Hola! ¿Qué tal? ¿qué puedo decir de mi larga ausencia? Pues absolutamente nada. Sólo decirles lo de siempre. Aunque me demore, este fic tendrá final. Al menos ya pasamos la mitad (Hace rato, para que no se asusten)
Respecto al capítulo, decirles que es un capi de resolución, y largo, y emocional. Tal vez demasiado. El próximo es un capitulo nuevo. Tuve que inventarlo para concluir la promesa de este capi, por lo que tendrá más acción.

Pasando al tema de los reviews, y las personas que subscribieron sus cuentas a esta historia o a mi cuenta, les agradezco que sigan mis historias, y espero no defraudarles. Lo mismo para los lectores anónimos, que son muchisimos.

Mmm! recuerdo que una persona intentó darme un link para que leyera algo, y le cuento que esto no resultó. Podrías mandarmelo por PM o por correo. ; )

Ahora, a leer!

Disclaimer: Ni Magic Kaito ni Detective Conan me pertenecen.


Capítulo 28: Limpiando el honor; el "trébol de esmeraldas".

Un día antes, la Akamatsu Corporation recibía una colección de esmeraldas preciosas, "La Aimeé Grande Collection d'émeraudes". Todas tenían un vínculo en común. Habían sido moldeadas, facetadas o engarzadas en Francia. Una de ellas tenía una fama precedida. Se decía que "Le trèfle émeraude" era un maravilloso collar que ofrecia a su poseedor gran suerte. Estaba engarzado en virola por uno de los mayores maestros de la orfebrería francesa, quien a su vez también había trabajado más de la mitad de la colección. ¿Qué era más valioso? Claramente el arte dispuesto en las técnicas de engarce y el distinguido facetado de las piedras competían en valor con el de las mismas esmeraldas.

"Le Trèfle Émeruade", el trébol esmeralda, era la joya en que la seguridad de la Corporación se enfocaría más. Existía la posibilidad que Kaitou Kid viniera por ella al enterarse.

Aoko apagó su nuevo teléfono esa tarde. Faltaban pocos minutos para que Kaito pasara por ella y comenzara el duelo que ella y él se fijaron. Si Kaito solía enrostrarle su inteligencia, ella movería todos sus recursos para ir siempre un paso adelante que él. Tenía un motivo muy especial para ello, Aoko Nakamori ya no era una niña inocente, aunque su corazón a veces la traicionara. Ella jugaría con sus propias armas.

- Esta no será la única vez que te enfrentaré, Kaito. No estoy dispuesta a dejarte seguir arriesgando tu vida de esa manera, y lo haré como lo que soy… la hija de la ley.

Más tarde Aoko cedió ante la debilidad… su amor por el adolescente criminal.

Luz de luna clara frente a la cama.

¿Será que la escarcha cubre la tierra?

Alzo la cabeza y miro la luna,

la bajo, pienso en mi tierra natal

"Yè sî, Pensamiento nocturno", Li Bai.

Kaito levantó a Conan en sus brazos, irguiéndose él mismo lentamente. Todavía le dolía un poco la herida, y aún la policía se movilizaba buscando a Kaitou Kid; además estaba seguro que Ran- san estaría buscando al pequeño detective.

Ahora tenía claridad que su verdadera identidad era conocida por el moreno de pelo rubio, conocido como Bourbón ¿Acaso Vermouth se lo habría dicho? Era probable. Realmente tuvo suerte de que ambos sujetos, Vermouth y Bourbon se encontraran sorpresivamente en la azotea, y que no se llevaran muy bien, pues en ese momento pudo quitarle la joya a la mujer de un solo disparo de carta. ¿Cómo llegó Bourbón tan rápido a los pisos inferiores? No lo sabía, pero claramente aquí había un misterio aún mayor.

Kaito alzó su vista hasta completar una panorámica general. De pronto notó que unas pisadas solitarias caminaban por las escaleras abajo. Magullado aún y al parecer ligeramente afiebrado, no podría levantar vuelo, ni mucho menos cargar con Conan en sus brazos, por lo que decidió agazaparse detrás de un pilar grueso, esperando que no se fijaran en él.

Era una mujer de edad mediana y cabello muy negro, vestida de inspectora de policía. La había visto en otra ocasión junto a la policía de la división homicidios. Llevaba un largo abrigo de color negro. Se acercó lentamente, con un arma en las manos mirando alrededor muy atenta. Kaito tuvo que esconderse perfectamente para no ser detectado.

Desde la oscuridad, Kaito vio como la mujer se acercó a los casquillos de bala que logró encontrar, observándolos con detención. Se colocó un par de guantes y se acomodó un manos-libres y marcó un número en su móvil. Luego hizo sigilosas preguntas a quien le contestó. Kaito mientras tanto mantenía un ojo en la mujer, otro en las luces de los helicópteros que pasaban sobre ese descansillo, y alternando al rostro de Conan, que seguía inconsciente. Kaito rogó que el pequeño siguiera descansando en el momento que logró entender parte del diálogo que la mujer sostenía:

- Estoy en un descansillo entre los edificios. Encontré unos casquillos- silencio para escuchar- Si.- silencio- Si. – Silencio- No, no está aquí. Debe habérselo llevado. – la mujer aprovechó de guardar en su bolsillo la evidencia de la lucha entre Kid, Conan, Vermouth y Bourbón- Entiendo, me encargaré de él, pero necesito una ficha de él… - Silencio- Vermouth, si no sé a quien seguir no podré hacerme cargo de Kid.- Silencio. Kaito se tensó. Esa mujer era uno de ellos y le estaban encargando su vida a ella- ¿Qué opina Cognac?... ¿eh? ¿Bourbón está contigo?- silencio- Sabes que no respondo más que a la liga Poison… - Silencio- De acuerdo, Komoro se hará cargo. Adiós.

Kaito esperó unos segundos más. Quieto, en silencio, sintiendo un ligero temblor en sus músculos, pero no pudo escuchar nada y le pareció extraño. Hasta el momento en que sintió un arma sobre su cabeza. Volteó aún con Conan en sus brazos y se encontró con la mujer anterior apuntándole directamente.

- Estuviste a punto, pero cometiste un error, Kaitou Kid- la mujer pateó parte de la capa blanca de Kid.- Un brillo de tu monóculo y esta pequeña tela a la vista. ¡Uy! Y el pequeño Conan-kun… Creo que tendré que tomar medidas con él también…

El pasador del arma sonó. Kaito abrazó a Conan para protegerlo, y esperó el disparo. Un fuerte dolor le traspasó por segunda vez en el día, pero logró comprender que la mujer había fallado, luego que una lluvia de disparos se dejó caer a su costado, mientras la mujer corrió en dirección a la oscuridad. De pronto Kaito escuchó la voz de Nakamori, vociferando desde el techo del edificio contiguo, exigiendo a la mujer que se detuviera. Era la oportunidad para Kid, herido o no. Kaito acomodó y escondió a Conan perfectamente y salió de su escondite sin dejar que Nakamori lograra verlo.

- ¿Kid? ¡DETENTE! – Gritó él, visiblemente sorprendido pues al fin logró ver a la persona que estaba siendo amenazada por el sujeto de negro que escapó.

Kaitou en cambio saltó al vacío con Conan en sus brazos. Abrió sus alas delta y al momento de la tensión de las alas por el viento, sintió una fuerte punzada en su brazo derecho. La mujer logró herirlo. Seguramente fue Nakamori- keiji quien desvió su disparo, Arigatou oji-san pensó, mientras intentaba soportar la tensión del peso de Conan y del viento en las alas. Luego de dar un giro, sintió gritos y vítores y las luces del espectáculo en la cara, y para evitar que reconocieran al pequeño detective lanzó una nube de colores que lo hizo desaparecer. Instantes después logró aterrizar a duras penas sobre el tejado de un edificio, un par de cuadras más al oeste. La vista se le había nublado unos segundos y de pronto sintió un repentino calor subirle al rostro. Rápidamente llamó a Jii-chan, quien esperaba su contacto con angustia.

Muchos policías aparecieron secundando a Nakamori, quien dio la orden a un grupo de sus fuerzas, que siguieran a una persona de negro que saliera del edificio contiguo al de la corporación Suzuki.

Por su cabeza sólo pasó lo que ya venía investigando y viendo alrededor de Kid, y que ya había intentado compartir con Hakuba. Nuevamente unos sujetos de largas gabardinas rodeaban y acechaban al ladrón. Esta vez él mismo salvó al ladrón fantasma, pero ¿qué estaba pasando?

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Aoko tenía el corazón encogido. Si hubiera hecho esto mucho antes… pensó, recordando su plan. Estaba tiritando, estilando el agua que absorbió el traje que se había puesto recientemente, cortesía de Viktor Iván. Ran apareció detrás de ella cubierta con una chaqueta que su padre le había prestado, y sacándola abruptamente de sus pensamientos. Le preguntó por Conan, pero Aoko le perdió de vista en las escaleras, justo al ser arrastrada por la manada de personas que huían sin control.

