Disclaimer: los personajes no son míos, sino de la Sra. Rowiling.

Nota: In Vino Veritas existe. Está en el 1202 de Saint Nicholas Ave. New York, NY 10032.

IN VINO VERITAS

CAPITULO I

Nueva York. Casi no podía creer que por fin estaban allí. ¡Por fin! Dejar Inglaterra había sido una verdadera liberación. Se había marchado contra la voluntad de prácticamente toda su familia. Sólo había contado con el abierto beneplácito de su padre. Y era consciente de que era gracias a él que ahora caminaba hacia la salida del aeropuerto Kennedy, empujando un carrito lleno de maletas y bolsas. Mucho más cargado que el del joven que empujaba el suyo, a su lado.

Su compañero había conseguido una beca en el Columbia University College of Physicians and Surgeons para realizar su especialización en cirugía cardio-torácica. Él simplemente había pagado una matrícula, que no estaba al alcance de cualquiera, para hacerlo en enfermedades de base genética. Para ser sinceros, era su padre quien se había hecho cargo de ella, así como del alquiler del apartamento donde iban a vivir. Scorpius y su compañero iban a hacer sus prácticas en el New York-Presbyterian Hospital, uno de los centros universitarios más completos del mundo. Su carrera era otra de las decisiones que la mayoría de la familia de Scorpius, especialmente su abuelo, no había entendido nunca. Ya había sido difícil que aceptara que no iba a dedicarse a los negocios de la familia. Pero anunciar que pensaba cursar una carrera muggle, en una universidad muggle, había sido la gota que había colmado el vaso de la paciencia de Lucius Malfoy. Paciencia que ya andaba algo rebasada desde que su nieto se había declarado abierta y descaradamente muerde almohadas. Definición textual del comprensivo abuelo. Que después empezara a salir con Mike Davenport un sangre sucia que había conocido en su primer año en Cambridge, sólo había empeorado las cosas. Scorpius estaba seguro de que de la salud de su padre se había ido por el caño por culpa de todas aquellas discusiones que había mantenido con su abuelo desde que él se había graduado en Hogwarts.

Después de hacer una cola de casi veinte minutos pudieron tomar el taxi que les llevaría a su nuevo hogar. El apartamento que el padre de Scorpius había alquilado para ellos estaba en Haven Avenue esquina con 176th Street, en el Washington Heights. El hospital quedaba relativamente cerca, teniendo en cuenta que las distancias eran mucho más amplias de lo que podían parecer a simple vista sobre un mapa. Pero según éste, tenían una boca de metro al doblar la esquina de su calle, que les dejaría prácticamente a las puertas del Columbia University College.

El apartamento era bastante más grande de lo que dos personas necesitaban. Tenía cuatro habitaciones, una de ellas con una cama tamaño King, que hizo sonreír a Scorpius y a Mike con bastante poca inocencia, y dos baños. La cocina era larga y estrecha, pero ninguno de los dos tenía intención de pasar demasiado tiempo allí. Sin embargo, el salón-comedor era muy amplio y luminoso. El apartamento contaba con conexión a internet, televisión, estéreo, cable e incluso un lavadero con secadora. Que probablemente tampoco utilizarían.

Después de abrir maletas y dejar todos sus enseres colocados, decidieron por unanimidad que lo primero que tenían que probar era la cama.

o.o.o.O.o.o.o

Los dos primeros meses fueron una simple locura. Las clases, las prácticas, nuevos amigos, profesores muy exigentes y acostumbrarse a aquella asquerosa comida rápida americana que daban en la cafetería, que ya había provocado en el cuerpo de Scorpius algún que otro pequeño desarreglo. El pulcro salón del apartamento ahora estaba lleno de libros y cuadernos que invadían cada superficie disponible, por pequeña que fuera. Los dos portátiles ocupaban permanentemente la mesa sobre la que se suponía tenían que comer, rodeados de cajas vacías de pizza o comida china, latas de refrescos, la mayoría de alto contenido en cafeína, y también de tazas de té vacías con la correspondiente bolsita espachurrada al fondo de la misma. Hasta la cama tamaño King había sido relegada la mayor parte de los días a cumplir su principal función: la de que sus ocupantes durmieran para recibir el necesario descanso.

Encontraron In Vino Veritas un viernes por la noche, seis semanas después de haber llegado a Nueva York. Estaba en St. Nicholas Ave. y sólo tenían que atravesar Washington Ave., Brodway y Wadsworth Ave. para llegar hasta allí. Era un pintoresco y acogedor bar de vinos, con una atmósfera muy amigable. Pronto se convirtieron en habituales. El local era muy pequeño, así que tenían que llegar temprano si querían una mesa. Especialmente los viernes por la noche, cuando a veces se podía disfrutar de música en vivo. El servicio era excelente, atento y muy pendiente, pero sin atosigar nunca al cliente. La carta tenía una selección de vinos sorprendente, según pudo apreciar Scorpius, quien había heredado el gusto por el vino de su padre y, como él, era un verdadero entendido. La comida también era deliciosa, con un toque europeo que tanto a Scorpius como a Mike les encantaba. Aperitivos fríos, bruschettas, ensaladas, paninis o tartines, la mayoría con nombres italianos. Además, sus precios eran mucho más razonables de lo que hubiera cabido esperar, especialmente por la calidad de los vinos. In Vino Veritas se convirtió en un pequeño oasis para Scorpius y Mike, donde relajarse del frenético ritmo que los americanos parecían disfrutar en imprimir en cada aspecto de su vida.

Hicieron amistad con uno de los camareros, Tony, que como la mayoría de los que trabajaban en el bar era de ascendencia italiana. Por él supieron que el primer dueño del local, el que lo había abierto, también era italiano. Se llamaba Lorenzo Bossana, aunque todos le conocían como Laurie. Había fallecido hacía un par de años por culpa de un cáncer fulminante que había consumido su vida en apenas seis meses. Tony les explicó que Laurie era una persona muy querida y que perderle había sido un duro golpe para todos. Especialmente para el hombre que había compartido su vida durante los últimos veinte años. El hombre que ahora era el único propietario de In Vino Veritas.

