Al fin estoy aquí lo lamento horrores por demorar tanto, pero es que me encontraba sin inspiración, pero he decidido hacer lo capítulos más cortos para no aburrir y hacer tan eterna la espera, pues yo me siento pésimo a recordar desde cuando tengo frenadas mis historias.

Así que lamento si encuentran el capítulo muy corto, pero créanme que es mejor así o sino no acabaré nunca y quiero aprovecha r ahora que estoy de vacaciones.

"Él es un Maniquí" lo actualizaré mañana o el jueves, pues ya tengo avanzado un poco así que ya tengo por donde guiarme.

Un besote a todas y lamento no agradecer los rr anteriores, pero si lo hacía no tendría tiempo para actualizar ahora. Las quiero demasiado y nos vemos.

No sé si aún me lees linda, pero este capítulo va dirigido a Sen, besotes hasta Portugal y gracias por la postal, es hermosa.

Ahora a disfrutar y ruego a Dios que lo hagan o sino está más que permitido tirarme huevos.

Capítulo Doce: Día Diecinueve y Veinte.

(Bella)

Debo admitir que hubo un momento en que pensé que todo eso no era más que una broma de mal gusto, que todo estaba siendo inventado porque no era justo estar pasando tantas buenas cosas y que algo malo debería haber entremedio para que la situación y el orden de las cosas fuera equilibrado. Pero sabía que no era así, porque Edward jamás sería capaz de hacerme cosas de ese estilo y porque conocía perfectamente a mi madre como para saber que era bastante capaz de haberse conseguido el número y llamar para pedir dinero.

Desde que había salido del colegio que me había puesto a trabajar y así no tener que explicarle porque necesitaba dinero. Pagara exámenes no era como pagar un dulce y también debía darle un poco a mi madre para que no preguntara que era lo que hacía con el dinero cuando no llegaba con nada nuevo a la casa. Se había acostumbrado a eso, es más, había sido mi culpa acostumbrarla a darle dinero siempre y ahora que ya no me tenía a su lado se había dado cuenta de la falta que le hacía ese tipo de ayuda de mi parte.

Pero no lo podía creer ¿Cómo podía ser capaz de llamar a este lugar para exigirme volver y ayudarle cuando ahora estaba siendo más feliz comparado a todos los años que estuve a su lado? Me había cegado tantos años cubriéndola con la escusa de que era mi madre y que por lo tanto fuera como fuera debía quererla así, pero ahora me daba cuenta que había sido una tonta, que las madres deben ser quienes mantengan a sus hijos.

Edward me miraba expectante, como si supiera en cualquier momento que le iba a decir que me iba, que lo dejaría solo con sus hermanos, que esa noche sería la última que estuviéramos juntos y que esto de cumplir nuestros sueños había llegado a su fin. Pero no le sería tan fácil deshacerse de mí. Yo lo amaba, tanto o más de lo que él me amaba a mí y esto no se terminaría de la noche a la mañana. Lo miré con una sonrisa y negué moviendo la cabeza ligeramente.

- No pienso anteponer el abuso de mi madre al amor que siento por ti Edward –avancé unos pasos y me coloqué en frente de él. No se había parado del sillón en el que se encontraba, se había quedado tan expectante ante mi respuesta que no había sido capaz de dar ninguna señal de reacción más que el solo preguntarme si me iría. Me arrodillé en frente de él y tomé su rostro entre mis manos- ¿Crees que dejaría a la única persona que me ha hecho feliz en toda mi vida? –suspiré con algo de dificultad y roce su rostro con mi nariz.

- Es tu madre –susurró él como si aquello fuera la razón más que suficiente para tomar mis maletas y largarme.

- Solo me tubo, nunca se hizo cago de mí –cerré los ojos y me acerqué más recargando mi frente en su pecho mientras sentía como sus brazos me rodeaban y acariciaban mi espalda con lentitud- quiero estar contigo.

- Y yo quiero que estés conmigo –dijo tomándome con cuidado y dejándome sobre sus piernas para arrullarme- Solo que no quiero que el fantasma de tu madre te corté los momentos en que estés aquí, creo que sería bueno mandarle dinero para que se mantenga tranquila.

