Hola! La verdad ya me esperaba ciertos comentarios y estoy totalmente de acuerdo con que es un final algo flojo y precipitado, pero por cuestiones de tiempo que ya les explique en el capitulo anterior decidí acortarlo dos capítulos, pues ya tenía pensado desde el principio hacerlo de diez capítulos y un epilogo, pero estoy segura de que este capitulo les va a gustar, pues de verdad me esforcé mucho para conceder ciertas peticiones que se fueron acumulando en el transcurso de los capítulos.

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Advertencia:

*Esta historia contiene incesto, al igual que escenas de sexo explicitas, si no te agrada este tipo de relaciones o lectura NO lo leas.

*Posible OoC en algunos personajes como Inuyasha y otros.

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Un amor más que fraternal

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[InuxKag]

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[Long-Fic]

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By Yasaku Uchiha´s Lov3

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= Epilogo. Tú sabes que sí =

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─No quiero ─murmuré enojada mientras me cruzaba de brazos ¡Realmente no podía pedirme tal cosa!

─Oh, vamos amor… ─me suplicó con su cara más linda y yo sentí como mi rostro se suavizaba con ese gesto, pero yo no iba a hacerlo, así que volví a ponerme lo más seria que pude.

─Es demasiado vergonzoso ─aseguré y negué con la cabeza.

─Pero si ya te he visto desnuda… ─se quejó y por un momento me sonrojé de manera alarmante ¡Era un descarado! Además de que él sabía que eso no tenía nada que ver con mi rotunda negativa.

─No quiero, es raro… ─alegué y él soltó una risita melodiosa, que me hizo vacilar de nueva cuenta.

─ ¿Por qué? Cuando estábamos en Tokio no te quejabas en lo más mínimo, ni siquiera cuando estábamos en la regadera ─yo negué con la cabeza de manera más fuerte y sus manos se colocaron una a cada lado de mi cara, evitando que siguiera moviéndola.

Era cierto, pero en Tokio estábamos en nuestra casa. Solos. Solos en nuestra casa.

Llevábamos más de un mes en Francia. El día que me sacó del baño de mujeres del súper mercado, tomamos un vuelo hasta Hong Kong y de ahí tomamos otro vuelo a Rusia y de ahí ─ ¡Oh, si! ¡A mi padre le gusta complicarse!─ por fin llegamos a la rivera francesa. Donde ya se encontraban todas mis cosas, a excepción de mi perro, que me seria entregado poco después por Miroku, Sango y Kohaku, que nos visitaron sin saber nada sobre nuestra relación ─al parecer Miroku había decidido no decir nada de nada─. Vivíamos en una hermosa misión con una gran jardín y una gran alberca en la cual ya había nadado, pero no como él quería que lo hiciera.

─Aquí si tenemos servidumbre ─murmuré desviando mi mirada, sin querer pensar en la vergüenza que pasaríamos cuando a uno de ellos se le ocurriese pasar.

─Mmm… ─por un segundó no me di cuenta de que había pasado, pero cuando reaccione me vi acostada en el sofá, con Inuyasha arriba de mí en una posición que sin duda era inadecuada para encontrarnos en la sala principal, pero que también era demasiado tentadora─ Eres mala conmigo ─se quejó de manera juguetona y yo ya me sabia que dentro de unos cuantos minutos me encontraría en la situación que él deseaba, así que por lo menos quería disfrutar un poco de la "coacción" que mi padre utilizaría.

Sus labios se posaron en mi cuello y yo suspiré. Realmente no me hubiera resistido a ello, pero no le diría que ya había cedido, como mínimo me tendría que consentir un rato.

Sus manos se colaron debajo de mi blusa blanca de seda ─de tirantes y con escote en "V"─ y se detuvieron en mi vientre acariciándome con suaves movimientos mientras dejaba su cadera caer sobre la mía, para frotarse de una manera… enloquecedora.

Sin duda mi amado padre era un glotón ¡Por Kami que si pesaba! Pero en esos momentos no me importaba y no me importaría mientras no perdiera ese cuerpo de infarto ─el cual seguro mantendría por mucho tiempo si hacíamos el "ejercicio" más efectivo tantas veces como hasta ahora, y es que dos o tres veces al día es un record para alguien de su edad─.

Pronto su pude sentir como él empezaba a despertar y estaba segura de que no haría nada más que esos deliciosos movimientos, hasta que no nos encontráramos ahí.

─De acuerdo, pero que sea ya ─le ordené antes de que un gemido de placer se encapara de mis labios.

Su cuerpo dejo de encontrarse sobre el mío y yo lo miré frustrada, de verdad me estaba volviendo una ninfómana ¡Mira que ceder a sus fantasías!

Sus manos se mostraron frente a mí y yo las tomé con un suspiró resignado. Sí, definitivamente. Ya me había convertido en una incorregible ninfómana ¡Pero era su maldita culpa!

Me llevó a rastras hasta la piscina, la cual yo miré como si me hubiera traicionado, lo que lo hizo soltar una enorme carcajada.

─Tranquila, no vendrá nadie… Y si alguien viene… ¿Qué más da…? Nadie sabe que eres mi hija… ─agregó con una mueca de desagrado que no comprendí en lo más mínimo.

─ ¿Te… molesta? ─inquirí con la burla en mi voz y es que no entendía en lo más mínimo el porque le podría molestar ello, si así nos encontrábamos perfectamente.

─Tú sabes que sí… ─no entendí el porque pero lo deje correr ¿Cuánto hacia que no teníamos sexo? Así, tal vez como máximo unas seis horas…

Le rodee el cuello con los brazos y sonreí de manera traviesa, si bien, no quería hacerlo en la piscina, bien podría imaginarme que nos encontrábamos en el yacusi de mi padre.

─Bésame… ─le ordené con voz firme y de pronto su mirada volvió a encenderse, para abalanzarse sobre mi boca.

Su lengua invadió en el instante mi cavidad bucal y se enredo con la mía, acariciándola de manera excitante mientras sus manos se dirigían al botón de mi falda de mezclilla. Realmente adoraba Francia, siempre había un delicioso clima. Cálido y todos los días eran buenos para nadar al aire libre, además de que me era más sencillo quitarnos la ropa si siempre vestíamos para verano.