Los noticieros anunciaban con gran emoción la interrupción del Tokyo Fashion & Jewelry y el robo de la Ambrosía Escarlata por Kaitou Kid, mientras enfocaban a Viktor y otros famosos del mundo de la moda internacional que desfallecían por sus creaciones, estilando kilos de maquillaje y telas delicadas, desechas. Aoko escuchaba todo lo que alcanzaba a oir, tratando de aun parecer interesada en las interrogantes que Ran y Sonoko, recién llegada, le hacían. De pronto giró asustada al percatarse que uno de los periodistas juraba haber oído disparos lejanos luego de la gran escapada voladora del mago ladrón. El gran Kaitou Kid ganaba audiencia a nivel mundial, en vivo y en directo, mientras Aoko sentía su corazón siendo estrujado y las voces de Ran y Sonoko escuchándose lejanas. De pronto las cámaras y todos los periodistas levantaron la vista y se enfocaron en una silueta blanca que flirteaba con las luces de colores que aún seguían funcionando. Aoko intentó seguir a Kid, que llevaba un bulto oscuro en sus brazos, pero la multitud comenzó a vitorear al mago, ajeno al daño hecho al espectáculo, e hirviendo de emoción por la repentina desaparición de este tras una cortina de humo coloreado, dejando una pequeña estela arcoíris sobre todos.

Aoko cayó de rodillas. Tapó su boca intentando que los sollozos no se le escaparan en forma de vómito. La cabeza le dio vueltas y sintió las náuseas que hace días se le habían hecho costumbre cada vez que ingería algún alimento. Ahora entendía que su cuerpo somatizaba la culpa a través de náuseas. Cada vez que mentía, cada vez que comía, cada vez que omitía, cada vez que no hacía lo que debía hacer… Sonoko se acercó a ella y le ayudó a levantarse. Ran le pidió a su amiga que se la llevara a uno de los policías estacionados cerca, mientras ella continuaba la búsqueda de Conan y del Inspector Nakamori para avisarle lo de Aoko.

Unos minutos después Ran sintió un aroma que le indujo a voltear. Era Kuroba; algo sucio, húmedo como todos, y su manga raída ensangrentada. En sus brazos llevaba al pequeño perdido.

- Se desvaneció. Tiene una fiebre muy alta. No debió venir estando enfermo.

- Kuroba- kun… - Ran observó atentamente la ropa jironeada de Conan, y el brazo y cintura heridas del mago-. ¿Qué…?

- A él no le sucedió nada. Jamás lo permitiría. – Kaito adivinó el temor de Ran.

- Pero tú…

- Tranquila, es sólo un rasguño.- Ran recibió a Conan en sus brazos, tomándole la frente de inmediato.

- Kuroba- kun, Aoko se sintió mal. Debes encontrarla pronto, Sonoko se la llevó con uno de los policías que estuviera más cerca estacionados.

- Gracias. – Kaito salió corriendo, dejando tras de si un aroma que no pasó inadvertido para Ran.

- Que extraño… huele como Conan-kun… y como Ai-chan…

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En Francia, Hakuba Saguru, que seguía la transmisión del Tokyo Fashion & Jewelry, alcanzó a distinguir la figura desmejorada de Aoko, completamente estilando agua y mirando hacia el cielo, justo antes que enfocaran a Kaitou Kid.

Se levantó furioso con Kaito. Alcanzó a distinguir justo lo que necesitaba para volver de inmediato a Japón. Aoko estaba sufriendo, y al parecer algo sabía sobre Kaitou Kid. Esa mirada y la llamada que había recibido antes eran todo lo que podría soportar.

Sin saberlo, otra persona en Francia, que estaba en abordaje al avión, también seguía con interés lo que había sucedido.

- Que divertido… Después de mi trabajito, te haré una visita, Kaito Kuroba.

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Kaito encontró a Aoko junto al oficial Yamawada, quien procuraba que se pusiera la ropa seca que le había traído. Aoko temblaba y sollozaba casi sin control, sin poder quitarse nada de lo que llevaba puesto. Kaito abrió la puerta abruptamente y abrazó a Aoko.

-Cálmate, Aoko, cálmate. Estás demasiado fría… Esto va a hacerte mal… - luego se dirigió a Yamawada- El inspector por favor, Aoko tiene fiebre.

Luego que el oficial fuera en búsqueda del padre de la chica, el muchacho siguió hablando mientras ella reaccionaba lentamente. Pronto dejó de temblar y gimotear comenzando a silenciarse. Luego notó que Kaito realmente estaba ahí, a su lado, parloteando disparates. De pronto Aoko comenzó a darle sentido a lo que escuchaba:

-Tranquila… mmm… hueles delicioso… ¿Es uno de los perfumes que te regaló Viktor?

La chica sintió la nariz de Kaito hurgando por su cuello. Miró por la ventana del auto y, aunque nadie estaba al pendiente de lo que allí dentro sucedía, ella sintió las mejillas enrojecer. Fuertemente Kaito frotó a Aoko para hacerla reaccionar mientras seguía diciendo una perorata sin sentido para la chica:

- No pensé que ese Viktor fuera tan detallista… al parecer es un toque similar a tu propio olor… - El chico olisqueó jocosamente a Aoko con tal de inducirle las cosquillas y devolverla a la vida, pero Aoko sintió nuevamente una oleada de repulsión. Se arqueó hacia adelante, soltándose del muchacho, pero ya no tenia nada en el estómago. Se enfocó en sentir ese vacío, jadeando, y trató de observar a Kaito, quien lucía preocupado, húmedo y herido. Aoko comprendió y el vacío que sintió comenzó a llenarse desde su vientre con un ardor de furia contra Kaito. Se resistió empujando violentamente sus manos, pero sus nervios se destrozaron en el momento que escuchó una nueva tontería del chico:

- Realmente te ves preciosa con ese vestido.

Una cachetada fuertísima cruzó el rostro de Kaito.

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Kurogane Tsubasa se dirigió al centro de Shibuya, tal como tenía acordado reunirse con Vermouth, quien desembarcó como una de las estrellas invitadas. Ciertamente no entendía la razón de exponer su reunión a tanto público.

- La muy… ¡¿No pudo avisarme que estaría allí?!

Llegó después del atracó, justo cuando en medio de la multitud que corría, distinguió a Aoko, siendo arrastrada fuera del edificio Suzuki, pero no tuvo oportunidad de acercarse. El mismo rumor que Aoko había escuchado sobre los disparos, lo puso en alerta. Unos minutos más tarde distinguió junto a la multitud al ladrón fantasma sobrevolando los edificios con un bulto oscuro en brazos. Con esto decidió esperar y ocultarse de la vista de ambos, y dar tiempo a que la situación decantara. De pronto una llamada telefónica lo sacó de sus pensamientos, era Vermouth.

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- ¡BAKAITO!

- Aoko… - el chico apenas habló mientras acariciaba lentamente su mejilla golpeada, shockeado.

- ¡Crees que no me doy cuenta! Mira tu ropa ¡Estás húmedo y salpicado en sangre! – Aoko gritó regando sus lágrimas por los asientos del auto.- ¡¿Hasta cuándo, Kaito?!

- Esto… no fue nada… Sólo es un rasguño… - Aoko continuó sollozando entre sus palabras.

- Sé que fuiste perseguido por esos sujetos… - La chica empuñó sus manos y comenzó a golpearlo en el pecho- Cuando escuché que algunas personas habían oído disparos mi corazón se partió en miles de pedazos –ella gimoteaba -¡¿Por qué tu obsesión por las joyas?! ¡Ninguna de ellas vale tu vida, ni la de mi padre! – de pronto Aoko reaccionó- Mi padre… ¿Dónde está mi padre? – Aoko levantó el rostro azorado dejando de golpear el pecho de Kaito-

- Tranquila, está bien, y ya viene para acá… Ahora ¿Quieres cambiarte por favor? Estás demasiado fría y noté que estás afiebrada.

- Kaito… el que está afiebrado eres tú…

- ¿Qué?

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Kurogane se ocultó en una esquina cercana, tras la multitud. Observó cómo Kaito llegó hasta el automóvil donde estaba Aoko. Sin poder más que intentar leer los labios de ambos y comprender sus gestos, Kurogane vio sorprendido el efusivo abrazo de Kaito y la furia de la chica con el cachetazo recibido por el joven mago-ladrón. No le quedó duda. El nivel de angustia de Aoko-kun no tenía otra justificación. Definitivamente la muchacha sabía sobre la doble vida del chico, y ahora tenía más claro que su nivel de relación era algo más que amigos, seguramente se habían confesado mutuamente o tal vez ya eran novios, pero encubiertos.

