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»Si no me dices que soy genial, te patearé. No, no es cierto, pero hola, es la primera vez que actualizo tan rápido en... bueno, mucho tiempo. Y agradezcamos a que mi colegio sea tan aburrido, sino habría tardado más.

(Una tiene que hacer algo cuando se aburre).

» Y... hm. Emmett es mi Dios. Mi Dios iluminado.


Intoxicated

«Rómpeme, úsame, tócame

Hoy soy toda tuya»

II

«Hallucination»


—Creo que no deberíamos hacer esto, pero no puedo recordar por qué.

Risitas. Y un golpe. Bella lanzó una maldición bastante audible, mientras Edward dejaba escapar una carcajada. Las cosas parecían difusas en las esquinas y absolutamente todo era gracioso. Más gracioso de lo normal, quiero decir.

—Perdón —Murmuró Edward, al ver la mirada enfadada de la chica. Se tambaleó, pero alcanzó a apoyarse en la pared antes de caer... atrapando a Bella se paso.

—¿Estás acosándome? —Ella entreabrió los labios, agrandó los ojos.

—¡Pensaba que ya hacía eso!

—Oh. Sí. Tienes razón. Lo siento —Y asintió sabiamente.

—¿Por qué siempre que salimos juntos tenemos que terminar así? —Preguntó Edward, más bien a su mismo. Le dio un beso húmedo en el cuello.

Y por supuesto que sólo él podía conseguir que eso fuera sexy de una manera indecente.

A Bella le llevó dos minutos entender la pregunta y dos minutos pensar una respuesta. Pero bueno. Era difícil en esas condiciones, ¿no? Aunque él tenía las manos frías y, bueno, su espalda se resentía un poco. Igual podría soportarlo. Y oh, qué coincidencias, de repente hacía un horrible calor, qué casualidades, pero la vida, la vida y sus vueltas.

—El cuerpo se te ha acostumbrado —Masculló Bella, y le dio un beso de esos que sólo das cuando estás muy borracho o muy ansioso. Hoy... ambas—. Ahora pide alcohol y sexo. Si no hay, inventa.

—Alucina —Concordó Edward.

—Y la mente se alianza con él —Bella asintió—. Ay, Dios mío, pensé que era la única que tenía los sueños raros.

Edward se rió tan fuerte que se le olvidó lo que hacía, y Bella lo golpeó de nuevo mientras le lanzaba una mirada frustrada.

—Céntrate, Edward —Le recordó.

—Lo siento. Nunca había escuchado a una chica admitir que tenía sueños húmedos...

—¡Dije sueños raros!

—...¡Y conmigo!

—¡Ya sé que tú también! —Lo interrumpió ella—. Me lo dijo Emmett.

—¡Pero juró que no lo diría! —Susurró Edward, horrorizado.

—Lo llamé y le dije que era Dios. Estaba borracha.

—¡Así que es tú culpa que Emmett crea que es un iluminado! ¡Compró un vestido de cura y una Biblia!

—Se llama sotana.

—Aún es un vestido.

Ella lo meditó.

—En realidad tienes razón.

Y luego el silencio típico que queda luego de criticar los vestidos de cura.

—Mi cuerpo está alucinando —Bella tensó los labios.

Él sonrió.

—Bueno, ¿nos acostamos o qué?

—Está bien. Pero en tu habitación. Estamos en el vestíbulo y lo más cercano es el sofá. Pero ahí siempre van Emmett y Rosalie.

—¿Sería tan malo? —Edward rodó los ojos.

Después, ambos se miraron.

—Definitivamente sí —Murmuraron a coro.

—¿Puedo besarte? —Edward sonrió adorablemente.

—Claro, Edward. Que amable en preguntar —Gruñó Bella.

—Lo que pasa es que te sonrojas.

—¿Y qué con eso?

—Te ves guapa.

—Claro..., y Winnie Pooh no es travesti.

Edward se rió.

—En eso tienes razón, pero tú eres muy... bonita.

Un suspiro resignado. Tres besos apresurados en la boca, uno en el cuello, y las caricias desperdigadas por el suelo, igual que caramelos.

—No me toques ahí —Jadeó Bella de repente.

—¿Dónde? ¿Aquí?

—Quita la puta mano o te muerdo.

—¿En plan «Quiero-acostarme-contigo» o «No-me-toques-imbécil»?

—Un poco de ambas.

—¿Mayormente?

—No me hagas esto, Edward...

—¿Por favor?

—... «Quiero-acostarme-contigo».

—Lo sabía.

—Bastardo, espero que te mueras. Pero primero...

