Este es el tipo de historia que no estoy acostumbrada a escribir, pero me nació del alma y no pude contenerme a subirla. ¡Que la disfruten! Declaro que Bleach no me pertenece y que ¡el OoC está totalmente justificado! Jajaja.

Marry me, Rukia

Capítulo 1:

La habitación estaba totalmente a oscuras y únicamente la suave respiración de la morena invadía la calma del lugar. El clima estaba cálido y una suave brisa corría fuera de la ventana que permanecía ligeramente abierta, balanceando las cortinas al ritmo calmo de la noche. Un ruido a campanitas resonó en el ambiente y una mariposa negra ingresó por la ventana y fue a instalarse junto al rostro de la muchacha, quien abrió lentamente los ojos. La mariposa salió veloz del cuarto.

-No otra vez -suspiró Rukia incorporándose en la cama rascándose los ojos.

Se puso de pie y a tientas buscó la luz, el brillo la encegueció por un segundo mientras enfocaba la vista en busca de su kimono. Se lo colocó sobre el pijama y calzándose los pies salió por la puerta golpeándola con fuerza. Su paso saliendo de la mansión Kuchiki era acelerado y su rostro mostraba una mueca de disgusto mezclada con un leve sonrojo en sus mejillas y no precisamente por la caminata por las calles oscurecidas.

-¡Kuchiki-san! -exclamó un muchacho alzando la mano para se notado.

-Iwata -respondió ella con la escasa calma que lograba mantener. -¿Es aquí? -preguntó mirando la puerta de una casona junto a la ubicación del chico.

-Celebrábamos la despedida de soltero de mi hermano cuando...

La puerta de la casona se abrió de golpe y una cabeza pelirroja se asomó. Enfocó la vista para reconocer a ambas personas que se situaban frente a él y sonrió ampliamente.

-¡Rukia! -exclamó y la abrazó con fuerza -¡Sentí tu riatsu, sabía que estabas aquí!

-Me sorprende que en semejante estado de ebriedad todavía puedas sentir algo más que tu aliento -respondió la morena tratando de soltarse del agarre del pelirrojo Kurosaki -Apestas a sake, idiota. -batió sus manos delante del rostro del chico y puso cara de asco.

-Enana -suspiró Ichigo apretujándola más -¡Te amo, enana, cásate conmigo!

-Sí, sí -asintió ella mirándolo de reojo -Vamos antes que liberes tu bankai y destroces todo el lugar.

Ichigo comenzó a caminar dejando a Rukia algo atrás, ella miró al joven Iwata y le agradeció con una sonrisa. El muchacho ingresó nuevamente al local para continuar la fiesta, al tiempo que Kurosaki y Kuchiki desaparecían al doblar la calle. Rukia seguía el errático caminar de su amigo con la vista, esperando llevarlo sano y salvo a los dormitorios del cuartel, con suerte lo lograría antes del amanecer, ya recuperaría el sueño perdido.

-Rukia -murmuró Ichigo volteándose hacia la muchacha -¿A dónde vamos?

-Al cuartel -respondió seria.

-¿Estás enfadada? -le preguntó preocupado por el entrecejo fruncido que podía detectar en Rukia.

-No, estoy feliz de tener que venirte a buscar cada vez que haces escándalo -bufó su sarcasmo.

Ichigo guardó silencio, la verdad es que se pasaba a veces. Pero los muchachos le servían y servían sake y no supo cómo bebió tanto. Y cómo si aquello fuera poco después se dedicaron a hablar de mujeres y uno habló indecencias de Rukia y tuvo que vengar su honor.

-¿Qué te dijeron esta vez? -preguntó Rukia tratando de hacer la caminata algo más llevadera.

-Dijeron... "Kuchiki tiene un lindo traserito" -gruñó apretando los puños.

Rukia se sonrió divertida.

-No es un insulto, Ichigo...

-¡Nadie va a decir nada de tu trasero!

La morena, a pesar de su molestia, se sintió halagada. Ichigo solía protegerla y defenderla de cualquier comentario poco ortodoxo, pero odiaba verlo en ese estado, sobretodo porque le nacían sentimientos románticos hacia ella. Esta era la sexta vez que le declaraba su amor y le pedía matrimonio dentro de un año. "Charla de borracho" lo defendía internamente.

-¡Vamos a tu casa, enana!