- No, Kaito… no seas imprudente-. Susurró justo cuando vio llegar al Inspector Nakamori.

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- ¡Aoko!- El inspector llegó corriendo, secundado por Yamawada.

- ¿Papá, estás bien?- Aoko intentó salir del auto, pero Kaito la contuvo.

- Pues… claro… - el inspector se sorprendió ante la reacción de su hija, que lo miraba angustiada.

- Inspector, Aoko, necesita descansar, tiene fiebre alta.- Dijo Kaito interrumpiendo el diálogo y saliendo del automóvil por el lado contrario.

- ¿Es cierto eso, hija?- la chica siguió con la mirada al muchacho, molesta por sus palabras.

- Pues el que debería protegerse más es Kaito, papá. – Yamawada se quitó su chaqueta al ver al muchacho aún estilando agua y se la entregó- Salió herido y también está afiebrado- Kaito bufó y la miró aún más molesto mientras se colocaba la chaqueta.

- ¡Aoko, me siento perfectamente!- el chico sonrió a Yamawada y se apoyó en una de las ventanas, dando la espalda a la chica.

El inspector observó en silencio al muchacho por unos segundos, y luego solicitó a Aoko que se colocara ropa seca e indicó a Yamawada que llamara a su inspector asistente. Se acercó a Kaito y se apoyó en el auto junto a él buscando cigarrillos en su bolsillo.

- ¿Qué sucedió, Kaito-kun?

- Bueno… Kaitou Kid apareció y se llevó la joya, usando un truco que nos dejo a todos mojados…

- No me refiero a eso. – Nakamori miro fijamente a Kaito, gesticulando hacia sus heridas al tiempo que encendía un cigarro.

- Ah, bueno, eso… en medio del mar de gente, algunas cosas cayeron. No es algo grave…

- Los llevaré a casa a ambos.

- Gra... gracias, Nakamori-san. – Kaito se sintió observado cuando el Inspector abrió la puerta del auto y lo invitó a entrar.

Aoko, ya cambiada, se desplazó a un lado para dar cabida a Kaito, pero justo al entrar este, el Inspector sostuvo la frente del muchacho, constatando que efectivamente se encontraba afiebrado. Kaito sorprendido, tuvo que soportar la mala cara del Inspector, que rápidamente sujetó al chico del mentón examinando su rostro, y luego revisó las heridas del muchacho mientras este se acomodaba en el automóvil. Aoko, nerviosa, intentó detener a su padre, pero el inspector no se refirió al tema, sino que simplemente bufó y esperó en su asiento en silencio a su asistente, mirando por el espejo retrovisor a Kaito… con una mirada penetrante, al tiempo que terminaba su cigarrillo.

Kaito y Aoko se miraron algo intimidados. En silencio y con el rostro azorado, ambos miraron hacia sus respectivas ventanas. De pronto Konno keibu apareció junto a Yamawada, recibiendo instrucciones precisas de Nakamori para la redacción del informe.

- Papá, no es necesario que dejes tu trabajo… podemos ir a ca…

- ¡Silencio! Aoko y Kaito-kun son mi responsabilidad y ambos necesitan cuidados.

El inspector echó a andar el automóvil y se llevó a los muchachos sin decir nada más.

Por el camino, ambos se durmieron por culpa de la fiebre. El inspector, mientras esperaba el cambio de luz del semáforo, miró con preocupación cómo ambos se durmieron apoyados mutuamente. La marca de la cachetada en la mejilla de Kaito no dejaba de darle vueltas en la mente.

- Kuroba Toichi… ayúdame a conversar con tu hijo…- suspiró.

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Un par de ojos verdes y fríos apenas eran visibles debajo de un flequillo rubio. Apoyado firmemente sobre el volante, el sujeto escuchaba las palabras de su compañero vestido de negro.

- Realmente es curioso que ella se presente en un lugar público, después de su retiro…

- Estoy seguro de lo que escuché… la pregunta es ¿Por qué?- Vodka observó atentamente hasta que de pronto algo llamó su atención- Un momento… ¿Acaso esa no es la motocicleta de Bourbón?

- Deben haberse reunido a nuestras espaldas… Pero ¿para qué? – Gin aguzó sus ojos y distinguió la ausencia de Cognac.- Vodka ¿Estás seguro que se reuniría con ese mayordomo bonachón y no con Bourbón?

- Lo escuché claramente… aniki… Aquí sucede algo realmente extraño.

- Ya sabes que Vermouth y Cognac son los líderes de la división Poison… Y tienen atribuciones directas del jefe… Ciertamente Bourbón no debería estar aquí, ni mucho menos una cita entre los niñeros del jefe, debiera ser con tanto policía merodeando.

Gin partió en su automóvil, manteniéndose a una distancia prudente de la motocicleta que llevaba a Vermouth y Bourbon. Ambos encendieron unos cigarrillos, mientras esperaban el cambio del semáforo. La mente de Gin pasaba de un tema a otro. Tenía claro que la división Poison perseguía fines distintos, pero no entendía el vínculo entre un espectáculo, y la aparición de Bourbón en una cita a escondidas entre otros dos miembros de la organización.

A lo lejos, ambos sujetos escucharon vítores de alegría, provenientes de la multitud.

-¿Qué son esos gritos?

- Esos imbéciles están esperando a un payaso, que se hace llamar Kaitou-Kid…

- mmm…

- Es un ladrón muy reconocido, pero un lobo solitario.

El silencio se mantuvo mientras siguieron lentamente el curso de la motocicleta. De pronto Gin se estacionó.

-No conseguimos nada persiguiéndolos.

- Aniki…

- Visitaremos al jefe… y tú te encargarás de revisar el computador de Vermouth

- Eso estará difícil.

- No te preocupes, podría apostar que se cuál es su clave.

Dieron la vuelta, y por el camino el automóvil de la justicia y el automóvil negro se cruzaron, mientras finos copos de nieve comenzaron a caer, aumentando el frío de la ciudad.

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Al llegar a casa el Inspector Nakamori dudó qué hacer. Dejar a Kaito en su casa, solo, o…

Bajó a Aoko y se la llevó hasta su cuarto. En momentos así, deseaba que su esposa estuviera viva. Desvistió a su hija respetuosamente, colocándole un pijama adecuado. ¿En qué momento su hija había crecido tanto? Claramente Kaito-kun y su hija habían discutido fuertemente. Siempre supo que ambos estaban destinados, pero algo estaba pasando entre ambos que ya no le estaba gustando.

Al llegar al auto, observó al muchacho que seguía durmiendo, entumecido. Se estremecía acometido por la fiebre, por lo que rápidamente el hombre lo levantó llevándosele al hombro. Lo recostó en su propia cama y le buscó su propio pijama para cambiarle. En esos momentos Kaito abrió los ojos y se sentó, dándose cuenta de la situación y disculpándose con el padre de Aoko.

- No te preocupes, Kaito-kun. Chikage- dono me encargó que te cuidara, y eso estoy haciendo.

- De verdad, puedo ir a casa y…

- ¡Ni pensarlo! – El inspector metió un termómetro en boca de Kaito- Cuando marque, te cambias de ropa. Voy a vigilar a Aoko.

Kaito observó la habitación con cuidado. Una fotografía familiar en que Aoko era una pequeña niña sonriendo feliz, llamó su atención.

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Hakuba estaba intentando comprar los boletos del avión, pero al mirar por la ventana, decidió revisar el pronóstico. Una tormenta de nieve se avecinaba a Japón y en Francia el panorama no parecía mejor.

- Lo intentaré de todas formas. – decidió.

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El Inspector tomó la temperatura a Kaito.

- 37,5ºC… Definitivamente con fiebre, pero no parece estar peor que hace unos momentos.

- Siento las molestias…

- No te preocupes, muchacho, pero… - el inspector dudó dejando un breve silencio- Quisiera que me contestaras algo…- el nuevo silencio alertó al joven mago- … ehm… ¿Qué está pasando, Kaito-kun? ¿Por qué tú y Aoko se han peleado?

- No es así… - parpadeó el chico, contrariado.

- Kaito-kun… Cuando te vi tenías la cachetada aún marcada y mi hija estaba demasiado molesta contigo. Los conozco hace tantos años… ¿crees que de verdad no conozco nada a mi hija?

- Inspector… - Kaito sintió mal que su cara de póker no pudiera tapar la furia de Aoko.

- Te escucho…

- Pues… Es que estando en el espectáculo bebí un poco y… - era una excusa pero algo hizo click en el cerebro de Kaito.

- ¡Kaito! ¿Bebiste? - El inspector no lo podía creer. - ¡Aún eres menor de edad!

