Primer día de Secundaria – Bella

No puedo creer que estoy haciendo esto de nuevo. Mirando hacia atrás, hace casi diez años de mi primer día de escuela en Phoenix, nunca se me hubiese ocurrido que voluntariamente repetiría al menos un solo día de esa tortura.

Eso fue entonces. Yo diría que he cambiado mucho.

Yo estaba esperando en la oficina principal con los miembros de mi familia mientras alguien organizaba nuestros horarios y papeles. Una mujer llamada Bey Jeffries estaba intentando encontrar su camino a través de pilas de desorganización para que pudiera enviarnos a nuestros destinos. Nuestra presencia no la había ayudado a apresurar su búsqueda. Ella estaba increíblemente nerviosa y así había estado desde el momento en el que nos deslizamos por la puerta. Aunque no puedo culparla por esto.

Edward caminó despacio a su escritorio y le dijo: "Disculpe, ¿Miss Jeffries? Creo que usted habló con mi padre, Carlisle Cullen. Estamos aquí para empezar las clases. ¿Estamos en el lugar correcto?" Ella se le quedo viendo boquiabierta por unos sólidos veinte segundos antes de responder.

Una de las cosas mas desconcertantes de mi transformación a vampiro hace casi seis años había sido el comienzo. Completos extraños se detenían sorprendidos para mirarme mientras ponía gasolina. Como si nuestros pálidos rostros y sorprendentes ojos color ámbar no fueran razón suficiente, la transformación nos hacia ser una versión mejorada de nuestra antigua apariencia humana. El brillo de mi oscuro, rojo-marrón cabello se había profundizado y mi pálida piel tenía una luminiscencia de perla. Mis facciones habían sido simples como humana, no era fea, solo simple. Ahora era considerada bastante hermosa para sus estándares. Sin embargo era embarazoso y difícil para mí ajustarme incluso a la más sincera admiración.

Mi hermana Alice era baja y con aspecto de duendecillo. Su negro cabello estaba artísticamente arreglado en góticas puntas alrededor de su cabeza y sus facciones eran perfectas y serenas. Alice siempre tenía un aspecto distraído y etéreo que tenia que ver con su habilidad para mirar hacia el futuro pero que era un poquito inquietante para los humanos.

Mi otra hermana Rosalie no estaba feliz de estar aquí. Rosalie odiaba empezar de nuevo la escuela. Edward me había asegurado que su odio seria calmado cuando ella pudiera ver por si misma las muestras de admiración y envidia que seguían mas a Rosalie que a cualquiera de nosotros. Rosalie había sido una hermosa humana. Como resultado, ella era tan hermosa como inmortal que robaba el aliento. Su largo y rubio cabello caía en suaves curvas sobre su espalda y sus facciones eran el sueño de perfección de un artista.

A Emmett, el compañero de Rosalie, nunca parecían importarle las lujuriosas miradas que Rosalie inspiraba en otros. Probablemente porque el sabia que nunca llegaría a ser nada mas que una mirada… Los músculos de Emmett rápidamente anularon cualquier tímida idea de algún muchacho de querer competir con él por el afecto de Rosalie, por no mencionar que Rosalie se mofaba de cualquier tipo de atención no deseada con un desden no disimulado.

Emmett era muy musculoso, de cabello oscuro ondulado y una sonrisa traviesa que hacia resaltar sus hoyuelos. Él era indudablemente el hermano que me había dado la mayoría de infierno, en una manera cariñosa. Emmett intentaba constantemente encontrar maneras de inspirar mi ira. El se inclinó hacia mí mientras esperábamos a que la Sra. Jeffries encontrara nuestros horarios y me susurró: "¿Estas planeando matar a alguien hoy hermanita?" el había gastado gran parte de la semana pasada intentando ponerme aun mas nerviosa acerca de volver a ir a la escuela.

Aún cuando yo tenía un auto-control sin comparación para ser un vampiro joven entre humanos, igual me ponía nerviosa el poder atraer atención innecesaria hacia mí en la escuela. Pero claro, agarrar a un confiado humano y roer sobre su cuello seria un modo seguro de atraer atención negativa. Diablos, al menos así me expulsarían, bromee para mi misma con una sonrisa nerviosa.

