CAPÍTULO 1

-¡Isabella Marie Swan, levántate ahora mismo!

El grito de Reneé la hizo dar tal brinco que casi se da contra el techo de gotelé. Miró el despertador al lado de su cama nada más recomponerse y observó la hora: las siete y media. ¡Quedaba una hora para que el vuelo de Phoenix a Seattle se fuera y ella seguía tan tranquila durmiendo! Se levantó como pudo dándole patadas a las sábanas. Cuando lo hubo conseguido se quitó el pijama mientras se paseaba por la habitación buscando su ropa de calle.

La puerta de su habitación se abrió y pasó su madre por ella.

-Mira que no programar bien el despertador – le reprochó Reneé -. Vamos, Phil y yo te esperamos en el coche. – Y con esto cogió la maleta ya hecha de Bella y salió de la habitación.

Bella hizo una mueca de disgusto cuando su madre desapareció por la puerta. Cogió una camiseta que había encima del escritorio y unos pantalones tirados por el suelo. Todo estaba hecho un desastre…

Bella suspiró.

Hoy volvería a Forks, Washington, con su padre, Charlie Swan, jefe de policía del pueblo. No le hacía gracia volver al lugar más apartado, deprimente y lluvioso del planeta pero no había remedio. Reneé y Phil se marchaban a Florida por el equipo de béisbol de él y Bella tenía que irse con su padre por órdenes de Reneé.

Bella se agachó para coger sus zapatos y soltó un nuevo suspiro. Forks…A partir de ahora tendría que acostumbrarse al clima frío y lluvioso de ese pueblucho; ahora que se había acostumbrado al bochorno de Phoenix…

Se peinó mientras se miraba al espejo. Miraba su piel blanca como la nieve. Nadie se va a creer que vengo de Arizona, pensó con ironía. Cogió su equipaje de mano para el avión y salió de la casa. En el coche, Reneé y su nuevo marido ya la esperaban dentro. Bella entró en el asiento trasero sin decir nada.

Adiós, Phoenix…


Llegó un poco tarde a Seattle.

Bajó del avión y fue directamente a recoger el equipaje. Al final el vuelo se retrasó por no se qué tonterías y tuvieron que dejar el avión en tierra por una media hora. Llegó a la cinta del equipaje y esperó. Tardaron diez minutos en poner las maletas en la cinta para que la gente pudiera recoger la suya y Bella ya estaba desesperada. Mientras esperaba recibió una llamada de Charlie que le preguntaba dónde estaba y que no la veía. Bella tranquilizó a Charlie. De verdad su padre a veces pierde los nervios fácilmente…

Al ver su maleta salir va casi corriendo a por ella. ¡Por fin! Quería salir de allí, llegar a Forks y no salir de casa de Charlie en lo que quedaba de día. Dio media vuelta y fue con paso rápido hacia la salida del aeropuerto. Recibió esta vez un mensaje de Charlie ya desesperado y sonrió al leerlo. Comenzó a contestarle.

Iba tan despistada tecleando con el móvil que no se dio cuenta de que una persona venía de frente a toda prisa. Chocaron. Y fuerte. El móvil de Bella cayó al suelo con un ruido seco y la batería se salió del aparato. La maleta se le cayó también al suelo de la impresión al chocar. Maldijo internamente al ver su móvil en el suelo y levantó la mirada para ver al agresor de su querido móvil. Y lo que vio la dejó petrificada.

Unos intensos ojos verde esmeralda la veían con ansiedad. Observó su rostro. Tenía el pelo de un extraño color cobrizo, nariz recta, mandibula cuadrada y varonil y unos labios finos…y parecían suaves al tacto.

Bella arqueó una ceja al observarle más detenidamente. Aquel tipo parecía que se había recorrido los cincuenta Estados del país corriendo hasta llegar aquí por como jadeaba y sudaba a mares.

El chico se llevó la mano al pecho y cerró los ojos. Soltó un gran, pero gran suspiro y recobró la compostura. Cuando vio el móvil de la chica tirado en el suelo, en su boca se formo una perfecta "O".

-Lo siento mucho, no te vi – dijo mientras se agachaba para coger el móvil.

-No importa. Yo tampoco miraba por dónde iba – dijo Bella, avergonzada. Cogió su maleta también tirada en el suelo y vio como el chico estiraba el brazo para darle su móvil -. Gracias.

-Me parece que se ha roto.

-¿Qué?

Puso la batería en el móvil y le dio al botón de encender. Nada. Pantalla en negro. Empezó a darle a todos los botones. Nada. Seguía igual. Se llevó una mano a la cabeza y estuvo a punto de tirar el móvil al suelo otra vez.

-Maldita sea…

-Perdona, es culpa mía – se disculpó de nuevo el chico de ojos verdes -. Oye…te puedo comprar otro.

-¿Qué dices? Este móvil es muy caro y no…

-Puedo pagarlo – le interrumpió -. De verdad.

-Además, ¿por qué le ibas a comprar un móvil nuevo a alguien que no conoces? Todo el mundo se choca con alguien, le rompe algo a la otra persona y se va tan feliz por el camino que le toca y tú…

-No te hagas la difícil.

Bella se mordió el labio. No quería que ese chico tan guapo se tomara las molestias de comprarle un móvil nuevo, pero él se lo había roto, ¿no? Lo miró de nuevo y vio que empezaba a respirar fuertemente de nuevo. ¿Qué le pasaba?

-¿Estás bien?

El hombre dio un respingo.

-Sí, no te preocupes.

-Pero si estás jadeando y sudando…

-Te he dicho que estoy bien – le contestó con voz dura. Bella abrió los ojos con sorpresa y luego él al darse cuenta.

-¿Dónde vives? – le preguntó él a Bella cambiando el tema.

-En Forks.

-Bien. ¿Y tu nombre?

-Isabella Swan. Aunque prefiero Bella.

-¿Eres hija del jefe Swan?

Vaya, todos le van a conocer como la hija del jefe de policía Swan…

-Sí, soy su hija. ¿A qué viene esto?

-Tendré que llevarte el móvil como disculpa, ¿no? – sonrió mientras se agachaba para coger su maleta. También estaba en el suelo, vaya -. Por cierto, me llamo Edward Cullen.

Edward Cullen, no lo iba a olvidar…


Bien, antes que nada...ésta es mi primera historia, la he soñado y he pensado sacarla como libro pero aún estoy indeciso...xD

Voy a ir escribiéndola con los personajes de Crepúsculo porque no se me ocurren a otros para esta historia. Les pido que no sean duros/as (por si aparecen chicos también xD) que solo soy un pobre escritor que intenta hacer algo en la vida. También les doy las gracias a mis ayudantes que me están apoyando en esto.

Nos veremos en el próximo capítulo si llega a publicarse.