Disclaimer:Los personajes que reconozcan de esta historia le pertenecen a Stephanie Meyer creadora de Twilight. La trama sin embargo nos costó –y mucho– a nosotras por lo que les pedimos que no la tomen como propia –no creemos que lo hagan, en realidad a nunca nadie se le ha ocurrido pero están de moda los plagios, ahaha

*'º'º TODO MENOS TU º'º'*

Bella esta fastidiada de la vida, nada le importa, todos le caen mal y
cree que la boda de su prima Tanya es lo peor que le ha pasado.
No sabe que dicho evento contará con la presencia de
la persona que menos espera:
Edward Cullen, su ex-novio.


CAPITULO 17

La chica que odiaba las bodas.

Esto es así gente. Quiero que todo el mundo sepa que, absolutamente y sobre todas las cosas en este mundo, odio las bodas. Si, sobre todo aquellas en donde la maldita canción del Titanic es el tema principal de la ceremonia religiosa. Es decir, ¡vamos! hay mil canciones de amor mejor que esa en este mundo, pero bueno, estamos hablando de la boda de Tanya Denali, no de la mía.

Dejo la crítica destructiva a un lado, cuando una imitadora de Celine Dion comienza a cantar el coro de la canción. En ese momento, las campanas de la iglesia comenzaron a repiquetear, justo como Chloe (La tonta planificadora de Tanya) lo había sugerido.

En ese momento, el lindo vestido azul que Alice había diseñado para mi, comenzaba a picarme por la tela de la crinolina y mi cabeza estaba ocupada por un maldito sombrero blanco ridículo (Tanya quería que su boda luciera "inglesa"). Por alguna razón, también las flores me jugaron chueco: éstas me estaban dando alergia, provocando que mis ojos se pusieran llorosos y rojos como un jitomate. Toda la familia incluso pensaba que mis lagrimeos eran producto de la emoción por la boda, pero en realidad, eran las malditas flores que lo provocaban.

Cuando disimuladamente trataba de limpiar las narices, el novio entra gallardo con todo su séquito de padrinos en la parte más interesante de la canción. Ya saben, la parte de la flauta. Mi corazón se estremeció un poco, me dio algo de ternura ajena. Ahora sí, quería llorar y Alice a lo lejos, lo notó. Me sonrió conmovida y dejé de sentirme mal porque de alguna manera, todo estaba saliendo como debía ser desde un principio.

Hubo un silencio de repente, era obvio que la novia iba entrar en aquel momento de la mano de mi tío Eleazar. El suspenso se terminó en cuanto todos en la iglesia, giraron sus cabezas para recibir a la novia y así, vi a Tanya enfundada en su vestido, más blanco que el blanco. Lucía como una princesa, y no tuve más que sentirme inmensamente feliz por ella. Ella sonreía como nunca, y se veía cien veces más linda que de costumbre. Era cierto lo que decía la chusma: todas las novias se ven hermosas el día de su boda. Su futuro esposo en verdad era afortunado y recordé una vez más que el destino, el karma, Jesús o lo que sea, al final siempre nos daban lo que merecíamos. Esta boda era ejemplo de eso.

Solo una mirada en todo el lugar no estaba puesta en Tanya. Miré de reojo y con una sonrisa, me encontré con los verdes ojos de Edward. Se notaba nervioso, después de lo ocurrido era extraño que estuviera en el mismo lugar que todos nosotros. Es más, hasta yo salía sobrando ahí, pero Tanya nos había perdonado a ambos y eso, a pesar de ser incómodo, era genial al fin y al cabo.

El ministro comenzó a hablar con voz solemne:

—Queridos hermanos, estamos reunidos el día de hoy para unir a este hombre y a esta mujer en sagrado matrimonio...

Bla, bla, bla.

No le puse mucha atención a sus palabras, ciertamente los sermones me aburrían y además, Edward se veía condenadamente bien.

—Ahora, les pregunto hermanos—esas palabras me hicieron ponerle atención—¿Hay alguien que tenga algún impedimento para que esta boda se celebre?

El ministro había sido claro, y por alguna razón, todos los ojos se posaron en mí. Tanya aguardó paciente una respuesta de mi parte. ¡Qué se supone que iba a hacer! ¿Impedir la boda? Lo juro, no soy tan mala como parezco y aunque al principio se me había ocurrido, ahora no había razón para hacer semejante estupidez.

—¿Qué me ven todos?—les pregunté nerviosa y luego me dirigí a Tanya.—No voy a robarme a tu novio.

—Ehm, pues...—Tanya dudó.

—Bueno, no otra vez, así que puede continuar Reverendo.

—No soy Reverendo, soy m...

—Como sea. Cáselos de una vez antes de que encuentre atractivo a...

—Guarda silencio Bella, deja que la ceremonia continúe—Daniel me pidió amable.

Ugh, olvidaba que él era el novio, protagonista de la ceremonia junto con Tanya. Cabe mencionar que antes de la boda, le di mi promesa a Tanya de que jamás, jamás de los jamases volvería a desear algo que fuera suyo (Eso incluía a su esposo, el radiante Daniel Wolf-Denali).