-Por cierto, Jimmy es inglés, como vosotros -les dijo Tony con un guiño, una noche de viernes.

-¿De qué parte de Inglaterra? -preguntó Mike con curiosidad.

Tony se encogió de hombros.

-Ni idea. Lleva un montón de años aquí.

-Podríamos saludarle y se lo preguntamos -se animó Scorpius, mirando a su alrededor-. Será agradable charlar con alguien que cuando habla no parezca que tiene la boca llena de goma de mascar.

Tony se rió con ganas. Aquellos dos ingleses, especialmente el rubio, eran tan... ingleses. Pero le caían bien. El tal Scorpius tenía toda la pinta de ser un niño bien, acostumbrado a la buena vida. Era alto y delgado. Espigado. Siempre vestía impecablemente, aunque fueran unos vaqueros y una simple camiseta. O no tan simple, porque Tony pudo reconocer en su indumentaria marcas como Ralph Lauren o Tommy Hilfiger. Sus maneras eran las de alguien que había sido exquisitamente educado. Era muy rubio, de esa forma que hasta las pestañas parecen transparentes. Llevaba el pelo corto y perfectamente cortado, tan bien peinado y cuidado, que siempre daba la sensación de que acababa de salir del barbero. Su tez era muy blanca, del tipo que seguramente tenía que tomar precauciones si se exponía demasiado al sol. Sus irises eran de un celeste intenso, tan claros que parecía imposible que una tonalidad como aquella existiera en unos ojos. Sin embargo, no eran fríos. Tenían un no sé qué que los hacía especialmente cálidos. Tony pensaba que era su forma de mirar. Porque Scorpius tenía una mirada sonriente que hacía que el conjunto de sus facciones, de trazos más bien duros, relajara esos rasgos a una expresión mucho más suave. Todas las camareras andaban loquitas por él. A pesar de que a esas alturas ya todos sabían que ese rubio sólo tenía ojos para el joven que siempre le acompañaba.

Mike parecía ser todo lo contrario a Scorpius. Era tan alto como él, pero más fornido, de espalda más ancha y no tan grácil como el rubio. Su forma de moverse era siempre un poco más brusca. Tony, como buen heterosexual, la había clasificado como más masculina, aunque Scorpius en modo alguno era amanerado o delataba en su comportamiento o gestos cuáles eran sus preferencias. El pelo de Mike tenía un fascinante tono cobrizo. Lo llevaba un poco largo, de forma que su natural ondulación enmarcaba agradablemente su rostro. Sus ojos eran castaños y tenían un brillo inteligente que los hacía especialmente ávidos a todo lo que le rodeaba. Tal vez la armonía de sus facciones no fuera tan perfecta como las del rubio, pero su rostro era amable, a decir de las camareras, cariñoso. Rasgos que se basaban principalmente en su sonrisa, abierta y siempre dispuesta en sus labios. Tony tenía la impresión de que no procedía del mismo extracto social que su compañero. Vestía como cualquier joven de su edad, aunque las marcas eran poco habituales en su vestuario. Y sus maneras, educadas y correctas, adolecían tal vez del innato savoir faire de Scorpius.

-Jimmy apenas viene por el local -explicó Tony-. Especialmente desde que murió Laurie. Incluso temimos que quisiera venderlo o cerrarlo -Tony sonrió ampliamente-. Pero no lo hizo.

-Un buen tipo -dijo Mike.

Tony asintió.

-Se deja caer por aquí algunos viernes, especialmente si hay actuación -el italiano volvió a mostrar sus perfectos dientes blancos contrastando con su bronceado rostro-. Os avisaré cuando esté por aquí, ¿vale?

o.o.o.O.o.o.o

Scorpius había recibido carta de su madre aquella semana. Le reprochaba que no escribiera más a menudo y le pedía encarecidamente que regresara a casa a pasar las fiestas navideñas. Estaban a principios de noviembre y el joven imaginó que su madre le hacía saber con tiempo lo que se esperaba de él para que no encontrara excusas de última hora. Bien, pues le quedaba algo más de un mes para buscarse un buen pretexto.

Mike no iba a volver a Inglaterra en Navidad. Para él no era tan fácil gastarse el dinero en el importe de unos billetes transatlánticos. Sus padres eran médicos. Su madre trabajaba en el área de pediatría del Royal Free Hospital de Londres. Y su padre tenía una pequeña consulta en Kilburn, de donde era natal. Sus ingresos alcanzaron a duras penas para que su hijo estudiara en Cambridge. Más teniendo en cuenta que tenían dos hijos más. El Columbia University College de Nueva York quedaba totalmente fuera de su alcance. Pero medimagia y acabar en San Mungo nunca había sido una opción para Mike. Ser mago era un hecho anecdótico para él. Como a cualquier otro mago británico, la carta de Hogwarts le había llegado poco antes de cumplir los once años. Había sido seleccionado para Ravenclaw y durante todo el tiempo que había permanecido en la escuela de magia y hechicería, sólo había coincidido en alguna asignatura con Slytherin los dos primeros cursos. Así que él y Scorpius se habían ignorado mutuamente durante siete años. Mike era un joven inteligente y esforzado. Había tenido que estudiar como un descosido para ganarse la beca Albus Dumbledore que le habían permitido ingresar en la universidad inglesa, que más tarde le había abierto las puertas de la neoyorquina con otra beca. Pero, aparte de vivir en un apartamento del que no le habían permitido compartir el alquiler -que de todas formas tampoco habría podido sufragar- subsistía con la asignación de la beca correspondiente a manutención y del dinero que sus padres podían enviarle cada mes. Mike amaba a Scorpius con toda su alma. Pero no quería oír una palabra sobre su dinero.

