DISCLAIMER: Los personajes son de Meyer, esta solo es una adaptación. Salvo el epílogo, esta es creación de mi loca cabeza.


ENEMIGOS APASIONADOS


LA MAGIA DEL AMOR

"Cuando el amor no es locura, no es amor"


La amaba. De eso no había duda, y el tenerla allí entre sus brazos, una vez más confirmaba ese sentimiento que se apoderó de su corazón, de todo su ser.

Edward no entendía como pudo ser tan idiota al no darse cuenta antes de su amor por aquella mujer, al punto de estar a punto de perderla.

Si no hubiese sentido que el corazón se le rompía en mil pedacitos, ni el estómago estrujado, tal vez ahora no estaría con Bella.

Edward se dio cuenta de que amaba a Bella en la fiesta, cuando ella se fue dejándole allí en medio de la pista de baile, solo, y con la cabeza gacha decidió salir de ahí, perderse si fuera posible, no volver jamás allí, no quería verla todos los días sabiendo que nunca volvería ser suya, que nunca más escucharía su risa, o nunca más vería esa manera de levantar la nariz, que tanto le fastidiaba y a la vez le gustaba.

Él sufría de sobremanera el saber que nunca más la tendría entre sus brazos, ni la llenaría de besos todo su cuerpo.

Pasó toda la noche deambulando por las calles, no quería ir a su taberna, ni a su cabaña, por que aún percibía su olor a fresas allí, recordaría todas aquellas noches en la que esas sábanas eran testigo de su entrega, olvidándose del mundo, solo ellos dos.

No quería sentir esa sensación de vació y de pérdida que en esos momentos sentía, a punto de derramar algunas caprichosas lágrimas.

Si. Edward Cullen, llorando por una mujer, vaya forma de cambiar la situación.

Siguió su caminar sin rumbo, sin destino, se sentía perdido, pero no esa pérdida de orientación, si no esa pérdida que hace que tu mundo solo sea negro, no había color, no había olor a fresas y fresias, no había Bella.

No fue hasta que sintió el cuerpo acalambrado y los pies adoloridos que decidió volver a la taberna, a la cabaña, aunque eso signifique sufrir, pero se quedaría con los recuerdos. Al menos eso sería su consuelo.

Pero al llegar el teléfono estaba sonando, se apresuró a contestar, pensando que por un milagro fuera Bella, pero no fue así, era Alice avisándole del accidente de Jacob.

Al llegar al hospital no esperaba encontrarla a ella allí, sintió celos, por su cercanía a Jacob, a pesar de lo ocurrido, no cabía en su mente que otro hombre la tocara, la besara, sin darse cuenta, a pocos minutos Bella desapareció del cuarto de hospital, sintió una desilusión hacer añicos sus pocas esperanzas.

Su hermana lo miraba llena de preguntas, y al observarlo detenidamente supo cual era su problema, Bella. Sabía de alguna forma que ellos terminarían juntos, por algo no es Alice Cullen. Así que decidida arrastró a Edward afuera del cuarto a tratar unos asuntos con unas cuantas palabras, que tal vez lo hicieran reaccionar

-Ahora mismo me vas diciendo que te sucede – Alice se cruzó de brazos esperando una respuesta de su hermano, más el sólo tenía el semblante cabizbajo

- es por Bella, cierto-

Él sólo atinó a asentir, no le salían las palabras, sentía que si lo hacía se derrumbaría en frente de su hermana

-Y que haces aquí, no deberías estar diciéndole que la amas-

Al escuchar eso alzó la mirada, no entendía por que su hermana decía eso con tanta seguridad

-no me mires así, todo el mundo sabe que tú estas perdidamente enamorado de ella, los únicos que no lo saben son tú y ella, bueno ahora sólo falta Bella- Alice se percató de que su hermano no decía nada, lo observó y vio en sus ojos un brillo particular, ese brillo de determinación, de convicción.

Edward al escuchar a Alice, se dio cuenta de lo imbécil que fue hasta entonces, todo el mundo sabía de sus sentimientos, y él se negaba a creerlo, hasta Jasper, Emmett y Jacob se lo habían dicho en una ocasión, y siendo todo Cullen, lo había negado.

Pero estaba decidido conquistaría a Bella, y se le estaban ocurriendo un par de ideas, pero para eso necesitaba ayuda.

Y así fue como con la ayuda de casi todo la población de Forks, se confabularon para ayudarlo a llenar la cocina del restaurante de Bella, con rosas, el anillo ya lo tenía desde hace tiempo, era el de su madre, pensaba que nunca lo iba a usar, pero ya había llegado al momento, no dejaría escapar a esta mujer, la amaba demasiado para hacerlo.

Y lo logró. Había aceptado casarse con él.

Y con el amanecer llegaba el canto de las aves, el sol se infiltraba tras la ventana del cuarto, los rayos del sol hacían de Bella la mujer perfecta, Edward sonrió, y con el corazón lleno de dicha comenzó a besarla, besó su cabello, aspiró su aroma, el que tanto le encantaba, su frente, sus párpados, su nariz, divisó sus labios, y se percató de la sonrisa que asomó a ellos, sus labios carnosos, suaves, deliciosos, y desde ahora siempre serían suyos, la besó, pausado, lento, disfrutando el momento, ella correspondió al instante, se había despertado desde el momento en el que él la había besado el cabello, recorrió con sus manos los fuertes brazos de Edward deleitándose, sintiendo su calidez.