"Un momento…" Kaito acabó en ese momento de darse cuenta que era cierto… cada vez que había bebido aunque fuera una copita de algún licor, terminaba afiebrado. ¿Sería coincidencia? Esta vez había bebido un aperitivo en la recepción, si no recordaba mal, había sido licor de menta.

- ¿Y bebiste estando enfermo? Mi hija tuvo razón al molestarse tanto contigo. Yo también estoy molesto. Chikage-dono me confió tu seguridad y no puedo permitir que andes de copas como un adulto. ¡Eres un muchacho!

- No tiene que preocuparse tanto, Nakamori-san… Usted no es mi padre.

- Kai… - el inspector no ocultó su contrariedad ni su desilusión ante las duras palabras del chico.

Kaito pudo leer la mirada de Ginzo.

- Pues… No, no es mi padre… Ni creo que él estaría de acuerdo en que hiciera esto... más bien estaría de su parte Nakamori-san… - Kaito reflexionó en breves segundo lo injusto y descortés que estaba siendo con quien lo cuidaba y acogía día a día desde que Toichi Kuroba había muerto.

- Escucha Kaito… Sé que tú y Aoko son muy cercanos, pero no quisiera que ustedes transformaran su linda amistad en una relación tóxica. Sin ir más lejos, sé que Aoko está llena de actividades, pero aun así ustedes deberían salir más de paseo, como antes… últimamente he notado a mi hija demasiado delgada, cansada y agobiada…

- Es cierto, Aoko no parece estar bien con todas las actividades que realiza…

- He pensado incluso en pedirle que abandone alguna, pero cuando se lo insinué hace unos días, sentí una gran reticencia de su parte.- Kaito se sintió abrumado por no haber considerado la situación con mas cautela.- Se que cuidarás de ella ¿cierto, Kaito?

- Tendré cuidado…

- Ah… una última cosa… Ustedes dos… ¿Están saliendo?

Kaito se azoró en un segundo. Por suerte para él, Nakamori no quiso encender las luces principales y la tenue luz de la lamparilla no dejaba verle el rostro en detalle. El chico quizo hablar pero las palabras se le atoraron en la garganta saliendo a borbotones en forma de tos. Tanto así, que el padre de Aoko se levantó a por un vaso de agua.

- Lo siento… No es algo que me corresponda preguntar, pero debes entender que… - Nakamori entregó el vaso de agua a Kaito cuando notó que este volvía a levantar su fiebre.- ¿Eh, tu fiebre está en aumento, Kaito? - el sujeto colocó el termómetro nuevamente en su boca- mejor dejemos esto así. Mejor descansa - Se dispuso a salir pero volteó antes de abrir la puerta- ¡Ah, y sobre Aoko! Ya la conoces, Kaito. Es un poco obstinada con sus ideas y un poco tsundere, como le dicen ustedes los jóvenes… pero te quiere y se que solo desea lo mejor para ti.

Al cerrarse la puerta, Kaito se abatió en espera de la lectura del termómetro. Los 39,1ºC eran un caos en su cabeza. Sólo quería descansar, por lo que cogió la toalla y, humedeciéndola en el agua, se la colocó para luego intentar dormir.

Despertó bastante temprano, y, dejando todo en orden y una nota de agradecimiento para el inspector, decidió salir sin despertar a nadie. Este domingo sería un frío, nevado y muy largo día.

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Cuando llegó al aeropuerto Hakuba no pudo negar lo que sería inevitable. La tormenta se había declarado allí en Francia, mientras que en Japón comenzaba un nevazón que se prolongaría por varias horas, por lo que el vuelo sería aplazado. Si hubiera salido un par de horas antes, tal vez estaría llegando. Pensó al ver el letrero de vuelos anteriores, y calculando la llegada de uno que, sin saberlo, traía a Japón a otra persona involucrada con el ladrón.

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Aoko se despertó tarde. Al ver a su padre, de inmediato preguntó por Kaito y se informó de lo sucedido luego que se durmiera. Mientras hablaban, ella notó a su padre algo distante, como si no quisiera hablar demasiado con ella.

Luego del almuerzo, y después de constatar que la fiebre iba en retroceso, el inspector se encerró en su desapacho con un montón de documentos. Aoko presuponía que debían ser evidencias o algo relacionado al nuevo informe que debía comenzar Konno y completar él mismo, para dar el cierre.

Aún seguía muy molesta con Kaito, pero quería saber de su condición. Lo último que recordaba, aparte de sus nauseas y su estado febril, era su rostro mirando por la ventana con los ojos vidriosos y las mejillas muy encendidas y respirando pesado. Su padre le había dicho que Kaito había mejorado durante la noche y que por la mañana se había ido dejando una nota para ella además.

La chica lo abrió leyendo solo una palabra… Perdón.

Aoko miró a su padre luego de leer. Este la miró con expresión interrogativa, y ella sólo sonrió, pero cuando volteó hacia su dormitorio, sus ojos y su corazón cansado no pudieron más.

- A mi no debes pedirme perdón, Kuroba Kaito. Es a mi padre a quien deberías pedir perdón. – Dijo orgullosamente y susurrando al cerrar la puerta con su propio peso.

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Kaito llegó a su hogar e intentó seguir durmiendo, pero tenía tantas cosas en qué pensar que no pudo.
Una hora más tarde, estaba sentado en la cocina, aspirando un riquísimo café capuccino que se había preparado en un intento de mantener su cabeza ocupada en otra cosa.

De pronto recordó que su madre se encontraba en Nueva York. Miró la hora y rápidamente evaluó que ya eran las 08:40 am allí, y decidió fastidiar a su madre llamándola "temprano".

Marcó y la llamada se cortó.

Lo intentó de nuevo y se volvió a cortar.

Volvió a fastidiar y efectivamente de vuelta le llegó un grito espantoso de parte de su madre.

- ¡Chikage, buenos días para ti también!- respondió algo molesto.

- ¿Sabes qué hora es, Kaito?

- Lo sé, por eso te llamo. Sé que ya debe haber salido un lindo sol en Nueva York y que tienes muchas cosas que descubrir y admirar por allá- el chico sonrió socarronamente.

- ¡Ne, Kaito! ¿Para qué llamaste?
- Bueno… - Kaito se azoró un momento- ¿Viste el atraco de ayer?

- La verdad no. Estuve haciendo un pequeño trabajillo…
¡Qué mala fan! ¿Y si tu hijo maravilloso sufriera algún percance?- Kaito se hizo el ofendido- ¡Que madre más desconsiderada!
- Kaito no te hagas… cuéntame de ello.- Chikage se desperezó y quedó a la escucha.

El chico contó su plan y cómo este se desarrolló, omitiendo deliberada las partes en que se encontró frente a frente con la organización.
- Supongo que finalmente no era la joya… - Chikage concluyó.

- Pues no.

- ¿Entonces qué quieres conseguir con esta llamada?

- ¡¿Qué acaso no puedo estar interesado en mi madre?!- Kaito de verdad se ofendió.

Al otro lado de la línea, Chikage guardó silencio.

- Kaito, te conozco, eres mi hijo. Sé que hay una razón para que hayas llamado apenas pudiste hacerlo. ¿Acaso pasó algo más que no me has contado? ¡¿Te sucedió algo?!- la madre realmente se puso en alerta.

- Pues… en realidad… - Kaito dudó.

- ¿Estás herido?
- ¡No!- Kaito mintió- es decir… es algo sin importancia…

- ¿Qué tan grave es?

- No es nada, solo es un rasguño… es que… En realidad… sólo quería que me dijeras donde guardas los licores de papá…
- …- silencio- … - silencio- … - ¡ O!

El muchacho se alejó del teléfono justo a tiempo.

- ¡COMO QUIERES QUE TE DIGA ALGO ASÍ! ¡TU NO TIENES EDAD PARA BEBER! ¡MUCHO MENOS SI ESTAS SOLO! ¿Kaito? ¡¿Kaito, me escuchas?!
- Neee, okasan… ya tengo diecisiete años… No me puedes privar de todo, mucho menos porque has dejado a tu hijo solo en casa y podría hacer lo que yo quisiera sin que…

- ¡No me digas eso, chiquillo desconsiderado!

- La verdad es que los necesito para un truco- Kaito mintió- y por último ya he probado muchos tragos a estas alturas… sin contar la noche de navidad…

- Pero es diferente, esa fue una reunión familiar y de amigos… - Chikage dejó ver su lado sensible- Es cierto que ya eres casi un adulto, pero yo… no quiero que…
- Tranquila, mamá. En realidad sólo he bebido ese día y apenas he probado un poco de cognac y un sorbo de menta.
- ¿Menta?

- No ha sido la gran cosa…
- Ten cuidado, Kaito… el alcohol es traidor… Sobre todo la Menta… que puede parecer fresca y dulce, pero en el fondo es un cóctel concentrado de frialdad y traición. Es pura maldad…
- ¿Qué me estás queriendo decir?
- Estamos al habla, Kaito. Besitos.