Mi faldita cayó al piso y me la saque al mismo tiempo que mis sandalias dando un paso hacia adelante, haciéndolo retroceder un poco. Me separé de sus labios para sacarle la playera sin mangas y cuando volví a unir mis labios con los suyos, mis manos ya habían acabado de deshacer el nudo de sus bermudas negras, pero no se lo pude bajar debido a que sus manos, más hábiles que las mías ya se habían deshecho de mi blusa y ahora solamente quedaba mi antiguo bikini blanco.

Su beso era ansioso, al igual que todos los que siempre me daba, cargado de deseo y desesperación y los míos no lo eran menos.

De pronto, me pareció como si flotara, así que asustada grité, pero de inmediato volví a cerrar la boca y apreté mis ojos mientras tomaba una gran bocanada de aire.

Dos segundos después… Me encontraba en el fondo de la alberca con Inuyasha cargándome en brazos.

Salimos del agua y respiré aliviada mientras mi amado padre reía a carcajadas ¡Era increíble que aún no me supiera esa broma de aventarme al agua cuando la hacia tan seguido!

─ ¡Eres un maldito idio…! ¡Aahh! ¡Inuyasha! ─ ¡Sí, lo era! ¡Era un maldito idiota! Pero un maldito idiota que había metido dos…No, tres dedos dentro de mí y así… ni como reclamarle algo.

─Me gusta que te enojes… ─susurró contra mi cuello, para después morderlo con sutileza y arrancarme un delicioso suspiro, mientras sus dedos se movían de forma majestuosa.

─Desgraciado… ─suspiré cuando sus dedos salieron y volvieron a entrar, simulando embestidas y yo me aferré a su espalda.

─Yo también te amo… ─musitó pasando su lengua contra mi mandíbula y siguió con sus movimientos hasta que ya no pude más y termine estremeciéndome de placer con un brazo suyo alrededor de mi cintura y sus dedos acariciando mis paredes como dándoles un poco de calma.

─Lo se… ─susurré de manera juguetona una vez que recupere un poco de aliento, para después colocar una de mis piernas entre las suyas y levantarla de manera lenta, para empezar a frotar su miembro que ya se encontraba muy despierto─ pero… aquí ni puedes probar la gloria… ─agregué entre la burla y el reproche.

Una sonrisa arrogante apareció en sus labios, sus manos quitaron mis brazos de alrededor de su cuello y las llevaron por debajo del agua para que acabara de quitarle la ropa, cosa que hice sin dudarlo dos veces.

Cuando lo logre su ropa salió a flote y yo tomé su virilidad entre mis dedos, empezando a acariciarlo de manera lenta y tortuosa que sabia lo hacia enloquecer.

Apoyó su frente en mi hombro y nos hundimos un poco, cosa que me hizo soltarlo para aferrarme de sus hombros.

Bien, yo sabía nadar… más o menos… Y esa piscina era el doble de profunda de lo que yo jamás llegaría a crecer, por lo cual me mantenía a flote gracias a Inuyasha.

─No tengas miedo… A lo mucho nos ahogamos y listo ─se burló y yo como castigo ─o recompensa─ le mordí el labio inferior con un poco de fuerza, haciéndolo gruñir─. Eres muy molesta… será mejor que…

─Señor Inuyasha ¡Señorita Kagome! ─una voz nos llamaba desde él interior de la casa y yo palidecí de golpe ¡¿Por qué demonios nos buscaban cuando estábamos teniendo sexo?! ¡Y lo peor ─o mejor, ya no lo sabía─ en el agua!

─Demonios… ─me quejé y miré a Inuyasha suplicante.

─De acuerdo… ─aceptó de mala gana a una petición que nunca formule en voz alta, pero que si había implorado con la mirada─ Pero me deberás una… Buena noche de sexo… ─advirtió antes de besar mis labios rápidamente y antes de que se hundiera le respondí.

─Las que quieras…

Se escondió debajo del agua y yo me empecé a hundir de nueva cuenta, pero pronto sentí los brazos de Inuyasha sujetarme y cuando fui capaz de entender lo que sucedía, ya me encontraba sin la parte de debajo de mi bikini y sentada en sus hombros.

Tragué grueso y me sonrojé cuando una señora que trabajaba en nuestra casa llegó con un teléfono. Esta segura de que no nos había visto, pero de cualquier manera no podía pensar en otra cosa que no fuera la incomoda situación ─para mí, pues para Inuyasha estaba segura, resultaba de lo más excitante─.

─Señorita Kagome… ─me miró extrañada y yo me creí descubierta, pero ella dirigía una mirada a la ropa que estaba regada─ Le… le llama una señorita que dice ser la persona más importante de su vida y que espera ser la madrina de la boda… no me quiso decir su nom…

No me lo tuve que pensar dos veces y le extendí la mano con una gran sonrisa en el rostro, a lo cual la señora me lo entrego.

─Gracias Marinee… ─pero ella no se alejó nada y yo nerviosa por el tiempo que mi padre llevaba bajo el agua le ordené que se retirara─ Ya Inuyasha ─le avisé y sin esperar un solo segundo a que saliera me apoyé en la orilla y me puse el teléfono en el oído─ ¡Rin! ─grité antes de que mi amada prima pudiera decir una sola palabra.

─ "¡Eres una mal agradecida!" me gritó del otro lado de la línea y yo separé un poco el auricular de mi oído. La verdad… ya me lo esperaba─ "¡Te fuiste maldita realmente no tienes coside…" solo escuché una parte de sus reproches pues un estremecimiento de placer me recorrió la espalda.

─ ¡Aahh…! ¡Inu… Inu… yasha…! ─su lengua se encontraba en mi entrada. Acariciándola de una manera indescriptible mientras yo hablaba por teléfono.

─ "¡Oh Kami! ¡Eres una pervertida Kagome!" me mordí la lengua para ya no decir nada y realmente lo hubiera logrado si su lengua no hubiera entrado de improviso.

─Inu… no… para… ─imploré y aunque no estaba segura de si me había escuchado o era por que ya no le quedaba aire, salió de de bajó de mí sosteniéndome por la cintura.

─ ¿Con quien hablas? ─preguntó acercándose a mis labios mientras relamía los suyos de manera muy sensual.

─No… puedo…─el aire se me escapaba y le tendí el teléfono que él cogió con el ceño fruncido.