Y si Mike no iba a regresar a casa en Navidad, Scorpius no tenía la menor intención de dejarle solo.

-No tienes que quedarte Scorp, lo sabes.

-Te dije que este tema ya estaba zanjado.

-Por tu padre al menos -insistió Mike.

Scorpius apretó la mandíbula y le dirigió una mirada helada a su novio. Una que se le daba muy bien, y que hacía que sus ojos azules perdieran su habitual calidez. Mike siempre sabía exactamente dónde darle. Porque Scorpius adoraba a su padre.

-¿Qué va a ser esta noche?

Scorpius levantó la mirada para encontrarse con la sonrisa italiana de Tony. Mike respondió rápidamente, a la espera de que amainara la tormenta que se le podía venir encima.

-Piatto Di Formaggi para compartir, un Pollo Veritas Panino para Scorp -Mike levanto la vista de la carta para asegurarse de que lo que acababa de pedir era lo que realmente su novio quería. Éste hizo un leve asentimiento-, y una Eggplant Tartine para mí.

-¿Vino?

Tony dirigió la pregunta directamente a Scorpius.

-Un Valpolicello estará bien.

-Perfecto, quince minutos, ¿vale? -había dado dos pasos cuando el italiano se volvió hacia ellos, como si hubiera olvidado algo-. Por cierto, Jimmy está hoy aquí. Le diré que os gustaría saludarlo.

Esa noche tocaba un grupo de jazz bastante bueno. La música sirvió de distracción para que ninguno de los dos jóvenes volviera sobre el asunto de dónde pasar las navidades. Scorpius estaba muy callado y Mike empezaba a arrepentirse de haber insistido en que su novio volviera a casa. Siempre le había costado entender la relación que Scorpius tenía con su familia. Porque los Malfoy, al contrario que los Davenport, eran una familia complicada. Demasiado complicada a veces.

-Creo que por fin vamos a conocer al dueño -dijo Mike, dejando su copa de vino en la mesa, contento de encontrar un entretenimiento que pudiera disipar la tensión entre ellos.

Scorpius volvió el rostro para observar al hombre con el que Tony estaba hablando y que en aquel preciso momento miraba hacia ellos. Durante unos interminables instantes su mirada estuvo fija en la mesa que él y Mike ocupaban, contemplándolos con una expresión extraña en su rostro. Scorpius casi estaba por asegurar que sobresaltada. Cuando Tony regresó a su trabajo, pareció como si el dueño de In Vino Veritas tuviera que considerar seriamente si acercarse o no. Finalmente lo hizo, caminando con decisión hacia ellos.

-Buenas noches -saludó-. Soy Jimmy. Tony me ha dicho que sois ingleses...

Ambos se levantaron y estrecharon alternativamente la mano que el hombre les ofrecía.

-Encantado de conocerte, soy Mike Davenport.

-Scorpius Malfoy. Pero prefiero que me llames Scorp. Ya he soportado suficientes bromas desde que he llegado aquí.

Jimmy sonrió, a pesar del tono un poco defensivo que el joven había empleado en la última frase.

-Hay que reconocer que tienes un nombre un tanto insólito, Scorp.

No obstante, no parecía tan extrañado como la mayoría de la gente la primera vez que oían ese nombre, ni dispuesto a hacer el chiste fácil sobre la picadura del escorpión.

-Cosas de familia -Scorpius se encogió de hombros-. ¿Te sientas con nosotros?

El dueño le hizo una seña a Tony y después señaló la botella de vino casi vacía sobre la mesa, tras lo cual se sentó en una de las dos sillas vacías. Mientras Mike bromeaba sobre las experiencias de dos ingleses en Nueva York, Scorpius se dedicó a observarle. Jimmy era un hombre bastante atractivo. Debía andar por los cuarenta y cinco largos. Vestía de manera informal, aunque reconoció en su ropa la misma pijería que en la suya. Su pelo era muy negro y por la forma en la que sus mechones se dispersaban en todas direcciones, hacía pensar que era un poco difícil de domar. Sin embargo, le daban un aire desenfadado que desmentía su edad, a no ser que, como ahora Scorpius, se estuviera tan cerca de él como para ver las pequeñas marcas de expresión alrededor de sus ojos. Que eran de un verde que Scorpius no recordaba haber visto nunca. No obstante, eran unos ojos tristes, que no sonreían cuando lo hacía su boca. A pesar de que era una sonrisa cálida. La de una persona en la que confiarías aún sin conocerla. Scorpius pensó que tal vez era porque ahora estaba solo. Toni llegó entonces con la botella de Valpolicello y la dejó sobre la mesa junto a una nueva copa. Procedió a abrir el vino y sirvió a los tres.

-Así que estudiáis medicina en Columbia.

-Especialización -remarcó Scorpius, interviniendo por primera vez en la conversación-. Médicos, de hecho, ya somos. Pero creo que todavía no inspiramos la suficiente confianza -sonrió con ironía.

Mike, que con la segunda botella empezaba a sentirse un poco achispado, dejó escapar una risita floja.

-¿Qué edad tenéis?

-Veinticuatro -respondió Scorpius, mientras le daba una mirada de advertencia a Mike.

-Veinticuatro... -murmuró Jimmy para sí, con un tono levemente nostálgico.

-¿Hace mucho que vives aquí? -preguntó el joven rubio- Porque supongo que debe haber algún bendito momento en el que acabes acostumbrándote a las malditas hamburguesas y al maldito ketchup con el que se empeñan en rociar cualquier cosa que te lleves a la boca.

Jimmy dejó escapar una carcajada.

-Acabas acostumbrándote, créeme.

-Entonces, ¿cuánto tiempo llevas aquí? -insistió.

Jimmy pareció considerar por unos momentos su respuesta.

