Summary: "Una regla esencial en el ejercito es nada de mujeres… y yo la rompí. No podía dejar que mi padre se enfrentara a aquello, acarreando con su avanzada edad. No me importaba cuanto debía arriesgar… ¿o sí?"AU. TODOS HUMANOS. Aye436 y M.- Way

Disclamer: No somos dueñas de nada, porque del polvo venimos y al polvo vamos y bla bla. La cosa acá es que los personajes son de nuestra intima amiga Steph, la Guerra es de los guerreros (¿?), el titulo del fic es de un grupito llamado "Toquio Motel" o "Toque Mote" o como sea que se llame (ojo no tenemos nada en su contra). La idea de Aye, adaptada a Mulan y remixada por el drama de Mee.

Mee: Waa! Cuanta agua paso debajo del puente desde la ultima vez que publicamos! Se murió Michael Jackson, Lesly Nilsen, Brit Murphy, el pulpo Paul y hasta nuestro ex presidente cheeee!. Me siento como veterana de guerra, cuantos cambios eh.

Aye: Te olvidaste de María Elena Walsh, aunque si no me equivoco la vi el otro día con Mr Jackson tomando un café en el Starbucks de Palermo... mmm... raro raro. Yo también me siento como si hubiera ido a Iraq...

Mee: Y con Sandro (tenemos foto que lo prueba, definitivamente vamos a empezar un grupo en el FB). Waa loco, es un flash. Ya pasó un año y es increíble ver que a pesar de todo, muchas chicas siguen leyéndonos. Especial agradecimiento en este breve momento mio de lucidez, a cada una de las chicas que siguió acompañándonos y mandándonos RRs y PMs en apoyo.

Aye: Es cierto, tenemos unas fans muy leales allá afuera Mee, me hace sentir... ¿emotiva? (Ashee toma un pañuelito y se seca los ojos) Nos han esperado tanto tiempo... ¡Aguanten las lectras twilighters!

Mee: Bueno, suficiente con el sentimentalismo y dejemos de llorar a lagrima tendida. ¿Que te parece si retomamos el fic en un breve resumen? ¿Me haces los honores?

Aye: Con gusto! (carraspea y pone voz de locutora de radio que ya le va saliendo a la perfección) Noticia de último momento, los Estados Unidos entraron en la Primera Guerra Mundial, el país debe mandar soldados a los frentes europeos. Han mandado listados a las casas de todos los ciudadanos... pero lo que nunca esperaron es que entre uno de los Fuertes existiera la presencia de una... ¿chica? Se informa que la presunta anda disfrazada de hombre y ha dejado en una situación muy confusa al Cabo a cargo de su grupo. A la brevedad les seguiremos informando...

Mee: No podria haberlo dicho mejor, asi que basta de chachara y a nuestra historia nos remitimos.

LIPS OF AN ANGEL

(Double, double toil and trouble…)

No había palabras para describir el estado en el que se encontraba Edward Masen en aquél momento. ¿Avergonzado? Tal vez… ¿Enojado? Definitivamente.

El joven Ian Swan había resultado ser su peor pesadilla. Tenía ganas de agarrarle por ese delicado cuello que tenía y…Momento ¡¿Delicado? ¿Desde cuándo Edward Masen creía que el cuello de uno de sus soldados era… delicado?

Era una suerte que Emmett no supiera leer la mente, sino ya estaría bien enterrado a diez metros bajo tierra por sus pensamientos impropios de un hombre. ¡Demonios! ¿Desde cuándo el cuello de alguien le parecía delicado? ¡Ni siquiera el de Tanya D'Nali!...

Bueno… pero debes admitir que… quien espías por las noches es… delicado…, la voz de su conciencia le sacó de sus pensamientos. ¡No es cierto!, se refutó a sí mismo. Admítelo Masen, pareces ser… ¡GAY! ¿Por qué de pronto la voz de su conciencia parecía la de Emmett?

–Eres gay…–escuchó la misma voz cerca de su oído– Eres gay…

–¡Emmett McCarty! –bramó Edward levantándose de la cama de un salto para correr a pegarle una tunda a su estúpido amigote.