─Hola… ─de pronto las mejillas de mi padre tomaron un color rosa claro y casi imperceptible que me sorprendió, pues nunca, nunca en mi vida lo había visto sonrojarse─ Ma… ma… mamá… ─tartamudeo y me miró asustado─ No, por favor… no con él… no con… ¡Hola papá…! ─gritó y desvió su mirada de la mía, cosa que me desesperó, pero si estaba hablando con mis abuelos eso significaba que… ¡Oh, Kuso! ¡Tendría que obligar a Rin que me jurara no volvería a poner el altavoz en su celular nunca más! ¿Qué no podría dejar esa horrenda costumbre?

Parecía verdaderamente nervioso y yo no podía estar más avergonzada ¡Mis abuelos habían oído mis gemidos mientras tenía sexo con mi padre! No había alternativa… tendría que morir… No podría tolerar una mirada de parte de ellos sin que mi rostro se encendiera… ¡Definitivamente me quedaría sin madrina de bodas! Pero, ¿A quien le importa cuando ha tomado venganza? A mí no por supuesto…

─No… es solo… no… ─se removía inquieto y de pronto abrió los ojos asustado─ ¡Adiós! ─colgó el teléfono y lo arrojó a una de las sillas para asolearse que estaban cerca.

Me miró y yo no podía descifrar el porque se veía tan desesperado. Al ver que me sostenía yo sola de la orilla se alejó un poco de mí y eso no me agradó nada.

─ ¿Qué pasa? ─pregunté enojada y él retrocedió otro poco─ ¡Inuyasha! ─grité y él me miró con culpa.

─Tendremos que mantenernos alejados un tiempo… ─murmuró y yo lo miré confundida─ Tus abuelos… quieren visitarnos hija…

Esa noticia no me la esperaba, pero él tampoco se esperaba mi reacción.

─ ¡Aahh! ─grité emocionada y me solté de la orilla para aplaudir en el aire, pero para cuando fui capaz de entender que había hecho una estupidez, mis pies ya se encontraban desesperados, pataleando para que no me hundiera.

Las manos de mi padre me volvieron a tomar de la cintura y como reflejo, me acerque todo lo que me fue posible, para evitar volver a hundirme de esa manera, pero justo cuando le rodee la cadera con las piernas para asegurarme de que no volvería a pasar nuestros sexos se rozaron y no pude evitar soltar un gemido de placer ante el contacto.

Un gruñido salió de su boca y yo deseosa de más, me moví de manera insistente frotándome contra él.

─Kagome… ─suspiró y de un momento a otro ya me encontraba con mi espalda pegada a la pared de la piscina mientras mi padre me besaba el cuello con descontrol.

─Después nos preocupamos por mis abuelos papá… ─le recomendé y él pareció aceptarlo.

Una se sus manos se encontraba sujetando firmemente mi cintura mientras la otra trataba de quitarme la parte superior de mi bikini.

Yo seguí moviéndome contra su cuerpo, sintiendo como su miembro se endurecía más a cada momento.

─Demonios… ─musitó de pronto y sin que yo me lo esperara entró en mí de manera salvaje.

─ ¡Inuyasha! ─grité sin poder contenerme y reafirme mi agarre alrededor de su cuello y cadera mientras él seguía entrando y saliendo de mí con mayor fuerza y velocidad a la vez.

Cuando por fin logró desabrochar el resto de mi traje de baño empezó a dar un suave masaje a mis pechos, haciéndome suspirar sin control alguno.

La fricción de nuestros sexos era maravillosa, podía sentir su miembro entrar cada vez más, haciéndome gemir su nombre con cada embestida.

Después de unos cuantos minutos, que me parecieron los más maravillosos hasta el momento, sentí como mis paredes se apretaban más en torno a mi padre, llevándome a la cima, para después sentir como mi padre se derramaba dentro de mí, calentando mi interior con su esencia y dándome tanto placer que me resultaba abrumador.

Cuando terminamos salió de mí y me besó dulcemente los labios, con una caricia sutil y llena de cariño que me llevó más allá del paraíso. Sus manos se entrelazaron con las mías debajo del agua y una sonrisa apareció en sus labios mientras seguía besándome de manera superficial.

─Te amo Kagome… ─ susurró para luego besarme la frente y yo sonreí inevitablemente ante ese gesto que hasta hace poco más de dos meses detestaba con toda mi alma.

─Inu… ─dudé por un segundo, pero cuando mi mirada volvió a localizar el teléfono que hace unos momentos nos había sido llevado decidí que era mejor preguntarle y no quedarme con la maldita duda─ ¿Van a… venir…? ─hizo una mueca de desagrado y yo no pude evitar morderme el labio angustiada.

─Vendrá el estúpido de Sesshomaru… ─yo lo miré y de repente toda la angustia desapareció de mi corazón, para ser remplazada por la alegría ¡Iba a ver a mi adorado tío! Pero y a mi…─ y traerá a la escandalosa sin duda alguna, no creo que ella sea capaz de alejarse de él.

─ ¡Si! ─vociferé totalmente eufórica ¡Ya lo sabía! ¡Mi hermosa prima no seria capaz de enojarse conmigo por mucho tiempo!

─Si, si. Bravo ¡Es lo mejor que pudo habernos pasado! ─exclamó y fui lo suficientemente lista para notar el sarcasmo en su voz.

Fruncí el ceño, era obvio que no le alegraba la visita, pero no entendía l motivo, si bien mi prima ya lo sabía, a mi frio tío le daría lo mismo y ni siquiera se quejaría por encontrarnos en alguna situación. De hecho una visita suya implicaría menos problemas que de cualquier otra persona.

─Amargado ─susurré y sin más salí de la alberca con la ayuda de mis brazos. Tomé una toalla que se hallaba descansando en una de las sillas para tomar el sol, me envolví y entre a la casa sin mirarlo ni una sola vez.

Si le interesaba estar bien conmigo tendría que seguir tratándome como siempre y con las obvias diferencias. Es decir, seguía siendo su caprichosa hija de dieciséis años y eso implicaba sin duda alguna aceptar lo que yo quería y deseara sin abrir la boca más que para alabarme.

Claro que ahora me contentaría de una manera más sencilla y placentera para él, pues la única solución ya no era llevarme de compras y dejarme la tarjeta negra a mi total deposición…

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Bien… puede que mi padre aun fuera demasiado lento… ¡Me había llevado de compras! ¡Por Kami! Y yo que había defendido la inteligencia de Inuyasha varias veces.

