese a cargo!

Luego, muy lentamente, pero más rápido de lo que quería −aunque nunca lo admitiría− ambos niños fueron creciendo y con ello, cambiando su cuerpo...

La pubertad se refiere al proceso de cambios físicos en el cual el cuerpo de un niño se convierte en adulto...− Dijo la voz que salía del video.

¿¡Que demonios...!? ¡Los niños se empezaban transformar en adultos!

Busqué la mirada de Alice para mostrarle lo aterrador que me resultaba el video, pero mi amiga estaba muy ensimismada viendo la pantalla como para voltear a verme.

Durante la pubertad se notan diferencias más grandes en cuanto a tamaño, forma, composición y desarrollo funcional en muchas estructuras y sistemas del cuerpo...

¿Qué se suponía que significaba eso? No había entendido ni pío de lo que la voz computarizada estaba diciendo...

...hasta que en la lámina se mostró con pelos y señales esas diferencias, literalmente.

De repente me sentí mareada y los bordes de la pantalla se volvieron algo borrosos.

En las chicas, estos cambios empiezan entre los ocho y trece años, aunque en la mayoría de los chicos, sin embargo, no empiezan hasta los diez a quince años...

− ¿ocho?− escuche que susurraba Alice aterrada con su agudísima voz.

¡Si yo tenía nueve! Ya podría haber empezado a cambiar ¡y ni me había dado cuenta...!

Hasta ese momento, yo nunca había pensado que los niños se transformaban en adultos, simplemente me parecía que el mundo se había creado exactamente como había estado ahora mismo, pero mis bases, mis fieles bases creadas por suposiciones y alocados pensamientos compartidos y desarrollados con Alice, se habían derrumbado abruptamente. ¡Eso no podía ser cierto!

Todo el salón se había callado por completo cuando empezaron a especificar dichos cambios en niñas y niños por separado... ni siquiera el grupo de niños a mi derecha parecía parpadear. Yo, por mi lado, había dejado de respirar cuando mencionaron a las hormonas: complicadísimas sustancias segregadas de yo-no-sé-qué-cosa con no-me-importa-tampoco y solo escuché una palabra suficiente para enloquecer:

Atracción.

Mis compañeros a la derecha empezaron a hacer sonidos de arcadas y a mirar feo a todas las niñas alrededor. Uno de cabello cobrizo y ojos verdes, Edward Cullen, me miró especialmente feo.

Lo miré con la misma cara de asco y repulsión, ya que ellos no eran los únicos que se "atraerían" por el sexo opuesto. Hice un telón con mi cabello y seguí mirando hacia la pantalla con indiferencia. El narrador proseguía con la reproducción; otro tema más asqueroso que el primero, del cual no haré comentarios por temor a vomitar.

Al finalizar la película, cuando el profesor prendió la luz del salón, el ambiente se había visto visiblemente afectado. Los niños y las niñas intercambiaban miradas asustados... o al menos algunos, otros simplemente se miraban mal y se seguían ignorando como siempre.

Yo estaba francamente aterrorizada, horrorizada, atemorizada... y un montón de "zadas" más, pero por encima de eso, esta "encolerizada".

− Díganme− dijo el profesor con suficiencia, su sonrisa malvada me hizo rabiar más− ¿Qué les ha parecido el video? ¿Educativo?

Yo nunca había sido violenta, pero el momento lo ameritaba. Me pare abruptamente con las manos sobre el pupitre atrayendo toda la atención del salón. De repente, la valentía de la rabia que sentía flaqueo peligrosamente, haciéndome tropezar con mis propios pies y caer de boca contra el piso. ¿Será que yo sufría de torpeza crónica o era sólo que le caía muy mal a mi ángel guardián?

El profesor pareció preocupado mientras me ayudaba a pararme, pero por lo menos logró contener la risa. No como el resto del salón, que se reía a carcajada limpia gracias a mi pequeño incidente... ¿Por qué no podía ser sólo una chica normal? ¡Alice nunca tropezaba! ¿Es que el destino me odiaba? Nunca había sido alguien de mucho equilibrio, pero al menos nunca caía en frente de mucha gente, bueno, casi nunca.