–¡Jasper, sálvame! – Emmett salió corriendo rumbo a la puerta de la habitación, Edward le seguía pisándole los talones. Si iba a descargar su furia a los golpes, que bueno que Emmett fuera el voluntario… esa bestia era como una piedra.

Jasper estaba saliendo de las cocinas con una sonrisa de oreja a oreja que se borró de inmediato en cuanto vio a la manada…, corrección en cuanto vio a las bestias de sus amigos corriendo cual jauría en dirección hacia él.

–¡Alto!– gritó el joven rubio con voz dura.

Edward aprovechó que Emmett se detuvo para lanzarse contra él. Jasper solo miraba anonado la escena. Edward tenía que estar muy molesto como para agarrarse a puñetazos con Emmett de esa forma.

–Chicos…– intentó Jasper separarlos con calma, pero no hacían caso ambos se estaban peleando a piñón fijo– ¡CHICOS!

Emmett se detuvo justo cuando Edward le iba a propinar un puñetazo, el cuál paró con asombrosos reflejos. Edward maldijo por lo bajo, Jasper le había quitado su única forma de desquite.

–Emmett, te había dicho que no fueras tan drástico a la hora de levantar a Edward– el aludido bajó la cabeza como un niño al ser castigado por sus padres– y a ti Edward… eso no es propio de ti, entiendo que estés enojado con lo sucedido con…

–No lo menciones… no te atrevas– la mirada de Edward parecía la de un lunático, por lo que pronto Jasper cambió de tema.

–¿Le pediste permiso a Edward para lo de esta noche?– quiso saber.

–Si no me hubiera estado persiguiendo lo habría echo…

–Si no me hubieras llamado gay no te habría…

–¡Alto! –le detuvo Jasper al ver que Edward estaba en plan de niño de cinco años– Emmett y yo pensamos que sería buena idea de que la tropa se relajara el día de hoy… un premio por la semana dura que tuvieron y por su excelente trabajo en la misma…

–No todos hicieron un buen trabajo– gruño Edward, Jasper rodó los ojos.

–Estas molesto sólo con el chico Swan… vamos Edward una buena revolcada no estaría mal. Además ya tenemos bastante abandonadas a las D'Nali– le guiñó el ojo Emmett.

Edward sabía que era imposible decirles que no a sus amigos y ellos sabían que Edward no podía negarles nada. Eran como hermanos.

–De acuerdo– suspiró derrotado Edward.

–¡Sabía que no me defraudarías!– Emmett le abrazó con fuerza.

–Em... y… luego dices… que… los demás… son gays– se quejó Edward con el poco aire que le dejó su fortachón amigo.

–Eres loco Eddie, pero aún así se te quiere– Emmett le alborotó el pelo, generando la risa estridente de Jasper.

–Entonces ya esta decidido… esta noche a lo de las D'Nali– sonrió Jasper de oreja a oreja.

Edward sólo rogaba a los dioses que Tanya pudiera hacerle olvidar de todo lo que la semana le había traído…

Que una mujer no tenga derechos ante las leyes, es una cosa. Pero que esta se digne a perder su dignidad sólo por unas horas de placer, era otro tema. O al menos así pensaba Bella, quien había sido arrastrada, literalmente, por su hermano y sus compañeros de cabaña hasta aquél lugar.

Un burdel, en toda extensión de la palabra, era el lugar a dónde se les había ocurrido ir a "celebrar" su primera semana a los jóvenes soldados, para ser más precisos fueron los dos amigotes del Cabo Masen quienes plantaron semejante idea en la cabeza de los pobres soldados de la tropa, por lo que no fue de esperarse que no se negaran a ir. Aún parecía increíble que ninguno no se hubiese negado. Bueno… excepto Ian Swan.

Bella aún no podía creer lo que veían sus ojos.

–¡Es denigrante!– se quejó en voz baja para que sólo su hermano le escuchara.

Ian, sabes muy bien que este lugar es…

–¡Un prostíbulo!– chilló Bella indignada, nunca le agradó la idea de que las mujeres tuviesen que vender sus cuerpos para obtener algo a cambio– ¿Cómo pueden algunas mujeres rebajarse a esto?