- Espera… ¡Chikage! No me has dicho dónde…

Kuroba Chikage cortó, pero de inmediato se levantó, sacando de su maleta una copia de la fotografía familiar. Sus ojos luchaban con las lágrimas, pero no lloró, sino más bien apretó en su pecho la imagen.

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Aoko estaba en su cuarto haciendo la limpieza ese mediodía de domingo. Abrió las ventanas de par en par y respiró profundo dejando escapar su desaliento; luego desapareció en el baño contiguo buscando ropa que lavar. Kaito se asomó por la ventana descolgándose desde el techo como si del hombre araña se tratara. Miró el cuarto de Aoko y sonrió pícaramente al detener su mirada en la cama, recordando el último encuentro con su amante.

Cuando la chica salió del baño, se encontró a Kaito oliendo su pijama. Ambos se miraron unos instantes. Kaito se acercó lentamente. Abrió los brazos para abrazarla, pero Aoko casi le responde con otra cachetada.

- ¿Qué te sucede?- Kaito se enfadó.

- ¡Ya basta! Quiero saber, Kaito… ¿Por qué?- Aoko bajó la voz mirando hacia la puerta, pese a seguir muy molesta con Kaito. Tampoco quería alertar a su padre.

- Sabes que no voy a decirte nada… - el muchacho miró en otra dirección.

- ¡Entonces explícame por qué no puedo saber!- Aoko intentó ahondar en el problema.

- ¡Ya te dije, Ahouko!- Kaito siseó molesto- Mientras menos sepas, es más seguro.

- ¡Eres tan terco!

- ¡Mira quién lo dice!

- ¡Eres un… - Kaito aprovechó la oportunidad y le robó un beso a Aoko, dejándola en blanco.

- ¿Un ladrón? – El chico sonrió ante el rubor y la sorpresa de la muchacha.

Aoko buscó en los ojos de Kaito algo que no pudo encontrar. Lo único que vio fue un ligero rubor al sonreír, como el único indicio de los sentimientos del muchacho. Acercó lentamente sus manos al rostro de Kaito, quien se previno antes de recibir un nuevo cachetazo, sin embargo Aoko le acarició con ternura sus mejillas.

- Lo siento, Kaito… - las lágrimas se amontonaron en sus ojos- Yo solo quiero que entiendas…

Luego de un breve silencio, se besaron dulcemente. Aoko acarició con delicadeza el cabello rebelde del chico, continuando con su cuello y brazos, mientras que Kaito atrapó suavemente a Aoko. Era un beso distinto de los anteriores. Este tenía una ternura infinita, lejos de esos besos apasionados y llenos de temor de otras ocasiones.

De pronto Ginzo Nakamori golpeó la puerta, interrumpiendo a ambos.

- Aoko ¿Estás lista para almorzar?

- Eh, no, papá… espera- Aoko le hizo señas a Kaito para que saliera por la ventana, al notar que la manilla giraba y cuando se padre anunció que entraría- Pensé que Kaito vendría…

- Debe estar preparando todo para mañana. Esta será una semana intensa… - Aoko lo pensó por muchas cosas más que los deberes escolares.

Nakamori- san se sentó en la cama junto a su hija, de espaldas a la ventana abierta.

- Hija, sé que Kaito y tú se han peleado por algo. Él me comentó que te enfadaste mucho por su conducta en la recepción. Créeme que también pienso que es inaceptable que un menor de edad como Kaito vaya por ahí bebiendo alcohol- "Así que eso fue lo que le dijiste a mi padre, mentiroso", pensó Aoko- Pero estoy en completo desacuerdo que recurras a darle de cachetadas.

- ¡Lo… lo siento! – así que su padre lo había notado.

- Una relación no se construye con agresiones, hija…

- ¿Relación? ¡Papá!- Aoko se sintió hecha un tomate, justo cuando Kaito se asomó por segunda vez por la ventana, colgando como el hombre araña.

- Oh, de acuerdo… como quieras… solo tenlo presente. ¡Vamos a almorzar! - El inspector se dirigió a la salida.

- Sólo espera un momento. Cerraré la ventana.

Aoko intentó cerrar la venta, pero Kaito en un momento apareció sorpresivamente, robándole un beso apresurado a la chica y sonriendo ampliamente después.

- ¡Ah, Aoko! – Ginzo volteó.

- ¡Ay! – la chica saltó en su lugar sobresaltada- Si… ¿Si papá?- Aoko cerró bruscamente y se volvió hacia su padre con las manos en los pestillos de la ventana en un santiamén.

- Tengo algo muy importante de lo que quiero hablarte… Es sobre mi trabajo y nuestro futuro… Te explicaré más durante el almuerzo.

- ¿Eh? Si, papá - Aoko se sintió contrariada y salió de su cuarto mirando hacia atrás, notando al cerrar la puerta que Kaito le lanzaba un beso a la distancia.

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Más tarde, justo al llegar al Blue Parrot, Kaito recibió un mensaje de Aoko en el móvil.

Aoko: ¿Cómo te sientes?

Kaito: Mucho mejor. Gracias. ¿Y tú?

Aoko: También mucho mejor. Espero nos encontremos en la esquina de siempre, mañana.

Kaito: Ok.

El chico suspiró satisfecho. Aoko parecía mejor y de buen humor. Aoko por otra parte pensó lo mismo de Kaito. Comprometerlo a encontrarse temprano en la mañana parecía ser siempre un indicador de buenas noticias… aunque ella misma no las tuviera…

Ya dentro del Blue Parrot, el chico se sentó y observó a Jii-chan que reponía varios tipos de licores. En realidad Kaito aún se sentía algo afiebrado, a pesar del día casi completo que había pasado y de lo dicho a Aoko. Además ver esos nombres de licores rodeándolo, le hacía sentir algo preocupado. ¿Qué rayos le había dado Bourbón aquel día? La fiebre no cedía, pero él no siempre se sentía mal sino hasta que había tomado algún licor. ¿Qué relación podían tener ambas cosas? ¿O tal vez era solo coincidencia? Pensaba.

Por otra parte esa discusión tan fuerte con Aoko y la conversación tan decidora que tuvo con el inspector le daban vueltas como un mal dolor de cabeza. Aun podía sentir la cachetada de Aoko, y sin darse cuenta acarició su mejilla lastimada. Las lágrimas de la chica le atravesaron el corazón, pero no podía decirle nada más… si ella pudiera entender que él solo quería protegerla. De pronto se le antojó un beso. Era tan estúpidamente adolescente que notó cómo sus mejillas se encendieron ante las imágenes que pasaron por su mente. Ahora recordó el primer indicio de la fiebre ese día… las mejillas ardiendo durante el atraco…

- Señorito Kaito… - Jii chan lo sacó de sus pensamientos- Hace unos momentos parecía tan feliz al entrar aquí, pero apenas se sentó ahí, no ha dicho una sola palabra… además su mirada se nota triste… y se ha puesto todo colorado…

- Mi cara de póker parece débil… Creo que tendré que practicar un poco más…- Kaito remilgó tumbado sobre el mesón

- Señorito, no es su actitud, es solo que este viejo lo conoce desde tan pequeño que ha aprendido a identificar lo que le molesta… Además usted conmigo siempre baja la guardia…

- Pues lo dicho… a practicar la cara de póker…

- Señorito no me ha respondido aún…

Kaito suspiro. No sabía por dónde empezar…

- Aoko lo sabe, Jii.

- ¡¿QUÉ?!

- ¡Pero no todo! Digo… es imposible que pudiera contarle todo.

- ¿Fue usted quien se lo dijo?

- No, Jii-chan. Ella se dio cuenta hace un par de meses atrás.

- ¡Meses!... – Jii no podía creer que Aoko hubiera sido capaz de ocultar lo que sabía por tanto tiempo- Pero usted no me había dicho nada… ¿Cómo es posible? Definitivamente la señorita Aoko es brillante…

- No quería que supieras demasiado… pero… lo que tengo que contarte es algo que los involucra a ambos, y es algo que podría ser muy importante… digo… para que lo tengan presente de ser necesario…

- Lo escucho señorito.

- Haremos una prueba con el alcohol, Jii…

- ¿Eh? ¡Yo no puedo servirle un trago a usted, botchama! ¡Su padre me mandaría a buscar desde el otro mundo! Sin decir que si me descubriera la policía…

- Jii-chan… Ya tengo 17 años…

- Si, pero…

- Escucha. Esto es grave. – Kaito se puso serio- Hace un tiempo me atendiste después que llegué de Osaka luego de un atraco. Sabes que he tenido fiebre a menudo, y todo confluye a ese maldito día. - El anciano escuchaba atentamente a Kaito- Un sujeto miembro de una variante de Snake y su organización me obligó a tomar una droga extraña. Hasta el momento, y fue Aoko quien lo notó, sólo me ha repercutido en fiebre alta de manera sostenida durante todos estos días. El problema es que parece que reacciona fuertemente al alcohol. No sé si he manifestado otros síntomas sin darme cuenta, pero si crees que hay algo atípico en mí, házmelo saber.