El lado positivo de eso… Es que voy a actualizar todo mi closet, cosa que sin duda me alegra. Díganme ¿Puedes estar en Francia sin ir las mejores tiendas y comprar la mejor ropa, de la mejor calidad y de los mejores diseñadores? La respuesta es más que obvia ¡No!

Llevábamos cerca de tres horas de tienda en tienda y mi padre se encontraba cargando cerca de unas veinte bolsas llenar ropa, zapatos y accesorios y la verdad, aun faltaban muchas más por cargar, pues sino se le había ocurrido una cena romántica a la luz de la luna y luego una noche inolvidable… Era lo mínimo que tendría que soportar y era solamente su culpa… aunque también me había enojado por nada…

─Hija… ya… ─me imploró por milésima vez y yo solo sonreí abanicándome con su tarjeta de crédito─ Te aseguro que no me volveré quejar de tu tío y tu adorable prima ─me giré apretando los labios con fuerza para no reírme ante la mueca que había compuesto al decir esas cosas─, pero por favor vámonos a casa…

─Ni lo sueñes ─le recomendé. Al verlo de frente sonreí radiante─. Me estoy divirtiendo demasiado ─y no era otra cosa más que la verdad. Realmente me encantaba ir de compras, puede que pareciera una actitud demasiado superficial, pero me encantaba el ambiente de las boutiques y de la ropa nueva. Me encantaba sonido de la registradora cada que se pasaba un código de barra y por sobre todas las cosas los nuevos diseños y los colores llenos de vida.

Hizo una mueca de disgusto y supe que a él no le agradaba para nada el estar tanto tiempo de un lugar a otro.

Suspiré. Tal vez mi padre necesitaba un respiro.

─Vamos a un café ¿Quieres? ─inquirí con una sonrisa.

─Más que nada… ─susurró y no estuve segura de si quería que lo escuchara o no.

Ignorando eso último me coloqué a sus espaldas y lo empujé hasta una pequeña cafetería del otro lado de la amplia zona repleta de sillas y mesas.

Al llegar papá dejo todas las cosas en el piso y yo volví a apretar los labios para no caer en la tentación y reír. Se veía tan agobiado por andar siguiéndome por ahí.

Tomé la carta cuando una chica se acercó, pero después de echarle una ojeada suspiré y negué con la cabeza totalmente resignada. Mi padre tenía más razón de la que creía. Necesitaba aprender francés rápido si quería estar en ese país. Además si quería ingresar a la escuela en Agosto necesitaría dominar el idioma, aún me quedaban casi siete meses, pues nos encontrábamos en Enero, pero era una buena lata el estudiar un idioma desde cero.

─Lo que quieras… ─le dije mordiendo mi labio inferior y él sonrió arrogante mientras me ordenaba algo y luego cuando la chica le sonrió me lo mordí con más fuerza, pues incluso alguien que como yo no sabe nada de francés, se daba cuenta de que eso, era claramente flirteo y al parecer a mi padre le agradaba.

Enojada me levante de mi silla frente a él y me coloqué en la que se encontraba a su lado.

─Inuyasha ─lo llamé y cuando se giró, para ver que se me ofrecía lo besé.

Mi lengua se adentro en su boca de inmediato y rodeé su cuello con mis brazos, enredando en mis dedos sus plateados cabellos. Me correspondió de manera salvaje y una sonrisa se extendió por mis labios. Realmente amaba esa forma suya y desesperada de besarme, era tan excitante y maravillosa que siempre que se alejaba de mí quería, aún más.

Cuando el aire se nos termino me miró y luego a la chica que se había quedado estática en su ligar. Si bien, yo ya antes había lidiado con chicas ─meseras, cajeras, recepcionistas de hoteles y secretarias─, siempre lo había hecho como una hija en extremo empalagosa ─abrazándolo por el cuello, dándole besos en la mejilla e incluso a veces preguntándole si ella seria mi próxima madre─ haciéndolas huir de manera desesperada, cosa que siempre me fue en extremo divertido, pero el actuar como una amante apasionada me era más satisfactoria que ninguna de mis otras técnicas "espanta-novias".

Le ordenó algo y ella se marcho mirándome con rencor ¡Pero por Kami! ¡Ella era una niña para mi padre! No tenía más de veinte y mi padre era sin duda un hombre muy maduro para ella. Bueno… yo no era tampoco muy madura pero realmente no pueden negar que yo soy perfecta para él.

Una de sus manos se colocó debajo de su barbilla mientras con la otra me colocaba un mechón de cabello detrás de la oreja.

─Eres muy celosa ¿Sabes? ─preguntó con una sonrisita seductora y yo fruncí el ceño ante esa pregunta que ya me había sido formulada por otra persona, en otras circunstancias y de otra manera.

─Kouga ya me lo había dicho ─respondí encogiéndome de hombros, pero sintiendo un leve retorcijón en mis entrañas al pensar en él. Después de ese tiempo no era capaz de mencionarlo sin sentirme terriblemente vulnerable. Las lágrimas empezaron a salir de mis ojos sin siquiera darme la oportunidad de negarme e Inuyasha se dio cuenta.

─ ¿Qué sucede…? ─preguntó curioso y escrutando mi rostro.

─Lo extraño… no debió morir así… ─me quejé limpiándome las mejillas con una triste sonrisa. Yo no iba a arruinar esa tarde, además papá no se merecía eso… Kouga se había marchado y no lo volvería a ver jamás… Debía de aceptarlo.

─Sí, fue valiente el sarnoso… ─murmuró y yo solté una risita. Él entendía mi dolor y eso me tranquilizaba.

La mesera llegó y yo la miré atentamente, a lo cual ella me sonrió amigablemente haciéndome desconfiar aún más de ella, pero toda sospecha desapareció en el instante en el que me colocó un tazón con un helado de chocolate, vainilla y fresa cubiertos con chocolate derretido y chantillí.

Una sonrisa se extendió por mis labios también y mi padre miró eso con el rostro mostrando confusión. Ella se marcho dejándole un café a mi padre, el cual me miraba curioso.

─ ¿Mejor…? ─me preguntó y yo supe a lo que se refería, así que para no mentirle respecto al dolor de lo de mi amado Kouga me encogí de hombros y le metí una cucharada de jarabe de chocolate en la boca.