–¡Aw, qué ternura de machito!– exclamó una voz atronadora a sus espaldas.

Bella tenía el rostro rojo de vergüenza e ira. Vergüenza porque el tarado de Emmett McCarty ahora se reiría de sus ideas "feministas". E ira debido a que no sólo tendría que resignarse a entrar sino a ver lo que algunas chicas hacían en esos lugares.

–Cállate McCarty– le advirtió Bella, tratando de que su mirada fuera intimidante, pero solo logró que el grandote sonriera a sus anchas.

–Me haces acordar a cuando el gruñón de Masen entró por primera vez en este lugar…– suspiró con una mirada soñadora– ¡Ahora no puede sacarse a Tanya de encima!

En ese momento apareció detrás de Emmett el Cabo con cara de pocos amigos. Bella lo miró con enojo. ¿Cómo había aceptado llevar a su tropa a un lugar así?

–Las mujeres no deberían venderse así– afirmó con voz dura.

–Creo que alguien necesita una dosis de cama por aquí– rió Emmett ante el comentario del pequeño Swan.

–¿Es qué acaso no les da vergüenza serle infiel a sus mujeres?– Bella miró mal a Edward.

Ella pensaba que alguien como el Cabo o algunos de los soldados mayores deberían tener familias que estaban dejando atrás para poder defender a su patria. Un sentimiento extraño se apoderó de ella al pensar en el Cabo felizmente casado…

–Nadie te obliga a quedarte, Swan– le miró burlonamente Edward.

–Además– añadió el chico rubio que Bella identificó como Jasper–, ninguno de nosotros tres tiene que decir que hemos pecado. A menos de que tú si estés casado…– le sonrió con confianza.

–¿Él, casado? – rió Mike al lado de su hermana que ahora dirigía su mirada de pocos amigos hacia su persona– Seguro, mamá ha intentado que el pequeño aquí siente cabeza… pero Bella…

Bella es la única chica que me importa– se apresuró Bella a cubrir el desliz de su hermano, él cuál dándose cuenta de su error la miró pidiéndole disculpas.

–Así que el pequeño Swan está enamorado– rió Emmett.

Edward no pasó por alto las miradas que se daban los hermanos, era como si estuviesen tratando de guardar un secreto que sólo ellos conocían y al parecer el mayor había metido la pata en ello.

–Cuéntanos un poco más sobre tu amorcito– se burló Edward, mientras hacia un gesto con la mano indicando que se sentaran en la mesa, pagaría una ronda de cerveza sólo por escuchar esa historia y sacar más información que seguramente le sería útil para dominar un poco al chico Swan. Si sus cálculos no fallaban el tema de la tal Bella, era el talón de Aquiles de aquél orgulloso muchachito–, yo invito esta ronda.

Bella no tuvo más remedio que aceptar, se sentó junto a su hermano, quedando frente a la mirada intimidante de aquél hombre ojiverde. Sintió sus mejillas encenderse más de lo que estaban. Aprovechando que su hermano estaba cerca de ella, sin que los otros soldados en la mesa se dieran cuenta, le pellizcó la pierna mientras el Cabo ordenaba una ronda de cervezas a uno de los mozos del lugar, para los cinco.

–¡Auch!– se quejó Mike.

–Esto es por lo de recién– le murmuró la chica con enojo.

–Lo siento…

–A sí que… se llama Bella– les interrumpió el soldado McCarty con una sonrisa que lograba denotar su sumo entusiasmo por el tema en cuestión.

Tres pares de ojos se enfocaron en Bella, especialmente unos verdes.

–Eh… así es…– respondió nerviosa, no sabía que historia inventarles, mintiendo era muy mala y sólo faltaba que el Cabo se diera cuenta, la mera idea le dio nauseas.

–¡Oh, vamos!– rió Jasper– No seas aguafiestas, pudiste derribar a Edward… ¿Cuán malo puede ser que nos cuentes un poco de ella?

"No tienes ni idea" pensó Bella.