- No quiero que hagas eso Edward –le dije ya con casi nada de fuerzas por lo cansada que me sentí. Él había hecho ya tantas cosas por mí que no me sentía con la tranquilidad de más encima ahora él tuviera que mantener a la aprovechada de mi madre- no es justo.

- ¿Por qué no me dejas esto a mi amor? -dijo besando mi frente- te prometo que ni cuenta te darás y ella no volverá a molestarnos –En ese momento yo solo fui capaz de asentir y notar como Edward se colocaba de pie y subía la escalera conmigo en sus brazos. Solo ahora en ese momento me di cuenta de lo cansada que estaba, que mis fuerzas de un día para otro habían bajado tanto que me estaba asustando de no ser capaz de controlar el cansancio y arruinar todos los planes que teníamos juntos.

Desperté tan relajada y tranquila, cosa que solo se había dado cuando estaba Edward cerca de mi. Era como si él fuera un bálsamo que hacía que todo lo que había estado en mi pasado fuera olvidado y que nunca hubiera ocurrido, lo único que traía conmigo sería la enfermedad, pero me iría con todos los recuerdos que había comenzado a guardar desde que lo había conocido a él. Sonreí divertida cuando sentí como unos besos comenzaban a subir desde mi mano, hasta llegar a mi hombro, quedarse un instante en mi cuello y luego quedar en mi mejilla. Sabía que él estaría allí de otro modo no podría haber despertado de un modo tan relajado.

- Sabía que estabas aquí –le dije alzando una mano y acariciando su cabello- Estás en mis suelos y mis desvelos, eres como mi ángel guardián susurré cuando él me pasó los medicamentos y se acomodaba a mi lado para volver a dormir.

Cuando volvimos a despertar, los chicos ya se encontraban en la cocina hablando todos a la vez y tomando decisiones así, todos hablaban, pero aún así todos se entendían a la perfección. Al momento en que nos vieron entrar nos sonrieron y nos pasaron una taza con leche y muchas tostadas. Siempre lo hacían, era como si sintieran algún tipo de consuelo al saber que si comíamos algo más de lo normal, nuestros días se harían más, pero ambos sabíamos que no era así. Edward solo me sonrió y comenzó a comer. Haría lo que fuera para darles algún tipo de consuelo a sus hermanos.

- El asunto es el siguiente –dijo Emmett mientras nosotros aún desayunábamos- Nuestros padres llegan hoy por lo que debemos ir a buscarlos, habíamos pensado en Tom, pero él nos dijo que Bella lo necesitaba y que él no podría acudir, así que pensamos que lo mejor es que Edward y yo vayamos, ¿Qué piensas campeón? –el hermano mayor de los Cullen se acercó hasta su hermano y pasándole un brazo por sobre los hombros lo apretó contra él.

- ¿Por qué necesitas a Tom? –me preguntó Edward con curiosidad a lo que yo solo le sonreí y me alcé de hombros.

- Cosas mías –le dije mostrándole la lengua y siguiendo con mí desayuno.

Tenía que hacer el deseo de Edward para mañana ya lo tenía más que claro cuál sería y le había pedido ayuda a Tom para que me llevara a dónde el señor con el que debía hablar. No sabía que haría con él, de haber estado sola con Edward nada hubiera sido sorpresa, le hubiera preguntado cada uno de los lugares para cumplirle sus sueños y lo más seguro es que no sería nada parecido a los que él había cumplido conmigo.

A él no le gustaba que le escondiera mis cosas, quería saber todo lo que sentía y lo que pasaba en mi vida, pero no sería así esta vez, pues Edward sabía que yo iría a preparara algo para él y es por eso razón que me dejaría tranquila, además confiaba en Tom, se lo había dicho y yo me sentía mucho más cómoda al saber que podía salir tranquila y no cometer algún error que dejara mal la sorpresa que yo le tenía a él.

Ahora estaba el tema de los padres de Edward. Carlisle sabía, pero su madre no, una mujer tan hermosa y linda como ella no sería capaz de soportar todo el dolor que traía el perder un hijo como Edward, en una familia tan unida como la suya dentro de un amor tan fuerte como el que tenían ellos. Cada vez que me planteaba esto me preguntaba cómo podía tener tanta suerte en haberme encontrado personas como estas y sin darme cuenta ya em encontraba a solo escasos segundos de ponerme a llorar.