─Cállate y come ─le ordené, a pesar de lo delicioso que se veía, comí lo menos posible. No quería engordar nada, pues la ropa que acaba de comprarme no me quedaría.

Mientras él comía de mi helado y luego tomaba un trago de café yo lo mire ensimismada. Sus labios se movían de una manera insoportablemente sexy y tentadora, causándome una indeseada necesidad de ellos.

Incapaz de controlar mi deseo me incliné un poco hacia enfrente y lo bese, a lo cual Inuyasha correspondió con una sonrisa en ellos, pero en esos momentos no me importaba en lo más mínimo la gracia que le causaba mi hambre de él, ese era un momento nuestro… para disfrutarlo…

Sus manos se colocaron en mi nuca jalándome más hacia adelante mientras du lengua se abría paso por mis labios. Mis manos se encontraban totalmente flácidas, una en mi regazo y otra sosteniendo la cucharilla de mi helado de manera peligrosa.

Sus labios se movían suavemente, pero su lengua demostraba una avidez contagiosa y sus manos no parecían dispuestas a darme tregua para poder respirar.

─Kagome… ─se separó un poco de mis labios al decir mi nombre, para después depositar otro beso en mi boca demasiado para satisfacerme un poco─ eres… ─me volvió a besar─ lo mejor… ─me volvió a besar y esta vez lo noté resistente a dejar mis labios, pero para mala suerte de mis deseos lo hizo─ que me pudo haber pasado…

Sus labios se unieron a los míos de nueva cuenta y en esa ocasión se quedaron ahí… Robándome el aliento sin piedad alguna, cosa que le agradecí de todo corazón…

─Tú igual… ─susurré cuando se separó un poco de mí para poder respirar juntando nuestras frentes y una sonrisa apareció en sus labios para después de unos pocos segundos volver a devorar los míos.

Lo único que realmente no me agrado de aquello es que no pude comer de mí helado pues el único manjar que pude saborear en esos momentos fueron sus labios, dejando olvidado mi helado…

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─ ¡Ya Inuyasha! ─grité totalmente estresada de verlo caminar de un lado a otro ¡Realmente me estaba sacando de mis casillas!

─Pero Kagome ¿Y que pasa si es verdad? ─preguntó totalmente alterado jalándose los cabellos. Jamás lo había visto tan preocupado… Y eso me preocupaba a mi… ─No quiero que pases por eso y menos a tu edad… ─susurró hincándose en el piso frente a mí.

Desde que se lo había mencionado no me había dejado poner un pie fuera de la cama, como si temiera que en cualquier momento me fuera a romper.

Lo que debo admitir es que a mí en cierta forma también me asustaba un poco, pero realmente no me importaba tanto es decir, sí, tengo dieciséis, casi diecisiete, en dos semanas seria mi cumpleaños y aunque pudiera no me pasearía como leona enjaulada.

Ya llevábamos más de seis meses en Francia y debo admitir que mi francés no había mejorado nada… cosa que me preocupa en exceso, ya que al parecer no podría ir a la preparatoria ese año.

─Inuyasha… realmente no pasa nada… ─suspiré besándolo, pero el se separó de mis labios al instante, como si el contacto le quemara o le desagradara.

─No volveré a tocarte hasta estar seguros ─me aseguró y yo estoy segura de que palidecí demasiado.

¿¡No me iba a volver a tocar!?

─ ¡No! ─grité totalmente conmocionada ¡No podía hacerme eso! ─ ¡No puedes hacerme eso! ─que alguien me diga ¡¿Cómo sobrevivir sin su cuerpo!?

─No kag… ─rápidamente me besó, pero fue un contacto casto─ ¿Vez? Ya te besé… no pasa nada ─como si eso me consolara, realmente no entendía el porque me decía eso, mi drama no se iba acabar hasta que no se acostara conmigo, y eso lo tenía muy claro…

─ ¡Eres un imbécil Inuyasha! ─grité y él me miró confundido, pero antes de que siquiera se le ocurriera decir algo en su defensa salí de la cama y corrí a mi habitación.

Si bien yo tenía la mía propia yo dormía con él desde que habíamos llegado a ese lugar.

Cerré de un portazo y me tiré a mi cama totalmente enojada ¡Era un baka!

─ ¡Usuratonkashi! ─grité a los cuatro vientos, segura de que me escucharía, quería que me escuchara, tenía que saber lo que pensaba de él.

Una cosa es preocuparse y otra cosa es… ¡sobreactuar! Y yo si podía sobreactuar… Yo era la afectada y yo era la que tendría que soportar la castidad… cosa que no me agradaba nada.

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Me encontraba recostada en mi cama… llevaba cinco días tendida en ella, esperando a que el imbécil de mi padre fuera en busca de algo de sexo… pero nada…

─Señorita Kagome… ─me llamó una voz desde el otro lado de la puerta.

─Pasa Marinee ─susurré mientras me sentaba en la orilla de la cama.

Ella era mi único contacto con el mundo exterior, todos los días iba a darme de comer y a platicar un rato conmigo mientras me enseñaba un poco de francés, cosa que estaba dando resultado… Con mi padre no aprendí más que dos palabras y con ella aprendía más de una frase diaria. Mi papá podría ser buen maestro, pero si antes de que la clase llegara a su final ya nos encontrábamos en su cama no era mucha ayuda…

Suspiré resignada. Todo me recordaba el calor de su cuerpo…

─ ¿Pasa algo señorita? ─preguntó mi amiga… Ella sabia lo que pasaba, pero su educación le impedía decirlo sin que yo le diera antes mi consentimiento.

─Inuyasha no ha venido a buscarme… ─murmuré mientras gemía de desesperación.

─El señor se encuentra un tanto… brusco… con los empleados… ─me dijo y yo fruncí el ceño. Inuyasha no tenía derecho de hacer eso. La culpa de que las cosas estuvieran como estaban era solo suya.

─Imbécil ─dije tomando la bandeja que ella me tendía y colocándola en la cama para empezar a comer─. No debería hacer eso ─Marinee se sentó frente a mí en la cama suspirando.

─Usted sabe porque se comporta así… tal vez debería… ir a verlo… ─sugirió algo incomoda y yo sentí mucho lo que hacia, pero no me iba a convencer con eso. Ellos no tenían la culpa, pero yo no iba a ceder si él no lo hacia.