El anciano, cerró los ojos y negó con su cabeza, pero tomó un termómetro que mantenía en el bar y midió la temperatura del chico.

- Entonces entiendo que quiere probar si su teoría es cierta, tomando una copa, botchama.

- Ajsí esj.- Kaito respondió aún con el termómetro en la boca.

- No estoy de acuerdo con esto… - El anciano miró la marca del termómetro- mmm… 38ºC…- Jii se preocupó.

- ¡Ves! Anda, sólo será una copa. Tú decidirás el licor a probar. – Kaito rogó.

El anciano volteó y le dejó un trago de Vermouth a Kaito, quien tomó un pequeño trago de prueba y no lo encontró tan agradable como otros tragos que ya había probado. Jii lo cambio por un baileys… y Kaito debió reconocer en el sorbo que su sabor daba en su absoluto gusto: dulce, cremoso y achocolatado…

- Espero que no se acostumbre a esto, botchama.

- ¡Pues claro que no!

- Porque además debe estar saludable y en buenas condiciones esta semana.

- ¿A qué te refieres, Jii?

- Esperaba que me pudiera contar sobre ello, señorito. La gran joya ya esta aquí en Japón y se dice que Kaitou Kid envió una nota hoy temprano para robarla… ¿Por qué no me contó?

- ¡¿Qué?! ¿Qué gran joya? ¡Yo no he enviado nada!- Jii comenzó a acomodar los vasos en su vitrina, escuchando atentamente a Kaito.

- Pues entonces alguien debió usar su buen nombre señorito… - El anciano volteó, quitándole importancia al asunto.

De pronto lo bebido surtió efecto. El joven mago ladrón sintió que un súbito calor se le subió al rostro, pero esta vez su corazón bombeó tan fuerte que, sorprendido y adolorido, soltó el vaso y se llevo ambas manos al pecho. Un gemido se le escapó del alma cuando un segundo latido, tanto o más fuerte que el anterior, lo golpeó. Se retorció sobre el taburete, aferrándose al mesón. Jii volteo en ese momento y notó la situación. Rápidamente ayudó a su joven amo a bajarse de la silla y llevarlo al interior del Blue Parrot. Pero a medio camino nuevamente un latido le estrujó el corazón tan fuerte que el chico cayó sin aliento de rodillas. Jii comenzó a desesperarse, nunca había visto a Kaito tan afectado, aunque lo había atendido la primera vez que estos accesos de fiebre le habían atacado.

- ¡Botchama!

Kaito se desmayó.

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El mago se vio a si mismo sobre una cama en medio de un enorme patio. Tras de si una fastuosa casa tradicional japonesa, coronada al fondo con una descomunal pagoda.

Alzó su rostro y se dio cuenta que la luz de la luna, iluminaba perfectamente todo a su alrededor. De pronto sintió mucho frío y notó que una llovizna tenue estaba cubriendo el lugar. Cuando esta tocaba la tierra se transformaba en una ligera escarcha que mantenía todo en una especie de tiempo detenido. A lo lejos escuchó la voz de Aoko repitiendo la lección de literatura de la clase anterior. El poema Yè sî de Li Bai, de pronto le dio una imagen eterea de una mujer bellísima, de piel blanca y cabellos larguísimos, lisos y negros, coronados con unos rebeldes que insistían en levantarse juguetonamente.

La mujer bailaba y cantaba lentamente sin tocar el piso, mientras su voz meliflua se mezclaba con la diáfana de Aoko. De pronto tuvo la visión cercana de ella, y pudo ver su rostro de cerca. Hermosa, delicada, dulce y sin embargo con los ojos similares a los de su padre y los suyos propios, azul profundo y llenos de vitalidad, energía y travesuras por cumplir.

De pronto la voz desesperada de Jii chan lo sacó de su sueño.

- ¡Botchama! ¡Botchama!

Abrió los ojos lentamente. Estaba aún en el suelo, apenas apoyado en el regazo del viejo.

- Ya estoy bien, Jii-chan.

- Señorito… - el anciano no podía ocultar su preocupación.

- ¿Cuánto tiempo estuve así?

- Sólo unos minutos. Estaba a punto de llamar a emergencias…

- Tu tranquilo, viejo. Esta vez me dio más fuerte que en otras ocasiones, pero veo que no duró mucho…

El muchacho se levantó lentamente ayudado por el anciano. Las piernas le flaqueaban, pero le preocupaba más su falta de aliento. Era cierto… excepto la primera vez, nunca le había provocado tan fuerte efecto. Pensó en voz alta compartiendo con Jii que tal vez la exposición cercana entre un trago y otro pudo provocarlo. El anciano lo miró muy preocupado.

- Ten por seguro que no volveré a probar nunca más un trago de alcohol.- Dijo el muchacho tratando de sonreír.

- Espero que mantenga su promesa, señorito. Me preocupa qué vaya a suceder cuando esté en ese casino…

- Descuida, Jii... – El anciano nuevamente tomó la temperatura del chico y a los minutos le mostró el registro; 37,8ºC y bajando. Kaito se sintió complacido y asintió.
- Ahora descanse… - El anciano dejó a Kaito arropado y recostado en el sofá que tenía detrás del Blue Parrot.

Sin darse cuenta, y a pesar del ruido proveniente del bar esa noche, Kaito no despertó hasta la mañana siguiente.

- ¡Jiiii! ¡Estoy retrasado y debo ir a casa por mis cosas!- exclamó el chico al despertar.

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Bajó corriendo las escaleras y abrió la puerta luego del insistente llamado del timbre. Aún a medio vestir, se quejó con Aoko por importunarlo tan insistentemente, cuando de pronto un par de brazos con un fuerte perfume se colgaron de su cuello, mientras un sugerente "Kai~~~to" afrancesado ronroneando en su oreja derecha, le erizaba la piel.

- ¿Ru… Ru… Ruby Jones?

- ¡Je suis de retour!*

La mujer arrastró su equipaje y cerró la puerta tras de ellos con una sola patada, empujándolos a ambos y tropezando con el desnivel del genkan**.

Kaito, luego de la sorpresa, observó atentamente el rostro moreno de la francesa.

- ¡Entonces fuiste tu! ¡Tú mandaste el aviso falso!

- ¡Oh, que descortés! ¡Ni siquiera me has saludado y ya estás asumiendo cosas extrañas! ¿De qué me estás hablando?- Dijo ella en un perfecto inglés a pesar de ser francesa.

Kaito se alejó de la mujer, tomando delicadamente sus brazos y apartándolos de él.

- Ruby, es bueno verte. Mis disculpas. – Kaito se reverenció frente a la mujer volviendo al idioma japonés.- Es solo que mi madre no se encuentra y yo debo irme a clases ya. Estoy retrasado.

- Oh, qué lástima.

- Sin embargo puedes instalarte en una de las habitaciones de invitados ¿Tienes algún plan para hoy?- Kaito continuó colocándose la chaqueta de su gakuran.***

- Pues visitar un Museo que tiene algo muy interesante… - Ruby siguió a Kaito hasta la cocina.

- Sería bueno que conversáramos por la tarde. Vendré apenas pueda. Te dejo las llaves. – el chico se colocó una tostada en la boca e hizo aparecer un manojo de llaves en las manos de Ruby. – ¡Adiós!

La mujer sonrió al ver salir al muchacho. Luego volteó y seductoramente se llevó las manos al mentón.

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Aoko veía la hora en su celular cuando de pronto Kaito le dio señas de su presencia. Venía corriendo.

La chica se sonrojó al verlo. Se veía tan jovial como siempre y eso la tranquilizó, pero cuando se acercó y descansó a su lado, notó que respiraba muy cansado y tenía las mejillas muy coloradas.

- Kaito, ¿Aun te sientes mal?- La chica acercó su frente a la del chico para tantear su temperatura.

El muchacho avergonzado sólo la miró sorprendido y aun más sonrojado. Luego de eso, sujetó delicadamente a Aoko de sus brazos y se alejó de ella lentamente, observando cautelosamente la presencia de alguien que pudiera ver la situación.

-No hagas eso, Aoko, por favor… No quiero comprometerte…

La chica solo lo observó ruborizada. Nunca antes había sido tan caballero para decirme algo así, pensó Aoko. A pesar de lo dicho, la muchacha se sintió tan agradecida de que su Kaito estuviera bien, que no lo pensó dos veces y abrazó fuertemente al chico.