-Era más joven que vosotros cuando llegué -confesó-. Así que unos cuantos años.

-Joder, eso son muchas hamburguesas -sentenció Mike, mientras rellenaba su copa.

Scorpius frunció el ceño. Tenían planes para estudiar todo el fin de semana porque se acercaban los exámenes. Mike no soportaba demasiado bien la bebida, así que la resaca no sería una buena compañera con la que levantarse al día siguiente.

-¿Y no has vuelto? -Jimmy negó con la cabeza- ¿Nunca?

El hombre vació su copa de un solo trago.

-Nunca -se levantó-. Ha sido una charla muy agradable, pero tengo cosas que atender. Espero volver a veros pronto.

Ambos jóvenes agradecieron la invitación y se despidieron del dueño con la impresión de que la conversación había acabado de una forma un tanto brusca.

-Creo que voy a ponerme celoso -masculló Mike cuando Jimmy se hubo marchado-. No me gusta la forma en que te ha estado mirando.

-Has bebido más de lo que acostumbras -fue la respuesta de Scorpius.

-¡Y una mierda! Sé perfectamente cuando alguien se está comiendo a mi novio con los ojos.

o.o.o.O.o.o.o

Volvieron en un par de ocasiones más a In Vino Veritas, pero no coincidieron con el dueño. Scorpius tenía una sensación extraña desde que habían hablado con él. Pero se guardó bien de decírselo a Mike, quien estaba convencido de que Jimmy iba a tirarle los trastos a Scorpius la próxima vez que se vieran. Al contrario que su celoso novio, Scorpius tenía la impresión de que Jimmy se había acercado a ellos más por compromiso que por verdaderas ganas de compartir un rato de charla con dos compatriotas. No había preguntado nada sobre Inglaterra, como si no le interesara cómo iban las cosas por allí después de tanto tiempo fuera de su país. Y sí, le había mirado de una forma que jamás confesaría que le había puesto un poco nervioso. Scorpius ya estaba acostumbrado a que, como decía Mike, se lo comieran con los ojos. Era un tío atractivo y lo sabía. Y podía reconocer perfectamente cuando alguien le estaba devorando. Pero esa no había sido el tipo de mirada con la que Jimmy le había estado observado. Estaba seguro.

A principios de diciembre estaban completamente concentrados en sus exámenes y tanto Scorpius como Mike sobrevivían a base de cafés y coca-colas. Aunque por la universidad circulaban otro tipo de sustancias de las que ambos preferían mantenerse alejados. Sus asignaturas y horarios de clase eran distintos, así que muchas veces ni siquiera coincidían en la cafetería para tomar un bocado. Después de un examen sobre endocrinología y metabolismo, que había durado toda la mañana y le había dejado exhausto, Scorpius decidió que no se merecía la bazofia de la cafetería. Así que hizo el esfuerzo de tomar el metro para dirigirse al bar de vinos. ¡Merlín! Si su abuelo le viera metido en un atiborrado vagón, respirando el mismo aire que tanto muggle junto, le daría un ataque.

Nunca habían ido a comer al bar a esa hora del día, así que Scorpius no previó pudiera estar lleno. Tampoco pensó que el dueño pudiera estar allí.

-Jimmy dice que puedes comer con él, si quieres -le dijo Tony cuando, malhumorado, ya estaba a punto de irse.

Scorpius miró hacia el fondo del local, donde el camarero señalaba. Jimmy estaba sentado a una mesa, algo apartada del resto, con una botella de vino y rodeado de un montón de papeles.

-Muy amable de su parte -aceptó.

-Ya te digo. Nunca le he visto comer con un cliente -y le guiñó un ojo a Scorpius de forma maliciosa.

El joven siguió al camarero hasta la mesa, preguntándose por un momento si se habría equivocado en su juicio. Cuando llegó, Jimmy se levantó educadamente y le saludó con un apretón de manos. Se sentaron y el dueño apartó algunos de los papeles que tenía desperdigados por toda la mesa, para dejar espacio para el nuevo comensal, mientras Tony tomaba nota de lo que deseaba comer Scorpius.

-Odio el papeleo -masculló Jimmy. Después le dirigió una mirada de disculpa a Scorpius-. Laurie solía ocuparse de esto.

El joven sonrió, secretamente un poco incómodo.

-¿Chianti o prefieres algún otro? -preguntó Jimmy, señalando la botella de vino.

-No, está bien. ¿Es un Merlot? -Scorpius examinó la etiqueta con interés, contento de haber encontrado un tema de conversación que dominaba.

Jimmy asintió.

-Este es bastante afrutado -dijo- ¿Entiendes de vinos?

-Mi padre es un verdadero experto -explicó el joven-. Supongo que he heredado su pasión.

El hombre frente a él sonrió.

-A mi me costó años llegar a diferenciarlos -admitió-. Me bastaba con saber si me gustaban o no. Creo que Laurie a veces sentía verdaderas ganas de estrangularme por ello -Jimmy volvió a sonreír, esta vez con un poco de tristeza-. Era mi compañero.

-Lo sé, Tony nos contó.

Jimmy meneó la cabeza con resignación.

-Es un buen tipo, pero un poco bocazas a veces -dijo-. De todas formas, no sé qué haría sin él ahora.

Scorpius le miró detenidamente antes de considerar decir:

-No es el sueño de tu vida, ¿verdad? -señaló con las manos a su alrededor- Esto...

Jimmy no respondió, se limitó a inclinar un poco la cabeza, como si esperara que Scorpius sacara sus propias conclusiones. El joven se preguntó a qué se habría dedicado Jimmy durante todos aquellos años cuando, evidentemente, había sido el italiano quien se había encargado de llevar el bar. Seguramente se habría atrevido a preguntárselo si la llegada de Tony con la bruschetta que había pedido no hubiera desvanecido la oportunidad.