–Es nuestra vecina– le ayudó Mike para su sorpresa–, ella…, la conozco desde que nació, Ian y Bella crecieron juntos, como no tiene parientes cercanos ella toma clases con nuestra Tía Maggie y su hija Sharon, sólo que es una pérdida de tiempo.

Bella no podía creer lo cínico que era su hermano, ¡estaba hablando de ella misma!

–¿Por qué?– quiso saber Edward, la historia cada vez le parecía más intrigante al ver lo incómodo que se veía el pequeño delante suyo.

–Ella no es como las demás chicas– afirmó una vez más el hermano mayor.

–¿En qué sentido?

–Aborrece las injusticias… piensa que las mujeres deberían tener los mismos derechos que el hombre…– empezó a enumerar Mike, para enojo de Bella.

Su hermano estaba en serios problemas.

–Si bueno… Bella está loca, fin de la historia– le cortó a su hermano.

–¿Loca?– rió Emmett– Está más chiflada que nunca, es de la clase de mujeres que piensan demasiado…

–Mi madre piensa así Em, no lo olvides– le sonrió Edward a su amigo, que tomó rápidamente su tarro de cerveza.

Bella miró con interés al Cabo, esta era la primera y tal vez única vez que sabría algo acerca de ese extraño hombre.

–Por mi no esta mal que las mujeres quieran tener derechos o ser semejantes a nosotros para los ojos del mundo– añadió el hombre–, pero lo que no estoy de acuerdo es que intenten hacer trabajos que sólo los harían los hombres. Por ejemplo, las guerras. Sería muy peligroso tener una mujer en un campo de batalla.

"Bien tarde me vine a enterar" pensó con pesadez la chica…

–¿Por qué?– le preguntó Bella, ahora algo irritada.

–Porque no son tan fuertes como nosotros…

–¿Sabía usted, qué las Amazonas eran excelentes guerreras y eran mujeres? – le soltó con rabia.

–Lo sé, pero también sé lo qué tenían que hacer para poder luchar mejor. Y créame que se corten los senos sólo lo hace ver monstruoso– le respondió Edward.

–Eso lo hacían para que… los…– Bella se sonrojó al intentar pronunciar la palabra con calma, no podía creer que estuviese hablando de la anatomía femenina con el hombre al que probablemente aborrecía por sobre todas las cosas.

–Vamos, Swan. Dilo– se burló Edward de Ian–, en voz alta. Dilo. No tengas vergüenza, son parte de la belleza femenina.

Bella sintió como el calor se apoderaba de ella, las palabras de Cabo la escandalizaron cómo nunca nada lo había hecho. Aunque escandalizar no sería la palabra adecuada… sólo escucharle decir eso había hecho que una corriente eléctrica la recorriera por todo el cuerpo.

–Los… pechos– Bella se mordió el labio, acto que hacía cada vez que se sentía incómoda, o tenía vergüenza–… se los… cortaban para que no les estorbaran… a la hora de luchar.

–No comparto esa opinión– rió Mike para angustia de su hermana, que lo miró mal unos instantes– ¿Qué? – miró a los demás hombres que miraban la escena algo confundidos, Mike rodó los ojos– Bella pelea y pega como un hombre y… nunca necesitó…

–Suficiente Eustaquio– le advirtió Bella.

Edward estaba fascinado con la información que había logrado extraer. El talón de Aquiles del pequeño orgulloso era una chica, a quién, por algún extraño motivo, le hubiese gustado conocer. Era el tipo de chica del que su madre habría aceptado gustosa como nuera.

Bella incapaz de soportar más las miradas burlonas de aquellos hombres y por miedo a que el bocaza de su hermano la metiera en más apuros, se apresuró a levantarse de aquella mesa, si tenía suerte podría escapar y regresar a la Fortaleza Lewis y si no, ya había armado un plan para poder pasar el resto de la noche escondida en casa de la buena Esme, con sus atolondradas amigas que estarían más que gustosas de escuchar alguna de sus nuevas hazañas como toda una soldado. Estaba casi segura que ahora más que nunca necesitaba un poco de la compañía de sus chicas, no podría soportar un segundo más en aquel horrible lugar.