Edward condujo sus manos hasta la espalda de Bella, la acariciaba lentamente, sintiendo su estremecimiento, sonrió feliz, no había palabras para describir lo dichoso que se sentía. No había. Sólo eran ellos dos, dos cuerpos unidos, acariciándose, amándose, siendo felices.

****

Bella se encontraba en la cocina preparando los ingredientes para preparar un enorme pastel, su sonrisa no desaparecía de su rostro, era una mujer muy feliz, y dichosa, nunca se imaginó que esa noche al encontrar al perro de Edward arrancando sus flores iba ser el inicio de un juego, el juego más gratificante de su vida, en donde salió demasiada afortunada.

Encendió la radio, colocó el Cd de la música que le regaló Edward hace un tiempo, con sus composiciones, se deleitaba con las notas de piano que inundaban toda el recinto, sonaba su nana, como lo había llamado, eran las notas perfectas, con un significado que sólo comprendían ellos dos, contaba su historia.

Bella tomó un recipiente y se dispuso a disolver los ingredientes, movía y movía la mezcla, mientras bailaba pausadamente, alguien enredo sus brazos por su pierna derecha, ella bajo la vista, y observó con una gran sonrisa al pequeño niño que la miraba desde abajo, con una sonrisa hermosa, muy parecida al de su padre, sus ojos tan verdes, y con ese cabello alborotado, era la replica de su padre, no cabía duda.

Bella dejó el recipiente en la encimera de la cocina, se agacho y tomó entre sus brazos al pequeño, le dio un beso en la frente y lo hizo sentarse en una banca cerca de ella, para que pudiera observarlo mejor.

-¿Dónde está tu hermana?- le preguntó al pequeño, esos dos no se separaban nunca, siempre haciendo sus travesuras, y le parecía extraño verlo solo a él en la cocina.

-Está con papá-

-¿Alguien me llamó?- en ese instante Edward entró a la cocina con una niña entre sus brazos, y ella le rodeaba el cuello con sus pequeñas manitas, y le dedicó una sonrisa a su madre, al mismo tiempo soltándose de su padre para ir abrazar a Bella, ella la abrazó, le dio un beso en el cachete, y la sentó al lado de su hermano, al verlos, los dos eran tan parecidos a su padre, los mismos ojos, intensos, esa media sonrisa, con ese cabello broncíneo alborotado, como los adoraba.

Edward observaba a Bella, la miraba con tanto amor, y a sus hijos también, ellos lo eran todo para él, no había día en que no agradecía a Dios por haber puesto en su camino a Bella.

O mejor dicho no había día en el que no agradecía a Boomer por haberse comido las flores del jardín de Bella, ese día, suspiró recordando ese día en el que su vida cambió por completo, comenzando por un simple juego, una apuesta, en donde al final ambos salieron ganadores.

Habían pasado ya más de cuatro años, y a pesar del tiempo, sentía una felicidad inmensa, crecer cada día.

Se acercó a Bella, tomó entre sus manos su rostro, la acercó a él, y la besó, era ese beso que hace a tu corazón acelerar el ritmo, tan tierno y pasional a la vez, depositando en él todos sus sentimientos, absolutamente todo.

Los dos niños observaban a sus padres, con una mueca asemejado al asco, el niño hizo ademán de meter un dedo en la boca como queriendo vomitar, y su hermana hizo lo mismo, los niños aún no entendían esa manera que tenían sus padres de unir sus bocas, y por un largo tiempo. Decididos se bajaron de los sillones como pudieron, salieron al patio para jugar con Bommer, lo encontraron tratando de alcanzar con su hocico una rosa del jardín de su mamá, se apresuraron llegar a él para impedir que hiciera eso, pues conocían a su madre y no querían que su adorable perro fuese castigado.

Edward y Bella se separaron, ambos seguían sonriendo, eran felices, nadie podría decir lo contrario, después de su lapsus, se voltearon a ver a sus hijo, pero ellos ya no estaban allí, fruncieron el seño al percatarse de ello, ¿Dónde estarían esos dos?, oyeron los ladridos de Bommer, y comprendieron todo.

Salieron de la cocina, se dirigieron al patio, Edward tomó la mano de Bella y la entrelazó con la suya, cuando salieron al patio encontraron a sus pequeños jugar con Bommer.

Edward miró a Bella, y ella al percatarse de su mirada también alzó la suya, encontrándose verde y marrón fundiéndose ambos en el amor que se tenían.

Los niños se percataron de la presencia de sus padres así que corrieron a su encuentro, la pequeña niña se fue con su papá, mientras que el niño se fue con Bella, ambos padres alzaron a sus hijos y entraron a su casa, seguidos por Bommer, tenían que terminar de preparar un pastel.

Como dicen por ahi aveces es necesario arriesgar para ganar, y Edward y Bella apostaron por su amor, y ganaron.

OoOoFINoOoO


Todo llega a su final y esta no es la excepción

Espero que les sea de su agrado!!!!!.....y si no ....ps....se friegan....jajjaajja....mentira!!!!!!!!!!!!

Miles de gracias por haber estado conmigo en esta historia......muchisimas gracias por el tiempo que se toman en escribir los reviews.....

Nos vemos en Una Propuesta Apasionada

-flowers-