-Estarás deseando volver a casa por Navidad -dijo Jimmy, cambiando radicalmente de tema.

-No este año -aclaró-. Me quedo con Mike.

Y tampoco le apeteció darle al hombre más explicaciones. Sin embargo, añadió:

-Aunque lo siento por papá.

-¿Tienes una buena relación con tu padre? -preguntó Jimmy, llenando su copa de vino.

-Sí -Scorpius no pudo evitar sonreír con cariño-. Mi padre es único, ¿sabes? No estaría aquí si no fuera por él.

-Seguramente, te echará de menos.

Scorpius asintió.

-Sí. Pero al contrario que el resto de mi familia, él siempre ha comprendido lo que necesito.

Se hizo un pequeño silencio en el que Scorpius sintió de nuevo aquella mirada extraña sobre él. Era como si Jimmy tratara con todas sus fuerzas de ver más allá de lo que él estaba dispuesto a dejarle saber.

-¿Tú te llevas bien con tus padres? -preguntó Scorpius, tratando de desviar su atención, aunque se sintió un poco ridículo haciendo aquella pregunta a un hombre de la edad de Jimmy.

-No los conocí -la respuesta fue un poco cortante, aunque después su voz se suavizó un poco, como si se hubiera dado cuenta de su brusquedad-. Pero no, no me llevé muy bien con los familiares con los que me tocó vivir.

-Vaya, lo siento.

Jimmy hizo un gesto con la mano, como si aquello fuera algo en lo que no mereciera perder su tiempo.

-No te preocupes, ya está olvidado.

Sin embargo, un casi imperceptible resentimiento en su voz, hizo que Scorpius tuviera la sensación de que no había sido así. En ese momento una camarera se acercó a la mesa con un papel en la mano. Le sonrió a Scorpius con todas sus ganas.

-¿Es esta la factura que estabas buscando? -preguntó sin apartar los ojos del joven rubio.

El dueño la cogió y después, rescatando unas gafas que habían permanecido sepultadas debajo de unas hojas, se las puso para examinar el papel que la chica le había dado. Eran muy discretas, con una montura color bronce muy fina.

-Sí, creo que sí. Gracias Susan.

Después alzó la mirada hacia Scorpius, que en ese momento le contemplaba como si acabara de tener una revelación. Jimmy sonrió.

-Operaron mi miopía hace unos años. Pero la edad no perdona y la letra pequeña se me resiste si no las tengo a mano.

Scorpius también sonrió, ya pasado el visionario e imposible momento.

-Sí, mi padre tiene el mismo problema. Aunque él finge que no las necesita y preferiría morir a que alguien le viera utilizándolas.

Jimmy dejó escapar una espontánea carcajada.

-¿De veras? Puedo imaginarlo.

-¿Puedes?

El repentino tono inquisitivo de Scorpius pareció sorprender a Jimmy en un principio, pero después fue como si le hubieran atrapado haciendo algo que no debía. Se repuso rápidamente y dijo:

-Hay hombres muy coquetos.

Scorpius no pudo contradecirle. Él mismo era uno de ellos.

-¿De qué parte de Inglaterra eres? -preguntó el joven, dispuesto a satisfacer su curiosidad.

-Surrey -respondió Jimmy tras considerarlo unos momentos.

-Eso está cerca de Londres, ¿no?

-Sí, bastante cerca.

-Yo nací en Wiltshire -explicó Scorpius- Pero a partir de los once sólo pasaba allí los veranos. Mis padres me enviaron a un internado.

-Y a quién no -ironizó Jimmy, ya que era una costumbre inglesa bastante generalizada.

-¿A qué internado fuiste tú? -preguntó Scorpius.

-Al San Brutus.

El joven frunció el ceño, un poco desconcertado.

-No me suena -dijo finalmente.

-De hecho -aclaró Jimmy-, no es una institución muy popular.

-Ya... El mío estaba en Escocia. Mi familia ha ido allí por generaciones.

Jimmy asintió, como si supiera perfectamente a lo que Scorpius se refería. El joven le observó unos instantes, mientras el dueño del bar rellenaba las copas de ambos.

-¿Puedo hacerte una pregunta? -dijo de pronto.

-Hazla -aunque el tono insinuaba que Jimmy no se comprometía a responderla.

-¿Por qué dejaste Inglaterra?

Scorpius tuvo la impresión de que la pregunta no le había sorprendido. Pero parecía que iba a tomarse su tiempo para responderla. Jimmy bebió varios sorbos y paladeó el vino casi con reverencia, lentamente, con la mirada puesta en alguna parte a espaldas de Scorpius.

-Necesitaba alejarme de allí, para romper con algunas cosas de mi pasado. No deseaba la vida que me esperaba de haberme quedado.

Scorpius asintió en silencio, preguntándose qué clase de pasado podía hacer huir a alguien tan joven, cuando todavía no ha tenido prácticamente tiempo de crearse uno.

o.o.o.O.o.o.o

Por tercera vez en menos de un minuto Mike resopló.

-¿Por qué no puede ser posible? -insistió Scorpius.

-A ver, déjame pensar... ¡ah sí! ¿Porqué está muerto?

Scorpius entrecerró un poco los ojos, dirigiéndole una mirada molesta.

-¿Por qué eres tan negativo? -preguntó.

Estaban en su habitación, sobre la gran cama. Mike estaba acostado de espaldas y Scorpius, sentado sobre sus caderas, sólo se había desviado del tema mientras hacían el amor, para a continuación seguir hablando de su nueva obsesión.

-Fue como una revelación, Mike, justo cuando se puso las gafas. Entonces supe a quien me había estado recordando desde el momento en que lo conocimos.

-Siempre he oído que todos tenemos un gemelo en alguna parte -dijo Mike con cansancio. Al contrario que su novio, él había tenido exámenes también por la tarde. Y no le había gustado nada que Scorpius hubiera ido a comer a In Vino Veritas sin él.

