Hola!

¿Pensaban que la autora los había abandonado para siempre? ¿Que las amenazas no iban a funcionar? Acá está el nuevo capítulo, y espero poder terminar de pasar los que quedan a la computadora rápido… como ya les dije, la historia ya está escrita.

Capítulo 6

Escena 31: ¿Y estos qué traman?

Aquélla era una antigua treta que le había enseñado un veterano de la Independencia: "Acordate que por más armas que tenga un hombre, si no puede respirar no puede hacer uso de ellas", había sido el consejo.

Cristina Bajo, La trama del pasado

No. esteban era el único que había cambiado. Yo seguía siendo la misma de siempre. Estaba convencida que todo ese interrogatorio que me había hecho era de parte de Mary. Muy bien no sé porqué, pero que fue ella era seguro.

No tuve tiempo de responder, porque dicha persona interrumpió nuestra conversación. Se acercó y le dijo a Esteban al oído: – ¿Y qué te dijo? –. Pero, desafortunadamente, para ellos, lo escuché; y haciéndome la que no tenía idea seguí escuchando lo que decían mientras hojeaba un libro.

–No, no dijo nada de él, sólo que le caía mal –respondió Esteban, en un susurro.

Sacá tus conclusiones, lector. ¿Para qué quería Mary saber qué pensaba yo de su hermano? Lado positivo: había acertado que Mary era la que lo había hecho interrogarme.

Escena 32: Sobre almas y espíritus

¿Cree que por ser pobre, insignificante, vulgar y pequeña carezco de alma y corazón? Pues se equivoca. Tengo un alma y un corazón tan grandes como los suyos; y si Dios me hubiera dado belleza y fortuna, le aseguro que le habría puesto tan difícil separarse de mí como lo es para mí dejar Thornfield.

Charlotte Brontë, Jane Eyre

Nunca había sido un alma caritativa, no tengo tampoco nada de tacto para tratar un espíritu en pena. Y menos aún si esta persona en pena no tenía ni alma ni espíritu.

Mariana estaba en un rincón del baño de chicas de la escuela, hecha un ovillo, sollozando. Mi primera intención fue dar media vuelta e irme, pero me di cuenta que esa es la actitud que odio de las personas, y para demostrar que no era tan ruin como ella, me acerqué.

– ¿Qué te pasa? –le pregunto tratando de sonar lo más dulce e ingenua posible.

–Nada, nada… –me responde ella, limpiándose la cara.

No obstante, al ver que no venía de malas, decidió sincerarse conmigo.

–La verdad es que adoro a Henry, pero, desde que me fui, él está perdido por vos–. A esto lo dijo sonando honesta, pero, al ver que yo ponía una cara de "¿qué está diciendo esta?" agregó, –Por lo cual creo que está loco–. Luego hizo una mueca de "falsa buena persona", como inútilmente tratando de contener su bífida lengua.

Escena 33: De la imposible posibilidad

Mariana había dicho, casi, que estaba enojada con "alguien", no sé si conmigo o con Henry, por algo que hasta ella creía imposible. Definitivamente imposible. Terrenal y celestialmente imposible.

Cuando le dije esto a Esteban (con las palabras exactas) me dijo que de tanto negar algo, se hacía posible; y que cada vez que mi boca decía que "no", mi corazón iba a decir "sí". No creo haberlo comprendido del todo, porque ni aunque estuviera "cuerdo" (ya sé que cuerdo es lo contrario de loco) hubiera tratado de decir semejante idiotez.

Según Esteban, Mariana no estaba tan mal al decir eso. Para él no era tan imposible que Henry estuviera atrás de mí; pero a mi modo de ver, lo imposible no empezaba conmigo, sino era el hecho de que Henry estuviera interesado en alguien lo que presentaba la mayor imposibilidad.

Esteban me dijo que iba a hacer que Mary misma hablase con Henry. Pero, ya que no confiaba en él, tampoco lo hacía en su hermana, y dijese ésta lo que dijese, a mí no me cambiaría nada.

Escena 34: La lección

Y así fui yo, de los ocho a los veinte; ¡y así seguiría siendo si no hubiera sido por ti, queridísima, amadísima Elizabeth! ¡Qué no te debo! Me enseñaste una lección, muy difícil al principio, pero de lo más ventajosa. Me humillaste como me merecía. Me presenté ante ti sin dudar de la acogida que me darías. Me demostraste qué tan insuficientes eran mis pretensiones para complacer a una mujer que se merece ser complacida.

Jane Austen, Orgullo y prejuicio

"Bueno, tal vez no sea tan indiferente a lo que Mary diga" me dijo una voz dentro de mi cabeza, armándome de coraje, para poder preguntarle sin parecer interesada.

Me voy a tomar unas líneas para explicarme. Eso de parecer interesada no es que me fuese a poner feliz o triste cualquiera sean las respuestas, pero lo que sentía era simple e "inofensiva" curiosidad. ¡Sólo eso!

Justo cuando me dirigía hacia Mary, me choqué con Henry. Éste iba con cara de enojo.

– ¿Por qué vas tan enojado? –. ¡Wow!, esa frase había salido involuntariamente.

–Porque gracias a vos me di cuenta de la clase de personas que son Mariana y Julieta.