Se disponía a abandonar la mesa cuando un par de brazos pequeños como los suyos la tomaron por la espalda. De inmediato se tensó al sentir que la abrazaban y que lentamente dichas manos bajaban en dirección a sus pantalones.

Edward no sabía si reírse o no, el pobre Ian Swan estaba siendo "acorralado" por una de las chicas de Tanya. Si no se equivocaba la sensual Irina era la que tenía las manos puestas sobre el pequeño Swan que tenía la cara tan pálida como la de un fantasma y los ojos abiertos de par en par a causa de terror.

–Hola guapo…– le susurró una voz de mujer en el oído, Bella sintió que el estómago se le retorcía, tenía ganas de vomitar– Te estuve viendo desde que llegaste… necesitas relajarte…– dicho esto la mujer bajó abruptamente las manos hacia las inexistentes partes masculinas de "Ian", provocando que Bella saltara de su asiento y se volteara de inmediato a la mujer.

–¡No!– le gritó exasperada, no le importó que su voz sonara como la de ella, lo único que quería era salir de ahí y rápido.

La mesa estalló en carcajadas ante la reacción de Ian.

–Descuida Irina, el muchacho aquí se esta guardando para el matrimonio– explicó Emmett para luego estallar en ruidosas carcajadas.

–Eso… se puede arreglar– le sonrió "sensualmente" la mujer que respondía al nombre de Irina.

–Gracias, pero no– dijo apresuradamente Bella, en un intento de zafarse de aquella mujer–. Usted no debería estar haciendo esto… no es correcto que una dama…

–¡Me llamó dama! ¡Este joven es un ángel!– Bella la miró horrorizada, ya no sabía cómo librarse de aquella mujer.

Y antes de que pudiera hacer o decir algo, la mujer sorpresivamente la soltó y se alejó a toda prisa detrás de la barra dónde había varios soldados ahogándose en alcohol echando lamentos desde la familia dejada atrás hasta por los músculos engarrotados que se habían ganado luego de una serie de ejercicios pesados bajo el mando del exigente pero buen Cabo Masen.

Bella bufó. Edward Masen de bueno… no tenía… bueno sólo tenía el que era demasiado guapo… o tal vez esos ojos verdes… Bella se sonrojó al darse cuenta del curso que estaban teniendo sus pensamientos. La verdad ya estaba dudando de que su cerebro funcionase del todo bien luego de las tantas visitas nocturnas al baño y los encuentros, o visiones, de aquél perfecto cuerpo…

Necesitaba salir de aquél lugar. Las hormonas que flotaban en el aire le estaban nublando el pensar con claridad y sólo Dios sabía lo que podría ocurrir si se le nublaban del todo.

Rápido y antes de que alguno dijese algo, se levantó de la mesa, Mike la imitó.

–Voy al baño, hermano– le aseguró, guiñándole un ojo rápidamente.

Mike ya sabía que esa era la señal de que ella debía irse de ahí cuanto antes, por lo que no se inmutó y volvió a sentarse, sino atraerían demasiada atención.

–Pobre Swan…– rió Emmett–, el encuentro con Irina le dejó… desarmado– hizo un gesto con el dedo índice, lo cuál provocó la risa de la mesa.

Bella no perdió el tiempo y rodando los ojos se alejó de aquella mesa. Bastantes problemas había tenido, ya era momento de que se diera a la retirada antes de que algo más saliera mal. Porque… vamos, Isabella Swan era sinónimo de "Imán para el Desastre", y eso ya se estaba comprobando.

Sus pies tomaron rumbo fijo hacia lo que parecía un pasillo desierto. Aunque una parte de ella decía que no se acercara allí, la parte en la que ella quería escapar ganó, y cómo dice el dicho… La curiosidad mata al gato.

–¡Ahí esta el ángel, Tanya!– Bella no lo podía creer, se había ido a meter en la boca del lobo.

¡Y valla lobo!