Me puse de pie con rapidez y dándole un corto beso a Edward en los labios salí de allí despidiéndome de los demás. Si me quedaba unos segundos más en ese lugar tendría que dar explicaciones de las cuales no estaba preparada a contar, no quería, ya no valía la pena.

Cuando salí de casa Tom ya se encontraba en la puerta del chofer, de pie con una hermosa sonrisa plantada en el rostro.

- Ya le tengo el contacto listo señorita Bella –me dijo mientras abría la puerta de atrás del coche sin dejar de sonreír- Me dijo que estaba más que encantado con lo que le pedía, pero que de todos modos quería hablar con usted para saber con exactitud qué era lo que quería.

- Ah por Dios Tom usted es un sol –no pude evitar correr y abrazarlo para luego entrar con una enorme sonrisa en el rostro. Se había convertido en el mejor hombre al que pudiera haberle pedido ayuda sobre la faz de Londres. Él solo sonrió negando con la cabeza y cerrando la puerta del coche nos dispusimos a ir al encuentro de quien cumpliría el siguiente suelo de Edward.

El lugar quedaba bastante lejos, pero no era difícil de llegar, recordé el camino con cuidado pues al día siguiente sería yo quien lo llevara a ese lugar. La casa era pequeña, pero tenía ese rasgo acogedor que solo pocas casas poseían, como si la calidad se mantuviera aún allí aunque los dueños se hubieran ido y cuando conocía al hombre supe el porqué. Me recordaban mucho a Carlisle con su esposa, eran un matrimonio con hermoso como agradable y que desde el momento en que había entrado a su casa me habían tratado como si fuera su hija.

Pude captar al instante que Tom le había dicho lo de nuestra condición. Pues su mirada hacia mi los delataba, el ánimo que adquiría a ser parte de esta experiencia era tan profundo que los hacía obvio y el hecho de que no cobrara ni un centavo por ello me lo había confirmado.

- Vendré mañana –le dije cuando ya salíamos del hogar- debe ser la más simple, pero hermosa a la vez que tengo tanto valor que haga que la toque con sentimiento, aunque sé que lo hará así, es su sueño así que no tengo ni la menor idea de que lo hará.

- Estaré esperándola con ansias.

Ya estaba hecho, solo quedaba traer mañana a Edward y hacer que todos sus sueños comenzaran a cumplirse.

Cuando llegamos a casa el silencio fue algo que me asustó. Desde la llegada de los hermanos de Edward que en esa casa no existía el silencio y sabía que ellos se encontraban en el interior de la casa pues el coche estaba allí y Alice había dicho que se encargaría de hacer la cena, por lo que no pude evitar preocuparme y acelerar el pasó. Tom notó lo mismo que yo por lo que me siguió los pasos desde muy cerca.

Pero ahí estaban, todos, sentados en los sillones en silencio y con claras muestras en sus rostros de haber estado llorando. Alzaron la mirada cuando entré bastante agitada y lo único que se escucho fue el sonido de los `pasos de la madre de Edward que se acercaba hasta mí. Me abrazó tan fuerte y con tanta emoción en el gesto que solo le respondí del mismo, modo. Era lo que siempre había necesitado de mi madre y lo nunca había podido obtener. Una lágrima fue dejando un camino por mi mejilla hasta perderse en mi garganta.

- Estarán bien –me susurró al oído y yo solo pude asentir- No los dejaremos solo ni un instante –y yo volví a asentir- Todo estará bien hija –pero con eso no pude, quise mil veces que fuera mi madre quien me dijera eso, pero nunca lo hizo, desee tantas veces que mi madre me abrazara de ese modo y me consolara diciéndome esas palabras aún cuando amabas sabríamos que no sería así, pero yo necesitaba un consuelo y había sido Esme quien había sido la única capaz de encontrarlo. Y me derrumbé, las lágrimas salieron con tanta energía que mis brazos se agarrotaron más al cuerpo de ella y no fui capaz de soltarla- No –dijo cuando notó que Edward se acercaba a nosotros- yo estaré con ella -Edward solo asintió y dejó que su madre me llevara hasta una de las habitaciones de la casa y me consolara todo lo necesario.

