Hola! Somos Pau y Ale, hemos venido desde muy lejos a presentarles esta historia que hemos escrito con mucho cariño en nuestros ratos libres cuando terminábamos la carrera. Esperamos que les guste y que si les da tiempo nos lo hagan saber por medio de sus reviews.

Disclaimer:Los personajes que reconozcan de esta historia le pertenecen a Stephanie Meyer creadora de Twilight. La trama sin embargo nos costó –y mucho– a nosotras por lo que les pedimos que no la tomen como propia –no creemos que lo hagan, en realidad a nunca nadie se le ha ocurrido pero están de moda los plagios, ahaha

xoxo
aLLe CuLLeN wAy y PaU MoShA

*He decidido betear esta historia que ha quedado incompleta. Mi intención es acomodarla para al fin poderles darle un desenlace decente a quien la lea. Creemos que es una historia que vale la pena así que por eso Pau y yo (Ale) haremos de nuevo nuestro mayor esfuerzo.


*'º'º TODO MENOS TU º'º'*

Bella esta fastidiada de la vida, nada le importa, todos le caen mal y
cree que la boda de su prima Tanya es lo peor que le ha pasado.
No sabe que dicho evento contará con la presencia de
la persona que menos espera:
Edward Cullen, su ex-novio.


Prefacio

Era jueves cuando mi prima Tanya llamó para darme la noticia de que se casaba con – según ella –el "hombre de sus sueños". Esa historia ya la había escuchado antes en repetidas ocasiones pero debo decir que el tono cursi en su voz, me decía que esta vez era en serio.

Había encontrado al hombre ideal.

Creo que sí me emocionaba saber que ella lograría ser feliz después de todo, ya que sus relaciones pasadas habían sido un poco raras, y por lo poco que me había contado, su prometido era diferente a todos los hombres con lo que había estado. Según Tanya, él era una persona sumamente interesante y extremadamente apuesto, pero eso sería confirmado hasta el momento en el que conociera a la nueva adquisición de la familia.

Para mi mala suerte, yo era la única mujer menor de treinta y cinco años de la familia que cabía en el vestido decente, por lo tanto me había pedido por teléfono que yo fuera su Dama de Honor.

Eso era como una pesadilla para mí: pensar que tendría que ponerme un horrendo vestido color durazno o verde pistache, me hacía salir de mis casillas. Pero como Tanya era mi única prima en el mundo, tuve que aceptar de inmediato por presión de mi tía Carmen.

Todo el asunto de la famosa boda, estaba muy apresurado, tanto que llegué a pensar que mi prima estaba embarazada, pero ella lo negó. El magno evento tendría lugar en California donde Tanya y su prometido trabajaban. Ella era modelo desde los quince años y él era... la verdad yo aún no sabía nada de él, bueno, tal vez si pero al ser yo tan distraída, se me había olvidado hasta su nombre.

Lo único que recordaba es que era guapo.

Mi tía Carmen se encargó de reservarme un boleto de avión directo a California. Al llegar mi prima me recogería para llegar a tiempo al almuerzo del domingo con familiares y pues, otra gente que por supuesto no conocía. Seguramente se trataba de la socialité de aquella ciudad en donde Tanya era una celebridad. Yo rezaba para que ella usara su status e invitara a gente famosa. No lo sé, tal vez se me haría conocer a alguien con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.

Tuve que pedir licencia de una semana en el restaurant donde trabajaba, porque tal vez yo era una simple ayudante, pero tenía mis obligaciones: regar las plantas, alimentar al gato del Chef principal, y en ocasiones, hasta le hacía de Valet Parking. Pero sabía que un día al fin me dedicaría en verdad a la cocina, haría mis propios menús, todos me felicitarían por mi buen toque a la comida, me propondrían matrimonio por lo bien que cocinaba, en fin. Pero eso no pasaría hasta que el desgraciado de mi jefe fuera deportado a la India o algo así. Creo que ese era el precio de trabajar en uno de los restaurantes más famosos de New York, Hell´s Kitchen, especializado en comida afrodisiaca. No me agradaba el hecho de que cada cliente salía dispuesto a rentar una habitación de hotel, aunque de una retorcida manera deseaba hacer lo mismo, pero debido a mi involuntaria soltería no era posible tal hazaña.

Es patético decir que las noches en mi piso eran realmente aburridas, ya ni siquiera recordaba cuando había sido la última vez que había salido con alguien, mucho menos cuando había tenido sexo con algún hombre decente.

Pero, así era mi vida.

Apestaba en muchos aspectos y esta semana se haría más evidente ese hecho comparándola con la fabulosa vida de Tanya Denali, la Tyra Banks de un futuro cercano.

Descendí del avión con desgano, me dio mucha flojera pensar que todavía tenía que ir con Tanya a guardar las apariencias con un montón de tías besuconas con aliento a jerez de las que ya ni me acordaba. Caminé como estúpida por todo el pasillo después de recoger mi equipaje, y como no quería lucir tonta buscando a mi prima supermodelo, me senté en una de las maletas a ver pasar a la gente.

Miraba sin ánimo a la multitud que se amontonaba en el lugar como animales salvajes cuando lo vi. Tuve que pensar dos veces si era él pero estaba segurísima que conocía a aquel hombre que estaba formado en la fila donde se compraban los tickets de avión.

Era muy absurdo pensar que podría ser él, pero eso no evitó que recordara las palabras que dijo la última vez que lo vi.

"Me tengo que ir. Sabes que si no es conmigo, contigo estará mi corazón…"

Luego, un grito chillón me sacó de mi letargo romántico. Me alegré demasiado, incluso comenzaba a babear.

– ¡Bella!, ¡allí estás! – dijo Tanya con demasiado entusiasmo al mismo tiempo que me daba un abrazo excesivamente efusivo.

Estuvimos a punto de mezclar hasta el ADN.

Interesada pensé, ya que ella no era normalmente así, o tal vez el amor hacia su prometido la había cambiado milagrosamente convirtiéndola de niña odiosa a mujer carismática.

Me jaló de la mano y me hizo correr por todo el pasillo para encontrarnos con su novio.

Ven conmigo Bella. Quiero que conozcas a mi prometido. Te va a caer genial y te aseguro que van a ser muy buenos amigos –

– Lo dudo – le dije entre dientes.

Pasamos por la fila de los tickets, así que tuve la esperanza de toparme mi "conocido". Busqué disimuladamente mientras Tanya iba a buscar al novio y cuando lo encontró, tuvo que gritar para que él volteara a donde estábamos.

– ¡Edward! –

En ese momento no me di cuenta de la coincidencia de las cosas, pero luego cuando vi que el tal Edward se daba la vuelta hacía nosotras, reafirmé que el mundo era un pañuelo y que la vida de mi prima era sin duda alguna mejor que la mía.

¡Qué mierda!


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