–¡Oh!– la mujer rubia ahora iba acompañada de otra algo pelirroja, de ojos de un azul profundo y un andar gatuno que quedaba a la perfección con su maquillaje demasiado pronunciado– El Cabo Masen siempre trae a los mejores…– ronroneó la pelirroja.

A Bella se le dio vuelta el estómago.

–Te lo dije Tanya, el chico es virgen– rió Irina tontamente.

Bella tenía ganas de patearle el trasero a alguien, de correr rápido o de desaparecer cómo lo haría un escapista. Era demasiado lo que pedía, sólo podía esperar un milagro o que le salvase alguien, pues estaba acorralada y sin escapatoria.

–Tranquilo angelito, que conmigo los ángeles caídos cómo tú tocan el cielo de nuevo– le sonrió Tanya.

–Edward se enojará contigo, corazón– rió Irina.

–Qué se enoje lo que quiera, él sabe que no puedo resistirme a la carne fresca– le guiñó un ojo a "Ian" seductoramente.

Inconscientemente Bella se hizo para atrás, terminando así dentro de una habitación llena de vestidos, con un espejo con luces, y para su terror en la esquina había una cama con dosel muchísimo más grande de la que tenían sus padres en su casa.

–Veo que no has podido esperar– la chica pelirroja entró en la habitación riendo–, me encantan los primerizos…

–¿D-dónde… Dónde está Irina?– la mera mención de la otra mujer hizo que Tanya se mostrara enfadada por unos segundos, pero después su sonrisa se hizo aún más pronunciada.

–No hay nada que temer, ángel. Yo soy mejor que Irina, tu Cabo puede decírtelo…

Una oleada de enojo invadió a Bella, algo que no tenía que ver con el pánico de ser descubierta ni con que las mujeres que ahí habitaban no tuviesen dignidad. Era un sentimiento que no conocía, algo que la hacía sentir incómoda y tener una opresión en el pecho.

Tanya se le acercó con andar felino…

Edward bebió su tercer vaso de cerveza. Ya había perdido la cuenta de cuántos llevaba Emmett, pero por su cara y los chistes subidos de tono se dio cuenta que debían ser más de lo que se les tenía permitido.

–Nos va a dar problemas– murmuró Jasper a su lado.

–Al menos él sí se divierte…– le respondió algo serio Edward, cuyo humor estaba por los suelos desde que Ian Swan había abandonado la mesa.

–¿Por qué no vas a buscar a Tanya? Ella sabrá como animarte– le dijo Jasper.

–Buena idea Jazz– le dedicó una sonrisa pícara a su amigo, que sólo rodó los ojos–. Tú ve a buscar a María… sé que debe de estar esperando a por ti.

Sin una palabra más Edward se levantó de la mesa. Dirigiéndose hacia el pasillo que daba a la habitación de Tanya.

–Momento Masen– le detuvo Irina, sonriente.

–Irina… sabes que yo sólo busco a Tanya…

–Ése es el asunto… Tanya… está… ocupada…– Irina le sonrió intentando ser algo seductora– Pero yo puedo… reemplazarla

Edward se hizo para atrás, no le gustaba Irina, sabía desde que la conoció, que lo único que quería era meterlo en su lista de chicos que habían pasado por su cama. Era cierto que Tanya también lo hacía, pero con la pelirroja había tenido un pacto… nada de besos, pues para el Cabo compartir besos en un acto íntimo implicaba llevar emociones y sentimientos que no estaba dispuesto a dar a nadie. Estaba seguro que Irina no sería tan comprensiva como Tanya en ese sentido.

–Basta ya Irina, déjame pasar.

–Lo siento Masen, pero es la verdad Tanya está ocupada con uno de tus soldaditos… con el chico ese… el virgen.

Edward vio rojo. El chico ya era un dolor de cabeza. ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo…?

–Caballeros…– una voz masculina resonó en la habitación, Irina le sonrió una vez más a Edward para salir contoneándose hacia el escenario que había en el fondo del salón, dónde ya se encontraban varias chicas sonriendo. El show iba a dar comienzo–, esta es noche de show… noche de jazz… ¡Noche de pasión!

Los vítores de las mesas no se hicieron esperar.