- Estoy tan contenta… Estás bien…

- Ao… - Kaito se dejó abrazar, cerrando los ojos- … ko

- Kaito… ¿Cambiaste de perfume?

- ¿Eh? Pues no… - Kaito luego de su sorpresa ante el comentario, dejó caer una gotita de sudor pensando que tal vez Ruby le había dejado marcado con su perfume femenino. Asustado se separó de Aoko y comenzaron la caminata hacia la escuela.

- Hueles diferente… - el muchacho tomó nota mental del pequeño detalle que sólo un olfato joven podría haber notado.

- ¿En serio?

- Pues… en realidad hace días que lo había notado. Es un aroma… mmm… no se cómo explicarlo…

- Nakamori-saa~n -una voz melosa llamó la atención de ambos.

- ¡Ah! ¡Akako-san!- Aoko volteó en dirección de la joven.

- Veo que Kaito-kun viene contigo… - Akako observó entrecerrando los ojos para ver el aura de Kaito. A su vista él seguía con un aura difusa y rosa, parecida a un perfume expeliendo de alguna parte. Era distinta a su aura anterior, como si hubiera una influencia distinta.

- Veo que has mejorado tus técnicas… - las chicas se miraron, y Kaito no dejó de notar la mirada de desafío en ciertos ojos azules.

- Kaito-kun, quisiera hablar contigo unos momentos. Permiso Aoko-chan, me lo llevaré unos minutos. Podrán conversar más cuando lleguemos a la escuela. ¡Ja, ja, ja!.

Aoko lo observó irse arrastrado por Akako. Por primera vez sentía el estómago hirviendo de rabia. Estaba celosa y lo estaba asumiendo. Molesta, decidió ir corriendo hacia la escuela, pasando de Kaito y Akako.

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- Dorobo- san****, te vi anoche…

- ¿De qué estás hablando? – Kaito quiso desligarse de la bruja.

- Oh, es cierto… Siempre pretendes no ser lo que eres… - Kaito bufó, molesto ante las palabras de la bruja- pero tengo algo que decirte… Lucifer me advirtió algo que me dejó muy preocupada…

El muchacho miró atentamente a Akako, al tiempo que ella lo detuvo y lo enfrentó.

- Me dijo que la gran joya fue encargada. La vida que tanto desean algunos viene precedida por un astro y que la sombra blanca pronto se volverá roja…

- ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?- Kaito no quiso dar su brazo a torcer, pero no dejó de notar los paralelos con su propia misión.

- ¡Chiquillo tonto! No quieres entender… - Akako se molestó- Pronto el encanto que te rodea acabará pronto y podré obligarte a hacer mi voluntad.

- ¿De qué rayos estás hablando?- Ahora si el chico no entendió nada.

- Creo que no te he dicho… pero Aoko-chan es una brujita muy tierna… cuidado con sus embrujos, que son sutiles, pero efectivos.

- ¿De qué me estás hablando?- Kaito quedó pasmado ante la revelación.

La bruja estalló en una risa incontenible y molesta, mientras se alejaba del muchacho, justo al llegar a la escuela y verse rodeados de admiradores de Akako.

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Cuando Kaito entró a la sala, Aoko estaba sentada, leyendo muy concentrada algo en su nuevo teléfono. El muchacho la observó detenidamente tratando de comprender lo que Akako le había dicho. ¿Realmente era posible que Aoko fuera una bruja? ¡No, eso es imposible!, pensó confirmando sus ideas. Sin embargo ella si se veía algo delgada, según lo dicho por su padre, y… un momento… ¿Acaso esas pequeñas manchas bajo sus ojos eran bolsas? ¿Qué había estado pensando él, que no se había ocupado como era debido de su Aoko?

Se molestó consigo mismo, pero fue sacado de sus pensamientos por Yamada y Ono quienes le sujetaron desde atrás, y haciendo notar la intensa mirada que el chico sostenía por "su esposa". De pronto Mamiko y Momoko se unieron al grupo insinuando la linda pareja que ambos hacían. Kaito, se recompuso rápidamente, negando que fueran pareja, y que sólo eran amigos. Por suerte para él Keiko y Kyoko rodearon a Aoko, preguntándole por la lectura que la tenía absorta.

- Estoy instruyéndome sobre algunas técnicas explicadas por gimnastas famosas.

- ¿Eh? ¿Acaso quieres ser gimnasta, Aoko?- preguntó Kyoko.

- No, sólo es que necesito mejorar algunas habilidades de defensa personal en el prepolicial… no soy muy ágil…- Aoko confesó.

- Vaya, Aoko- respondió Keiko- en realidad eres bastante ágil, aunque es cierto que no tienes mucha técnica- la muchacha de anteojos miró hacia Kaito- … Para esquivar y enfrentarte a Kaito y sus travesuras debes serlo, sin lugar a dudas.

Aoko y Kyoko miraron en dirección a Kaito, quien hacía de las suyas bromeando a quienes le habían insinuado una relación con Aoko.

- Es cierto- concedió Aoko a Keiko.

- Hoy haremos deportes ¿Intentarás algo con los implementos?- continuó Kyoko.

- ¿Entrarás al Club de Gimnasia?- insistió Keiko.

- ¿Eh? Pues, la verdad prefiero ir a mi propio ritmo. Tengo muchas actividades extraescolares como para comprometerme pero… - Aoko ensombreció su mirada- deseo firmemente mantener mis valores como la hija del Inspector Nakamori… y por ello debo prepararme en todo lo que sea posible.

- ¿Entonces te has decidido por ser Inspectora de policía, Aoko?

- Pues eso… aún no lo sé. Pero sea lo que sea, no puedo olvidar mis valores, y sospecho que mucho de lo que estoy aprendiendo me servirá en el futuro.

Aoko sonrió mientras miraba a Kaito. Las chicas siguieron su vista y notaron una chispa de desafío en la mirada de la chica. Las muchachas se miraron entre si, levantando sus hombros como señal de no entender del todo. Al llegar la profesora todos se ordenaron en sus puestos y la jornada siguió su curso normalmente.

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Antes del almuerzo, Kaito despertó con el murmullo que daban todos al realizar una lectura conjunta. Seguían con la obra de Li Bai, recitando con una pizca somnoliente, pero que a Kaito interesó por el tema y por el parecido en el nombre del poeta y de su abuela paterna:

Bebiendo solo bajo la Luna

Rodeado de flores, libo solo

Ante un jarro de vino.

Alzando la copa, convido a la luna.

Con mi sombra, somos tres,

Aunque la luna no puede beber,

Y mi sombra en vano me sigue.

Las tomo por compañeras transitorias.

¡Gocemos de la vida antes de que pase la primavera!

Canto, mientras la luna deambula.

Bailo, mientras la luna deambula.

Bailo, mientras mi sombra duda,

Cuando estoy desvelado, nos solazamos juntos.

Cuando estoy ebrio, se deshace nuestra compañía.

¡Oh, luna! ¡Oh, sombra! Serán mis inmortales amigas

Y nos reuniremos algún día

En el cristalino mundo de las estrellas.

Justo al terminar la declamación, el timbre anunció el fin del ciclo de la mañana. Kaito volteó a un lado y rápidamente tomó a Aoko y su bento, llevándosela al techo para almorzar tranquilos.

- ¿Qué trajiste de almuerzo?

Aoko lo miró asombrada.

- ¿Desde cuándo te preocupas tanto? Ah, seguramente estás esperando que te convide…

- Pues en realidad sólo te traje para vigilar que comas saludablemente. El inspector y muchos me han comentado lo delgada que estás y últimamente no te he visto muy saludable…

- ¡Ja! Lo dice el que ha estado enfermo todos estos días.

- Bueno, mi bento hoy no está muy contundente, es cierto…

Aoko terminó riendo. Ambos se sentaron apoyados en las rejas y abrieron su colación. Aoko solo traía un montón de verduras hervidas, mientras que Kaito llevaba un sándwich ligero. La chica se sonrojó ante el escuálido almuerzo llevado y al notar que el chico alternaba la mirada entre el bento y ella con reproche en los ojos. De pronto pensó que las verduras tenían algo más de sabor que lo que debía contarle a Kaito, que sería un enorme sinsabor para ambos. ¿Cómo se lo diría? Se sintió agobiada.

- No me mires así, Kaito… - Aoko desvió su mirada.

- Debes alimentarte, baka. No sé cómo no me di cuenta antes…

- ¡Y me alimento! Es solo que Viktor y el atelier necesitan una modelo un poco más estilizada…

- ¡No me vengas con eso! Vas a empezar a desaparecer…

- Aquí el único que puede desaparecer eres tú… - Aoko murmuró.

- ¿Eh? ¿Me quisiste decir algo?- Kaito se puso a la defensiva.

