EPISODIO 1: UN DÍA NORMAL.

Riiiinnngggg.

Recojo mis cosas tan pronto toca el timbre de final de clase.

"Hasta mañana." Me despido de mis compañeras más cercanas.

"Oh, Lily." Me llama una. "Vamos a ir a tomarnos unos cafés ¿te vienes?"

"Si vais a la cafetería de la uni, me apunto." Les dije suavemente. "Me toca turno de dos a tres y media, y me queda media hora libre para comer antes de clase."

"Ohhh..." Me dicen.

"Otra vez será." Me dice la que me había invitado.

No tengo vida social casi, lo tengo asumido. Es lo normal cuando vives solo, trabajas para pagar las cosas para casa porque el piso es de tu madre y aunque no te cobra alquiler pero llenar la nevera la tienes que llenar igualmente.

Me paso casi 6 horas al día en la cantina de la universidad, poniendo cafés, cervezas, pinchos diversos o lo que pidan.

Si me toca trabajar la hora de la comida, suelo llevarme el sándwich o los tupers de casa, pero claro, hoy es un día...

Mi mochila ha sido fruto de un accidente y he perdido el bocadillo. Por suerte, el jefe siempre tiene una manita para darme y me pone un pincho de tortilla y un poco de ensalada en un plato de plástico para que me lleve, así que, como hace bueno, decido salir a comer a la calle.

Sin embargo, yo siempre he sido una fiel defensora del principio de equilibrio universal y siempre he creído que detrás de un par de malas cosas, una buena es de esperar.

Comer sentada en el césped no está tan mal, si no coge y se pone a llover sin más ni más; así que llego a clase calada y pareciendo un poco un perro mojado.

"Eh, Bella, se te ha caído algo." Me dice un compañero haciéndome girar y verle con un DVD en la mano.

"No es mío." Le digo suavemente.

"Pero si te lo he visto caer de la bandolera." Me dijo.

"La tengo rota pero... no me he traído ningún DVD." Afirmó.

"A ver..." Me dijo abriéndolo. "Pues es tu letra."

"¿A ver?" Digo para comprobar que efectivamente es mi letra.

"Vaya, no recordaba haberme traído nada." Le digo cogiéndolo.

"Si quieres puedes ponerlo antes de que llegue el profe." Me dijo. "Te dejo mi portátil, me lo han prestado en la biblioteca."

"Vale, gracias."

Es raro, solo tiene una carpeta, se supone que son fotos y archivos pero no consigo abrir nada más que una especie de dibujo raro que parece sacado de una película con mala calidad; justo entonces la pantalla se apaga y las luces tiemblan.

"¿Hum?" Dije.

"Vaya por dios, la tormenta ha debido causar un mini-apagón." Me dice. "De todas formas, ya has visto lo que hay ¿no?"

"Ah, sí, es... ha debido ser el CD que me metió mi primo el fin de semana." Le digo inventándome una excusa.

Nunca había visto ese CD-DVD y desde luego no tenía ni idea de quién era el tío que salía en el video.

Sin embargo, eso estaba a punto de cambiar.

La clase fue tan aburrida como siempre, tanto que incluso me dormí en plena clase; hacía tiempo que no tenía sueños, sin embargo, esta vez, en la siestecilla que me eché vi a un chico; bueno, lo de verle fue un decir, más bien le sentí.

Estaba oscuro, como si fuese de noche, estábamos en una especie de parquecito de una ciudad.

"Dónde estoy." Dije.

"¿Quién eres?" Me dijo una voz grave. "Vaya... una dama perdida."

Entonces le vi un poco vagamente, yo iba sin gafas, así que veía un poco borroso; lo que sí vi claramente fue una mano ante mi cara, me levanté sin ayuda y me quité el polvo.

"Hum, igual lo de en problemas era un poco precipitado." Me dijo. "Lo que sí que es seguro que no eres de por aquí."

"Mira, llevo un día de perros, así que deja tus trucos de ligón de playa para otra, a una a la que le impresiones." Le dije.

"¡Serás borde!" Me dijo. "¡Que yo solo quería ser amable!"

"Lo siento, pero llevo un día de perros y estoy... estoy que muerdo." Me disculpé.