─Lo lamento por ti ─le dije a mi amiga y ella suspiró resignada─, tendrás que soportarlo, yo no pienso hacer nada… él sabe lo que tiene que hacer…

─Supongo que no conseguiré nada si se lo suplico de rodillas ¿verdad? ─pregunto con una sonrisita y yo solo negué con la cabeza. Ella se levantó con una mueca de disgusto y se dirigió a la puerta─ Señorita Kagome… creo que no debería decirle esto, pero… tal vez el señor tenga razón en lo que piensa.

La miré con la boca abierta, claramente disgustada por lo que había dicho, pero antes de que fuera capaz de decir una palabra en mi defensa propia ella ya había salido y cerrado la puerta a su espalda.

─Inuyasha… eres un idiota… ─me quejé y mordí con rabia un pedazo de baguete.

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─Señorita Kagome… ─era la voz de Marinee… de nuevo…

Desde que le dio la razón al estúpido de mi padre había cerrado la puerta con llave y le había prohibido entrar. Si bien no había sido su culpa, no debió de estar de su lado, como mi amiga no debió de haberme traicionado y por esa razón yo no le abrí cuando volvió a tocar.

─Señorita Kagome… Por favor… ─imploró y yo simplemente seguí jugando en mi Game Boy sin inmutarme… No le iba a abrir así me estuviera muriendo de hambre…

Siguió insistiendo por un momento y después dejo de tocar la puerta. Suspiré realmente no debería de haberme comportado de esa manera con ella pero jamás me iba a tragar mi orgullo.

Guarde la partida del juego y me senté en la cama mirando por la ventana curiosa. Hace solo unos cinco minutos un hermoso carro había entrado por la reja y justo después mi calma había sido interrumpida por la voz de Marinee.

Me deje caer hacia atrás y mi cabeza calló en la almohada mientras suspiraba. Era verdaderamente aburrido estar en la habitación encerrada todo el maldito día, pero no encontraba una solución mejor.

Escuché unos pasos apresurados subir las escaleras y luego como se detuvieron al final de estas.

─ ¡Kagome Taisho! ─la voz me sorprendió y sin pensarlo dos veces salté de mi cama y abrí la puerta de un tirón.

Al mirar al final del pasillo me encontré con mi adorada prima mirarme con el ceño fruncido y claramente molesta, pero eso no me iba a robar la alegría de verla de nuevo, así que sin pensarlo dos veces me abalancé sobre ella.

─ ¡Rin, Rin, Rin, Rin, Rin! ─grité eufórica su nombre tantas veces que perdí la cuenta, pero en ningún momento deje de rodearle el cuello con los brazos mientras derramaba lágrimas con la alegría y la culpa entremezcladas.

─Ya, ya… tranquila kag… ─susurraba con voz suave mientras me acariciaba el cabello de manera dulce.

─Te extrañe… Lo lamento… Yo no pude evitarlo… Debí ser yo… ─murmuré incapaz de contenerme. Tenía que disculparme con ella por lo pasado con Kouga.

─No kag… Él lo hizo porque te amaba… ya deja a mi hermanito descansar en paz… Con tanto llorar tuyo seguramente se esta revolcando de disgusto en su tumba ─su comentario no me hizo gracia, pero su dramatización sin duda si lo hizo.

Me separé de ella con una ligera sonrisa en los labios. Llevaba meses esperando que ella apareciera de nuevo en mi vida, pues desde esa ultima llamada telefónica no había recibido ni una señal de vida de su parte, cosa que sin duda me estaba matando por dentro de una manera que no me había dado cuenta hasta que la herida por su ausencia se había cerrado gracias a su aparición.

─Ahora dime niña ─su voz de pronto se volvió autoritaria y llena de ira─ ¿Por qué demonios no has salido de tu habitación en siete días? ¡Tuve que convencer a mi papá de que me trajera a verte una semana antes al enterarme! ─gritó zarandeándome por los hombros.

─Inuyasha es un imbécil ─dije enojada al recordarlo y aún más por el hecho de que ahora mi amado padre le había ido con el chisme a Rin─, pregúntale a él… ─le recomendé con el tono de voz más frio que pude utilizar.

─Lo supuse… ─susurró negando con la cabeza─ Me dijo que te habías enojado con él por alguna estupidez y que realmente te estabas portando como una cría…

─ ¿A si? ─pregunté enojada─ ¡Eres un estúpido mal nacido Inuyasha! ─grité y Rin se tapó los oídos cuando lo hice─ Bien, ahora si dime que me comporto como una cría ─le dije con una sonrisa.

Si me decían cría, tendrían que soportar a una.

─Eres imposible prima ─dijo Rin y después rompió en una sonora carcajada.

Yo la ignoré y decidí ir a la cocina por algo de comer… Llevaba dos días resistiéndome a la comida de Marinee, solamente esperaba que el chef Myoga tuviera aunque sea un poco de pudin en el refrigerador.

Al llegar al piso de abajo no pude contenerme al ver a Sesshomaru sentado majestuosamente en un sofá, así que me abalancé sobre el tomándolo claramente desprevenido porque me rodeo con los brazos como si quisiera detener mi caída.

─ ¡Ice… Sesshomaru! ─grité alegremente y de inmediato sus brazos dejaron de rodearme para quedar una a cada lado de sus piernas.

Seguramente era un cuadro bastante raro, pero en esos momentos no me importaba, él si era mi tío y a pesar de ser en extremo frio y arrogante lo adoraba por motivos que no eran conocidos ni por mi misma.

─Kagome ─su voz distante me hizo sonreír aun más─. Quítate de encima ─aunque bien supuse que realmente estaba perdiendo los estribos.

Me alejé de un salto y le sonreí cuando sus ojos se encontraron con los míos.

─ ¿Y yo no cuento? ─dijeron dos voces al unisonó y yo me gire a verlos sorprendida.

Sentados en otro sofá de la sala se encontraban Kohaku y Miroku, ambos con los brazos abiertos y una gran sonrisa que me contagiaron. No lo pensé y corrí hasta ellos sentándome entre los dos, quienes me abrazaron.

─Miroku ─lo abracé del torso y él me rodeo los hombros con un brazo, claramente orgulloso de que le hiciera más caso a él que a su cuñado.

─Creciste Kagome… ─susurró y cuando sentí su mano posarse en mi trasero grite asustada.