-¡No vamos a ir a mi casa, imbécil! -exclamó Rukia nerviosa -Nii-sama ya me advirtió sobre tus quedadas a dormir en casa. Dijo claramente que no quería a un borracho haciendo escándalo, sobrio eres bienvenido, pero borracho no.

-Anda, Rukia. No quiero caminar hasta el cuartel, tengo flojera. -la tomó por la cintura -Llévame contigo -le rogó con ojos de cordero degollado. -Si no me llevas contigo pasaré la noche en la calle y moriré.

La muchacha soltó un suspiro.

-Está bien, pero no hagas ruido. -sentenció.

Doblaron al final de la calle y comenzaron a subir a paso lento hasta dar con el enorme portón de la residencia Kuchiki. Un guardia saludó a la chica con una reverencia mirando de reojo a la compañía de la morena. Kurosaki había vuelto a salirse con la suya y ahí estaba siendo ingresado a la mansión contraviniendo las órdenes del hermano mayor.

Caminaban por los jardines, Rukia cuidando que Ichigo no se hiciera daño o quebrara algo en su marcha ebria e Ichigo mirando con recelo en dirección a la habitación de Byakuya. Al llegar a la casa guió al pelirrojo hasta su habitación, encendió la luz y cerró la puerta con seguro.

-Ya, vete a la cama -dijo la morena viendo como el muchacho sin sacarse siquiera la ropa se tiraba cual peso muerto en el colchón.

Ichigo se abrazó a la almohada y aspiró profundamente.

-Huele a ti -comentó ensoñado.

-A quién más sino, tonto -sonrió divertida, el comentario le hizo gracia. -Duérmete que se hace tarde y cúbrete con las tapas... -se dirigió a la cama y lo cubrió hasta la mitad. -Te vas a resfriar.

-Quédate conmigo -le pidió tomándola de la muñeca, a lo que la chica asintió y se sentó en la cama junto a él. Ichigo se apoyó en el costado de ella y la abrazó -Te amo, enana -soltó un bostezo. -Te amo...

Cerró los ojos y se quedó tranquilo apegado al cuerpo de Rukia, quien le pasó suavemente la mano por el cabello con parsimonia. Reconocía sus muecas y su forma de respirar cuando comenzaba a quedarse dormido. Lo observó cuidadosamente hasta que comprobó que había caído en manos de Morfeo. Se liberó de aquel brazo que la tenía capturada y se levantó de la cama.

-Yo también, idiota -sonrió melancólica antes de apagar la luz y cerrar la puerta de su habitación por fuera.

Comenzó a caminar en dirección de las habitaciones de invitados para cuando el crujir de las tablas del piso la hizo saltar. Una silueta se dibujó en el rabillo de su ojo. Se volteó asustada.

-Nii-sama -dijo con voz suave al saberse descubierta.

Byakuya la observó en silencio un segundo que a Rukia le pareció eterno. Posterior a eso le dio la espalda y se volvió a su habitación, dejándola sola en el pasillo con esa desagradable sensación de haberle fallado a su hermano mayor por quinta vez. Se rodeó con sus brazos y reanudó la marcha, quería recuperar las horas de sueño.

* * * * *

Las campanadas indicaban que el desayuno estaba servido, así era la costumbre en la mansión Kuchiki, por lo que Ichigo al ser despertado por ellas, asumió que había pasado la noche en casa de Rukia. ¿Cómo había llegado ahí? ¡Cómo era que siempre terminaba ahí! No tenía idea, pero de alguna manera la enana se las arreglaba para encontrarlo y traerlo a su casa, seguramente contra su voluntad y por las ganas de arruinarle la diversión. Se estiró en la cama y se levantó de un salto que casi le rompe la cabeza, sin embargo se hizo el fuerte, no se perdía un desayuno Kuchiki por nada del mundo.

Salió de la habitación y antes de irse al comedor pasó al baño, no sin antes cruzarse con Byakuya por el pasillo.

-Buenos días, Byakuya -lo saludó amable, debía serlo, estaba en su casa.

-Kurosaki -respondió el moreno y pasó de largo.

Ichigo se alzó de hombros y siguió camino al baño, al tiempo que Kuchiki se volteaba a verlo. Esta situación no podía continuar así. Era una falta de respeto para la familia, para su casa y para su hermana. Ya iban seis en total, todas desde que Kurosaki habia decidido pasar una larga temporada en el Seiretei, ya había pasado un año desde que el mocoso había puesto un pie en el Gotei 13. Nunca le agradó el pelirrojo, pero esto era demasiado para que lo soportara. Sobretodo tener que ver el rostro de su hermana al día siguiente de los espectáculos de Kurosaki.