"Un mal día ¿eh?" Me dijo.

"Sí, un mal día." Afirmé.

"De eso sé un rato." Me contó. "De cada 10 días míos 9 son malos y el otro es casi penoso. ¿Qué te ha pasado, un ataque?"

"No. Lluvia, comida perdida, trabajo mal hecho para clase..." Le dije comenzando a ennumerar todas las cosas malas que me habían pasado durante el día.

"Vaya, es... no sé lo que es el resto, pero lo de perder la comida y llevarte varias broncas, y lo de la lluvia es malo." Me dijo. "Si puedo ayudarte..."

"Nah, me has ayudado escuchándome." Le dije sonriendo a medias. "Gracias."

"Normalmente no..."

Zasca, librazo en toda la cabeza que me despertó.

"Señorita, nada de dormir en clase, salga fuera." Me dijo el profesor.

"Lo siento, una mala noche." Le digo sonriéndo.

(Salto Espacio-Temporal)

"Jo, ya te vale." Me dice un compañero. "Dormirte en clase..."

"Sí, es... he tenido una mala noche." Afirmo suavemente. "Por cierto, es... ¿alguna vez has soñado con alguien?"

"Con mi novia ¿por?" Me dice mirándome con interés.

"No, me refería a con otra persona, con alguien que no conozcas." Le digo suspirando.

"No, que yo sepa." Afirma suavemente. "¡No me digas que has soñado con alguien!"

"¡Shhhh!" Le digo tapándole la boca con las manos. "No grites, tampoco quiero que se entere nadie."

Perfecto, ahora además de vivir una vida que tengo la impresión que no es mía, tengo indicios de que me estoy volviendo loca.

"Vale, vale, como quieras." Me dice. "Pero que conste que según Mary es normal que pase; no tienes novio y por eso sueñas con tíos, aunque lo de que sea alguien desconocido..."

"Me he confundido." Le miento sonriendo. "Creo que es el chico que vende el pan en mi barrio."

"Ah, entonces creo que está claro." Me dice sonriéndome de pronto y levantando un dedo. "Quiere decir que tienes que ir a comprar mucho pan y luego pedirle una cita."

"Muy gracioso." Le digo sintiendo que no me ha tomado en serio y por ello un poco aliviada.

"No, ahora en serio." Me dice sonriendo. "Si tanto sueño tienes igual deberías descansar más ¿sabes?"

"Es lo que pienso hacer, en cuanto llegue a casa." Le digo suavemente.

"Entonces será mejor que llegues pronto." Me dice sonriendo. "¡Oh, Miguel!. ¡Eh, Miguel, tenemos una urgencia!"

"¿Quién es ese?" Le pregunto.

"Miguel, de EF." Me dice sonriendo mientras se acerca un chico moreno. "Deberías conocerle, todas andan loquitas por él. Ey, Miguel, mi amiga necesita que le lleven a casa con urgencia." Le dijo al chico. "No se encuentra muy bien así que..."

"Claro, esto... no te preocupes 'Charly', yo la llevo. ¿Nos vemos luego en el campo?"

"No pienses que hoy te dejaré ganar." Le dijo mi compañero.

La verdad es que nunca me había fijado en ese chico, era evidente por su forma física que era de educación física, también era evidente por qué todas estaban loquitas por él.

"¿Te encuentras un poco mejor?" Me dijo mientras llegábamos al barrio.

"Sí, gracias por el paseo." Le dije.

"Estás un poco pálida." Me dijo. "Igual deberías ir al…"

"No, estoy bien, en serio." Le dije intentando sonreír. "Es solo falta de sueño."

Era raro, me sentía mal, cansada. Salí del coche y cerré la puerta, sin embargo, creo que no pude llegar a la puerta.

A mi alrededor, mientras sacaba las llaves todo se volvió oscuridad de nuevo, y de nuevo aparecí en el mismo sitio, solo que esta vez era en un salón, con un camastro, una mesa y unas sillas.

"¿Dónde estoy?" Dije mirando alrededor.

"¿Cómo has entrado aquí?" Me dijo una voz que había oído antes.

