Era la hora del Crepúsculo en el bosque de Fangorn. El sol apenas alcanzaba a distinguirse escondiendo su luz entre las montañas del final del paisaje, dándole a todo una tonalidad rojiza. De las hojas que aún quedaban en los árboles caían gotas de una lluvia reciente y, si te fijabas bien, aún podías ver un arcoíris en lo alto del cielo –La verdad es que dudo que hayas podido encontrar la olla con oro, ya que el arcoíris ya estaba desapareciendo y no hubieras podido alcanzar a llegar-.

Todo era perfectamente normal, hasta que, sin razón aparente y sin ningún vestigio de viento, las hojas secas caídas se levantaron, como si les hubieran puesto enfrente un ventilador. Luego de unos segundos volvieron a su lugar y todo siguió perfectamente normal.

¿Qué había producido este repentino volar de las hojas? Para responder eso, tendremos que retroceder hasta donde la última gota de lluvia caía del árbol más cercano.