-Si lo piensas, tendría su edad, más o menos. Y no me digas que físicamente no es como podría ser él ahora.

Mike dejó escapar un nuevo resoplido.

-Scorp, ¿te pone ese tipo? Porque si es así, ¡sólo dímelo! Miraré hacia otro lado mientras te lo tiras -sonrió con maldad-. Y después lo castraré.

-Adoro cuando te pones celoso -ronroneó el rubio, inclinándose hacia delante para depositar un pequeño beso en los labios de Mike.

Después se dejó caer en la cama, al lado de su novio. Ya no sonreía. Con la mirada fija en el techo, confesó:

-Era mi padre quien estaba enamorado de él.

Durante unos segundos, Mike no reaccionó. Después se incorporó de golpe y se sentó.

-Pero si alguna vez se lo dices a alguien, te mataré.

Mike puso los ojos en blanco.

-Yo también te quiero, Scorp.

o.o.o.O.o.o.o

Mike le había conocido a Scorpius muchas obsesiones. Pero ninguna tan descabellada como aquella.

-Scorpius, Harry Potter está muerto. Desde hace treinta años, ni más ni menos.

-Por su bien, espero que sí lo esté. Porque si ha estado engañando a mi padre durante todos este tiempo, te juro que deseará estarlo.

El joven rubio le dirigió una mirada reconcentrada al hombre que en ese momento hablaba con el cantante del grupo que actuaba aquella noche.

-Sólo porque este tipo tenga un aire a él, UN AIRE, Scorp, no tienes que imaginarte una conspiración.

Aquella tarde, Scorpius le había arrastrado a uno de los siete callejones mágicos que había en Nueva York y había estado buscando en cada librería que encontraron a su paso algún libro que hiciera referencia al héroe del mundo mágico inglés. Cualquiera le valía, sólo necesitaba una fotografía. Finalmente la encontró en un grueso volumen de historia de la magia europea. Scorpius lo había comprado, y no era precisamente barato, para arrancar cuidadosamente la página donde aparecía Potter y después tirar el libro en la primera papelera que encontró. Cuando hacía ese tipo de cosas, a Mike le daban ganas de golpearlo hasta hacerle entender el valor del dinero. Cosa difícil para alguien a quien jamás le había faltado. La foto no era muy buena y además, en ella Potter se veía muy joven. La habían sacado durante el Torneo de los Tres Magos que se había celebrado en Hogwarts en el curso 94-95. Entonces Potter debía tener unos catorce años. Había muerto poco antes de cumplir los dieciocho. Ni aunque hubieran conseguido una foto de él a esa edad, Mike habría sido capaz de encontrarle un verdadero parecido con el dueño de In Vino Veritas. Claro que Scorpius siempre le decía lo penoso que era como fisonomista.

-Además, Jimmy no tiene pinta de mago.

Scorpius le dirigió una sonrisita sarcática.

-¿La tienes tú?

Mike hizo una mueca y golpeó rítmicamente con las palmas de las manos la superficie de la mesa, siguiendo la música que acababa de empezar a sonar. Observó como Scorpius sacaba la hoja que había arrancado del libro, cuidadosamente doblada, de su cartera. La desdobló y repasó rápidamente hasta encontrar lo que buscaba.

-Harry Potter nació en el Valle de Godric. Pero a la muerte de sus padres, vivió con sus tíos en Little Whinging, Surrey -recalcó- al suroeste de Londres. ¡Surrey! -repitió.

Mike negó pacientemente con la cabeza.

-¿Tienes idea de la cantidad de gente que puede haber nacido o vivido allí, Scorp? Aparte de Harry Potter, por supuesto.

Scorpius no se dio por vencido.

-Todo el mundo sabe que Potter llevaba gafas porque era miope -le recordó a su novio.

-Ya, y también era el único miope de toda Inglaterra, ¿verdad?

-Pero dijo que había dejado el país porque quería romper con su pasado. -insistió Scorpius- ¿Cuánto pasado puede tener alguien a los dieciocho años? A no ser que haya vivido cosas desagradables y traumáticas...

-No todo el mundo tiene la suerte de tener unos padres ricos y protectores, Scorp. O simplemente de tenerlos -dijo Mike, antes de que Scorpius le recordara que Jimmy también era huérfano.

-Será que tienes queja de los tuyos -gruñó Scorpius, un poco picado.

-Absolutamente ninguna -aseguró Mike, dispuesto a cortar la discusión en aquel mismo momento, maldiciendo el día que habían conocido al dueño del bar.

Durante unos breves segundos, Mike tuvo la esperanza de que su novio hubiera acabado con toda aquella sarta de insensateces que le ofuscaban desde que había descubierto que Jimmy necesitaba gafas. ¿Cuántas personas a su edad no las llevaban, aunque sólo fuera para leer? La ilusión le duró poco.

-¿Crees que llevará su varita encima? -preguntó Scorpius, siguiendo con la mirada a Jimmy, que ahora hablaba con Tony- ¿Crees que si pronuncio un Accio, saldrá volando desde donde la lleve escondida? Podría intentarlo.

Mike puso su mano sobre la de su novio antes de que éste pudiera retirarla para buscar su propia varita.

-Seguramente la única varita que ese hombre tiene es la que le cuelga entre las piernas -dijo entre dientes- ¿Puedes ser razonable, hombre? Disfrutemos de estas dos semanas que tenemos por delante, ¡por el amor de Dios!

Scorpius desistió en su intento. Mike estaba enfadado. Verdaderamente.

-Utiliza tu sentido común -continuó Mike en tono enojado-. ¿Por qué tendría que haber fingido su muerte cuando por fin se libraba de ese maldito engendro? Dime, ¿por qué? Cuando podía vivir tranquilo y tirarse a todos los tíos buenos del universo mágico? -Mike agitó las manos en un claro gesto de exasperación- ¡O a tu padre! -la mirada de Scorpius le apresuró a hacer una pequeña aclaración- Que conste que tu padre vale como el universo mágico entero...