Sacudí la falda de jeans que cargaba ese día y miré al frente con toda la dignidad que pude acumular en esos segundos de trágame tierra, intentando acordarme del argumento que iba a decir antes.

− Prosiga, Swan.

− Esto... bueno... Mmm...−sentí como mis mejillas se acaloraron, Alice me dio ánimos modulando "¡vamos!" con los labios.

Cerré los ojos y respiré hondo, me imagine como en una de esas telenovelas súper dramáticas, donde yo era una experimentada abogada con el veredicto final... o algo por el estilo, realmente nunca me interesaría en las leyes, pero me sentía mayor.

− Pienso que fue una total perdida de tiempo− dije todo lo elocuente que pude, cosa que no era mucho− es imposible que los niños crezcan y quieran besarse con... Iugh... que quieran besarse con niñas. ¡Y eso de la reproducción es una completa locura! es físicamente imposible que empiecen a salir ve-vellos de donde antes no habían... que ciertas cosas crezcan y se vallan volviendo más... adultas...

Bajaba el tono de voz a medida de que hablaba. Sentía que estaba haciendo el ridículo cada vez más.

El profesor me miro con paciencia y me pregunto:

− Entonces según usted, ¿Los adultos han sido adultos desde siempre? ¿Tú siempre has tenido nueve años?

Había una pequeña parte de mi mente que me decía que todo eso era cierto... ¡Demonios! Todo tenía sentido... y yo aquí haciendo el ridículo.

O casi todo tenía sentido, menos eso de la atracción, definitivamente era lógico ir creciendo −yo tampoco es que soy muy tonta como para no entenderlo− pero... ¿besos...? ¿sexo...?

¡NO!

− ¡Me rehúso a pensar que algún día querré estar con uno de ellos!− chillé furiosa, señalando hacía mi derecha donde estaba el grupito de babuinos.

− ¡Hey!− gritaron a coro los niños− ¡Nosotros tampoco queremos estar con unas niñas chillonas!

El profesor rodó los ojos, ignorándolos y hablándome de nuevo.

− Es parte del desarrollo, los niños y las niñas crecen, se enamoran, se vuelven adultos, se reproducen y tienen otros niños que pasaran por lo mismo. ¿Cómo crees que naciste tú?

Ignore las risitas del salón entero mientras trataba de pensar con calma.

Obviamente, los adultos si se podían enamorar. Los niños adultos no eran tan asquerosos, pero eso quedaba de parte de las niñas adultas. Solo los adultos se enamoraban... y si los adultos eran niños crecidos y yo era una niña que supuestamente iba a crecer como lo había hecho estos nueve años... ¡Oh no! los adultos tenían parejas... claro... ¡Ay no! no no no no no no... mi mamá y mi papá fueron niños que crecieron para hacerme...

− ¡IUGH!− mascullé con amargura y algo de asco.

− Veo que ha entendido, señorita Swan− exclamó el profesor.

La cara de mis compañeros era un poema, probablemente ellos habían llegado a la misma conclusión que yo.

− Podrá decir lo que quiera− dijo Alice desde su asiento− pero estoy firmemente segura de que jamás y nunca en la vida querré a uno de esos.

Varios murmuraron en aprobación y yo asentí firmemente.

− ¿Están seguras? ¿Ahora mismo no les pica la curiosidad de qué pasará si es cierto? O en sus casos ¿No están todos temerosos de que sea cierto? Al igual que su cuerpo cambia... lo hará su mente.

Silencio.

¿Realmente me picaba la curiosidad?

¡No!

Apreté los puños molesta a la vez que me sentaba en mi pupitre. El profesor había quitado el video y la pantalla y se había marchado para llevarlos al cuarto audiovisual.

Las carcajadas más fuertes que se habían escuchado en lo que llevaba de día se escucharon en ese momento, provenientes obviamente, del grupo a mi derecha.

El más grandote de todos −similar a un gorila− se había puesto dos enormes bolas de papel bajo la camisa y dos enormes y desproporciónales bultos hacían las veces de senos. Los otros niños se destornillaban de la risa, incluso algunos golpeaban los pupitres con los puños.