–¡Madame Denali!– una voz masculina resonó fuera de la habitación.

Bella estaba acorralada en la esquina de una pared respirando agitadamente, debido al miedo.

–Damien…– Tanya se alejó de "Ian" molesta.

–Lo siento, Madame Denali– un chico alto musculoso, de pelo negro como el ébano cuya sonrisa de pervertido se ensanchó al ver la escena que tenía delante, entró de improvisto en la habitación–. Es hora del show… y ya sabe… sin usted las nuevas no debutan.

Tanya rodó los ojos.

–Está bien, pero tú– le sonrió a Bella–. Tú te quedas aquí hasta que regrese.

Sin una palabra más Tanya salio con paso felino fuera de la habitación, la cuál cerró con llave para el desmayo de Bella. Ahora si estaba perdida…

Afuera la música dio comienzo, era algo como un jazz.

Bella comenzó a golpearse la cabeza contra la puerta, fue entonces cuando se fijó en el picaporte. Era exactamente igual a los que había en casa de Tía Maggie… ¿cuántas veces no había forzado la cerradura para salir? Volteando a ver a su alrededor en busca de horquillas para llevar a cabo su plan se encontró con uno mejor…

Nunca en su vida pensó que un vestido iba a ser su salvación…

Edward retomó el paso rumbo a la habitación de Tanya, poco le importaba el show que iban a dar. No iba a dejar que el maldito Ian Swan le ganara de nuevo.

Pero su sorpresa fue mayor cuando al llegar al final del pasillo una chica de pelo castaño y ojos almendrados salía de esa misma habitación. El sólo ver a la muchacha despertó una sensación extraña que recorrió el cuerpo del Cabo de pies a cabeza.

–N-necesito ver a Tanya Denali– carraspeó él, para su sorpresa la chica lo miró mal, cómo si fuese la peor escoria del mundo.

–La… señorita ha sido solicitada para… dar el show– le respondió aquella muchacha.

A simple vista Edward podía decir que era una mujer hermosa, muy diferente a las que había en aquel exótico lugar. Se preguntó que habría orillado a tal hermoso ángel a llegar al mismo infierno.

–No me mientas…– le dijo él avanzando hacia ella, la muchacha se tensó en su lugar– Sé que está ahí adentro…

–Esta vacío, si no me cree Cabo Masen– le sonrió con amargura la chica.

Edward la contempló de cerca, había algo en su rostro angelical que se le hacía conocido, pero a la vez sus ojos le llamaban, un mar chocolate lleno de misterios. El perfume de la chica inundó sus sentidos, cantándole como sirenas… Era una mezcla floral, podría jurar que la misma que olía cada noche en aquel cuartucho de baño en la Fortaleza.

–No es justo que usted sepa mi nombre. Y yo quede en las sombras con el suyo– Edward avanzó un poco mas hacia ella.

No le extrañaba que la chica supiera su identidad, despues de todo, el era conocido en los alrededores. Habia ido ahí cientos de veces, y solian cerrar las puertas cuando el llevaba a sus hombres a aquel antro.

Bella sintió su espalda chocar contra la pared de madera, maldijo en su fuero interno, podría escapar si hubiera estado acorralada contra la puerta del cuarto de la mujerzuela a la cual le había robado la ropa. Alice se escandalizaría al verla vestida así. Un vestido flapper era algo que no estaba bien visto, no aún.

–No necesita saberlo…– le dijo desafiante.

Edward enarcó una ceja, la chica lo estaba desafiando y eso le encantaba en una mujer.

–Puede que no… pero me gusta saber el nombre del objeto de mis deseos.

El corazón de Bella latió con fuerza al escuchar las palabras de Edward… ¿Ella? ¿Objeto de deseo masculino? La sola idea se le hacia ridícula, pero no por eso disminuía el halago en ella. Lo cierto era que el Cabo Masen era un hombre muy agraciado y bien distribuido.

–No… no soy un objeto– le dijo con enojo, el hombre le estaba nublando los sentidos y no podía permitirlo, no entendía que clase de magia era aquella, pero estaba segura que el Cabo la había hechizado–. Isabella… así me llamo.