No sé en qué momento me quedé dormida solo sé que junto a mi había un calor distinto, uno que no era el de Edward pero que me hacía sentir muy cómoda y tranquila.

- Ya es hora de cenar cielo, Alice dijo que si no bajabas en diez minutos saltaría sobre tu cama –era Esme, se había quedado todo el tiempo conmigo, cuando yo había llorado y cuando me había quedado ya agotaba por el llanto, había sido fantástico y no puse controlar el acercarme más a ella, inspirar con profundidad y suspirar.

- Gracias –dijo simplemente mientras me dejaba y beso en la frente- ¿Vamos a cenar? Creo que Edward necesita saber que están bien, no lo dejé entrar en todas estas horas.

- ¿Cuánto dormí? –pregunté a alarmada mientras salía del baño después de haberme lavado el rostro.

- Tres horas –dijo con la misma sonrisa de siempre como no dándole importancia.

Al llegar a la sala Edward se acercó sin preguntar nada solo me abrazó y me llevó hasta la mesa para ponernos a cenar. Nadie volvió a tocar el tema, no era necesario, no había nada para poder hacer y que la situación o nuestro estado fuera distinto. Esme confiaba en su esposo y sabía que este hubiera hecho todo lo posible para hacer que su hijo pudiera vivir, pero no lo había. Ahora ellos solo harían que nuestra vida fuera la mejor que podríamos vivir.

(Edward)

No había estado preparado para esto, ver a mi madre derrumbarse en el sillón, como si los años se le hubieran venido encima todos juntos. Como se cubría el rostro con las manos y su cuerpo se estremecía por el llanto. Como mi padre la abrazaba e intentaba que el dolor se le hiciera más llevadero, cosa que sabíamos no sería posible. De pronto alzó el rostro y me miró, no con pena, menos con lástima, sino que solo con infinito amor. Golpeó el espacio que había en el sillón a mi lado y yo casi corrí, hizo que apoyara mi cabeza en sus piernas y solo me acarició el cabello.

Siempre lo hacía y yo cerraba mis ojos y me dejaba llevar por la tranquilidad que ella me transmitía. No sé con exactitud cuando tiempo estuvimos así, solo sé que no escuchaba nada mas que el susurro de la voz de mi madre mientras me acariciaba.

El sonido del coche anunciándome que Bella había regresado fue lo único que me hizo colocarme derecho y junto a mi madre. Quise ir con ella cuando la vi derrumbarse en los brazos de mi madre, sabía que ella entendía que mi madre ya sabía lo de nosotros, que lo había procesado y que ahora ya no habría que ocultárselo a nadie más que nos apoyaría en lo que estábamos haciendo y que desde ahora en adelante solo debíamos seguir.

Era increíble la capacidad que teníamos todos para hacer que las cosas que nos hacían daño quedaran en segundo plano. La cena había sido maravillosa, llena de risas cortesía de Emmett y Alice y de buenos temas que todos seguíamos. Pero el cansancio en nosotros cada vez se hacía más notorio y ya no podíamos más en pie. Ese día para ambos ya se había acabado, debíamos dejar las energías para los que nos quedaban.

Cuando sentí que Bella se removía a mi lado, pensé que solo era un sueño, pero después cuando sentí el vació supuse que ya había amanecido. Me desemperecé y alcé mi cuerpo para enfocar la vista en mi novia que se encontraba frente a mi mostrándome un traje que colgaba de su mano.

- De pie señor Cullen que debe ir a una clase que lo esperan en exactamente una hora –me dijo sonriendo y supe de inmediato de que se trataba. Secretamente era uno de los deseos que más había esperando. Había sido una traba que nunca pude lograr cuando supe lo que se mi enfermedad, me había encerrado tanto en eso que nunca tomé las clases y ahora que tenía claro que si no lo hacía ahora no podría nunca, estaba más que entusiasmado.

Salté de la cama con prisa y tomando el traje entré al baño para arreglarme y estar listo en el tiempo necesario para poder estar en el lugar. No sabía donde quedaba ni quien sería el maestro, pero estaba seguro que si Bella lo había escogido es porque sin duda era el elegido.