– ¿Por? –no pude evitar cuestionar, al ver su turbación.

–No sabés lo mal que empezó a hablar de vos Julieta, y me imagino que Mariana habrá hablado otro tanto.

–Más bien, no, de hecho, Mariana estaba llorando desconsoladamente en el baño.

– ¿Sí? ¿Por qué?

–Por vos, tarado.

– ¿Qué, te lo dijo ella?

–Sí, y se portó inesperadamente bien conmigo, creo que tu lección le sirvió de algo.

– ¿Cómo que "mi lección"?

–Eso de hacer que se enamoren de vos, para terminar con el corazón roto.

Al parecer, sabía de qué le estaba hablando, si bien al principio trató de parecer confundido, luego lo asumió.

Escena 35: Las víctimas

Con lágrimas y ruegos y suaves manos, Mamá y hermanas la prepararon para su largo sueño donde el dolor nunca la iba a encontrar, viendo complacida la hermosa serenidad que de pronto reemplazó esa patética paciencia que estuvo tanto tiempo presente dentro de sus corazones, y sintiendo con alegría que ante esa esperada muerte ella era un ángel benigno, no un terrorífico fantasma.

Louisa May Alcott, Las mujercitas se casan

–Y, hasta ahora, ¿cómo va el número de víctimas en relación con las que estuvieron en la mira? –le pregunto, quería saber a cuántas había tratado de enamorar.

–Bueno, desde que llegué a acá, hubo tres "en la mira" pero sólo dos víctimas. Mariana y Julieta cayeron, pero sólo te voy a decir quién es la tercera cuando caiga…

–Pero, ¿te hace sentir más importante, mejor, o especial vivir de romper corazones? Digo, ¿No sabés que el corazón también duele?

–La verdad es que nunca me había puesto a pensar eso hasta que…

– ¿Hasta que…? –por primera vez me interesaba en lo que decía él.

–Hasta que esta tercer persona me hizo dar cuenta de que el corazón existe.

Durante todo este rato, me la había pasado leyendo un cartel del pasillo (o mejor, haciendo que leía así no tenía que mirarle la cara), pero cuando dijo esto, lo miré y vi la expresión de sus ojos. No era una mirada cualquiera. Era como si sus ojos fueran una ventana a su corazón que dejaba translucir aquello que había creído imposible de hallar: amor en Henry.

–Y… ¿se puede saber quién es la tercera? Porque tiene que ser alguien muy especial, ¿no?

–Sí, muy especial. Pero, hasta que ella no venga rendida a mis pies, no te voy a decir quién es.

Y así, se va con su sonrisa de rompecorazones.

Escena 36: ¡Yo no estoy celosa!

-Laurie, quiero decirte algo.

Él empezó a hacer como si le hubieran disparado, tumbó su cabeza, y gritó en un tono salvaje – ¡No me lo digas, Jo, no lo podré soportar ahora!

-¿Decirte qué? –ella preguntó, sorprendida por su violencia.

-Que amas a ese viejo.

-¿Qué viejo? –quiso saber Jo, pensando que él hablaba de su abuelo.

-Ese maldito profesor del que siempre escribías. Si dices que lo amas, sé que voy reaccionar de forma desesperada –y parecía que iba a cumplir su palabra, apretó sus manos con una chispa de ira en sus ojos.

Louisa May Alcott, Las mujercitas se casan

– ¡Parece que por más especial que sea, todavía no pudo con tu ego! –le grito mientras se iba. Soltó una carcajada.

Estaba confundida, lado positivo: había una mejor persona en el mundo; negativo: esa persona se negaba de decirme quién lo había cambiado.

¿Quién podía ser ella? No había ninguna chica en la escuela que no estuviese dispuesta a "rendirse a los pies" de Henry. Pero él dijo que era del colegio… dos opciones: o estaba enamorado de su hermana, o era gay. Si bien estaba loco, y parecía medio raro, no creo que haya sido ninguna de las dos. Tal vez había pasado por alto a alguna chica, alguna chica, alguna muy callada y muy sin amigos, peor que yo. Pero, si era tan así, era medio difícil que Henry hubiese tratado de enamorar a alguien tanto, que: no fuera al baile con ella, no pasase los recreos con ella y; ¡nunca antes había hablado de ella!

Pero estuve a punto de olvidarme de lo que iba a decirle a Mary, pero ya no había caso, ¿para qué preguntarle qué dijo Henry, si ya él mismo me había hablado?

Tal vez Mary sabía quién era la tercera. Pero si se lo preguntaba iba a quedar como una desesperada, y yo no lo estaba. ¡Claro que no estaba desesperada! ¡Y mucho menos celosa! Y aparte, si estaba celosa, ¿de qué? Nunca había estado interesada en Henry ni este en mí.

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¿Y? Seguro que les pareció corto… así que espero poder subir más dentro de poco tiempo. La verdad es que cuando leo esto, mientras lo paso, me doy cuenta de lo mucho que cambio mi forma de escribir, creo que mejoré mucho. Si quieren verlo, pueden leer mis otros fics, o, mejor todavía, mi blog, el que actualizo cada tres días o menos: www . dulce-ficcion . blogspot . com (sacar los espacios).

Espero que no me maten…

Fer