Me giré de golpe asustada, y allí estaba otra vez, un chico, pelirrojo, pelo medio largo a juzgar por la cola de caballo corta que le salía de la nuca como un pequeño pincho que le cubría el cuello de largo.

"Yo no… no sé…" Dije confusa.

"Tranquila, supongo que está bien." Me dijo. "Es… muy raro." Dijo confuso antes de mirarme y volver a cambiar a una especie de amplia sonrisa. "Pero bueno, siéntate, no seré yo quien de motivos para que me quiten mi bien ganada fama de 'amante'."

"¿Amante?" Le dije. "¡Un momento!. ¡¿Piensas que estoy aquí para intentar ligar contigo?!"

"Bueno, no soy yo quien me he colado en la casa de una chica." Me dijo con ironía cogiendo una tetera de algo. "¿Café, un cigarrillo?" Me dijo ofreciéndome servirme con la tetera y luego moviendo el cigarrillo en sus labios.

"¡Eh, ni pienses que necesito nada y menos aún de un tipo como tú!" Le dije golpeando la mesa con las palmas de las manos abiertas.

"¡Encima que intento ser amable!" Me dijo. "¡Eres una bruja, desagradecida y…!"

"¡Y tú eres un maldito ligón de playa, maleducado, idiota y… mmmm!" Exclamé indignada cuando me sujetó por la cintura y me cerró la boca con un beso.

Le hubiese golpeado, pero en lugar de eso golpeé una barra de metal y me desperté con un dolor de puño, una rasgadura en el brazo y alguien gritando asustado mientras me sujetaban la mano por la muñeca y el bíceps.

"¡Enfermera!" Gritaron. "Ey, aguanta, enseguida vendrá el médico."

"¡Ahhhhhh, estoy sangrando!" Grité asustada al ver la raja que tenía en el brazo.

"Tranquilicese, señorita." Me dijo un enfermero de los dos que estaban allí. "Mierda, se ha arrancad el goteo."

"¡No me toquéis!" Me puse a gritar. "¡Soltadme!"

"Tranquila, señorita." Me dijo la enfermera mientras los otros me sujetaban. "Si sigue moviéndose se hará daño."

¡Frrrzzzzz!

El monitor pareció chiporrotear.

¡Frzzzzzz!. ¡Flush!. ¡Crash!

Un destello, eso fue lo único que pillé, un destello y el monitor estalló. En menos de un segundo estaban todos noqueados y yo volaba en brazos de alguien embozada por la sabana de la camilla donde estaba.

"Tranquila, tigresa." Me dijo una voz que solo había oído dos veces antes. "Estás a salvo." Añadió mientras sentía que tomaba tierra y rodábamos cuesta abajo antes de volver a sentir cómo el viento nos azotaba los laterales.

Era raro, no oía nada, solo podía oír esa voz, eso y…

Tum tum… Tum tum… Tum tum…

¿Eran mis latidos o los de mi 'salvador'?

Cerré los ojos mientras sentía el antebrazo empapado en algo caliente, algo que corría por mi piel y se enfriaba al contacto con la sábana empapándola.

De pronto fue como si todo acabase, como si me quedase dormida, esta vez no soñé con un pelirrojo, no había nadie con quien descargar mi frustración y mi mal humor. Esta vez no hubo nada.

(Salto Espacio-Temporal)

De pronto sentí de nuevo consciencia, me dolía todo, me encontraba mal y sentí el brazo quemándome.

Oí un sonido indistinguible y sentí peso sobre mi pecho, sobre la clavícula, algo cálido y suave a la vez.

Sonreí dispuesta a darme la vuelta para abrazarme a mi osito de peluche feliz de estar en casa, en mi cama, dormida aún por lo que nada había pasado aún porque pronto sonaría el despertador y me podría levantar y…

Un momento, en mi casa no tenía peluches, y desde luego, vivía sola.

Pestañeé asustada y miré al peso sobre mi clavícula para descubrir un brazo, con cuidado giré la cara siguiendo el 'curso del brazo' para descubrir que estaba unido a unos hombros, unidos por abajo a un pecho casi perfecto que formaba parte de un cuerpo 'quasi perfecto' si no fuese por lo delgado de la constitución y por arriba a un cuello grácil y una cabeza con la cara relajada y los ojos cerrados pero un pelo rojo sangre tirando a fucsia.