Un puño golpeo a Miroku en la cabeza y un par de brazos me rodeo alejándome de su mano maldita. Realmente nunca pensé que llegaría el día en que Miroku me metiera mano y al haber llegado ese día creo que más que enojada me encontraba feliz de que al fin se me considerara una mujer.

─ ¡No te atrevas a tocarla Miroku! ─gritó alguien cerca de mi oído y al girar mi rostro me encontré con el de Kohaku, quien me sonrió sin soltarme de la cintura pegándome a su cuerpo.

─ ¡Tu también suelta a mi Kagome maldito mocoso! ─la voz de Inuyasha dejo de gritar a su mejor amigo para empezar a gritarle a Kohaku.

En ese momento recordé que me encontraba muy enojada con cierto Taisho, así que para desquitarme tomé las manos de Kohaku que se encontraban en mi vientre, apretando más su agarré a mi alrededor.

─ ¡Kohaku! ─grité alegremente y le besé debajo de la mandíbula debido a que era demasiado alto para que le alcanzara la mejilla─ Vamos… tengo ganas de comer algo… ─le dije y cuando él quiso soltar su agarre no se lo permití.

─ ¡Tú no vas a ningún lado con ese…! ─de nuevo la voz de mi padre me estaba sacando de quicio, pero esta vez no estaba de muy buen humor. Si bien dicen por ahí… "Pancita llena corazón contento…" Y yo me estaba muriendo de hambre.

─ ¡Yo voy a donde quiero con quien yo quiero! ¡Y tú no eres mi dueño Inuyasha! ¡Déjame vivir mi vida! ─me solté del agarré de Kohaku y lo tomé de la mano para dirigirme a las escaleras, en la cual se encontraba mi prima viendo todo con las cejas alzadas, a la cual también tome de la mano.

Los llevé a ambos hasta mi habitación y cuando entraron azoté la puerta con todas mis fuerzas, prefería soportar el hambre que tenía a verle la cara al imbécil de Inuyasha.

─Kagome… ¿Qué pasa aquí…? ─preguntó Kohaku demasiado extrañado y por un momento lamente no haberlo abandonado abajo, pero al pensarlo sabía que había hecho bien, pues dejarlo a merced de mi padre no era bueno para su integridad física.

─Es un imbécil… ─me quejé y él me miró con una ceja alzada─ ¿Y sango…? ─pregunté de pronto reparando en que no la había visto cachetear a Miroku cuando su mano actuó por si sola.

─En casa… No quiere dejar al bebe solo, para variar… ─rodó los ojos y me sonrió─ Yo creo que en realidad no quiere venir por miedo a ver lo que yo.

Su sonrisa era insinuante, pero yo no entendía que podía ver ese chico que su hermana mayor no quisiera.

─ ¿Qué has visto? ─pregunté curiosa e incapaz de contener mis instintos de adolecente curiosa ─chismosa mejor dicho─.

─El extraño comportamiento de Inuyasha y tuyo ─yo palidecí y él soltó una carcajada, pero cayó cuando Rin le pegó en la cabeza─. Vamos Rin… Ni que no se hubieran dado cuenta todos… ─yo lo miré aterrada─ Tranquila, tus abuelos ni siquiera saben que están en Europa, creen que Inuyasha te llevó a Rio de Janeiro ─rodó los ojos y yo sonreí ligeramente.

─ ¡Eso no importa ahora Kohaku! ─gritó mi prima y supe que ya venia el interrogatorio y el cuestionamiento cuando sus ojos brillantes y llenos de determinación me miraron fijamente─ ¿Por qué te has encerrado sin comer durante dos días y por qué tratas de manera tan cruel a Inuyasha? ─tragué grueso y la miré mordiendo mi labio inferior, pero en el momento en que Kohaku me acaricio el cabello pude ver que en sus ojos también había un poco de preocupación.

Respiré profundamente y los miré intranquila. Bien, necesitaba ayuda con el problema que parecía acecharme.

─De acuerdo… lo que sucede es que…

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─No… ─supliqué y Rin y Kohaku se miraron cómplices.

─Lo siento Kag… ─musitó Koha y me tomó en brazos mientras yo pataleaba para que me soltara─ Tienes que ser valiente y hacerlo.

─ ¡No! ¡No, Kohaku, Rin! ¡No! ─grité desesperada y mi prima abrió la puerta de mi habitación.

En cuanto les había dicho Kohaku había salido corriendo de mi habitación y no tardo más de media hora en regresar para poder confirmar las cosas y justamente diez minutos después me encontraba siendo acarreada por ellos para ir a encarar a mi padre.

Al llegar a la sala me di cuenta de que Miroku y Sesshomaru se habían marchado de la estancia.

─Tío, Kagome te quiere decir algo muy importante ─la miré con rabia mientras forcejeaba con Kohaku para que me soltara─, algo que marcara sus vidas para siempre.

Kohaku me dejó con cuidado en un sillón, de hecho con demasiado cuidado y en cuanto lo hizo traté de marcharme pero Inuyasha me tomó del brazo mirando a Rin con una ceja alzada.

─No nos iremos ─aseguró ella con una gran sonrisa―. Créeme que si la dejamos sola contigo es capaz de salir corriendo de Europa ―me miró con burla y yo fui incapaz de hablar cuando los dorados ojos de mi padre se clavaron en los míos.

Realmente nunca había pensado encontrarme en una situación así, ni con Inuyasha, ni con Kouga, ni con nadie.

―Creo que mejor lo dejamos para la próxima papá ―sugerí con una risita temblorosa. No era capaz de decírselo, no después de su reacción de la semana pasada… ¡Decidido! ¡No le voy a decir nada!

― ¡No! ¡Antes muerta que decírselo! ―me quejé como una cría de cinco años haciendo berrinche y Kohaku que miraba todo desde el umbral de la puerta soltó una predecible carcajada ante mi forma de enfrentar los problemas, aunque era más que claro que no los estaba enfrentando.

―Rin… No seas una maldita y no me hagas esto… ―le supliqué pero ella había sido la más feliz de todos al comprobarlo.

―Jamás primita hermosa ―dijo ella moviendo su dedo índice en señal de negación y guiñándome un ojo―, esto es algo que como mujer debes de enfrentar.

¡Si, claro!

―Y tú muy mujer ya lo viviste ¿No? ―pregunté amargamente. No me podían obligar a decírselo, al menos no así, pero si no se lo decía bajo presión dudaba poder hacerlo jamás…

―De hecho ―respondió y yo la miré con los ojos como platos en el momento en que Kohaku la miraba con la boca totalmente desencajada.