Los votos de ambos fueron hermosos, lo que me hizo derramar un par de lágrimas más. No era la única, mi tía Carmen era un mar de lágrimas de alegría. Su hijita querida se casaba con su favorito, con un hombre de clase según ella.

Finalmente, el Ministro los declaro marido y mujer, entonces todos los asistentes se deshicieron en aplausos que retumbaron por todos lados. Tanya y Daniel salieron en una lluvia de pétalos de rosas blancas, en donde varios paparazis mataban por la exclusiva de lo que llamaron vulgarmente "La boda escándalo del año" Ya saben, no era muy común que tu prima, quien te quitó a tu antiguo novio, siguiera siendo tu dama de honor después de eso y mucho menos que tu ahora esposo, le diera trabajo en su nuevo restaurante, pero ¡estábamos en California! Cualquier cosa podía pasar, ¿no?

Los invitados salieron detrás de los novios a dar entrevistas y continuar con la cobertura, pero Edward y yo nos quedamos solos, frente al altar.

—Y así termina esta historia, ¿no?—dijo él, sentándose en una de las bancas.

—Sí, quién iba a decir que serías el "Damo de Honor" de lo que debería de ser tu propia boda—le sonreí—¿Te imaginaste eso alguna vez?

—Supongo que sí—contestó Edward ante mi sorpresa.

—¿Si?

—Claro, desde el momento que te vi de nuevo, algo dentro de mi me dijo que no me casaría con Tanya —Edward tomó mi mano, apretándola fuertemente. —A pesar de que tuve mis dudas, siempre supe que estaba enamorado de ti. Lo he sabido desde hace cinco años. Hubiera sido un error que yo estuviera allá afuera siendo bombardeado con pétalos de rosa en lugar de estar aquí...contigo.

Edward junta su frente con la mía, sus ojos no se pierden mis ojos.

—No sé cómo pude vivir tanto tiempo sin ti—susurro en sus labios.

— Y yo no entiendo cómo concebí vivir mi vida con alguien que no fueras tú—su suave mano acaricia mi mejilla.

Finalmente, Edward me toma del rostro y cerramos nuestra declaración amorosa, con un tierno beso (No puede subir de tono porque estamos en un recinto sagrado). No tenemos que ocultarnos de nuevo, o volver a separarnos como hacía cinco años atrás. Es el momento perfecto, no hay nadie más que él y yo...y quizás algunos paparazis que entran en aquel instante a la iglesia para arruinar mi mágico momento.

¡Malditos sean!

—Bella Swan, ¡¿es cierto que Tanya te ofreció un millón de dólares para que te alejaras de su sensual prometido Daniel Wolf?—pregunta Perez Hilton, con un micrófono rosa de peluche.

—Ehm...yo—me interrumpe otro reportero.

—Sr. Cullen, ¿qué ha pensado del ofrecimiento que le han hecho varias televisoras para actuar en las telenovelas?

—He pensado que... ¡Oh, por Dios!—Edward señala a la puerta de la iglesia, haciendo que todos miren hacia esa dirección—¡¿Es ese Brad Pitt?

—¡¿Dónde?—los reporteros preguntan escandalosamente.

—Creo que es hora de correr—susurra Edward, jalándome mientras comienza a alejarse del grupo.

—Yo no voy a ningún lado—le contesto—¡Brad Pitt está aquí!

—Bella, cariño. Brad no...

—Ah claro, es una distracción—digo decepcionada, pero luego esbozo una sonrisa—Ya lo sabía.

Edward suelta una carcajada y sin parar de correr, dice la única cosa que me devuelve el alma al cuerpo:

—Izzie, Bella o como te llames...te amo.

Trago el nudo en mi garganta, quiero llorar de felicidad. Soy tan feliz que podría vomitar arcoíris.

—Eddie, Edward o lo que sea, —aprieto fuerte su mano—yo también te amo.

Nos perdemos entre el montón de invitados para no ser acosados con preguntas estúpidas y con cuestiones del pasado que no importan más. Quizás no nos espere un tórrido final de cuento como el de Tanya y Daniel, o quizás sí. El punto más importante ahora es que Edward y yo nos amamos, y estamos juntos, justo como debió de haber sido desde un principio en esta historia.

FIN


N/A: Hola a todas! Ale, aquí reportándose del más allá. No morí ni nada, es simplemente que he tenido un poco (muy) olvidados mis fics de Twilight. No sé si aún haya alguien que espere el final de esta historia que comenzamos hace más de dos años, pero al fin, se me ocurrió algo cutre para finalizarla. Les agradezco infinitamente a las chicas que llegaran a preguntarme sobre esta historia, tanto aquí como en el foro de Carrousel. Pau se quedó sin ideas, al igual que yo que escribí este y el penúltimo capítulo. Me siento mal porque este final no es nada espectacular, pero al menos no me queda el remordimiento por no haberla terminado nunca. Quizás, mis otras historias sin terminar desaparezcan ya que honestamente apestan y jamás recuperaré mi antiguo toque a la hora de escribir. Les pido disculpas si alguna vez leyeron mis otras "obras" (Un Purgatorio...y The Other Side), pero les prometo que si algún día las edito como es debido, juro que las subiré con mucha mejor calidad porque ustedes se merecen eso y más. Me voy, esperando que esta historia les haya gustado aunque sea un poco...

Ale ; )