-Buenos días, enana -saludó Ichigo al ingresar al comedor, donde la muchacha ya bebía un te en silencio y sola.

-Buenos días, Ichigo -respondió con una sonrisa algo triste, el chico se preguntaba porqué siempre tenía ese gesto en el rostro cada vez que era rescatado de sus aventuras nocturnas. -¿Pasaste buena noche?

-Recuerdo haber estado bebiendo sake con Iwata y los muchachos... Y no recuerdo nada más, por lo que asumo que fue una buena noche -sentenció sentándose frente a la muchacha -¿Estaba muy ebrio?

-Bastante -confesó Rukia bebiendo nuevamente de su taza.

-No recuerdo... ¿Cómo me trajiste?

-Caminando.

-¿Por mi libre voluntad?

-No suelo presionar a nadie para venirse a la casa -respondió la chica acercándole el jarro de agua caliente a Ichigo, quien ya había dejado caer unas cucharadas de café en su taza. -Traté de convencerte de ir al cuartel, pero insististe en quedarte acá.

-¿Por qué podría yo querer eso -bufó desconfiado.

"Quédate conmigo..."

-Dijiste que no te perderías un desayuno Kuchiki -le respondió la chica -Aquí lo tienes, siempre te sales con la tuya.

* * * * *

Byakuya Kuchiki era un hombre frío y calculador, pero un hombre no es nada sin sus aliados, en especial cuando estos aliados podían cambiar el destino de su familia. Los capitanes Ukitake y Kyoraku llegaban a la oficina del capitán de la sexta división y tomaban asiento frente a él.

-Tengo que hacerles una propuesta que puede interesarles -comentó mirando a sus papeles -Se trata de Kurosaki.

-No vamos a mandarlo al mundo humano porque no quieres que tenga nada que ver con Rukia-chan -sentenció Kyoraku -Si el muchacho no quiere marcharse es asunto de él, además es de suma utilidad. Además así lo tenemos controlado y de nuestra parte, es un contrincante poderoso.

-No, me temo que mi idea no es enviarlo lejos, al menos ya no lo es.

Ukitake lo quedó mirando curioso, esa mirada en los ojos de Kuchiki era peligrosa.

-El Gotei no está en condiciones de enfrentarse a otra situación como la ocurrida hace cinco años, ha costado reconstruir la moral y recuperar las fuerzas, además de la armonía de las dimesiones. Necesitamos gente fuerte, joven y sangre nueva...

-No me está gustando como suena esto -murmuró el capitán de blancos cabellos.

-Voy a entregar la mano de mi hermana en matrimonio a Kurosaki.

Kyoraku asintió de acuerdo, Ukitake se sobresaltó.

-¿Cómo vas a hacer eso? Kurosaki no está interesado en Rukia de esa manera, al menos nunca lo ha manifestado abiertamente, aunque muchos hemos escuchado los rumores de sus declaraciones románticas cuando el sake se apodera de su cabeza... -se sonrió divertido por la juventud. -¿Además no te has pensado en los sentimientos de tu hermana?

Byakuya bufó.

-Por mucho que me moleste admitirlo, Rukia ama a ese chico.

-Entonces, si tienes todo tan claro, ¿puedo preguntarme dónde entramos nosotros en tu plan? -preguntó Kyoraku.

-Tú te encargarás de embriagar a Kurosaki... Digamos dentro de una semana, porque no creo que beba antes. Inventa una excusa, la que sea, usa tu imaginación.

-Es una empresa peligrosa.

-Déjalo en mis manos, no habrá replesarias. -concluyó Byakuya. -Ukitake, tú te encargarás de organizar una fiesta sorpresa en tu escuadrón, y Rukia beberá sake, mucho sake...

-Rukia no bebe.

-Lo hará -ordenó Byakuya serio -Tú te encargarás de ello.

-No me gusta lo que planteas, Kuchiki -Ukitake frunció el ceño -Es perverso, egoísta...

-¡Es brillante! -exclamó Kyoraku -¿Y después que estén bien ebrios los vas a meter juntos en una habitación para que consumen su amor?

Byakuya sonrió misterioso. Los dos capitanes se alzaron de hombros. Dentro de una semana deberían llevar a la intoxicación alcohólica a un pelirrojo y una menuda morena.