Hubiese gritado, si no fuese porque el grito y la sorpesa causaron un bloqueo y una conmoción que me dejaron congelada.

Entonces el brazo bajó hasta mi cintura y la cara vino hasta enterrarse en mi cuello buscando posar los labios en el hueco de la clavícula murmurando algo.

Entonces fue cuando le di un empujón que lo tiró de la cama golpeándose en el suelo mientras yo me cogía la sabana para embozarme en ellas ahogando las ganas de gritar asustada.

"Joder, tía." Dijo el hombre que no debía ser más mucho más mayor que yo. "Que mal despertar tienes."

"¿Quién coño eres tú?" Le dije asustada. "¿Dónde estoy?. ¿Por qué me has raptado? Te juro que no tengo dinero para pagarte…"

Él entonces me miró confuso y luego se rió.

"Si te acercas te juro que gritaré." Le amenacé asustada dándome cuenta que era más alto que yo y aunque no lo parecía a primera vista, también más fuerte. "Sé defensa personal, te lo aviso."

"Me gustan las gatitas; y tampoco quiero dinero a cambio." Dijo divertido. "¿Te han dicho alguna vez que eres muy divertida?" Añadió riéndose cuando me di con la espalda en la pared del cabecero de la cama.

"¡No me toques!" Medio grité.

"Tranquila, mira." Me dijo haciéndome notar que no me iba a tocar como tal sino que apuntaba sus manos a mi antebrazo donde tenía una venda. "Te habían herido el brazo, has perdido algo de sangre. Así que te he traído aquí, por suerte había algunas vendas, y eso con un poco de control... digamos que te he cortado la hemorragia y te he puesto un parche."

"¿Un parche? Tío, esto es una venda." Dije. "Pero… gracias, aunque… ¿quién eres?. ¿Por qué sales en mis sueños?. ¿Nos conocíamos de antes y eso era una especie de… sueño raro para… a saber qué?"

"Oye, oye, para el carro, por favor." Me dijo levantando las manos. "Dios, pareces una metralleta, me he quedado en la primera pregunta."

"¿Quién eres?" Le repetí. "¿Y por qué sales en mis sueños?"

"Me llamo Sha Gojyo, y en cuanto al por qué salgo en tus sueños… me encantaría preguntar lo mismo. Tú sales en los míos, por qué."

"Ni idea." Dije. "Oh, ya sé, esto es una especie de dejá-vu, nos habíamos visto antes pero no habíamos hablado así que no nos conocíamos, y nuestra mente nos ha dado una mala jugada haciéndonos una especie de… viaje astral que…"

"Creo que estás loca." Me dijo. "Eso o eres una de esa chicas locas y cerebrales que saben todo y que lo único que no saben es dónde están."

"Vale, todo esto es un sueño… un mal sueño… sí, eso es." Afirmé para cerrar los ojos y hundir la cara en la almohada. "Ahora me despertaré y no estarás aquí, yo estaré en mi camita, en casa y será lunes otra vez, eso es…"

Conté hasta 10 y entonces desenterré la cara, estaba sola pero en un cuarto que no conocía.

"Por desgracia no es un sueño." Me dijo el chico tras de mí. "Puedes pellizcarte si quieres, no conseguirás más que hacerte daño."

"¡Eh, oigan!" Dijeron al otro lado. "¡Abran la puerta, esto es dinero falso!"

"Le pagué al hombre de la entrada para hasta que amaneciese, pero creo que esto es otro país, o dimensión o…"

"¿De dónde coño has salido tú?" Le dije confusa.

"¡Abran la puerta o llamo a la policía!" Amenazaron aporreando la puerta.

"Señor… hay que salir de aquí." Dije. "Abriremos la puerta y nos disculparemos y…"

"Y el señor tiene una porra enorme como si fuese un adorno." Dijo el chico cuando oímos un estruendo en la puerta como si le golpeasen con algo pesado. "Y creo que no va a conmoverse porque seas una chica."

"¡Vale, y qué sugieres tú!" Le dije nerviosa.