En un movimiento tan rápido que solo nosotros podríamos distinguir, Edward le dio un puñetazo a Emmett en el estomago. "Hay mas de donde vino ese si no te callas ya" gruñó el entre dientes.

Suspire, mientras Rosalie les exigió a los dos que se comportaran. Yo sabia que Emmett solo deseaba poder devolverle el golpe a Edward, pero el había aprendido décadas atrás la inutilidad de intentarlo. Edward era otro vampiro con dones más allá de los normales. El podía leer la mente de cualquiera a su alrededor, humano o vampiro – con solo una excepción conocida. Si Emmett apenas consideraba golpear a Edward, Edward sabría cuando y donde. Eso volvía loco a Emmett y constantemente llamaba a Edward tramposo como resultado.

Jasper sintió mi consternación e inmediatamente sentí una ola de calma rodeándome. Su habilidad de manipular los sentimientos de aquellos que estaban a su alrededor definitivamente tenia sus ventajas.

"Gracias Jazz", murmuré.

"Cuando quieras", me dijo mientras pasaba distraídamente una mano por su cabello rubio ondulado.

En ese momento, Bey Jeffries caminó hacia nosotros con un puñado de papeles y una sonrisa triunfante.

"Ok! Creo que tengo todo ahora. ¿Cual de ustedes es Jasper Hale?" preguntó ella con su voz lenta y cansina del sur. Ella comenzó a pasar los horarios y los mapas de la escuela.

"Bueno, supongo que tu debes ser Edward", le dijo mientras le entregaba el ultimo horario en su mano. Ella tropezó al decir su nombre mientras lo miraba, e inmediatamente me sentí compasiva. El cabello enredado y de color bronce de Edward enmarcaba una cara que parecía haber sido tallada en mármol. Su mandíbula parecía cincelada, y la suave curva de su perfecta media sonrisa dirigida a Bey Jeffries hicieron que su pulso corriera.

"Gracias. Pero creo que aun nos falta uno. ¿Tiene un horario para Isabella Swan?"

Después de pensarlo mucho, había decidido que tenía mas sentido para mí el usar mi apellido de soltera en nuestro nuevo hogar de Brevard, en Carolina del Norte. Mi familia había vivido en el área de los Apalaches en algún momento de los años treinta, y era la primera vez que regresábamos aquí desde entonces. Nos instalamos en Brevard por su aislamiento y proximidad al bosque – que contenía nuestra fuente escogida de nutrición. Los chicos habían aullado de risa por el hecho de que Brevard se encuentra en el condado de Transilvania en Carolina del Norte. Incluso yo me reí bastante por esto. Como ya era bastante raro que los seis nuevos chicos en la Secundaria de Brevard estuvieran perfectamente emparejados y vivieran en la misma casa, decidí que una pareja por lo visto soltera y con el mismo apellido podría verse un poquito raro. De todas maneras no pensé que fuera legal para alguien que supuestamente tuviera 16 años estar casado. Edward había estado decepcionado, pero lo compensó llamándome Señora Cullen en cada oportunidad que tenia en casa.

"Oh cariño. Estaba segura de que los tenía todos. Por que el resto de ustedes no se van adelantando a sus salones, Isabella puede esperar aquí mientras intento encontrar sus papeles en este desastre" dijo la Sra. Jeffries a todos nosotros.

"Quizás yo pueda ayudar, Ms. Jeffries" le dijo Edward suavemente. "Se supone que Bella esta en todas las mismas clases que yo, así que ella tal vez podría sacarle copia a mi horario"

"Bueno, de todas maneras tengo que darle su horario impreso para mostrarle a sus profesores. Déjame sacarle una copia al tuyo solo por si acaso Edward. El resto de ustedes vayan a sus clases." Dijo la señora Jeffries mientras agarro distraídamente su horario y se giró hacia la copiadora.

"Aquí esta tu horario Edward. Adelántate. Bella te acompañará tan pronto revise todo este desastre" dijo la señora Jeffries.

Edward le dio otra sonrisa que hizo que su pulso se acelerara y le dijo: "Muchas gracias por su ayuda. Te veo pronto Bella." y se fue haciéndome un guiño y con una ardiente sonrisa.