Mientras se reía, la empujó suavemente por las escaleras. Bella no opuso resistencia, en cambio pareció alegrarse. Tarareó la marcha nupcial cuando terminaron medio acostados en la madera, y aunque estaban completamente pegados todavía parecía insuficiente. Ella lo amenazó con dejarlo alucinar a solas, así que paró.

Qué falta de concentración. Casi se arrastraron al pequeño vestíbulo que había al final de las escaleras, aunque era mucho más pequeño que la escena anterior y todo era un lío.

Así que se pusieron de pie. Y Bella se distrajo intentando quitarle la camisa a Edward, así que no notó cuando él tocó suavemente una vez a la puerta de Alice.

—La camiseta en la escalera es de Bella. No la escondas, no la quemes ni la reemplaces.

Bella se miró. Vaya. Cierto. Sin camiseta.

—Y se la regales a vagabundos —Añadió. Por si acaso.

—¡Tengo un don con la moda! ¡No te atrevas a criticar eso, Edward! —Gritó inmediatamente la aguda vocecita.

—No debe estar Jasper ahí —Murmuró Bella. Al fin había soltado el maldito botón y estaba de lo más contenta. Dejó caer la prenda molesta y con unas manitas ansiosas empezó a recorrer su pecho desnudo.

Edward se olvidó de lo que le iba a decir a Alice.

—¡Ya te oí, Bella! —Alice volvió a gritar—. Él... Él sólo piensa que debemos tener un límite, que no es bueno tener vicios y que...

—Ninfómana —La cortó Edward.

Gracioso comentario viniendo de alguien que estaba medio desnudo y notablemente alegre.

Alice gritó. Bella empujó a Edward contra la puerta y él intentó desesperadamente deshacerse de su falda.

—Uh. ¿Están liándose contra mi puerta, verdad? —Suspiró—. Te dejaré pasar esto, Edward, pero cuando Bella no tenga su lengua en tú garganta, yo hablaré contigo.

Edward mordió a Bella. Ella gruñó.

—¡Aw! Eso dejará marca. Bruto.

Alice revoloteó nerviosa dentro de su habitación. Votó unas tres cosas, de paso.

—Sin juegos sádicos, Edward.

—¡Ah, eso me recuerda a algo que dijo Jasper! —Comentó Edward, malicioso.

Después empujó a Bella a su habitación. A través de las paredes llegaban los gritos de Rosalie.

—¡Te compraste un vestido! ¡Y ni siquiera es bonito! ¡Maldita sea, Emmett! ¿Qué hay de mal contigo? ¿Eres imbécil o inocentón?

—¡Hablo con Dios, Rosalie! —Gritó Emmett de vuelta—. ¡Me llama y me pide que haga buenas obras...! Como pedir pizza y eso. Y pagarla. ¡No puedes evitarlo!

—Okay. Bien, supongamos que es cierto. Probablemente no, pero... supongamos —La voz de Rosalie aún era alta—, ¿qué demonios tiene que ver aquí el maldito vestido?

—Yo... yo sólo quería meterme en el personaje.

Edward bufó, dejó a Bella en la cama y se acercó a la pared. Golpeó unas cuantas veces.

—¡Jasper, dile a Rosalie que cierre su maldita bocota! ¡Estoy intentando liarme con Bella aquí, y no es que me ayuden demasiado!

—¡Cállate tú! —Replicó Jasper inmediatamente.

El chico rodó los ojos y miró a Bella. Ella se levantó..., bueno, no, gateó hasta la pared y golpeó suavemente.

—¿Jasper? ¿Jasper, cariño? —Dijo amablemente.

—¿Bella? —Se oyó un ruido inquieto, y luego algo golpeando duramente la pared—. Oh, lo siento, es sólo que... Extraño a Alice.

Ella miró a Edward.

—Alucina —Susurró él. A ella se le escapó una sonrisa.

—Mira, Jasper —Titubeó Bella—, no tienes... por qué hacer esto. Alice también te extraña.

—¿En serio?

Ni siquiera esperó respuesta. Se escuchó un portazo, luego correrías por el pasillo, golpes y después... después los gritos de Alice.

—En realidad, puedo probármela y jugaremos un rato, ¿no te parece bien, Emmett? Es un vestido bastante sexy —Ronroneó Rosalie.

Y más gritos.

Bella miró a Edward con determinación.

—Oh, ven aquí. No pienso ser la única que alucine esta noche.

—Claro, abriremos el Club «Sólo Tengo Sexo Cuando Estoy Borracho» —Edward abrió los brazos, invitándola a acercarse.

—Prohibidos los alucinados, bebé.