"Una salida como las de siempre." Afirmó poniéndose la camisa y el chaleco encima antes de ofrecerme su mano. "Vamos, no tenemos todo el día."

Fue una inconsciencia, pero le cogí la mano y con un tirón me cogió en brazos para abrir la ventana.

"¡¿Qué haces?!" Le dije asustada intuyendo su plan de huída.

"Tranquila he hecho esto miles de veces." Afirmó mirando abajo. "Solo serán ¿qué, 30 metros?"

"¡Ni se te ocurra… AHHHHH!" Grité asustada mientras nos precipitábamos hacia el suelo siguiendo la ley de la gravedad.

Aterrizamos y sentí mi culo tocar el suelo suavemente antes de volver a levantarse y ponerse a correr conmigo en brazos mientras oíamos sirenas de policía acercarse y los gritos del hombre unidos a los golpes en la puerta del cuarto.

Lo único que sentí fue el viento azotándome una vez más, solo que esta vez no había sábana ni nada en medio para protegerme y era de noche y bien de noche.

Paramos como 10 minutos después en el parque del militar a caballo, famoso histórico por excelencia de la ciudad.

"Lo siento, pero… no puedo… más." Me dijo el chico. "¿Cuánto pe… pesas?"

"Nadie te pidió que me llevases." Le contesté.

"Lo siento… pero… no puedo… dejar a… una dama en… apuros." Dijo doblado.

Suspiré y vi un banco libre de grupos pandilleros y parejitas acarameladas; así que le cogí de la mano y tiré de él hasta sentarme y palmearme el regazo.

"Va, túmbate un poco y descansa. Dudo que nos sigan persiguiendo." Le dije suavemente.

Él pareció dudar un poco y luego sonrió para hacerme caso y tumbarse en el resto de banco con la cabeza en mi regazo como si fuese una almohada.

"No eres de aquí ¿verdad?" Le pregunté.

"No, yo… vivo en otro sitio." Afirmó.

No, su forma de hablar tampoco era de allí; estaba claro que era de otro sitio. Suspiré; eso debía significar que tampoco tenía lugar donde alojarse allí, y a juzgar por lo que había pasado hacía menos de una hora, juraría que tampoco lo iba a encontrar fácilmente. No creo que tuviese euros para pagar nada.

"Creo que me confundí antes." Me dijo sonriendo y haciéndome mirarle. "No eres una loca."

"Oh, y te has dado cuenta ahora." Le dije.

"Sí, pareces buena tía." Afirmó.

"Cuando te recuperes me gustaría largarme a casa. Son… genial, las 12 casi. Tengo frío, hambre y sueño."

"Hombre, tienes la camiseta rota en una manga." Me dijo. "Estás sucia y diría que hasta mojada."

Cierto, el ambiente junto a la fuente era húmedo, llevábamos el suficiente tiempo como para tener la ropa húmeda.

"¿Vives muy lejos?" Me dijo echándome su chaleco por encima sin que me diese ni cuenta.

"No mucho." Afirmé. "Lo que pasa es que de noche tampoco hay autobuses que coger."

"¿Autobuses?" Me preguntó. "¿Qué es eso?"

"Son como unos coches grandes y largos donde cabe mucha gente." Le dije. "Se mueven por toda la ciudad y hay que pagar por montar."

"¿Dónde he ido a parar?" Murmuró mirando al cielo. "Ni siquiera el cielo me suena…"

"Estamos en España." Le dije.

"¿España? No me suena ningún sitio llamado así." Afirmó levantándose cuando le di una palmada en el pecho. "¿Está muy lejos de Togenkyo?"

"No me suena ningún lugar llamado así." Le dije divertida. "¿Qué idioma habláis allí?"

"Romanji." Afirmó cogiendome la mano para ponerse a dibujarme signos con el dedo. "Ro-man-ji."

"Un momento." Le dije dándome cuenta de algo. "¿Te importa escribir 'I-sa' con eso?"

"I (I-sha)." Dijo dibujando unos signos que yo bien conocía.

"¡Eres japonés!" Dije asombrada. "¡Japón está al otro lado del mundo, casi!"