Edward sonrió, provocando que el corazón de Bella latiera incluso más fuerte. El hombre se acercó más a ella y agachó la cabeza, acercándola al cuello de Bella.

–Isabella…– susurró contra su piel, provocándole una oleada de sensaciones nuevas para ella– un nombre encantador para una mujer tan bella

Lentamente Edward fue recorriendo con su nariz el cuello de Bella, trazando líneas imaginarias y absorbiendo el aroma que lo estaba volviendo loco. Tenía ganas de besarla… era una necesidad nueva para él. Nunca había deseado tanto besar a una mujer cómo lo deseaba ahora.

Bella se mordió los labios conteniendo un suspiro de placer que parecía estarle creciendo dentro del pecho. Edward estaba despertando cosas en ella que jamás habría imaginado y eso era peligroso… estaba jugando con fuego y eso lo hacía más excitante. Esto está mal, es algo prohibido, se dijo a sí misma. Pero no olvides que… el fruto prohibido siempre será el más dulce

Bella esbozó una sonrisa, realmente se estaba volviendo loca. Volteó a mirar al Cabo, sus ojos esmeraldas brillaban con pasión, nunca antes había visto a un hombre así. Sus ojos viajaron hacia los labios del hombre… carnosos y finos a la vez…

Lentamente, como si se tratase de un imán, ambos se fueron acercando, sus alientos se entremezclaron creando una fragancia nueva y el deseo aumentó…

Esto esta mal, Bella. Jodidamente mal… le repetía su parte conciente. ¡Oh, al diablo con la moral!...

Pero antes de que nada sucediera, la conciencia de Bella le ganó y se corrió hacia un lado, dejando a un confuso Edward a mitad de camino.

–Lo siento… debo… irme– le costaba articular las palabras, su respiración era acelerada.

–Claro… debes… eres nueva aquí… el show…– Edward estaba en shock, nunca ninguna mujer le había rechazado.

Desde el umbral del pasillo vio como Bella se alejaba…

Hold on, hon. We're gonna bunny hug. I bought some Aspirin, down at United Drug. In case you shake apart, and want a brand-new start, to do that…– cantaba Tanya.

–¡Jazz! – se escuchó la exclamación del público masculino.

La música jazz inundó el lugar, la mente se le despejó. Pero el corazón parecía a punto de partírsele en pedazos… ¿pero por qué?

No, I'm no one's wife. But, oh, I love my life– Tanya sonrió al ver a Edward que salía del pasillo, su cara denotaba la frustración y el coraje del momento– And All That Jazz!

That Jazz!– finalizaron las chicas algunas sentándose en las piernas de algunos soldados, o en poses demasiado comprometedoras que dejarían sin aliento a más de uno.

Edward Masen buscó con la mirada a Isabella…

Había desaparecido.

Aye: Flash Urgente... se informa que en cabaret cercano al Fuerte Lewis en Washington ha ocurrido un delito...

Mee: Estamos en condiciones de afirmar en estos momentos que el Cabo Masen se encuentra en grave estado de ebriedad y tras unas cuantas disputas con un transeunte de naturaleza animal la situacion se habria resuelto entre gemidos y nalgueadas. Se especula que el animal habria sido violado y-

Aye: ¡Mee! No es el chupa-cabras!

Mee: No era a "chupa" a lo que exactamente me referia, pero definitivamente se trataba de una cabra. ¡POBRE TIPO! viste lo caliente ue lo dejo?

Aye:Uff... ni que lo digas, creo que nuestro Cabo secretamente debe de estar planeando nuestra muerte... pero ¡hey, así es la historia!

Mee: ¿El Cabo terminara sucumbiendo a los encantos de la cabra? ¿Bella volverá a ser una señorita? ¿Michael Jackson seguira tomando un café con Gardel?...

Aye: Lo último jamás lo sabremos, pero lo primero... ¡seguro!

Mee: Descubran eso y mucho mas en el proximo capitulo y por ultimo: 1 minuto de silencio:

Aye: por toke mote... o tokio motto o... como se llame que se ha petateado

(suenan los grillos de fondo)