― ¿Tú… tú…? ¡¿Estas embarazada?! ―vociferé sin pensarlo y ella sonrío radiante mientras negaba con la cabeza.

―No, que va… es solo que… ―trató de explicarse pero mi amado padre de pronto se encontraba en el piso.

― ¿Inuyasha? ¡Inuyasha! ―grité cuando lo vi en el piso mirándome con el ceño ligeramente fruncido y la boca abierta, como tratando de desvelar algún gran acertijo.

―No… No… Kagome… Amor… Mi vida… ―yo no sabía si reír ante su rostro contraído por la angustia o llorar de desilusión ante su reacción.

― ¡Eres una maldita Rin! ―grité optando por la segunda opción y sin pensarlo mucho corrí a la puerta. Kohaku me retuvo de un brazo, pero al ver mi rostro lloroso me dejo ir.

No entendía esa manía suya que tenía Rin de entrometerse donde no la llamaban, lo único que ella conseguía era obviamente arruinar las cosas. Si bien las cosas con Inuyasha no eran un lecho de rosas antes de su llegada, ahora menos lo serian.

Llegué a mi habitación y me aventé a la cama sin molestarme en echarle seguro a la puerta. Si mi padre quería entrar para gritarme no le costaría nada abrirla de un portazo o llamar a la ama de llaves para que le abriera.

Sollocé por un buen rato, contra la almohada, tratando de ahogar mi llanto. Pasó un raro antes de que me alguien entrara a mi habitación.

Yo conocía a la perfección esa sensación, era mi papá que seguramente se encontraba hecho una furia. Me encogí apretando los ojos con más fuerza que antes y mordí mi labio inferior con tanta fuerza que me hice daño, pero no me interesaba. Recibiría un daño peor en solo unos segundos.

Esperé paciente a que estallara, pero ese momento no llegó, aunque sabía que no se había marchado y que seguía ahí, muy cerca de mi cama.

―Kagome… ―su tonó de voz serio y calculador me dolieron y asustaron, que me podría decir en ese momento, no me podría pedir interrumpirlo y mucho menos regalarlo. Ese bebe era mío, suyo… Nuestro… No me podría pedir nada que me hiciera no tenerlo entre mis brazos― Kagome… Amor… Mírame ―me suplicó y yo como buena chica no pude evitar obedecerlo―. Tranquila ―me recomendó y en sus ojos pude notar un extraño brillo, más dorado que nuca, pero el más sincero de lo que pude haber apreciado jamás. Su mano me acaricio la mejilla y yo cerré los ojos sumisa ante ese delicioso contacto.

―No me desharé de él Inuyasha… ―murmuré como pude y la voz se me quebró de una manera sumamente patética al final.

Abrí mis ojos en cuanto su mano detuvo su recorrido por el costado de mi cara y pude ver que su rostro reflejaba sorpresa llena de disgusto, ahí estaba, no le había gustado la idea de que me opusiera a sus ideas, pero no me iba a rendir. Si él no lo quería, tampoco me iba a tener a mí a su lado, aunque me doliera más que nada el pensarlo, no me iba a quedar con él si él no quería a mi hijo.

Las lágrimas empezaron a rodar de nueva cuenta por mis mejillas, al pensarlo, pero sería la decisión más sabia que tomaría en mi vida.

De pronto todo perdió sentido para mí, la idea de irme se quedo perdida en algún rincón de mi mente cuando sus labios se posaron sobre los míos en una caricia llena de necesidad y amor… amor que me di cuenta jamás podría dejar.

Su lengua acaricio la mía y sus manos me tomaron de la cintura en el momento que se tendió sobre mí. Mis manos se dirigieron a su hermoso cabello, donde enredé mis dedos acercándolo más a mí.

Se separó de mí yo lo miré suplicante.

―Eres una estúpida Kagome ―susurró con una mueca en sus labios y yo solo atiné a desviar mi mirada, la cual fue nuevamente dirigida a su rostro por su mano que me retuvo de la barbilla― ¿Realmente me crees tan bestia para no quererlo? ―preguntó con una sonrisita arrogante que yo amaba.

Tarde unos segundos en comprenderlo y cuando lo hice, no puede hacer más que abalanzarme contra sus labios mientras de mis ojos no dejaban de fluir las lágrimas.

Realmente estaba obteniendo más de lo que nunca pensé llegaría a ganar a su lado, pero cuando pensé un poco me separé de sus labios con una gran sonrisa.

―Va a ser niño… ―le advertí y él frunció el ceño.

―Va a ser niña… ―alegó él y yo negué de manera enérgica, cosa que lo extraño― ¿Por qué tiene que ser niño? ―inquirió molesto― Son demasiado problemáticos, las niñas son más lindas.

―Porque las niñas se enamoran de sus padres ―le respondí con una sonrisita.

―Y los niños de sus madres… ―contraatacó y una carcajada salió de mi garganta, pero luego lo miré a los ojos.

―Vas a estar siempre a mi lado ¿Verdad? ―pregunté incapaz de imaginarme una vida sin él… No lo soportaría… Porque él era mi vida desde siempre.

―Tú sabes que si… ―me aseguró para después depositar un beso en mis labios, los cuales como atraídos por un imán respondieron desesperados…

Definitivamente ese amor era el mejor que existiría… Era algo más que deseo, más que anhelo. Lo nuestro era un amor puro y lleno de promesas que jamás se romperían pues los lazos de nuestra sangre nos unían… Lo nuestro era un amor más que fraternal…

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FIN!

Hola!

OMG! Les juró que estoy llorando!

Nunca en mi vida habia pensado lo que se sentía escribir el final de una historia! Es realmente magico!

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Les agradezco de todo corazón que me hallan apoyado hasta el final, sus reviews fueron algo que me verdaderamente maravilloso que me ayudaron a terminar esta historia, que se ha vuelto el mejor proyecto de toda mi vida y puedo pensar que jamás seria posible hacer uno que se compare a este.

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Chicas y chicos que leyeron esto... LOS AMOOOO!

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Verdaderamente GRACIAS!

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Espero poder escribir otro Fic pronto ya que creo que los que llevo en proceso se quedaran un tiempesocto abandonados, pero no se preocupen, volveré a terminarlos!

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Me despido!

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Kisses!