Esta vez no me vendó los ojos ni evitó responder mis preguntas sobre quien se trataba, pues yo no sabía nada sobre este tema, solo rogaba al cielo no ser un mal alumno y hacer desperdiciar el deseo y el tiempo de ambos. Bella me había contado que Tom le había informado al profesor de nuestro estado, de lo que teníamos y del porque esta clase tan express y lo entendí perfectamente, ya no le hallaba el sentido a ocultarlo.

La clase fue ágil y dinámica, pero había pedido que Bella no estuviera, quería enseñarle lo aprendido cuando ya me saliera bien. La esposa de James, que era quien me enseñaba se había ofrecido encantada a mostrarle el jardín que ella misma había construido que con el motivo de que sacara ideas para el que yo le hacía a mi madre.

Fui un buen alumno, los dedos se me portaron bien y ayudaron a que en poco tiempo lograra sacar la canción completa.

- Tienes talento Edward, hubieras sido un gran pianista –me dijo James colocando un brazo por sobre mis hombros, yo solo bajé la mirada y sonreí- Dios lo siento, no quise hacerte sentir mal –respondió el de inmediato a mi actitud, pero no importaba, ya estaba tan acostumbrado a esas cosas que eran más que situaciones que dejaría pasar.

Mis dedos se movían solos, captaban el sonido mejor y con mayor rapidez de lo que lo hacía mi cabeza, eran mandados por mi corazón sabiendo perfectamente para quien sería aquella canción que tan fácil se me había dado. Podía sentir el sonido entrar en mi y quedarse junto a mi corazón sin la mejor intención de irse, pues necesitaban quedarse y yo no se lo impediría.

- No hay forma de que esta melodía salga mejor Edward, haz logrado captarla e interpretarla mejor que nadie –yo solo asentí y sonreí satisfecho. Era más de lo que hubiera podido esperar. Yo solo esperaba una canción común y que saliera desastrosa, pero Bella había sido capaz de encontrar a la persona perfecta que lograra enseñarme el mejor modo.

- No tengo manera de agradecerle la paciencia y la presión para enseñarme esta hermosa melodía en tan poco tiempo, de verdad le estaré eternamente agradecido –James solo me agrazo y sonrió.

- Saber que pude hacer que tu vida fuera un poco más feliz me deja más que satisfecho Edward.

Fui por Bella y salimos de allí. Viendo como el matrimonio nos despedía con un gesto de su mano abrazados en el pórtico de su casa. Escena que nosotros jamás podríamos hacer y que solo podríamos conformarnos con soñarla. ¿Era el matrimonio algo que estuviera en nuestros sueños ahora? Ahora que era capaz de darme cuenta que había sido capaz amar a alguien antes de que mi tiempo en esta vida terminara.

No lo había puesto en mi lista, pues jamás había estado en mis planes enamorarme, pero ahora que lo estaba, ¿Sería necesario? ¿Cambiaría el amor que le tenía a ella? No estaba seguro y menos si Bella querría hacerlo. Yo estaría encantado, pero ¿Qué pensaría Bella? Eso se salía de nuestros planes, pero y si lo hiciéramos. No me precipitaría, lo mejor sería hablar con mis padres sobre el tema y luego hablarlo con Bella o más bien proponérselo. Una sonrisa en mi rostro me convenció, había salido libre y sin presión. Yo si quería.

- ¿Me enseñarás lo que aprendiste? –preguntó Bella de pronto tomando mi mano sobre la palanca de cambios mientras manejaba. Y fue ahí cuando lo decidí y cuando hacerlo.

- Claro que lo haré amor, pero tendrás que esperar, debo perfeccionarlo aún más y ya se cuando te lo mostraré, debe ser especial y un momento importante, tu solo tenme paciencia –comencé a reducir la velocidad del vehículo y lo estacione a la orilla del camino. Me deshice del cinturón de seguridad y me incliné para quedar frente a ella- Me has hecho demasiado feliz Bella, más de lo que alguna vez esperé ser junto a alguien, te amo.

Ella solo dejó caer una solitaria lágrima por su mejilla y asintió uniendo sus labios contra los míos. Sí, la decisión estaba tomada.

Lamento mucho la demora pero es que no había logrado encontrar que escribir, pero ya está, espero que haya sido de su agrado.

Con cariño,

Philana.