Aoko le miro detenidamente. Estaba tan triste. En realidad, se alimentara o no, ella desaparecería de la vida de Kaito. Su padre se lo había advertido durante el almuerzo el día anterior.

- Es que tu no entiendes- Ella solo se limitó a decir dejando de lado el bocado que iba a probar en ese momento.

- Pues no, no entiendo a las mujeres…

Kaito comenzó a engullir su almuerzo mirando hacia el horizonte. Era un día claro y cálido a pesar del invierno.

- Kaito… tengo algo que decirte…- Aoko tembló.

- Dime. – El chico la miró dando un nuevo mordisco a su sándwich.

Aoko miró largamente sus verduras. Kaito empezó a sentirse nervioso. No le gustaban esos silencios incómodos que últimamente estaban sucediendo entre ambos. De pronto el nuevo móvil de Aoko sonó, asustándolos a ambos.

- ¡Ah! ¡Es Hakuba! Debo contestar, Kaito, lo siento… - Aoko tomó su móvil y se alejó un par de metros, caminando por todo el techo.

El muchacho se tensó ante ese apellido, e intentó aprovechar de revisar su propio móvil e investigar algo de la joya que Jii le había mencionado y que seguramente era el blanco de Ruby Jones. ¿Acaso volvería pronto ese maldito detective?, pensó. Pronto apareció la página del noticiario con el titular:

"El trébol de esmeralda me dará suerte, Kid no tendrá suerte esta vez".

El asesor del grupo Suzuki, Jirokichi Suzuki, declaró a nuestro medio que la joya y toda la colección, estará en exhibición a partir de hoy en el Museo de Ciencias Akamatsu, pero que la seguridad correrá por cuenta del grupo que él representa.

También dio muestras de confiar en la leyenda de fortuna que secunda a la joya legendaria…

- ¿Qué lees, Kaito?– El chico casi da un brinco.

- Este... solo es… - Kaito guardó su móvil

- ¿Qué me estás escondiendo?

- Lo mismo podría preguntarte, Nakamori Aoko… ¿Por qué hablabas con ese tipejo?

- ¡Es algo que no te incumbe... y no te vayas por la tangente! – Aoko notó unos delineados labios en el cuello del chico- ¿Kaito que es eso? – dijo ella apuntando a su cuello.

- ¿De qué hablas?

- Tienes… un par de labios pintados en el cuello…

El muchacho al fin se dio cuenta de la marca dejada por la francesa recién llegada.

- Esto… puedo explicarlo…

- ¡Si, explícate!- Aoko estaba furiosa.

- Hoy por la mañana llegó una amiga de Francia y…

- No sabía que tenías amigas internacionales… ¿Por qué te pones tan nervioso, Kaito?- Era cierto, Aoko veía como Kaito se ruborizaba.- ¿Qué me ocultas?

- Es que tú no entiendes… - el joven mago en realidad no sabía cómo explicar la presencia de Ruby en su hogar sin darle pistas a Aoko de su identidad secreta.

- … … … Claro que no entiendo… y es porque tu no te has dignado decirme nada. ¿Cómo quieres que entienda?

- … Ao… ko… bueno… es que…

- Supongo que sabes que no solo estoy pidiéndote explicaciones de ese besuqueo… - Kaito se quedó de una pieza, ruborizado, pero sin mirar a Aoko, en su ya típica actitud de "no diré nada"- Sabes, ya mejor no sigamos con esto… - Aoko comenzó a llorar nuevamente- ¡Quédate con mi almuerzo si quieres! – la muchacha se fue corriendo rumbo a un baño de la escuela.

Kaito solo pudo notar que Aoko no probó ningún bocado… otra vez… y se sintió muy culpable.

Mientras tanto Aoko llegó hasta su destino más próximo justo en el momento en que tocaban el timbre de la jornada de tarde. Para su suerte, nadie estaba en ese momento allí. Se miró al espejo y odió su rostro delgado, ojeroso y sonrojado, con las lágrimas brotándole sin que su voluntad pudiese detenerlas. Se odio tanto que lloraba de rabia por no poder detener toda las situaciones que la rodeaban y sin entender porqué, nuevamente el exceso de sollozos le hizo sentir mareada y con náuseas.

Se encerró en el cubículo del inodoro y esperó a devolver lo que tenía en el estómago… que sólo era el agua del desayuno. Las piernas le tiritaron y cayó de rodillas. Hipaba molestamente mientras seguía llorando, pero reprimía cada uno de sus sonidos, por temor a ser descubierta y movilizar sospechas alrededor de ella o del mismo Kaito.

- ¿Aoko? - Era la voz de Kaito que la llamaba desde fuera.

- ¡Vete! – Ella se dio a entender.

- N… no llores… tengo tus cosas… ¿Te sientes bien?

- ¡¿Cómo quieres que me sienta bien?! ¡Y ya vete! ¡Te harán preguntas y… - Su voz se perdió en un hilo mientras una nueva serie de arcadas la acometieron.

Kaito escuchó y entendió claramente que Aoko no se sentía bien, igual que el día sábado. Entró rápidamente abriendo la puerta con habilidad y decidió ayudar a la chica con un poco de papel. Luego la levantó, sosteniéndola firmemente.

- ¿Estás mejor? – Preguntó Kaito pero Aoko no le respondió.- Lo siento… es solo que… no quiero… involucrarte…

- Kaito… yo no quiero seguir… mintiendo… - Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas que luchaban por salir.

- Sólo te diré que… lo hago… por mis padres… - Ella se sorprendió de la pequeña revelación del mago- pero… ¡No estoy de acuerdo en lo que te está pasando!

- Kai…

- ¡Crees que no me doy cuenta! ¡Estás dejando de comer por ese maldito trabajo tuyo, y te estás sobreexigiendo con todo esto! ¡Quiero que dejes todo eso! … Quiero… quiero que mi Aoko se vea linda y feliz… - Kaito, a pesar de estar hablando muy bajito, se mostró muy vehemente y firme en su protesta.

- Tu… Aoko… - la chica abrió los ojos ampliamente, sorprendida del ardor en las palabras del chico.

Ambos se miraron. Aoko aun temblaba de tanto llorar por coraje, pero notó que Kaito también lo estaba. Amparados por una puerta cerrada, apoyaron sus frentes y cerraron sus ojos en un gesto cálido y acogedor.

- Ten paciencia, por favor. Yo… te prometo que la verdad se sabrá… y que dejaré de hacer esto…- Kaito apenas susurró para que sólo Aoko escuchara.

- Y yo te prometo que comeré algo más… tienes… tienes razón… - El estómago de Aoko gruñó fuerte- ¿eh?

- Parece que tu estómago y yo estamos de acuerdo…

Ambos rieron, mientras las últimas lágrimas de Aoko cayeron, ahora de felicidad.

Cuando llegaron al salón, fueron amonestados por el profesor de deportes debido al atraso. Sus compañeros les miraron sospechosamente, pero pronto fueron olvidados por una noticia que llegó de sopetón para Kaito, quien miró al instante a Aoko al escucharla.

- Su compañero, Hakuba Saguru llegará el miércoles.

Aoko bajó la mirada. En realidad tenía mucho que hablar con Hakuba, pero claro, sin decirle que ella sabía la verdadera identidad de Kaitou Kid.

Cuando llegaron al gimnasio, Aoko decidió concentrarse en el plinto y las barras. Lo sentía por Kaito y por su padre y su odiosa noticia, ella ya tenía todo decidido, y Hakuba sería fundamental en sus planes. La Aoko aprincesada se acababa, naciendo de a poco la Aoko detective.

En ese momento, Hakuba Saguru esperaba abordar el avión que lo llevaba de vuelta a Japón, llevando información y un montón de reprimendas para el ladrón. A esa misma hora Ruby Jones esperaba en la fila del primer día de exhibición de una de las obras más importantes para su familia: - Le Trèfle emeraude… Kaitou Kid bien puede cargar con ello… Lo siento, Kaito…


* Genkan: entrada donde se intercambian los zapatos en una casa japonesa.

** ¡Je suis de retour!: "¡ya volví!" en francés

*** Gakuran: uniforme escolar japonés de varón.

**** Dorobo-san: algo así como "Señor Ladrón".


¿Qué tal? ¿Les gustó? Espero que si, pero si no, se aceptan reviews, sean a favor, en contra o de crítica constructiva. El titulo que sigue lo tomé de un programa cultural que sé que existe en Argentina. Dichos lectores seguro lo conoceran mejor que yo. Y finalmente, prometo más acción en el próximo capítulo...

Capítulo 29: "La noche de los Museos"

Rodeado de flores, libo solo

Ante un jarro de vino.

Alzando la copa, convido a la luna.

Con mi sombra, somos tres,

Aunque la luna no puede beber,

Y mi sombra en vano me sigue.

"Bebiendo solo bajo la luna", Li Bai.