Scorpius apartó la mirada y no contestó.

-Además, ¿era necesario que se fuera tan lejos? Sólo tenía que marcharse a cualquier ciudad de Gran Bretaña lo suficientemente grande y camuflarse entre muggles. Podía vivir una vida tan tranquila y anónima como la que podría vivir aquí, ¿no crees? ¿Scorp?

Ante el prolongado silencio de su novio, Mike dejó escapar una imprecación.

-¡Sólo porque alguien se ponga unas gafas no tiene que ser necesariamente Harry Potter!

Scorpius miró su plato, donde el panini todavía estaba entero, sin haber recibido un solo bocado. Sin embargo, se sirvió otra copa de vino. Dio un pequeño sorbo y dejó la copa en su mano, jugueteando con el dedo en el borde.

-Hace tres años, cuando mi padre sufrió el infarto, seguramente pensó que no iba a conseguir salir de esa. Así que me pidió un favor. Me rogó que fuera a su habitación y buscara una cosa en su secreter. En un compartimento especial donde guardaba algunas cosas muy personales que ni siquiera mi madre conocía. Pero había una especialmente que, si llegaba a pasar lo peor, no quería que después nadie encontrara.

Scorpius dio otro sorbo a su vino antes de seguir hablando.

-Era una carta. Me pidió que la destruyera. Incluso si finalmente llegaba a recuperarse porque dijo que, de todas formas, no tenía mucho sentido seguir guardándola. Iba dirigida a Harry Potter.

Mike miró con un poco de preocupación a su novio, por el tono demasiado serio que estaba tomando la conversación.

-No lo hice. Destruirla -aclaró-. Gracias a Merlín papá se recuperó, pero yo seguía con la carta en mi bolsillo. No me preguntes el motivo, porque no creo que pudiera explicártelo. No sé realmente por qué no la hice desaparecer tal como él me había pedido. Supongo que estaba intrigado. Muy intrigado. Quería saber qué podía tener que decirle mi padre a Harry Potter, cuando nunca habían sido amigos. Tenía que ser algo importante. Y al mismo tiempo secreto, ya que mi padre no quería que esa carta fuera encontrada.

Mike suspiró profundamente y miró a su novio esperando equivocarse.

-Dime que no la leíste...

Scorpius le devolvió una mirada lo suficientemente avergonzada como para que Mike comprendiera que sí, lo había hecho.

-¡Scorpius, por el amor de Dios! -exclamó- ¿Cómo pudiste?

-No me siento orgulloso, ¿vale? -se defendió él- Pero gracias a esa carta, he tomado decisiones y valorado cosas de mi vida que tal vez de otra forma hubieran sido arrastradas y desechadas por la filosofía "sangre pura" de mi familia.

Mike tuvo la firme impresión de que él estaba incluido entre esas "cosas".

-Potter murió antes de que mi padre pudiera enviarle esa carta y nunca llegó a saber lo que le decía en ella.

-¿Era importante? -preguntó Mike, empleando el tono más suave con el que había hablado en toda la noche.

Scorpius suspiró.

-Si ese hombre es Harry Potter -señaló con la cabeza hacia donde Jimmy se encontraba-, probablemente nunca se hubiera ido.

Ambos guardaron un silencio lleno de dudas y cavilaciones. Mike tenía la impresión de que Scorpius por fin había sacado fuera algo que le había estado carcomiendo desde que había leído la carta de su padre. Y conociendo el amor que le profesaba, Mike podía entender ahora el motivo de su obsesión. Una obsesión que había arrastrado, tal vez inconscientemente, durante los últimos tres años.

-Supongo que preguntarle directamente no es una opción -dijo al cabo de un rato, mirando fijamente su copa de vino.

No esperaba respuesta por parte de Scorpius y no la tuvo. Éste seguía observando a Jimmy, que esa noche todavía no se había acercado a su mesa, con una expresión que ya no era acusadora, si no que más bien rayaba en la tristeza.

-In vino veritas -sonrió de pronto Mike, como si acabara de descifrar uno de los misterios del universo.

Scorpius le miró desconcertado.

-¿Perdón?

-In vino veritas -repitió, su sonrisa todavía más ancha-. En el vino está la verdad.

o.o.o.O.o.o.o

La botella de Nyetimber Première Cuvée Blanc de Blancs estaba sobre la mesa, a una temperatura ideal de 6º. Era uno vino espumoso inglés, procedente de Sussex. A Scorpius le había costado Merlín y ayuda encontrarlo. Los vinos ingleses no eran especialmente reconocidos. No cuando existían los italianos, franceses y españoles. Ese Nyetimber era el mejor, a cierta distancia de lo que se consideraba el champagne inglés. El Chardonnay Cuvée era relativamente raro y aunque el envejecimiento era como el del Cuvée Classic, su estilo difería. Tenía un énfasis de elegancia, un rico sabor a frutas mantecosas entrelazado con maestría con una fina mineralidad, y una extensa y satisfactoria textura, digna de ser comparada con algunos de los mejores Blanc de Blancs del champagne original. Esperaban que Jimmy quedara impresionado, porque iban a brindárselo como regalo de Navidad.

In Vino Veritas ofrecía un menú ligeramente especial esa noche. No difería demasiado de lo que habitualmente se podía comer allí, pero en cuanto a postres, habían añadido a la carta el Panettone italiano y Pudín de Navidad inglés. Tony había aceptado reservarles una mesa, sólo porque me caéis bien, les había dicho, pero ni se os ocurra decírselo a nadie. El bar no reservaba mesas.