Me dio rabia verlo burlarse, porque indirectamente, me chocó el hecho de que yo fuera a tener unas así.

− Ya que te da tanta risa el desarrollo ¿será que tu ya estas en la pubertad?− pregunté yo con el ceño fruncido− podrías darnos unas clases con imágenes en 3D ¿cierto McCarty?

McCarty, el chico gorila, tardo unos segundos asimilando la pregunta antes de sonreírme con picardía.

− ¿Quieres ver tú misma, Swan?− dijo llevándose las manos a los botones del pantalón.

− No te atreves, McCarty.

− ¿Ah no?

Se desabrocho los primeros botones y mi cara debió reflejar verdadero terror al comprobar que de verdad pensaba quitarse los pantalones. Sus dedos flaquearon al poner la mano en el zipper y suspire tranquila, quizás no...

O quizás sí, pero de otro modo.

Tres de los niños que estaban atrás de él le saltaron encima antes de que McCarty pudiera bajarse los pantalones y cada uno jalo una parte del pantalón hacía abajo, dejando al descubierto unos calzoncillos amarillos de Bob Esponja.

El salón estallé en carcajadas. Yo sólo me sonroje furiosamente y volteé la mirada al pizarrón.

El niño se sonrojo e intento subirse los pantalones, pero los otros tres niños no dejaron que lo hiciera y empezaron una agresiva pelea entre mi pupitre y los de ellos. Cuando volteé de nuevo la mirada, quedé bastante confundida... los cuatro parecían pelear a muerte, pero entre risotadas y burlas se golpeaban e intentaban bajar los pantalones, como los cachorros, cuyos juegos consistían en morderse sin hacerse verdadero daño.

− ¡Basta, Simios!− chilló Alice lanzándose hacía la bandada niños peleando. Comprendí tan rápido como Alice se lanzo a ellos, que no había entendido el modo monstruoso de jugar de ellos y no les había visto la cara de diversión mientras se golpeaban.

− ¡Alice, no!− chillé yo también, mientras me lanzaba en el rescate de mi amiga. Por el rabillo del ojo, vi como otro niño, Jasper Whitlock, se lanzaba a la zona de guerra −o juego− atrás de mí.

Recibí varios golpes, cuya fuerza no era mucha, ya que el juego consistía en quitar pantalones, de los cuales ya habían dos volando de mano en mano por el salón. Un zapato sin dueño me golpeó la cabeza y vi como Alice le tapaba los ojos a Newton, uno de los niños. Descubrí con sorpresa que ella parecía gozar de ese violento juego lleno de carcajadas, gruñidos y chillidos.

Jalé la manga de alguna camisa, me quitaron un zapato y una media... otros pantalones volaron por el aire y sentí un rudo jalón en mi falda, que llego hasta mis rodillas, seguido de un roce en mi nalga izquierda que me helo la sangre.

Mi... mi... ¡mi nalga!

Un sucio y rastrero niño me había tocado una nalga.

− ¡Arg!− grité rabiosa, con los ojos humedecidos. Lancé golpes a diestra y siniestra con toda la potencia de la que era capaz y jale un mechón de cabello tan fuertemente me quedo en la mano.

− Auch− Aulló el niño al que le había quitado la mitad de la cabellera.

− ¡Auch!− chillé yo cuando el mismo niño me pegó en la oreja derecha.

Nadie escucho la puerta abriéndose hasta que el profesor encolerizado nos grito a todos:

− ¡Black, Whitlock, Cullen, Brandon, McCarty, Newton y Swan! a la oficina de la directora, ¡AHORA MISMO!


¡Chán chán! Aquí Barbie reportándose con otro fan fiction, que espero sea de su agrado y colmen mi Hotmail de notificaciones de reviews.

Díganme que tal: si les gustó o no. ¿Qué les pareció esta súper inocentísima Bella? Francamente, me moría de risa escribiendo. No he hablado mucho de Edward, pero eso viene en el próximo capítulo, aunque todo el ff seguirá siendo Bella's POV.

¡Gracias por leerme!

Besos, Bárbara.

PD: Gracias a Wikipedia por el concepto especifico de pubertad. (xD)