"¿No es el mismo país?" Preguntó confuso.

"¡Ni siquiera el mismo continente!" Le dije sorprendida.

"¿Y qué hago yo aquí?" Dijo confundido y preocupado.

"Ni idea." Afirmé. "Pero lo que sí sé es que no puedes quedarte aquí."

No, ni podía quedarse allí ni al parecer conocía a nadie allí, ni siquiera sabía dónde estaba…

"¿Tienes… tienes a alguien conocido aquí?" Le pregunté.

"No, la única persona que conozco aquí eres tú." Dijo parando de tirarse del pelo hablando en japonés.

Perfecto, ahora sí que tenímos un problema, uno gordo.

No tenia dónde ir, y aunque fuese una locura, tampoco yo podía dejarle solo; no después de haberme salvado de la ambulancia y haberme cuidado. Vale, había hecho un 'sinpa' en todas las de la ley, pero la intención había sido buena.

"Es… igual es una locura pero… hasta que encuentres otro sitio o… bueno, la forma de regresar a tu casa…" Dije dudando.

"Te acompañaré a tu casa." Me dijo. "Aunque seas de por aquí y esto sea otro país, sigue siendo peligroso que una chica vaya por ahí sola."

"Gracias." Murmuré.

(Salto Espacio-Temporal)

"Ya hemos llegado." Le dije parando en el portal de la casa. "Es…"

"Bueno, pues ten más cuidado la próxima vez." Me dijo.

"¿No quieres subir?" Le pregunté.

"Prefiero buscar la forma de volver a casa." Me dijo rascándose la nuca.

"Bueno, si necesitas algo… y vivo aquí." Le dije para señalarle el botón de llamar al piso. "Dame un toque si cambias de idea."

"Descuida." Me dijo sonriendo. "Primero quiero buscar la forma de volver a casa. Buenas noches."

"Buenas noches." Le dije viéndole irse lentamente.

Era un tipo raro, la verdad; pero en cierto modo me daba un poco de pena. Mientras subía en el ascensor me di cuenta que aquel tipo no eran tan malo como me había parecido en mis sueños. Me había salvado sin pedírselo, había aparecido en un momento de necesidad y me había salvado sin que hiciese falta pedírselo.

Abrí la puerta de casa y volví a cerrarla con llave. Hogar dulce hogar.

Me apresuré a coger mi pijama y cambiarme en el baño, luego fui a la nevera y justo cuando estaba dudando entre comerme un par de yogures o hacerme algo ligero, llamaron al timbre de forma que parecía más bien que se le había quedado a alguien pegado el dedo.

"¡Deje de pulsar el timbre, que lo va a fundir!" Grité por el interfono.

"¿Chica?" Me llamó el chico de antes. "Es… lo siento pero creo que no sé a dónde ir."

"Sube." Le dije pulsando para abrir la puerta. "Empuja la puerta."

Oí cómo se abría la puerta y entonces fui a desbloquear la de casa. Estuve esperando un poco, pero el ascensor no subía.

"¿Chica?" Oí que me llamaban por las escaleras.

"Sigue subiendo, 4ª planta." Le dije asomándome al hueco para ver su cabeza también asomada por el 2º piso.

Era raro, nunca antes había hecho algo así; ofrecer cobijo a alguien que acababa de conocer…

Mientras los pasos se acercaban me di cuenta que si me metía en casa y no hacía ruido, no se enteraría que lo había hecho, iba por el 3º, aún tenía tiempo y nadie se enteraría.

Sin embargo, no me moví del descansillo.

"Lo siento, es… me di cuenta que no sé ni dónde estoy ni a dónde ir." Me dijo ya frente a mí. "Lo de venir…"

"Claro, pasa." Le dije suavemente. "Te prepararé algo caliente."

"Muchas gracias." Me dijo.

Era raro, no había podido volver dentro y dejarle allí, me había quedado plantada allí esperándole, como si fuese un amigo en vez de alguien que acababa de conocer esa misma tarde.

Me aparté de la puerta y le dejé pasar al pasillo, entonces le señalé la cocina mientras cerraba la puerta de nuevo con llave.

Aquella noche iba a ser muy larga.