Sabían que esa noche contarían con la presencia de Jimmy, porque se habían preocupado de asegurarse de ello. Tony les había dicho que, siguiendo la costumbre de Laurie, Jimmy entregaba a cada empleado un sobre de dinero extra como regalo de Navidad. Además, cerraban más temprano de lo habitual para que pudieran pasar el resto de la noche con sus familias. Eso les preocupó un poco. Tal vez les costaría más de lo habitual lograr que Jimmy se sentara a su mesa. Pero contaban con que quisiera abrir la botella de Nyetimber y brindar con ellos. Aunque ambos conocían el riesgo que corrían con ello.

El dueño de In Vino Veritas apareció sobres las nueve y cuarto, cuando Scorpius y Mike ya estaban desesperando. El bar cerraba a las diez. Parecía tener mucha prisa por la forma en que, discretamente, iba entregando un sobre a cada empleado cuando se acercaba. Como si quisiera acabar cuanto antes y marcharse. Ni siquiera les había saludado al entrar. Eran poco más de las nueve y media cuando por fin se acercó para desearles feliz Navidad. Mike y Scorpius habían compartido una voluminosa ración de panettone y ahora compartían un pudin. Scorpius no había parado de gruñir, bastante molesto, que aquella manera de hacer tiempo iba a acabar con su línea.

Jimmy pareció sorprendido cuando le dieron la botella de vino. Pero comprendió que esperaban que se sentara unos minutos con ellos. A pesar de que no fue demasiado hábil en ocultar su contrariedad, él mismo fue a por las copas y las llevó a la mesa, descorchó la botella y les sirvió.

-¡Feliz Navidad! -brindó.

Los tres alzaron su copa y el cristal entrechocó con un agradable sonido. Para complacencia de los dos jóvenes, Jimmy prácticamente vació la suya. Ellos procuraron ser un poco más moderados. Aunque, probablemente, les iba a servir de poco.

-Hummm... echo de menos el pudin de mi madre -dijo Mike, el primero en hablar, revolviendo el resto de su pudin con la cuchara-. No te ofendas, pero éste es una verdadera porquería.

Jimmy se encogió de hombros.

-Lo siento, pastelería industrial -se disculpó. Después añadió, examinando detenidamente la etiqueta de la botella que le habían regalado-. Tal vez debería añadir algún vino inglés a la carta...

-Lo que deberías hacer es volver a Inglaterra -dijo Scorpius.

-No puedo -Jimmy parpadeó un poco sorprendido. Sin duda, aquello no era lo que hubiera querido decir.

-¿Por qué? -preguntó Scorpius, fingiendo tomar un nuevo sorbo de su copa.

Jimmy frunció el ceño, abrió la boca y volvió a cerrarla. Después se hizo evidente que estaba buscando una respuesta que no le comprometiera. Por primera vez, Mike pensó que su novio podía tener algo de razón.

-Porque nadie me espera -dijo finalmente.

Y era verdad, pensó Scorpius. Nadie espera que un muerto regrese. A no ser que sea como Inferi. Él y Mike se miraron rápidamente, hecho que no pasó desapercibido por Jimmy. Probablemente, si iban bien encaminados, el dueño de In Vino Veritas, ya habría llegado a una conclusión sobre algo que no había previsto. Y por la forma en que a continuación dejó la copa bruscamente en la mesa y se levantó, así había sido.

-Disculpadme -dijo con las mandíbulas demasiado apretadas-, tengo algunas cosas que hacer todavía.

Scorpius se levantó casi al mismo tiempo y le tomó del brazo.

-Por favor... -rogó.

Los ojos verdes de Jimmy eran una verdadera tormenta de emociones cuando se encontraron con los suyos.

-Por favor -repitió Scorpius suavemente.

Jimmy suspiró pesadamente y finalmente se sentó. Scorpius lo hizo después de él.

Los tres guardaron un silencio incómodo. Jimmy no miró a ninguno de los dos, concentrado en la traidora copa de vino frente a él. Su rostro era la viva imagen del tormento. Scorpius tenía un apretado nudo en el estómago y Mike se preguntaba ahora qué derecho tenían realmente a deshacer la vida de ese hombre. Finalmente, Scorpius decidió poner fin al devastador silencio.

-Nosotros también hemos bebido, puedes preguntar lo que quieras -ofreció.

Jimmy no habló enseguida. Sólo miró a los dos jóvenes acusadoramente. Herido.

-¿Por qué? -preguntó finalmente.

-Porque necesito saber si eres Harry Potter.

Los ojos de Jimmy oscurecieron a un verde casi negro. Sus manos se crisparon nerviosas sobre la mesa. Sin embargo, la respuesta de Scorpius no había sido una pregunta directa a la que no le quedara más remedio que responder. Se permitió ahondar en la necesidad del joven con otra pregunta.

-¿Por qué necesitas saberlo?

La respuesta de Scorpius no se hizo esperar, clara y rápida.

-Porque tengo una carta para él.

A pesar de su tensa expresión, una fugaz sorpresa cruzó el rostro de Jimmy. Scorpius buscó en el bolsillo interior de su americana y extrajo un sobre que depositó sobre la mesa.

-Pero sólo puedo dártela si eres él -advirtió.

Con la mirada fija en ese sobre, en cuyo anverso se podía leer perfectamente A la atención de Harry Potter, a Jimmy por un momento le faltó el aire.

-Hazme la pregunta -dijo con voz ronca.

Durante unos segundos pareció que a Scorpius se le iba la determinación por el caño. Mike estaba tan nervioso, que le propinó a su novio una patada por debajo de la mesa. Después de aguantar durante semanas sus desvaríos, no iba a dejar que se rajara en el último momento. Scorpius le frunció el ceño, retirando la pierna de un salto. Después volvió el rostro hacia Jimmy y preguntó:

-¿Eres Harry Potter?

Con la mirada todavía puesta en el sobre que Scorpius tenía junto a su plato, Jimmy respondió:

-No.

Continuará...